San Juan el Ruso, confesor ortodoxo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del rostro del Santo en un icono ortodoxo griego de su iglesia de Halkis, Eubea (Grecia).

Nació en una localidad ucraniana difícil de precisar alrededor del año 1690, en el seno de una familia de campesinos cristianos ortodoxos. En los años de su infancia tuvo que soportar las traumáticas reformas que llevó a cabo Pedro el Grande y las guerras de Rusia con Suecia y Turquía, las cuales determinaron el alistamiento de innumerables campesinos rusos y ucranianos.

Juan, con solo veinte años de edad, fue llamado en el año 1710 para que combatiera contra Turquía y participó en la infeliz campaña de Prut, en el curso de la cual fue capturado y vendido como esclavo a un rico oficial turco que vivía en Prokopion, en la Capadocia. Como esclavo cristiano sufrió numerosos maltratos y el odio y el desprecio por parte de los turcos así como incesantes tentativas de su dueño para que se convirtiera a la religión musulmana, pero él no cedió ni a las lisonjas ni a las amenazas.

El dueño respondía amenazándolo: fue torturado, apaleado con estacas, le quemaron los cabellos y el cuero cabelludo con una sartén e incluso lo tiraron al estiércol de la cuadra de los animales. El soportaba las torturas con fortaleza y alegría diciendo como San Pablo: “¿Quién me puede separar de mi amor por Cristo? Ninguna tribulación, ni angustia, ni persecución, ni desnudez, ni el cautiverio”. “Tengo la creencia, la fe y el amor de mi Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de mi Dios y ningún sufrimiento me va a separar de su amor”.

Ante esto, e interrogado de nuevo por su amo, él le respondió: “Si me respetas mi fe yo te serviré fielmente, pero si me sigues forzando a la apostasía, tendrás mi vida pero no mi fidelidad. Yo soy cristiano y como tal moriré”. A partir de ahí, el dueño no insistió en sus tentativas y lo dejó tranquilo.
Desde ese momento, Juan vivió en una gruta cuidando el ganado de su dueño y llevando una vida de ermitaño. Vivía en la más absoluta de las pobrezas porque compartía su escasa comida y ropas con todos aquellos que recurrían a él, dedicándose asimismo a consolar a los débiles y a cuidar a los enfermos. Esa humildad y entrega impresionó profundamente al resto de los esclavos de la casa e incluso a su dueño.

Así, consiguió que le dejaran frecuentar la iglesia ortodoxa de San Jorge, cercana a Prokopion y en ella se pasaba las noches enteras en oración volviendo sin falta a su trabajo a la mañana siguiente. En esta difícil situación, se esforzaba en vivir intensamente su fe ortodoxa, rezando, ayunando y acercándose a la Santa Comunión.

Sepulcro del Santo en su iglesia de Halkis, Eubea (Grecia).

Se cuenta que un día, yendo a la hora de la comida a la casa de su dueño que se encontraba de peregrinación a la Meca, oyó a una mujer lamentarse por el hecho de no haber podido probar su plato favorito hecho con arroz y que había sido servido aquel día; él solicitó a su dueña un plato de aquella comida y esta se lo dio convencida de que serviría para darle de comer a cualquier pobre. Cuando el dueño volvió de su peregrinación contó que un día se encontró en su habitación un plato con el escudo de su casa y con aquella comida que era su favorita. Ante esto, la sorpresa de la familia fue inmensa y proclamó ante todos sus vecinos que en efecto, Juan era un hombre de Dios.

El dueño le solicitó que abandonase el cuidado de sus animales y se fuera a vivir junto a él en la casa, pero Juan no quiso abandonar su gruta y su forma de vida, sin rechazar ningún trabajo, rezando y ayunando.
Al poco tiempo, sintiéndose enfermo y pensando que se acercaba la hora de su muerte, llamó a un sacerdote ortodoxo, para que en secreto a fin de evitar la profanación por parte de algunos turcos, le trajera la Comunión y así, murió el día 27 de mayo del año 1730 con cuarenta años de edad.

Detalle del rostro incorrupto del Santo. Iglesia del Santo en Halkis, Eubea (Grecia).

Amargado por la muerte de Juan, su dueño entregó su cuerpo al sacerdote que lo había asistido en sus últimos momentos y se le realizó un solemne funeral al que asistieron todos los cristianos de aquella región, siendo sepultado en el cementerio greco-ortodoxo local. Tres años más tarde, se le apareció en sueños al mencionado sacerdote diciéndole que era voluntad de Dios que exhumara su cuerpo y lo sepultase en la iglesia. Lo exhumaron y lo encontraron incorrupto, como podemos comprobar en las fotos que acompañan al artículo, y en la iglesia de San Jorge fue sepultado. Sin embargo, en el año 1832, el Pachá turco Chatkeral Oglou Osman saqueó la iglesia y pretendió quemar las reliquias del santo, pero finalmente no se atrevió y lo dejaron intacto, en parte por miedo y en parte por veneración.
Desde entonces se le han atribuido numerosos milagros y no solo por parte de los ortodoxos, sino por los armenios, los musulmanes turcos e incluso por algunos protestantes.

En el año 1845 sus reliquias fueron llevadas a la iglesia de San Basilio y en el año 1898, a una iglesia a él consagrada por el propio patriarca de Constantinopla. Finalmente, en el año 1929, los cristianos de Prokopion, obligados a abandonar Turquía se llevaron las reliquias del santo a Halkis, en Eubea (Grecia). En esto fue determinante el trabajo de Panagiotis Papadopoulus, quién con su dinero, fletó una nave, el “Destounis Basil”, en la que junto a las reliquias del santo, trasladó a más de ochocientos compatriotas griegos. En Eubea, en el año 1951 se terminó de construir una nueva iglesia en su honor, iglesia que es meta de peregrinación de todos los cristianos ortodoxos griegos y del resto de países vecinos.

Detalle de los pies incorruptos del Santo. Iglesia del Santo en Halkis, Eubea (Grecia).

Nació en Ucrania, vivió en Turquía y está sepultado y venerado en Grecia. Aunque la Iglesia Ortodoxa lo conmemora el día 27 de mayo, nosotros escribimos sobre él en el día de hoy, dos meses antes, ya que ese día 27 de mayo, nosotros celebramos la festividad de Pentecostés.

Antonio Barrero

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