Beata Josefa María de Santa Inés: la azucena de Benigànim

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vidriera de la Beata en el coro del convento de la Purísima y de Santa Inés. Benigànim, Valencia (España).

Cuando el pasado mes de septiembre visité el convento de agustinas de Benigànim (Valencia, España), donde se santificó la célebre Beata que es a la vez vecina y protectora de la ciudad, me prometí a mí misma escribir un artículo sobre ella, a pesar de que nuevamente se sale de mi especialidad, las mujeres mártires. Pero creo que vale la pena indagar sobre ella y aquí va mi tardío tributo a esta alma grande y sencilla a la vez.

En el siglo se llamó Josefa María Albiñana, y nació el 9 de febrero de 1625, en la localidad valenciana de Benigànim. Sus padres, Lluís Albiñana y Vicenta Gomar, eran una familia muy modesta y vivían en una casa muy pobre de la calle de San Miguel. Fue bautizada el mismo día que nació, según costumbre de la época, por el vicario Vicent Mora en la misma parroquia de San Miguel, y fue confirmada el 24 de febrero de 1633, a los ocho años de edad, también según se  hacía entonces. Poco después, recibía la primera comunión.

Quedó pronto huérfana, pues murieron ambos padres, y se hizo cargo su tío don Bartolomé Tudela, baile de la población, quien la tenía como criada en su casa. Trabajaba a menudo en el huerto de la casa, dedicada al cultivo de flores y frutas, y en estos trabajos se dice que se le aparecía el Niño Jesús y conversaba familiarmente con él. También trabajó intensamente como lavandera. Una anécdota dice que se propuso plantar un naranjo y, como era una muchacha inculta y sin formación, lo hizo al revés, poniendo las raíces hacia arriba. Eso causó gran carcajada entre los entendidos del lugar, pero quedaron estupefactos cuando, al tiempo, el naranjo floreció por sus raíces. Este naranjo aún puede admirarse hoy en día.

Su tío era un hombre de carácter colérico y la maltrataba continuamente, tanto de palabra como de obra. Además, otro joven criado se prendó de ella y la acosaba a todas horas con tal de poder tener relaciones sexuales, a lo cual Josefa se negaba rotundamente. Desquiciado, este muchacho llegó a hacerse con un arcabuz y disparar contra ella, en un momento en que la joven se había escabullido de él y corría escaleras arriba. Por suerte, los proyectiles impactaron en la pared sin herirla –aún pueden contemplarse estas marcas en la casa del baile-. La tradición dice que huía tan aterrada ante la posible violación, que saltó por la ventana hacia la casa de al lado, pasando por una ranura tan estrecha que parecía milagro que hubiese pasado por ahí.

Esta experiencia tan dura que vivió en la casa de su tío la hizo madurar como persona, y tomó la decisión de ingresar como religiosa en el convento de agustinas recoletas de Benigànim, haciéndose servir de la influencia de su tío, pues los Tudela habían sido fundadores y benefactores del monasterio. Tenía 18 años cuando ingresó en el convento tomando como nombre Josefa María de Santa Inés [1], profesando solemnemente el 27 de agosto de 1641. Cuando entró, lo hizo como hermana lega, pues era una joven prácticamente analfabeta, como habíamos dicho; y posteriormente, por deseo del arzobispo de Valencia, pasó a ser monja de coro. Eso creaba dudas entre las hermanas, ¿cómo iba a estar entre las monjas coristas, tan doctas, aquella monja que no sabía leer ni escribir? Sin embargo, aprendió a leer un poco estando de corista y cantaba con fluidez los salmos del Oficio de las Horas, con la vista prendida en un Ecce Homo que tenían en el coro y que hoy se puede ver en el salón de recuerdos de la Beata.

Detalle de la imagen procesional de la Beata. Convento de la Purísima y de Santa Inés, Benigànim, Valencia (España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

Era sorprendente que con tan escasa formación pudiese leer y cantar con tanta fluidez. Su confesor decía de ella que “tratada en cosas tocantes a lo del mundo, parecía no tener uso de razón ni discurso; pero que en punto de virtud y perfección discurría como un Santo Tomás y aconsejaba como un San Pablo.” Esta gracia de la cual ella disfrutaba, que le permitía disertar como una letrada a pesar de no tener formación ni talento para ello, se conoce como “don de la ciencia infusa”: es decir, el conocimiento que se recibe directamente de Dios, sin aprendizaje humano.[2] Ella, que era inculta de formación e ignorante de saberes mundanos, era visitada por personas de elevados cargos, que le pedían consejo sobre tareas complejas de la vida y del gobierno.

Además de esta gracia tan particular, se distinguió por otras virtudes: practicó una obediencia absoluta, por lo que las hermanas de la comunidad y cuantos visitaban el convento, la tenían como espejo de perfección. Con admirable fuerza de ánimo soportó algunos sufrimientos físicos, como por ejemplo, quedar muda durante tres años y sufrió, como otras místicas, la llamada “aridez espiritual”, aunque ella lo sobrellevaba infligiéndose aun más mortificaciones y flagelaciones. Dios también la premió con numerosos éxtasis – se dice que fue encontrada muchas veces levitando, esto es, suspendida en el aire sin tocar con los pies en el suelo- y con poderes taumatúrgicos. A pesar de tantos dones, siempre mantuvo su sencillez de espíritu y ofrecía constantemente sus penas y sacrificios por los ministros de la Iglesia y por la conversión de los pecadores.

Murió el 21 de enero de 1626, festividad de su santa protectora, a los 71 años de edad y 56 de vida religiosa; y con fama de santidad. Su causa de beatificación se inició el 21 de mayo de 1754 y el decreto que confirmó sus dos milagros fue publicado el día 21 de febrero de 1886. El 21 de noviembre de ese mismo año, el Papa León XIII, decidió que fuese beatificada, lo que se hizo el día 26 de febrero de 1888, segundo domingo de Cuaresma. Estuvo sepultada en su convento, pero cuando se hizo el reconocimiento de los restos para su beatificación, éste apareció completamente incorrupto, por lo que se instaló en una urna en la iglesia del convento, para que así pudiese ser venerada.

Cadáver incorrupto de la Beata en una fotografía de 1896.

Desgraciadamente, con el estallido de la Guerra Civil Española (1936-1939), el convento fue saqueado e incendiado, y el cuerpo de la Beata desapareció. Se cree que algún vecino de Benigànim, temiendo su destrucción, lo hizo esconder antes del saqueo. Pero todavía no ha podido ser localizado. ¿Es posible que quien escondiera a la Beata muriese en el conflicto, y por tanto, se llevase su secreto a la tumba? Podría ser, porque no se tiene constancia ni conocimiento de que el cuerpo fuese profanado o destruido, y habitualmente se tiene constancia cuando ocurren este tipo de hechos. Hasta hoy, la teoría más plausible es que en efecto, alguien ocultó el cadáver de la Beata para salvarlo de la profanación, pero no se sabe dónde está. Sin embargo, se conservan algunos fragmentos de reliquias, extraídos anteriormente del cuerpo, que se veneran insertados en una imagen yacente, sustitución del cadáver ausente, insertada en la capilla elevada donde se la había venerado antes. Los actos de desagravio y bendición de la imagen yacente se realizaron en 1944. Desde entonces, el paradero del cuerpo incorrupto sigue siendo un misterio.

Pese a ello, la popularidad de la Beata, lejos de decaer por la desaparición de sus reliquias, ha ido creciendo y fortaleciéndose hasta hoy. Proclamada alcaldesa honoraria y patrona de la ciudad de Benigànim, sus fiestas son de una gran concurrencia popular y su devoción ha trascendido el ámbito local valenciano, llegando personas de toda España y del resto del mundo a visitar su convento y contemplar sus objetos personales en la sala de recuerdos. El cariño y el fervor popular de los vecinos por ella los ha llevado a acuñar una frase tradicional: “Beata Inés, on et criden ves”[3], que sintetiza su fama de milagrosa y taumaturga. Se ha dicho incluso que su parecido en fervor popular y favores especiales con la Beata Josefa Naval Girbés, vecina de Algemesí [4]; ha favorecido el acercamiento de esta localidad y la de Benigànim hasta día de hoy. Es conocida popularmente como “Beata Inés de Benigànim”, a pesar de que, como sabemos, su nombre era Josefa María, e Inés su santa protectora.

Urna actual con la imagen yacente de la Beata. Convento de la Purísima y de Santa Inés, Benigànim (Valencia, España). Fotografía: Ana Mª Ribes

Más allá de todo esto, considero que lo fundamental sobre la Beata de Benigànim es que fue una mujer sencilla, simple, con una clara vocación a la que consagró su vida. Dejando aparte los prodigios y milagros que se le atribuyen, tanto en vida como después de su muerte, es notable reflexionar acerca del respeto y admiración que deberían crear en nosotros aquellas personas que, no destacando por su saber ni por su inteligencia, resultan admirables por su amor y por su humildad. Lo que nos debería llevar a no despreciar a nadie porque le consideremos falto de saber o de cultura, pues cuando no en la inteligencia, el valor de una persona está en otro lugar.

Me despido recomendando la visita al convento de la Beata en Benigànim, un lugar muy tranquilo e interesante para quienes quieran profundizar en la experiencia terrena de esta sorprendente mujer. El convento es de clausura y no se puede acceder a las dependencias de las religiosas, pero puede visitarse la iglesia y la sala de recuerdos, así como venerar las pocas reliquias que se conservan en la imagen yacente.

Meldelen

Bibliografía:
– J. Jordán, “La vida de la Sierva de Dios María Inés”, dentro de “Historia de los padres agustinos de la Provincia de Aragón”, 1712.
– Pedro de la Dedicación de la Virgen del Pilar, “La azucena de Valencia: vida de la Beata Josefa María de Santa Inés de Beniganim”, Madrid 1956.
– Rvdo. Andrés de Sales Ferri Chulio, “Escultura patronal valentina destruida en 1936”, Silla, 1999.

Enlaces web:
http://beni-ganim.galeon.com/labeata.htm (consultado a 5/03/2011)


[1] Santa Inés era la titular del convento junto a la Purísima, de modo que no es de extrañar que la Beata tomara a esta mártir romana como protectora personal; siendo además, una Santa modelo de pureza y castidad, virtud con la que Josefa siempre se identificó y luchó en su adolescencia por mantener.
[2] Debido a su ciencia infusa, aún hoy aparece representada como una monja anciana, sentada en su banco del coro, con un ángel que la asiste y le transmite el saber divino.
[3] “Beata Inés, donde te llamen, ve.”
[4] Para conocer con más detalle la historia de la Beata Josefa Naval Girbés, seguid este enlace.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es