San Leandro, arzobispo de Sevilla

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo del Santo por Bartolomé Esteban Murillo (1655). Sacristía mayor de la catedral de Sevilla, España.

Etimológicamente hablando, Leandro significa “hombre con fuerza de león”.
Nació en Cartagena (Murcia) en la mitad del siglo VI, aunque algunos autores sitúan la fecha de su nacimiento en el año 535. Su padre se llamaba Severiano y pertenecía a una familia romana influyente que emigró en la época de la invasión bizantina. Su madre era visigoda y probablemente, arriana, pues era hija de Teodorico, el rey de los ostrogodos.
Su padre, hispano romano de antepasados griegos, ocupaba un puesto de importancia en la administración civil de la provincia Cartaginense. Como he dicho antes, la invasión bizantina obligó a emigrar a toda la familia desde Cartagena, donde había nacido Leandro, hasta Sevilla, donde nacieron sus hermanos menores: Fulgencio, Florentina e Isidoro, que era el menos de ellos.

Sin duda, los padres debieron influir en la educación de los hijos y de qué modo: los cuatro están canonizados, son considerados santos por la Iglesia Universal. Recordad que ya hemos escrito un artículo sobre San Isidoro publicado el día 4 de abril.
Los cuatro hermanos decidieron abrazar la vida religiosa; era la época en la que los visigodos, que procedían de las Galias, se establecieron en la península ibérica, habiendo tomado ya Sevilla en el año 415.

Leandro, que era ya monje al morir sus padres relativamente jóvenes, se tuvo que encargar de la educación de sus tres hermanos. Era persona inteligente, buen orador, tenía don de gentes debido en gran parte a su enorme simpatía y había estudiado con los mejores maestros de la época. Por eso, se encargó de que sus hermanos obtuvieran una buena y extensa educación.

El, con sus escritos y con su predicación, combatió la doctrina arriana que era la religión oficial de los visigodos, que tuvieron en el rey Leovigildo a uno de los mayores valedores de la doctrina herética de Arrio, de la que ya hemos escrito en alguna otra ocasión.
En el año 578, por elección popular, se convirtió en arzobispo metropolitano de Sevilla. En aquella época, la elección de los obispos no era como es hoy; cuando fallecía el prelado de una diócesis, el pueblo y el clero eran quienes elegían de entre ellos al futuro obispo y esto fue lo que le ocurrió a Leandro.

Conversión de Recaredo. Lienzo decimonónico de Muñoz Degrain, Madrid.

Al poco tiempo de ser elegido arzobispo de Sevilla entró en contacto con quién era el jefe político de la provincia hispalense: el príncipe Hermenegildo, hijo del rey Leovigildo y hermano de Recaredo. Leandro influyó y mucho en la conversión de Hermenegildo, que abandonó la doctrina arriana para abrazar la doctrina defendida por Roma. Esta conversión originó una revuelta sangrienta a nivel familiar ya que Hermenegildo encabezó una rebelión contra su padre, que lo apresó y mató. Sin duda alguna, Leandro fue una de las personalidades más importantes en la vida eclesiástica hispana.

Leovigildo no solo mató a su hijo Hermenegildo, sino que expulsó de la península a todos los que consideraba que habían sido sus colaboradores y San Leandro tuvo que marchar a Constantinopla como embajador con el objetivo de negociar el apoyo bizantino. Allí conocería al futuro Papa San Gregorio Magno, que era legado pontificio en Oriente y con quién se unirá en una franca y duradera amistad. Entre ambos se mantuvo una abundante correspondencia que hoy se ha perdido casi por completo, aunque se conservan algunas cartas dirigidas a él por San Gregorio Magno.

En Constantinopla estuvo entre los años 581 al 585, en los que aprovechó para seguir estudiando mejorando su formación monástica y bíblica. Leandro regresó a la Hispania visigoda en el año 585 y como él no había estado implicado en la guerra civil entre Leovigildo y Hermenegildo, aunque no se le permitió establecerse en Sevilla, no se le quitó la mitra, cosa que solicitaban algunos nobles visigodos que veían a Leandro como el instigador de San Hermenegildo. Pero el propio rey no debió tener esa opinión porque antes de morir le permitió volver a Sevilla e incluso le encomendó el cuidado de su hijo Recaredo, sucesor de Leovigildo en el trono. Recaredo necesitaba el apoyo de San Leandro pues era el mayor talento de toda la Iglesia Hispana.

Imagen del Santo sacada durante la procesión del Corpus Christi en Sevilla, España.

Si San Leandro no hubiera estado cerca del rey Recaredo no se hubiera podido convocar el III Concilio de Toledo, cosa que se hizo en el año 589. En este Concilio se confirmó oficialmente la conversión de Recaredo a la doctrina de Roma, abandonando él y todo su reino la herejía arriana. Hispania se unió espiritualmente bajo una misma liturgia (la mozárabe) y una misma doctrina. Tanto San Leandro como su hermano San Isidoro fueron dos grandes promotores de la liturgia mozárabe, componiendo multitud de oraciones y cánticos para la Misa y el Oficio Divino.
Leandro clausuró el Concilio con una bellísima homilía, que se conserva junto con las Actas conciliares y que es uno de los más raros ejemplos de este género en la literatura visigoda.

San Leandro era la figura más importante de todo el reino, detrás del rey. San Isidoro de Sevilla, su hermano, escribió una breve biografía suya, diciendo de él:”Leandro, hijo de Severiano, de la provincia cartaginense de Hispania, fue monje de profesión y siendo monje fue nombrado obispo de la Iglesia de Sevilla en la provincia bética; hombre de conversación suave, de ingenio brillantísimo, ilustrísimo por su vida tanto como por su ciencia hasta el punto de que su fe y por su habilidad, el pueblo de los godos volvió de la herejía arriana a la fe católica”. Eso lo escribía en su obra “De viris illustribus”.

Una obra escrita por San Leandro fue el tratado “De institutione virginum et de contemptu mundi”, que dedicó a su hermana Santa Florentina.
Fue un monje al que las circunstancias le obligaron a dedicarse a la cosa pública, pero vivió austeramente como un monje, escribiendo y predicando como un monje, enriqueciendo la Liturgia Mozárabe en cuya Misa introdujo la recitación del Credo como profesión de fe.

Murió en Sevilla el día 13 de marzo del año 600 (algunos autores afirman que en el año 596) y fue sepultado en la iglesia de las Santas Justa y Rufina. Su cuerpo fue llevado posteriormente a la catedral hispalense, traslación que es conmemorada el día 6 de abril por un viejo Breviario sevillano.
El 11 de noviembre de 1543 fue removida su sepultura y puesto en la misma capilla donde estaba sepultado el rey San Fernando III. Esta capilla, actualmente, se llama Capilla Real de la Catedral y en su cripta, se conservan sus reliquias en una pequeña urna de plata. En España se le venera como Doctor de la Iglesia.

Reliquias del Santo conservadas en la catedral de Sevilla, España.

Aunque en los libros litúrgicos mozárabes y los breviarios antiguos españoles se le conmemora el día 13 de marzo, sin embargo, el Martirologio Romano fija su fiesta el 27 de febrero, siguiendo una tradición que parte del Martirologio de Floro, influenciado quizás por una mención hecha este día de un tal “Leandro” en el Martirologio Jeronimiano, mención que no tiene ningún sentido, pero que fue seguida también por los Martirologios de Beda, de Adón y de Usuardo.

Como he dicho, sus restos se conservan en la catedral de Sevilla, existiendo una reliquia insigne en la “capilla del ochavo” de la catedral de Toledo. Desde el 14 de junio de 1954, fecha del Breve Pontificio “Ut recens sati” del Papa Pío XII, es el patrono de mi diócesis, la diócesis de Huelva.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es