San Juan de Sahagún (o de San Facundo), fraile agustino

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Cerámica votiva del Santo en Salamanca, España.

Nació en Sahagún (León) el día 24 de junio del año 1430, siendo hijo de Juan González Castrillo y Sancha Martínez. Su padre era militar y provenía de Sahagún mientras que su madre era originaria de Cea, ambas localidades pertenecientes a la provincia leonesa.
Su infancia y su adolescencia transcurrieron en el monasterio benedictino de su ciudad natal y en contacto con los monjes, decidió hacerse sacerdote.

Recibió las órdenes menores y para poderse pagar los estudios de teología aceptó del abad un beneficio en Cordonillos; la intención del abad fue atraerlo hacia la Orden pero él, aun disgustando a su padre -que veía que aquellas rentas venían muy bien para la economía familiar-, renunció a los pocos meses, ya que en conciencia no creía que debía aprovecharse de ellas; pues no tenía tiempo para atender las obras de apostolado que llevaban anexas dicho beneficio; consecuentemente debió abandonar los estudios por falta de recursos económicos. Las crónicas del propio monasterio benedictino hablan de las extraordinarias virtudes del joven estudiante.

El arzobispo de Burgos, Don Alfonso de Cartagena, aconsejado por un tío de Juan lo acogió en su palacio episcopal como mayordomo. En aquella ciudad mostró una conducta intachable y una santidad e inteligencia que hizo que el prelado lo tuviera en buenísima consideración y lo ordenara de sacerdote en el año 1453, haciéndolo además su capellán y otorgándole una canonjía en la catedral burgalesa. Se ganó al obispo y al resto de los canónigos y aun a los monjes benedictinos de Sahagún que seguían premiándole con otros beneficios. Pero Juan, por humildad y por modestia, renunció a todas estas prebendas e incluso a la canonjía. Al comunicarle su decisión al obispo, éste intentó hacerlo desistir, pero comprendiendo los motivos de Juan, lo aceptó como que así era la voluntad de Dios. Solo se quedó con la pequeña capellanía de Santa Gadea, que a duras penas cubría sus necesidades más básicas. Allí se dedicó a la oración y al apostolado de la predicación y el confesionario.

Cuando murió el arzobispo en el año 1456, Juan se marchó a la universidad de Salamanca con la intención de prepararse mejor para el ministerio de la predicación y en el año 1457 se matriculó en la cátedra de Cánones estudiando allí durante cuatro años y ejerciendo su ministerio sacerdotal en la iglesia de San Esteban. Fue escogido como predicador oficial de sus fiestas patronales por el colegio mayor de San Bartolomé e incluso se convirtió en el capellán del mencionado colegio, responsabilidad que ejerció durante tres años.

Vista de la capilla dedicada al Santo en la catedral de Burgos (España). En la predela del altar barroco se halla la urna con sus reliquias, bajo la imagen central.

Cuando finalizó sus estudios, dejó el colegio y desde ese momento, la vida de Juan quedó estrechamente unida a la historia de la ciudad de Salamanca donde había adquirida una extraordinaria fama de predicador. La ciudad se encontraba dividida por las discordias de dos familias rivales entre si, los Manzano y los Monroy, que a veces, incluso luchaban entre ellos produciéndose algún que otro crimen; además, la inmoralidad había alcanzado a todas las clases sociales.

Nombrado predicador oficial de la ciudad, Juan se convirtió en el apóstol de la reconciliación; dedicó esta etapa de su vida a fustigar los crímenes y la inmoralidad reprendiendo severamente los vicios del pueblo y de los nobles, al apostolado del confesionario y a la asistencia a los enfermos y a los más necesitados. Todos lo oían y trataban con respeto aun cuando les estaba reprendiendo, ya que veían en él a un santo providencial que había llegado a la ciudad como una bendición de Dios; pues incluso le acompañaba el don de hacer milagros. Uno de los milagros que le hizo más famoso fue la resurrección de una sobrina suya que había muerto y estaba a punto de ser enterrada con sólo siete años de edad.

También se cuenta que salvó de morir ahogado a un niño que había caído en un pozo; y que durante una de las fiestas de Salamanca detuvo a un toro bravo que se había fugado y que sembraba el pánico por las calles de la ciudad. Lo detuvo diciéndole “tente, necio” y la calle donde ocurrió este prodigio sigue llamándose “Tentenecio”.

Detalle del rostro del Santo en una escultura de Juan de Mesa y Velasco (1622-23). Convento de San Agustín, Córdoba (España).

La actividad apostólica de Juan se vio interrumpida por una grave enfermedad que lo tuvo inactivo cerca de un año. Cuando se curó, el pueblo volvíó a acudir a él buscando su ayuda, pero Juan decidió abandonar el mundo dedicándose plenamente al retiro y a la oración por lo que se hizo religioso del convento de San Agustín, que en aquellos momentos estaba en su mayor esplendor gracias a las reformas de la observancia llevadas a cabo por Fray Juan de Alarcón. Así, tomó el hábito agustino el día 18 de junio de 1463.

Pero en la ciudad se reanudaron las discordias, las rivalidades y las luchas y el pueblo volvió a pedir insistentemente su mediación y así, los superiores de Juan se vieron obligados a dejarle salir del convento para que retomara su actividad mediadora, cosa que hizo con más ardor que antes, predicando en todas las iglesias y plazas de la ciudad e incluso se atrevió a hacerlo dentro de los palacios de los mismos nobles en las ciudades de Ledesma y Alba de Tormes. Ante estas reprimendas del santo, los nobles lo expulsaron de sus palacios, lo despreciaron, insultaron e incluso lo amenazaron de muerte.

Después de doce años de actividad apostólica consiguió pacificar a los vecinos de Salamanca y en el año 1476 los nobles suscribieron un “pacto de perpetua concordia”, jurándose una eterna reconciliación cristiana entre ambas familias. De este pacto quedan como testimonio las actuales Casa y Plaza de la Concordia salmantinas.
Para el pueblo y para los nobles, Juan fue el símbolo de la paz y de la tranquilidad conseguida en la ciudad y por eso, en los capítulos provinciales de la Orden en los años 1473 y 1477, Juan fue elegido como prior del convento agustino de Salamanca. De su vida y de su actividad como prior llegó a escribir San Alonso Orozco.

En uno de sus sermones en la Cuaresma del año 1479 Juan llegó a profetizar su propia muerte y los frutos que después de su muerte seguiría produciendo su predicación y así, murió el día 11 de junio de ese mismo año, se cree que envenenado por una mujer a la que él le reprendió su forma de vida. Tenía cuarenta y nueve años de edad. La ciudad lloró desconsolada la muerte de quien consideraban que era su protector y su sepulcro se convirtió en meta de peregrinaciones. Esta devoción que Salamanca le tuvo se extendió por toda España.

Urna con las reliquias del Santo conservada en su capilla de la catedral de Burgos, España.

El rey de España, los obispos y los fieles solicitaron a Roma su canonización. El cardenal Antoniani dio su “placet” en el año 1600, siendo beatificado el 19 de junio del año 1601 por parte del Papa Clemente VIII. Fue canonizado por el Papa Alejandro VIII el día 16 de octubre de 1690. El Papa Benedicto XIII extendió su fiesta a toda la Iglesia mediante un decreto del 16 de noviembre del año 1729.

Las reliquias del santo se conservan actualmente en una urna de plata situada en el presbiterio de la catedral nueva de Salamanca y en otra urna en la capilla dedicada en su honor en la catedral de Burgos. Es el patrón de la ciudad de Salamanca y allí tiene dedicada una parroquia. Su casa natal en Sahagún se ha convertido en capilla y su fiesta se celebra hoy, día 12 de junio.

Antonio Barrero

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