Contestando a algunas breves preguntas (XXXV)

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Diácono cantando en Pregón Pascual ante el Cirio Pascual.

Diácono cantando en Pregón Pascual ante el Cirio Pascual.

Pregunta: Mi pregunta es muy simple. Qué se debe hacer con los restos del cirio pascual (acaso se debe echar al tacho) o ¿puede ser conservado en un lugar especial ya que es un signo visible que ha sido consagrado? Muchas gracias

Respuesta: A mi no me suena que haya ninguna norma eclesial al respecto. Yo he visto de todo: acumularlos en el trastero de la parroquia, reutilizarlo si no se ha consumido mucho, donarlo a alguna comunidad religiosa monástica (ten en cuenta que en ellas no suele usarse en bautizos, confirmaciones o funerales, como si ocurre en las parroquias, con lo que se apañan con un cirio más pequeño) y otras cosas por el estilo, como por ejemplo, volverlos a fundir. Sin embargo, creo que dado lo que significa, hay que tratar con respeto el cirio sobrante.

En Roma, con los restos del cirio principal de la Basílica de San Pedro, hace años se hacían unos medallones muy elaborados y cotizados que el propio Papa bendecía. Se ofrecían como regalos de Estado, a visitas importantes, etc. Es posible que exista el ritual de la bendición de estos medallones, pero yo no lo conozco.

Pregunta: Mi pregunta es la siguiente: si me podían sugerir información sobre el beato Diego de Cervantes, mercedario. Ya que no tengo ningún santo con mi nombre, me conformaré con quién tenga mi apellido. Muchas gracias.

Respuesta: Lo he buscado en toda la bibliografía que tengo y no he encontrado nada de nada. Incluso he llamado personalmente a los mercedarios de Barcelona y de Madrid y ellos tampoco saben nada. De todos modos, en una página italiana se dice esto: “No se sabe en qué época en concreto vivió aunque se dice que estuvo en tierras africanas donde consiguió la libertad de más de cuatrocientos prisioneros. No se sabe la fecha de su muerte y antes era recordado el día 20 de octubre”. Actualmente la Orden no lo conmemora porque no está oficialmente beatificado.

Estampa del Beato Diego de Cervantes, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa del Beato Diego de Cervantes, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Pregunta: ¿Es verdad que Herodes está canonizado? He oído hablar de San Herodes y me he quedado perplejo. Gracias.

Respuesta: ¡Cómo para no quedarse!, ja,ja. Ni el Herodes de los Santos Inocentes de Belén ni el Herodes que decapitó al Bautista están canonizados. Como dicen en mi pueblo: “tú has oído campanas, pero no sabes donde”.

Me explico: Habrás oído hablar de los 72 discípulos de Cristo y en la larga lista de ellos existe un Herodes que pertenecía a este grupo y a quién los griegos conocen como San Herodes el apóstol. Se dice que después de la Ascensión del Señor, se dedicó a difundir el evangelio asociado a los apóstoles, especialmente, a Pedro y que después del martirio del apóstol Andrés, fue elegido obispo de Patras. Desde su nueva responsabilidad, mostró toda una serie de cualidades: caridad, prudencia, fogosidad en la predicación del evangelio, etc., pero fue apresado por unos judíos y por unos paganos, quienes lo golpearon salvajemente y apedrearon hasta la muerte. Con el martirio selló su fe en Jesús. San Herodes (o Herodión), se conmemora el día 10 de noviembre.

El cardenal Baronio lo identifica con el personaje saludado por San Pablo en la Epístola a los Romanos: “Saluda a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso, los cuales están en el Señor” (Romanos, 16, 11), diciendo que como era pariente de San Pablo, por lógica, era oriundo de Tarso y que fue San Pablo quién lo ordenó de sacerdote y posteriormente, de obispo.

Icono ortodoxo griego de San Herodes o Herodión, apóstol mártir.

Icono ortodoxo griego de San Herodes o Herodión, apóstol mártir.

Pregunta: Soy peruano. ¿Me podríais facilitar alguna información sobre Fray Diego Ruiz Ortiz? Muchísimas gracias.

Respuesta: Pues aunque sea brevemente, algo podemos decirte. Este fraile agustino nació en Getafe (Madrid) en el mes de julio del año 1532 y con apenas dieciséis años de edad llegó a Perú instalándose en una casa que actualmente está ocupada por un convento. En el Capítulo del 1563 lo destinaron a Yanacache, cerca de La Paz. Aprendió el quechua y el aymara y marchó como misionero a Puná, aunque después lo destinaron a Capiñora.

Llevaba una vida de oración y penitencia, era muy austero y muy caritativo por lo que fácilmente, se ganó la confianza de los indios. Pero un día se le ocurrió predicar contra el adulterio que cometía el cacique inca Tito Cusi, el cual se había separado de su esposa Evangelina y se había unido a Angelina Polanquilaco. Y esta fue su perdición, pues un día, el inca lo invitó a un banquete y él no se presentó porque sabía que la comilona terminaría en borrachera, como realmente ocurrió. Él reprendió a Tito Cusi y su concubina ordenó a los capitanes de su ejército y al secretario Pando que matasen a Fray Diego.

Cuando fueron a buscarlo lo encontraron rezando, pero ellos, en vez de respetar su intimidad, comenzaron a insultarlo y a golpearlo, lo sacaron al campo, lo desnudaron, le ataron las manos a la espalda y lo dejaron a la intemperie para que se muriese de frío. Como no murió, le ataron los brazos hasta el punto de descoyuntarle los huesos, le partieron varias costillas y ya de noche, echaron agua en las cuerdas para que se ajustasen y así, fueran más dolorosas las ataduras.

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En esto, murió el Inca y le pidieron a Fray Diego que lo resucitase. El fraile solicitó que le dejasen celebrar la Santa Misa por esta intención y entonces lo desataron aunque como consecuencia del martirio sufrido, él no podía mover los brazos ya que estaban descoyuntados. A golpes se los pusieron en su sitio y él celebró la Misa. Pero como cuando acabó la Misa el muerto no había resucitado, de nuevo lo ataron a una cruz y lo azotaron. Posteriormente lo abofetearon, le partieron la barbilla y lo llevaron a rastras hasta Mancaray, donde el inca Túpac Amaru se estaba coronando. Lo llevaron al lugar donde ajusticiaban a los malhechores, le clavaron espinas en las uñas de las manos y de los pies y con un machete le golpearon la cabeza matándolo.

Grabado del martirio de Fray Diego Ruiz Ortiz, empalado y alanceado.

Grabado del martirio de Fray Diego Ruiz Ortiz, empalado y alanceado.

Ya muerto, pisotearon el cadáver, le cortaron la cabeza y lo pusieron encima de una roca enorme para que las fieras se lo comieran. Rociaron su cuerpo con salitre y chicha. Era el año 1571, por lo que el padre Diego tenía treinta y nueve años de edad. Cuando la región fue conquistada y se fundó la Nueva Vilcabamba, en el lugar de la ejecución construyeron una iglesia donde enterraron sus restos. Allí estuvo hasta el año 1595, año en el que lo trasladaron a Cusco. El 28 de agosto del 1598 fue solemnemente sepultado junto al altar mayor del convento y allí fue venerado hasta el 1826, año en el que se le perdieron la pista a las reliquias. En el siglo XVII se inició el proceso de canonización, pero este cayó en el olvido; se ha reiniciado en el año 1991. Existe un grabado, que es el que publicamos en el blog, en el que el mártir aparece empalado, pero yo, buscando y rebuscando información, no he encontrado nada que explique esta forma de martirio.

Pregunta: Hola, he viajado hasta Braga (Portugal) tratando de localizar reliquias de San Vicente mártir. Concretamente, mi interés se centra en su brazo derecho. Sabemos que el brazo izquierdo, incorrupto permanece en la Catedral de Valencia (varias fuentes confirman la autenticidad de este dato). Sin embargo, con su brazo derecho existen diferentes versiones contradictorias entre sí. Varias son las fuentes (entre ellas la Wikipedia) que señalan que el derecho se encuentra en la Catedral de Braga. Pero esta tarde he preguntado allí y me han comentado que no tienen conocimiento de que la reliquia del brazo derecho del santo mártir se pueda encontrar en la catedral de esta ciudad portuguesa. Agradecería si pueden darme alguna información al respecto. Gracias de antemano y enhorabuena por su labor.

Respuesta: En principio te digo que, con un permiso especial del obispado, yo he estado fotografiando todos los relicarios de la catedral de Braga y allí no lo he visto, aunque si te digo que si vives en Braga o puedes ir allí de nuevo, no dejes de visitar la iglesia de San Vicente, pues te sorprenderás por sus magníficos murales hagiográficos vicentinos en cerámica. Se que esto no tiene nada que ver con la reliquia, pero supongo que tienes especial interés por este santo y por eso te lo comento.

Mano derecha incorrupta de San Vicente mártir. Catedral de Lisboa, Portugal.

Mano derecha incorrupta de San Vicente mártir. Catedral de Lisboa, Portugal.

También estuve en la catedral de Lisboa, que es la que conserva la mayor parte de los huesos del santo mártir, pero estos se quemaron a consecuencia de un incendio y todos los huesos quemados que pudieron recuperarse están dentro de una arqueta relicario. En otra arqueta, de la que incluyo una foto, está una mano incorrupta, luego si en Valencia está la izquierda, esta debe ser la derecha, lo que puede indicar que el resto de los huesos del brazo derecho estén en la otra arqueta mencionada anteriormente. Espero haberte complacido.

Antonio Barrero

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La Vigilia Pascual

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Vista de la edícula en el interior de la Basílica, rodeada por fieles con velas con ocasión de la Noche de Pascua. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

Vista de la edícula en el interior de la Basílica, rodeada por fieles con velas con ocasión de la Noche de Pascua. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

La madre de todas las santas vigilias
Así es como san Agustín [1] llamaba a la Santa Vigilia Pascual que se celebra en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección. En efecto, ya desde esos primeros siglos, se entendió que en esa noche algo era distinto. No se trataba de una vigilia cualquiera (vigilia es la anticipación o preparación al día anterior de la celebración de una solemnidad o fiesta), sino que es recordatorio del acontecimiento fundamental del que manan, nacen o se refieren todas las fiestas litúrgicas del año cristiano. Tal es así, que cualquier celebración, cualquier acto litúrgico, y yendo más allá, cualquier aspecto de la vida cristiana, se centra en el misterio pascual de Cristo y ponen en él su cimiento. “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1 Cor. 15, 14).

Con el tiempo, las vigilias de otras fiestas han ido perdiendo empuje, y las otrora habituales en todo el año litúrgico van siendo reducidas a unas pocas que merecen recordarse (Nochebuena, Pentecostés, Inmaculada…). Incluso durante el siglo XX se difuminó ésta que nos ocupa, siendo la asistencia de los fieles habitualmente escasa. Pero desde la reforma de Pío XII de 1955 [2] y el empuje de algunos movimientos laicales de nuevo cuño, que la celebran con gran piedad, ha resurgido con gran fuerza. Es de agradecer que haya sido puesta en el gran lugar que le corresponde como la principal y más importante solemnidad anual para el cristiano.

Esta vigilia es, por tanto, algo especial para el seguidor de Cristo vivo y resucitado, pues su sentido salvífico, cristológico, escatológico, sacramental y simbólico está a rebosar. No puede en estas pocas líneas explicarse toda la riqueza de la Vigilia Pascual, pero intentaremos acercarnos a ella mediante unas pocas pinceladas que resuman lo más importante.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

La Vigilia Pascual: centralidad del Triduo Pascual
Con la Vigilia Pascual (y podíamos decir que con su prolongación-epílogo de la Santa Misa del domingo de Pascua o Resurrección) termina el gran triduo que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Si el Jueves Santo recordábamos la cena del Señor (eucaristía-entrega-cordero inmolado) y el Viernes Santo su pasión y muerte, en la vigilia del domingo celebramos ya su triunfante resurrección. No puede entenderse un día sin los demás, los tres van unidos inseparablemente. “La liturgia, y aún la misma vida cristiana por el bautismo, que nos injerta en el misterio pascual, tienen su sentido en la pasión, muerte y resurrección de Cristo” [3]. Aunque ahora celebramos los tres hechos por separado en tres días, en los primeros siglos de la Iglesia, no fue así. Se necesitó un lento desarrollo litúrgico.

El acontecimiento pascual, los tres hechos mencionados, todos en uno, fue lo que impactó a los discípulos y llenó de contenido su predicación hasta los confines del mundo. La Pascua es algo que debe ser el centro del cristiano, que debe dar vida nueva y comunicarse a los demás hombres, pues por ellos, por su salvación, Cristo padeció, murió y resucitó, y se entrega sacramentalmente en cada Eucaristía. Por eso este misterio redentor no acaba en la conmemoración pascual, sino que toda la liturgia, toda la vida de la Iglesia es pascual. Siempre debe ser entrega, oblación, redención, alegría del sepulcro vacío, anuncio y promesa.

Por lo anterior, por vivirse todo unido en cada momento litúrgico, en los primeros decenios del cristianismo no se celebraba la Vigilia Pascual como conmemoración anual de la Pascua-Muerte-Resurrección, sino que todos los domingos eran fiesta pascual (y aún siguen siéndolo de alguna manera). No será hasta bien entrado el siglo II cuando se establece un día privilegiado para vivir esta celebración con mayor solemnidad. Por los escritos patrísticos se aprecia que era muy festejada, con gran éxtasis y fervor por parte de los asistentes. Eran todos los bautizados y catecúmenos los que se reunían, pues no se entendía que un cristiano no acudiera a esta celebración principal. Era tanto el fervor en esta noche santa, que el sentir popular creía que la parusía, o segunda venida de Cristo ocurriría durante una Vigilia Pascual. Así lo reflejan algunos sermones que se conservan.

Celebración de la Resurrección en la noche.

Celebración de la Resurrección en la noche.

Poco a poco, sin perder la centralidad pascual, se fueron introduciendo los elementos litúrgicos que luego describiremos, sobre todo especialmente el bautismo, ya que al ser la celebración más importante de año, era (y es) un momento ideal para administrar dicho sacramento redentor (muere el hombre viejo, nace el hombre nuevo). Se van estructurando y afianzando sus partes con el paso de los años y se van perdiendo otras que pasan a otros días (la pasión y muerte) como “fases” de una misma solemnidad, hasta configurar lo que hoy tenemos y entendemos como Triduo Pascual.

La Vigilia Pascual consta de tres partes fundamentales (aunque podemos a su vez subdividirlas en más): a) bendición de la luz, b) lecturas con cantos y oraciones, c) celebración de los sacramentos de iniciación y d) coronadas todas ellas con la Eucaristía. Veamos lo más importante de cada una.

Liturgia de la Vigilia Pascual
a) Bendición de la luz
La bendición de la luz era un rito que existía en el mundo judío tanto en su liturgia como en la acción cotidiana de encender las luces de una casa durante el atardecer. A dicha acción le acompañaba una oración-bendición. Es muy probable que el mismo Jesús, en la Última Cena, hubiera pronunciado esta bendición judía. La Iglesia dio nuevo significado a este rito gracias a la rica teología que se desprende de las mismas palabras que sobre la luz pronunció Jesús durante su vida. Hay vestigios de que en las primitivas comunidades cristianas, ya en el siglo IV, se usaba esta bendición de la luz en la Vigilia Pascual.

Fotografía del papa Francisco durante el rito del Lucernario del año 2013.

Fotografía del papa Francisco durante el rito del Lucernario del año 2013.

Al comienzo de la Vigilia la oscuridad invade todo el templo donde se va a celebrar la liturgia. El templo se transforma así en una especie de sepulcro. Dicha oscuridad nos recuerda que, real y verdaderamente, no de manera simulada, ha muerto el autor de la Luz (Gen. 1,3), el Salvador-Luz que nos visitó de lo alto (Lc. 1,78), el Cristo luminoso transfigurado en el Tabor (Mt. 17,1ss), la Palabra-Luz verdadera (Jn. 1,8), la Luz que ilumina al mundo (Jn. 8,12). Es un momento de dolor contenido y sereno, de espera, de silencio. En la puerta del templo es bendecido el cirio pascual. Será usado durante todo el tiempo pascual y durante la celebración de bautismos, y representa al mismo Cristo resucitado, por eso durante dicho tiempo pascual es incensado en las celebraciones litúrgicas.

Portado por un diácono, el cirio, ya bendecido, entra en el templo y sirve como guía a todo el pueblo, nuevo Israel, que peregrina tras su Salvador en la procesión de entrada, y va tomando del cirio pascual la luz que arderá en las pequeñas velas que cada uno porta. Tras tres aclamaciones del pueblo, el diácono, desde el ambón, proclama, normalmente cantando, el “Exultet” o Pregón Pascual. Dicho pregón, de gran antigüedad (probablemente compuesto por San Ambrosio) y enorme calidad literaria, nos describe poéticamente el significado espiritual de la luz en la noche iluminada por la Resurrección de Jesucristo, aludiendo a las grandes etapas de la historia de la salvación, desde la creación hasta el presente. No deja indiferente al creyente la gran fuerza de las palabras de este pregón, el anuncio de la Resurrección y el gran lirismo y simbología de la luz y el cirio. Es un momento único de esta noche, irrepetible durante el año.

b) Liturgia de la Palabra
Si densa era la bendición de la luz, no menos densa es la parte que le sigue. Primitivamente era una gran catequesis para los que iban a bautizarse esta noche, pero ahora es un oficio que combina lecturas de la Sagrada Escritura, cantos (salmos o cánticos) y oraciones, no siendo hasta el misal de 1970 cuando se estableció su estructura actual. Lo que más llama la atención es el número de lecturas que se proclama esta noche: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (Gen. 1,1-2,2; Gen. 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18; Ex. 14, 15-15, 1;  Is. 54, 5-14; Is. 55, 1-11; Bar. 3, 9-15. 32-4, 4; Ez. 36, 16-28; Rom. 6, 3-11; Evangelio, que varía según ciclo litúrgico), aunque por razones pastorales sólidas pueden reducirse a tres (nunca por mero capricho o por acortar la celebración sin fundamento). Entre las lecturas se intercalan oraciones y salmos de gran significación en la historia salvífica.

El papa Benedicto XVI durante la Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual del año 2011.

El papa Benedicto XVI durante la Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual del año 2011.

Muy emotivo es el momento en el que se terminan las lecturas del Antiguo Testamento y comienzan las del Nuevo. Se canta entonces, de una manera solemne el “Gloria” (que no se proclamó en toda la Cuaresma, exceptuando el Jueves Santo) y se hacen repicar las campanas del templo. También tiene especial significado el canto del Aleluya, el principal entre todos los del año, que precede al Evangelio.

c) Liturgia bautismal
Siempre que sea posible, es lógico que en esta parte se administren los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, eucaristía y confirmación si el que preside es obispo), pues desde antiguo en esta Vigilia Pascual era el momento en que los catecúmenos se incorporaban a la vida en Cristo resucitado. Con la implantación del bautismo de niños pequeños cayó muy en desuso esta costumbre, pero actualmente se insiste que al menos los catecúmenos adultos y los niños nacidos en fechas cercanas reciban las aguas bautismales en esta Vigilia, pues es esta liturgia un marco adecuado para mejor comprender su significado. Independientemente que sean adultos o niños se sigue el ritual del bautismo como siempre: óleos, letanías, vestido blanco, etc… Personalmente hace un par de años fui padrino de un niño que fue bautizado en esta noche y fue algo muy emotivo.

En el caso de adultos conversos no es raro el hecho de que puedan recibir, tras un periodo largo de catecumenado, los tres sacramentos en la misma celebración pascual presidida por el obispo diocesano del lugar. Habitualmente suele darse esta circunstancia en la Vigilia Pascual presidida por el Papa y en diócesis de importancia.

Bautizo de un joven adulto durante la segunda Vigilia Pascual del papa Francisco.

Bautizo de un joven adulto durante la segunda Vigilia Pascual del papa Francisco.

Independientemente de si hay o no bautismos en la celebración de la Vigilia, suele bendecirse el agua que va a usarse en los bautismos durante el tiempo de Pascua con la novedad de que se introduce el cirio en dicha agua y se usa un texto diferente al habitual, se procesiona solemnemente con ella hasta el baptisterio, se recita la letanía de los santos y se renuevan las promesas bautismales, encendiendo entonces de nuevo las velas que cada fiel porta.

d) Eucaristía
La Vigilia sigue con la liturgia eucarística, culmen de la celebración. No posee ningún rito que se salga de lo habitual de un domingo normal. Evidentemente los textos del ordinario a usar que el misal propone son de una mayor solemnidad. Curiosamente se usarán en los días siguientes, en toda la octava pascual, debido a que éstos se consideran como una única unidad litúrgica. Hasta tal punto es esto, que en el prefacio se dice, en toda la octava: “… En este día … “

La plegaria eucarística que suele usarse esta noche es el llamado Canon romano, más solemne. Concluye la celebración con la bendición final y el canto por duplicado del Aleluya, que se repetirá durante todo el tiempo pascual.

David Jiménez


Texto en latínTexto en español
Exultet iam angelica turba caelorum:
exultent divina mysteria:
et pro tanti Regis victoria tuba insonet salutaris.

Gaudeat et tellus tantis irradiata fulgoribus:
et, aeterni Regis splendore illustrata,
totius orbis se sentiat amisisse caliginem.

Laetetur et mater Ecclesia,
tanti luminis adornata fulgoribus:
et magnis populorum vocibus haec aula resultet.

Quapropter astantes vos, fratres carissimi,
ad tam miram huius sancti luminis claritatem,
una mecum, quaeso,
Dei omnipotentis misericordiam invocate.
Ut, qui me non meis meritis
intra Levitarum numerum dignatus est aggregare,
luminis sui claritatem infundens,
cerei huius laudem implere perficiat.
Per Dominun nostrum Jesum Christum Filium suum,
qui cum eo vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus
Per omnia saecula saeculorum. AMEN.

Vers. Dominus vobiscum.
Resp. Et cum spiritu tuo.
Vers. Sursum corda.
Resp. Habemus ad Dominum.
Vers. Gratias agamus Domino Deo nostro.
Resp. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est,
invisibilem Deum Patrem omnipotentem
Filiumque eius unigenitum,
Dominum nostrum Iesum Christum,
toto cordis ac mentis affectu et vocis ministerio personare.

Qui pro nobis aeterno Patri Adae debitum solvit,
et veteris piaculi cautionem pio cruore detersit.

Haec sunt enim festa paschalia,
in quibus verus ille Agnus occiditur,
cuius sanguine postes fidelium consecrantur.

Haec nox est,
in qua primum patres nostros, filios Israel
eductos de Aegypto,
Mare Rubrum sicco vestigio transire fecisti.

Haec igitur nox est,
quae peccatorum tenebras columnae illuminatione purgavit.

Haec nox est,
quae hodie per universum mundum in Christo credentes,
a vitiis saeculi et caligine peccatorum segregatos,
reddit gratiae, sociat sanctitati.

Haec nox est,
in qua, destructis vinculis mortis,
Christus ab inferis victor ascendit.

Nihil enim nobis nasci profuit,
nisi redimi profuisset.
O mira circa nos tuae pietatis dignatio!
O inaestimabilis dilectio caritatis:
ut servum redimeres, Filium tradidisti!

O certe necessarium Adae peccatum,
quod Christi morte deletum est!
O felix culpa,
quae talem ac tantum meruit habere Redemptorem!

O vere beata nox,
quae sola meruit scire tempus et horam,
in qua Christus ab inferis resurrexit!

Haec nox est, de qua scriptum est:
Et nox sicut dies illuminabitur:
et nox illuminatio mea in deliciis meis.

Huius igitur sanctificatio noctis fugat scelera, culpas lavat:
et reddit innocentiam lapsis
et maestis laetitiam.
Fugat odia, concordiam parat
et curvat imperia.

In huius igitur noctis gratia, suscipe, sancte Pater,
laudis huius sacrificium vespertinum,
quod tibi in hac cerei oblatione sollemni,
per ministrorum manus
de operibus apum, sacrosancta reddit Ecclesia.

Sed iam columnae huius praeconia novimus,
quam in honorem Dei rutilans ignis accendit.
Qui, licet sit divisus in partes,
mutuati tamen luminis detrimenta non novit.

Alitur enim liquantibus ceris,
quas in substantiam pretiosae huius lampadis
apis mater eduxit.

O vere beata nox,
in qua terrenis caelestia, humanis divina iunguntur!

Oramus ergo te, Domine,
ut cereus iste in honorem tui nominis consecratus,
ad noctis huius caliginem destruendam,
indeficiens perseveret.
Et in odorem suavitatis acceptus,
supernis luminaribus misceatur.

Flammas eius lucifer matutinus inveniat:
Ille, inquam, lucifer, qui nescit occasum:
Christus Filius tuus,
qui, regressus ab inferis, humano generi serenus illuxit,
et tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

Amen.
Exulten por fin los coros de los ángeles,
Exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla,
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo
con las aclamaciones del pueblo.

Por eso, queridos hermanos,
que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,
invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente,
para que aquel que, sin mérito mío,
me agregó al número de los Diáconos,
completen mi alabanza a este cirio,
infundiendo el resplandor de su luz.

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque Él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su Sangre, canceló el recibo,
del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya Sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto,
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche
en la que por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo, son arrancados
de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó del abismo.

Esta es la noche de que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los potentes.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
Jesucristo, tu Hijo,
que, volviendo del abismo,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.


[1] S. AGUSTÍN. Serm. 219.
[2] PÍO XII, Maxima redemptionis nostrae mysterium.
[3] Constitución Sacrosanctum Concilium, 2, 5 y 6.

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