San Juan el Nuevo de Suceava

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Icono ortodoxo rumano del Santo. Al fondo, la iglesia donde actualmente se veneran sus reliquias.

Vida
San Juan “el Nuevo” de Suceava había nacido alrededor del año 1300 en Trebisonda, siendo educado de acuerdo con el modelo cristiano en las virtudes de la fe. Siendo ya un hombre adulto, se dedicaba a actividades comerciales, sobre todo en las orillas del Mar Negro, y junto con el manejo de la mercancía compaginaba la predicación de la fe cristiana. Durante esos viajes, no solo hizo amigos, sino que también tuvo enemigos. Uno de ellos, llamado Reitz (que era de ascendencia germánica y que vivía en Viena) buscó algún tipo de argucia para vengarse de Juan. En un momento en el que ambos estaban en el puerto de Cetatea Albă (Ciudad Blanca), situado a la entrada del rio Dniester en el Mar Negro – entonces ocupado por los tártaros de Nogai – Reitz envió un mensaje al gobernador tártaro de la ciudad, según el cual, Juan deseaba aceptar la fe de los tártaros.

El Sinaxario no menciona que los tártaros fueran musulmanes y de acuerdo con el tropario o himno del santo, estos eran persas, es decir, seguidores de Zoroastro o adeptos a su religión astral. Yo prefiero creer que se trataba de la antigua religión de las tribus mongólicas, ya que el centro de la misma era el culto al cielo azul. De todos modos, al gobernador le agradó la idea del supuesto deseo de Juan y lo invitó a su corte. En santo, entonces se dió cuenta de lo que le iba a suceder si se negaba a cambiar su fe cristiana por la de los tártaros. A pesar de su muerte inminente, permaneció en la fe en Cristo y se dirigió al gobernador diciéndole: “Oh, gobernador poderoso, esas palabras que te han dicho sobre mí, son falsas y simples tentaciones. No quiero despreciar la bondad que me has mostrado, pero yo no puedo negar a Cristo, que es la Luz del mundo”. El gobernador se enojó y consideró las palabras de Juan como un insulto contra la fe de los tártaros, por lo que ordenó que Juan fuera sometido a terribles torturas.

Bajo las torturas, Juan se vio fortalecido en su fe y su rostro se volvió brillante, más de lo que es normal. Pasado algún tiempo, el gobernador le prometió que si se convertía, le enviaría un médico a fin de que lo curase de las heridas, pero Juan le respondió: “No me importa las heridas de mi cuerpo, pues a través de ellas, que son perecederas, deseo adquirir la incorrupción y solo el que persevere hasta el fin, se salvará”. La terquedad de Juan enfureció aun más al gobernador, que ordenó que “el infiel” fuese atado a la cola de un caballo y arrastrado por el pavimento de la ciudad. A pesar de sufrir terribles heridas, rezaba incesantemente a Dios, lo que originó que uno de los torturadores le cortase la cabeza con su espada.

Detalle de las diferentes torturas a las que fue sometido el Santo. Fresco ortodoxo rumano en la iglesia del Santo, Suceava (Rumanía).

El gobernador no permitió a los cristianos recoger el cuerpo de las calles para sepultarlo. Sin embargo, un tártaro de la ciudad tuvo una visión en la que algunos hombres vestidos con ornamentos dorados oficiaban el funeral de Juan. El creía que los sacerdotes cristianos habían desobedecido la orden del gobernador, por lo que tomó un arco y una flecha y trató de disparar, pero sus manos permanecieron atrapadas y solo quedaron libres después de que confesara qué pensaba hacer. Estos milagros causaron miedo en el jefe de la ciudad, por lo que permitió que los cristianos recogieran el cuerpo de Juan y lo enterrasen, según sus costumbres en el cementerio de la ciudad.
Parece ser que Reitz decidió excavar para profanar la tumba, o según algunos sinaxarios, quería coger el cuerpo santo del taumaturgo para llevarlo a su país, cosa que a mi me parece improbable, pero fuera por lo que fuera, fue descubierto por los cristianos de la ciudad, que de esta manera descubrieron que el cuerpo del nuevo mártir estaba incorrupto.

La veneración de las reliquias
La vida de San Juan el Nuevo no parece ser más espectacular que la de cualquier otro mártir, pero la historia de sus reliquias refleja toda la historia del Principado de Moldavia, que es la misma que la de los principados rumanos hermanos de Valaquia y Transilvania. Todos tenían una situación muy difícil en la Edad Media, que era un teatro de conflictos entre vecinos.

Las reliquias de San Juan permanecieron en una iglesia de Cetatea Albă durante setenta años, creciendo su popularidad entre los peregrinos en unos momentos en los que quienes gobernaban la ciudad eran los moldavos. A principios del siglo XV, el Voivoda Alexander el Bueno de Moldavia, tuvo conocimiento de los milagros que se realizaban en el ataúd. En ese período, Moldavia obtuvo de la sede de Constantinopla el derecho a organizarse como una Iglesia autónoma, teniendo como metropolita de la antigua Moldavia a José Muşat.

Sepulcro del Santo en su iglesia de Suceava, Rumanía.

A raíz de este cambio de la organización de la Iglesia, el Voivoda quería que la sede metropolitana estuviese en la capital, que en ese momento era Suceava, actualmente en el norte de Rumania. Así, el Voivoda Alexander ordenó que las reliquias del santo se llevaran a Suceava a fin de que creciera el prestigio de la ciudad. Esto sucedió en el año 1402, cuando el cortejo del Voivoda llevó en procesión las reliquias del santo pasando por un lugar llamado Poiana Vlădicăi, cerca de Iaşi. El cortejo acompañó los restos durante unos cien kilómetros hasta Suceava, donde permaneció en una iglesia llamada Mirăuţi hasta el año 1589, fecha en la que fueron trasladadas a la nueva catedral de Suceava, dedicada a San Jorge.

La tradición registra algunos milagros realizados por las reliquias de San Juan el Nuevo de Suceava. Uno de ellos es mencionado por San Pedro Movilă, el metropolita de Kiev. El día 2 de junio del 1622, Suceava estuvo amenazada de ser invadida por los tártaros y el pueblo se vio obligado a refugiarse en otras ciudades. En ese momento, los sacerdotes querían coger la urna de las reliquias y llevarlo a la fortaleza de Suceava, ya que la iglesia donde se encontraba estaba fuera de las murallas de la ciudad, pero no pudieron recogerlo. Una fuerte lluvia comenzó de repente y evitó que los tártaros cercasen a la ciudad.

Las reliquias permanecieron allí hasta el año 1686, cuando el ejército del rey Jan Sobieski de Polonia entró en Moldavia. Al ser vencido por los turcos, al retirarse, los polacos tomaron como rehén al metropolita San Dositeo y como éste tenía miedo de lo que pudieran hacer los turcos, se llevó las reliquias de San Juan el Nuevo a Jolkiew, donde el metropolita murió en el año 1693. Las reliquias estuvieron allí hasta el año 1783 cuando el obispo de Radauti, Dosoftei Herescu, logró llevarlas de vueltas a casa y las puso en la restaurada catedral de San Jorge. Su llegada fue posible porque en ese momento, la parte norte de Moldavia (Bucovina), la ciudad de Suceava y la parte sur de Polonia fueron incorporadas al Imperio Austriaco. Un nuevo asentamiento se llevó a cabo durante la Primera Guerra Mundial, cuando fueron llevados a Viena, a la capilla ortodoxa rumana, pero en el 1918 se trajeron de vuelta.

Procesión con el cuerpo del Santo en la ciudad de Suceava, Rumanía.

San Juan el Nuevo fue considerado durante muchos siglos como el protector de toda Moldavia, pero debido a los cambios políticos de Suceava, cuando fue ocupada por los austriacos, este protectorado se perdió poco a poco a favor de Santa Parasceve. Sus reliquias habían sido llevadas a Iaşi en el 1641, por el Voivoda Vasile Lupu, ya que era la nueva capital del país y su culto creció por lo que hoy en día, millones de peregrinos vienen a su santuario en el día de su festividad, el 12 de octubre. Ella es conocida ahora como “la protectora de Moldavia”.

San Juan el Nuevo en la iconografía
Las escenas de la Pasión de San Juan el Nuevo han sido representadas por los pintores en muchas iglesias de Moldavia. Su rostro aparece por primera vez en el atrio de la iglesia de Dobrovăţ, cerca de Iasi, en el año 1529. Unos años más tarde, en el 1546, su vida y martirio fueron representados en doce escenas en la pared sur de la iglesia del monasterio de Voronet, fundado por el Santo Voivoda Esteban III el Grande y escenas similares aparecen en las pinturas de la catedral de Roman. Por último, en el monasterio-iglesia Sucevita, aparecen catorce escenas de su vida y su pasión y también en los monasterios de Neamt y Secu.

Himno (Troparion) del Santo
“Tu has organizado tu vida en la tierra, trabajando caritativamente y orando incesantemente con lágrimas y sufriste tu pasión con valentía para reprender la falta de fe de los persas. Por eso te has hecho fuerte para la Iglesia y alabanza para los cristianos, Oh Juan, algunas veces te recordamos”.

Mitrut Popoiu

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