Contestando a algunas breves preguntas (XVI)

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Siervo de Dios Justo Takayama Ukon, "el samurai de Cristo".

Siervo de Dios Justo Takayama Ukon, “el samurai de Cristo”.

Pregunta: He oído decir que la Compañía de Jesús se ha propuesto canonizar a un guerrero samurai japonés; y es algo que me ha sorprendido muchísimo, a no ser que fuera un cristiano relevante y quieran aprovechar el pontificado del Papa Francisco para conseguirlo.

Respuesta: Pues has oído bien, porque tú sabes que desde los tiempos de San Francisco Javier, los jesuitas han misionado por las zonas más lejanas de Asia y por supuesto también en Japón, donde fueron martirizados muchos de ellos, hoy canonizados o beatificados.

Pero volviendo a la pregunta, te estás refiriendo a Takayama Ukon, que es un mártir japonés cuya Causa está siendo promovida por los jesuitas. Takayama nació poco después de la llegada de San Francisco Javier y, cuando tenía doce años de edad, como su padre se había convertido al cristianismo, el joven fue bautizado y se le impuso el nombre de Justo. Fue conocido como “el samurai de Cristo”, porque fue un guerrero muy valiente, un buen político y sobre todo, un gran evangelizador. Por ser cristiano, murió de debilidad y de pobreza en el exilio, por lo que su Causa se ha introducido por martirio. Si la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, aprobase la causa, sería el primer samurai que subiría a los altares.

Monja ortodoxa llamando a las otras monjas, tocando el simandrón.

Monja ortodoxa llamando a las otras monjas, tocando el simandrón.

Pregunta: Sé que los ortodoxos utilizan una especie de tabla de madera como instrumento para llamar a la oración a los monjes en los conventos. ¿Me podríais contar algo sobre este tema?

Respuesta: Te estás refiriendo al “simandrón”, que podríamos decir que es un instrumento musical utilizado en sustitución de las campanas. Por ejemplo, recordarás que en el Rito Latino, en la Semana Santa se utiliza la “matraca o carraca” en sustitución de las campanas o campanillas. Además, recuerda que las Iglesias Orientales han estado sometidas a la dominación musulmana, que les impedía tocar las campanas, entre otras cosas, porque era una forma de avisar a los cristianos cuando el peligro se acercaba.

La utilización de este instrumento se hace o bien para avisar, o como música de fondo en algunos actos litúrgicos. Estos instrumentos provienen de los primeros tiempos del cristianismo y han quedado como instrumentos de uso en las Iglesias Orientales, donde los monjes lo utilizan para dar las horas o para advertir del cambio de actividad en los monasterios. También se le llama “semanterio” y si se sostienen en su parte central con la mano, se le llaman “hierosimandrón”. Cuando se utilizan en recuerdo de la Santa Cruz donde murió nuestro Señor, se le llama “hagiosimandrón”.

Pintura de los Beatos mártires valencianos del siglo XX. Catedral de Valencia, España.

Pintura de los Beatos mártires valencianos del siglo XX. Catedral de Valencia, España.

Pregunta: ¿Podríais decirme cuando son conmemorados los beatos mártires españoles de los años de la guerra civil?

Respuesta: Los mártires beatificados en los años 2007 y 2013 son conmemorados el día 6 de noviembre, así que en esa fecha son conmemorados los 498 mártires beatificados en el 2007 y los 522 mártires beatificados el pasado 13 de octubre. También es verdad que a niveles individuales, pueden ser conmemorados el día de su martirio.

Pero el resto tienen otras fechas de conmemoración:

– Los Santos mártires de Turón se celebran el 9 de octubre.

San Pedro Poveda, se conmemora el 28 de julio.

– Las tres Beatas carmelitas mártires de Guadalajara, el 24 de julio.

– Los 22 Beatos mártires de Pozuelo, se veneran el 28 de noviembre.

– Los siete sacerdotes mártires de Urgell, se celebran el 14 de agosto.

– Los 233 mártires beatificados el 11 de marzo del 2001, se celebran el 18 de septiembre.

– El Beato Ceferino Giménez “El Pelé”, se conmemora el 4 de mayo.

– Los Beatos Anselmo Polanco y Felipe Ripoll, el 7 de febrero.

Posiblemente se me olviden algunos.

Aparición de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego.

Aparición de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego.

Pregunta: He buscado por toda la web y confío que aquí (por la profunda investigación tanto teológica como histórica y antropológica de los Santos) podrán saber contestarme esta pregunta que me ha retumbado la cabeza varias veces: ¿dónde se encuentra la tumba de San Juan Diego? si es que existe. He visto algunos videos sobre la canonización de Juan Diego y pude observar que en la ceremonia no se mostró ninguna reliquia del Santo y hasta donde he investigado, la tilma de Guadalupe es la única reliquia física del Santo. Agradeceré cualquier información que puedan proveerme. Muchas gracias.

Respuesta: Esta contestación es de nuestro compañero André. Precisamente sobre eso acabo de hablar con una periodista hace algunos días en relación a la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe. Hasta hoy no se ha encontrado la tumba de San Juan Diego; hay muchas especulaciones y algunas tradiciones orales: dicen que fue sepultado a los pies de la imagen de la Virgen, supuestamente, y quizás en la primera ermita, aunque nunca se ha encontrado nada.

Todo parece que su tumba debe estar en algún lugar del cerro del Tepeyac, pero no se ha podido identificar el lugar ni la certeza de que dicha tumba realmente exista, o de si se conservan los restos, lo que deja una vez más a San Juan Diego envuelto en la leyenda.

Válgase que sí existen más “reliquias” suyas aparte del ayate, puesto que en Cuatitlán, Estado de México, se conservan parte de los cimientos de la que según la tradición oral se considera que fue la casa de San Juan Diego; de ser así, pues esta sería la otra reliquia que de él se conserva aparte de la tilma. Hay que tomar en cuenta que por muy vidente o lo que fuera Juan Diego, era un indio y difícilmente los españoles permitirían que a un indígena se le diera culto como Santo durante la época colonial, y quizás esto haya influido en la falta de “reliquias” suyas, o de saber con precisión la ubicación de su tumba, en caso de que exista.

Fotografía de un sacerdote etíope.

Fotografía de un sacerdote etíope.

Pregunta: Soy un seminarista que cursa estudios de teología y me han puesto un trabajo sobre las anáforas del Rito Etiópico. ¿Podríais ayudarme en este tema? Muchísimas gracias.

Respuesta: Yo sé que el Rito Etiópico dispone de catorce anáforas principales, aunque existen otras ocho propias de algunos monasterios concretos; pero que yo sepa están escritas en la lengua Ge’ez (ammarica), que es la litúrgica. Sin embargo, en este documento, que puedes imprimirlo para después traducirlo, vienen las catorce anáforas principales. El documento está en inglés.

También este link es muy interesante porque habla de las anáforas etiópicas, las enumera y trae algunos textos, aunque no completos.

Otras webs interesantes son:
http://www.tewahedo.org/index.html
http://www.ethiopianorthodox.org/english/indexenglish.html
http://www.ethiopianorthodox.org/
http://kidane-mehret.org/liturgy.html
http://ethioview.com/religions-ethiopia.html
http://www.ethiopianreview.com/directory_religion/
http://www.nazret.com/directory/index.php?c=57

Antonio Barrero

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Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VII)

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"San Juan Diego Cuautlatoatzin", óleo de Miguel Cabrera.

“San Juan Diego Cuautlatoatzin”, óleo de Miguel Cabrera.

Controversias Guadalupanas: Las reliquias de San Juan Diego
Hace algunos meses a la redacción llegó una consulta que hacía referencia a si era cierto que la única reliquia de San Juan Diego era el ayate de Guadalupe, pregunta a la cual respondí en su momento a grandes rasgos, pero que me hizo meterme a investigar un poco más al respecto y decidir escribir un artículo dedicado a este tema para reforzar aquella respuesta. He de confesar que no soy especialista en reliquias, como sí lo es Antonio o Poncho y es el primer artículo que escribo con un tema sobre reliquias, pero espero que mis apreciaciones no sean tan alejadas del tema.

Entre los temas más polémicos que existen alrededor del guadalupanismo mexicano es sin duda el referente a la existencia de San Juan Diego, debido en primera instancia a la falta de reliquias suyas que comprueben que fue una persona real. Válgase que, como bien sabemos, aun esto en el caso de los santos, no siempre es un testimonio fidedigno, y esto hace que San Juan Diego siga quedándose tan sólo en la leyenda, ¿pero hubo reliquias de San Juan Diego? Esto es lo que trataré de esclarecer. Aunque narraré parte de la biografía de este Santo, no profundizaré debido a que ya existe un artículo anteriormente publicado en el que se trata a más detalle el polémico caso de si San Juan Diego existió o no; yo sólo mencionare lo suficiente para tratar de dilucidar si existieron reliquias suyas.

Juan Diego Cuautlatoatzin (“águila de habla”) nació en Cuauhtitlán, cerca de México-Tenochtitlán hacia 1474. La tradición dice que pertenecía a la casta de los macehuales, que estaba formada por campesinos y artesanos; a pesar de esto, últimamente los investigadores guadalupanos dicen que se ha descubierto que era descendiente del rey de Texcoco, Netzahualcóyotl “el rey poeta” y que fue caballero águila en su juventud en las guerras floridas. Se casó con una mujer de nombre Malintzin. Después de la conquista y evangelización, Cuautlatoatzin y su esposa se convirtieron gracias a la predicación de fray Toribio de Benavente, mejor conocido como “Motolinía” [1], lo que les llevo a ser bautizados con el nombre de Juan Diego y María Lucía respectivamente y a casarse ahora por la Iglesia. Parece que en este momento de su conversión es también según los investigadores el momento en que decide dejar las posesiones que tenía y convertirse en simple macehual. Hacia 1529 fallece María Lucía y Juan Diego decide irse a vivir a casa de su tío Juan Bernardino.

Ermita y Santuario del "Cerrito" en Cuauhtitlán,  Estado de México, construidos sobre los vestigios de la que fuera la casa de San Juan Diego.

Ermita y Santuario del “Cerrito” en Cuauhtitlán,  Estado de México, construidos sobre los vestigios de la que fuera la casa de San Juan Diego.

Es dos años después de que Juan Diego vive en casa de su tío, que entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, se convierte en el vidente de Nuestra Señora de Guadalupe. Posteriormente al ya conocido milagro de la Virgen de Guadalupe, parece que Juan Diego decidió dedicarse por completo al cuidado de la imagen guadalupana y por lo mismo decidió mudarse a la ermita donde ésta se conservaba, donde se dedicaba a predicar a sus hermanos y contarles las palabras que la Señora del cielo le había dicho. Se dice que dos veces más se le apareció la Virgen: una para avisarle que su tío Juan Bernardino moriría y la siguiente para decirle que ya se acercaba también su hora; el vidente de la Virgen de Guadalupe fallece hacía 1548 y al parecer es sepultado en la misma ermita donde vivió y donde se veneraba el milagroso ayate.

Las primeras reliquias a las que haré referencia es a los restos de las casas en las que vivió San Juan Diego, en Cuautitlán y el Tulpetlac respectivamente. Los descubrimientos arqueológicos en Cuauhtitlán, donde actualmente existe un templo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego, han sacado a la luz que tanto los muros y las cuatro columnas de la ermita corresponden al siglo XVI; ya para 1798 existe un documento en donde se pide permiso para construir una nueva ermita en ese sitio, por ser donde vivió Juan Diego. Hacia finales del mismo siglo XVIII y principios del XIX son encontradas los vestigios de lo que se supone fue la casa de San Juan Diego, y según el dictamen del arqueólogo Jorge R. Acosta se trata de una “habitación que perteneció a la cultura azteca III-IV, por lo tanto, corresponde al momento de la conquista de México por los españoles”. A un lado de los vestigios de la casa y fuera del actual templo, se hallaron las ruinas de una primitiva ermita, lo que nos indica que en ese sitio existió una muy temprana devoción a san Juan Diego, por considerar que en ese sitio fue donde vivió, lo que refuerza a un más la idea de que el dicho vidente realmente vivió en ese lugar. Además en esta ermita se conserva una pila bautismal donde se dice fue bautizado el Santo.

La Parroquia de indios, donde se supone esta o estuvo sepultado San Juan Diego. Fuente: www.virgendeguadalupe.org.mx

La Parroquia de indios, donde se supone esta o estuvo sepultado San Juan Diego. Fuente: www.virgendeguadalupe.org.mx

La siguiente reliquia que de Juan Diego podemos encontrar es la casa en Tulpetlac, donde vivió con su tío Juan Bernardino y que, actualmente, es el Santuario de la quinta aparición. En este sitio la veneración parece ser un poco más tardía que en Cuauhtitlán; existe en el Archivo General de la Nación un documento del siglo XVIII donde se pide se construya una ermita en ese sitio, donde se cree fue la quinta aparición a Juan Bernardino y donde vivió Juan Diego; y algunos documentos más narran que, ya anteriormente, los indios de esa zona tenían una pequeña ermita dedicada a Juan Diego, por la fama de santidad que éste tenía. En el sitio de Tulpetlac los vestigios arqueológicos que se han encontrado corresponde a pedazos de cuatro paredes de una casa del siglo XVI, una de ellas parece ser de una barda divisoria entre la casa y la hortaliza.

Una de las más importantes y polémicas reliquias de San Juan Diego es su tumba y por consiguiente su cuerpo. A través de los años ha existido mucho interés por encontrarlas y parece que eran encontradas y desaparecidas de nuevo, hasta el punto de que actualmente no se sabe dónde están, lo que hace que Juan Diego, a pesar de todo, siga rodeándose de la leyenda al no poder encontrar un cuerpo real. Como ya mencioné arriba todo parece indicar que San Juan Diego fue sepultado en la primera ermita de la Virgen de Guadalupe, la cual es conocida actualmente como “Parroquia de Indios”. En esta misma existe un antiguo epitafio que dice “En este lugar se le apareció la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, el cual está enterrado en esta iglesia”. Todo indica que desde el siglo XVIII se ha intentado encontrar los restos de San Juan Diego siempre con la idea de poder llevarlo a los altares.

Santuario de la Quinta aparición, que conmemora la aparición de la Virgen de Guadalupe al tío Juan Bernardino y construido sobre la casa de ambos en Tulpetlac, Estado de México.

Santuario de la Quinta aparición, que conmemora la aparición de la Virgen de Guadalupe al tío Juan Bernardino y construido sobre la casa de ambos en Tulpetlac, Estado de México.

Uno de los más antiguos registros sobre esto se encuentra en la obra de Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, “Baluartes de México” obra escrita entre 1775-1779; este mismo historiador dice haber participado en la búsqueda, por lo cual es una fuente de primera mano en este caso. Se dice que se hizo una excavación en el templo y que se encontraron varios restos mortales, entre ellos, el cuerpo incorrupto de un sacerdote, posiblemente capellán de la misma ermita, pero que ninguno de los cuerpos pudo ser identificado, por lo cual no pudieron dar con cuál de todos pudiera ser el de Juan Diego. Curiosamente un siglo después, en la primera mitad del siglo XIX según un documento denominado “Inventario Razonado” asegura que en la Parroquia de Indios se encuentras los restos de Juan Diego y su tío Juan Bernardino: “Constrúyase la que llaman parroquia de indios, o iglesia provincial dedicada el año de 1695. En este año se trasladaron de la Yglesia Artezonada a la de Yndios la celestial pintura la imagen de plata, por que se iba a destruir la Artezonada; en este mismo año se transformó en sacristía la ermita. Ytem: se trasladaron de ella a la iglesia de indios los huesos de Juan Diego y Juan Bernardino…”

A finales de este mismo siglo XIX, curiosamente, el abad de la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, don José Antonio Plancarte y Labastida, ante la inminente coronación pontificia del ayate de Nuestra Señora de Guadalupe, declara en sus cartas que pedía insistentemente a Nuestra Señora para que apareciera la tumba de Juan Diego, y refería también que en varias ocasiones habían intentado encontrarlo, pero sin éxito.

Posteriormente con la Guerra Cristera, al ser trasladada la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe a un refugio para protegerla de algún atentado como el ocurrido en noviembre de 1921, y según refería el abad de la basílica, también se trasladaron las reliquias de Juan Diego para evitar su profanación, pero posteriormente al terminar el conflicto solo volvió a su lugar la tilma con la Virgen y no así las reliquias del vidente, de las cuales se olvidó la localización.

Nuestra Señora de Guadalupe con fray Juan de Zumarraga, San Juan Bautista y San Juan Diego, óleo de Miguel Cabrera.

Nuestra Señora de Guadalupe con fray Juan de Zumarraga, San Juan Bautista y San Juan Diego, óleo de Miguel Cabrera.

Ya entrado el siglo XX hacia 1979, cuando se abre la causa de beatificación de Juan Diego, la Congregación para la Causa de los Santos pide a los postuladores la búsqueda de las reliquias del propuesto a beato, a lo que los encargados de la causa alegaron que “después de 400 años ni polvo ha de haber”, por lo que la Congregación de los Santos les pidió que probaran que fue sepultado. Tres años después se presentó el cardenal Giovanni Papap ante el postulador de Juan Diego y después de escucharle detenidamente le dijo: “Mire, lo de Juan Diego no hay nada. Lo de la Virgen de Guadalupe fue un mito con lo que los misioneros se ayudaron para la evangelización de México y Juan Diego ni existió, y la documentación que se tiene (en la Congregación para la causa de los Santos) ni siquiera la hemos leído”. Sin embargo algunos años después, basándose en documentos e investigación y posiblemente con algo de ayuda externa, se logra proseguir con la causa y que esta sea aceptada por la Congregación y que como sabemos sea beatificado Juan Diego en 1990 y posteriormente canonizado en 2002 por el papa San Juan Pablo II.

Aun con todo esto, hasta el día de hoy no se ha podido localizar la supuesta tumba de Juan Diego ni el cuerpo del mismo. Sin embargo, como vemos hay constancia documental de un culto muy temprano a un indio de vida virtuosa en los sitios que según el Nican Mopohua coinciden con los rasgos de San Juan Diego, el vidente de Guadalupe. Acaso pudiera ser que uno de esos restos no identificados bajo la Parroquia de Indios, ¿será el de San Juan Diego?, o tal vez ni siquiera estuvo enterrado en ese sitio nunca, pudiera ser también factible la idea de que fueron ocultas sus reliquias durante la Cristiada y que se hayan extraviado y por lo mismo actualmente no estén en la Parroquia de Indios o ni si quiera en la circunscripción de la Basílica de Guadalupe. Creo que las pruebas documentales y arqueológicas son suficientes para pensar que realmente existió un indio virtuoso que recibió veneración tempranamente, trátese o no del mismo Juan Diego, vidente de la Virgen de Guadalupe. Cabe la posibilidad del mismo modo que los mismos españoles hayan “ocultado” los restos de Juan Diego para evitar su culto y veneración desde épocas muy tempranas, pues es sabido que aun tratándose de un prospecto a santo, por el hecho de ser indígena o hasta defensor de los indios era visto con recelo por las élites ibéricas de la Nueva España. Cosa similar sucedió con los restos de fray Pedro Lorenzo de la Nada, defensor de los indios en Tabasco y Chiapas; sea como sea, son sólo hipótesis, los hechos son que las dichas reliquias de San Juan Diego no aparecen y por lo mismo hace que Juan Diego siga inmerso en la leyenda y la polémica aunque existan vestigios y documentos que afirman su existencia.

André Efrén

Bibliografía:
– ÁLVAREZ DEL REAL, María Eloísa, “Santuarios de la Virgen María apariciones y advocaciones”, Panamá, Editorial América, primera edición, 1991.
– ISLAS VÍCTOR, Hugo y PÉREZ SOUZA, Virginia, “Juan Diego a los altares”, México, La Prensa, primera edición, s/a.
– ROMERO SALINAS, Joel, “Juan Diego: su peregrinar a los altares”, México, Ediciones Paulinas, primera edición, 1992.
– SAUCEDO ZARCO, Carmen, “Historias de Santos mexicanos”, México, Planeta, primera edición, 2002.


[1] Curiosamente, “Motolinía” en sus obras, aunque menciona que varios de los indios que el bautizo habían sido objeto de manifestaciones milagrosas, jamás menciona a Juan Diego ni a la aparición guadalupana; válgase que sus textos están incompletos y las versiones originales están perdidas, pero a pesar de ello no deja de ser curioso el dato.

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San Juan Diego Cuauhtlatoatzin

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"Verdadero retrato del Siervo de Dios Juan Diego", óleo de Miguel Cabrera.

La personalidad de Juan Diego está estrechamente relacionada al acontecimiento de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en México. A él le tocó ser el mensajero de un acontecimiento que estaba destinado a ejercer una gran influencia en la historia civil y eclesiástica del continente americano.

Se dice que nació en el año 1474 en Cuauhtitlan, en el distrito de Tlayac, cerca de la que hoy es la capital federal de México. Antes de convertirse al cristianismo era llamado Cuauttlatoa, “el águila que habla”. Aunque poseía casa y tierras era también artesano y comerciante. En una fecha no precisada se casó con la joven Malintzin.

En cuanto llegaron a la zona los primeros doce misioneros franciscanos en el año 1524, Juan Diego y su esposa fueron de los primeros en recibir el bautismo, poniéndose los nuevos nombres de Juan Diego y María Lucía y se casaron nuevamente por el rito que promovían los franciscanos, o sea, el sacramento del matrimonio. Se dice que habiendo escuchado probablemente a Fray Toribio Paredes de Benavente, uno de los frailes, que la castidad perfecta era agradable a Dios y a la Virgen, ¡ellos decidieron observarla dentro del matrimonio! Después de la muerte de su esposa probablemente en el año 1529, Juan Diego se dedicó aún más a llevar una vida de piedad viviendo con su tío Juan Bernardino, hombre de avanzada edad.

En lo que a continuación vamos a narrar, nos referiremos al documento en lengua náhuatl “Nican Mopohua”, escrito entre los años 1552 y 1560, y atribuido a Antonio Valeriano, un contemporáneo de los hechos siguientes:

El día 9 de diciembre del año 1531, mientras Juan Diego iba a una lección de catecismo, tuvo la aparición de una Señora que le ordenó dirigirse al obispo Juan de Zumárraga, para explicarle su deseo de que se construyera un templo en su honor. El obispo no hizo caso a lo que le manifestó Juan Diego y mantuvo esta posición hasta poco después de una segunda aparición de la misma Señora, aparición que ocurrió el mismo día y de la cual el obispo fue informado. El obispo pidió algún signo que acreditara aquello.

En una tercera aparición acaecida un día después, el 10 de diciembre de 1531, la Señora prometió a Juan Diego que proporcionaría esta señal solicitada por el obispo. Dos días después, en una cuarta aparición, le ordenó subir a una colina ó loma, donde Juan Diego, maravillado, contempló unas bellísimas rosas florecidas en pleno invierno (fuera de la estación de floración, que es la primavera). Él recogió un manojo de ellas y las escondió en su manto. Fue adonde estaba el obispo y abrió el manto cayendo las rosas a sus pies. Al caer las rosas a tierra, sobre el manto de Juan Diego apareció una imagen de la Señora, que hoy es venerada en el Santuario Guadalupano.

Episodio de la floración milagrosa

Cuando sucedió el acontecimiento del Tepeyac, Juan Diego tenía cincuenta y siete años de edad y según los estudiosos, tuvo venticinco cambios psicológicos en tan solo cuatro días, ¡que para nada afectaron al carácter futuro de este indio!

Estos hechos, difundidos rápidamente entre los indígenas, contribuyeron notablemente a la cristianización, no sólo de lo que hoy es México, sino del resto del continente latinoamericano.

No es extraño que la historicidad de estos hechos narrados haya sido cuestionada, pero, sin embargo, hay que decir que las investigaciones llevadas a cabo en los últimos tiempos han sido exitosas en lo referente a la fiabilidad histórica de las fuentes antiguas. Otra cosa es que en estas fuentes se mezcle leyenda con historia.

Hay que señalar que el análisis de de la imagen de la Virgen de Guadalupe, efectuada con los medios técnicos más modernos, ha aportado algunos elementos que son inexplicables desde el punto de vista humano. Por ejemplo, el hecho de que en las pupilas de los ojos de la Virgen se refleje, como si fuera una fotografía, el perfil de Juan Diego y de otras personas presentes en el acto del milagro de las rosas.

Se sigue diciendo que después de estos hechos, Juan Diego llevó una vida de extrema pobreza y se retiró a vivir en una casucha construida al lado de la iglesia erigida en honor a la Virgen, dedicándose al cuidado de esta iglesia y de los devotos que la visitaban. Murió con 74 años de edad en el año 1548, con fama de santidad y recibiendo culto popular inmediatamente después de su muerte.

En cumplimiento de los rigurosos decretos del papa Urbano VIII acerca a dicho culto (el papa Urbano VIII en 1634, ordenó que solo se proclamaran santos a aquellos que la iglesia investigara) y por otros motivos, la causa de canonización de Juan Diego estuvo paralizada más de tres siglos, el Vaticano rechazó varias veces el elevar a categoría de certeza esta historia, ya que en el Tepeyac, hubo un templo pagano dedicado a Coatlicue Tonantzin, diosa tierra y suministro del maíz.

Ya en el siglo XX, el Abad Schulenburg que estuvo al cuidado del Tesoro Nacional Guadalupano desde 1963 a 1996, puso en duda la verdadera existencia de Juan Diego, lo que provocó un gran revuelo. Él ponía varias pegas: que los primeros evangelizadores bautizaban masivamente a los indígenas manteniéndoles el mismo nombre que tenían y que los que cambiaron de nombre, muchos se pusieron Juan Diego por lo que cómo era posible saber cual de entre todos ellos, era el verdadero vidente para poder canonizarlo. ¿Cómo se podría canonizar a un ser legendario por mucho que existiese una tradición popular de culto?  Esto contribuyó a que muchos investigadores sacaran a la luz todos los documentos existentes en los archivos privados y públicos sobre la existencia del verdadero Juan Diego: su acta de defunción, las escrituras de las tierras de las que era propietario, etc.

El sacerdote jesuita Xavier Escalada, autor de la Enciclopedia Guadalupana encontró un Códice fechado en 1548 que avalaba la existencia de este indio. Este Códice había sido escrito en el mismo año en que se escribió el Nican Mopohua y estaba firmado por Fray Bernardino de Sahagún, uno de los misioneros franciscanos que llegaron de Europa para evangelizar América. El Códice estaba hecho de piel curtida, verificaba el hecho de la aparición de la Virgen y daba datos sobre los rasgos anatómicos del indio Juan Diego. Este Códice tiene una inscripción en náhuatl: “1531 A Cuauhtlatoatzin se hizo ver la Amada Madrecita Nuestra Niña de Guadalupe en México. Cuauhtlatoatzin murió con dignidad”.

San Juan Diego bajo el manto estrellado de Nuestra Señora. Óleo de Fray Juan de Zumárraga.

Pero ya en aquella fecha, concretamente el día 11 de febrero del año 1988 se había iniciado el proceso diocesano en la archidiócesis de la Ciudad de México, o sea, durante el pontificado de San Juan Pablo II. Este papa, movido, entre otras cosas, por contrarrestar la laicidad del Gobierno Mexicano, tuvo especial empeño en promover canonizaciones y beatificaciones de miembros de la Iglesia Mexicana. Que conste que yo no pongo en duda la santidad de ninguna de estas personas, pero este papa ha elevado a los altares a más santos y beatos que todos los papas juntos de los cuatrocientos años anteriores y, posiblemente con esto se hayan “devaluado” los significados de las beatificaciones y canonizaciones.

Pero sigamos con Juan Diego: la “positio” sobre su fama de santidad, sus virtudes y sobre el culto popular que recibía fue consignada a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos en el año 1989, o sea, solo un año más tarde. Luego el proceso diocesano que suele durar muchos años, en este caso solo duró uno. Los siguientes pasos también se dieron de “manera especialmente rápida”: el asesoramiento histórico (30 de enero de 1990),  el congreso de los consultores teológicos (9 de marzo de 1990) y la Congregación de cardenales y obispos (3 de abril de 1990), o sea, lo que normalmente dura bastantes años, ¡todo se realizó en solo cuatro meses!

Eso hizo que el papa San Juan Pablo II firmase el Decreto de Virtudes Heroicas (o sea, lo declarase venerable) y confirmase su culto “ab immemorabili” sólo seis días más tarde (el 9 de abril de 1990),  beatificándolo en el santuario de Guadalupe el día 6 de mayo del mismo año (sólo un mes más tarde).

Lo que estuvo paralizado por el Vaticano durante más de trescientos años, ¡Juan Pablo II lo resolvió en solo dos años! La canonización se realizó el miércoles 31 de julio del año 2002.  ¡EXTRAÑISIMA RAPIDEZ! en una Roma que durante veinte siglos nos ha tenido acostumbrados a actuar sin prisas y a dejar pasar el tiempo antes de pronunciarse sobre infinidad de cuestiones. San Juan Pablo II era un papa muy político y en todo esto influyó muchísimo “su política”. Es por todo esto, que existen importantísimas dudas entre los hagiógrafos más rigurosos sobre la historicidad de Juan Diego.

Toda la documentación histórica referente a Juan Diego  ha sido publicada en el libro “Congregatio pro Causis Sanctorum, Officium Historicum, 184, Mexicana, Canonizationis Servi Dei Ioannis Didaci Cuauhtlatoatzin, Viri laici (1474-1548), Positio super fama sanctitatis, virtutibus et cultu ab immemorabili prastito, ex officio concinnata”, Roma, 1989. La traducción al castellano fue realizada por J. Romero Salinas. Este mismo autor “acérrimo pro Juan Diego” publicó el texto “Precisiones históricas de las Tradiciones Guadalupana y Juandieguina”, Mexico, 1986.

Antonio Barrero

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