San Juan Nepomuceno Neumann (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tapiz de la beatificación del Santo, año 1963.

Parte III. Superior, Fundador y Obispo; una vida de entrega
Otra cruz para este noble y celoso Misionero son las casas de placer. Cada iglesia que se levantaba era ocasión para construir cerquita de ella una taberna donde se daba toda clase de desórdenes y escándalos. Le tocaba en cierta ocasión atender una de esas iglesias por una breve temporada y al comprobar estos abusos no pudo reprimir su desaprobación. Pero a sus quejas se responde con carteles que pegados a los muros invitaban a nuevos bailes y diversiones que coincidían con los horarios de las festividades religiosas.

Se acercaban una de las más solemnes por tratarse de la festividad Patronal, y un domingo antes de la misma advirtió desde el púlpito que si no se suprimían tales escándalos tan contrarios al espíritu cristiano de la comunidad, abandonaría la parroquia sin celebrar la Fiesta. Confiando en que su bondad se sobrepondría a la amenaza, los interesados de tales diversiones continúan preparándolo todo con propaganda y quedan todos sorprendidos el día de la Fiesta al ver a la puerta del templo un coche. Interrogan al cochero y éste les responde: “Tengo orden de llevarme al sacerdote ya que ustedes le han faltado tan groseramente. Por eso ha decidido él dejarlos”. Enterada la población, corren al encuentro de Neumann hombres, mujeres y jóvenes. Lo encuentran con valija en la mano, presto a subir al coche y entonces estallan las lamentaciones y corren las lágrimas. Pero él, con tono decidido les explica: “Se los advertí con tiempo; no ahorré en súplicas y oraciones para poner fin a estos escándalos, y como nadie me ha escuchado me veo en la obligación de irme”. Enterado el tabernero a tiempo, acude presuroso y se humilla y pide perdón, pero también la licencia para la celebración del baile aunque fuera por última vez, ya que los gastos de la preparación habían sido considerables. Todo es inútil: Neumann esta resuelto a impedir que se ofenda a Dios y que los cristianos pierdan sus buenas costumbres. Por fin, el baile se suprime, y el tabernero en vista de que el negocio no le va andar en este lugar, se va a otro pueblo.

La poca correspondencia no arredra al padre Juan, que sigue recorriendo en todas direcciones su parroquia, instruyendo a jóvenes y niños, predicando a los grandes y, sobre todo ofreciendo a todos el buen testimonio de su ejemplo.
El padre Pax, que tan bien lo conoce, comentará más tarde: “Era espectáculo admirable ver a este joven y sabio sacerdote dirigirse alegremente de una a otra de las estaciones misioneras cargando a su espalda su matalotaje. A lo largo de los caminos llenos de nieve o de barro caminaba alegre viendo a veces pasar a su lado vehículos que lo ignoraban; y otras, rehusando los ofrecimientos que le hacían las gentes más consideradas para subir a sus carruajes, declarando que era fuerte para viajar a pie”. Pero había ocasiones en que sus fuerzas traicionaban su coraje.

Escudo episcopal del Santo, con su lema PASSIO CHRISTI CONFORTA ME.

Habiendo celebrado en un solo día dos fiestas con predicación y celebración de la Santa Misa en dos lugares distantes uno de otro recorriendo los trayectos por caminos enfangados se sintió tan mal que hubo que buscar cama y recibir los cuidados del médico. Recuperadas sus energías, vuelve a su vieja costumbre y un día emprende a pie un largo viaje para arreglar una unión concubinaria de una pareja de feligreses. No valió el consejo de uno de sus amigos para que desistiera de hacerlo. Cuando regresó de arreglar aquella situación, apareció en un estado tan lamentable que parecía un mendigo con sus ropas destrozadas y los zapatos deshechos; tal era su amor por la salvación de la almas…

En 1845 conoce al Beato Francisco Javier Seelos cuya amistad fue una ayuda decisiva en la Aventura Redentorista de Norteamérica. En 1847 es nombrado Visitador o Superior Mayor (Viceprovincial) de los Redentoristas en Estados Unidos, cuyas casas dependían de la Provincia Belga. El Padre Provincial Federico Von Held dice de él: “Es un gran hombre en el que la piedad se une a una personalidad fuerte y prudente”. El padre Neumann recibe esta tarea mientras la fundación norteamericana está atravesando por un periodo difícil de adaptación, así que nombra a padre Seelos como maestro de novicios en septiembre de 1847. Su gobierno duro dos años y lo deja en manos del padre Bernardo Hafkenscheid. Las Casas Redentoristas para ese momento estaban preparadas para convertirse en Provincia Autónoma de la Congregación, hecho que ocurrió en 1850.

Monseñor Kenrick, obispo de Filadelfia, es trasladado como Arzobispo de Baltimore, ¿Quién ocupara el Obispado de Filadelfia?, Monseñor Kenrick junto con otros eminentes sacerdotes y obispos, le proponen al Papa Pío IX el nombre del padre Neumann para que asuma dicho ministerio, dadas sus dotes lingüísticas, intelectuales, y humanas sin contar con sus grandes virtudes. El Santo Padre con el beneplácito de todos nombra a este sencillo misionero como pastor de la Iglesia Diocesana de Filadelfia. Es consagrado como tal, en Baltimore el 28 de marzo de 1852, por el mismo Mons. Kenrick; el padre Neuman contaba con cuarenta y uno años de edad.

El Santo, fundador de las Hermanas Franciscanas en Filadelfia, EEUU. Ilustración decimonónica.

Mons. Neumann está al frente de una diócesis territorialmente grande y en vías de un notable desarrollo. Con la experiencia del misionero le preocupa mucho la educación como fundamento de la vida social y espiritual de su rebaño y es por eso, que lo primero que hace es organizar una red de Escuelas Católicas, (siendo el pionero en la Educación Católica en el país), incrementa en la diócesis el número de escuelas católicas. De las dos que existían, gracias a él se incrementaron a cien. Es por esta necesidad que con tres mujeres terciarias franciscanas, Mons. Neumann funda a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco, siendo el humilde obispo quien recibe sus primeros votos y quien redacta las Constituciones.

Antes que llegara como obispo existía el Seminario Mayor pero con él florecerá grandemente. Comienza la obra de la edificación de su sede episcopal: la Catedral de San Pedro y San Pablo y de otras ochenta iglesias más erigidas por él.
Entre 1854 y 1855 parte a Europa para hacer su visita “Ad Limina” y grande fue su alegría cuando fue invitado por el Beato Pío IX a la ceremonia de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, siendo Mons. Neumann quien sostuvo el libro donde el Papa leyó tal proclamación solemne, en aquél memorable día del 8 de diciembre de 1854. La Congregación del Santísimo Redentor que honraba tal privilegio de María como su segunda protectora, estuvieron representados por este insigne hombre en tan importante solemnidad.

Después fue a su tierra natal donde fue recibido por sus paisanos que le hicieron un grato homenaje. Visitó al Emperador quién le dió un importante donativo para la conclusión de su catedral y sus obras diocesanas.

Regresó a su amada diócesis, para seguir trabajando por sus fieles. Siguiendo las huellas de su padre San Alfonso María de Ligorio, se sirvió de los medios escritos para llegar a más gente, llegando a publicar numerosos artículos en las revistas y periódicos de inspiración católica de su tiempo. Llegó a publicar dos catecismos para el pueblo y ya antes de ser nombrado obispo publicó una Historia de la Biblia para uso escolar.

Figura que contiene los restos del Santo. Santuario del Santo en Filadelfia, EEUU.

La vida entregada a Dios y a sus criaturas tenía que recibir su recompensa, siendo llamado a la gloria eterna el 5 de enero de 1868, teniendo cuarenta y ocho años, cayendo exánime en una de las calles de Filadelfia, antes de que se le pudiera siquiera administrarle los últimos Sacramentos. El Papa Juan XXIII quiso beatificarlo pero le sorprendió la muerte y lo hizo el Beato Pablo VI el 13 de octubre de 1963; canonizado por el mismo Pontífice el 19 de junio de 1977.

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista, Cap. 20, Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann, Ricardo Baztán, Artigraf., Buenos Aires, 1977.

Sitio web consultado: www. cssr.com

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San Juan Nepomuceno Neumann (II)

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Ilustración del Santo con su atuendo episcopal, realizado para el primer libro de su vida.

Parte II. La aventura misionera
Mientras estudia en Praga un misionero americano, el padre Federico Rese, más tarde obispo de Detroit, establece en Viena una organización misionera con el nombre de la Asociación Leopoldina. En realidad era la rama alemana de la Santa Infancia para la Propagación de la Fe. Propuesta primero por el obispo de Dubor de Nueva Orleans, y fundada después por Paulina Jaricot en Francia. Las noticias y relatos de Misioneros publicados en alemán por dicha Sociedad impresionaron al joven Neumann. Aquellos relatos entresacados de cartas de los Misioneros Redentoristas entregados al cuidado de los inmigrantes de habla alemana lo enardecían. Entonces se decide a aprender el inglés que necesitaría para vivir en los Estados Unidos de América.

A los veinticuatro años ha terminado los estudios en la Universidad de Praga, y en julio de 1835 vuelve a su propia diócesis de Budweis donde rinde el examen canónico con todo éxito. Hay en aquella diócesis demasiados sacerdotes, lo que facilita su sueño de partir para América. Desea ardientemente ser ordenado sacerdote antes de partir para allá pero el Señor tiene otras miras más penosas para él. Los sacerdotes de la diócesis lo animan en sus proyectos y hasta hacen una colecta para pagarle el viaje a Filadelfia donde el obispo Mons. Kenrick será quien lo ordene y promueva al sacerdocio.

Dejó Prachatitz casi sin que los suyos lo advirtieran mandándoles una carta de despedida. Quiere llevar las Letras Dimisionales, pero no se las dan… Monseñor Siegler le da una carta de recomendación y lo anima. Recibe la bendición de su obispo, y con 40 dólares en el bolsillo parte de su diócesis…

Antes de poder tomar el barco se encuentra con el padre Juan Henni, misionero americano, que le cuenta que la diócesis de Filadelfia no necesita más sacerdotes, pero que estos son necesarios en el Oeste Americano. Le da esperanzas de ser admitido en la diócesis de Nueva York o en la de Vicennes cuyo obispo, Mons. Bruté, en ese momento en Roma iría a Paris. Juan lo quiere ver para hablar con él y va a su encuentro, pero el obispo no llega nunca. Neumann marcha entonces a Estrasburgo para hablar en el Seminario Mayor con su Rector Mons. Rass. Pero éste le comunica que ya se le han adelantado varios jóvenes a quienes se han dado para viajar a América todo el dinero disponible. Entonces fiándose de la palabra de un amigo del Obispo de Nueva York que le prometió que lo ordenaría sacerdote sí iba allá, se embarcó de inmediato con unos pocos dólares que recibió de una colecta hecha para tal fin. Era el 20 de abril de 1836, subió al barco que tras 40 días de travesía lo dejaría en playas americanas. No molestaron tanto a Juan las borrascas que sacudieron el barco, como las burlas y mofas de toda índole que hacían a costa de su Fe unos doscientos protestantes del Cantón de Berna que viajaban con el mismo destino que él. Pero todo le sirve a Juan para ejercitar su mansedumbre, y el resto del pasaje se admira y pondera su serenidad y su conducta sensata ante tales desmanes y falta de respeto. A raíz de este episodio notemos que las relaciones interconfesionales no habían evolucionado como en nuestros tiempos de ecumenismo, diálogo y mutua comprensión otros hermanos que creen en Cristo.

Detalle de la cruz pectoral del Santo.

Llegados a puerto los pasajeros son obligados a permanecer otros cuarenta días recluidos en la Isla, situación obligada para evitar una posible enfermedad contagiosa traída por las embarcaciones. Juan había desembarcado con un traje ya desaliñado y medio desecho con sus zapatos rotos por efecto de tanto viaje por Europa. En su bolsillo solo le queda un dólar. Así lo encontramos el 28 de mayo de 1836, pero su espíritu se alegra cuando es recibido cordialmente por el Sr. Obispo, Mons. Dubois, que le declara lo necesario que le es un sacerdote de habla alemana.

Diecisiete días después de su llegada es ordenado subdiácono en la catedral. El 24 de junio es promovido al diaconado y al día siguiente es ordenado sacerdote por el mismo Sr. Obispo en la catedral de San Patricio. El templo se llena de alemanes y de niños de catecismo a quienes ya había comenzado a catequizar Juan desde su llegada. Mons. Dubois destina de inmediato al neo sacerdote a trabajar con el Padre Pax al norte del Estado de Nueva York. En el viaje se entretiene unos días en Rochester con una colonia de alemanes. Allí se encuentra con el padre Redentorista José Prost y en ese encuentro prende en su corazón la chispa de su vocación Redentorista. Con todo, el mismo padre Prost le aconseja que vaya a acompañar al P. Pax que vive solo y enfermo. El nuevo padrecito empieza a desplegar su celo atendiendo a los alemanes de la zona y visitando los puestos misionales del campo. Mientras el P. Pax permanece en la sede, él recorre la región de Williamsville; pasa después a North Bush y se encarga de un territorio de más de nueve mil kilómetros cuadrados en la zona de los Grandes Bosques. Es admirable su habilidad para enseñar el catecismo. Levanta pequeñas escuelitas y promueve a los laicos para prestar ayuda material, cultural y espiritual en esta labor.

En septiembre de 1839 llega su hermano Wenceslao que se pone a sus órdenes. El P. Juan bautiza, asiste a matrimonios, atiende enfermos, en seguida construye capillas y escuelas. Es un verdadero pionero de Dios en aquellos parajes que el hombre va conquistando poco a poco. La vida social se organiza de modo distinto a la de Europa y esto crea problemas de orden económico, psicológico y jurídico. Iglesias, escuelas, hospitales y asilos se construyen solo por iniciativa privada. Los grupos humanos se dividen por razas, lenguas y religión y entre ellos hay el infaltable grupo de especuladores. Ayudan con sus aportes pecuniarios a levantar escuelas e iglesias que una vez terminadas se toman como propias, haciendo la vida imposible a obispos, párrocos y comunidades religiosas. Se da en América el famoso Patronato Europeo, que poco a poco, el P. Neumann así como obispos y sacerdotes combaten, unas veces con suavidad y otras con energía hasta conseguir que la Iglesia sea la verdadera administradora de tales parroquias, colegios y capillas.

Monumento al Santo en la catedral de San Pedro y San Pablo de Filadelfia, EEUU.

Desde el año de 1836 hasta 1840 lleva a cabo la construcción de la iglesia de Williamsville y funda escuelas en las que en más de una oportunidad él mismo hace de maestro por la escasez de personal laico para la docencia. En Williamsville es molestado por los protestantes a los que responde con dulzura y caridad. Sus recorridos son a caballo, a pie y pocas veces en diligencia. Buena parte de la noche la dedica a estudiar y a rezar, dándose a veces el caso de sorprenderle en esto el amanecer. Tal vida no puede prolongarse mucho. Vive cansado siempre, y a veces, le atormentan los escrúpulos y las torturas internas. Por eso, apenas puede hacerlo, se marcha a Rochester para pasar unos días con el Redentorista P. Prost. Y entonces se aviva en él la idea que tuvo ya en el seminario de Budweis, de vivir en Comunidad y en comunidad vive durante tres meses reparando su salud corporal.

Los padres que lo rodean son alemanes; admiran su espíritu misionero y su tenacidad en la lucha. Aprenden a valorar su organización tan novedosa y los frutos de sus trabajos apostólicos. El padre Prost que es su confidente le dice cuan peligrosa es la soledad y esa convivencia con los Padres Redentoristas le convence de que esa es su vocación. Restablecido enteramente de su enfermedad, manifiesta al P. Prosa su firme voluntad de ingresar en la Congregación Redentorista y la aceptación es inmediata. El padre Prost escribe al Obispo. Mons. Hughes, de Nueva York, pidiéndole que permita al padre Neumann ingresar de religioso en “nuestra Congregación”. En un principio el prelado se opone, aduciendo que perdería para sí un sacerdote tan valioso y entregado, pero cede y el 18 de octubre de ese año 1840, deja la Misión de Búfalo y llega a Pittsburg.

Todos los elegidos, afirma San Pablo, han de parecerse a Cristo y si Cristo abrazó la Cruz, ellos han de saber también abrazarla. Neumann, llamado a un alto grado de santidad encuentra su vida sembrada de cruces; y una de las más pesadas le viene de parte de quienes él debe evangelizar. La mayor parte de esos evangelizados comprende los sacrificios de este celoso corazón sacerdotal que lo ha dejado todo para llegar al fin del mundo a buscar almas que salvar. Pero hay también muchos que le pagan con insolencias y malicias. Este santo responde con bondad y dulzura.

Retrato contemporáneo del Santo.

En una ocasión le dicen: “Nosotros pagamos Monseñor –así lo llamaban al sacerdote- y usted esta obligado, por tanto, a hacer lo que nosotros queramos”. Antes esta disposición de espíritu el padre Neumann se mantiene, en calma y no contesta nada y tal actitud no agrado a aquellos administradores laicos –en realidad intrusos- que habían preferido que el padre se hubiera querellado, y se decían unos a otros: “esa imperturbable grandeza de animo nos hiere mas y nos rebaja…”

En casi todas la parroquias suele haber individuos que aprovechando la confianza que les dispensa el párroco piensan hacerse mas simpáticos con él recogiendo todos los chismorreos que recorren la parroquia, y cuando no los hay los inventan. En el país es muy frecuente la calumnia pero el proceder del padre Neumann ante estas lenguas que destilaban veneno, era sacar su rosario a su vista y añadir inmediatamente: “Recitemos el Rosario y después continuaremos la conversación”. Y ahí mismo se ponía de rodillas y lo dirigía en voz alta.

En una oportunidad rogaba desde el púlpito al público tener presente que siempre estaba dispuesto a hacer y recibir visitas siempre que fueran necesarias y les rogaba que suprimieran las que fueran de pura cortesía por que robaban el tiempo tan necesario al sacerdote tan reclamado por sus deberes de estado.

Para salvaguardar la libertad del ministerio sacerdotal y su necesaria neutralidad en medio de su grey, y aún poniendo en peligro una de sus módicas entradas, avisa a la feligresía que quienes deseen ayudarlo con alimentos o pecuniariamente los depositen en la parte exterior de la casa parroquial sin necesidad de presentarse personalmente, añadiendo que no necesita saber quién ha hecho el bien pues a todos agradece y encomienda a Dios diariamente. Tanta dignidad y desinterés provocó habladurías entre la gente que no comprendía su noble proceder.

Visitando la población de Williamsville paga su alojamiento en casa de un burgués de la villa. Un rival de éste se come de envidia y resuelve vengarse del Misionero manchando su reputación. Había en la casa donde se hospedó una sirvienta joven, y ésta fue la disculpa para la calumnia; primero echa a correr el infundio en voz baja y no tarda en llegar la calumnia a oídos de todos y hasta la población de Búffalo. Esto desorienta a los hombres más prudentes de la población que reunidos en senado resuelven que deberán irse de la parroquia la sirvienta o el Misionero. Esta resolución se le comunica al padre Neumann. Cuando el se presenta a la reunión, pide que le enteren del problema que se agita, y se lo explican; el rompe a reír con una sonrisa tan franca e inocente que el calumniador queda confundido ante todos que le muestran su desprecio por su mal proceder. Y entonces es el mismo Neumann quien lo disculpa y hace lo posible por salvar su honor. Más tarde siendo obispo no pasa jamás por Williamsville sin interesarse por él y su familia.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Un día se le presenta un parroquiano ofreciéndole una custodia para la iglesia del distrito a condición de que el templo sea dedicado a su santo patrono. El Padre le hace saber que ya esta dedicada con consentimiento y unanimidad de la mayoría de los feligreses. Entonces este impertinente pide que su custodia sea usada en la Festividad del Corpus. “Acepto,– dice el P. Neumann- pero con la condición de que sea donada generosamente a la Iglesia”. El otro no consintió, y cada uno se quedo con su parecer. Pasando más tarde, el sacerdote frente a su casa le arrojó barro y les echó a sus perros. El padre Neumann se “venga” de él manifestándole un aprecio especial, y una vez hecho obispo siempre que pasa por allá pregunta por él y por su familia, expresando que son muy buenos amigos suyos… (Continuará)

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista, Cap. 20, Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann, Ricardo Baztán, Artigraf. Buenos Aires, 1977.

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San Juan Nepomuceno Neumann (I)

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Fotografía del Santo en su atuendo de obispo.

Parte I. Orígenes y vocación
Hay en el sudoeste de Bohemia, perteneciente entonces al Imperio Austriaco, un fértil valle rodeado de montañas siempre verdes, y en él se asienta la pequeña pero hermosa ciudad de Prachatitz que cuenta con doce siglos de existencia. Lo bello del paisaje y lo benigno del clima atraen hacia ella a miles de turistas.

Felipe Neumann natural de Baviera, se establece en ella en el año de 1802, instalando una pequeña fábrica de medias. Poco después se desposa con Inés Lebis, hija del lugar y profundamente cristiana. Bendijo el Señor este matrimonio con cuatro hijas y dos varones. Catalina, la mayor, se casa con Matías Berger, y viene a tener un hijo que abraza el estado religioso profesando en la Congregación del Santísimo Redentor; mas tarde habrá de ser el primer biógrafo de su tío, Juan Nepomuceno Neumann. Verónica a su vez se casa, también pero muere sin descendencia. Juana se hace religiosa de la Misericordia de San Carlos Borromeo, llegando a ocupar el puesto de Superiora General del Instituto. Luisa después de cerrar los ojos a su padre, entra en la misma congregación de su hermana, siguiendo sus pasos. Juan por edad, es el tercero de los hermanos, abraza el sacerdocio misionero en los Estados Unidos de Norteamérica, y después profesa en la Congregación del Santísimo Redentor que le ha ganado el corazón. Más tarde lo nombran Obispo de Filadelfia. Wenceslao es el último y estudia para maestro. Acompaña a Juan en sus correrías misioneras por Estados Unidos y logra, por fin, ser admitido en la Congregación Redentorista en calidad de hermano coadjutor.

Juan Nepomuceno Neumann nace el 28 de marzo de 1811 en Viernes Santo. Ese mismo día se le bautiza. Desde niño siente inclinación por los libros y le atrae la naturaleza en la que logra leer la sabiduría y la bondad de la Divina Providencia de Dios. Su ingreso en la escuela municipal de la población tiene lugar a sus siete años y a lo largo de los seis que estudia en ella saca notas excelentes. Reconocía el haber heredado de su padre el amor a la lectura, y en su casa de enorgullecía de poseer una excelente biblioteca familiar.

A los nueve años se le administra el Sacramento de la Confirmación y un año mas tarde, en gracia a su conocimiento de la Doctrina Cristiana y a su vida seria y responsable, es admitido a la Primera Comunión. A los once años comienza el estudio del latín y la botánica. Esta ultima le atrae de sobremanera y mas tarde le será útil para curar a enfermos en lugares desprovistos de médicos y de farmacéuticos.

Cumpliendo los doce años lo admiten en el Gimnasium que dirigen los Padres Escolapios en el que se dedica seis años al estudio de Humanidades. Corre el año de 1823 y en el mes de octubre ingresa en el Colegio de Budweis. Se ve obligado a vivir externo y de pupilo en una casa particular. Esta y otras circunstancias adversas le impiden dedicarse a atender un negocio, interviene su padre que lo saca de aquella casa y le consigue un lugar mas a propósito para terminar tranquilamente sus estudios, que sucede en 1829.

Vista de la ciudad de Prachatitz (Repúblicha Checa) desde el valle, patria natal del Santo.

Sigue estudiando dos años de Filosofía en el Instituto de los Monjes Cistercienses de Hohenfurt en Budweis. Estudia con gusto sin descuidar la biología, astronomía y botánica que tanto le apasionan. Curiosamente por estos días aprende a pulsar la guitarra y organiza un club de estudio entre sus compañeros interesados en las Ciencias Naturales. Se gradúa en el año 1831, cumplidos sus veinte años; y le llega momento de elegir carrera. El consejo de su madre lo inclina a llamar a las puertas del Seminario de Budweis, donde inicia los estudios para su carrera sacerdotal.

Juan tiene veinte años, vuelve al hogar con gran bagaje de ciencia adquirida y sobre todo de virtudes entre las que descuella su intacta inocencia. Cuatro años más de Teología lo conducen a las puertas del sacerdocio, objeto de sus aspiraciones. Al llegar a este punto de su carrera tiene fuertes tentaciones de dejarlo todo, y es que las autoridades diocesanas de Budweis han decidido que de los ochenta y tantos jóvenes que han terminado los estudios de Filosofía, solo veinte sean admitidos a iniciar los de Teología. Estos se escogerían entre quienes tengan mejor concepto de de inteligencia y vida cristiana y la condición de que sean presentados ante el Sr. Obispo por una sólida recomendación de un alto personaje. Esta última condición extraña y absurda la rechaza Neumann por considerarla cortesana y mundana.

Enterado su padre de este gran inconveniente, se siente dispuesto a enviarlo a estudiar Medicina en la Universidad de Praga. Su madre está dispuesta a impedir que su hijo renuncie a su acariciado ideal que es el llamado de Dios, y le aconseja con estas palabras: “Dirige una súplica al Sr. Obispo y pon este tu ideal en la manos de Dios, y lo demás se hará solo…” Obedece Juan y recibe de inmediato la respuesta deseada. Desde entonces no sueña sino en prepararse al sacerdocio y renuncia sin dolor a las ciencias profanas para las que se sentía con muchas condiciones.

Detalle del rostro del Santo en un lienzo inspirado en su fotografía original.

Brillante estudiante en el Seminario, le gusta especialmente las Sagradas Escrituras en las que es aventajado. Aprende italiano, francés y acomete el aprendizaje de español y domina perfectamente el checo. (Más tarde siendo misionero le servirá el dominio de estas lenguas en su apostolado misionero).

Al iniciar su segundo año de Teología, Dios le hace sentir fuertemente su vocación misionera. El abad Korner, profesor de hebreo y Sagrada Escritura es un gran admirador de San Pablo y con su entusiasmo por el gran Apóstol contagia a sus alumnos a los que alienta a ser apóstoles misioneros. Con mayor razón, llegan a manos de los seminaristas revistas americanas que resaltan la necesidad de apóstoles para aquellas tierras, y así prende en varios seminaristas el fuego de las misiones. Juan está ya seguro de que Dios lo llama más allá del océano, y América se muestra a sus ojos como lugar inculto, y lleno de peligros, en el que abundarán las privaciones y hasta la posibilidad del martirio.

Neumann redobla ante la vida que le espera, la oración, el dominio de sí mismo, la aplicación al estudio y la lectura sobre la Misiones en América. Recibe revistas de los Padres Redentoristas de Estados Unidos en las que dan cuenta de sus trabajos apostólicos y lamentan la escasez de operarios para tan inmenso campo de almas como el que les ofrece. Por esta época empieza a leer las Obras de S. Alfonso María de Ligorio. Para edificación y aprovechamiento espiritual de sus compatriotas traduce del italiano la obrita “Camino de la Salvación”, del Santo. También lee directamente en el idioma original las obras de Santa Teresa de Jesús y las Cartas Apostólicas de San Francisco Javier.

En el año de 1831 se traslada al Seminario Mayor de Praga para sus estudios teológicos. Y concluidos a entera satisfacción, consigue permiso para matricularse en la Universidad de su patria. Posee un gran talento y una inteligencia penetrante, unida a una formación reciamente cristiana. Por ello descubre de inmediato que sus profesores tienen tendencias hacia el Josefinismo y el Galicanismo. Eso le mueve a componer valientemente una tesis defendiendo la Infalibilidad Pontificia. (El Galicanismo fue una doctrina errónea de la Iglesia Francesa publicada en una Declaración de 1682, que ponía limitaciones serias a la Autoridad Papal. El Josefinismo propiciaba la intervención del Estado para la supervisión de la Iglesia, cosa que ya practicaba el emperador José II en Austria, por lo que recibió su nombre.)

Neumann no ha descuidado entre tanto el estudio de las lenguas. Por esta época ya estaba familiarizado con el latín, el griego, el francés, el alemán, además del checo y ahora se estaba dedicándose a perfeccionar su inglés, italiano y español.

Estampa devocional del Santo, revestido de su atuendo episcopal.

Hay muchos testimonios de sus amigos sobre sus años de estancía en el Seminario de Praga. “Desde que conoce su vocación misionera -declara uno,- procura practicar una verdadera humildad y una gran dulzura, a la vez que vive el espíritu de la Cruz, su fe lo lleva a una autentica vivencia cristiana pero sin ninguna afectación. Frecuenta mucho la Iglesia, y hasta pasa largas horas en oración ante el Santísimo Sacramento de rodillas. Observa escrupulosamente el reglamento del Seminario, su conducta es la misma ante los superiores o en su ausencia, se distingue por su gran obediencia…” Otro testigo declara: “A partir del instante en que se confirma en su vocación de misionero abraza una manera de vivir muy dura. El alimento en el Seminario es bastante malo a veces, todos murmuran y se quejan, menos Neumann, que aún llega a compartir su ración durante temporadas con un estudiante pobre. Fidelísimo a la meditación diaria. A veces dedica la noche entera a la oración, sobre todo en vísperas de comulgar”.

Otro amigo refiere que en el año de 1835 llego a Praga un lugarteniente imperial para averiguar si entre los alumnos de aquel seminario había alguno que conociera idiomas para poder ocupar el puesto de secretario en una embajada extraordinaria e importante. Todos los seminaristas pusieron los ojos en Neumann como el único capaz de ocupar aquel puesto; pero él no solo no da ningún paso para obtener aquel puesto tan honroso y lucrativo, sino que todavía se siente contrariado, y el lugarteniente tiene que irse de Praga para buscar en otra parte. “Yo, -dice el testigo- asombrado por aquella reserva inexplicable para mí, que conocía sus conocimientos en idiomas, le pregunté que a que fin había aprendido tantos, y él sonriéndose me contesto –¿Tu, qué sospechas sobre esto?- Yo le dije : Sin duda quieres ser Misionero en el Nuevo Mundo… Se extrañó de mi respuesta y me pidió que le guardara el secreto hasta tanto conseguía el permiso de sus padres, y que le ayudara con mis oraciones a conseguir que se lo permitieran.”

Por combatir las ideas galicanas y josefistas, queda aislado del Seminario. Los profesores lo ignoran; el Rector se muestra frío, reservado y casi desdeñoso. Neumann no puede abrirse a un hombre que rechaza los enfoques de los escritos de San Alfonso y San Pedro Canisio. Con esto se apena y hasta llega a creerse culpable de irreverencia al Superior legítimo que le representa a Dios. Tampoco quiere manifestar a nadie su angustia por temor de ofender al superior. Pero los enfoques falsos del Rector terminan por alejarlo más de él cada día.

Teca con una reliquia ex-ossibus del Santo.

Neumann ruega al Señor por este guía ciego, y le pide que le de un Director que lo ayude a salir de este dédalo de dudas y angustias. En su diario nos cuenta que el Señor lo fortalecía en su interior y le daba la fuerza para vivir su cruz con generosidad. Cosa esencial para adelantar en el amor a Dios es la pureza de conciencia y el horror a cualquier falta deliberada. Diariamente tomaba él mismo cuenta de sus acciones, palabras, pensamientos y hasta de sus tendencias e inclinaciones. A sus ojos, las menores deficiencias en materia leve eran merecedoras de duras penitencias. El pecado más difícil de evitar completamente es el de la lengua. El pide a Dios el arte de hablar sin ofender a nadie, y la sabiduría para refrenar su lengua. Aborrece la mentira y la falsedad. El arrepentimiento perfecto, fruto del amor a Dios, sabemos que borra los pecados. El lo sentía y buscaba en la Confesión la reparación con mucha frecuencia. A ello añadía de cuenta propia austeridades y la aceptación alegre de las pruebas interiores que le seguirán atormentando hasta su muerte.

A imitación de San Pablo, San Alfonso, San Pablo de la Cruz… siente un gran amor a la persona de Cristo, y es por eso que visita con suma frecuencia a Jesús Eucaristía(Continuará)

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista. Cap. 20, Julio de 2000, San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann. Ricardo Baztán, Artigraf. Buenos Aires, 1977.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es