Venerable Fray Juan Bautista Moya OSA, apóstol de la Tierra Caliente

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Lienzo del Venerable, empleado para estampas.

Durante la gesta evangelizadora de México (mal llamada conquista espiritual) brillaron por su celo y sus virtudes numerosos misioneros de diversas órdenes religiosas venidos de España, la mayoría extremeños y andaluces, que no dudaron en gastar sus vidas por el evangelio llegando muchos de ellos al martirio. En lo que hoy es el estado de Michoacán de Ocampo, en el centro occidente de la República fueron las órdenes franciscana y agustina las que desarrollaron una basta acción evangelizadora.

Uno de estos grandes misioneros fue el presbítero agustino Juan Bautista Moya y Valenzuela. Fray Juan nació en Jaén, seguramente un 24 de junio, de 1504. Era hijo de Jorge Moya y Tomasa Valenzuela, desde muy pequeño demostró su inteligencia y capacidad para aprender y memorizar diferentes idiomas. Fue contemporáneo de grandes santos como Santa Teresa, San Pedro de Alcántara y Santo Tomás de Villanueva; éste último jugó un papel crucial en su vocación misionera como veremos más adelante.

De su infancia y juventud se conoce casi nada, pues su biógrafo fray Diego de Basalenque no menciona aspecto alguno sobre estas etapas de su vida. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que hacia la segunda década del siglo XVI inició estudios de bachiller en la Universidad de Salamanca. Estando en esta ciudad escuchó, seguramente en alguna ceremonia eucarística o impartiendo algún sermón a fray Tomás de Villanueva [1]. Este encuentro fue decisivo para Juan pues lo llevó a tomar el hábito en Salamanca en 1522. Cursó el noviciado de 1522 a 1523 profesando éste último año.

Ya profeso volvió a la universidad, de donde salió con fama de ser uno de los predicadores más notables de su Orden. No se sabe a ciencia cierta la fecha de su ordenación sacerdotal que debió ocurrir entre 1531 o 1533. En otoño de 1533 al recibir noticias de los maltratos a los que eran sometidos los indígenas y con el celo por convertir a los indígenas de la joven Diócesis de Michoacán, decide embarcarse a América con fray Jerónimo de San Esteban, pero mientras iba a Jaén a despedirse de sus familiares, salieron sus compañeros y tuvo que esperar todavía para cumplir su cometido.

Parroquia de San Juan Bautista de Huetamo, Michoacán (México).

En 1536 por fin pudo obtener el permiso y marchó a Sevilla junto con fray Francisco de la Cruz quien sería su compañero de misiones. Se cuenta que llegó descalzo a Sevilla y desde el Guadalquivir se embarcó junto con otros agustinos, entre otros con fray Alonso Gutiérrez, quien al llegar a Nueva España cambiaría su nombre por fray Alonso de la Veracruz y sería uno de los catedráticos más notables de su orden.

Ya en México, en lo que actualmente es el Puerto de Veracruz emprendió el largo camino desde este estado hacia las misiones de Tierra Caliente, región semidesértica que abarca el centro del actual estado de Michoacán y parte de las inhóspitas sierras montañosas de Guerrero. El clima es extremo, el terreno árido e infestado de toda clase de insectos venenosos. Los pocos ríos que corren por esas tierras como el Balsas o Tepalcatepec son peligrosos por los caimanes y cocodrilos que los pueblan; sin embargo en este lugar viven desde tiempo inmemorial numerosos pueblos indígenas que según palabras de Basalenque “viven sin temor de Dios por la ligereza de costumbres y de ropas a que los obligan las calores de sus tierras”.[2]

Su fecundo ministerio sacerdotal comprendió la fundación de templos y conventos en Tlapa, Chilapa (hoy diócesis de Tlapa-Chilapa en Guerrero), Huetamo y Carácuaro en Michoacán (Diócesis de Tacámbaro). Ocho años duró entre los indígenas de los que bautizó a cerca de seis mil. En 1548 fue llamado a la capital del Virreinato y en el capítulo provincial de 1552 resultó electo definidor de la orden, cargo al que renunció para regresar a Tierra Caliente de Michoacán. Marchó al convento matriz de Valladolid (hoy Morelia) y allí aceptó el humilde oficio de refitolero, mientras se dedicaba al aprendizaje de la lengua purépecha. En 1553 se le designó prior del convento de Tacámbaro, cuya jurisdicción comprendía todo el sur y parte del poniente de Michoacán y Guerrero; puso la cabecera misional en Pungarabato (hoy Ciudad Altamirano) y retomó su gran obra de evangelización y fundación de pueblos.

El Venerable, cruzando el río Balsas a lomos de un caimán. Ilustración contemporánea.

Dice de el Basalenque “delgado en extremo, mal vestido y peor alimentado iba por los ásperos caminos de la región” fundó los pueblos de Tlapehuala, Coyuca, Zirándaro y Tuzantla. Se ha mantenido como tradición en Tuzantla que en una ocasión invitó a comer al encomendero [3] del lugar y le ofreció las pobres tortillas que eran su alimento. Al tomarlas el Padre Moya en las manos las oprimió y salió sangre de ellas, exclamando el misionero: ”Estas tortillas están hechas con los sufrimientos de los indios pobres”. Siempre dedicado a sus fundaciones, continuó con Cuitzio y Ajuchitán con lo que logró unir las misiones establecidas en Michoacán con las de Tlapa y Chilapa. Fundó Purungueo y Turicato, y en Carácuaro dejó la imagen de pasta de caña de un Cristo moreno, el Señor de Carácuaro, muy venerado hasta la fecha en todo el territorio Michoacano y las diócesis de Apatzingán y Tacámbaro. Recorrió el territorio hacia la costa hacia los pueblos de La Huacana, Atoyac, Técpan, Petatlán, Tamazula y Coahuayutla. En 1664 se reunió en Tacámbaro con fray Francisco de Villafuerte, otro insigne misionero con quien actualmente comparte sepultura.

Ya por entonces se hablaba de hechos sobrenaturales en torno al Padre Moya. Varias personas afirmaban haberlo visto levitando en oración; en el convento de Morelia existe un árbol de lima que se cuenta brotó de un bastón que Juan plantó en el huerto y que actualmente sigue produciendo limas [4] pero lo más sorprendente que se cuenta de el es el que cruzaba el Río Balsas sobre un caimán y que tenía el don de bilocación. En Pungarabato enterró su báculo dentro del atrio de la iglesia, donde más tarde se construiría en ese mismo sitio la Cruz de Mayo, prometiendo que nunca se inundaría la población, dado al riesgo que representan las crecientes de los ríos Balsas y Cutzamala en tiempo de lluvias. Actualmente el Templo es Catedral de la diócesis de Altamirano y en su atrio se encuentra la Cruz de Mayo donde se mantiene sepultado el báculo de Juan Bautista Moya.

Permaneció en Pungarabato y muy desmejorado se le llamó a Valladolid y era tan mala su salud que el, tan acostumbrado a hacer larguisimos viajes a pie, tuvo que ser llevado cargado y en mula. Falleció en el convento agustino de esta ciudad el 20 de diciembre de 1567 y con fama de santidad pues el día del entierro el Templo de San Agustín estaba atestado de fieles y tuvieron que enterrarlo de prisa pues el gentío se abalanzaba a cortar pedazos de su hábito y aún de su ataúd. Sobre su tumba en San Agustín se lee este epitafio: Qui nomen mores que tuos, praecursor Iesu, dum retulit, conditur hoc túmulo (el que llevaba tu nombre, precursor de Jesús, yace bajo esta lápida).

Sepulcro del Venerable. Templo de San Agustín de Valladolid, Yucatán (México).

Su causa de beatificación fue introducida por la orden agustiniana y se encuentra aún en el proceso diocesano máxime que abarca varias diócesis del estado y de Guerrero. Ya ha sido declarado venerable pero su fama de santidad perdura hasta hoy entre los agustinos religiosos y seglares y los habitantes de Guerrero y Tierra Caliente que lo nombran cariñosamente como “Padre Moya”. A su tumba en San Agustín acuden muchas personas a dejar ofrendas y ya se habla de milagros obrados por su intercesión.

Esperemos que pronto se terminen las investigaciones pertinentes y se reconozca oficialmente un milagro obrado por fray Juan Bautista Moya para que pueda formar parte del gran elenco de santidad de la Orden de San Agustín.

Daniel

BIBLIOGRAFÍA:
-BASALENQUE, Fray Diego de. “Historia de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán”, Cap. XXIV. Fimax Morelia, 1966.
-ENCICLOPEDIA DE MÉXICO, Tomo 9, Pags 270-272, 1972.
-VILLELA HERNÁNDEZ, Félix Manuel; “De Iglesia a Catedral. Historia de la Diócesis de Ciudad Altamirano”, Colecciones Pungarabato, Pp. 5 – 11. 2003.
-TESTIMONIOS ORALES: Padres Nicolás Rodríguez y Manuel Belman OSA, Esperanza Loaiza Díaz.


NOTAS
[1] Por entonces no había sido preconizado Arzobispo de Valencia.
[2] La región en cuestión tiene un clima caluroso todo el año y la gente tenía, y tiene hasta hoy, fama de violenta y hostil, lo cual no pasa de ser una mala interpretación de sus costumbres.
[3] El encargado de un reducto de tierras de labranza y de los indígenas que las habitaban, los cuales la mayoría de las veces eran explotados como esclavos en dichas encomiendas.
[4] Cada año para el aniversario de su muerte, los agustinos celebran una misa en sufragio de fray Juan y para pedir por su canonización y al final de la misma se reparten estas limas. Yo ya las he probado y son bastante dulces y se dice que han ayudado a la curación de muchos enfermos.

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