Los Santos y el gato (I)

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Detalle de un gato en "La Anunciación" de Lorenzo Lotto.

Detalle de un gato en “La Anunciación” de Lorenzo Lotto.

Introducción
En la mitología griega y romana el gato no está presente. En cambio, solemos asimilarlo a Egipto. Heródoto narra que los egipcios le tenían gran devoción en la ciudad de Bubastis. Aquí veneraban a la diosa Bastet, representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. El culto al gato en la civilización egipcia se conoce desde 1550 a.C.

La simbología del gato es ambivalente: es expresión tanto del bien como del mal. Un gato puede verse en la escena de la Anunciación, obra de Vico Consorti, en la Puerta Santa de la Basílica Vaticana. Es el único caso en San Pedro del Vaticano. En la Cábala hebrea, el gato es asociado a la serpiente, símbolo del mal, siendo automáticamente convertido en emblema de la mentira y la traición, hasta tal punto de que los cristianos empezaron a representar un gato a los pies de Judas. También en el budismo el gato es asociado a la serpiente y se le reprocha que no llorara la muerte de Buda.

En la tradición patrística poco o nada se dice del gato, por lo demás, la Sagrada Escritura parece ignorarlo. Sólo hay un versículo del libro de Baruc, en el cual, profetizando la deportación a Babilonia del pueblo elegido, lo amonesta para que no caiga en los cultos paganos:

"La Virgen del Gato", óleo de Federico Barocci.

“La Virgen del Gato”, óleo de Federico Barocci.

“Tened cuidado, por lo tanto, no os volváis completamente similares a los extranjeros; que el temor a sus dioses no se apodere de vosotros. A la vista de una multitud que se postra delante y detrás de ellos y los adora, decíos a vosotros mismos: “Debemos adorarte, Señor.” Pues mi ángel está con vosotros, y es él quien se cuida de vuestras vidas. Ésos tienen una lengua pulida por un artesano, cubierta de oro y plata, pero son simulacros falsos y no pueden hablar. Y como una doncella que ama los adornos, toman oro y hacer coronas para las cabezas de sus dioses. A veces también los sacerdotes, quitándoles el oro y la plata a sus propios dioses, los gastan en sí mismos, y también lo dan a las prostitutas en los burdeles. Luego adornan con ropa, como a los hombres, los dioses de plata, oro y madera; pero no son capaces de escapar de la oxidación y la carcoma. Están envueltos en un manto de púrpura, pero hay que limpiarles la cara del polvo del templo que se posa abundante en ellos. Como el gobernador de una región, el dios tiene un cetro, pero no extermina a quien le ofende. Él tiene un puñal y un hacha en su mano derecha, pero no se librará de la guerra y de los ladrones. Por ello, es evidente que no son dioses; ¡no les temáis, pues! Así como un vaso de barro se vuelve inútil una vez roto, así también lo son sus dioses, colocados en los templos. Sus ojos están llenos de polvo, levantado por los pies de los que entran. Así como alguien que ha ofendido a un rey mantiene atrancado el lugar donde está para no ser llevado a la muerte, así los sacerdotes aseguran los templos con puertas, con cerraduras y barras, para que no sean saqueados por los ladrones. Encienden lámparas, incluso más de las que necesitan, pero los dioses no pueden ver ninguna. Son como un tramo del templo cuyo interior, se dice, se quemó, y también, sin darse cuenta, junto con sus túnicas se quemaron los insectos que se arrastran fuera de la tierra. Sus caras están ennegrecidas por el humo del templo. En su cuerpo y la cabeza anidan los murciélagos, las golondrinas, las aves, así como los gatos. De esto se deduce que ellos no son dioses; ¡no les temáis, pues!” (Bar 6, 4-22).

El gato, según los autores medievales, es tratado con sospecha y bien poca benevolencia. ¿Será culpa de esos ojos que brillan en la oscuridad y que parecen tan inquietantes? ¿O quizá por su índole sensual, que aún hoy nos hace decir “parece una gata en celo”? ¿O quizá porque, a diferencia del perro, es muy poco adiestrable, hasta tal punto de ponerlo como modelo de aquellos que no quieren someterse a las leyes divinas? He aquí por qué se asimila el gato -especialmente el de color negro- al demonio, y por extensión, a la brujería y a la blasfemia.

"Última Cena", fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

“Última Cena”, fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

El gato aparece en el arte sacro. Como ya hemos dicho antes, tenemos a Judas con el gato. Un ejemplo es Ghirlandaio y su Última Cena en el pequeño refectorio del convento dominico de San Marcos de Florencia (1481). Otros ejemplos son Lorenzo Lotto, Leonardo Da Vinci, Pieter Huys, Guido Reni, Federico Barocci y muchos otros. También el gato ha aparecido representado en lucha con el perro, en una clara alusión a la lucha entre el bien y el mal.

Sin embargo, el gato siempre ha sido útil contra los ratones, animales que valía la pena alejar porque eran portadores de la terrible peste y de otras infecciones. Esto hizo que el gato fuera un animal “de casa”, tanto que empezó a estar presente en los monasterios, entre los monjes y las monjas. El más famoso es el llamado gato cartujo. Una leyenda dice que los Cruzados que volvían de la expedición a Tierra Santa eran hospedados en las cartujas. Para compensar a los monjes por la hospitalidad ofrecida, ellos les regalaban un ejemplar de este exótico gato de pelaje azul grisáceo. Tenían fama de ser grandes cazadores de ratones, por ello los monjes empezaron a criarlos, para proteger sus graneros y despensas, así como para evitar la destrucción de sus preciosos manuscritos. Pero sólo es una leyenda, pues el gato cartujo es una de las razas felinas más antiguas, que fue importada a Francia desde Oriente por los caballeros templarios en torno al año 1100.

El gato, en las comunidades monásticas, se convirtió en casi un espejo de las virtudes propias de la vida monástica: adaptación, pobreza, soledad, discreción y capacidad de pasar repentinamente del sueño a la vigilia. Un ejemplo es el gato pintado por Antonello da Messina, en la National Gallery de Londres: “San Jerónimo en su estudio”. Aquí el gato evoca una silenciosa complicidad, una muda inspiración para los pensadores y escritores. Por último, también en la hagiografía está el gato. Una presencia esporádica, que va desde instrumento de tortura, hasta compañía caritativa.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Los Santos y el gato
Debemos iniciar, para hablar de la santidad y el gato, de la Santa de Nivelles, Gertrudis. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de marzo: En Nivelles de Brabante, en la actual Bélgica, Santa Gertrudis, abadesa, que nacida de noble familia, tomó el santo velo de las vírgenes del obispo San Amando y gobernó con sabiduría el monasterio hecho construir por su madre, fue asidua en la lectura de las Escrituras y se consumió en la austera práctica de vigilias y ayunos.

Santa Gertrudis de Nivelles nació en Nivelles, en la región de Brabante (Bélgica) en 626 y murió el 17 de marzo de 659. Hija de Pipino de Landen, señor de Brabante y antepasado de Carlomagno, a la muerte de su padre (639) se hizo monja, junto a su madre Itta y su hermana Begga. Y la abadesa fue Itta hasta su muerte (652). Le sucedió Gertrudis, que aceptó el título, pero dejó a un fraile el poder efecto y se reservó para sí misma la tarea de instruir a monjes y monjas. Llamó de Irlanda a monjes doctos en la Sagrada Escritura y envió gente a Roma para enriquecer la comunidad con libros litúrgicos. Fue pronto rodeada de una aureola de santidad. Pero su verdadero prodigio fue la paz que consiguió entre las familias señoriales locales, divididas siempre por eternos enfrentamientos que para el pueblo sólo suponían saqueos, secuestros de rehenes y años de miseria. Cuando murió con sólo 33 años, en 659, la veneración fue inmediata.

Su cuerpo fue depositado en una capilla que posteriormente fue ampliada, arrasada y reconstruida hasta convertirse en basílica, de nuevo engrandecida, arrasada y reconstruida a través del tiempo. Sus restos serán entonces colocados en un precioso relicario del siglo XIII, destinado a ser víctima de la guerra, destruido en un bombardeo en 1940, junto con muchas viviendas de Nivelles.

Gertrudis ha sido venerada desde hace mucho como protectora contra las invasiones de ratones. La narración, carente de base histórica, es todavía señal de la admiración que siempre la ha acompañado. Esta invocación contra la infestación de roedores hace de Gertrudis de Nivelles la patrona de los gatos.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

De la patrona de los gatos pasamos al sueño del santo patrón de los jóvenes: Juan Bosco. La Iglesia Católica lo recuerda el 31 de enero. Este año 2015 va a ser el bicentenario de su nacimiento en Castelnuovo d’Asti el 16 de agosto de 1815, fiesta del santo peregrino de Montpellier, que tiene en común con Don Bosco el perro, el famoso Grigio. Don Bosco murió en Turín el 31 de enero de 1888.

San Juan Bosco es el gran apóstol de los jóvenes, fue su padre y guía en la salvación mediante el método de la persuasión, de la religiosidad auténtica, del amor listo siempre para prevenir tanto como para reprimir. Sobre el modelo de San Francisco de Sales, su método educativo y apostólico se inspira en un humanismo cristiano que saca motivaciones y energías de las fuentes de la sabiduría evangélica.

Fundó los Salesianos, la Pía Unión de cooperadores salesianos y, junto a Santa María Mazzarello, las Hijas de María Auxiliadora. Entre los bellos frutos de su pedagogía, destacamos a Santo Domingo Savio, quinceañero, que bien había entendido su lección: “Nosotros, aquí en la escuela de Don Bosco, hacemos consistir la santidad en estar muy alegres y en el cumplimiento perfecto de nuestros deberes”. San Juan Bosco fue proclamado Santo en la clausura del Año de la Redención, el día de Pascua de 1934. El 31 de enero de 1988 Juan Pablo II lo declaró Padre y Maestro de la juventud, “estableciendo que con tal título sea honrado e invocado, especialmente por cuantos se reconozcan hijos espirituales suyos”.

El Martirologio Romano así lo recuerda: “Memoria de San Juan Bosco, sacerdote. Después de una dura juventud, ordenado sacerdote, dedicó todas sus fuerzas a la educación de los adolescentes, fundando la Sociedad Salesiana y, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, para la formación de la juventud en el trabajo y en la vida cristiana. En este día, en Turín, después de haber cumplido con muchas obras, pasó devotamente al banquete eterno”.

Don Bosco es muy famoso por sus sueños proféticos y premonitorios, y como en las Sagradas Escrituras, el Señor habla al Santo con los sueños. El más famoso es el que tuvo a los nueve años: le pareció estar junto a su casa, en un patio muy grande, donde se veían muchos muchachos. Algunos reían, otros jugaban, no pocos decían palabrotas. Al oír las palabrotas, se lanzó a por ellos, intentando disuadirlos con puños y palabras. Pero en ese momento apareció un nombre majestuoso, noblemente vestido: su rostros era tan luminoso que no llegaba a verlo. Lo llamó por su nombre y le ordenó hacerse cargo de todos esos muchachos. Juan le preguntó quién le mandaba semejante imposible: “Yo soy Hijo de Aquélla a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”. En aquel momento apareció una mujer majestuosa junto a él, y en aquel instante, en lugar de la multitud de muchachos, había un montón de cabritos, perros, gatos, osos y otros animales. La Virgen le dijo: “He aquí tu campo, he aquí donde debes trabajar. Crece humilde, fuerte y robusto, y he aquí que lo que ahora verás que sucede con estos animales, tú deberás hacerlo por mis hijos”. Entonces, en lugar de los animales feroces, aparecieron muchos corderos mansos, que corrían, balaban y saltaban. Después de este sueño el joven Juan Bosco sintió la vocación.

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

El sueño de los gatos amansados que se convierten en corderos nos lleva al “predicador de los gatos”, Ángel de Acri. El Beato Ángel de Acri, religioso franiscano de la reforma capuchina, es recordado en el Martirologio el 30 de octubre: “En Acri de Calabria, el beato Ángel, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que, recorriendo incansablemente el reino de Nápoles, predicó la palabra de Dios con un lenguaje dirigido a los simples”.

Nació en Acri el 19 de octubre de 1669, y murió en su ciudad el 30 de octubre de 1739. Lucantonio Falcone tuvo un camino vocacional singularmente trabajado. Entró y salió del noviciado capuchino dos veces. La tercera intentona fue la decisiva. Fue ordenado sacerdote en 1700 en la catedral de Cassano en Ionio. Ejercitó su apostolado como padre provincial y, sobre todo, como predicador en todo el Mediodía durante 40 años. Era conocido como el Ángel de la paz, pero la predicación sistemática fue el ministerio principal de servicio que dio a la Iglesia en la Orden Capuchina durante cuarenta años. Fue el misionero más buscado y escuchado en la Italia meridional, tanto, que se decía que cuando predicaba “en casa no se quedaban ni los gatos”. Los testimonios jurados recuerdan cómo citaba de memoria la Sagrada Escritura y cómo hacía uso siempre de la evangelización del pueblo.

En vida y tras su muerte, acaecida en 1739, realizó numerosos milagros. Su cuerpo es venerado en la basílica de Acri, que le está dedicada. Ha sido beatificado por el papa León XII en 1825. Su cuerpo, recompuesto en una urna, es objeto de veneración cotidiana en la basílica a él dedicada en la ciudad de Acri.

Si Roque de Montpellier tenía un perro caritativo, Guido de Selvena tenía un gato caritativo. Guido de Selvena, religioso franciscano de la provincia de Grosseto, nació en Selvena en 1200 y murió en el convento del Colombaio en Seggiano en 1287 o 1278. Su memoria litúrgica de Beato se circunscribe a Maremma y a la Orden, el 4 o 5 de diciembre.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

El convento del Colombaio fue fundado por San Francisco en 1220 cuando regresaba de Viterbo, donde había visitado al papa Onofre III. Muchos autores, hagiógrafos y cronistas franciscanos antiguos han escrito sobre el Beato Guido, pero quien se ha ocupado de él en su mayor parte es Wadding. Todavía novicio “mereció hablar dulcísimamente con Cristo”. Transcurrió su aprendizaje en Siena, y fue llevado junto con otros jóvenes al Colombaio por el Beato Pedro Pettinaio.

El Beato Guido era un hombre de tan gran fe y amor por el Señor Jesús, que cuando estaba ya cargado de años y enfermedades, el mismo Señor quiso mandarle un gato con un afecto y una disposición singular: cada día, cazaba en el bosque un pájaro y se lo traía para que el padre Francisco de Montalcino lo cocinase y se lo sirviese al Beato. En aquella época era ya su único alimento. El mismo día en que el Beato murió, el gato también expiró a sus pies. La fecha de la muerte no es segura, de ahí que se crea que pudiera ocurrir el 21 de abril de 1287 o de 1288.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

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María, Auxiliadora de los Cristianos

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Imagen de María Auxiliadora venerada en Sevilla (España).

Imagen de María Auxiliadora venerada en la Inspectoría de Trinidad, Sevilla (España).

Origen del nombre
Uno de los títulos de la Santísima Virgen María al que los fieles le tienen más cariño es precisamente el de María Auxiliadora. No es un nombre moderno, pues su origen se remonta a los primeros siglos del cristianismo, tampoco es una devoción particular, pues el significado de su mensaje es comunitario, es decir eclesiástico.

En las iglesias orientales, junto al nombre de Theotokos (Madre de Dios), se invoca a María como Boeteia, es decir: “la que trae los auxilios venidos del cielo”. San Juan Crisóstomo la invoca como: “Auxilio potentísimo” de los seguidores de Cristo. San Sabas de Cesarea la llama “Auxiliadora de los que sufren”. El orador Proclo refiere: “La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora, porque nos trae los auxilios de lo alto”. El poeta grecorromano Melone llama a María “auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles”. San Sofronio de Jerusalén dijo: “María es Auxiliadora de los que están en la tierra, la alegría de los que están en el cielo”. San Germán de Constantinopla dice en un sermón: “Oh María, tú eres poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos que defienden a la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar. Auxiliadora del pueblo humilde que necesita tu ayuda”. San Juan Damasceno dice: “La Virgen es Auxiliadora para conseguir la salvación, Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte”. Este santo es el primerio que refiere la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”.

En Ucrania, hacia el año 1030, el príncipe Metislao proclamó “Auxiliadora” a la Virgen María, porque salvó de la invasión de las tribus paganas a su nación. Desde entonces, el 1 de octubre se celebra a María “Pokrow” (Auxiliadora), siendo esta fecha en que las iglesias orientales celebran esta advocación mariana.

En Occidente, la fe católica tuvo origen de la devoción en Alemania. Allí se comienza a invocar a la Madre de Dios como María Auxiliadora. Había en Passau una capilla dedicada a María Auxiliadora, a donde acudían en grandes peregrinaciones. Tanto en Munich, capital de Baviera, como en Innsbruck, capital del Tirol, los católicos sintieron la protección especial de la Virgen durante las guerras y la peste en el siglo XVII; también experimentaron una verdadera renovación espiritual. Hacia 1627 el Papa Urbano VIII reconoce la Cofradía de María Auxiliadora, que se convirtió en la promotora de esta devoción Mariana.

Imagen de María Auxiliadora venerada en el barrio de Triana, Sevilla (España), conocida como "La Sentaíta".

Imagen de María Auxiliadora venerada en el barrio de Triana, Sevilla (España), conocida como “La Sentaíta”.

En el año de 1571 sucede en el Golfo de Lepanto, una de las batallas más decisivas para que el Islam no cubriera con su fe a Europa. Es conocido el auge que tuvo esta religión desde su nacimiento en Arabia y cómo fue conquistando regiones enteras donde antes había florecido el cristianismo: Palestina, el norte de África, España. La conquista se impuso por su fuerza militar bien organizada, por lo bien dotado del armamento, por su fuerza naval y por la gran cantidad que formaba el ejército turco, pueblo que profesaba esta religión y que trataba de conquistar al mundo. Con el peligro de que se invadiera a Roma y para evitar las consecuencias que de ello resultara, el Papa San Pío V convocó la defensa de la cristiandad occidental. Se formó un ejército integrado por las naciones cristianas, capitaneado por Don Juan de Austria, hermano del Rey Felipe II de España.

Con una desventaja tanto de hombres como de naves, el 7 de octubre de ese año se realizó la batalla más memorable que han visto los siglos, según palabras de Miguel de Cervantes. Las circunstancias adversas pronto se vieron modificadas por el viento y el ejército cristiano derrotó al contrincante turco. Mientras la batalla se realizaba, en Roma San Pío V rezaba el rosario con el pueblo, pidiendo la protección de Dios para la cusa cristiana. La tradición asegura que de manera sobrenatural, el Santo Pontífice tuvo conocimiento de la victoria en el mismo instante e invitó a los fieles a dar gracias por ello. Es en memoria de este suceso que instituyó la fiesta de Santa María de la Victoria y del Rosario el 7 de octubre.

La invocación de “María, Auxilio de los Cristianos”, sin embargo, no fue inscrita por él en las letanías lauretanas, pues ya estaba incluida entre ellas desde 1558; el pueblo cristiano, sencillo y piadoso, la hizo más popular por esta razón. Fue hasta 1601 cuando el Papa Clemente VIII las aprobó como oficiales para la Iglesia Universal, tomando como referencia las que se rezaban en el Santuario de Nuestra Señora de Loreto, siendo conocidas por ello, como letanías lauretanas.

El sueño de las dos columnas experimentado por San Juan Bosco en relación a María Auxiliadora.

El sueño de las dos columnas experimentado por San Juan Bosco en relación a María Auxiliadora.

En 1683 nuevamente hubo una batalla entre cristianos y turcos. La ciudad de Viena había sido sitiada y Europa, convulsionada y dividida por las guerras protestantes y las luchas sociales, se vio en peligro para subsistir como una entidad cristiana. Se formó una alianza convocada por el Papa Inocencio XI e integrada por Austria, Alemania y Polonia. Los creyentes acudieron a la protección de María con la invocación de “María hilf”, que quiere decir: “María auxílianos”. Esta invocación obtuvo nuevamente la victoria para las fuerzas cristianas, otra vez inferior a las fuerzas islámicas. El 12 de septiembre de 1683 las fuerzas lideradas por Juan III Sobieski, Rey de Polonia y entre las que se encontraba él mismo, derrotaron a los turcos. Viena quedó liberada y el ejército turco tuvo que desistir definitivamente de invadir ese continente. En memoria de esta victoria se instituyó la Fiesta del Santo Nombre de María. En el siglo XVII esta advocación pasó al norte de Italia, en el Ducado de Saboya, cuya capital es Turín. Aquí la conoció San Juan Bosco y él es quien la revitalizó y propagó de tal manera que se convirtió en su apóstol.

Institución de la fiesta
En el siglo XIX, Napoleón Bonaparte se convirtió en el árbitro de Europa. Su campaña militar le llevó a ultrajar gravemente a dos papas: Pío VI, que murió en el destierro y a Pío VII, que fue víctima de su despotismo. Alejado este Papa de Roma y hecho prisionero de Bonaparte durante cinco años, su panorama cambió en 1814, cuando Napoleón fue derrotado y desterrado luego de la Batalla de Waterloo. El Papa había prometido a la Virgen Santísima, que si obtenía de Dios su liberación por intercesión suya, la honraría con la creación de una nueva fiesta mariana. Entonces, el Papa quedó en libertad y pudo volver a Roma precisamente el día 24 de mayo de ese mismo año y conforme a un decreto fechado el 16 de diciembre, en Roma y los Estados Pontificios, la fecha del retorno del Pontífice era la escogida para celebrar a María Auxiliadora de los Cristianos. Como puede observarse, el título de Auxiliadora aparece en un contexto con clara significación religiosa y social.

San Juan Bosco y María Auxiliadora
San Juan Bosco fue un sacerdote nacido en el Piamonte el 16 de agosto de 1815. Él fue quien propagó e impulsó la devoción a María Auxiliadora tal como la conocemos actualmente. Este santo inculcó el cariño a esta advocación de tal manera entre los miembros de las congregaciones por él fundadas, entre los niños, adolescentes y jóvenes por ellos atendidos, las familias de éstos, sus colaboradores y benefactores, entre el clero de Turín y de la Santa Sede y todo el pueblo cristiano con quien tenía contacto, que la Virgen le respondió de una manera particular, entrañable y llena de prodigios.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Entre el santo y la Virgen se forjó una relación tan íntima y tan llena de colaboración, que María Auxiliadora recibió otro nombre no menos significativo: “La Virgen de Don Bosco”. Desde su primera infancia y hasta 1862, en sus enseñanzas y devociones, la figura de María es la de la Inmaculada; en sus sueños por ejemplo, aparece María sin un título determinado. La iconografía que recuerda estos sueños, en las manifestaciones de María, se le representa como la Inmaculada de Lourdes: vestida de blanco con el cinto azul ceñido a la cintura. Así se puede ver en la pintura del sueño de las Dos Columnas o en la representación del sueño del elefante y otros más. Don Bosco vive entonces un tiempo de cambios en Italia, por un lado la Revolución Industrial y por otro, el fin de los Estados Pontificios. Muchos eventos y sucesos contradictorios que afectaban la vida social y religiosa realmente hicieron que Don Bosco los considerara como tiempos difíciles. Y llevado por el instinto, la inspiración y otras causas comparte con sus allegados: “La Virgen quiere que la invoquemos como Auxiliadora de los Cristianos. Corren tiempos difíciles y es necesario invocarla de esta manera”. Para llegar a este punto es necesario recordar brevemente el sueño de los nueve años. Sólo así se comprenderá el lugar y la trascendencia de la Santísima Virgen María en la vida y obra de este santo y cómo llegó a ser tan querida esta advocación.

A los nueve años Juanito Bosco tuvo un sueño que sería el emblema de su obra apostólica: en medio de un prado ve a muchos muchachos que juegan. La intensidad del juego hace que empiecen a luchar entre sí de manera muy violenta. Algunos de ellos también blasfeman. Juanito quería detenerlos y los exhorta a dejar de pelear, pero no puede y tampoco le hacen caso y se desespera. Finalmente interviene de manera protagonista peleando a golpes contra ellos. De repente los jóvenes se transforman en muchos tipos de animales salvajes que se atacan entre sí. Juanito se apesadumbra y escucha luego una voz que le dice: “Así no, con cariño los puedes trasformar”. El niño voltea y se encuentra con un hombre de mucha dignidad, colmado de majestad y con un rostro lleno de amabilidad. Le pregunta: “¿Quién es usted?” y el personaje le responde: “Soy el Hijo de Aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día” y luego lo invitó a controlar la situación y a transformar a los jóvenes convertidos en fieras. “No sé cómo hacerlo”, le responde el niño al personaje, quien le dice: “Yo te daré una Maestra bajo cuya disciplina puedes llegar a ser sabio y sin la cual toda sabiduría es necedad” y con la mano le indica a una Señora de bellísimo aspecto que se encuentra a unos pasos, la cual le toma por la mano y le dice: “He aquí tu campo. Aquí tienes que trabajar. Hazte humilde, fuerte y robusto, lo que veas ahora que sucede con estos animales, tú deberás hacerlo en adelante con mis hijos”.

Vista de la fachada de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Vista de la fachada de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

El Hombre le pide que vuelva a mirar a la turba de animales salvajes que ahora se ha convertido en un dócil rebaño de corderos. Juan no entiende lo que sucede y turbado comienza a llorar, la Señora lo consuela y pone su mano sobre la cabeza del niño y le dice: “A su tiempo lo comprenderás”. Así pues, la Virgen María será la Madre, la Maestra, la Protectora de trabajo de Juan Bosco. Ella será la fuerza en sus empresas, su protección en las necesidades, será la guía de su obra apostólica y quien respaldará y dará garantía a su labor. En todas sus dificultades Don Bosco la invocará y también la hará invocar por quien tiene problemas en el alma o en el cuerpo, en su vida social, en su economía. Y podrá expresar con razón: “Tened fe en María Auxiliadora y veréis lo que son los milagros”.

En mayo de 1887, unos meses antes de morir, Don Bosco celebra la misa en el altar de María Auxiliadora, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús que el Papa León XIII le pidió que hiciera construir en Roma. Al concluir de celebrarla, Don Bosco se puso a llorar, pues toda su vida y su obra se le presentaron de pronto. “A su tiempo lo comprenderás”. Don Bosco cayó en cuenta de que María, la Auxiliadora, la Maestra, la Guía, por medio de su persona se había valido para mostrar su amor a sus hijos. No en vano, el Santo diría constantemente: “Ella lo ha hecho todo”.

San Juan Bosco encontró en Turín, en la iglesia de San Francisco de Paula, una imagen de María Auxiliadora y conocía también una asociación inspirada en la Virgen existente en Munich. Es en 1862, cuando tiene cuarenta y siete años, cuando hace su opción definitiva. Es en su plena madurez, cuando su obra en Valdocco se ha consolidado, que comienza a invocar a María como “Auxilium Christianorum”. A Don Juan Cagliero, que será el primer cardenal salesiano, le hace esta confidencia: “La Virgen quiere que la invoquemos como Auxiliadora. Los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos la necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana”. Desde ese año el título de Auxiliadora aparece en la vida de San Juan Bosco y en su obra como catalizador y sintetizador de su trabajo. Toda la oración salesiana termina desde entonces con la invocación: “María Auxiliadora de los Cristianos, rogad por nosotros”. Y es que en Ella se muestra el rostro materno de Dios.

Vista del interior de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Vista del interior de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Una Basílica para la Virgen
Don Bosco desde joven soñó construir un templo para la Virgen. Al comienzo de su obra apostólica, edificó la Capilla Pinardi. Luego, el templo de San Francisco de Sales y finalmente la Basílica de María Auxiliadora. Cuando comenzó la construcción de esta iglesia, no estaba proyectada como una capilla que se va extendiendo y modificando con el paso del tiempo. Lo proyecta como un templo de grandes dimensiones, digno de la majestad de María Auxiliadora. Cuando presenta el proyecto al arquitecto y éste le pregunta que con cuánto dinero cuenta para esta obra de semejante envergadura, Don Bosco abre su monedero y lo vacía en sus manos: son cuarenta céntimos. Semejante cantidad no lo desanima. Dos sueños lo impulsan a hacerlo. En 1844 soñó que miraba una grande y muy hermosa Iglesia, cuya fachada tenía esta inscripción latina esculpida en el frontispicio: “Hic est domus mea. Inde gloria mea”. Esta es mi casa, de la que saldrá mi gloria. En 1845 refiere este otro sueño, del que tiene una precisión fotográfica. Se encuentre en un prado y de pronto se presenta la Señora de una manera llena de magnificencia. Con su pie señala un punto preciso diciendo: “En este lugar, santificado y bañado con la sangre de los Santos Mártires de Turín Adventor, Solutor y Octavio, aquí me construirás el templo”. Don Bosco, al despertar fue a buscar el punto exacto de su sueño y lo señaló. Allí se construyó la Basílica de María Auxiliadora. De hecho, actualmente, en el pavimento de la Basílica hay una seña que indica el lugar que pisó la Madre de Dios en el Sueño de San Juan Bosco.

En el sueño de 1844, la Virgen le había dicho al Santo: “Todo lo comprenderás cuando con tus propios ojos veas realizado lo que ahora contemplas con los ojos de la mente”. La construcción de la iglesia se inició en 1863 y tuvo que enfrentar las trabas que presentó el Ayuntamiento de Turín, pues el título presentaba dificultades ideológicas para los políticos de la época. Pero Don Bosco no se dio por vencido y sorteó los obstáculos. El templo se construyó y se consagró en cinco años. Un tiempo realmente rápido y sorprendente. Las fiestas de la dedicación duraron nueve días y era patente que María Auxiliadora se había construido su propia casa. San Juan Bosco aclararía: “No hay en el templo un ladrillo que no sea señal de alguna gracia de María Auxiliadora”. Esta Basílica es como el corazón de la obra salesiana. En ella están los restos de San Juan Bosco, de Santa María Domininica Mazzarello, Santo Domingo Savio y de los Beatos Miguel Rúa y Felipe Rinaldi. Este santuario es uno de los centros de espiritualidad más vivos en la Iglesia Católica y cada capilla o altar dedicado a María Auxiliadora en cada obra salesiana, es como una extensión de la misma. El 28 de junio de 1911 fue elevada al grado de Basílica Menor.

Lienzo de María Auxiliadora con los apóstoles que preside el altar mayor en su Basílica de Turín, Italia. Obra de Tommaso Lorenzone.

Lienzo de María Auxiliadora con los apóstoles que preside el altar mayor en su Basílica de Turín, Italia. Obra de Tommaso Lorenzone.

El cuadro de María Auxiliadora
La pintura de María Auxiliadora que preside el altar mayor de la Basílica mide siete metros de altura y es una monumental obra de arte. Está realizada en base a una idea de San Juan Bosco y fue hecha por el pintor Tomás Lorenzone. Tuvo que reducirse la idea, pues el Santo quería que estuvieran todos los coros de los santos: los mártires, las vírgenes, los confesores, etc. El artista tuvo que disuadirlo por lo imposible que sería realizarla, pues su tamaño sería realmente enorme. La pintura quedó como la conocemos: la Virgen está el centro y se mueve en un mar de luces y de majestad. Está rodeada de ángeles, los cuales la saludan como su Reina. Con la mano derecha sostiene el cetro, que es el símbolo de su gran poder, con la izquierda sostiene al niño Jesús, quien tiene los brazos abiertos, ofreciendo de esta manera su gracia y su misericordia a quien recurre a su augusta Madre. Viste una túnica color rosa ceñido por una faja y porta un gran manto azul con el cual puede envolverse. Su cabello está suelto y lleva sobre su cabeza una corona ducal con una cruz al frente. Rodea también a su cabeza una diadema con doce estrellas. Sobre ella se posa el Espíritu Santo en forma de paloma, sobre la cual está un triángulo equilátero, que identifica a Dios Padre. Flanquean a la Virgen los Apóstoles, que pueden identificarse al observar los instrumentos de su martirio. A los pies de la Virgen se pueden identificar a los Príncipes de los Apóstoles. Están incluidos también los evangelistas. A lo lejos se identifica la ciudad de Turín, con la Basílica a Ella dedicada.

Cuando el artista le mostró a San Juan Bosco la obra terminada, le dijo emocionado que al pintar el rostro de la Virgen sentía cómo una mano lo iba guiando. Por ello, la faz de María Auxiliadora tenía un aire lleno de belleza celestial. Mirar este cuadro es contemplar un gigantesco dinamismo eclesial. Allí está la Madre de la Iglesia, la Madre de los creyentes, la protectora de la juventud, la triunfadora de las herejías, la abogada de los seguidores de Cristo, la Auxiliadora del pueblo cristiano. [1]

La devoción a la Virgen de Don Bosco
No caben en los libros las grandes maravillas que ha obrado Dios por intercesión de María Auxiliadora. Don Bosco fundó el Boletín Salesiano precisamente para darlas a conocer y propagar así su devoción. También compuso una novena para implorar su protección. Las medallas y estampas de esta advocación las repartió a millones. De esta manera tan sencilla, el santo realizó verdaderos prodigios. Era su manera de evangelizar. De esta manera el santo de los jóvenes se convirtió en el apóstol de María Auxiliadora.

La Virgen indica a San Juan Bosco dónde quiere que se construya su Basílica. Lienzo contemporáneo.

La Virgen indica a San Juan Bosco dónde quiere que se construya su Basílica. Lienzo contemporáneo.

Escribió además seis libros que ilustran esta devoción. Fundó el Instituto de la Hijas de María Auxiliadora, cuya primera superiora fue Santa María Dominica Mazzarello. En 1872 fundó la Archicofradía de María Auxiliadora (hoy Asociación de Devotos de María Auxiliadora), aprobada por el Beato Pío IX el 5 de abril de ese año. Compuso la Bendición de María Auxiliadora y obtuvo de la Santa Sede su aprobación. Esta bendición, propagada por los salesianos, ha obtenido muchísimas gracias. A él se debe también que el día 24 de cada mes se conmemore de manera especial a la Virgen Auxiliadora. Además popularizó el mes de mayo de manera que en la familia salesiana se conoce como el mes de María Auxiliadora.

La devoción a María Auxiliadora se ha propagado por todo el mundo gracias a la familia salesiana. En América Latina sobre todo, en Sudamérica, se ha consolidado fuertemente, al grado de que su celebración litúrgica se ha oficializado en los calendarios. En Costa Rica y Venezuela tiene el grado de memoria obligatoria, mientras que en Argentina es opcional. En México, en el Distrito Federal es obligatorio referir su Santuario Nacional, ubicado en la colonia de Santa Julia, y que es un bello templo de estilo gótico. En Guadalajara tiene un templo dedicado cerca del barrio de Analco. Otra bella iglesia a ella dedicada se encuentra en Colima.

En España su devoción también es latente y fuerte. Los altares y templos para Ella son numerosos. Las Inspectorías Salesianas de este país han declarado santuario Inspectorial los templos dedicados a ella en cada Inspectoría: Barcelona-Sarriá, Gerona, Córdoba, Vigo, Madrid-Atocha, Bilbao-Deusto, Málaga. La Inspectoría de Sevilla-Trinidad es notable por poseer tal vez la imagen más bella de la Auxiliadora, con sede en el antiguo convento de los trinitarios. Otro caso particular en esta misma ciudad es el de la imagen sedente, conocida como “La Sentaíta” y que se ubica en el barrio de Triana. En Utrera se encuentra el último y más reciente santuario, la imagen de este lugar es policromada, está hecha en Marsella y es una donación hecha por el propio San Juan Bosco. Cuando los salesianos llegaron a España, pusieron en este lugar las bases de la devoción a María Auxiliadora en territorio español. Es oportuno señalar cómo en este país son numerosas las plazas y calles que llevan el nombre de María Auxiliadora. En China, el santuario mariano de Sheshan en Shangai, también es un lugar floreciente de devoción a este título mariano.

Pequeña imagen de María Auxiliadora colocada en un anda con flores para su procesión del 24 de mayo. Oratorio Salesiano de San Luis Gonzaga, México.

Imagen de María Auxiliadora colocada en una camioneta con flores para su procesión del 24 de mayo. Oratorio Salesiano de San Luis Gonzaga, México.

El 24 de mayo es un día grande. Los miembros de la familia salesiana y los devotos de María Auxiliadora se llenan de alegría por esta fiesta preparada con antelación con su correspondiente novena. En la Eucaristía de este día, se lee en el Evangelio el episodio de las bodas de Caná, relatado por San Juan. De allí se desprende la función comunitaria de María, pues da a los seguidores de su Hijo la pauta de: “Hagan lo que Él les diga”. Cristo da a sus seguidores un vino nuevo que los llena de alegría. El evento más popular de este día es la Procesión de María Auxiliadora. Su imagen es paseada por las calles del barrio y así, de esta manera simbólica, la Madre camina con sus hijos.

En las Inspectorías de México, el domingo más cercano a esta fecha se hace la fiesta exterior, que consiste en la realización de una kermesse, cuyo fin es el de promover el espíritu de comunidad. Para concluir este artículo, se transcribe la oración litúrgica que se usa en la misa y en la liturgia de las horas: “Oh Dios, que hiciste a la Virgen María Madre y Auxilio de los cristianos: fortalece a tu Iglesia con su intercesión, para que pueda superar con paciencia y vencer con amor las opresiones interiores y externas y así manifestar abiertamente a los hombres el misterio de Cristo”.

Humberto

Bibliografía:
– VVAA “Con María Auxiliadora en el camino de la fe” 1984, Madrid, Central Catequética salesiana, pp13-32.
– VVAA “María Auxiliadora en España” 1984 Madrid, Central Catequética Salesiana.
“San Juan Bosco y María Auxiliadora” Apostolado Mariano, Sevilla. pp 6.


[1] En su templo de Rocafort, Barcelona, la imagen de María Auxiliadora es una talla, se encuentra en un nicho al centro de un mural de estilo moderno, el cual tiene algo de la idea original de Don Bosco. A la Virgen la rodean muchos santos, seleccionados de entre cada coro.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan Bosco, sacerdote fundador

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Santo por Carlo Felice Deasti. Año 1887.

Es uno de los santos contemporáneos más famoso, más popular y lo es, principalmente, por dos razones: por su espiritualidad y por la expansión de los salesianos por todo el mundo.  Los fundamentos de su espiritualidad, son sus grandes amores: la Eucaristía, la Virgen (María Auxiliadora), la Iglesia, la fidelidad al sucesor de Pedro y su amor a la juventud (es el santo de los jóvenes).

Nació el día 16 de agosto de 1815 en Becchi, aldea de Castelnuovo d’Asti (hoy Castelnuovo Don Bosco). Su padre era Francesco Bosco y estaba casado en segundas nupcias y su madre era Margarita Occhiena (Mamma Margherita). Juan era el menor de los hermanos. Con solo dos años quedó huérfano de padre, por lo que su niñez fue muy dura y es educado por su madre que, aunque era analfabeta, también era una santa y muy trabajadora. Su hermanastro Antonio impedía que Juan se dedicase a los estudios.

Con nueve años tuvo un sueño que le reveló su futura misión: rodeado de multitud de chiquillos, en el campo circundante a su casa, estos se peleaban y blasfemaban. El intentó convencerlos para que se tranquilizaran, pero no lo conseguía; incluso llegó a pegarles para conseguirlo. Entonces, se le apareció un hombre venerable, noblemente vestido y con el rostro resplandeciente: “Tienes que ganártelos con la mansedumbre y con el amor para que lleguen a ser tus amigos” ¿Quién eres? Le pregunta Juan. “Yo soy el Hijo de Aquella a quién tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”, dijo el hombre. En aquel momento vio a una Señora de aspecto majestuoso que le dijo: “Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas”. Los niños se convirtieron en cabras, perros, gatos, osos y otros animales. “Sé humilde y fuerte y conviértelos en mis hijos” y los animales se convirtieron en ovejas. El sueño terminó y Juan comprendió el mensaje. Desde entonces, se dedicó a ganarse a los chiquillos del pueblo, se hizo saltimbanqui y acróbata para ganárselos y empezó a llevarlos al catecismo a la iglesia.

Con diez años y medio, el 26 de marzo de 1826 hizo la Primera Comunión y en noviembre de 1829 se encontró con Don Calosso (capellán de Murialdo), que le enseñó sus primeros pasos con el latín, pero Don Calosso murió un año más tarde y Juan se encontró nuevamente abandonado. No pudo reemprender sus estudios hasta que tuvo dieciséis años de edad. En cuatro años terminó sus estudios elementales y con veinte años ingresó en el seminario de Chieri. Trabajó de sastre, camarero, carpintero, aprendiz de herrero y zapatero para poder pagarse sus estudios. En el seminario entabló amistad con Luís Comollo, que aunque murió muy joven, era un modelo de piedad. En 1844 Juan escribió la vida de su amigo Luís. Fue ordenado sacerdote por el obispo de Turín Mons. Fransoni, el día 5 de junio de 1841 y por consejo de San José Cafasso, que era su benefactor, entró en el Colegio Eclesiástico de Turín para perfeccionarse en Teología Moral.

Estatua del Santo en Valdocco (Italia).

En la iglesia de San Francisco de Asís, un 18 de agosto de 1841 inició su labor pastoral. Estuvo cinco años trabajando, rodeado de jóvenes que lo seguían a todas partes y esta fue la prueba de fuego de su vocación. Escribió: “Historia Sagrada”, “Historia Eclesiástica”, “La vida de Luís Comollo”, “La corona de los siete dolores”, “El devoto del ángel custodio” y “El joven dispuesto”. En su misión pastoral tuvo muchos contratiempos, pero siempre lo acompañó un carisma extraordinario: sus sueños, que le revelaban muchas cosas ocultas. Le sobrevino una pulmonía que pudo costarle la vida. Restablecido, se fue a vivir con su madre a unos cuartuchos. Abrió una escuela nocturna para los chavales y como se llenaba hasta reventar, abrió otras dos en otros barrios de Turín.

En uno de sus sueños, la Señora (María Auxiliadora) le insinúa la misión de la futura Congregación Salesiana. El día 12 de abril de 1846 se establece en el barrio de Valdocco y allí unos cuarenta chicos vivían con él y con Mamma Margarita, su madre. Como los chavales se dejaban llevar por las malas influencias del exterior, construyó sus propios talleres de aprendizaje: de zapatero y de sastre.

En 1853 inició una publicación periódica: “Lecturas católicas” y entre 1854 a 1857 tiene un alumno extraordinario: Santo Domingo Savio. En 1856 habían en su casa ciento cincuenta chavales internos, cuatro talleres, una imprenta, cuatro clases de latín y diez sacerdotes; además, quinientos alumnos externos. Gobernaba a toda “esta tropa” con indulgencia y sin castigos, lo cual era un escándalo para los educadores de la época. El 20 de junio de 1852 bendijo en Valdocco la primera iglesia dedicada a San Francisco de Sales y construyó una gran casa para los muchachos. Recibió ayudas, a veces milagrosas para poder llevar a cabo su misión.

Fotografía retocada del Santo, empleada para las estampas devocionales.

En el año 1858 va a Roma a exponer su proyecto al Beato Papa Pío IX: quiere fundar una congregación religiosa dedicada a la educación de la juventud. Vuelve a Turín y el 18 de diciembre de 1859, con cuarenta y cuatro años, funda las bases de su Congregación, eligiendo sus socios entre los jóvenes y los clérigos que estaban con él.

Con dieciocho miembros nace el Primer Capítulo General de los Salesianos; se había fundado la Congregación Salesiana. El estilo de la Congregación era mantener el espíritu de las antiguas órdenes religiosas, pero en lo concreto, adaptarse a los nuevos tiempos. Con estas características encuentra enormes dificultades para que su Congregación sea aprobada definitivamente, pero diez años más tarde, apoyado por Pío IX obtiene la aprobación el 1 de marzo de 1869 y finalmente, la Regla o Constituciones fue aprobada el 3 de abril de 1874. Resumiendo, en quince años consigue la aprobación definitiva.

La Congregación y su forma de actuar hace sospechar a las autoridades civiles y así, el oratorio de Valdocco fue sometido a distintas inspecciones fiscales intentando boicotear la obra de Don Bosco, pero la habilidad del santo y la intervención de la Virgen, como él decía, le ayudó a sortear todos estos contratiempos. Decía constantemente: “No quiero meterme en política” y esto le ayudó. En 1863 había treinta y nueve salesianos y cuando murió Don Bosco, eran setecientos sesenta y ocho. Hoy son más de dieciocho mil en más de cien países. Envió sus primeros misioneros a la Patagonia Argentina.  El 9 de junio de 1868 consagró la nueva Basílica dedicada a Maria Auxiliadora, que se había construido en solo tres años, gracias a innumerables donaciones.

En 1872, inspirado por la Virgen, funda la Congregación Femenina para educar a las niñas. Tomaron el hábito ventisiete jóvenes, entre ellas la co-fundadora, Santa María Dominica Mazzarello. Se llamarían “Hijas de María Auxiliadora”. Completó su obra organizando en 1876 a los colaboradores salesianos, hombres y mujeres que se dedican a ayudar de alguna forma a los educadores. Son la “Pía Unión de los Cooperadores Salesianos”. En el año 1877 inicia la publicación del boletín salesiano que hoy se distribuye por todo el mundo.

El 1880, el Papa León XIII le sugiere la construcción del Templo del Sagrado Corazón en Roma y aunque Don Bosco tenía muchísimas dudas, acepta. Aunque el Papa había comprado los terrenos parecía imposible conseguir los fondos necesarios para construir la iglesia. Buscó dinero en Italia y se marchó a Paris buscando lo mismo Las gentes le aclamaban y el dinero le llovía. Se construye la iglesia y se consagra el día 14 de mayo de 1887; él ya tenía setenta y dos años de edad. Celebró misa en el altar de Maria Auxiliadora más de quince veces.

Sepulcro del Santo en la Basílica de María Auxiliadora de Turín (Italia).

En 1881 fue nombrado el primer obispo salesiano: Monseñor Cagliero y cinco años más tarde vino a Barcelona y consiguió unos terrenos en el monte Tibidabo para erigir un Templo al Corazón de Jesús, templo que tardó en construirse setenta y cinco años y que fue consagrado en la fiesta de Cristo Rey del año 1961.

Falleció el día 31 de enero de 1888 con setenta y tres años de edad. Su obra tenía seis inspectorías, cincuenta y siete casas, setecientos setenta y cuatro profesores y doscientos setenta y seis novicios. Está sepultado en la Basílica de Maria Auxiliadora de Turín (Italia) y su fiesta se celebra hoy, día 31 de enero. Fue declarado Venerable en el año 1907, beatificado por el Papa Pío XI el 2 de junio de 1929 y canonizado por el mismo Papa el día 1 de abril de 1934, Día de Pascua. El 25 de marzo de 1936 fue proclamado patrono de los editores católicos y el mismo día del año 1958, patrono de los jóvenes aprendices.

Termino diciendo que vivió con heroísmo el Evangelio en el siglo XIX, que era de una absoluta humildad, que por su vivencia del amor y de la caridad, se le llamó el San Vicente de Paul del siglo XIX. El Papa Pío XI decía de él “que no pasaba desapercibido aunque estuviese en el último lugar de la casa”. Era pura fortaleza, de mente vigorosa, de corazón cálido, de mano enérgica, afectuoso, hombre de acción, apóstol, taumaturgo y trabajador incansable. Fundador de una nueva escuela de espiritualidad, un místico y un profeta. Un gran pedagogo en temas de religión, de raciocinio y de cariño a la juventud. Fue famoso por sus sueños proféticos. Se conocen ciento cincuenta y nueve de ellos.

Detalle de la figura que contiene los restos del Santo. Basílica de María Auxiliadora en Turín (Italia).

Aunque ya he hablado de algunas, sus principales obras escritas son: “Vida de Luis Comollo” (1844), “La historia eclesiástica para el uso de la juventud” (1845), “La aritmética y el sistema métrico decimal” (1846), “Historia Sagrada para el uso de las escuelas” (1847), “El joven dispuesto” (1847), “El cristiano guiado a la virtud y a la urbanidad según el espíritu de San Vicente de Paul” (1848), “El católico instruido en su religión” (1853), “Conversaciones de un abogado y un cura sobre la confesión” (1855), “La fuerza de la buena educación” (1855), “La historia de Italia narrada a la juventud” (1855), “La llave del Paraíso” (1856), “Vida de San Pedro, príncipe de los apóstoles” (1857), “El mes de mayo consagrado a Maria” (1858), “Vida del joven Domingo Savio” (1859), “Biografía del sacerdote José Caffasso” (1860) y una quincena de obras más.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es