San José, Patrono de Zapotlán el Grande, Jalisco

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Introducción:
En el mes de mayo del presente año, se dio a conocer una adaptación en las Plegarias Eucarísticas de la celebración de la misa. Un detalle sencillo, pero muy significativo. El Santo Padre Francisco autorizó que en dichas anáforas se hiciera mención de San José, inmediatamente luego de la conmemoración que de la Santísima Virgen María. Ya San Juan XXIII había incluido, luego de siglos, el recuerdo del Esposo de María, en el Canon Romano, pero el reconocimiento no se consolidó en los demás esquemas litúrgicos. Con este gesto se colma el deseo y anhelo de muchos devotos del Padre Nutricio de Nuestro Señor Jesucristo, que desde hace décadas insistían en este cometido que por fin ha llegado a feliz término. Como homenaje a este suceso y en continuación y sintonización con los artículos que se han publicado sobre San José en este blog, se une este artículo que trata sobre una devoción que se le tiene al Santo Patriarca en el municipio de Zapotlán el Grande, Jalisco, cuya cabecera, Ciudad Guzmán, es la sede de la Diócesis del mismo nombre.

Ciudad Guzmán:
Zapotlán el Grande es un municipio ubicado en el sur de Jalisco, cuya cabecera municipal se llama Ciudad Guzmán, y que es la sede de la Región Sur del Estado. [1] Zapotlán significado “donde abundan los zapotes o chirimoyos”, un fruto de sabor agradable. El apelativo de “El Grande” le viene para distinguirlo de otros poblados con el mismo nombre que tuvieron menor influencia política, económica y social en la entidad. Tiene su origen entre 1632 y 1633, en que el venerable Padre Fray Juan de Padilla, OFM, posteriormente martirizado en Sinaloa, fundó una doctrina que denominó “Doctrina de Santa María de la Asunción de Tzapotlán” y que fue el centro misional de aquella vasta región, llegando a tener una influencia determinante para la evangelización de los naturales no solo de ahí mismo, sino de otras provincias como Tamazula, Ávalos, Autlán, Tenamaxtlán y Amula.

Fueron los hijos de San Francisco quienes administraron eclesiásticamente esta zona, que por entonces pertenecía al entonces llamado Obispado de Michoacán, hasta finales del siglo XVIII, en que se secularizó la administración clerical. Por agencias del Siervo de Dios don Antonio Alcalde y Barriga, obispo de Guadalajara, al ver la distancia que había entre la sede episcopal de Michoacán y esta zona, obtuvo que las provincias de La Barca, Colima y Zapotlán el Grande se segregaron de ese obispado y se anexaran al Obispado de la Nueva Galicia, con sede en Guadalajara, con la finalidad de que los fieles tuvieran una mejor atención espiritual.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Desde el siglo XIX latía la idea de un Obispado en ese rumbo, pero fue hasta durante el pontificado del Beato Papa Pablo VI que mediante la Bula “Qui Omnium Christifidelium” del 25 de marzo de 1972 se erigió la deseada Diócesis, que quedó como sufragánea de la de Guadalajara, y que quedó erigida formalmente el 30 de junio de 1972, siendo nombrado como primer Obispo, Don Leobardo Viera, anteriormente obispo de Colima. La sede catedralicia se determinó que fuera la parroquia del lugar, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora y que es el centro de culto y devoción a San José, junto al que se une la veneración de Nuestra Señora del Rosario.

San José
El culto que se le da a Dios se llama “latría” o adoración. Con este se le reconoce como Padre, Creador y Señor; origen y fin de nuestras existencias; reconociéndolo como Ser Supremo del cual siempre dependemos. A la Santísima Virgen María, unida de manera especial a la Santísima Trinidad, le damos un culto especial sobre todos los Santos. El culto a los Santos se le llama “dulía” y lo que hacemos con ellos, es reconocerlos como ejemplo e intercesores. Pero a la Madre de Cristo, esta veneración, por razones obvias se le llama “hiperdulía”, es decir, más fuertemente. San José, su esposo, que hizo las veces de padre terrenal de Cristo, tiene un culto denominado “protodulía”, puesto que siendo jefe de la Sagrada Familia, estuvo por muchas razones, lleno de más gracias y dones que todos los Santos. La razón del culto a San José, el Carpintero de Nazaret, esta esencialmente fundado en que luego de María, no hay otra persona más santa que Él. Es de suponerse que Cristo no le negara nada quien le dio sustento; como hizo el Faraón de Egipto a su primer ministro, el hijo de Jacob, parece que ahora nos dice a nosotros: “Id a José”.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

José es pues de Cristo, así como Cristo es de José. Por la Encarnación del Verbo en el seno de María, José llegó a ocupar las funciones del Padre Celestial con el Hijo del Hombre. Y así como después de Jesús, no hay nadie más importante en el corazón de María que José, en el corazón de Jesús tampoco hay nadie más importante luego de María que José.

Esta devoción al Santo Patriarca fue madurando con el tiempo, el pueblo cristiano supo descubrir en él, por muchas razones, a un protector, un intercesor, un defensor. Hay ciertos lugares en el mundo en que se le tiene mayor afecto a San José. Razones geográficas como en Belén y Nazareth, donde vivió, así como en Egipto, donde vivió en el exilio. También a causa de algunas reliquias suyas existen centros de devoción josefina: Neuville, Francia, que asegura tener su cinturón. En Chiusi, en Toscana, Italia, se venera un anillo. En Florencia, su Cayado. En Lovaina tiene un Santuario Nacional. En Holanda, en la provincia de Venray, hay otro Santuario muy visitado; Barcelona tiene el célebre templo de San José de la Montaña. En America, el más famoso de los santuarios se halla en Montreal, Canadá, cuya promoción y construcción se debe a San Andrés Bessette.

En 1524, Fray Martín de Valencia y los primeros doce franciscanos que misionaron en la Nueva España, ya habían constituido patrono de la evangelización a San José. Además el Rey Carlos II de España había ordenado que San José tuviera en su monarquía el rango de Titular. En México hay muchos templos, parroquianos y santuarios esparcidos por todo el territorio nacional, sin detenernos en detallarlos a todos, sólo se referirá que en 1555, luego del I Concilio Provincial Mexicano se nombró a San José como Patrono de la Iglesia de México, titulo ratificado por el III concilio provincial de 1583. Sin duda alguna, la imagen del Castísimo Patriarca Señor San José más celebre y más venerada en el occidente del país es la que se conserva con ferviente culto en la Catedral de la Diócesis de Ciudad Guzmán.

Los hijos de San Francisco, motivados por estas y otras razones, establecieron en la parroquia del Zapotlán la devoción a San José, rastreándose su culto desde el S. XVII. Es probable que anterior a la actual imagen haya existido otra, la que fue sustituida por esta, con origen en la escuela de Guatemala, que floreció desde el S. XVI y que produjo imágenes religiosas de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María y de varios Santos. Se recuerda entre los escultores de este lugar a Quirino Castaño, que esculpió el Santo Cristo de Esquípulas, así como Mateo y Evaristo Paz, Juan de Pedroza y Alonso de la Paz. De este lugar se diseminaron por diversas partes de México bastantes imágenes que han llegado a nuestros días.

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

La leyenda
La piedad mal entendida y falsa devoción, para dar mayor veneración a las imágenes famosas, quieren darles siempre un origen sobrenatural y la conseja dice que un arriero llegó a la población de la Cofradía del Rosario donde dejó un cajón, desapareciendo sin dejar rastro. Tiempo después, la autoridad eclesiástica con la civil destaparon el cajón donde, con sorpresa, hallaron las imágenes de San José y de Nuestra Señora del Rosario, las cuales fueron conducidas en su solemne procesión a la iglesia parroquial. Para dar mayor crédito y firmeza a la leyenda, se le adorna con la palabra “TRADICIÓN”. Lo bueno es que hay documentos y testimonios históricos que aclaran el origen histórico. Los archivos refieren que los franciscanos hicieron venir de Guatemala, junto a la imagen de San José, otra de la Santísima Virgen María para darles culto en este lugar.

Hacia 1806 la imagen se salvó de la destrucción causada por un terremoto que derribó la iglesia parroquial. El 25 de marzo de ese año, un temblor asoló la ciudad, muriendo más de 2000 personas. La imagen del Santo Patriarca se condujo al templo de la Tercera Orden donde permaneció hasta el 6 de septiembre de 1881, en que el entonces párroco Don Atenogenes Silva, luego Obispo de Colima, dedicó la nueva parroquia al Sagrado Corazón de Jesús e hizo trasladar el Santísimo Sacramento con la imagen del Señor San José a la nueva sede. Aquí permaneció 19 años hasta que el 7 de octubre de 1900 se traslado a la nueva iglesia parroquial, hoy Catedral, quedando colocada al fondo de la nave lateral poniente exactamente en el lugar opuesto al altar de la Virgen del Rosario.

Hacia 1909, siendo párroco Don Silvano Carrillo, luego obispo de Sinaloa, un sacerdote Vicario y Sacristán Mayor, tuvo la idea de deshacerse de la imagen por anticuada y carente de belleza. La hizo colocar sobre unas columnitas falsas para que por el peso se venciera, lo cual sucedió el 9 de marzo de ese año, cuando el Sacristán se subió a su altar para sacudirla. Lleno de angustia el señor cura Carrillo determinó que la reparara temporalmente el P. Enrique Gómez, con habilidades artísticas y conocimiento de escultura. La reparación provisional se hizo y luego se mandó a Guadalajara donde un escultor profesional la reparó y al unir el cráneo quebrado, antes de hacerlo, encontró en su interior un papel con el nombre del escultor y referencias de su origen de un taller guatemalteco. En junio de ese año, el escultor queretano de gran fama y pericia Agustín de Espinoza, consolidó magníficamente la restauración, dotando además a la imagen del Niño Jesús que antes no tenía.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Desafortunadamente en 1957, con motivo de su coronación pontificia, el entonces párroco Don Adolfo Hernández Hurtado, luego Obispo de Tapachula y posteriormente Auxiliar de Guadalajara, se dejó llevar por un torpe aprendiz de escultor llamado Félix Álvarez y se retocó la imagen, destruyendo la singular coloración y belleza que le había puesto el Maestro Espinoza, situación lamentable para quienes entienden de arte.

Descripción de la imagen
Los rasgos de la imagen testifican su origen guatemalteco y no queretano, como algunos han querido. Tiene vestiduras de talla y estofadas con dorado, algo deterioradas, se le sobreponen ropas elaboradas con telas finas y artísticas. Aunque tiene la cabellera tallada en la misma cabeza, le colocan una cabellera de pelo natural. Su pierna derecha es recta y la izquierda flexionada; a la inversa de la iconografía tradicional, sostiene con el brazo derecho al Niño Dios y con la mano izquierda lleva el báculo florecido con azucenas. Deja asomar sus pies, calzados con sandalias. Su rostro no es de belleza artística, pero es devoto y de lineamientos aceptables. Sus ojos son de vidrio y con pestañas sobrepuestas. Su barba bien moldeada y partida. Tiene la boca entreabierta mostrando la lengua y la dentadura, lo que le torna expresivo y animado, inspirando respeto y devoción. Ordinariamente viste túnica verde y manto amarillo, estrena ropa cada año para las festividades, algunas veces con estilos muy artísticos e incluso con colores no tradicionales. Tanto él como el Niño Dios portan coronas imperiales.

El patronato
La Región Sur de Jalisco ha padecido constantemente temblores de tierra, originados por el volcán de Colima que anteriormente se llamaba volcán de Zapotlán. Estos sismos han causado en Zapotlán muerte, sangre, luto y llanto. En 1747 ocurrió un sismo de tal magnitud que conforme a la usanza de la época colonial, los Padres Juan Bautista Solís y Juan Antonio Caro, ambos Franciscanos, con algunos principales vecinos y en privado, juraron a San José, Patrono de Zapotlán contra los temblores. Dos años más tarde, el 22 y 23 de octubre de 1749, sucedieron otros terribles temblores, lo que llevó a los principales vecinos a elevar un voto público y jurídico que refrendara el de 1747, comprometiéndose a celebrar anualmente su fiesta el 22 de octubre, aniversario del temblor. El Obispo de Michoacán, Don Martín de Elisacoechea dio su aprobación para ratificar el juramento.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

El 25 de marzo de 1806 un temblor asoló la región, hubo como 2000 muertos, muchos de ellos dentro de la parroquia pues asistían a una misión de los Padres Franciscanos del convento de Santa Cruz de Querétaro. Ante esta tragedia se renovó el voto juramentando, siendo desde esas fechas que se celebran religiosamente y puntualmente las fiestas del 22 de octubre.

El cariño de los lugareños a San José le ha dado un grado tan singular, que lo consideran protector y defensor contra rayos, inundaciones, sequías y calamidades públicas. Su imagen se saca en procesión cuando hay graves malestares, como cuando explotó el volcán de Colima el 20 de enero de 1913 o en sequías prolongadas, como en 1945 y 1969, cuando tras públicas rogativas, se precipitaron copiosas lluvias que fueron el inicio de un buen temporal.

La coronación pontificia
Con intención piadosa, el vecindario de Zapotlán tenía el deseo de que la imagen de San José se coronara con la autoridad del Papa, lo cual se logró con la autorización de S.S. Pío XII con breve de 12 de marzo de 1957, lo cual se realizó el 22 de octubre de ese mismo año. Coronó la imagen del Niño Dios, el Delegado Apostólico Don Luigi Raimondi, la del Santo Patriarca, el Arzobispo José Garibi Rivera y la de Nuestra Señora del Rosario, el Arzobispo de Primado de México, Don Miguel Darío Miranda. Cabe señalar que las coronas de San José y Niño Dios son de forma imperial, mientras que la de Nuestra Señora del Rosario es Condal, pues por detalles administrativos se solicitó solamente y como tal se concedió, la coronación pontificia para San José.

Las fiestas
Desde 1747 se celebra anualmente el 22 de octubre el Patronazgo de San José. El novenario comienza el 13 de octubre, repartiéndose los gastos de cada día entre grupos, personas y asociaciones. La función del día 22 de octubre corre por cuenta del Mayordomo, elegido por sorteo cada año, quien procura de su peculio, la fiesta de San José y de la Virgen del Rosario, su inseparable compañera. Hay peregrinaciones de los distintos decanatos y vicarias.

El 22 de octubre se celebra la fiesta principal, comenzando desde muy temprano con el canto de las mañanitas. La misa principal es concelebrada y presidida en ocasiones por algún Obispo invitado, incluyendo a veces, al Nuncio Apostólico. Por la noche hay juegos pirotécnicos, que son el culmen de una feria regional que atrae visitantes del sur de Jalisco, de Colima y aún de diversas zonas de la República Mexicana.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

El 23 de octubre se realiza el acto más popular. Se celebra temprano un funeral por los Mayordomos difuntos. Luego se realiza un magno desfile de carros alegóricos, cuyo origen data desde 1844. Cierra el contingente un carro denominado “El Trono de San José” en el que va su venerable imagen acompañada de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en sus brazos. Al terminar el desfile, las imágenes son llevadas a la casa del Mayordomo, donde son colocadas en un bien aliñado altar. Allí se velan toda la noche, acudiendo el devoto vecindario a venerarlas. Al día siguiente son trasladadas con igual pompa a la catedral, donde son recibidas por el Obispo Diocesano, para ser colocadas en sus respectivos nichos realizando a continuación el tradicional sorteo para elegir al nuevo Mayordomo de las festividades del año siguiente.

Apéndice: Nuestra Señora del Rosario
Junto a San José, Ciudad Guzmán ha unido desde siempre la devoción a Nuestra Señora del Rosario, cuya cofradía data desde 1617 y que fue en esos tiempos la promotora de su culto y devoción. La imagen original con cerca de tres siglos, fue retirada del culto y luego de rodar por diversos lugares pasó a la iglesia de la Merced, donde pese a ser una imagen antigua y con cierta venerabilidad, estuvo arrinconada sin veneración alguna. Luego fue restaurada por un escultor mediocre que la transformó de talla a media talla, quedando muy fea. Para mayor desatino, en la década de los años cuarenta fue retocada por manos inexpertas, acabando con esta antigua imagen que se salvó del terrible temblor de 1806.

Como quedo dicho anteriormente los Padres Franciscanos hicieron venir desde Guatemala, las imágenes de San José y La Santísima Virgen María, pero la que llegó de estos lugares, no es la que está en la Catedral. En 1978, el primer Obispo de Ciudad Guzmán, Don Leobardo Viera localizó una imagen muy bella, vestida de la Virgen del Carmen. Por sus formas y estilos es probable que esta imagen haya sido la que acompañó la imagen de San José desde Guatemala. Como la imagen de la Virgen del Rosario que está en la Catedral, fue coronada canónicamente, no se sustituyó y fue colocada al parecer en el Oratorio privado de la casa del Obispo, ubicada en al esquina de Colón y Rayón de esa ciudad.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Fray Luis del Refugio Palacio, gran autoridad en arte e historia, asienta que la Virgen del Rosario de Zapotlán es una escultura de la autoria de Mariano Perusquía, escultor de origen español que perfeccionó sus aptitudes en la Academia de San Carlos y que nació en 1771. Tuvo su taller en Querétaro y luego se trasladó a Guadalajara, de cuyos talleres salieron hermosas imágenes para ambas ciudades. Por tanto, esta imagen debe de datar de la tercera década del S. XIX. Y fue adquirida muy probablemente por el párroco de Zapotlán en aquel tiempo, Don Patricio Arteaga. Aunque hay otra opinión que asegura que fue el P. Atenógenes Silva, quien siendo párroco de Zapotlán fue quien la adquirió durante su gestión entre 1880 y 1883. Lo cierto es que esta imagen es la más bella que tiene el estado de Jalisco respecto a la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

Es digno de mencionarse que esta imagen estuvo a punto de ser estropeada en 1957, cuando iba a ser coronada junto con la imagen de San José. Un escultor aprendiz sorprendió al párroco Don Adolfo Hernández y puso mano en la imagen de San José; su maestro Fidel N. Galindo le hizo un serio reproche y, con la colonia de Zapotlán que había en Guadalajara, acudieron al Arzobispado de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, para que impidiera que un inexperto tocara la imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra de Don Mariano Perusquía, así que de inmediato se suspendió el proyecto y la Virgen del Rosario se libró de un atropello de leso arte y quedó en su prístina belleza original, cual salió del afamado artista.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Descripción
Es una imagen de tamaño natural, con un rostro de incomparable belleza, fruto de un profundo estudio y gran dedicación. Su cuello es esbelto y su cabeza se inclina a la izquierda, tiene un aspecto virginal y maternal a la vez. Sus ojos de cristal tienen una mirada baja y en sus labios se dibuja una sonrisa dulce que atrae el corazón. La mano derecha aparece elevada con actitud de tomar entre sus bien delineados y delgados dedos pulgar e índice, el extremo del Rosario, que también toma con su mano izquierda con la que sostiene al Niño Jesús. La coloración de la Virgen es apiñonada y un tanto morena, la imagen es exclusiva para vestirse de telas, teniendo un rico y variado guardarropa de vestidos y mantos de telas, seda y brocados. Anualmente estrena un vestido nuevo. Tiene cabellera postiza sobrepuesta sobre su cabeza, la que se cubre con una mantilla que le da un cierto donaire. Antes llevaba corona imperial, pero desde la coronación pontificia porta una corona ducal. Tiene un altar en el fondo de la nave lateral oriente, en un nicho de madera labrada y resguardada por cristales. Su principal festividad es el 7 de octubre, aunque comparte las celebraciones en honor de su esposo San José el 22 de octubre.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique Cango. Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara. Sine Labe Concepta, pp. 142-20, Guadalajara, Jalisco. 1980. Editado por el Autor.


[1] Zapotlán ha tenido varios nombres: primero se llamó Tlayolán, luego Tzapotlán, después Tzaputlán y pueblo de Santa María de la Asunción de Zapotlán, nombre dado por el misionero fray Juan de Padilla al ponerlo bajo la advocación de la Virgen. El nombre de Zapotlán el Grande lo llevó oficialmente durante 150 años. Sin embargo, el 19 de abril de 1856, en memoria de Gordiano Guzmán, un insurgente de la lucha de independencia y que también combatió en contra la intervención norteamericana en México durante 1847. Fue fusilado en 1854 por ser un estorbo político para el dictador Antonio López de Santa Ana. Se le puso el nombre de Ciudad Guzmán a este municipio siendo gobernador de Jalisco Santos Degollado. Sin embargo, el 9 de enero de 1997, se publica el decreto número 16474 emitido por el H. Congreso del Estado, en el que se aprueba el cambio de nombre del municipio de Ciudad Guzmán por el de Zapotlán el Grande.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San José, esposo de María Virgen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San José con el Niño Jesús en brazos. Óleo del pintor boloñés Guido Reni.

En hebreo: “Iehosef”, que significa: “Yahvé acrecienta, Yahvé añade”.
En muy difícil escribir un artículo sobre San José cuando ya el año pasado publicamos uno muy bueno escrito por nuestro compañero Mitrut y cuando para escribir sobre él hay que resumir tanta documentación existente. De todos modos, intentaremos dar este año la “visión de un católico” a ver si en algo sustancial difiere a la que se dio el año pasado. Esto quizás nos de pie a un debate o a intentar releer aquella y compararla con ésta.

En los Evangelios:
Mateo y Lucas lo presentan como descendiente de la estirpe de David. Mateo dice que era hijo de Jacob y Lucas dice que lo era de Elí, pero esto quedó perfectamente aclarado en el artículo de Mitrut, del que he hecho mención.
Los dos evangelistas dan sentido a la genealogía de Jesús, pues quieren hacer entrar a Jesús en la historia humana y quieren demostrar que el Verbo, que es Consustancial al Padre, también es hijo de Adán, de la estirpe de Abrahán y de la familia de David.

Lucas lo presenta como vecino de Nazareth, desposado con una virgen llamada María, la cual, fecundada por el Espíritu Santo, concibe a Jesús. Un edicto de César Augusto los obliga a ir a Belén a empadronarse y allí nace Jesús. Este censo se realiza durante el legado de Quirino, entre los años once y ocho antes de Cristo. De este tema también tratamos cuando escribimos sobre la “Edad de Cristo”. Lucas, asimismo, narra la concepción y el nacimiento del hijo de María.

Mateo relata el nacimiento del Mesías, el hijo de David y en su genealogía dice que “José es el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo”. El intento de Mateo de probar la paternidad legal de José prosigue en la narración de los versículos 18-25, donde, aunque lo excluye de la concepción de Jesús, lo hace receptor del mensaje del ángel que le revela su misión de aceptar a María como esposa y a Jesús como hijo.
Mateo admite el milagro citando a Isaías, 7, 14:”He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel”.

Aunque el Espíritu Santo es el autor de la concepción virginal, José sin embargo, tiene una misión que cumplir: debe ser el padre. Jesús, por tanto, es hijo de David porque es hijo de José. Ocho días después del nacimiento, el padre cumple el rito de la circuncisión y de la imposición del nombre al Niño: Jesús.
Aunque Lucas dice que se trata del ángel que le dice a María: ”Concebirás y darás a luz un hijo y lo llamarás Jesús”, en el momento de la imposición del nombre usa una forma impersonal, pues dice: “fue llamado”. Mateo, sin embargo, dice que fue José el que le puso el nombre (Mateo, 1, 24).

La huida a Egipto. Lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (ca. 1648). Institut of Art, Detroit (EEUU).

A los cuarenta días, José acompaña a María y al Niño al Templo para cumplir con la Ley (Lucas, 2, 22-38) y Mateo cuenta que tras la visita de los Reyes Magos a Belén, la Sagrada Familia huye a Egipto (Mateo, 2, 1-15).
Mateo lo presenta como el cabeza de familia: el ángel le encarga que reciba a María y a su Hijo, a él se le comunica que huya y a él se le comunica que vuelva…
En el Egipto copto diversas localidades se disputan el honor de haber hospedado a la Sagrada Familia; en esto abunda mucho la literatura apócrifa: Eliópoli, Abu Sargha, Bubaste, Bilbeis, Koskam… El apócrifo que más se interesa en este tema es el llamado “Evangelio árabe de la Infancia”.

La permanencia de la Sagrada Familia en Egipto duró hasta la muerte de Herodes, que tuvo lugar en el año 750 después de la fundación de Roma, o sea, el año 4 antes de Cristo. Se admite que Cristo realmente nació en el año menos 7 o menos 8. Esta es la cronología más científica y de este tema ya hemos tratado en otro artículo de este blog.
A Herodes le sucedieron sus tres hijos: Arquelao, que era muy cruel y que gobernó Samaría, Judea e Idumea; Antipas, que gobernó Galilea y Felipe.
La Sagrada Familia se va a Nazareth, en Galilea, ya que Herodes Antipas era menos cruel que su hermano Arquelao.

Por San Lucas sabemos que José iba todos los años con su familia a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Y cuando el Niño tiene doce años se queda allí durante tres días, sin que los padres lo sepan. Tres días de angustia para María y para José. Lucas caracteriza toda la vida de Jesús en Nazareth con la expresión: “les estaba sumiso”, a su padre y a su madre (Lucas, 2, 51).

San Mateo y San Marcos dicen que José era “carpintero”. Lo genérico de este término usado en las traducciones griegas (τεχνίτης) y en la Vulgata (artifex) se puede extender a varias actividades laborales: los apócrifos lo describen como artesano, o sea, que haría arados y yugos, oficio que San Justino también se lo atribuye a Jesús. Sin embargo, las versiones siríaca, gótica, copta y etiópica hablan de carpintero.

San José, carpintero. Óleo de Georges de La Tour (ca.1642). Museo Nacional del Louvre, París, Francia.

En los apócrifos:
Todos los evangelios apócrifos hablan de San José al igual que hablan de María (también lo hemos visto en otro artículo del blog).
El Protoevangelio de Santiago (siglo II), el Evangelio del Seudo-Mateo (siglo VI), el Evangelio de la Natividad de María (siglo IX), el Evangelio del Seudo-Tomás (siglo II) y el Evangelio árabe de la Infancia (siglo IV).
Con vuestro permiso voy a pasar por encima de este tema. Sólo lo enumero y como ya dimos las webs donde se pueden encontrar, el que esté interesado, que lo lea.

San José en la teología:
Esposo de la Madre de Dios
El matrimonio entre José y María fue un verdadero matrimonio. Esto es aceptado por todos como teológicamente cierto; llega a ser casi verdad de fe.
El Papa León XIII hace partícipe a José de la excelsa dignidad de María.

Padre putativo de Jesús
Existe una verdadera relación de paternidad entre José y Jesús. El fundamento jurídico de esto está constituido por el contrato matrimonial entre María y José, que va íntimamente ligado al nacimiento de Cristo dentro de aquel matrimonio, aunque José no fuera el padre natural.
Estío, en el siglo IV en su “Sentencia”, afirma: “José era verdadero padre en orden al matrimonio, aunque sin embargo lo es putativo en orden a la genealogía corporal”. “José es al mismo tiempo padre de Cristo y esposo de María, no en virtud de la unión de la carne, sino por el vínculo matrimonial”; estas son palabras de Santo Tomás de Aquino.

También hablan de este tema San Agustín en su Sermón 51, el Papa León XIII cuando afirma que “José ejercía el oficio de padre de Jesús”, el Papa Pío XII que dice que “aunque él no fuese su padre natural, sentía por Jesús, como por un especial don celestial, todo el amor natural, todo el afecto y la solicitud que un corazón de padre pueda conocer” y pone como prueba de lo que dice, el hecho de que en los evangelios aparece que sus conciudadanos lo llamaban “el hijo del carpintero”.
Esta singular paternidad se fundamenta en vínculos jurídicos, morales y espirituales. Así, se le llama padre legal, padre putativo, padre nutricio, padre adoptivo, padre virginal y vicario del Padre Celestial.

Sueño de San José, óleo de Lorenzo Tiepolo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Virginidad de José
Solo los evangelios apócrifos atribuyen a José la paternidad de otros hijos nacidos en un matrimonio anterior a su matrimonio con María. Quizás por esto, en los evangelios se hablan de los hermanos del Señor.
Sabemos que esto lo rechazan San Jerónimo, Teodoreto, San Agustín, San Beda el Venerable, San Ruperto, San Pedro Damiano, Pedro Lombardo, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino y otros muchos autores.
Aunque la virginidad de José no es dogma de fe, teológicamente se da como cierta y cercana a la fe ya que este sentimiento es íntimo y universal entre los fieles durante los dos mil años de cristianismo.
León XIII dice que José es el prototipo y defensor de la integridad virginal y San Pío X, el día 11 de agosto del 1906 concedió indulgencias a una oración en la cual se le da a San José el título de virgen.

Participación de José en el orden de la Unión hipostática
Ya hemos hablado en alguna ocasión sobre lo que es la Unión hipostática. Es la unión de la naturaleza humana y de la naturaleza divina en la Persona de Jesucristo.
La cooperación de San José a la realización de la Unión hipostática, su conexión y pertenencia al misterio redentor de Cristo no se puede negar. La cooperación de José a la constitución de esta Unión fue extrínseca (él no cooperó físicamente en la concepción de Jesús), pero fue moral, siendo sin duda una cooperación verdadera, pues José influyó en la divina maternidad de María en virtud de su libre y voluntario consentimiento a mantener un matrimonio en virginidad y Jesús nació dentro de este matrimonio.
Pero la cooperación de San José a la conservación de la Unión hipostática fue directa, inmediata y necesaria, considerando que el ministerio, el trabajo de José tuvo como fin directo la custodia, el mantenimiento y la educación de Jesús.
Resumiendo: José participa activamente en el misterio de la salvación del género humano.

Dignidad, santidad y culto a San José:
De todo cuanto hemos dicho anteriormente se puede deducir el carácter singular, especial de la dignidad de San José, que es mayor a la de cualquier otro santo, excluyendo, claro está, a la Santísima Virgen María.
José estuvo íntimamente unido a Dios que es la fuente de toda dignidad y perfección. Santo Tomás en su “Summa Teologica” dice que “cuanto más se acerca una persona a un principio, tanto más participa del efecto de ese principio”.

Muerte del Santo. Óleo de Francisco de Goya y Lucientes. Convento de San Joaquín y Santa Ana, Valladolid (España).

El Papa León XIII reconoce una doble dignidad: “esposo de María y padre de Jesús” y dice que “de esto deriva toda su dignidad, gracia, santidad y gloria. Si Dios dio a la Virgen a José como su esposo, lo hizo de modo que participase mediante el vínculo matrimonial, de su dignidad y de su santidad. Por decreto divino fue el guardián, el custodio de Cristo y ante los hombres, el padre del Hijo de Dios. Jesús prestó a José la obediencia, el honor y la reverencia que todo buen hijo presta a su padre”.

Por esta altísima dignidad y santidad, la Iglesia Universal siempre veneró y dio culto a San José. Fue declarado patrono de la Iglesia Universal por el Beato Papa Pío IX, el día 8 de diciembre del año 1870 con el decreto “Quemadmodum Deus”.
Ya en el siglo IV se le rendía culto en las basílicas de Nazareth y Belén; en Oriente su culto es anterior al siglo IV
El culto en Europa Occidental es también muy antiguo, anterior al siglo III, pero pongamos algunas dedicaciones de iglesias a su nombre aunque sean posteriores: Catedral de Parma (año 1074), iglesia de Bolonia (año 1129), Abadía benedictina de Alcester (año 1140), Avignon (año 1375), etc.
En Roma, en el año 1540, la Archicofradía de San José de los Carpinteros, fabricó bajo la cárcel mamertina una iglesia de madera en su honor y así, podríamos poner muchísimos más ejemplos.

Fiestas de San José:
Los coptos conmemoran su muerte el día 20 de julio. El Menologio de Basilio II conmemora su fiesta el mismo día de la Navidad. Los griegos la celebran el domingo anterior a la Navidad (la llamada fiesta de los antepasados de la que nos habló Mitrut).
Los ucranianos católicos lo veneran el día siguiente a la Navidad.
En Occidente, según el Manuscrito RH30, del siglo VIII, que se conserva en la Biblioteca Central de Zurich, su fiesta era celebrada el día 20 de marzo; se puede decir que esta es la conmemoración más antigua cercana a la actual del 19 de marzo. Es a partir del siglo X cuando empieza a celebrarse el día 19.

El primer Oficio Litúrgico completo dedicado a San José es del siglo XIII y proviene de la Abadía benedictina de San Lorenzo, en Lieja (Bélgica). También, en el siglo XIII tenía misa propia en el monasterio austriaco de San Florián.
San Hermanno de Steinfeld, monje premonstratense del siglo XIII, tomó su nombre después de tener una visión de él y de la Virgen; cambió su nombre a Hermanno de San José. Los franciscanos adoptaron su fiesta en el Capítulo General del año 1399 y los carmelitas también lo hicieron en el siglo XIV.

Vista del presunto sepulcro del Santo en Jerusalén, Israel.

La fiesta del 19 de marzo entró en el Breviario y en el Misal Romanos en el año 1479. El Papa Gregorio XV, el día 8 de mayo del año 1621, hizo obligatoria esta fiesta en toda la Iglesia; Benedicto XIII, el día 19 de diciembre de 1726 incluyó su nombre en la letanía de los santos inmediatamente después de San Juan Bautista. Y el 24 de abril de 1956, se instituyó la fiesta de San José Obrero el día 1 de mayo.

Existen numerosas Órdenes y Congregaciones religiosas que tienen a San José en su denominación y que lo tienen como patrono. Sería larguísimo nombrarlas, solo mencionaré la más antigua masculina y la más antigua femenina.
La masculina es: los Carmelitas lo eligieron patrono de su Orden en el año 1621.
La femenina es: Las Hermanas de San José fueron fundadas en Francia en el año 1650.

Reliquias:
Se dice que su sepulcro está en Jerusalén, cercano al de la Virgen (!!!)
Perugia (Italia) presume de tener el anillo nupcial desde el año 1477. En Aachen (Alemania) dicen tener parte de su calzado y en la iglesia de Santa María de los Angeles, en Florencia, conservan su bastón. Otros muchos lugares manifiestan tener parte de sus ropas.
Con todos los respetos de mundo, todas estas reliquias son absolutamente falsas.
Del tema iconográfico prefiero no hablar porque sería extensísimo, no soy experto y me dejaría muchísimas cosas en el tintero.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San José el Justo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"San José, el Prometido". Icono ortodoxo contemporáneo.

El santo y justo José, llamado en Oriente “el novio de María” puede ser considerado como el padre terrenal de Nuestro Señor Jesucristo. La tradición cristiana en numerosas ocasiones lo menciona como el padrastro de Jesús, porque él era el novio de María, no su esposo, cuando ella concibió a Jesús. La tradición oriental acentúa este carácter de legalidad en la relación entre José y María. De todos modos, su relación bíblica no está del todo clara, porque él es llamado “el hombre” (no el marido) de María (ἄνδρα Μαρίας, Mateo 1, 16 y 1, 19); pero en el caso de María, ella siempre está “comprometida” con él (μνηστευθείσης, Mateo 1, 18, ἐ μνηστευμένην Lucas. 1, 26  y 2, 5), aunque a veces, a María, se la denomina “la mujer” (no la esposa) de José (γυναῖκα>, Mateo 1, 24-5 y en algunos otros pasajes).

La importancia de San José en el calendario cristiano no está muy clara; mientras que en Occidente está clara cuál es su festividad, en las Iglesias Ortodoxas ni siquiera tiene su propio día de celebración; sólo es conmemorado el día siguiente después de Navidad. Ya se da por sabido que el día siguiente después de una gran fiesta, se celebran a los coautores de dicha fiesta. Así, el día 26 de diciembre se conmemora al grupo familiar (Sobor) de la Santísima Virgen, al igual que el 7 de enero, que es el día del Bautismo del Señor, se conmemora al grupo familiar (Sobor) de San Juan el Bautista. Se pueden poner más ejemplos: el 8 de septiembre se celebra la Natividad de la Virgen María y al día siguiente, se conmemora al grupo familiar (Sobor) de Santa Ana, es decir, a los santos Joaquín y Ana, que son los padres.

Concluyendo: En Oriente, San José no se celebra solo, por separado, sino que se celebra junto con la Virgen María. Existe además un segundo día de celebración, que es el último domingo anterior a la Navidad, llamado también “Domingo de los Antepasados”. En la iglesia, ese día, se lee el capítulo primero del evangelio de San Mateo.

Ascendencia:
Sobre San José hay algunos misterios. En primer lugar parece que tiene dos padres, pues de acuerdo con la genealogía del evangelio de San Mateo, es el hijo de Jacob (Mateo, 1, 16), pero si leemos el evangelio de San Lucas, dice que es el hijo de Elí (Lucas, 3, 23). El problema se resuelve viendo las intenciones de los evangelistas al escribir sus evangelios. A simple vista se puede ver que uno de ellos “hace trampa”, ya que nos aparecen dos genealogías distintas, que se separan a partir del rey David.

Icono bizantino de la Natividad. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia). Zona inferior izquierda: San José tentado por el diablo.

Según San Mateo, la familia de Jesús viene de la rama de Salomón (hijo de David), pero según San Lucas, viene de la rama de un hijo desconocido de nombre Natán. Mateo se preocupa de la simetría (el múltiplo de catorce generaciones) y del hecho de que hay una gran cantidad de mujeres paganas incluidas en el árbol genealógico. El empieza con Abraham, lo que significa que está escribiendo su evangelio para los judíos a los que quiere mostrar la ascendencia judía de Nuestro Señor; pero da un dato más: el judaísmo no lo es todo, porque la Divina Providencia, ha puesto a misteriosas mujeres extranjeras en el árbol genealógico que nos ha traído al Salvador.

Pero sin embargo, Lucas comienza su genealogía a la inversa, de José hacia atrás, llegando incluso hasta Adán. Hay que decir que la genealogía real no es lo importante: lo importante es que Jesús es el hijo de David, aunque El es el “desconocido”, que proviene de una generación desconocida. El vino a salvar a la humanidad entera, a todos los hijos de Adán. Mientras que Lucas se dirige a los paganos-cristianos, Mateo se dirige a los judíos-cristianos.

La tradición oriental tiene otra explicación: habla de un matrimonio-levirato, lo que significa que José era hijo de Jacob, pero también era hijo de Elí; uno de los dos era padrastro. Pero esta explicación no es del todo creíble, porque el matrimonio de levirato (un hombre toma la esposa de su hermano fallecido) no es aplicable en este caso, ya que Jacob y Elí son dos personas que no tienen nada en común, salvo el ser descendientes de David.

Por supuesto, puede haber otras explicaciones, pero no es necesario entrar en ellas. Sólo decir que esta doble genealogía ha creado muchos problemas a los biblistas y comentaristas, que defienden que uno de los dos evangelistas inventa una línea de antepasados, una genealogía aunque hay que entender otra verdad: no la lógica, sino la histórica. Digamos que esta importante verdad es meta-lógica o incluso, mitológica: es una verdad misteriosa que la razón humana no puede comprender. Pero una cosa es segura: “Jesús es hijo de David”, el Mesías del que hablaron los profetas y lo es porque El es legalmente el hijo de José. La genealogía se transmite por la parte paterna porque no era admitida la genealogía por la parte materna.

¿Eran esposos o novios? Qué dice la Biblia:
En algunos pasajes del Nuevo Testamento, a San José se le denomina como “José de Nazareth” No se sabe mucho de José, salvo que era de la “Casa de David” y de esta manera se le denomina cuando se habla de él como el padre de Jesús (Mateo 1, 16 y Lucas 3, 23). De la misma manera, en dos ocasiones, Jesús es llamado “hijo” de José (ὁυ ἱὸς Ἰωσὴφ, en Juan, 1, 55 y 6, 42) y en una ocasión se dice de Él que es “el hijo del carpintero” (τέκτονος υἱός, Mateo, 13, 55), pero en estos pasajes, Jesús es llamado así por algunas otras personas, no por los propios evangelistas.

Catedral católica de San José. Bucarest (Rumanía).

De estos pasajes evangélicos tenemos que destacar algo que todos sabemos: San José no era el padre terrenal de Nuestro Señor, sino que se hizo cargo de Él; era el padre legal. Hay dos menciones que indican que María concibió siendo virgen, “antes de que ambos se juntasen” (πρὶν ἢ συνελθεῖν, Mateo 1, 19) y “virgen desposada con un hombre” (παρθένον ἐμνηστευμένην, Lucas, 1, 26). Consciente de esta misteriosa concepción, José que “era un hombre justo” quería dejarla en secreto, pero un ángel le dijo en sueños que Maria había concebido por obra del Espíritu Santo (Mateo, 1, 20).

Qué dice la Tradición:
Pero si la Biblia no menciona mucho a José, sí lo hacen, y mucho,  otros documentos pseudo-epigráficos. Los evangelios apócrifos tratan extensamente sobre algunos episodios de la vida de San José; esto puede comprobarse leyendo el “Evangelio de Santiago”, el “Evangelio de la Natividad de la Virgen María”, la “Historia de José el Carpintero” y la “Vida de la Virgen y la muerte de José”.

La tradición cristiana, tomando algunas ideas de estos evangelios apócrifos, imagina a José como un anciano en el momento en el que se desposó con María. En uno de esos escritos se dice que San José se casó por primera vez con una mujer llamada por algunos Melcha o Escha y llamada por otros Salomé; y que con ella vivió cuarenta y nueve años, teniendo seis hijos (cuatro hijos y dos hijas), el menor de los cuales fue Santiago el Menor, el “hermano del Señor”. Un año después de la muerte de su primera esposa, los sacerdotes buscaban en Judea a un hombre respetable de la tribu de Judá para casarlo con María, que a la sazón tenía unos doce o catorce años de edad.

Hasta ese momento, María era una de las vírgenes que servían en el Templo, estando allí desde muy pequeña. Sus padres, Joaquín y Ana, la habían dejado allí con apenas tres años de edad, ya que era una promesa que le habían hecho a Dios por haber tenido un hijo. Pero a las vírgenes no se les permitía permanecer en el Templo durante toda su vida, ya que eran sirvientas; no es el caso de las monjas cristianas de hoy en día. Y entonces, desposaron a María con José, que como era un anciano, garantizaba la continua virginidad de María. José, que tendría unos noventa años de edad, se presentó como candidato en Jerusalén y un milagro manifestó cual era la elección de Dios y así, dos años más tarde, ocurrió la Anunciación.

Icono ortodoxo contemporáneo de la Natividad. Zona inferior izquierda: San José tentado por el demonio.

“Los Justos”:
A San José se le conoce con el sobrenombre de “el Justo”. Es decir, él era un hombre santo, que no tenía intención de cohabitar con María y que pretendía comportarse conforme a la Ley Judía. Pero una mujer embarazada de padre desconocido era juzgada y generalmente, moría lapidada por parte de toda la comunidad. San José, primero trató de “dejarla en secreto” pero después de la visión angelical decidió “tomar” a María junto a él. En el momento de la Anunciación, ya estaban ambos desposados. Y como “un hombre justo” tuvo otras dos visiones: Una cuando se le dice que huya a Egipto porque Herodes quiere matar al Santo Niño y la otra cuando se le dice que vuelva a Tierra Santa porque el peligro ya había pasado.

Lucas dice que María y José vivían en Nazareth de Galilea (Lucas, 2, 4), mientras que Mateo dice que no se establecieron en Nazareth hasta que vinieron de Egipto (Mateo, 2, 23). Sólo en el momento de la inscripción en el censo ordenada por el gobernador Quirino, la familia se trasladó a Belén (Lucas, 2, 4 y siguientes). San José era carpintero, como así lo llamaban los habitantes de Nazareth y era muy extraño que un niño, hijo de una familia tan pobre conociera la Ley, por lo que sorprende que a Jesús le llamasen rabino (Mateo, 13, 55).

Familia:
Jesucristo es descrito en los evangelios como el hermano de Santiago el Justo, de Simón, de Judas y de varias hermanas (Marcos,  6, 3 y Mateo, 13, 55). La escritura cristiana apócrifa dice que estos hermanos y hermanas eran del matrimonio de José con Salomé, de quién quedó viudo, antes de casarse con María. Según estos escritos, José era el hermano mayor de Cleofás, que estaba casado con una mujer llamada María (presente en el grupo de las mujeres portadoras de mirra, junto con Salomé, Juana y, algunas veces, María Magdalena).

Las últimas citas sobre San José:
San José es mencionado por última vez cuando Jesús tiene doce años y van de viaje a Jerusalén. Es muy probable que muriese antes de que Jesús iniciara su ministerio público, ya que sólo María estaba presente en las fiestas de las Bodas de Caná. Esto es una muestra más de que José era mucho mayor que María, como así lo considera la tradición. Además, no se le menciona junto a María en el momento de la crucifixión (Juan, 19, 25) y existe otro detalle más y es que fue José de Arimatea quién solicitó el cuerpo muerto de Jesús, un derecho que correspondería a San José si este hubiese estado vivo.

Presunto sepulcro de San José. Jerusalén (Israel).

Según el documento apócrifo “Historia de José el carpintero” el santo tenía ciento once años de edad cuando murió un 20 de julio entre los años 18-19 de nuestra era. San Epifanio de Salamina dice que tenía noventa años de edad en el momento de su muerte y si hemos de creer a San Beda el Venerable, fue sepultado en el Valle de Josafat. El hecho de que Jesús, cuando estaba en la cruz, escogió a Juan para que cuidara de Maria, es interpretado también como que José ya había muerto y que José y María no tuvieron otros hijos que pudieran hacerse cargo de su madre.

La celebración de la fiesta de San José:
El primer reconocimiento público a San José aparece en Oriente. Desde principios del siglo IV, los coptos, celebran su fiesta el día 20 de julio. Según el historiador Nicéforo Calixto, Santa Elena erigió en su honor una gran iglesia en Belén, en la cual, era muy venerado. Los menologios griegos lo conmemoran el día siguiente a la Navidad y en el llamado “Domingo de los Antepasados” del que ya hemos hecho mención.

En Occidente, el padre adoptivo de Nuestro Señor (Nutritor Domini) empieza a aparecer en los siglos IX y X en algunos martirologios locales, siendo la iglesia más antigua erigida en su memoria la que se encuentra en Bolonia y que fue construida en el año 1129. El Papa Sixto IV (1471-84) estableció su fiesta en el calendario romano el día 19 de marzo. La catedral católica de Bucarest, se llama “Catedral de San José” y es uno de los monumentos más bellos de la capital rumana.

Iconografía:
En la Iglesia Oriental existen muy pocos iconos de San José; normalmente se le representa con el resto de la Sagrada Familia. En el icono de la Navidad están representados los tres juntos: Jesús, María y José y siempre se le ha representado con el pelo blanco, signo de su ancianidad. En muchas versiones de este icono de la Natividad, aparece José tentado por el diablo (representado como un hombre viejo con las alas plegadas) que le tienta para que rompa su compromiso matrimonial con María, tentación a la cual resiste.

Himno (Tropario) de San José:
Proclama, ¡oh José! las maravillas de David, el antepasado de Dios: tu has visto a una gran Virgen con el Niño, la gloria con los pastores, la adoración de los Reyes Magos y recibiste las noticias del ángel. Ruega a Cristo, Dios, que salve a nuestras almas

Mitrut Popoiu

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La Sagrada Familia: Jesús, María y José

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"Sagrada Familia del pajarito", óleo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

“Sagrada Familia del pajarito”, óleo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

En la Octava de Navidad encontramos algunas festividades de reconocida antigüedad como lo son la de San Esteban protomártir y la de San Juan, apóstol y evangelista.  Pero no así esta “Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José” que se celebra en el domingo dentro de la Octava de Navidad, o en caso de no existir tal, el 30 de diciembre. En realidad, dicha fiesta tiene poco más de un siglo de tener carácter universal en el rito romano.

Sus más remotos orígenes podemos rastrearlos en la Europa de los siglos XVI y XVII, donde empieza a abrirse paso como festividad local, especialmente en Francia. Será allí, más exactamente en Lyon, donde el presbítero de la Compañía de Jesús, P. Francisco Felipe Francoz, funda la “Pía Asociación de familias cristianas consagradas a la Sagrada Familia” en 1861, que le da un impulso especial al culto y devoción a la Familia de Nazareth. En 1880 Su Santidad León XIII escribiría la encíclica dedicada a la familia cristiana “Arcanum Divinae”. Él mismo, movido por todo lo anterior, instituiría la fiesta en el calendario universal el III domingo después de Epifanía con carácter facultativo, en 1893.

"La Sagrada Familia", óleo de Domenikos Theotokopoulos "El Greco". Hispanic Society of America, Nueva York (EEUU).

“La Sagrada Familia”, óleo de Domenikos Theotokopoulos “El Greco”. Hispanic Society of America, Nueva York (EEUU).

En la reforma litúrgica que San Pío X llevó a cabo entre 1911 y 1913 todas las fiestas fijadas en domingos fueron suprimidas, salvo la del Nombre de Jesús y la de la Santísima Trinidad, así que nuestra festividad desaparecería del calendario universal. Con todo, en 1914 Su Santidad Benedicto XV permitiría su misa votiva [1] fijándola el 19 de enero. Habría que esperar hasta 1921 cuando fue reincorporada al calendario, esta vez como fiesta obligatoria, estableciendo su celebración el domingo infraoctava de la Epifanía [2]. La razón que llevó a sacrificar por esta vez los principios de la reforma de San Pío X fue que la lectura evangélica de esta fiesta correspondía a aquella que tradicionalmente se hacía el domingo siguiente a la Epifanía. Allí se conservaría nuestra fiesta hasta la reforma de 1969, que la desalojaría de aquel lugar para dar paso a otra fiesta de reciente factura, el Bautismo de Jesús, y trasladaría a la Sagrada Familia al primer domingo después de Navidad, posición que ocupa en la actualidad.

Finalmente valga apuntar que los cristianos coptos poseen dos fiestas referidas a la Sagrada Familia: el 6 de hator (noviembre) se celebra la huída de la Sagrada Familia a Egipto, y el 24 de pasons (mayo) se festeja su correspondiente llegada y permanecia.

Dairon


[1] Una misa votiva es aquella que se ofrece según la piedad del celebrante o de algún grupo de fieles, siempre a la libre elección de éstos y por tanto, distinta a la misa propia del tiempo que el calendario prescriba.  Antes de la reforma litúrgica de 1969, muchas de estas misas opcionales estaban referidas a días de la semana o a fechas fijas en el calendario.
[2] Para estas épocas, muchas fiestas gozaban del privilegio de una octava, desvirtuando así su primitivo significado exclusivamente pascual.

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