El mártir fundador: San José María Robles Hurtado

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía retocada de un retrato del santo mártir en la casa generalicia de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado en Guadalajara, Jalisco. Archivo Particular Eddy Lorenzo González Jiménez (APELGJ): Fondo Santos y Papas, Sección: Santos, Expo. 1.

En la madrugada del día 26 de junio de 1927, fue sacado un sacerdote de la cárcel y obligado a caminar varios kilómetros hacia la sierra de Quila, Jalisco, los hombres que le llevaron notaron su cansancio en el caminar a causa de los notables golpes y presiones a los cuales fue sometido días antes, por lo cual le cedió un caballo para que lo montara. Al poco tiempo, al llegar a la parte más alta de la sierra, la gendarmería se detuvo, puesto que ya se tenía el lugar preciso para la ejecución del condenado. El sacerdote sin temor alguno a lo que ya se aproximaba entendió que la forma en que daría gloria a Dios sería el ahorcamiento, sin titubear perdonó de corazón a sus verdugos, reconociendo entre ellos a su compadre Enrique Vázquez, un agrarista confundido, sin olvidar que había sido padrino de uno de sus hijos en el bautismo, siendo este hombre el encargado de colocarle la soga al cuello, notándolo el buen cura, le dijo: “Compadre, no te manches”  y tomando la cuerda en sus manos, la bendijo y se la colocó él mismo. Sus verdugos consumaron el crimen alzándolo hasta que muriera para posteriormente bajarlo. Enviando a unos arrieros al pueblo de Quila para dar aviso de la presencia de un ajusticiado, así perpetuaron en un “roble” la presencia inmortal de un párroco que desde ese día voló a la eternidad para reinar con Cristo Rey.[1]

Este sacerdote se llamaba José María Robles Hurtado habiendo nacido en el municipio de Mascota, Jalisco el día 3 de mayo de 1888, hijo de don Antonio Robles y Petronila Hurtado, bautizado el mismo día de su nacimiento. La mayor influencia educativa la recibió de su madre, mujer profundamente cristiana. Le llevaron a la confirmación el 10 de marzo de 1896 con el Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Ignacio Díaz Macedo, I Obispo de Tepic y dos días después (12) recibió su primera comunión a la edad de casi 8 años.[2] En 1900 hubo unas misiones en Mascota; el adolescente José María quedó tan motivado que pidió a sus padres que lo llevaran al seminario; le correspondería el de Tepic, pero ellos prefirieron enviarlo a Guadalajara.[2]

Era inteligente y muy estudio, por lo que siempre se distinguió con máximas calificaciones. Desde entonces empezó a notarse en él la intensa devoción al Sagrado Corazón de Jesús (le llamaban el “loco del Sagrado Corazón”) y amor a la Santísima Virgen, así como gran dedicación y celo por la catequesis. Desafortunadamente, 4 años después estuvo a punto de dejar el Seminario pretextando pueriles penalidades; pero sus padres, con amor y energía, le hicieron recapacitar en la sublimidad de su vocación, y al participar de unos ejercicios espirituales afianzó más su llamado al sacerdocio.[4] Siendo aún seminarista fue invitado y solicitado por el obispo de Tehuantepec, el Ilmo. y Excmo. Sr. Dr. Dn. Ignacio Plascencia para colaborar con él en el gobierno de su diócesis, invitación que aceptó previo permiso de sus superiores, trabajando en aquél lugar por 5 meses, dejando una huella imperecedera en la memoria de ese pueblo.[5]

Por fin la fecha tan anhelada para recibir el primer paso hacia el sacerdocio, el subdiaconado y el diaconado que recibió en 1911, sin embargo, la situación convulsa que atravesaba el país dio origen a una candente persecución religiosa que ha sido analizada en otro artículo en el presente blog cuyo nombre es La Cristiada: los soldados de “Cristo Rey”,[6] nos trazan perfectamente el panorama de las 3 primeras décadas del siglo XX, para aquellos que tal vez no gusten leer los 3 tomos del historiador Jean Meyer sobre La Cristiada, o que no cuenten con información fidedigna para conocer tal situación. El comienzo de la Revolución Mexicana marca su inicio pastoral cuando recibe en 1911 el subdiaconado y el diaconado, momentos álgidos socialmente hablando, donde el presidente dictador Porfirio Díaz salía de México al exilio perpetuo en Francia. Notablemente se le nombró Vice-rector del Seminario y Ecónomo, causando sorpresa para muchos ya que aún no había sido nombrado sacerdote. Al tiempo del gobierno usurpador del Gral. Victoriano Huerta es elevado al sacerdocio por imposición de manos del Siervo de Dios Mons. José Francisco Orozco y Jiménez, Arzobispo de Guadalajara el 22 de marzo de 1913 en el templo de La Soledad, en la capital tapatía.[7]

Actual Seminario de Guadalajara, donde se formó y preparó Robles Hurtado para ser ordenado sacerdote. Fotografía de Francesco Lay Martínez.

En 1914 dejó sus cargos en el Seminario, por lo que fue nombrado párroco de su pueblo natal Mascota, donde difundió con gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen María.En ese lugar sintió el deseo de fundar una congregación dedicada a sufrir por el amor del Corazón Eucarístico de Jesús. Enviado dos años más tarde a la parroquia de Nochistlán, Zacatecas que estaba a cargo del señor cura Román Adame Rosales (futuro mártir y santo). En ese lugar apoyó como profesor en el seminario auxiliar clandestino que funcionaba mientras estaba cerrado el Mayor de Guadalajara por orden del gobierno carrancista. Auxilió con sus servicios religiosos a la parroquia de Mexticacán por unos cuantos días.[8]

Su idea de fundar la congregación le hizo madurar espiritualmente y vio el momento propicio para hacerlo en plena “agonía de la Nación”…, allí en Nochistlán hizo realidad ese anhelo en 1915, proponiendo ese proyecto al Arzobispo Orozco y Jiménez y al Delegado Apostólico, que no sólo aprobó, sino que alentó y ayudó al sostenimiento del mismo, así nacía formalmente la Congregación Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús el 27 de diciembre de 1918 con 7 hermanas, a las cuales proveyó y dirigió hasta el día que fue nombrado párroco.[9]

El nuevo destino del padre Robles fue Tecolotlán, llegó el 20 de diciembre de 1920. Su apostolado como pastor y párroco fue excepcional, la celebración de la misa era fervorosa, una elocuente predicación, sin dejar de ser sencilla y humilde al mismo tiempo y ante todo la devoción al Corazón de Jesús. En su parroquia quiso reconstruir el hospital, la atención de personal para el apostolado, la atención frecuente de sus penitentes en el confesionario y el cuidado de los enfermos. Escribía para difundir la doctrina cristiana y la devoción al Corazón de Jesús.

Árbol donde fue colgado el padre Robles Hurtado en la sierra de Quila, hoy testimonio vivo de su memoria. Archivo Particular Eddy Lorenzo González Jiménez (APELGJ): Fondo Santos y Papas, Sección: Santos, Expo. 3.

Él escribía: «Madre, madre mía, tu ‘pequeñito’ se abandona totalmente en tu regazo gritándote con el alma: mi corazón, mi sangre, mi vida, mi muerte, todo te pertenece. Mi madre, mi señora, mi dueña, tuyo, eternamente tuyo».[10]

Las autoridades se habían molestado porque había mandado a colocar una cruz en un punto llamado La Loma, de esta manera durante la persecución que se recrudecía años más tarde, tenía que esconderse el 2 de enero de 1927, tras los levantamientos cristeros, dijo entonces: “Estamos en las manos de Dios”. Durante esos días de encierro de oración y penitencia, escribía las normas de su comunidad religiosa. Y expresaba su idea de alcanzar el martirio “¡Si el Corazón Eucarístico me llevara!”. 16 días más tarde asesinaban al vicario de Tamazulita, antiguo vicario de Nochistlán, Jenaro Sánchez Delgadillo.[11]

No estaba lejos de ser parte de ese mosaico de mártires inocentes que con su sangre derramarían el fruto de su fe entre los mexicanos católicos romanos. El 25 de junio de 1927, el padre había sido detenido, estaba en casa de la familia Agraz a punto de celebrar la santa misa, sitiando la casa por orden del Coronel Calderón que dictaba telegráficamente desde la capital: “Procédase con todo rigor contra el cura rebelde”, mientras los vecinos trataban de disuadir a los soldados de liberar al sacerdote sin conseguirlo.[12]

Fotografía del Padre Robles recién ordenado sacerdote, nótese que era muy joven. Archivo Particular Eddy Lorenzo González Jiménez (APELGJ): Fondo Santos y Papas, Sección: Santos, Expo. 9.

Al caer la noche unas jóvenes señoritas lograron hacerse de su Breviario donde apuntaba las últimas notas de su corazón antes de pasar a la eternidad:
Quiero amar tu Corazón
Jesús mío,con delirio;
quiero amarte con pasión,
quiero amarte hasta el martirio.
Con el alma te bendigo
mi Sagrado Corazón;
dime: ¿se llega el instante
de feliz y eterna unión?
Tiéndeme, Jesús, los brazos,
pues tu ‘pequeñito soy’;
de ellos, al seguro amparo,
a donde lo ordenes, voy.
Al amparo de mi Madre
y de su cuenta corriendo
yo, su ‘pequeño’ del alma,
vuelo a sus brazos sonriendo.

Y firmaba: «Un padre que espera a sus hijos todos allá en el cielo».[13]

El 26 de junio de 1932, con autorización de quien fuera su condiscípulo en el Seminario, el entonces Obispo Auxiliar de Guadalajara, Mons. José Garibi Rivera, los restos del mártir pasaron de Quila al Templo Expiatorio de Guadalajara. Actualmente las reliquias de este apóstol del Sagrado Corazón de Jesús, se veneran en el noviciado de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado en la ciudad de Guadalajara.

Lic. Fray Marcelino de Jesús, CSFJ


Retrato de San José María Robles Hurtado, el más difundido para veneración en las iglesias de Jalisco. Archivo Particular Eddy Lorenzo González Jiménez (APELGJ): Fondo Santos y Papas, Sección: Santos, Expo. 2.

[1] Mexicana. Beatificationis seu Declarationis Martyrii Servorum Dei Christophori Magallanes et XXIV Sociorum in odium fide, uti fertur interfectorum (+ 1915 – 1937). Positio super martyrio, Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum. P. N. 1407, III vol., Romae, 1991. El título auténtico dela Positio es “Guadalaiaren” y no “Mexicana (Rei Publicae)”. Es un error de imprenta que está corregido con un documento colocado en la primera página de los 3 volúmenes, firmado por el Prefecto y el Secretario del Dicasterio de las Causas de los Santos fechado el 24 de abril de 1988. Será ampliamente citada esta Positio en el presente artículo.
[2] El Mensajero Diocesano. Periódico de Evangelización Integral. Dir. Pbro. Alberto Martín Jiménez. Diócesis de San Juan de los Lagos, Jal. Año X, no. 470, 17 de enero de 2010, pág. 3.
[3] Ibídem; Ramiro Valdés Sánchez y Guillermo Ma. Havers: Tuyo es el Reino. Mártires mexicanos del siglo XX. Librería Parroquial de Clavería. México, 1992. Pág. 77.
[4] Positio Magallanes, vol. I, Informatio, págs. 140 – 145.
[5] Ibídem, vol. III, Doc. Extraproc., págs. 138 – 139, LXXIII.
[6] Ibídem, vol. I, Informatio, p. 143; vol. III, Doc. Extraproc., p. 58, XC. Fidel González:México tierra de mártires. Historia de la persecución anticatólica en México. Editorial San Pablo, México, 2003. Págs. 99 – 100.
[7] El Mensajero Diocesano…, p. 3.
[8] Ibídem.
[9] Positio Magallanes, vol. I, Informatio, págs. 143 – 145; vol. III, Doc. Extraproc., p. 191, XCII; Sumarium, p. 63, & 183; p. 71, & 216; p. 53, & 143.
[10] Seminario Arquidiocesano de Guadalajara y Comisión Diocesana de Causas de Canonización: Nuevos Santos Mexicanos. Editorial San Pablo, México, 2001, pág. 10.
[11] Ibídem.
[12] El Mensajero Diocesano…, p. 3.
[13] Luciano Rivas Piccorelli, SJ: 27 Nuevos Santos Mexicanos. Obra Nacional dela Buena Prensa. México, 2004, pág. 57.

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