Santos Julita y Quirce, mártires de Licaonia

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Vidriera contemporánea de los Santos en su iglesia de Roma, Italia.

Hoy, 16 de junio, se conmemora la fiesta de los Santos Quirce, niño de tres años, y de su madre Julita, que sufrieron el martirio en Antioquía junto con 404 compañeros, según el Martirologio Jeronimiano. Pero las Actas de su martirio, que ya habían desaparecido en el siglo IV, fueron reemplazadas por una passio sin valor histórico que los recuerda como mártires en Tarso de Cilicia, en tiempos del emperador Diocleciano. Esta historia, que es un tanto fabulosa, es la que ha trascendido al culto y a la tradición.

Así, se nos dice que Julita era descendiente de una familia noble y cristiana, natural de Licaonia en Asia Menor, que fue casada muy joven y dio a luz un hijo varón al que llamó Quirce (o Quirico, del griego Kyriakos). Cuando el niño tenía 3 años murió el padre; quedando Julita viuda con tan sólo diecinueve años de edad. Al estallar la persecución de Diocleciano, Julita decidió huir de su ciudad natal, Kenya, llevándose a su hijo y a dos esclavas, y abandonando sin reparos su casa y sus propiedades.
Primero estuvo escondida en Seleucia y posteriormente en la misma Tarso, pero en torno al año 305 fue delatada -se dice que por una de sus esclavas- y llevada ante el tribunal del prefecto Alejandro, al tiempo que la otra esclava huía, aterrada.

El magistrado le hizo diversas preguntas, las habituales, relacionadas con su nombre, religión y estatus social, pero a todas ellas Julita respondía únicamente “Soy cristiana” y de ahí no la pudo sacar. Molesto con lo que él entendió como insolencia, mandó que le quitaran el niño de los brazos, que la ataran a una columna y que la azotaran con varas de hierro.
Quirce, que lo veía, rompió a llorar y pidió estar con su madre. Como el soldado que lo sujetaba no sabía qué hacer con él, el prefecto mandó que se lo pasaran y trató de tenerlo en su regazo; pero el niño, que seguía oyendo los gritos de su madre, se retorcía y lloraba, gritando que él también era cristiano y que quería ir con ella.

Lo que pasó a continuación tiene diferentes versiones. Una, quizá la más curiosa, es que Quirce mordió al prefecto en la mano y éste, dando un grito, lo dejó caer; otra, que el niño se retorcía tanto que al final se acabó escurriendo de entre sus brazos; la más popular, sin embargo, dice que Alejandro perdió la paciencia y lo tiró él mismo. En cualquier caso, Quirce cayó del regazo del prefecto y se estampó contra el suelo, abriéndose la cabeza con los bordes afilados de las gradas que conducían a su asiento. El niño murió en el acto y al verlo, Julita dio gracias a Dios en voz alta porque su hijo había sido digno del martirio incluso antes que ella.

El prefecto Alejandro mata a San Quirce en presencia de su madre. Pintura contemporánea en la iglesia de los Santos de Ternate, Italia.

Entonces, Alejandro hizo que la torturaran con mayor crueldad. Le arrancaron la piel a tiras y le metieron los pies dentro de un caldero de pez hirviendo, pero como ella seguía gritando que era cristiana y que jamás sacrificaría a sus dioses, mandó ponerle fin decapitándola.
Los cadáveres de madre e hijo fueron arrojados a una fosa común, pero una de sus dos esclavas -imagino que la que había huido, no la que les había traicionado- regresó para recuperarlos, ayudada por algunos cristianos, y entre todos les dieron una mejor sepultura.

Como decía, la passio no tiene valor histórico y esto se ve en que es difícil creer que un niño de tres años sea capaz de elaborar ningún tipo de discurso haciendo profesión de fe. Jacobo de la Vorágine, quien recopiló esta historia para su Leyenda Áurea, todavía alarga y adorna más las declaraciones del niño, creando una parrafada cuya oratoria haría palidecer de envidia al mismo Cicerón. Lo dicho, impensable en un crío de tres años que todavía tomaba el pecho. Otro detalle increíble es que junto a ellos dos fueran ejecutados 11.504 cristianos (!!!!) cifra claramente exagerada.
Como decía, las antiguas Actas de este martirio se perdieron y esta passio ha alterado elementos de aquéllas que seguro, contenían una imagen más verosímil de los Santos y de su martirio. El mismo Teodoro, obispo de Iconio, ya en el siglo IV se quejaba de la escasez de noticias fidedignas sobre estos Santos y su martirio.

Decapitación de Santa Julita. Iglesia de los Santos en Ternate, Italia.

Las reliquias de estos mártires fueron halladas en tiempos de Constantino, por lo que, en honor a ellos, se alzó un monasterio cerca de Constantinopla, así como otra iglesia en Jerusalén. En el siglo V, parte de esas reliquias fueron traídas a Francia por San Amador, que era obispo de Auxerre, y puestas en la abadía de San Víctor de Marsella. Desde aquí, una parte de las mismas fue trasladada a Roma. Otras se repartieron entre Nevers (Francia) y Wavre (Bélgica). También existen reliquias en San Quirico Raparo, Potenza (Italia).

Como decía al principio, la festividad de estos dos mártires es celebrada el 16 de junio por el Martirologio Romano; pero las Iglesias ortodoxas los veneran el día anterior desde antiguo. Su conmemoración se hacía en la capilla de San Miguel de Constantinopla. Su culto, especialmente el de Julita, tuvo una notable difusión en Asia Menor, Siria, Palestina, Arabia, el Cáucaso y también en Italia, las Galias e Hispania. Aunque nadie pone en duda la existencia de estos Santos y la veracidad de su martirio, todos los hagiógrafos admiten que las circunstancias narradas en la passio son meramente legendarias.

En España tienen gran veneración tanto juntos como por separado, especialmente en Villanueva de la Sierra (Cáceres), Valdeolivas (Cuenca), Castillo de Villavega (Palencia), Matute (La Rioja), Covaleda (Soria), Sant Quirze del Vallès (Barcelona) y otras muchas localidades.

Urna con las reliquias de los Santos conservada en Wavre, Bélgica.

Como es lógico, son invocados como protectores de las madres y de los niños pequeños. Iconográficamente casi siempre son representados como una madre llevando de la mano a su hijo pequeño; o con Quirce muerto en el suelo a los pies del prefecto mientras torturan a su madre; o en el momento en que el prefecto lo estrella contra el suelo.

Es muy importante saber que existe otra mártir de nombre Julita, que fue quemada viva en Cesarea de Capadocia, pero que no tiene nada que ver con la Julita madre y mártir de la que hemos hablado hoy. Un día, si Dios quiere, trataremos sobre ella.

Dejo una película copta dedicada a estos mártires, no es precisamente de las mejores producciones de su género, pero puede ser interesante para algunos. Como es habitual en las películas coptas, está en árabe pero pueden seguirse los subtítulos en inglés. La película empieza narrando los milagros obrados por San Quirce en Egipto, y más adelante, se entra ya en lo que es la narración de la vida y martirio de los Santos, aunque bien se inventan más de un detalle:

Primera parte:

Segunda parte:

Meldelen

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