San José el Nuevo de Partos, metropolita de Timisoara

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Antiguo icono ortodoxo rumano del Santo, revestido de su atuendo de metropolita y contemplando a la Theotokos.

San José el Nuevo de Partos nació en 1568 en Ragusa, Dalmacia (hoy Dubrovnik, Croacia), de una familia cristiana valaquia, siendo bautizado como Jacob. Su padre era un veneciano llamado Giovanni Fusco, y su madre, Ecaterina, era oriunda de Limnos, una isla griega. Concretamente, ella tenía una ascendencia “morlaca”, que es otra denominación de mavro-vlachos (valaquio negro), uno de los diferentes pueblos románicos en toda la península balcánica, al sur del Danubio.

Después de la muerte de su padre, el joven Jacob se trasladó con su madre a Ochrid, un importante centro ortodoxo de la región, también poblado por rumanos y valaquios negros. Allí el joven muchacho entró en una escuela monástica a los doce años de edad. Tres años después, entró en la congregación del monasterio de Nuestra Señora de Ochrid, donde permaneció durante cinco años.

Monje atonita
Después de cinco años de aprendizaje, marchó al monte Athos, al monasterio del Pantókrator, donde fue tonsurado como monje y llamado José.
Allí en el monasterio fue conocido como el megaloschemos José el “Vlach”, lo que significa que él había recibido el schema monástico (el Gran Schema, a diferencia del Pequeño, consiste en una nueva tonsura, recibida sólo por los eremitas). Allí vivió durante muchos años con los monjes, en una dura vida de ayuno, vigilia nocturna, obediencia y humildad. Finalmente, se marchó como eremita a los bosques cercanos, y se dice que tenía el “don de lágrimas”, un carisma altamente apreciado en el monacato oriental y la “oración incesante”, porque él “humilló la mente al corazón”, lo que significa que unió su raciocinio a su espiritualidad. Esta unión interior está considerada en el monacato ortodoxo, especialmente tras Gregorio Palamas y el movimiento hexicasta, como el ideal de perfección humana.

Debido a la santidad de su vida, José podía hacer milagros y curó muchas enfermedades, especialmente a muchos lisiados. A menudo se le llamaba desde otros monasterios, donde curó a los monjes de sus sufrimientos corporales.
Después de un largo tiempo, los monjes le invitaron a regresar a la congregación y fue ordenado sacerdote y confesor de los monjes del monte Athos. Pronto empezó a ser conocido por el Patriarca de Constantinopla, quien le nombró abad del monasterio de San Esteban de Adrianópolis, donde permaneció seis años. De regreso a Athos, José fue abad del monasterio de Koutloumousiou, uno de los conventos más antiguos, básicamente construido a partir de las donaciones de los voivodas y nobles valaquios.
Ya con más de setenta años de edad, se retiró silenciosamente cerca del monasterio Vatopedi. Pero su misión aún no había terminado.

Vista de la catedral ortodoxa de Timisoara (Rumanía).

Metropolita
En 1552, el Banat occidental, hasta hoy incluido en el reino de Hungría, cayó bajo dominio turco, siendo convertido en un “pashalic” (1552-1718) con capital en Timisoara. En este contexto, parece que había una mitropolia en esta región, bajo la jurisdicción del Patriarcado de Constantinopla. Es difícil precisar qué nacionalidad tenían los creyentes ortodoxos de Banat. La masiva migración serbia al norte del Danubio empezó tras la batalla de Kossovopolje, en 1389, cuando Serbia fue ocupada por los turcos. Hasta entonces había en Banat tan sólo rumanos (Vlachs), húngaros y alemanes.

El metropolita de Timisoara murió en 1650 y José el Vlach fue enviado en su lugar, a pesar de su edad, que ya rondaba los ochenta años. Quizá su nacionalidad era importante para los creyentes ortodoxos de la zona. En cualquier caso, su consagración tuvo lugar el 20 de julio de 1650 y fue metropolita tan sólo durante tres años. La tradición menciona diversos milagros del Santo, incluyendo la lucha contra un incendio que arrasó la parte occidental de Timisoara. Aparentemente José salió de la iglesia con los Sacramentos en sus manos y, tras orar entre lágrimas, Dios envió una lluvia torrencial que extinguió el fuego.

Habiendo sido prácticamente toda su vida un simple monje, él gustaría más del silencio del monasterio que del servicio como jerarca. En 1653, José se retiró definitivamente al no muy lejano monasterio de Partos, donde vivió tres años. Esta información procede de una nota, datada en 1655, de un Menologio (libro de oficios diarios) que pertenecía al monasterio de San Jorge situado cerca de la ciudad: “Este libro pertenece al señor metropolita José de Timisoara, en 1655, que voluntariamente dejó la diócesis, retirándose al monasterio de Partos, donde vivió varios años y entonces partió hacia la vida eterna, donde reposan los Santos”.
De acuerdo con la tradición, cuando pasó a la eternidad, las campanas del monasterio empezaron a tañer por sí solas.
San José murió con 85 años de edad. Fue enterrado en la nave de la iglesia del monasterio, frente a la puerta de entrada.

Sepulcro del Santo. Iglesia del monasterio de Partos, Rumanía.

Culto
La tradición popular pronto consideró al metropolita José como Santo. En 1749, un peregrino llamado Peica ofreció un Evangeliario al monasterio de Partos, justo antes de su viaje a Jerusalén. En este libro escribió: “Yo, el pecador siervo de Dios hagi (“peregrino”) Peica, ofrezco este santo libro, el llamado Evangelio, al convento del monasterio de Partos, dedicado a San Miguel -donde está ubicado el cuerpo del Santo señor José – para nuestro bien y nuestro feliz viaje a la gran ciudad de Jerusalén”.

En 1782, el sacerdote local Esteban Bogoslovici pintó un icono a petición del arcipreste Ioan Suboni, que lo donó al monasterio, para ser colocado sobre la tumba del Santo. En el icono estaba escrito el nombre de “Nuestro Padre San José el Nuevo” y el troparion (himno del Santo) siguiente: “En la juventud enteramente obedeciste al Señor en las oraciones y en el trabajo, y en el ayuno, siendo icono de bondad. Así que Dios, viendo tus buenas obras, te ha puesto como obispo y pastor de Su Iglesia. Así pues, tu santo cuerpo ha sido preservado, tras la muerte, claro e incorrupto. San José, ruega a Cristo nuestro Dios, para que conceda perdón a aquellos que recuerdan tu santo nombre con fe y amor”.

De acuerdo con otra tradición, la hija de Marcos Mutiu, el alcalde de Timisoara a mediados del siglo XVIII, fue curada en el monasterio de una enfermedad que había sufrido por largo tiempo. En agradecimiento, el alcalde construyó una nueva iglesia, cercana a la antigua, donde San José oficiara la Liturgia. Esa iglesia está en funcionamiento hasta hoy.
En 1929, Bizerea, un sacerdote local, escribió basándose en la tradición local que San José “ya durante su vida disfrutó de auténtica fama de santidad, y tras su muerte dejó el recuerdo de haber sido un verdadero Santo entre la gente religiosa y los monjes”.

Detalle de las reliquias del Santo, cubiertas de su atuendo de metropolita. Iglesia del monasterio de Partos, Rumanía.

El Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana decidió pronto la oficial proclamación del Santo Jerarca José el Nuevo. Este acto tuvo lugar durante una celebración entre el 6 y el 8 de octubre de 1956, en la Catedral Metropolitana de Timisoara, donde sus sagradas reliquias fueron colocadas. Su conmemoración es cada año el 15 de septiembre, el día de su entronización como metropolita. El akathistos de San José y los otros Santos Oficios fueron incluidos en los libros de oficios de la Iglesia Ortodoxa Rumana.

En 1965, el Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Serbia decidió que el nombre de San José debía ser colocado también en los calendarios litúrgicos de Serbia, como testimonio del culto que también San José disfrutaba entre las partes rumana y serbia de Banat.
La historia de la extinción del incendio permaneció fuertemente en la memoria de los lugareños, de modo que, siguiendo una decisión del Ministerio del Interior rumano en 1997, San José el Nuevo se convirtió en el patrón de los bomberos.

Troparion de San José el Nuevo de Partos (según el himno de 1782):
“En la juventud enteramente obedeciste al Señor en las oraciones y en el trabajo, y en el ayuno, siendo icono de bondad. Así que Dios, viendo tus buenas obras, te ha puesto como obispo y pastor de Su Iglesia. Así pues, tu santo cuerpo ha sido preservado, tras la muerte, claro e incorrupto. San José, ruega a Cristo nuestro Dios, para que conceda perdón a aquellos que recuerdan tu santo nombre con fe y amor”

Mitrut Popoiu

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