Santa Juana de Arco, Doncella de Orléans

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Iluminación de la Santa (1450-1500). Centre Historique d'Archives Nationales, París (Francia).

Iluminación de la Santa (1450-1500). Centre Historique d’Archives Nationales, París (Francia).

Es difícil condensar en un solo artículo la reseña de una figura como Juana de Arco (Jehanne d’Arc), Doncella de Orleans, heroína de la Guerra de los Cien Años, virgen y mártir. La mayoría de los manuales generales de Historia Medieval apenas le dedican unas breves líneas o incluso ninguna, porque la mayoría de los medievalistas coinciden en afirmar que su papel no fue tan trascendental a nivel del conflicto histórico. Sin embargo, por sí misma resultó ser una persona extraordinaria, aunque quizá no en el sentido en que muchos la interpretan. Habiendo sido en extremo idealizada por la historiografía nacionalista del siglo XIX, impregnada de un denso chauvinismo, es difícil vislumbrar a la mujer detrás de la heroína, pero vamos a intentar hacerlo para “aterrizar” un poco desde las nubes en que muchos siguen viendo a esta joven sorprendente.

Una campesina de Lorena
Juana nació en Domrémy [1], villa de Lorena (Meuse), hoy en día francesa pero en aquellos tiempos independiente, el día 6 de enero de 1412, siendo una de los cinco hijos de unos simples campesinos, llamados Jacques Tarc (apellido que se transformaría en D’Arc, con el tiempo) e Ysabeau Romée. Creció como una muchacha campesina más, ayudando a la economía familiar tejiendo y sacando a pastar el rebaño de sus padres, como cualquier otra joven de campo. Era, como es propio de la clase campesina, analfabeta, nunca supo leer ni escribir; pero era hábil con las tareas domésticas y propias de mujer y además, se sentía orgullosa de ello: “Yo no sé ni A ni B, pero en lo que toca a las labores de aguja, no creo que haya mujer en Rouen que me pueda enseñar algo”, declararía después.

Tota vita prodigium visa est, “toda su vida parecía una maravilla”, dice el texto de la Bula de beatificación. Pero, en mi humilde opinión, nada parecía augurar su posterior grandeza, ya que en su infancia no se distinguió de las otras niñas de su edad y condición; salvo por una gran piedad, un verdadero amor a los pobres y una alegre voluntariedad. Como se verá después en sus manifestaciones y declaraciones, estaba muy influida por la espiritualidad franciscana, pues a la zona acudían muchos frailes y predicadores mendicantes con los que solía confesarse, asimismo, manifestaba una gran devoción al Nombre de Jesús, cuyo nombre gritó mientras moría. Sin embargo, su formación catequística era limitada: todo lo que sabía era el Pater Noster, el Ave Maria y el Credo, todo aprendido de su madre, y nada más. Era asidua a la comunión, el ayuno y la confesión especialmente, tan a menudo como podía. Esto le fue más que suficiente, como veremos.

Aparición de San Miguel Arcángel y las Santas Catalina de Alejandría y Margarita de Antioquía a Juana de Arco. Conjunto escultórico conmemorativo en Domrémy-la-Pucelle (Francia).

Aparición de San Miguel Arcángel y las Santas Catalina de Alejandría y Margarita de Antioquía a Juana de Arco. Conjunto escultórico conmemorativo en Domrémy-la-Pucelle (Francia).

La Guerra de los Cien Años
En aquella época, Francia atravesaba un largo conflicto bélico que ha pasado a los manuales de Historia como la Guerra de los Cien Años. Después de los éxitos militares de los ingleses, la alianza entre el rey Enrique V de Lancaster y el duque de Borgoña y el estado de decadencia en el que se encontraba la corte francesa – el rey Carlos VI estaba loco y la reina Isabel de Baviera llevaba una conducta pésima y sólo se preocupaba de asegurar la fortuna personal de su familia, lo cual era público y notorio-, con el Tratado de Troyes, firmado el 20 de mayo de 1420, se dispuso poner a disposición del rey de Inglaterra la corona del rey de Francia, mediante el matrimonio con Catalina de Francia, hija de Carlos VI, en detrimento del Delfín, legítimo heredero, futuro Carlos VII. Éste se había refugiado al sur del Loira, por lo que se burlaban de él llamándolo el “rey de Bourges”. Todas las regiones al norte de este río estaban realmente en manos de los anglo-borgoñones, a excepción de cuatro plazas fuertes: Mont-Saint-Michel, Tournai, Vaucouleurs y Orléans.El asedio de Orleáns se cerraría el 12 de octubre del 1428 por parte de los ingleses: todo el territorio abandonado durante quince años a las expoliaciones de la soldadesca, había llegado al colmo de la miseria, de los desórdenes y de la confusión: “era un barco sin timonel”, como fue descrito por un poeta de la época. Enrique V y posteriormente, Carlos VI murieron uno tras otro en el año 1422. Juan, duque de Bedford, hermano del rey de Inglaterra se había instalado en París y ejercía como regente en nombre de su sobrino, el pequeño Enrique VI. Contaba con el apoyo del duque de Borgoña, Felipe el Bueno, así como con el de la gran burguesía y el del ambiente universitario parisino, lo que contribuyó a justificar las pretensiones inglesas con la teoría de la “doble monarquía”: Francia e Inglaterra bajo la guía de la corona inglesa.

“Va, fille de Dieu, va!”
Es entonces cuando Juana de Arco entra en la historia. En las primeras semanas del año 1429, movida por una resolución interior y una fe admirable en sí misma, ella fue capaz de convencer al capitán de Vaucouleurs, Roberto de Baudricourt, para que le pusiera una escolta para presentarse ante el Delfín, que estaba en Chinon. Lo hizo valiéndose de argumentos convincentes de índole espiritual -ella tenía un mensaje divino que entregar al Delfín-, de lo contrario, hubiese sido muy difícil que un capitán militar prestase oídos a una joven campesina. Llegó a esta ciudad después de cabalgar durante once días, probablemente el 23 de febrero, aunque algunos hablan del 6 de marzo. La tarde del día 25 de febrero fue recibida por el Delfín, al cual le relató que, con sólo trece años de edad, oyó las “voces” de San Miguel, Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita de Antioquía [2], quienes le revelaron “de parte del Rey del Cielo” que ella tendría la misión de liberar el reino de Francia, que estaba bajo el poder de Inglaterra; y de hacer que su rey fuera consagrado como tal, interpelándola de esta manera: “Va, fille de Dieu, je te sera aide, va!” (“Ve, hija de Dios, yo te ayudaré, ve”).

Juana de Arco reconoce al Delfín, quien se había camuflado entre los cortesanos para probar que era enviada de Dios. Pintura historicista del siglo XIX.

Juana de Arco reconoce al Delfín, quien se había camuflado entre los cortesanos para probar que era enviada de Dios. Pintura historicista del siglo XIX.

Naturalmente, el Delfín no podía aceptar sin más aquella versión, por lo que, posteriormente, la hizo “examinar” en Poitiers por unos prelados y doctores que habían permanecido fieles a su causa. Este examen duró tres semanas y, desgraciadamente, desconocemos el texto de su dictamen, excepto que las conclusiones eran favorables a Juana, tal y como se transcribieron posteriormente en el proceso de rehabilitación. Una parte de dicho examen, sin embargo, consistió en comprobar la virginidad de Juana, de la cual ella siempre se sintió muy orgullosa. Era propio de la idiosincrasia del momento el creer que, si ella había mentido al declararse virgen, o si no lo era sin más, seguramente sería una impostora, blasfema y rea de muerte. Pero no sólo se comprobó que su virginidad estaba intacta, sino que además respondió correcta y hábilmente a todas las cuestiones que se le plantearon, dando primera muestra de su gran inteligencia y talento para la lid dialéctica, algo del todo extraordinario en una campesina. Este proceso, la lid dialéctica y un segundo examen de su virginidad, se daría posteriormente en su juicio y condena.

La Pucelle
Juana era libre de actuar y, con su sola presencia, hizo factible las relaciones entre el rey y la corte, que hasta el momento prácticamente habían sido inexistentes. Se organizó un ejército con el que Juana, el día 29 de abril, penetró en Orleáns y después de dos batallas victoriosas, levantó el asedio el 8 de mayo. Esto le mereció el título de Pucelle d’Orléans (la Doncella de Orléans), mote honorífico a su gran victoria. Desde allí, avanzó directamente hasta Reims, en pleno centro anglo-borgoñón, consiguiendo Juana una victoria espléndida en Patay el 18 de junio. El Delfín fue consagrado rey el 17 de julio, en la catedral de Reims, al igual que lo habían sido todos sus predecesores, siendo ungido con el óleo santo de San Remigio, quien desde los tiempos de Clodoveo había servido para ungir a todos los reyes francos. Esta consagración, objetivo de Juana, lo hizo aparecer ante todos como el legítimo rey, por lo que logró unir en torno a él aun a los más reticentes.

Coronación del rey Carlos VII en Reims. Óleo historicista de Jules Eugène Lenepveu (1889). Panteón de París, Francia.

Coronación del rey Carlos VII en Reims. Óleo historicista de Jules Eugène Lenepveu (1889). Panteón de París, Francia.

Desafortunadamente, Carlos VII, mal aconsejado, intentó seguir su propia política y obstaculizó la acción de Juana, quien, después de un revés sufrido en París, donde fue herida por un flechazo en el hombro; y también después de algunas acciones militares insignificantes, se vio obligada a claudicar, no reemprendiendo la lucha salvo por propia iniciativa, como cuando en la primavera del 1430 fue a socorrer a Compiègne, que estaba asediada por los borgoñones. Y es allí, durante una salida, cuando fue hecha prisionera la tarde del 23 de mayo, por parte de un borgoñón del séquito de Juan de Luxemburgo. Éste la tuvo prisionera en las fortalezas de Beaulieu-les-Fontaines, posteriormente en Beaurevoir, decidiendo venderla a los ingleses en Arrás, por la cantidad de diez mil escudos, en el mes de diciembre del año 1430. Carlos VII no hizo mención de interesarse por su rescate: a todas luces, y conseguida ya la coronación y algunas victorias, la presencia de la Doncella empezaba a resultarle incómoda y, de repente, la idea de deberle su corona a una campesina vestida con armadura ya no resultaba tan tolerable.

Juana ya había intentado escapar de su anterior prisión, saltando por la ventana, pero lo único que consiguió fue romperse una pierna y ser reprendida por sus voces -en concreto por la de Santa Catalina-, que le vaticinaron su martirio. Enferma y convaleciente, fue encerrada en el castillo de Rouen, donde quedó a merced de sus enemigos, quienes no sólo pretendían acabar con una rival a la que se la temía “más que a un ejército”, sino, fundamentalmente, desacreditar al rey que le debía a ella su corona. Para ello, los ingleses, secundados activamente por los universitarios de París, decidieron someterla a un proceso por herejía, proceso que sería dirigido por Pierre Cauchon, ex rector de la Universidad, que había sido nombrado obispo de Beauvais, después de firmarse el Tratado de Troyes, en el cual éste había intervenido a favor de los ingleses.

El proceso de Juana de Arco
A Juana de Arco se la conoce mucho mejor leyendo su proceso que atendiendo a sus victorias militares. Fue un proceso político camuflado como proceso eclesiástico, complejísimo, lleno de irregularidades y de injusticias, que se desarrolló en tres fases: proceso de instrucción del 9 de enero al 26 de marzo de 1431, en el que los interrogatorios comenzaron el 21 de febrero; proceso ordinario que terminó con una sesión pública en el cementerio de Saint-Ouen, en el curso de la cual, Juana fue obligada a un simulacro de abjuración el 24 de mayo y, finalmente, el proceso como recaída “relapsa” realizado el día 28 de mayo, con el argumento de que Juana había llevado puesta ropa de hombre. El obispo Cauchon, no habiendo podido probar la acusación de herejía durante los más estrictos interrogatorios a los que Juana fue sometida, llegó a acusarla de que llevando Juana esa vestimenta, se había hecho insumisa a la Iglesia, ya que utilizaba esa vestimenta como símbolo claro y patente de insumisión (para la idiosincrasia de la época era inconcebible que una mujer llevase ropas de hombre, cosa que en realidad ella hacía para llevar su misión más cómodamente y resguardar su virginidad, no provocando deseo). Esta tercera parte del proceso terminó el miércoles 30 de mayo con el suplicio al que fue sometida Juana: fue quemada viva en la plaza del Mercado Viejo, ante una gran multitud, como ejemplo y escarmiento ante los demás.

Juana de Arco, enferma, es interrogada en su celda por el cardenal de Winchester. Óleo de Paul Delaroche (1824), Museo de Bellas Artes de Rouen, Francia.

Juana de Arco, enferma, es interrogada en su celda por el cardenal de Winchester. Óleo de Paul Delaroche (1824), Museo de Bellas Artes de Rouen, Francia.

Un componente de vejación fue añadido a esta ya de por sí terrible muerte: se esperó a que sus ropas se quemaran para apagar las llamas y mostrar a la multitud su cuerpo desnudo, de modo que no quedara duda, para nadie, de que se trataba de una mujer que había osado vestirse de hombre. Luego fue quemada hasta las cenizas, que fueron arrojadas al Sena y se perdieron. Ya hemos hablado en otros artículos sobre la patente falsedad de algunas pretendidas reliquias de esta Santa. No se conserva más que su temblorosa firma, ejecutada en su proceso de abjuración, siendo conducida su mano por un escribano ya que, recordemos, ella no sabía escribir.

Es una lástima que, debido a las restricciones de espacio en este artículo, yo no pueda entrar en los pormenores de los interrogatorios, para lo cual recomiendo la bibliografía citada al pie del artículo. Sólo remarcar que Juana, como antes ante la corte del Delfín, dejó estupefactos a los jueces por su gran memoria y capacidad de respuesta y argumentación, algo impensable en una campesina analfabeta. Le repetían constantemente las mismas preguntas y la enredaban con argumentaciones complejas con la intención de cansarla, confundirla y hacer que se contradijese, pero ella tenía una gran habilidad para tomar nota mental de lo que ya le había sido preguntado y no consentía este juego, por lo que apenas percibía que querían enredarla, enseguida respondía: “Passez outre (pasad a otra cuestión)”, “Pero si ya he respondido a eso antes… leed lo ya escrito…” “Ya os respondí ayer. Me estáis presionando demasiado”.

Su templanza y fortaleza ante el angustioso proceso inquisitorial dejaba perplejos a sus jueces. Incluso mostró un inmenso valor cuando, ante su resistencia a revelar ciertos detalles de sus voces y visiones que ella consideraba exclusivamente destinadas al rey y a nadie más, se la amenazó con la tortura y se le enseñaron los instrumentos a los que podían someterla; a la vista de la rueda de cuchillas, ella exclamó: “No diré nada que no deba decir, ni aunque me arranquéis todos los miembros del cuerpo; y aun cuando lo hiciese, diría después que fue la tortura quien habló, no yo”. Debido a las discrepancias entre los jueces acerca de si sería apropiado torturarla, se sometió el asunto a votación y finalmente prevaleció la opinión que se oponía a la tortura, por lo que Juana no llegó a sufrir más tormento que el de la muerte en la hoguera.

Juana de Arco, condenada a muerte y transportada en carro a su pira en Rouen.

Juana de Arco, condenada a muerte y transportada en carro a su pira en Rouen.

Pero aún más, las palabras de Juana que nos son reveladas en los dos procesos, atestiguan su profunda sencillez y humildad, así como destacan su espiritualidad abandonada enteramente a la acción de Dios: “Si no fuera por la gracia de Dios, yo no sabría nada” “Yo no he hecho nada que no me haya sido ordenado por Dios o por sus ángeles” “Place a Dios realizar estas cosas a través de una simple niña”. Éstas son algunas de sus palabras y en esta acción divina ella pone una fe inquebrantable, siendo su lema favorito: “No tendré dudas”. Y con muy pocas palabras, deja en claro la división entre la acción divina y la acción temporal, respondiendo que si Dios había querido librar al pueblo de Francia, no necesitaba de gente armada: “En el nombre de Dios las armas combaten, pero sólo Dios dará la victoria”. Este tipo de argumentos ella también los esgrimía contra las acusaciones de adorar o haber hecho adorar objetos inanimados como su espada o su estandarte, que en más de una ocasión ella habría besado o dado a besar a algunos de sus seguidores. Esta acción, que se pretendió malinterpretar para acusarla de idolatría, la desmintió asegurando que la veneración no era dada a los objetos, sino a Dios. Con todo, afirmó respecto a su estandarte, una bandera con los nombres JESUS-MARIE bordados en ella: “Él cargó el peso, él llevó el honor”, para no vanagloriarse personalmente de sus triunfos, sino depositarlos en Jesús y en María. Preguntada de nuevo sobre el tema: “¿Vuestra esperanza de victoria está fundamentada sobre vuestro estandarte y sobre vuestra espada?”, ella respondió tajantemente: “Está fundada en Nuestro Señor y en nadie más”.

Esta claridad de ideas de que ella hacía gala y que enmudecían a quienes la conocían, marcó una impronta propia a todas sus respuestas, así como a su propia personalidad, que brillaba en unos tiempos marcados por una confusión total. Ella, serena y tranquila, frustró todas las insidias que le tendieron: “¿Dios odia a los ingleses?” A lo que ella respondió: “Del odio o del amor que Dios tiene a los ingleses, yo no sé nada; lo que yo sé es que serán expulsados de Francia”. Preguntada acerca de si las mártires Catalina y Margarita odiaban a los ingleses, su respuesta fue: “Ellas aman lo que Nuestro Señor ama, y odian lo que Dios odia”. Preguntada acerca de si marchó a Francia para combatir en busca de gloria y honor personal, su respuesta también fue tajante: “Preferiría haber sido torturada antes que dirigirme a Francia sin el permiso de Dios”.

Juana de Arco, quemada en la hoguera. Detalle de una vidriera del siglo XIX en la iglesia de Nôtre Dame des Vertus, Aubervilliers (Francia).

Juana de Arco, quemada en la hoguera. Detalle de una vidriera del siglo XIX en la iglesia de Nôtre Dame des Vertus, Aubervilliers (Francia).

Y sobre todo la sublime respuesta a la pregunta: “¿Os sentís en estado de gracia?” Pregunta peligrosa, porque de afirmarse en estado de gracia de forma rotunda, podía ser acusada de blasfema. Pero nuevamente ella responde con gran habilidad y simultánea sinceridad: “Si no estuviera en ella, ruego a Dios que me ponga en ella y en ella me conserve, porque yo sería la mujer más dolorida del mundo, si supiese que no estoy en la gracia de Dios”.

Virgen y mártir
Un aspecto muy particular a comentar es la visión, generalmente producida por las concepciones belicistas medievales, pero también por la historiografía nacionalista del siglo XIX, es ver a Juana de Arco como una especie de virgen guerrera, como una mujer-caballero hábil en el manejo de la espada, en la dirección de un ejército y en el combate a caballo. Nada más lejos de la realidad: Juana fue, como mucho, una humilde campesina a la que se le puso una armadura, ella fue la mente, no la mano. No sabía ni de estrategias de combate ni de manejo de armas, cosa que dejó a sus asesores y acompañantes. Su vida transcurrió en continua oración: aun en el momento del combate, ella portaba el estandarte en sus manos “para evitar que alguien muriese al llevarlo; además, yo no he matado nunca a nadie”. Su espada jamás se tiñó de sangre, y ya hemos visto que negaba un odio personal, o divino, hacia los ingleses. Sus motivaciones nada tenían que ver con el belicismo o el deseo de gloria personal. Todo lo hizo siguiendo los dictámenes de sus voces, de las que siempre se negó a hablar y apenas describió, contradiciéndose en ocasiones ya que, realmente, no quería hablar de ello por temor a cometer perjurio.

Muchas veces la vieron apartarse a un lugar solitario para sumirse en oración. Durante su juicio, ella declara, hablando de esa voz sobrenatural a la que llama “para que me asesore. No hay día alguno en el que no me asesore”. Estas confidencias nos hacen pensar que siempre tenía un coloquio familiar con alguien muy cercano, al que tenía siempre presente y por eso declara a uno de los que la estaban interrogando: “Yo no siento miedo de estar equivocada, sino de decir cosas que desagraden a mis voces, y sé siempre lo que debo responder”. Su último deseo fue recibir el Cuerpo de Cristo, que se le negó constantemente hasta caer en amenazas los sacerdotes que se compadecían de ella y le traían la Comunión, ser oída en confesión; y tener durante su suplicio una cruz delante de sus ojos. Sus últimas palabras fueron un grito hacia su único amor: “¡Jesús, Jesús, Jesús!”, repitiendo este nombre más de seis veces y gritándolo con todas sus fuerzas.

"Firma" de la Santa en su proceso de abjuración, en su versión original: JEHANNE (Juana).

“Firma” de la Santa en su proceso de abjuración, en su versión original: JEHANNE (Juana).

El sello definitivo de esta vida consagrada en medio del mundo fue el voto de virginidad que ella realizó cuando tuvo sus primeras revelaciones. Ella se hacía llamar Jehanne la Pucelle “Juana, la Doncella” (doncella no sólo en cuanto a virgen, sino también en cuanto a mujer joven) y con este nombre la llamaban quienes la conocían. Fue una virginidad heroicamente conservada en medio de los ejércitos de la época -era admirada y deseada por algunos de sus oficiales, que sin embargo jamás la tocaron-, en continuos desórdenes e incluso en la prisión, donde estuvo expuesta a los ultrajes por parte de los carceleros ingleses. Durante su proceso, ella quiso ser custodiada por mujeres en la prisión del arzobispado, en vez de serlo por hombres, en la prisión del castillo; pero esto no le fue concedido más que cuando aceptó despojarse temporalmente de sus ropas masculinas, que volvió a adoptar en cuanto sintió que estaba traicionando a sus voces. Hay una contradicción en este aspecto; puesto que, aunque generalmente se asume que Juana murió virgen, sufrió intentos de violación en la cárcel y llegó a quejarse amargamente de que un milord inglés la había forzado. En cambio, cuando supo que iba a ser quemada viva, sí se vino abajo por vez primera y rompió a llorar, lamentándose de que “mi cuerpo limpio y entero, que jamás fue corrompido, sea hoy consumido y convertido en cenizas. Prefiero ser decapitada siete veces antes que ser quemada”. En cualquier caso, este tema de la virginidad es, a mi entender, secundario, comparado con el sacrificio de su vida en defensa de sus ideas y su espiritualidad; pero no cabe que para ella era algo crucial, de primer orden.[4]

De hereje relapsa a heroína y Santa
Por más que algunos historiadores la vean como una “niña” cuya participación en el conflicto fue irrelevante, lo cierto es que el impulso que ella había dado a la reconquista del reino fue irreversible y, en vano, los ingleses intentaron recuperar su prestigio, haciendo consagrar como rey de Francia, en la catedral de Notre Dame de París, al pequeño rey Enrique VI, el día 16 de diciembre de 1431. Cuando después del Tratado de Arrás, que ponía fin a la alianza anglo-borgoñona (1435) y la liberación de París (1436), Carlos VII hizo su entrada en la reconquistada ciudad de Rouen (1449), una de sus primeras preocupaciones fue ordenar una investigación para aclarar las circunstancias exactas del proceso y de la muerte de Juana (¡a la que él, sin embargo, no había tratado de rescatar!). Este hecho fue el preludio de una investigación eclesiástica, que iba a ser llevada a cabo por el gran inquisidor francés Juan Bréhal y por el legado pontificio Guillermo de Estouteville, entre el 2 y el 8 de mayo del año 1452 y que tendría que realizarse sobre la base de los documentos y demás disposiciones encontradas, que fueron asimismo sometidas a consulta a los teólogos y a los canonistas.

Francia está poblada, tanto en sus plazas como en sus templos, de imágenes de Juana de Arco, todas reproduciendo el arquetipo de heroína de guerra y salvadora de Francia.

Francia está poblada, tanto en sus plazas como en sus templos, de imágenes de Juana de Arco, todas reproduciendo el arquetipo de heroína de guerra y salvadora de Francia. Ésta, en concreto, se encuentra en Jargeau.

Con un rescripto fechado el 11 de junio del 1455, el Papa Calixto III, ordenó la apertura del proceso de rehabilitación, que comenzó el 7 de noviembre del mismo año y que fue presidido por los obispos Juan Juvenal de Ursins de Reims, Guillermo Chartier de París y Ricardo de Longueil de Coutances. Después de la comparecencia e interrogatorio de ciento quince testigos de Domremy, Rouen, París y Orleáns, decidieron el 7 de julio de 1456, en la gran sala del arzobispado de Rouen, la solemne rehabilitación de Juana. Su madre, Ysabeau Romée, moriría dos años más tarde, el 28 de noviembre del 1458, viendo rehabilitada a su hija.

Los dos procesos, de los cuales tenemos de cada uno de ellos, tres manuscritos autentificados por notarios (que se encuentran en la Biblioteca de la Asamblea Nacional de París), a causa de su status legal, son muy diversos en cuanto a documentos de orden hagiográfico en general y representan una fuente de primer orden para el estudio, no sólo de los sucesos, sino incluso de la propia personalidad de Juana y del carácter de su espiritualidad. No debería sorprendernos que, aunque no fueran publicados ni traducidos hasta finales del siglo XIX, Juana haya participado en mayor o menos medida en el desprecio hacia su tiempo (“tiempos góticos”, tiempos de barbarie), desprecio característico del período clásico renacentista hacia el medievo. Pero sin embargo, pese al espontáneo fervor popular que ella suscitaba, especialmente en Orleáns, donde desde el año 1429 hasta el día de hoy, es conmemorada el día 8 de mayo, junto con la festividad de la liberación de la ciudad, Juana no fue elevada a los altares hasta el siglo XX. Fue declarada venerable en el 1904, beatificada el 18 de abril de 1909 y finalmente canonizada el 9 de mayo del año 1920. Su fiesta se celebra mañana, 30 de mayo.

Está inscrita en el Martirologio Romano en este día, 30 de mayo y el 13 de mayo de 1944, el Papa Pío XII la proclamó patrona secundaria de Francia, donde el día de su fiesta es fiesta nacional. El conjunto de todos estos textos e incluso la Misa compuesta en su honor, están influenciados por el prestigio de sus proezas guerreras; en ella se ha visto a la Santa de la Patria. La Bula de beatificación, promulgada en los tiempos en los que el anticlericalismo reinaba en Francia, dice que en el momento en el que “se invoca a la patria para atacar a la religión, el ejemplo de Juana puede dar a su país la fortaleza de la fe”. Está fuera de toda duda que la actividad de Santa Juana de Arco ha tenido un significado histórico que ha superado incluso la restitución del reino a su legítimo rey, que era en realidad el fin inmediato de su misión. Pero desde mi visión personal, esto tiene mucho que ver con la deformación nacionalista a la que se ha sometido a la Santa, que recordemos, no era francesa, sino lorenesa, y que además no consideraba a Francia su patria, sino un país extranjero al que fue enviada por una misión. Así lo manifestó al Delfín en Chinon: “Por amor de Dios yo he dejado mi patria y he venido a este país de Francia […]”. La instrumentalización a que ha sido sometida Juana, una campesina profundamente espiritual convertida en una especie de guerrera nacionalista, ha empañado la figura de una joven tan piadosa como fascinante. En palabras del prestigioso medievalista Georges Duby, “raros fueron los que pensaron en Francia que Juana era una bruja – lo que no era de ninguna de las maneras […] numerosas declaraciones aportaban lo necesario para convertirla en una beata – lo que tampoco era. Pero finalmente así ocurrió gracias a las manifestaciones fervorosas, a los recuerdos abiertos o camuflados y a la iconografía malsana”. En cualquier caso una figura extraordinaria, que superó las barreras que su época imponía a su sexo, a su condición y a su espiritualidad.

Hasta día de hoy, Juana de Arco sigue siendo una figura referente con un simbolismo heroico muy particular. Cartel americano de la II Guerra Mundial.

Hasta día de hoy, Juana de Arco sigue siendo una figura referente con un simbolismo heroico muy particular. Cartel americano de la II Guerra Mundial.

La Universidad de París, que se arrogaba un verdadero derecho de control sobre los asuntos pontificios y cuyos miembros, en el concilio de Basilea, fueron los más activos en el apoyo al último antipapa de la historia, Félix V, se vio desacreditada por su participación en el proceso contra Juana. Asimismo, la separación de los dos reinos de Francia e Inglaterra, preservó a Francia del cisma provocado por Enrique VIII en el siglo siguiente y que fue el origen de la Iglesia Anglicana.

La espiritualidad de Santa Juana se revela también admirablemente adaptada a nuestros tiempos, cuando sobre todo, después del siglo XVI, se vio nítidamente separada la vida profana de la vida mística. Ella encarnó la vida contemplativa en medio del mundo y aun en medio de las ocupaciones más profanas. Es, como dijo J. Daniélou, “la santa del tiempo, aquella que ha tenido vocación a la santidad en medio de un tumulto humano”.

Por desgracia no puedo extenderme más, ya que el artículo está resultando ya demasiado largo. Muchas cosas se pueden comentar todavía sobre esta Santa, que pueden llevar a un interesante debate ya que yo, irremediablemente, me quedo corta. Pero ante todo, destacar unas ideas fundamentales: en primer lugar, que no fue la princesa guerrera ni la heroína nacionalista que muchos han pretendido crear a lo largo de los siglos XIX-XX, ni un marimacho interesado en dar espadazos; sino una humilde campesina que, guiada por su luz interior, vistió una armadura y elevó un estandarte para tratar de cumplir una misión a la que se creía destinada. Una muchacha de apenas 18 años que, no sabiendo leer ni escribir, replicaba y debatía con sus jueces como un docto filósofo. Una cristiana de profunda fe y espiritualidad que guardó su virginidad con celo y afrontó la muerte más espantosa en defensa de sus ideas, y que, si bien quizá ella sola no llegó a cambiar el curso de la Historia, constituye una de las más sorprendentes y fascinantes mujeres de la Edad Media.

Meldelen

Bibliografía:
– DUBY, Georges y Andrée, “Los procesos de Juana de Arco”, Universidad de Granada, Divulgativa Collectanea Limitanea, Granada 2005.
– VVVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma.

Otros recursos recomendados:
Filmografía:
“La Passion de Jeanne d’Arc” (1928). Dirigida por Carl Theodor Dreyer.
“The Messenger: The Story of Joan of Arc” (1999). Dirigida por Luc Besson.

Música:
– Richard Einhorn, “Voices of Light” (1994). Vocales: Anonymous 4. Instrumental: Netherlands Radio Philarmonic Orchestra.


[1] Hoy en día llamada Domrémy-la-Pucelle, precisamente, en honor de la Santa.
[2] Esta fecha no es completamente segura, de hecho, Juana afirmó tener 19 años ante el tribunal, aunque es probable que no tuviese ni los 18. De todos modos, dicha fecha es la más aceptada.
[3] De la identidad de estos tres Santos, a los que Juana afirmó ver y oír, no cabe la menor duda. Interpelada por el tribunal sobre si veía al ángel mencionado, ella respondió: “Lo vi con mis propios ojos tan claramente como os veo ahora”, y respecto a las Santas: “Ya os he dicho muchas veces que son las Santas Catalina y Margarita, creedme si así lo deseáis […]”
[4] La conservación de la virginidad y el estar en gracia de Dios eran para ella tan cruciales, que, por citar un ejemplo, cuando el maestro Jean d’Estivet, uno de sus jueces, se prodigaba en insultarla, llamándola “puta”, “desvergonzada” y “excomulgada”, su malestar era tal que le subía la fiebre y caía enferma.

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La autenticidad de las reliquias de Santa Brígida y Santa Juana de Arco

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Detalle del rostro de Santa Brígida en una tabla gótica del siglo XV. Iglesia de Salem, Södermanland (Suecia).

Santa Brígida de Suecia
Según publicó Science Daily, el 17 de febrero del año 2010, el cráneo de Santa Brígida de Suecia que se conserva en la Abadía de Vadstena (Suecia), probablemente no es auténtico. Science Daily es una web que publica artículos científicos de actualidad, seleccionados a partir de los comunicados presentados por las universidades y otras instituciones de investigación. Un nuevo estudio realizado en la Universidad de Uppsala revela que los dos cráneos, que se creen de Santa Brígida y de su hija, Santa Catalina de Suecia, no pertenecen a dos personas que estén relacionadas por vía materna. Por otra parte, la datación realizada muestra que los cráneos no pertenecen al período en el que estas dos santas vivieron.

La parroquia de Vadstena asignó al grupo de investigación de la profesora Marie Allen del Departamento de Genética y Patología de la Universidad de Uppsala, la tarea de examinar el ADN de los dos cráneos, con el fin de confirmar el parentesco y la autenticidad. Para analizar los cráneos se utilizó un método sensible basado en el análisis del ADN mitocondrial de herencia materna. Este método hace que sea posible examinar cantidades muy pequeñas de ADN, y es a menudo un análisis exitoso de cualquier material aunque esté envejecido y degradado.

Aunque aun no hemos escrito sobre ella, cosa que haremos pronto, todos sabemos que Santa Brígida de Suecia vivió entre 1303 y 1373 y fue canonizada en el año 1391. En el año 1999, el beato Papa Juan Pablo II, la declaró como uno de los santos patronos de Europa.

Según la tradición, los cráneos de Santa Brígida y de su hija Santa Catalina (1331-1381) se han conservado en la Abadía de Vadstena, situadoa en el centro de Suecia. Santa Brígida fue famosa por sus revelaciones, profecías y peregrinaciones. Después de su muerte, sus restos fueron trasladados desde Roma a Vadstena, donde fueron colocados en una urna en el año 1381. A través de los años, pequeñas trozos de las reliquias fueron donados a diversas iglesias, monasterios, reyes y papas. Actualmente, el santuario de Vadstena contiene dos calaveras, así como veintitrés huesos. Entre ellos, un fémur que se atribuye a Santa Brígida. Un tercer cráneo que fue robado de Vadsrena en 1645, se encuentra ahora en una abadía en Holanda.

Vista de los presuntos cráneos de las Santas conservados en Vadstena, Suecia.

Un estudio antropológico y arqueológico de la década de 1950 llegó a la conclusión de que los dos cráneos que permanecen en Vadstena probablemente son de dos mujeres, de edades comprendidas entre 60-70 años y entre 50-55 años, respectivamente. Esto se corresponde bien con la teoría de que los cráneos podrían ser de Santa Brígida y de su hija.

Los científicos de Uppsala analizaron pequeñas piezas de los cráneos y concluyeron, mediante la realización de un análisis de ADN nuclear, que los dos cráneos son de sexo femenino. Por otra parte, una relación maternal puede excluirse mediante análisis de ADN mitocondrial. Hubo indicios de una diferencia en la preservación del ADN, lo que podría ser debido a la diferencia de edad entre los cráneos. El laboratorio del profesor Göran Possnert de la Universidad de Uppsala realizó pruebas adicionales, con la tecnología más avanzada de datación por radiocarbono (C-14). Los resultados también confirmaron los datos obtenidos por la realización del análisis de ADN nuclear.

Vista de la urna con las presuntas reliquias de las Santas. Abadía de Vadstena, Suecia.

Uno de los dos cráneos no puede atribuirse a Santa Brígida o a Santa Catalina, ya que pertenecen a un período de tiempo que va desde el 1470 al 1670. El otro está datado en una franja temporal del 1215 al 1270, por lo que si Santa Brígida vivió en el siglo XIV, tampoco puede ser suyo. Si la dieta de la santa hubiera sido exclusivamente de peces, estos podrían cambiar los resultados de la datación, pero según el profesor Göran Possnert, esto es muy poco probable, ya que lo lógico es que la dieta de la santa fuera variada.

Según las conclusiones de la profesora Marie Allen, los resultados de ambos métodos analíticos se apoyan mutuamente. Los análisis de ADN demuestran se hay que excluir la relación entre madre e hija y la datación por el método del radiocarbono da una diferencia de por lo menos doscientos años entre los dos cráneos. En consecuencia, como poco, hay que poner en entredicho la autenticidad de la reliquia.

Imagen de la Santa venerada en la catedral de Reims, Francia.

Santa Juana de Arco
Los análisis realizados a las denominadas “reliquias de Santa Juana de Arco”, fueron supervisadas por el arzobispo de Tours, quién determinó que no se tratan de restos carbonizados de una persona. Al contrario, estos restos óseos pertenecen a un hueso de un gato momificado y a una costilla humana, datadas entre los siglos VI y III antes de Cristo. Estas presuntas reliquias han tenido engañados durante decenios a numerosos fieles, pues al parecer huesos quemados, fueron atribuidos a Santa Juana de Arco (1412-1431), quién como se sabe murió quemada en la hoguera al ser declarada culpable de herejía.

Este amplio estudio fue realizado por un equipo pluridisciplinar compuesto por algunos médicos forenses, patólogos, genetistas, bioquímicos, un radiólogo, un zoólogo y un arqueólogo, cuyo resultado fue publicado por la revista Forensic Science Internacional y aceptado por la Iglesia. El frasco que contenía los huesos apareció por primera vez en el año 1867 en una farmacia y en su etiqueta se leía: “Estos son los restos encontrados bajo la pira de Juana de Arco, Doncella de Orleáns”.

En los análisis realizados a los restos del mencionado frasco se han utilizado diferentes técnicas, incluyéndose los análisis de ADN, microscopía, analítica química y datación por radiocarbono. Fue el equipo de investigación dirigido por el profesor Philippe Charlier, científico forense del Hospital Raymond Poincaré en Garches (Francia), quién determinó que el frasco contenía una costilla humana de aproximadamente cuatro pulgadas de largo cubierta de una capa de color negro. También se identificó parte de un fémur de un gato cubierto por el mismo revestimiento, tres fragmentos de carbón y un trozo textil de color parduzco, de la misma longitud que la costilla.

El profesor Charlier manifestó que algunos historiadores especularon entonces que un gato, tal vez simbolizando al demonio, fue arrojado a la pira funeraria de Juana de Arco, pero esto no pudo sostenerse porque mediante la datación del radiocarbono se pudo comprobar que estos restos son varios siglos anteriores a la muerte de la santa heroína francesa. El fragmento textil fue probablemente parte de la envoltura de la momia del gato, ya que la composición química de los recubrimientos fue comparable con la de los productos utilizados en el embalsamamiento por los antiguos egipcios. Este recubrimiento oscuro contenía una mezcla de betún, resinas de madera, yeso y otros productos químicos. Probablemente la resina fuera de pino, usada por los egipcios para embalsamar, porque también había trazas de polen de pino.

Vista de las ampollas que contenían las presuntas reliquias de las Santa (huesos y cenizas), que han resultado corresponder a la momia egipcia de un gato.

Los investigadores creen que los restos fueron almacenados por primera vez como una verdadera momia, pues en las farmacias medievales se usaban parte de estas como remedios medicinales; por ejemplo, una “compresa” para detener una hemorragia nasal, se hacía con restos de una momia y un jugo de hierbas medicinales.

Habría que preguntarse por qué existiría un cierto interés en fabricar una falsificación de restos de Santa Juana de Arco en pleno siglo XIX. Posiblemente este interés estuvo en algún político o facción política que para sus intereses quiso aprovecharse del legado de la santa. ¿O pudo tratarse de una broma por parte de algún estudiante de medicina o de farmacia? Fuera cual fuere la intención de quién lo hizo, la arqueóloga Anastasia Tsaliki, de la Universidad de Durham calificó a estos estudios como “un proyecto fascinante” porque permitía demostrar cómo la paleopatología se podía utilizar para dar información precisa sobre lo que se tiene como historia. Este frasco con los “presuntos” restos de Santa Juana de Arco, se conserva actualmente en el Museo de Arte e Historia en Chinón (Francia).

He querido en este pequeño artículo tratar sobre estos dos temas para demostrar que si se quiere, cuando hay dudas sobre la autenticidad de los restos de un santo, existen métodos científicos modernos como para determinarlo. Solo es necesario que la jerarquía eclesiástica correspondiente, así lo desee.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La canonización de Juana de Arco

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Escultura de la Santa en una plaza de la ciudad de Compiègne, Francia.

Pregunta: Estoy en una comunidad de 20 personas y entramos en la duda y controversia si Juana de Arco ya fue nombrada Santa y si es asi deseamos saber todas las causas y demas motivos por los cuales la nombraron asi. Podrían ayudarme a resolver esta duda mil gracias que Dios les Bendiga.

Respuesta: En primer lugar, sí, Juana de Arco es Santa. Fue canonizada el 16 de mayo de 1920 por el papa Benedicto XV. Pero para entender bien todo el proceso por el cual llegamos a este punto, es preciso remontarnos al momento de su condena y ejecución en la hoguera. Hablar de Juana de Arco es siempre complejo y polémico, puesto que ha sido un personaje muy manipulado de acuerdo a conveniencias políticas y nacionalistas, sobre todo durante el siglo XIX.

Juana de Arco fue condenada a muerte por herejía el 29 de mayo de 1431 por un tribunal jurídico y eclesiástico sito en el arzobispado de Rouen. Sus faltas habían sido la insumisión al tribunal de la Iglesia, el vestir ropas masculinas y llevar cabello corto, haberse declarado enviada de Dios y visionaria y oyente de voces celestiales; pero ante todo, el haber acaudillado las tropas francesas contra los ingleses en la guerra (algo que, naturalmente, no consta en acta pero que fue el motivo de mayor peso). Veintitrés años después de su quema en la hoguera, la familia de Juana solicitó al papado un proceso de rehabilitación para ella, que fue autorizado por el entonces pontífice Calixto III. Tras una serie de investigaciones que llevaron a declarar numerosos testigos presentes en el proceso (frailes, jueces, verdugos), al fin, el 7 de julio de 1456, Juana de Arco fue rehabilitada y se le levantó la excomunión. Había quedado demostrado de sobra que el proceso condenatorio había sido injusto, plagado de irregularidades y de abusos, de falsificaciones de actas, de interrogatorios malintencionados y otras muchas infamias. El odio y el interés puramente político del arzobispo de Rouen, Pierre Cauchon, de sus allegados y de los propios ingleses, habían conducido a la condena y ejecución de una joven que no sólo era inocente de cualquier acusación de brujería, sino que además estaba dotada de una profunda espiritualidad y una devoción intachable.

Nadie había creído nunca que Juana fuese bruja o hereje y desde ese momento se había formado en torno a ella un halo de santidad. El horror y la compasión de aquellos testigos que luego declararían en el proceso de rehabilitación y del pueblo que la vio morir en la hoguera ya estaban santificándola mucho antes de que se pensara en ningún proceso oficial de reconocimiento a su santidad. Fue el pueblo francés quien empezó a construir el mito de la Juana de Arco heroína, salvadora de Francia, enviada de Dios. Durante 500 años la figura de Juana fue cambiando y modelándose de acuerdo a las necesidades patrióticas del pueblo francés, construyendo lentamente una heroína nacional aureolada de santidad, que diera satisfacción a las necesidades patrióticas y espirituales de un país cuyo devenir histórico está presente en cualquier manual de Historia. En el siglo XIX, los obispos franceses, con Dupanloup a la cabeza, solicitaron al papa Pío IX que se canonizara a la Doncella. La petición fue denegada. En cambio, su sucesor, León XIII, aprobó que su causa fuera trasladada a la Congregación de Ritos. No fue hasta Pío X que el proceso culminó y por fin, el 18 de abril de 1909, Juana de Arco fue beatificada. El camino hasta la canonización fue ya muy corto, como podemos ver.

La Santa rezando en la iglesia de Sèvres. Óleo de Paul Hippolyte Flandrin.

Lo que resulta realmente controvertido son las causas de la canonización, que el papado, ciertamente incómodo, acabó por ofrecer a la Francia de 1920. A esas alturas poco quedaba ya de la Juana original, había nacido un mito, una heroína nacional y patriótica que había sido enviada por Dios para salvar a Francia contra la tiranía de Inglaterra. Los argumentos esgrimidos, ciertamente, son más políticos y nacionalistas que religiosos. La Juana de Arco que fue canonizada en 1920 es el resultado de todo un proceso que sería demasiado complejo de analizar aquí. Naturalmente, no es que no hubieran razones buenas para reconocer la excepcionalidad y la maravillosa espiritualidad de aquella campesina lorena (no francesa) que había logrado lo que ninguna mujer en su época. Juana era inteligente, buena cristiana y devota; y en cuanto a las visiones y las voces, realmente sólo ella sabía si eran verdaderas, porque ello es indemostrable, pero desde luego siempre actuó creyendo fervientemente en su papel como enviada de Dios. El problema es que, en mi opinión, se ha instrumentalizado a esta persona convirtiéndola en algo que no era: no hay más que verla en las estatuas ecuestres para convenir en que más que una santa, parece lo que realmente ha sido forzada a ser: un caudillo militar y patriótico, un jefe de guerra, un héroe de nación.

En fin, creo que la respuesta está quedando demasiado larga y en cualquier caso siempre será un tema controvertido. Las actas de canonización de Juana de Arco actualmente no están disponibles para consulta (que yo sepa), pero, se den las razones piadosas que se quieran dar para la canonización, la realidad del proceso es ésta, política y nacionalismo, más que piedad y devoción. No digo con esto que no debiese ser Santa, en absoluto; ni que la canonización no sea válida, que tampoco; ni que el papado entrara en ese juego político y nacionalista, ni mucho menos. Digo, en cambio, que la auténtica canonización ya tuvo lugar en 1431, en aquella hoguera de la plaza de Rouen, y en aquella sentencia de Jean Tressart, secretario del rey inglés, cuando observando cómo arrojaban las cenizas de Juana al Sena, comentó amargamente: “¿Qué hemos hecho? ¡Hemos quemado a una santa!”. En fin, que la proclamación de la santidad de Juana se adelantó varios siglos al mito de la heroína nacional, y al propio proceso de canonización.

Meldelen

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