Santos Justo y Pastor, niños mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Conjuntos escultóricos representando a los Santos. Parroquia de Sant Just Desvern, España. Cortesía de Montserrat Ripoll.

Las Actas de su martirio no son anteriores al siglo VII.  Según estas Actas, Justo y Pastor eran dos niños cristianos, hijos de padres cristianos, que vivían en “Complutum” (lo que hoy es Alcalá de Henares en la provincia de Madrid), cuando la persecución decretada por Diocleciano estaba en su momento más álgido.

Aunque Diocleciano en un principio no era ni ambicioso ni cruel, era un gran estadista, sin embargo tuvo a su lado un mal consejero que fue quién le indujo a que persiguiera a los cristianos. Este mal consejero fue su yerno Galerio y Diocleciano se dejó influir por él. En el año 302 Galerio arrancó a Diocleciano el decreto de persecución general por el que se destruían los templos, se perseguían a los obispos y sacerdotes, se difamaban a los nobles cristianos y se esclavizaban a los que eran plebeyos. La persecución más cruenta se inició en el año 304 con un edicto en el que se decía que quienes se negaran a sacrificar ante los dioses, serían torturados y muertos. En la Hispania fue el gobernador Daciano quién se encargó de llevar a cabo estas matanzas y lo hizo de forma muy cruel, como nos lo comenta Aurelio Prudencio en su poema “Peristephanon”, del que ya se ha escrito en este blog en alguna ocasión anterior. Y dentro de este marco histórico acontece el martirio de estos dos niños hispanos.

Prudencio les dedica una estrofa en su poema: “siempre será una gloria para Complutum el llevar en su regazo la sangre de Justo con la de Pastor, dos sepulcros iguales donde se contiene el don de ambos: sus preciosos cuerpos”. Sin embargo, aunque esto es historia (todos los nombres de mártires que da Prudencio son de personas históricas), la “passio”, las actas del martirio fueron escritas muy posteriormente, en el siglo VII y lo hizo un escritor muy lejano en el tiempo de estos hechos que habían ocurrido a inicios del siglo IV.  Este escritor recogería una tradición oral y la escribió en época visigoda, más con carácter didáctico y devocional que histórico propiamente dicho.

Conjunto escultórico de los Santos venerado en la parroquia de Colón (Argentina).

Dice la “passio” que habiendo oído los dos niños en la escuela que estaba por allí el gobernador Daciano, dejaron los libros y se fueron a buscarlo para ofrecerse al martirio y que sin realizarse proceso alguno fueron de inmediato condenados a muerte, degollados. Justo tendría unos siete años y Pastor tendría nueve. Los ejecutaron fuera de la ciudad, donde los cristianos sepultaron sus cuerpos.

San Ildefonso de Toledo en el tomo II de su obra “De viris illustribus” (“Varones ilustres”), dice que en el 391, el obispo Asturio tuvo una revelación: buscó y encontró dos sepulcros de mártires en los alrededores de la ciudad y los encontró y tenían que ser de ellos porque allí no se había martirizado a ningún otro cristiano, pero que, sin embargo, en los sepulcros no figuraban sus nombres. Un año más tarde, en el 392, San Paulino de Nola hizo sepultar a su hijo junto a estos dos niños mártires en Complutum, como el mismo San Paulino lo narra en su poema número 31; pero en dicho texto, no dice tampoco el nombre de los dos mártires. Realmente, el que primero los llama por sus nombres es Prudencio en el “Peristephanon” al principio del siglo V, como ya hemos dicho anteriormente.

Existe una inscripción en Medina Sidonia (Cádiz), del año 630 y otra en Guadix (Granada), de fecha similar, que conmemoran las reliquias conservadas en una basílica, entre las cuales figuran algunas de los santos Justo y Pastor. Esto lo recoge y lo narra bastante bien Vives en su obra:”Inscripciones cristianas de la España romana y visigoda”, editada en Barcelona en el año 1942.

El culto a los dos niños mártires se propagó por toda Hispania y por el sur de las Galias (Francia) y más tarde también en Cerdeña. Durante la dominación musulmana, los restos de los mártires fueron trasladados por San Urbicio a Huesca y al sur de Francia, pero en el año 1568 fueron restituidos a su ciudad natal. En los primeros calendarios mozárabes se les nombra por sus nombres y este es un testimonio irrecusable pues la mismísima Liturgia Mozárabe les había reservado un Oficio Propio en el día de su fiesta.

San Eulogio de Córdoba escribía en el siglo IX sobre un mártir mozárabe cordobés: San Leovigildo y dice de él que era un monje que procedía del monasterio dedicado a los santos Justo y Pastor situado en Fraga, en los montes de Córdoba. Ya desde entonces, se celebraba la fiesta de ambos niños el día 6 de agosto.

Urna con las reliquias de los Santos. Catedral de Alcalá de Henares, Madrid (España).

Quiero añadir algo que me parece bonito y es el diálogo entre los dos niños cuando iban hacia el martirio. Consta en la “passio” del siglo VII pero también lo reproduce San Ildefonso de Toledo en su libro: “Mientras eran conducidos al lugar del suplicio se estimulaban mutuamente estos dos corderitos. Porque Justo, el más pequeño, temeroso de que su hermano desfalleciera, le hablaba así: “Hermanito, no tengas miedo de la muerte del cuerpo y de los tormentos. Recibe tranquilo el golpe de la espada, que aquel Dios que se ha dignado llamarnos a una gracia tan grande nos dará fuerzas proporcionadas a los dolores que nos esperan”. Y Pastor le contestaba: “Dices bien, hermano mío; con gusto te haré compañía en el martirio para alcanzar contigo la gloria de este combate”.

Ambos niños mártires están sepultados en una preciosa urna de plata en la cripta dela Catedralde Alcalá de Henares (Madrid) y allí también se conserva una piedra en la que, según la tradición popular, se arrodillaron los niños para ser decapitados. En esta piedra hay una oquedad que se dice fue producida por las rodillas de los niños. La veneración a esta piedra en Alcalá se remonta a tiempos inmemoriales. Su fiesta se celebró ayer, día 6 de agosto.

Abel

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