Santa Devota, virgen y mártir de Córcega

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Detalle de la Santa en un retablo gótico de Ludovico Brea. Catedral de Montecarlo, Mónaco.

Detalle de la Santa en un retablo gótico de Ludovico Brea. Catedral de Montecarlo, Mónaco.

Hoy hablaremos de una mártir relativamente poco conocida, Devota de Córcega, cuyo curioso nombre y todavía más curiosa historia tienen una explicación hagiográfica ya muy conocida por los lectores de este blog: el desdoblamiento, o cuando de una sola figura -una Santa en este caso- se extraen dos. Pero no adelantemos acontecimientos y vamos a ver con calma la passio de esta Santa, oriunda aparentemente de la isla de Córcega, pero queridísima y veneradísima en el Principado de Mónaco, de donde es patrona y donde se conservan sus reliquias.

Passio de Santa Devota
Según nos dice la leyenda, Devota nació en la isla de Córcega, en Quercia, entre Mariana y Lucciana. Hija de un oficial romano, tuvo por nodriza a una mujer cristiana, que la convirtió al cristianismo. Cuando llegó a la edad núbil, se retiró a una cueva apartada, en el monte, donde en la oscuridad cultivaba su fe, rezando y alimentándose con hierbas. Así pasó unos pocos años, entregada a la vida ermitaña, en los cuales ella se mantuvo completamente apartada del mundo.

Sin embargo, cierto día oyó de boca de un peregrino que un gobernador romano, de sobrenombre Bárbaro, desembarcaba en Córsica con la orden de apresar a los cristianos que corrompían a las gentes contra la autoridad del Imperio, pues eran los tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano. Entonces, Devota reflexionó y llegó a la conclusión de que seguir viviendo como anacoreta le traería problemas, pues difundida su fama de santa en la región, no tardaría en llamar la atención al pretor. Así que, retirándose de la cueva que había sido su hogar tanto tiempo, marchó a la ciudad de Mariana y se puso bajo la protección de un noble senador llamado Eutiquio, y entró a servir en su casa como costurera.

Este senador era un hombre afable y benigno. Sabiendo que su esclava era cristiana, no viendo nada en ella que fuera acusable, decidió ocultarla y protegerla. Cuando la doncella tenía ratos libres, continuaba con la vida de oración y mortificación que había llevado en la gruta, pero esta vez dentro de su pequeña celda. Eutiquio estaba estupefacto de ver a aquella mujer postrada de rodillas, que no probaba bocado en toda la semana y tan sólo comía un poco al fin de ésta. Preocupado por su salud, pues era de complexión débil y extremadamente delgada, le pedía que comiera, a lo que ella, sonriendo, respondía que alimentaba su alma con diversas delicias de índole espiritual.

La Santa ante el tribunal de Bárbaro, echándole en cara el asesinato de su amo. Sello del Principado de Mónaco.

La Santa ante el tribunal de Bárbaro, echándole en cara el asesinato de su amo. Sello del Principado de Mónaco.

A pesar de todo, la santidad de Devota llegó a oídos del gobernador Bárbaro de boca de los nobles que visitaban la casa de Eutiquio y habían visto a la esclava. El pretor mandó llamarlo a su presencia y le hizo saber que era delito ocultar a un cristiano y que debía entregársela para ser juzgada. El senador la defendió diciendo que era una buena persona y que jamás la había oído oponerse a los dioses, y que por tanto no la entregaría. Cuando Bárbaro insistió, Eutiquio hizo valer su posición senatorial para desafiar al gobernador y abiertamente oponerse a sus intenciones. De modo que Bárbaro, no tolerando aquel insulto, se las arregló para hacer envenenar a Eutiquio sin que se descubriera el culpable, y así quitó de en medio al senador. Muerto éste, Devota quedaba a merced de su enemigo, que se apoderó de ella y la mandó llamar a su tribunal. Allí trató de convencerla para que sacrificase a los dioses, pero fue inútil, pues no sólo se negó sino que además, lo injurió como asesino, por haber ejecutado a su amo. Entonces, dio orden de que la atormentasen y ejecutasen.

Varios soldados ataron de pies y manos a Devota y la condujeron al exterior de la ciudad. Una gran multitud se congregó alrededor de la escena, y vieron comenzaron a arrojar piedras sobre la mujer [1], que, postrada en medio de ellos, rezaba en voz alta, suplicando al Señor. La apedrearon con violencia, hasta que, con el cuerpo y la cabeza ensangrentada, Devota se desplomó y quedó tendida en el suelo, inmóvil. Uno de los verdugos se acercó para confirmar su muerte, pero al tocarla, afirmó que aún vivía. La gente quedó admirada por la increíble resistencia de aquella doncella de apariencia tan frágil.

El cadáver de la Santa trasladado en barca. Vidriera decimonónica en la iglesia de San Carlos, Mónaco.

El cadáver de la Santa trasladado en barca. Vidriera decimonónica en la iglesia de San Carlos, Mónaco.

Entonces Bárbaro mandó que la tendieran en el potro. Apenas ella recobró la conciencia, empezaron a tirar de sus brazos y piernas, mientras gemía y suplicaba a Dios que la sacara de aquel trance. La multitud, conmovida, suplicaba que se la dejara morir en paz, pero Bárbaro, impasible, ignoró las súplicas. Cuando se le rompieron todos los huesos, Devota soltó un grito y torció la cabeza. Se dice que en aquel momento surgió una blanca paloma de su boca que emprendió el vuelo, al parecer, se trataba de su alma. La paloma habló, proclamando que Jesús la había escogido como patrona de la isla (!!). Era el 27 de enero del año 303. Dos ermitaños que habían presenciado el martirio recogieron su cuerpo y embarcaron hacia África para darle una digna sepultura, pero, viéndose peligrar por una tormenta, decidieron llevar la barca con el cadáver a la actual Mónaco, donde una comunidad de cristianos lo recogió y lo enterró con devoción. En ocasiones, el relato del tormento y muerte de Devota se invierte: primero es destrozada en el potro y luego es rematada a pedradas, lo cual sería más lógico.

Otro caso de desdoblamiento: similitudes y diferencias
Esta passio es posterior al siglo IX (concretamente, el relato procede de un manuscrito medieval del s.X: Paris, BNF ms latin 5248), por lo que es notablemente tardía respecto al tiempo que pretende ilustras (s.IV), lo que resta considerable credibilidad a la misma. Pero, además -y los que recuerden el artículo dedicado a Santa Julia de Córcega lo habrán notado ya- dicha passio no es más que un amplio resumen de la passio de esta célebre mártir corsa, Julia. Esta tesis es defendida por el hagiógrafo Lanzoni y me inclino a compartirla por la gran cantidad de similitudes que encontramos entre una historia y otra: ambas, esclavas de un hombre bueno que es liquidado por el magistrado para poder tener acceso a la esclava; ambas, torturadas y martirizadas en Córcega, ambas, colocadas tras su muerte en una barca y llevadas lejos de la isla: ambas, hacia África, de donde era oriunda la misma Julia; pero ambas desviadas por una tormenta y llevadas, una a Mónaco, la otra a Brescia. Las pequeñas diferencias de origen -una africana, la otra corsa- y de martirio -una, crucificada, la otra, descoyuntada en el potro- no parecen ser suficientes para lograr ser significativas. Las similitudes, en cambio, son notablemente sospechosas.

Por esto, tanto Lanzoni como Girolami (Histoire de la Corse, I, Bastia, 1906, pp. 45-102) concuerdan en que se puede afirmar, aunque no con una absoluta certeza, que Santa Devota no es más que un desdoblamiento de Santa Julia, a la cual le daban el apelativo de “virgo Deo devota” y de ahí pudiera venirle el nombre. Es decir, que sólo habría existido una Santa -Julia de Córcega- y que, a fuerza de llamarla “Deo devota”, acabaran tomando por nombre lo que en realidad era sólo un adjetivo, y de ahí, crear una nueva Santa con el nombre de Devota. De ahí a la redacción de una fantástica passio, basándose en lo poco que se sabía de Santa Julia -que recordemos, tampoco merece crédito histórico- y ampliándola con detalles totalmente inventados, se crearía una segunda Santa a partir de donde sólo hubo una, la primera: Julia.

Vista del relicario de la Santa. Catedral de Montecarlo, Mónaco. Fotografía: José Mª Ramón Ferrís.

Vista del relicario de la Santa. Catedral de Montecarlo, Mónaco. Fotografía: José Mª Ramón Ferrís.

Culto y veneración
Aún así, hasta día de hoy ambas Santas han sido claramente diferenciadas en el culto y en la veneración; hasta tal punto de que en la misma Córcega se las venera como dos Santas distintas, como dos mujeres por separado: el 27 de enero celebran a Santa Devota, y el 27 de julio, a Santa Julia. Los días 26 y 27 de enero, en efecto, el principado de Mónaco celebra a Santa Devota, considerándola mujer corsa martirizada por Roma en el siglo IV, lo que coincidiría con lo que se sabía o creía acerca de Santa Julia. La historia de la Santa conducida póstumamente a Mónaco se ancla en la tradición monegasca; aunque hay que decir que ella no fue declarada patrona de Mónaco hasta el año 1820. Desde el año 1841, se prende fuego a la barca sagrada en la que viajó el cadáver de la Santa, y se abandona a la deriva en el mar, como un ritual funerario a la que es para ellos, y a causa del traslado de su cadáver en barca, patrona de los navegantes; como Santa Julia lo es también en Livorno, la misma Córcega, y Brescia [2]. También es la Santa protectora de la Casa Grimaldi, los príncipes de Mónaco.

Ya en el siglo XVI Santa Devota fue invocada contra los genoveses y los pisanos, de suerte que el hecho de que Mónaco lograra conservar su independencia fuera atribuido a la intercesión de la Santa. Algunas de sus reliquias fueron trasladadas a Córcega en el siglo XVII, de suerte que entre 1721 y 1751 se pidió al Vaticano que se la reconociera como patrona de la isla, cosa que fue denegada por la escasez de certeza que presentaba la existencia de la Santa. Sin embargo, en 1820 el primer obispo de la diócesis de Córcega proclamó a ambas Santas -Devota y Julia- como patronas de la isla.

El culto de Santa Devota fue oficialmente confirmado en 1894 por el obispo de Ajaccio, y el Martirologio Romano conserva su memoria el 27 de enero de esta manera: “En Mariana, en la isla de Córcega, memoria de Santa Devota, virgen y mártir”.

Santas Devota (de pie) y Julia (de rodillas, sosteniendo la cruz de su martirio), patronas de Córcega y que, según los hagiógrafos, sería una única Santa. Lienzo de la abadía de Flavigny, Francia.

Santas Devota (de pie) y Julia (de rodillas, sosteniendo la cruz de su martirio), patronas de Córcega y que, según los hagiógrafos, sería una única Santa. Lienzo de la abadía de Flavigny, Francia.

Iconografía y reliquias
Como buen desdoblamiento, Santa Devota comparte prácticamente toda la iconografía que es propia de Santa Julia, salvo un detalle: la cruz del martirio de ésta última. Por lo demás, aparece, como Julia, representada como una joven doncella romana portando la palma del martirio y con la paloma que surgió de su boca en el instante de la muerte [3]. También, enfrentándose al tribunal de Bárbaro y siendo torturada en el potro hasta la muerte; pero la escena que es más representada es la de su traslado, ya muerta, en barca. Esta escena ha dado gran cantidad de representaciones artísticas (vidrieras, pinturas, estampas, esculturas) incluida una tirada de sellos y de medallas monegascas exclusivas, para conmemorar el aniversario del culto a la patrona.

Esta que os escribe ha tenido la suerte de poder visitar Mónaco y venerar las reliquias de la patrona en la catedral de Montecarlo. Dichas reliquias fue traída por los benedictinos de Saint-Pons, en una capilla originaria a San Martín que, hoy en día, está dedicada a Santa Devota; y son las mismas que en las festividades del Principado, llegan por barco y son el centro de las celebraciones en honor a la patrona.

Pero al final, ¿son dos o es una?
Resulta difícil decidirse si al final, existen dos Santas, una llamada Julia y otra Devota, o si simplemente existe una, Julia, y Devota es su desdoblamiento. Ésta, como decía, es la tesis que defienden los hagiógrafos, teniendo en cuenta que la passio de Devota es una copia ampliada de la passio de Julia. Es decir, que a efectos de passio, claramente Devota es desdoblamiento de Julia. ¿Pero lo son en cuanto a personas?

Recordemos que si hablamos de passio, ya hemos hablado en este blog de casos en los que la passio de una Santa se copia casi idéntica para la de otra: Santa Marina-Margarita de Antioquía y Santa Regina de Alesia; Santa Taciana y Santa Martina de Roma, entre otros casos. Ello no significaría necesariamente que la Santa para la cual se ha copiado esa passio no exista históricamente, sólo pone en duda la autenticidad del texto, que no de la persona.

¿Existe, pues, Santa Devota, a pesar de no ser válida su passio, que está tomada claramente de la de Santa Julia? Si existe, muy bien, si no, entonces no es que sea una Santa inexistente… es que es Santa Julia de Córcega, cuya existencia histórica nadie pone en duda.

Vídeo de la fiesta de Santa Devota en Mónaco

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Cità Nuova, Roma.


[1] Pusieron especial cuidado en apedrearla también en la boca, de modo que su martirio fue similar en ello al de Santa Apolonia, imaginamos que para castigar su insolencia al acusar al gobernador en público de la muerte de su amo.
[2] Recordemos que en este blog se ha hablado también de otras santas mártires patronas de los navegantes: Fermina de Amelia, Áurea de Ostia, Matrona de Tesalónica, e incluso Lucía de Siracusa. La conclusión es que cada pueblo escoge a su santo patrón para protegerles en el mar.
[3] Episodio que también aparece en la vida de Santas como Eulalia y Reparata.

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De Santas crucificadas

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Imagen de Santa Eulalia crucificada, obra de Luis Salvador Carmona (s.XVIII). Museo Diocesano de Valladolid, España.

Pregunta: Hola. Estoy haciendo un estudio sobre las santas crucificadas. Quería saber si su culto fue censurado por la iglesia en algún momento y si fue por una cuestión de decoro. Sí sé que santa Wilgefortis fue censurada en 1969 en el Concilio Vaticano II pero no encuentro el texto que lo confirme. El resto de santas en las que estoy interesado son: santas Eulalia, Julia de Córcega, Ágatha, Margarita de Antioquía, Librada, Liberata y las variaciones de Wilgefortis: Kümmernis, Uncumber, svata Starosta, etc. Lo que me interesa fundamentalmente son las fuentes textuales que aludan a esas posibles prohibiciones. Te quedo muy agradecido. Un cordial saludo. España

Respuesta: Hola, sobre las santas crucificadas, es importante tener en cuenta que son santas como cualquier otra y su culto no está, ni tendría por qué estar censurado. Sobre el problema de Santa Wilgefortis, hay que decir que no fue retirada del calendario en 1960 en el marco del Concilio Vaticano II porque nunca se le ha dado culto litúrgico generalizado (o sea, que ya no estaba), y ya no sigue actualmente incluida en el Martirologio Romano, debido a su evidente inexistencia histórica. Pero no hay texto que lo confirme, es un proceder simple por el cual se reedita el Martirologio y el calendario romano y ya no aparecen los santos retirados. Las razones por las cuales se retira a un Santo – no se censura, pues sigue estando presente en sus lugares tradicionales de culto- no tienen que ver con el decoro en absoluto, sino con la improbabilidad de su existencia histórica. Por desgracia en este ámbito no se ha procedido bien; como se desprende de que auténticos mitos como Santa Wilgefortis han estado incluidos hasta hace poco y otras mártires de indudable existencia histórica, como las mártires alejandrinas Catalina y Apolonia, sí fueron retiradas (actualmente Santa Catalina ha regresado en la última edición, año 2001).

Sobre las demás Santas, insistir en que ni su culto está censurado, ni tiene que ver con el decoro, pues para solventar esto ya las representan vestidas, cuando nadie subía vestido al patíbulo de tormento. Algunas de las que mencionas sí fueron crucificadas, según el relato de la passio, claro: Eulalia, Julia de Córcega, Librada (o Liberata) y Wilgefortis. Ni Águeda ni Margarita de Antioquía fueron crucificadas de facto, si algún artista las ha representado así es por libertad interpretativa (a Santa Águeda la representan inmovilizada sobre distintos soportes, ya sea una cruz, como un árbol, un poste, mientras le son arrancados sus senos; Santa Margarita lleva una cruz porque haciendo su señal ahuyentó al dragón).

Crucifijo con Santa Julia, mártir de Cartago, venerado en Carra, Italia.

Pero lo que buscas, es decir, esos textos donde supuestamente se prohibieron sus cultos, no existe. La Iglesia nunca ha prohibido el culto de estas Santas, que no hace daño; y que sigue hasta la actualidad sin ningún problema. Tan sólo, repito, se han retirado del calendario y del Martirologio aquellas cuya existencia histórica no ha podido demostrarse o que son fruto de un error de interpretación iconográfica. Pero aun cuando se retire un santo del calendario ni se prohíbe su culto, ni se lograría tal cosa aunque se pretendiera: las intenciones oficiales van por un lado y la devoción popular por otro.

Tienes más información sobre santas crucificadas, así como una lista no exhaustiva de algunas, en este artículo.

Pregunta: Mi enfoque respecto al decoro no es el adecuado. Lo planteaba desde el punto que a santos como san Pedro o san Andrés se les crucifica en una forma diferente a Cristo, como si hubiese una norma no escrita sobre que no debía representarse a los santos crucificados del mismo modo que Cristo y que esto podría pasar de igual modo con las santas.

Respuesta: Pero en realidad no ha sucedido así, porque los santos y santas que murieron en la cruz han sido representados así sin ningún problema. Vale que es una representación menos frecuente, pero no creo que haya ningún problema de decoro por asimilación a Cristo en ello. La pareja de santos Timoteo y Maura aparece crucificada, también Dimas, el buen ladrón; y las santas que he mencionado anteriormente. Sobre caso de San Andrés, mi teoría es que en realidad lo que está representando es una crucifixión en ecúleo, o caballete en X. No tengo tan claro que existieran específicamente unas cruces en forma de X, sino que se trata del mismo ecúleo que vemos en el caso de mártires como Eulalia, Vicente… y en cuanto al arte, cabe hablar del siglo XIX, en el que se da una explosión de representaciones de mártires crucificados con el auge de la pintura historicista de las persecuciones romanas.

En realidad la norma “no escrita” sobre el tema de las crucifixiones, como decía, la podría fijar más la tradición y la costumbre que ningún mandato que proceda “de arriba” (alta jerarquía eclesiástica), porque no existe tal. Salvo que haya representaciones que abiertamente atenten contra la doctrina o que den lugar a problemáticas de interpretación o confusión entre los fieles, no se suele actúar en contra de la iconografía. Y en ese caso los santos crucificados no representan tal problema, salvo, quizá, el caso de San Dimas, que cuando aparece solo podría ser confundido con Jesús. Pero no suele darse.

Vista de la imagen de Santa Librada que se venera en Pizzone, Italia.

Ejemplo de estas tradiciones… pues lo que se dice de San Pedro, que quiso ser crucificado cabeza abajo porque no se sentía digno de morir como el Señor. Santa Eulalia, en cambio, cuando ve venir la cruz en la que van a clavarla, se abraza a ella y da gracias porque precisamente va a morir como Él. Son ideas que no casan para nada con la mentalidad de la época (ni romana ni judía) y es evidente que son posteriores y responden a necesidades devotas.

Como ves, estando presente en el arte y en la devoción, no existe realmente ningún problema con los santos crucificados. Simplemente nos son menos familiares porque suelen ser santos menos conocidos, de cultos más locales y algunos casi desaparecidos hoy en día. Pero no responde realmente a un tema prohibitivo ni tabú. Eso lo sería –no por mi parte, pero sí por la de no poca gente- representar al santo o santa desnudos (que casi nunca se hace) o la instrumentalización del tema de la crucifixión para campañas publicitarias o temas artísticos que no tienen que ver con la fe; seguro que recuerdas algún ejemplo al respecto…

Meldelen

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Santa Julia, esclava y mártir

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Fresco ortodoxo de la Santa obra de Matthew Garrett. Iglesia Ortodoxa Antioquena de San Antonio, Bergenfield, Nueva Jersey (EEUU).

Pregunta: La razon por la que te escribo, es porque mi hija se llama Júlia, y el dia que escogimos para su santo es el 7 de octubre, pues nos dijeron que tambien habia una Santa Julia, virgen y martir, pero por mas que busco, no encuentro su historia, y me gustaria saberla para cuando me preguntara, saber que responder. Esperando tener respuesta. Gracias de antemano. España

Respuesta: Qué hermoso que alguien se interese por su santo patrón y máxime por esta Santa, cuya existencia, si bien es indudable por la amplitud de su culto y la veneración de sus reliquias (se la venera no sólo en España, sino también en Córcega, Italia y Francia, siendo hasta hoy el nombre de Julia muy popular entre las mujeres) no parece tan claro por lo que respecta a la certeza de su historia. Pero comencemos por el principio.

Su nombre aparece en todos los martirologios antiguos. El Martirologio Jeronimiano dice el día 22 de mayo: “In Corsica insula passio Sanctae Iuliae”, y es un dato que se remonta a una noticia anterior. Existen varios comentarios a la passio de esta Santa, de origen muy tardío ya que el más antiguo se data en el siglo VII y está atribuido a los monjes de las islas Gorgona y Capraia. Pero veamos qué nos dice este relato antes de seguir.

Julia era la hija de una familia senatorial que vivía en la provincia de África, concretamente en la gran ciudad de Cartago. Cuando la provincia fue asaltada y devastada por los vándalos, en torno al siglo V, Julia fue capturada y vendida como esclava en un mercado público mientras el resto de su familia fue asesinada. La compró un mercader pagano llamado Eusebio, que era una buena persona y no sólo no le impidió practicar su religión, sino que le cogió cariño por su paciencia y competencia en realizar labores de esclava, siendo cierto que hasta entonces había sido libre y de familia pujante. A todos cuantos le pedían comprarle su bonita y hacendosa esclava, él respondía que no la cambiaba ni por todo su servicio entero: tanto era el afecto que le profesaba.

Julia es apresada aprovechando la embriaguez de su amo. Grabado de E. Delamaye para la serie "Lives of The Saints".

Cierto día, en el año 439, Eusebio hubo de embarcarse hacia la isla de Corsica (actual Córcega) para gestionar unos asuntos, y se llevó a su esclava favorita con él. Al llegar allí, Eusebio fue invitado a participar en unas fiestas paganas por el propio gobernador de la isla, Félix. Julia, al saberlo, se negó a desembarcar, diciendo que no tomaría parte en aquello, pues era cristiana. Eusebio la dejó estar y partió solo a la fiesta. Al tener noticia del desplante de Julia, Félix se enfureció y recriminó a Eusebio no tener la suficiente autoridad como para hacer que una joven esclava le obedeciese (era obligación de los esclavos asistir a las fiestas y ritos en que tomaban parte los amos). Eusebio lo justificó diciendo que le tenía cariño y prefería no obligarla. Entonces Félix se ofreció a comprarla, cosa que Eusebio rechazó de plano por espléndidas ofertas que le hiciese.

Pero pronto, aprovechando que Eusebio dormía la borrachera después de la fiesta, Félix mandó que le trajesen la esclava y, apoyándose en el pretexto de que una esclava no debía desobedecer al amo –puesto que, no lo olvidemos, ya no estaba vigente ningún edicto de persecución en esa época- pretendió obligarla a sacrificar a los dioses, cosa que Julia se negó a hacer. De modo que mandó torturarla.

Julia fue cruelmente azotada y apaleada, la descoyuntaron en el potro, le destrozaron el rostro a bofetadas, le afeitaron la cabeza y le cortaron los pechos, pero no logró Félix lo que se proponía; por lo que ordenó darle muerte de esclava: fue crucificada en un cabo de la isla, mirando hacia el mar. Para cuando Eusebio logró recuperarse de la resaca y correr desesperado al pie de su cruz, ya era tarde; había fallecido. Lleno de pesar, mandó desclavar su cuerpo, ungirlo y amortajarlo con dignidad, y lo entregó a la comunidad cristiana de la isla, que se encargó de darle honrosa sepultura.

Crucifixión de la Santa. Óleo de Jacob Huysmans (1685).

Hasta aquí lo que nos cuenta la passio de la Santa. Sin embargo, hay un comentario posterior, datado en 763 y proveniente de Brescia, que nos habla del traslado de sus reliquias, desde la isla de Córcega, hasta la misma ciudad de Brescia. Dicho traslado se encargaron de hacerlo Desiderio, rey de los longobardos, y su esposa Ansa, con la probable intención de beneficiar al monasterio de benedictinas que había sido fundado allí algún tiempo antes (754-760).

La historia, aunque es preciosa y no del todo inverosímil aunque sí extravagante por las fechas y las circunstancias de la misma; se considera una leyenda y no es comprobable. Se ha dicho que la narración seguramente esté inspirada en un relato fantasioso de Teodoreto de Ciro, lo que suscita grandes dudas para aceptar la veracidad de la misma.
Ya en torno a la conquista de Cartago por los bárbaros, los historiadores se dividen en dos teorías: una defiende la toma de la ciudad por los persas en el 616 mientras que otros, con argumentos mucho más válidos que los primeros, afirman que tal conquista la llevaron a cabo los vándalos en 439. Aun cuando esto fuese cierto y por tanto, verificase la primera parte de la passio, es inverosímil que el martirio de la Santa hubiese tenido lugar con las circunstancias que se describen. Así lo afirma Lanzioni, que ha estudiado profundamente a los mártires de la Antigüedad: las leyendas tienden a distorsionar, también en el caso de Julia, las circunstancias auténticas de su vida y martirio.

Así pues, es probable que la Santa fuese africana de nacimiento y sufriría martirio en Cartago, su ciudad natal, durante las persecuciones romanas, y no en la tardía fecha que le atribuye la passio. Fueron sus reliquias las que partieron de Cartago a Córcega para salvarlas de la profanación de los vándalos, que tomarían la ciudad en 439, como decíamos. Se la ha identificado con una Julia que era venerada con otro mártir varón, de nombre Florencio, en la misma Cartago; a menos que se quiera pensar que fuese una mártir local de las primeras persecuciones y luego, por tradición, se la ubicase en el siglo V, pero siempre erróneamente.

Vista de los huesos de la Santa expuestos a la veneración durante una visita a Nonza (Córcega).

En cualquier caso, la mártir es real y lo prueba la existencia de sus reliquias, que tras el traslado de Cartago a Córcega fueron efectivamente llevadas a Brescia por las gestiones del rey longobardo Desiderio. Aquel mismo año (763) era consagrada la iglesia del Santísimo Salvador donde fueron depositadas, en el monasterio benedictino, por el papa Pablo I.

A finales de 1500, cerca de esa iglesia se levantó otra dedicada a la Santa y las reliquias fueron colocadas bajo su altar mayor el 17 de diciembre de 1600. Actualmente esta iglesia alberga el Museo de la Era Cristiana, ya que durante la revolución de 1797 se suprimió el monasterio y las reliquias de la Santa se llevaron a la cercana iglesia de San Pedro in Olivito y años más tarde, a una iglesia cercana al seminario diocesano. Después, volvieron a trasladarse en 1957 al nuevo seminario de Brescia, intitulado a María Inmaculada.

La difusión de la Santa ha sido grande en parte debido a la importancia que tuvo el monasterio de benedictinas que albergó sus restos, siendo continuamente enriquecido por donaciones de las autoridades civiles y eclesiásticas. Otros centros de culto están en Córcega, especialmente en la ciudad de Nonza, donde la tradición decía que padeció el martirio y donde cada tres años la honran con una procesión.

Hueso de la Santa venerado en su iglesia de Costorio (Italia).

Santa Julia es patrona de las criadas, por su esclavitud (a veces aparece portando un jarro, símbolo de la servitud), y de los marineros, por haber sido crucificada mirando al mar. De hecho es la patrona de Livorno, el puerto más importante de Roma en la actualidad. Debido también al tema de la crucifixión, se la invoca por parte de aquellos que sufren dolores de pies y manos, brazos y piernas. La representación más habitual es la de una doncella crucificada, siendo fácilmente confundible con otras mártires de idéntica iconografía como Liberada o Wilfegortis.

Enhorabuena por ponerle a tu hija nombre tan precioso e interesarte por su santa patrona. Sin embargo, esta Santa Julia de la que te hablo se conmemora mañana, el 22 de mayo. Hay otras Santas Julias, desde luego, incluyendo la del 7 de octubre, y muchas son también vírgenes y mártires, pero ésta es la más conocida y venerada de todas.

Meldelen

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