San Juan, eremita de Tufara

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Imagen del Santo venerada en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo de Tufara, Italia.

Introducción
El descubrimiento de un “personaje espiritual rico en interioridad” es un oasis de esperanza para la renovación espiritual. Poner los ojos en un santo eremita es preguntarse profundamente cómo vivir también en este tiempo una dimensión espiritual intensa. “La santidad es intimidad con Dios, es imitación de Cristo, pobre, casto, humilde; es amor a las almas sin reserva, es darse para el bien de ellas” (Presbiterorum Ordinis, 33). Acercarse a la vida de un monje santo es fascinarse por cómo él se hizo íntimo con Dios en la oración personal o coral, en la meditación de la Palabra y en el amor hacia al prójimo.

El Martirologio Romano, el 14 de noviembre, recuerda la memoria de un ermitaño de Fortore: “En el cenobio de Santa Maria de Gualdo Mazocca, cercano a Campobasso, el beato Juan de Tufara, eremita”. Así, Juan de Tufara es reconocido como “beato”, pero siempre ha sido venerado en el Valle di Fortore como “San Juan eremita de Tufara”.

Su vida fue redactada en la época de Juan el Venerable (+ 1203), prior de Santa Maria de Gualdo Mazocca, que encomendó esta tarea al monje Santiago. La obra, con el nombre de “Leyenda de Juan Romito” fue completada por el prior Benedicto (+ 1215).

Esta “Leyenda” es un documento importante para conocer la vida de este santo eremita y describe la solemne ceremonia de la “Elevatio et translatio corporis” dispuesta por el arzobispo Ruggero de Benevento, y continuada por el obispo de Volturara, ayudado por los obispos de Dragonara y de Montecorvino. La ceremonia se desarrolla el 28 de agosto del 1221. Esta ceremonia era una forma de proclamar y de reconocer la santidad por parte de los obispos locales y estuvo en uso en el primer milenio de la historia de la Iglesia, permaneciendo en hasta el 1234, cuando las canonizaciones fueron reservadas exclusivamente al Papa. Por esto se puede decir que el beato Juan de Tufara puede ser justamente llamado San Juan eremita de Tufara.

Capilla en la casa natal del Santo. Tufara, Italia.

Biografía
San Juan eremita nació en Tufara en el año 1084, siendo sus padres Mainardo y María, que no aparecen en la biografía del santo como cristianos piadosos. Desde su infancia, a pesar de que vivía en un ambiente indiferente y casi hostil, sintió la llamada del auténtico cristianismo, dándole a su vida una dirección decidida. Le encantaba practicar el oficio de sacristán en la iglesia de los santos Pedro y Pablo y esto enfureció a sus padres, contribuyendo a difundir chismes y calumnias. Los más envidiosos decían que Juan robaba las limosnas y comida destinadas a los pobres del lugar y los padres, informados de este incidente, un día decidieron ridiculizarlo mientras llevaba un cesto con los víveres para los pobres. Juan no dudó en obedecer sin vacilación, quedándose sus padres atónitos al ver que el cesto llevaba un lecho de rosas; esta fue una señal que el Señor concedió a su humilde servidor, al estilo que sucedió con otros santos, como por ejemplo, con Santa Isabel reina de Hungría.

Consciente de que era una carga para su familia, en el año 1103, decidió dejar su casa siguiendo el camino que el Señor le mostrara. Apenas tenía dieciocho años y estaba animado por el deseo de profundizar en su formación filosófica y teológica, por lo que se fue a París. En París, la vida mundana de la ciudad y el mundillo de los filósofos y gente docta, no respondieron a sus expectativas. Él amaba la perfecta soledad, la contemplación y el necesario silencio para escuchar la Palabra de Dios y por eso, decidió volver a Italia, inicialmente al Monte Sant’Angelo y posteriormente a Tufara, donde inició su camino de interioridad espiritual.

Busto-relicario del Santo venerado en la iglesia de San Bartolomé de Galdo, Italia.

Encontrando que sus padres habían muerto, vendió todo lo que tenía distribuyéndolo entre los pobres, abandonó su casa y recorriendo por última vez las calles de su Tufara natal, cruzó la puerta del castillo para dar su último adiós a todo aquello que lo ligaba a su tierra. Encontró a un pobre completamente desnudo con las manos extendidas hacia él. Juan lo miró atentamente, después se observó a sí mismo y sintiéndose avergonzado por encontrarse más rico que aquel pobre, se quitó las ropas que llevaba y vistió al pobre. Así, completamente desnudo, con pasos firmes, se marchó hacia la montaña donde llevó una vida solitaria y austera en chozas y en cuevas. Lleno del amor de Dios, renegó de si mismo, tomó su cruz, sujetó el cuerpo al espíritu y ayunó a veces semanas enteras. Sus días eran dedicados a la oración, a la meditación, a la contemplación, a la lectura de la Palabra de Dios y a la penitencia.

Un testimonio acreditado nos confirma que Juan de Tufara se encontró con San Firmiano, que era compatriota suyo y compañero de juventud y, quizás también en París, con el beato Esteban Corumano de Riccia. La mayor parte de su vida transcurrió en las grutas de Baselice en la región de Benevento. Allí, muchos hombres, atraidos por su ejemplo y deseosos de llevar una vida de contemplación y oración, decidieron unirse a él. Juan, al comprobar el fervor y la sinceridad de estas personas, dió origen a una forma de vida comunitaria. En el año 1156 dió paso a la construcción del monasterio de Santa Maria de Gualdo Mazocca en Foiano di Val Fortore (Benevento).

El 14 de noviembre del año 1179, con ochenta y seis años de edad, San Juan de Tufara, sufriendo una altísima fiebre y agotado, murió a las nueve de la mañana. Su cuerpo fue sepultado en un lugar oculto en el bosque de Mazocca.

Brazo-relicario del Santo venerado en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo de Tufara, Italia.

Como hemos dicho anteriormente, en el año 1221 tuvo lugar la “Elevatio et translatio corporis”, siendo puestos algunos huesos del santo ermitaño en el altar de la iglesia del monasterio. En esta ocasión, el brazo y la mandíbula de San Juan eremita fueron regalados respectivamente a los representantes de Tufara y de Foiano.

El resto de los huesos fueron puestos en un lugar secreto en la iglesia del monasterio y en el año 1541 fueron trasladados a la Iglesia Madre de San Bartolomeo in Galdo (Benevento). En 1658, fueron colocados en un busto de plata que es sacado procesionalmente durante las fiestas patronales, el 24 de agosto, junto con San Bartolomé apóstol.

La vida de este santo ermitaño está narrada en una bellísima puerta de bronce de la Iglesia Madre de San Bartolomeo in Galdo: en la puerta de la izquierda, la vida de San Bartolomé y en la de la derecha, la vida de San Juan eremita. El santo es venerado con gran solemnidad también en Tufara y en Foiano di Val Fortore.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia de los Santos) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Castellucci Donato – Il Monastero S. Maria de Gualdo Mazocca. Cenni storici – Tip. Circelli 2012
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2012
* Iatalese Antonio – S. Giovanni eremita da Tufara – Tipolitografia Lampo di Campobasso, 1991 (II edizione)
* Nava\Margiore – I fioretti del Beato Giovanni eremita da Tufara – Ed. Parrocchia di Baselice, 1994 – Tip. Spallone
* Sitio web di santibeati.it


O Rex Géntium,
Et desiderátus eárum,
Lapisque anguláris qui facis útraque unum:
Veni
Et salva hóminem,
Quem de limo formásti.
Oh Rey de las naciones,
Y esperado por los pueblos,
Piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo,
Ven
Y salva al hombre,
Que hiciste del barro de la tierra.

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