San Lázaro de Betania, discípulo de Cristo

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Cristo resucita a Lázaro. Fresco gótico de Giotto di Bondone (1267-337). Capilla de la familia Scrovegni, Padua (Italia).

Hoy empezamos un dúo de artículos sobre los santos hermanos Lázaro, Marta y María de Betania, amigos y discípulos de Cristo; y vamos a iniciarlo con el más conocido.

San Lázaro de Betania es uno de los personajes predilectos del Cuarto Evangelio, tanto por su amistad con Cristo, como por su origen y por la devoción que siempre le han profesado los fieles cristianos, pues ya en el siglo IV fue incorporado a la liturgia jerosolimitana de la Semana Santa, y asimismo, fue admitido en los calendarios de todas las demás iglesias cristianas.

El nombre de Lázaro era muy corriente en los tiempos de Cristo: La’zar es la forma abreviada de Ele’azar, que significa “Dios ha ayudado”. El único evangelista que nos habla de él es San Juan y nos lo presenta como hermano de Marta y María. En su evangelio (Juan 11, 1-44) nos narra de forma pormenorizada el milagro de su resurrección, recordando asimismo el banquete que los tres hermanos ofrecieron a Jesús en Betania, seis días antes de la Pascua y en el cual Lázaro estaba sentado a la mesa y María ungió a Cristo los pies con un perfume (Juan, 12, 1-11).

Aunque algunos autores, como Renan y Loisy, lo han pretendido identificar con el pobre Lázaro de la parábola del rico epulón (Lucas, 16, 19-31), no tiene nada que ver, pues mientras que San Lázaro de Betania es un personaje real, el otro es un personaje de una parábola, o sea, que puede ser ficticio.

Presunto sepulcro de San Lázaro en Betania (Israel).

El milagro de la resurrección de Lázaro es uno de los pasajes más sobresalientes del evangelio de San Juan; y de la historicidad de este hecho no existe la más mínima sospecha, sino que es un acontecimiento profético de lo que días más tarde ocurriría en la mañana de Pascua: la Resurrección de Cristo, el momento más importante de toda la historia de la humanidad.

El mismo evangelista nos lo presenta como “amigo de Cristo” y en realidad fue resucitado porque era amigo de Cristo y porque así, como amigo, se lo pidieron desconsoladamente sus hermanas. Jesús, cuando se encuentra ante la tumba de su amigo, llora por su muerte, lo siente íntimamente, aunque es verdad que también sabía que aquello ocurría para que Él pudiera demostrar su poder como Dios. Y repito lo dicho al principio, es por esa amistad por lo que San Lázaro ha sido siempre venerado.

Lo que dice San Juan en su evangelio es lo único real y cierto que sabemos sobre la vida de Lázaro; el resto se nos ha transmitido mediante leyendas. Aunque recibía culto, durante los seis primeros siglos de cristianismo no se sabía nada sobre su vida después de su resurrección. La leyenda de su episcopado y de su martirio en Chipre era absolutamente desconocida y San Epifanio de Salamina y Teodosio el Peregrino en el 530, llegan a decirlo expresamente: “Nada se sabe de su segunda muerte”.

Pero en el año 774, en una homilía de Juan de Eubea, ya se menciona esta leyenda acerca de su segunda muerte. En ella se dice que después de Pentecostés, él se marchó a Chipre para predicar el evangelio y que San Pedro lo había consagrado como primer obispo de Kition (la actual Lárnaca, en Chipre), muriendo martirizado dieciocho años después de haber sido resucitado por Cristo y siendo sepultado en el sepulcro que aparece en una de las fotos de este artículo. Esta leyenda es confirmada en parte cuando en el año 900, el emperador León VI el Filósofo hizo llevar a Constantinopla las presuntas reliquias del santo, que se encontraban en Kition junto con las de Santa María Magdalena.

Primitivo sepulcro del Santo en Larnaca, Chipre.

Este acontecimiento es registrado en el “Sinaxario Constantinopolitano” los días 17 de octubre (traslado de Chipre a Constantinopla) y el 4 de mayo (deposición en el monasterio constantinopolitano de San Lázaro). Esta leyenda chipriota no estaba circunscrita sólo a la isla de Chipre, pues por ejemplo, de ella también hablan Honorio de Autun y Gregorio Bar Ebreo. Estas reliquias de San Lázaro que se encontraban en Constantinopla fueron llevadas por los cruzados a Occidente en el año 1204. En Lárnaca (Chipre) se conserva el cráneo.

Existe asimismo otra leyenda que lo hace obispo de Marsella martirizado en tiempos de Nerón; según ésta después de Pentecostés, los tres hermanos se embarcaron y llegaron a las costas francesas, concretamente a Saintes-Maries-de-la-Mer. Allí quedaron las dos hermanas y él se marchó a Marsella para evangelizarla, llegando a ser el primer obispo de aquella ciudad. Relacionados con esta leyenda están los lugares franceses donde de manera especial recibe culto: la Abadía de San Víctor de Marsella, la Catedral de Autun y la Abadía de la Trinidad de Vêndome. Esta leyenda, sin embargo no tiene ninguna consistencia histórica.

Pero dejando las leyendas de su vida, tratemos el tema de su culto empezando por el que se le empezó a tributar en la propia Tierra Santa. Sabemos que Lázaro era originario y vivía en Betania. Beth-Aniah (“casa del dolor”) es la misma localidad Beth-Ananiah mencionada en el libro de Nehemías. Aquel poblado hebreo fue sustituido en los primeros siglos del cristianismo por una villa cristiana que estaba situada en la pendiente del Monte de los Olivos a unos tres kilómetros al este de Jerusalén y a trescientos metros del llamado “Lazarium” del que habla la monja Eteria, o sea, el Lazarion bizantino, que ya era un primer testimonio de culto rendido al amigo de Jesús en su tierra natal.

Reliquias del Santo expuestas a su veneración en Larnaca, Chipre: huesos (izqda.) y cráneo (dcha.)

Tenemos conocimiento de estos lugares primitivos de Betania a través de los diarios de viaje de los peregrinos a Tierra Santa. El “Itinerario” de Burdeos, ya en el año 333 nos habla de que allí permanecía la tumba de Lázaro. San Jerónimo y la monja Eteria, entre los años 386 al 415, nos facilitan otros datos diciendo que allí existían dos santuarios: uno sobre la casa de los tres hermanos y el otro sobre la tumba de Lázaro. En la Edad Media, junto a la tumba fue construido un monasterio en tiempos del emperador Carlomagno. En el siglo XII el rey de Jerusalén estableció a las monjas benedictinas en dicho monasterio y desde el siglo XVII han sido los franciscanos quienes han cuidado de él.

Como dije antes, desde el siglo IV, Lázaro era recordado en Jerusalén durante la Liturgia de las Palmas. Eteria lo especifica: “En la vigilia de las Palmas, los fieles de Jerusalén iban en peregrinación a Betania cantando himnos y antífonas y llegados a la tumba, leían el pasaje evangélico de su resurrección. Posteriormente, en el “Lazarium”, un sacerdote anunciaba la Pascua recordando el pasaje evangélico del banquete en Betania”. A este oficio se le denominaba “Sábado de Lázaro”, que posteriormente fue incorporado como liturgia en la vigilia del Domingo de Ramos. En el siglo VI, el peregrino Teodosio nos dice que, por razones de comodidad, esta liturgia fue transferida al propio Domingo de Ramos. Actualmente, las Iglesias Orientales mantienen el Sábado de Lázaro el sábado inmediato anterior al Domingo de Ramos.

Los peregrinos que visitaban Jerusalén llevaron esta costumbre del “Sábado de Lázaro” a sus lugares de origen. En Oriente, la mención más antigua que tenemos acerca de esta liturgia nos la encontramos en una homilía de Tito de Bostra (364-378), pero otros muchos autores y Padres de la Iglesia nos hablan también de ella. En el siglo V, lo hacen San Juan Crisóstomo, San Anfiloquio de Iconio, San Basilio de Seleucia y San Hesiquio de Jerusalén. Con posterioridad también la mencionan San Andrés de Creta, San Leoncio de Arabisos, San Teodoro Studita, San José de Tesalónica y otros muchos. De entre todas las conocidas – y son muchas – todas hacen referencia al “Sábado de Lázaro” y sólo dos lo hacen al “Domingo de Lázaro”.

Urna con las reliquias del Santo veneradas en su catedral de Autun, Francia.

A partir del siglo VI, esta ceremonia se incluye en los libros litúrgicos orientales y no sólo en los bizantinos, sino también en los de otros ritos, como por ejemplo, en dos leccionarios siríacos, un evangeliario copto y finalmente, en el “Sinaxario Constantinopolitano”. Pero como dije antes, en Oriente, a San Lázaro se le conmemoraba también el 4 de mayo y el 17 de octubre e incluso los coptos celebraban su segunda muerte el día 22 de mayo.

En Occidente, la primitiva tradición del día de Lázaro previo a la Semana Santa fue sustituida por la introducción de los “escrutinios” en la liturgia de Cuaresma, pero existen algunas homilías de los Santos Padres favorables a la tradición antigua; por ejemplo, según San Agustín, en África, el texto evangélico de la resurrección de Lázaro (perícopa evangélica), figuraba en el Oficio de Maitines y en la Misa del Domingo de Ramos y San Cromacio de Aquileya, San Máximo de Turín y San Pedro Crisólogo utilizaban esta perícopa varias veces durante la Cuaresma.

En los libros mozárabes, el “Domingo de Lázaro” se celebraba en el “Domingo de Pasión”; así consta en el “Liber mozarabicus sacramentorum”, en el “Oracional visigótico”, etc. El misal del cardenal Cisneros lo fijó en el tercer domingo de Cuaresma. En el rito ambrosiano, los domingos de Cuaresma tienen el nombre de la lectura evangélica del día, y al domingo anterior al de Ramos se le llama “Domingo de Lázaro”. En los libros litúrgicos del rito galicano, en la liturgia del Domingo de Ramos se contienen algunas alusiones a la resurrección de Lázaro, como por ejemplo, puede leerse en el “Missale gallicanum vetus”. En la actual liturgia romana, la resurrección de Lázaro es conmemorada el viernes de la cuarta semana de Cuaresma; y el banquete de Betania, el Lunes Santo. El “Domingo o Sábado de Lázaro” como tal, ha desaparecido completamente en el rito romano.

Vista exterior de la tumba de San Lázaro en Betania, Israel.

En lo referente a las fechas fijas en que era conmemorado, en Occidente, los martirologios antiguos no contienen ninguna indicación. Es Adón quien incluye la fecha del 17 de diciembre en su martirologio y de él pasó al de Usuardo y posteriormente, al Martirologio Romano. En algunos lugares concretos también lo conmemoran otros días, como por ejemplo el 5 de diciembre en Tournai (Francia), el 16 de diciembre en Toulouse y Verdún (Francia) e incluso tres veces al año como sucede en Autun (Francia). Es Francia el país donde es más venerado el santo amigo de Cristo.

En la Edad Media, a los hospitales que atendían a los enfermos de lepra se les puso el nombre genérico de “lazaretos”, denominación que se mantiene en algunos lugares. Asimismo, las Órdenes hospitalarias lo reivindican como patrono como consecuencia de la confusión entre San Lázaro de Betania y el Lázaro del que habla San Lucas en su evangelio.

En medicina se denomina “Síndrome de Lázaro” al retorno espontáneo de la circulación sanguínea tras varios esfuerzos fallidos de resucitación.

Antonio Barrero


O Sapiéntia,
Quae ex ore Altíssimi prodiísti,
Attíngens a fine usque al finem,
Fórtiter suaviterque dispónens ómnia:
Veni
Ad docéndum nos viam prudéntiae.
O Sabiduría,
Que brotaste de los labios del Altísimo,
Abarcando del uno al otro confín,
Y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,
Ven
Y muéstranos el camino de la salvación.

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