Beatos Juan de Perugia y Pedro de Saxoferrato, franciscanos mártires

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Imágenes en madera policromada de los Santos, veneradas en Teruel (España).

Cerca del Tíber, en el centro de la península itálica y en la capital de la región de Umbría, nació el Beato Juan de Perugia. De las cumbres de los Apeninos, en cambio, procedía Pedro de Saxoferrato. Los dos se unieron a los franciscanos ya en edad avanzada y fueron formados por el propio San Francisco.

Juan y Pedro llegaron a Teruel en su labor evangelizadora en el año 1220. Estos frailes menores habían sido enviados por el Seráfico Padre al Reino de Aragón para predicar la fe católica ya que este era el trayecto que les había de conducir a la España ocupada por los árabes y cuyo punto más próximo era Valencia. De esa misión formaban parte un grupo de la Orden que fueron martirizados en Marruecos y Juan y Pedro que lo fueron en Valencia.

Ellos mismos eligieron la ciudad de Teruel para una predicación que destacaba por su porte humilde y caritativo que les granjeó el afecto de todo el pueblo. Su llegada a Teruel se recuerda de extrema humildad pues se dirigieron al hospital de leprosos para atender a los enfermos. Con la oración, la predicación y la caridad recorrían ciudades y villas para visitar sobre todo los hospitales. En el interior del actual claustro de los Franciscanos en Teruel existe un pozo obra de los beatos, que es lo único de estos mártires que ha llegado hasta nosotros. En la ermita de San Bartolomé alzaron un púlpito donde solían dirigir la palabra de Dios a los fieles y que había de ser el primer altar que recibiría sus cuerpos, rescatados después de su martirio y devueltos a Teruel.

Pero nos dice la historia que llegaron a Valencia en el año 1228 en tiempos del último rey moro de aquel Reino árabe, el célebre moro Zeit Abu Zeit.  Es posible que, cuando llegaron a la ciudad del Turia los beatos Juan y Pedro, la intolerancia con los cristianos se encontrara en un momento álgido. En ese contexto entraron en Valencia para predicar con ardor y valentía la fe de Cristo. Con estas, fueron detenidos y llevados a la presencia del rey Zeit, que les interrogó sobre la causa de su venida a Valencia y los encerró intentando atraerles a la ley musulmana.

Relicario de los Beatos presente en la catedral de Valencia (España) desde el año 1714.

Como esto fue en vano padecieron distintas torturas atados a un ciprés del Palacio del rey que más tarde sería el Convento de San Francisco. Después del horrendo castigo, los beatos no se amilanaron y persistieron en la predicación. El día 29 de agosto de 1228, el rey pronunció la sentencia de decapitación en lugar público, siendo este la plaza de la Higuera o de la Higuereta, junto a la antigua iglesia de Santa Tecla, actual plaza de la Reina. Hincadas las rodillas en el suelo y después de haber pronunciado unas palabras proféticas referentes a la conversión del tirano Zeit, los beatos Juan y Pedro fueron decapitados.

Los cristianos de Valencia se hicieron cargo de los cuerpos y de las cabezas separadas de los santos mártires que fueron depositados en la iglesia del Santo Sepulcro, después iglesia de San Bartolomé, enclavada dentro del barrio cristiano, hasta su posterior traslado a Teruel. Como hemos apuntado, el martirio de los beatos fue profético pues el rey  Zeit fue bautizado en 1233, arrepentido de su fechoría, y cambió su nombre por el de Vicent Devís. Ayudó a don Jaime en la reconquista de Valencia, y éste le concedió la Señoría de Villahermosa, donde gobernó hasta su muerte en 1247.

Por la comunicación que había entre Teruel y Valencia a través de los mercaderes que iban y venían por sus negocios, se divulgó en Teruel la noticia del martirio de los beatos. Estando el rey don Jaime en Teruel, pidió los cuerpos de los mártires al nuevo gobernador árabe de la ciudad, llamado Zayán o “rey lobo”, como precio del rescate de unos nobles moros de Morella prisioneros del monarca aragonés cuando aquella ciudad fue recuperada en 1231. Este los entregó a unos mercaderes cristianos que comerciaban entre Valencia y Teruel para su traslado.

El recibimiento de los sagrados cuerpos se cree que fue apoteósico ya que, al acercarse la comitiva que traía los sagrados despojos, se prepararon por orden del Rey todos los habitantes de la ciudad para recibirlos con solemne procesión. Como dice el proceso de beatificación, el propio rey don Jaime, que presidía esta fastuosa manifestación, recibió las santas reliquias en sus propias manos, llevándolas hasta la ermita de San Bartolomé, con las dos celdas que, adosadas al ábside, habían construido ellos mismos.

Reliquias de los mártires conservadas en Teruel (España).

Entre los años 1392 y 1401 se levanta en su honor el actual templo de San Francisco. En esta Iglesia tienen su altar los Beatos Mártires, en el que también pueden venerarse sus sagradas reliquias. No fue hasta el año 1705 en que son beatificados por el Papa Clemente XI y la ciudad de Teruel los proclama copatrones en el año 1735 por los muchos favores recibidos. La devoción popular turolense y valenciana los invoca con el titulo de santos y cada año los celebra.

La relación sobre el martirio de estos frailes franciscanos se encuentra en el Acta Sanctorum donde se reproduce su historia según la narró san Antonino de Florencia. En la Analecta Franciscana está impresa una narración más antigua que la anterior sobre el martirio de estos beatos.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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