San Juan el Misericordioso, Patriarca de Alejandría

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Lienzo del Santo, obra de Tiziano Vecellio (ca. 1549). Iglesia del Santo en Venecia, Italia.

San Juan el Misericordioso (también conocido como Juan el Limosnero, Juan Limosnero, Juan V. de Alejandría y el Limosnero Juan), fue un patriarca de Alejandría, unos cien años después de la separación calcedoniana en Egipto (610-616 o 619). Él es uno de los santos más conocidos por practicar incesantemente la virtud de la generosidad entre los pobres, aunque no sólo hacía esto. Hoy se celebra su festividad no solo en las Iglesias Ortodoxas y Católica, sino también en las Iglesias Ortodoxas Coptas y Etiópicas.

Una vida de piedad
La vida de San Juan el Misericordioso fue escrita por San Leoncio, obispo de Neápolis en Chipre, quien también es el autor de la primera biografía de un “santo loco”, es decir, de San Simeón de Emesa, el loco por amor a Cristo. El texto sobre San Juan se encuentra a partir de la col. 1623 en la Patrología Greca, volumen 90, con el título de “Vita Sancti Ioannis Eleemosynarii” y también en las Actas Sanctorum, tomo II (enero), p. 501ff.

Según San Leoncio, San Juan nació de Chipre, en un pueblecito llamado Amathus alrededor del año 550, siendo hijo de Epifanio, un patricio que era gobernador en la isla. Desde su niñez, fue criado como un verdadero cristiano y el biógrafo acentúa que, obligado por sus padres, se casó y tuvo hijos. Pero su esposa murió pronto y sus hijos, también, por lo que Juan se quedó solo practicando la virtud de la limosna. Por recomendación de un amigo – el prefecto imperial de la capital de Chipre, llamado Nicetas – fue elegido como Patriarca de la Sede de Alejandría que estaba vacante. Por aquel entonces, cien años después del Cuarto Concilio Ecuménico de Calcedonia (451), la Iglesia de Egipto estaba dividida entre los adeptos a la política local (llamados posteriormente “coptos”) y los “partidarios” de la política imperial. La doctrina sobre las dos naturalezas de Cristo había sido fuertemente instrumentalizada por ambas partes, de modo que la mayoría de los egipcios, por razones políticas, no aceptaron el dogma de Calcedonia. A los ortodoxos en Egipto se les llamaron “melquitas”, es decir, partidarios del emperador y fueron despreciados por su fe, ya que era la “fe del emperador”.

Cuando Nicetas tomó la ciudad, San Juan llegó a Alejandría como un “melquita” para ocupar la Sede patriarcal que estaba vacante desde la muerte del obispo Teodoro en el año 609. En el año 611 Juan asumió la Sede, convirtiéndose en el quinto obispo calcedoniense de Alejandría. Aunque era impopular por su condición de “melquita”, sin embargo, el Patriarcado poseía una gran cantidad de dinero y regentaba varias empresas dedicadas al comercio de mercancías.

Detalle del Santo en una tabla gótica conservada en el Museo Nacional de Varsovia, Polonia.

En su juventud, Juan había tenido una visión: una hermosa mujer adornada con una guirnalda de aceitunas en la cabeza, quien le dijo que ella era la compasión, la hija mayor del Gran Rey (Dios). Aquello causó una profunda impresión en la mente de Juan y ahora se le presentaba la oportunidad de ejercer esa benevolencia a gran escala, por lo que pronto llegó a ser ampliamente conocido en todo Oriente por su generosidad con los pobres. Ya desde los inicios de su actividad pastoral él decía: “Si quieres buscar nobleza, no la busques en la sangre, sino en las virtudes, ya que ésta es la verdadera nobleza”.

También desde el principio, envió a sus servidores (contables) por las calles de la ciudad con la misión de hacer una lista de “sus señores”, que eran los pobres. Se hizo una lista de 7500 nombres y todas estas personas recibirían cada día tanto comida como todo tipo de ayuda por parte de la Iglesia. Por supuesto, esta actitud provocó una reacción: eran demasiadas las personas que buscaban la ayuda del Patriarca, por lo que tomó la decisión de permanecer siempre los miércoles y los viernes a las puertas de una iglesia, a fin de escuchar sus problemas e incluso llegando a actuar como juez en algún que otro caso. El primer día no llegó nadie, por lo que él se entristeció, pensando que el humilde Juan no conseguía nada ya que por sus pecados, no aportaba nada a Dios.

San Juan no sólo actuaba de esa forma tan liberal con los recursos de su Sede, sino que hacía lo mismo con sus propios recursos. Se arrepentía porque un día había aceptado como regalo un manto ricamente bordado, llegando a no poder dormir hasta que lo vendió y repartió el dinero entre los pobres.

En una ocasión, mientras celebraba la Santa Liturgia, el Patriarca recordó las palabras de Cristo: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda delante del altar y ve a reconciliarte primero con tu hermano y luego, ve y presenta tu ofrenda” (Mateo, 5, 23-24). En ese momento, se fue a donde estaba un clérigo que tenía algo contra él e interrumpiendo el servicio religioso, se echó a los pies de aquel sacerdote y le pidió perdón. Después de haberse reconciliado con este hombre, volvió al altar y continuó con la Liturgia.

Otra famosa historia sobre San Juan fue que una vez, cuando iba a la iglesia de San Ciro, conoció a una viuda muy necesitada que habló con él largo y tendido sobre su desgracia. Los acompañantes de Juan se aburrían por tan larga queja e instaron al obispo a que fuera deprisa a la iglesia a fin de celebrar el servicio religioso y que después, escuchara a aquella mujer. Juan respondió: “¿Y cómo Dios me va a escuchar a mí, si yo no la escucho a ella?”; así que se quedó y escuchó atentamente hasta el final lo que la viuda le contaba.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Su generosidad a veces fue censurada. Una vez un criado se dio cuenta de que una persona estaba abusando cuando se distribuían los bienes en presencia de Juan, yendo y viniendo repetidamente de diferentes maneras. Se lo dijo y Juan respondió que quizás podría ser Cristo quien lo encubriera. En otra ocasión le dijeron que entre los pobres también había gente rica que se hacían pasar por pobres para recibir las limosnas; Juan respondió que también Cristo podría ocultarse bajo algunas apariencias.

Entre sus trabajos diarios también se encontraban el cuidado de los enfermos y de los esclavos. Visitaba los hospitales tres veces a la semana y liberó a muchísimos esclavos, ofreciendo dinero a las personas que los habían capturado.

Política externa
En aquellos tiempos la situación política del Imperio bizantino no era buena; las guerras habían afectado a algunas regiones orientales, incluida Palestina, Siria y el Asia Menor. En esa situación, Juan entró en conflicto con su amigo Nicetas que estaba muy ocupado por ayudar al emperador Heraclio en su guerra contra los persas. Juan se resistió firmemente y no quería ofrecerle las riquezas de la Iglesia, pues él pensaba que eran propiedad exclusiva de los pobres.

Finalmente, Nicetas se disculpó y la Iglesia no se vio obligada a contribuir en la guerra, aunque eso no significaba que a Juan no le importara la suerte del imperio, sino que para él era prioritario ayudar a las personas necesitadas. Cuando los persas sasánidas atacaron en el año 614, la misericordia de Juan alcanzó hasta los pobres de Palestina y Jerusalén. Envió convoyes de suministros de primera necesidad a Palestina y acogió a todos cuantos se refugiaron en Alejandría.

Relación con los no-Calcedonianos
Juan generalmente se negaba a tener debates polémicos. En el palacio patriarcal solo aceptaba que se comentaran las Escrituras y otros temas espirituales. Recibió a prestigiosos teólogos como San Sofronio – futuro patriarca de Jerusalén – y San Juan Mosso, que es el autor del “Leimonarion” (Prado espiritual), pero a pesar de su profunda convicción ortodoxa, durante las disputas cristológicas, era todo un ejemplo de tolerancia religiosa. Se negó a imponer mediante la violencia la ortodoxia emanada del Concilio Ecuménico de Calcedonia, aunque es cierto que llegó a utilizar la capacidad teológica de hombres como Sofronio y Juan Mosso para defender la posición imperial pro-calcedoniense. Como resultado de sus esfuerzos, el número de iglesias que seguían la doctrina del Concilio se multiplicó por diez durante su pontificado.

Capilla y urna de las reliquias del Santo en Bratislava, Eslovaquia.

Las disputas religiosas eran también disputas políticas, por lo que los emperadores insistían para que se llegara a un compromiso entre ambas posiciones a fin de evitar la disolución del imperio. Por lo tanto, con el fin de conseguir la reconciliación entre los que defendían y entre los que negaban las dos naturalezas de Cristo, el emperador Heraclio impuso una fórmula mixta conocida históricamente como “monoenergismo” y más tarde, como “monotelismo”. De acuerdo con esta posición, no se defendía la posición ortodoxa de las dos naturalezas de Cristo, pero tampoco se confirmaba la existencia de una sola obra (mono-thelos) en Cristo, que en realidad era una fórmula heterodoxa encubierta, porque la naturaleza humana quedaba prácticamente inactiva en la Persona de Cristo.

Juan expresó su oposición a los primeros intentos de promover el “monoenergismo” por parte de Heraclio, como una solución de compromiso para evitar el cisma, pero no participó en las principales controversias que se desarrollaron y terminaron con las conclusiones del Sexto Concilio Ecuménico de Constantinopla, en el año 680.

Muerte de San Juan
San Juan se vio obligado a huir de Alejandría a causa de la invasión persa de Egipto en el año 619, o según otras fuentes occidentales, en el año 616. Se embarcó para evitar el peligro pero durante la travesía cayó enfermo. Llegaron a Chipre donde murió en su ciudad natal en el año 620 (o en el 616). Años más tarde, gran parte de la obra de Juan a favor de la reconciliación con los no Calcedonianos de Egipto, se deshizo por culpa de la violenta persecución ejercida por Ciro (631-641), que combinó tanto la autoridad imperial como la eclesiástica, siendo una misma persona el prefecto y el patriarca de Alejandría. Durante su reinado, los musulmanes invadieron Egipto que nunca más llegó a ser territorio cristiano.

A pesar de que podría haber muerto el día 11 de noviembre, la festividad de San Juan el Misericordioso se celebra el día 12 en las Iglesias Ortodoxas (26 de noviembre en las Iglesias que se rigen por el calendario juliano). En Occidente se celebra el día de su muerte, el 11. También es conmemorado el día 23 de enero.

Vista del sepulcro del Santo en su iglesia de Venecia, Italia.

Las reliquias de San Juan
Las reliquias de San Juan, que enseguida fue llamado taumaturgo debido a las curaciones que se realizaban por su intercesión, fueron trasladadas a Constantinopla y en el año 1249, durante la Cuarta Cruzada, se las llevaron a Venecia. En esta ciudad italiana tiene dedicada una iglesia, aunque sus reliquias se veneran en la iglesia veneciana de San Juan in Bragora, en una capilla anexa.

Parece ser que una parte de las reliquias se mantuvieron en Constantinopla porque existe información de que algunas fueron enviadas por el sultán Bayezid II al rey Matías Corvinus de Hungría en el año 1489. Allí fueron colocadas en la capilla real del castillo de Buda, dedicada a San Juan. Ahora estas reliquias se encuentran en la capilla de San Juan el Misericordioso en la catedral de San Martín en Bratislava (Eslovaquia). Algunas otras reliquias menores se encuentran en algunos monasterios atonitas, como el Dionisiou (que tiene la mano derecha), Vatopedi, Pantokrator, Dochiariou y Karakallou. San Juan el Misericordioso es el santo patrono de la ciudad de Casarano, en el sur de Italia y es el primitivo patrono de la orden monástica de los hospitalarios.

Detalle de la urna con el cuerpo del Santo. Iglesia del Santo en Venecia, Italia.

Troparion (Himno) del Santo
Por tu resistencia ganaste tu premio, ¡oh venerable Padre!; perseveraste incesantemente en la oración, amabas a los pobres y pusiste a disposición de ellos todas las cosas. ¡Bienaventurado Juan el Misericordioso, intercede ante Cristo Dios para que nuestras almas se salven!

Mitrut Popoiu

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