San Juan Bautista de la Salle, sacerdote fundador

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Lienzo del Santo inspirado en el grabado de Scotin, siglo XVIII.

Nació en Reims, el 30 de abril del año 1651 siendo el hijo primogénito de Luis de la Salle y Nicolle Moët de Brouillet. Estos formaban una familia muy piadosa, dentro de la cual nacieron diez hijos, de los cuales tres fueron sacerdotes y una religiosa. Su padre esperaba que él escogiera la carrera de abogado continuando así la tradición familiar, pero él tenía muy claro que quería ser sacerdote y es por eso por lo que recibió la tonsura eclesiástica con sólo once años de edad y el 9 de enero de 1667, con quince años, era canónigo de la catedral de Reims. El 10 de julio del año 1669 obtuvo el grado de Maestro en Artes. Estudió en la facultad de teología de Reims, en el seminario de San Sulpicio y asistía a clases en la Universidad de la Sorbona, mostrándose siempre cumplidor de las normas y teniendo un trato fácil y amable con todos.

Al quedarse huérfano de ambos padres, en el año 1672, tuvo que abandonar el seminario y hacerse cargo de sus hermanos aunque fue ayudado por su primo, el Beato Nicolás Roland, que era canónigo en Reims y nueve años mayor que él. La ayuda de su primo fue determinante en su formación, no solo por su determinación de hacerse sacerdote y por la ayuda que le prestó cuidando de sus hermanos, sino que también lo inició en el apostolado dentro de la enseñanza. Aunque se ordenó de subdiácono en Reims, fue en París donde recibió el diaconado el 21 de marzo de 1676. Terminados sus estudios fue ordenado de presbítero en Reims el día 9 de abril de 1678 y se doctoró en teología, también en Reims en el año 1680. Su primo que había fundado el Instituto de las Hermanas del Niño Jesús, el 23 de abril de 1678, cuatro días antes de morir, lo designó ejecutor testamentario del Instituto y de las escuelas por él fundadas. “Tu celo la hará prosperar y completarás el trabajo que yo he iniciado”, de dijo su primo; sin embargo, el arzobispo de Reims propuso que se hiciese cargo de esta responsabilidad otro clérigo amigo de nuestro santo.

En este tiempo se encontró con Adrian Nyel, que era un seglar muy comprometido con las escuelas populares. Había venido de Rouen (donde se dedicaba a enseñar y catequizar a los niños) por recomendación de la señora Maillefer, que era pariente de Juan Bautista, con la intención de fundar una escuela para niños pobres. Juan Bautista aceptó colaborar con él en este proyecto y aunque se encontraron con algunos impedimentos legales, lo consiguieron: alquilaron una casa, fundaron la escuela gratuita, fijaron su reglamento y empezaron a admitir a niños pobres.

Conjunto escultórico del Santo ubicado en la Rambla de Almería (España), conmemoración del centenario de la llegada de los Hermanos a la ciudad.

Es verdad que en ese momento no nació la vocación definitiva de Juan Bautista ya que compaginaba la colaboración en la escuela con su labor pastoral como sacerdote, pero el contacto con los maestros, a los que visitaba diariamente y que eran voluntarios, pero que no siempre estaban suficientemente preparados; y con los alumnos, que eran de todas las edades y condiciones morales y físicas y que estaban mezclados hizo que descubriera las deficiencias estructurales y funcionales de este proyecto y reaccionó: instruyó y animó a los maestros, los formó moralmente y les hizo ver el profundo sentido de su misión a pesar de los contratiempos que surgían. Y así, poco a poco, fue madurando en él la idea de crear una Congregación adaptada a la escuela popular, donde la vocación fuera la que moviera al que se dedicara a esta tarea, donde se compaginara la propia enseñanza con la evangelización.

Esta experiencia le demuestra que no es posible formar a los maestros solo en las materias a enseñar, sino que ellos mismos tienen que desear vivir esa forma de vida y así les hace comprender que es bueno vivir en comunidad y los acoge en su propia casa. Los maestros se llamarán “Hermanos de las Escuelas Cristianas” y prometerán hacerse cargo de todo el mundo en esas escuelas gratuitas para niños pobres. Decía Monseñor Guibert que: “Sin duda fue el amor el que le llevó a dedicarse a los jóvenes maestros, que estaban como ovejas abandonadas y sin pastor, asumiendo él la responsabilidad de unirlos”. La primera escuela fue abierta en 1679 y la comunidad de maestros la iniciaba en 1682. En julio del año siguiente renunció a la canonjía para dedicarse plenamente a la formación de los maestros obteniendo para ello el consejo y el permiso de su director espiritual, el abad Callou.

Conjunto escultórico del Santo en la galería de los Fundadores. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Debido a las penurias económicas del momento, en el año 1683 renunció a todos sus bienes pero no a favor de las escuelas sino a favor de los pobres de la ciudad y así, entre lágrimas de alegría come de rodillas medio pan que él mismo recibía como limosna al igual que lo hacían “sus hermanos” teniendo la certeza de haber fundado un nuevo Instituto, el de los “Hermanos de las Escuelas Cristianas” y dedicándose a abrir escuelas y hogares de educación para todos los niños y jóvenes que vivían en la calle.

La primera escuela de formación de profesores la fundó en Reims en el año 1684; tres años más tarde creó lo que sería el primer noviciado y en 1688 abrió las primeras escuelas en París. Intentó que el hermano Henri l’Heureux estudiase para ordenarse de sacerdote y dirigiera el nuevo Instituto, pero la muerte de este hermano antes de su ordenación le hizo comprender que posiblemente Dios no quería que en su Instituto hubiera sacerdotes sino solo hermanos laicos. Esto era una novedad entre las congregaciones religiosas, pero él estaba convencido de que ningún hermano podría distraerse de sus obligaciones como maestro, dedicándose a otras tareas como las propiamente sacerdotales y así, determinó que ningún hermano podría tener ninguna responsabilidad sacerdotal. Además, hizo algo nuevo que nadie había hecho antes: las clases se impartirían colectivamente y las lecturas se harían en francés y no en latín a fin de que todo el mundo entendiera lo que se pretendía enseñarle. Esto supuso toda una innovación en el modelo pedagógico de enseñanza en Francia.

Aunque teniendo que sobreponerse a numerosos obstáculos que pusieron a prueba a Juan Bautista, el nuevo Instituto creció rápidamente. Desde el punto de vista legal tuvo una gran batalla con los llamados “maestros calígrafos” y con los “maestros de las pequeñas escuelas de pago”, los cuales se aferraban a los privilegios de sus respectivas corporaciones y le crearon más de un problema judicial, negándosele a veces la justicia en los tribunales civiles. Pero él tenía ya las ideas muy claras y su único objetivo era cumplir la voluntad de Dios acogiendo a los niños de familias pobres dándoles una educación totalmente gratuita.

Cerámica votiva del Santo, obra de Antonio Martínez Adorna (1959), en Cádiz (España).

A nivel eclesiástico también tuvo algunos contratiempos de naturaleza jurídico-canónica; se trataba de armonizar la vida autónoma de una comunidad religiosa con los intereses de algunos sacerdotes, que veían en las escuelas lasalianas un instrumento de educación e instrucción religiosa que ellos estaban obligados a dar a los hijos de los fieles y que en la práctica, no daban. Sagazmente Juan Bautista trataba de solucionar estas relaciones entre su comunidad de laicos que consagraban su vida a Dios a favor de la educación de los niños más pobres, con los intereses de algunos sacerdotes que veían en ello un menoscabo a su autoridad. Era una nueva forma de vida religiosa masculina y esto le provocó algunos importantes encontronazos con algún que otro eclesiástico; él mismo se vio depuesto de su cargo por el cardenal Noailles que lo sustituyó durante algún tiempo por otro sacerdote; su labor no era comprendida por parte de las autoridades religiosas. Pero él jamás se desanimó aunque en más de una ocasión parecía que su trabajo había fracasado.

Las reformas educativas que él introdujo demostraban que sabía lo que tenía entre manos. Los cursos de estudio para las escuelas primarias gratuitas, las escuelas técnicas y los colegios ponían en evidencia su amplísima cultura y cómo conocía perfectamente los problemas educativos de la época. Se adaptaba a las necesidades de cada sitio y daba satisfacción a las demandas educativas de cada localidad. Fue el creador de un sistema de pedagogía psicológica que fue casi literalmente copiado por otros educadores posteriores a él. En sus escuelas, él estableció diecinueve normas prácticas a fin de enseñar con una cierta metodología.

Aunque la escuela primaria fue el principal trabajo de Juan Bautista, organizó en su tiempo la instrucción pública y se dio cuenta de cuales serían los principales problemas y métodos educativos que estaban por llegar, porque al inició del siglo XVIII existía un cierto cansancio sobre la anterior forma de educar, la instrucción llegaba más al pueblo y llegaba con nuevas ideas, aparecían nuevos problemas de índole social y los métodos hasta entonces tradicionales necesitaban un cambio. Había cambiado la política, estaba cambiando la sociedad, había aspiraciones de más libertad en los campos del pensamiento y de la investigación y él, que se dio cuenta de todo esto, creó en el año 1705 el internado de Saint Yon donde inició los nuevos métodos de lo que es la enseñanza secundaria. Su internado se convirtió en un modelo tanto dentro como fuera de Francia. Poco después creó una escuela técnica para las prácticas de los estudiantes y un jardín para prácticas de botánica.

El Santo en su lecho de muerte. Lienzo decimonónico.

Tanto fue el prestigio que fue adquiriendo que con frecuencia recibía peticiones de sacerdotes para que sus hermanos dirigieran sus escuelas; el sin embargo había impuesto que en cada escuela tenía que haber al menos dos hermanos y si no se daban estas circunstancias, rechazaba las peticiones que recibía. Esto le llevó a abrir un seminario para maestros en el cual les enseñaba los principios y las prácticas de sus nuevos métodos de enseñanza.

Cuando el 8 de septiembre del año 1713 el Papa Clemente XI promulgó la bula “Unigenitus Dei Filius”, condenando las posiciones jansenistas de Pasquier Quesnel; Juan Bautista, que estaba de retiro en Parmenie, reunió a los hermanos en Grenoble para explicarles el significado de la bula y no satisfecho con esto publicó varios artículos defendiendo la doctrina de la Iglesia contra el jansenismo. Y para que nadie tuviera dudas de quién era y como pensaba, todos los artículos los firmaba como “sacerdote romano”.

El quería ir a Roma para pedirle al Papa que apoyara y bendijera a su Instituto, pero como no le fue posible hacerlo, envió al hermano Gabriel Drolin. Los últimos años de su vida los pasó en Saint-Yon y allí revisó la regla de su Instituto antes de entregársela al hermano Barthélemy, que fue el primer superior general. En el año 1719, durante la Semana Santa, se sintió mal y el Jueves Santo reunió a los hermanos a fin de darles sus últimos consejos. Sus últimas palabras fueron: “Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo”, muriendo la mañana del Viernes Santo, que era el día 7 de abril. Seis años después de su muerte, el Papa Benedicto XIII aprobaba las reglas del Instituto, el día 26 de febrero de 1725 con la bula “In apostolicae dignitatis solio”.

Firma y urna con las reliquias del Santo, veneradas en Roma (Italia).

Entre sus escritos caben destacar “Conduite des écoles”, publicado en el año 1717; “Les Règles de la bienséance et de la civilité chrétiennes”, en 1695; “Recueil de différents petits traités à Pusage des Frères des Ecoles chrétiennes”, en el año 1711; “Meditations pour tous les dimanches de Panée, avec les Evangiles de tous les dimanches”, en 1710 y algunas otras obras.
Fue beatificado por el Papa León XIII el 19 de febrero de 1888 y canonizado por el mismo Papa el día 24 de mayo del 1900. Se le considera el santo patrono de los enseñantes y su fiesta se celebra el día 15 de mayo.

Antonio Barrero

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