Heresiología (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo que representa la parábola de Jesús sobre la oración del fariseo y la del publicano.

Icono ortodoxo que representa la parábola de Jesús sobre la oración del fariseo y la del publicano.

Judaizantes, Ebionitas y Nazarenos
En esta segunda entrega hablaré de una situación que perduró en gran parte de la historia del cristianismo primitivo y que, cómo no, se inició en su propia tierra de origen.

Introducción
Ningún historiador serio pone en duda que el cristianismo emergió y se mantuvo en sus primeros años como una rama o secta más del judaísmo, aunque debe aclararse que el mismo judaísmo vivió tres grandes separaciones, de las cuales deja constancia Flavio Josefo en su “Historia de los judíos”, escrita en Roma ya concluida la primera guerra judía contra el imperio. Fueron las siguientes:

Los fariseos, los puros –llamados en sentido despectivo- por su apego a las tradiciones y al cumplimiento estricto de la Ley oral y escrita, divididos en dos ramas internas: la Escuela de Hillel, más liberal y flexible, y la escuela de Shamaii, más rígida y conservadora, ambas contemporáneas de Jesús, aunque el mismo fariseísmo provenía desde los tiempos de los reyes asmoneos y se opusieron a la helenización del pueblo y de la religión.

Los saduceos, también conocidos como zadokitas en honor al Sumo Sacerdote Sadoq de la época del rey Salomón. Inicialmente fue una facción política, pero ganaron importancia religiosa en los tiempos de la persecución del rey seléucida Antíoco IV Epífanes, ya que protestaron contra la usurpación del cargo de Sumo Sacerdote por un favorito de este rey y que acabaron colaborando con los romanos para mantener sus privilegios. No fueron excesivamente numerosos pero sí influyentes –recordemos que Caifás fue un saduceo o compartía sus posturas, según consta en el libro de los Hechos de los Apóstoles- y su teología los enfrentó a los fariseos.

Los esenios, un grupo del cual se ha dicho mucho últimamente. Posiblemente fueron la primera influencia de Juan el Bautista debido a las similitudes entre su teología de la parusía y los ritos de ablución catártica o purificación. Se enfrentaron a los primeros por su materialismo y apego a la letra y no al espíritu de la Ley y denostaron el culto en el templo, aunque compartieron similitudes teológicas con los fariseos sobre la venida del Mesías, la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos, que los saduceos rechazaban en base a su apoyo en el Pentateuco escrito, sin interpretaciones ni profetas. Desaparecieron al finalizar el siglo I.

Las imprecaciones que Jesús hace en el Templo tras la curación del ciego de nacimiento van dirigidas a los dos primeros grupos, siendo los fariseos de Shamaii, junto con los saduceos y los escribas, los hipócritas, sepulcros blanqueados, etc. Éstos fueron los que, junto con los romanos, conspiraron para eliminar a Jesús por su influencia sobre el pueblo y el peligro de rebelión, que era lo único que importaba a los segundos y no las cuestiones religiosas. Y más adelante fueron los que trataron de detener la predicación de los apóstoles –en este caso, de Pedro y Juan; de los otros no se habla- e incluso llegaron a azotarlos y amenazarlos de muerte, pero la oportuna intervención del Rabino Gamaliel, maestro de Saulo-Pablo de Tarso, los salvó y puso en advertencia a sus colegas de no obstaculizar la obra de Dios.

Vista de un rollo con la Torá judía.

Vista de un rollo con la Torá judía.

Desarrollo
La pronta introducción de los paganos –griegos en su mayoría, por cultura, idioma o procedencia- comenzó a crear problemas entre los judíos conversos que aún consideraban sagradas las normas dictadas por Moisés. Recordemos que los apóstoles y los creyentes iban a orar al Templo de Jerusalén según consta en el final del Evangelio de Marcos y en los Hechos de los Apóstoles, y posteriormente se reunían en casas particulares (probablemente en la misma casa donde celebraron la Última Cena) para realizar la fracción del pan en recuerdo del Señor. La historia de Esteban es un perfecto ejemplo del choque entre comunidades y el entendimiento de estas del mensaje de salvación no sólo para los judíos, sino también para los paganos, y su desenlace trágico comprueba que el conflicto se solucionó más de una vez de modo poco edificante y sí muy vergonzoso para ambas comunidades.

Indirectamente, la muerte de Esteban aceleró la apertura del mensaje de salvación a los países de habla griega, pues éstos (los helenistas), tras su muerte, huyeron de Judea hacia Siria y en la capital, Antioquía, establecieron la primera comunidad fuera de Israel con judíos y llegaron incluso más lejos, estableciendo comunidades en Fenicia (actual Líbano) y Chipre; predicando inicialmente a los judíos y posteriormente a los paganos, siendo éstos los que entraron en mayor número a la iglesia. Ya por entonces se les llamó cristianos.

En este momento de la historia entró quien difundiría el mensaje por todo el mundo antiguo: Saulo. De Damasco (tras muchos peligros y peripecias) volvió a Jerusalén y pasó varios días con Pedro, siendo general el asombro de la comunidad. Pronto le asignaron sus primeras misiones y como él mismo relata en su carta a los Gálatas, Pedro, Santiago el hermano del Señor (líder de la comunidad de Jerusalén y alrededores) y Juan de Zebedeo, aprobaron su espíritu y le dieron libertad de acción. Previamente tenemos constancia del viaje de Pedro a Cesarea Marítima y su encuentro con el centurión Cornelio, hombre piadoso –quizá prosélito del judaísmo- y la conversión de éste y su familia al cristianismo. Ya por aquél entonces, los integrantes del consejo de la iglesia de Jerusalén cuestionan el actuar de Pedro y éste se defiende conciliadoramente y defiende el ingreso de los paganos a la par de los judíos, existiendo calma y asombro, por un tiempo.

La predicación de Pablo y Bernabé comenzó a rendir sus frutos; pronto se dirigieron a los paganos cuando sus connacionales comenzaron a rechazar e injuriar su predicación y exponerlos constantemente a peligros mortales. No obstante algunas sinagogas les permitían la entrada todos los sábados para predicar y comprobar mediante las escrituras que Jesús era el Mesías esperado para Israel. Tras Jerusalén, la segunda iglesia más importante fue Antioquía de Siria, ciudad más pagana que judía, pero de los judíos en su mayoría se eligieron a los ancianos para liderar a las comunidades. Teológicamente, por la influencia del helenismo filosófico, las prácticas judías fueron dejándose de lado, lo que sin duda llamó la atención de algunos integrantes de la iglesia jerosolimitana –fariseos convertidos- que comenzaron a predicar que, primeramente, debían circuncidarse los paganos y respetar al pie de la letra la Ley de Moisés, aspecto en lo que algunos no estaban de acuerdo, entre ellos Pablo –ya apóstol con todo derecho-, Bernabé, Pedro y seguramente los demás apóstoles, y Santiago el hermano del Señor.

Disputa de San Pedro y San Pablo en Antioquía, tras finalizar el concilio de Jerusalén. Óleo de  Rembradnt.

Disputa de San Pedro y San Pablo en Antioquía, tras finalizar el concilio de Jerusalén. Óleo de Rembradnt.

El “concilio” de Jerusalén. La Iglesia, ¿será judía?
A raíz de la controversia de los fariseos conversos –los primeros judaizantes, aunque no se les nombra de tal manera-, fue preciso tomar medidas para evitar confusiones y cismas. Los apóstoles –no se menciona quiénes ni cuántos, salvo Pedro y Juan, aunque este dato lo dice Pablo en su Carta a los Gálatas en el capítulo 2-, Santiago el hermano del Señor y los ancianos de ambas comunidades, se reunieron en Jerusalén para discutir y llegar a un acuerdo.

Los Hechos de los Apóstoles resumen que la discusión se resolvió a favor de no imponer un yugo imposible de llevar, “incluso para nuestros padres y nosotros mismos”, a los paganos conversos a Cristo, y sólo se impusieron como normas morales el abstenerse de comer sangre, la carne no desangrada, las relaciones sexuales prohibidas y la no asistencia a los banquetes en templos paganos, desautorizando a los perturbadores del orden evangélico. Cualquiera con un poco de conocimientos básicos del judaísmo se dará cuenta de que estas normas son las leyes de la santidad o pureza ritual, punto medular del judaísmo contra las cuales Jesús mismo luchó y combatió contra la hipocresía de los fariseos y saduceos. Para evitar rupturas, en este mismo concilio se permitió que Pablo, Silas y Bernabé predicaran a los paganos, mientras que Pedro y los demás predicarían a los judíos. Como veremos a continuación, el problema no finalizó con el “concilio”.

En el capítulo 2, versículos 11- 21 de la carta de Pablo a los Gálatas –ubiquémonos en el tiempo, estamos más o menos en el año 56 d.C. – Pablo relata lo inmediatamente sucedido tras el concilio en el año 49 d.C., que no resolvió del todo la controversia judaizante. Por aquél entonces Pedro llegó a Antioquía y Pablo le enfrentó por su doble comportamiento, primeramente al ir libremente con los paganos sin importarle su condición de judío, y cómo tras las murmuraciones de los allegados de Santiago, dio marcha atrás y se apartó de los paganos, actitud que contagió incluso a Bernabé el apóstol. Con toda justicia Pablo le reprende, aunque no menciona cómo se resolvió el problema “entre ambos”, en realidad entre comunidades, que persistió durante el primer siglo de la era actual.

Las cartas dirigidas a los gálatas, a los romanos, a los corintios y a los tesalonicenses reflejan claramente que el problema judaizante era general. Cada ciudad importante del imperio romano tenía una colonia judía y la prioridad de los misioneros era dirigirse a estas para hacerles partícipes de la venida del Mesías, de Jesús, el que predicaron los profetas y que llevó al cumplimiento toda la Ley sin derogarla, pero los intransigentes no los escucharon o si se hicieron bautizar, impusieron también las leyes de pureza propias del judaísmo más estricto y para evitarse problemas, se dirigieron a los paganos o prosélitos, con apenas derechos de admisión en la sinagoga, que mostraron mayor apertura al mensaje de salvación.

La cercana conclusión del libro de los Hechos revela que la presencia de Pablo en Jerusalén desató la alarma. La iglesia de esta ciudad era dirigida por Santiago y sus ancianos, sin duda fariseos y saduceos y gente común venida del judaísmo tradicional que aún respetaban el sábado, el ayuno ritual, las oraciones en el templo y quisieron conocer la congruencia de Pablo con sus tradiciones –que él mismo recalca en la mayoría de sus epístolas, pero ante Cristo las considera nada, niñerías sin autoridad ante la madre (metáfora de la comparación entre Agar y Sara)- y le hacen acudir al Templo para purificarse él y sus compañeros –griegos- y así acallar los rumores de su apostasía. Pero esto tuvo un efecto contrario y entonces los judíos lo acusaron de profanar el templo introduciendo paganos –no circuncidados – delito tal, que se castigaba con la muerte (lapidación). Pero la rápida intervención de los guardias romanos impidió el linchamiento y aceleró los acontecimientos narrados por Lucas en su libro, describiendo finalmente el encuentro de Pablo con los judíos de Roma y su disposición a escucharlos con calma –sus dirigentes no recibieron ningún informe de Jerusalén sobre Pablo- y tras una breve mención de su relativa libertad termina. No así la controversia, que quedó reflejada en todas las cartas paulinas y en la epístola de Santiago, al final conciliador entre ambas tendencias.

Fotografía del Muro de las Lamentaciones en Jerusalén (Israel), con rabinos ortodoxos rezando.

Fotografía del Muro de las Lamentaciones en Jerusalén (Israel), con rabinos ortodoxos rezando.

El artículo se ha vuelto muy largo y si sigo, no acabo. En otro momento retomaré el tema. Por ahora basta explicar la herejía del ebionismo. De la palabra hebrea-aramea ebionim cuyo significado es “pobre”, no se aplicaron a sí mismos este nombre, sino que les fue impuesto despectivamente por Epifanio de Salamis, Ireneo de Lyon y Orígenes de Alejandría. Su doctrina aceptaba la humanidad de Jesús y su papel mesiánico, pero negaban su divinidad y aceptaba la Ley de Moisés como todavía válida y obligatoria, rechazando a Pablo de Tarso. Vivieron al margen de los cristianos “helénicos” y se aislaron tras la destrucción de Jerusalén. Según Jerónimo de Estridón usaban una versión del evangelio de Mateo en hebreo, y sólo éste, asemejándose al gnosticismo.

En cambio, los nazarenos fueron cristianos ortodoxos, herederos de la iglesia de Jerusalén, que si bien respetaban y cumplían las normas mosaicas, creían en la divinidad de Cristo y en el evangelio. Estos descendientes, por circunstancias políticas y el aislamiento geográfico, no participaron de las controversias cristológicas posteriores y se fusionaron con los cristianos griegos durante el dominio bizantino en el siglo V.

Para concluir, se denominan judaizantes a todos aquellos individuos sobre los que se sospechaba que en secreto practicaban los ritos de la religión de Moisés tras el bautismo –muchas veces bajo coacción, como por ejemplo tras la reconquista española-. Para cerrar el tema, tomo la opinión del abogado y filósofo peruano David Efraín Misari Torpoco que dice que, por algunas de sus prácticas, los adventistas del séptimo día son judaizantes. Del lado ortodoxo, la iglesia copta etíope es heredera del judaísmo.

Alejandro

Bibliografía:
– ÁLVAREZ VALDÉS, Ariel, “¿Cómo murió San Pablo?”, El blog de Xavier Pikaza, Periodista Digital.
– Biblia Latinoamericana.
– FLAVIO JOSEFO, “Antigüedades de los judíos. La guerra de los judíos”. Libro 18, capítulo 1, página 12.

Enlaces consultados:
– Blogs sobre Cristianismo primitivo e Historia eclesiástica. Ebionitas y Nazarenos.
http://historiaeclesiastica.blogspot.mx/2006/11/1202-los-ebionitas.html
http://www.cristianismo-primitivo.com/siglo-ii/la-iglesia-judia

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