El Heraldo del Evangelio: Venerable Leonardo Castellanos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

México, año de 1862. La situación socio-política del país no era de lo más favorable, la interminable lucha entre liberales y conservadores seguía a la orden del día, esto se realizaba inclusive aunque exactamente un año atrás se había verificado el triunfo de los liberales contra los conservadores en la famosa guerra de Reforma con la entrada triunfal del presidente el Lic. Benito Pablo Juárez García[1] a la ciudad de México que había sido toda una apoteosis. La Iglesia católica seguía en el exilio con sus prelados, Mons. Pelagio de Labastida y Dávalos[2], Arzobispo de México se encontraba en Roma como muchos obispos más, aguardando mejores momentos y el pase definitivo a México, esta situación tan difícil ha sido una crucifixión de la Iglesia Mexicana por parte de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos del 5 de febrero de 1857, un duro golpe a la fe y moral que amotinados bajo el espíritu de progreso solamente sepultaban los derechos de gentes y reafirmaba la soberanía, no del sentimiento de la nación, sino de un puñado de hombres que acaparaban el poder imponiendo su sentir sin consulta del pueblo, creyendo siempre que hacían lo correcto en bien de la sociedad.

Casa natal del Venerable Leonardo Castellanos. Archivo particular ELGJ: fondo especial José Luis Torres Guerrero.

En este contexto histórico-social en un muy lejano pueblo de Michoacán llamado Ecuandureo (hoy “de Castellanos”) nació el 5 de noviembre de 1862, el hijo de don Fernando Castellanos un distinguido y trabajador sastre y Lugarda Castellanos excelente ama de hogar, es el primero del segundo matrimonio de su padre, que llevará por nombre José Leonardo de Jesús. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la iglesia parroquial de Nuestro Señor de la Paz. Desde su infancia vivió en la pobreza, condición que le llevó a identificarse con los más necesitados. A los 6 años perdió a su madre y tuvo que asumir las responsabilidades propias de una madre con sus demás hermanos. Realizó el sacramento de comunión y confirmación entre 1872-74. En busca de una mejor situación y sobre todo estudiar, se dirige a Zamora con su media hermana Rosa Gil Castellanos, hija del primer matrimonio de su padre, ella y su esposo, serán el apoyo que Leonardo necesite para entrar al Seminario Diocesano Conciliar de Zamora, el cual consigue el 15 de enero de 1875. En agosto o septiembre de  1885 recibió la ordenación diaconal y el 20 de marzo siguiente recibió la ordenación sacerdotal en la iglesia de San Francisco en el Seminario, de manos de Mons. José María Cázares y Martínez[3], II Obispo de Zamora.

Habiéndose ordenado, fue destinado al pueblo de Sahuayo para que se ocupara del Colegio Auxiliar del Seminario de Zamora, como docente de las materias de teología y filosofía, hasta mediados de 1888 que es enviado a su pueblo natal Ecuandureo para el servicio pastoral parroquial como vicario del padre Inocencio Palomino, hasta que le sucedió en el cargo al año siguiente. Comenzó a trabajar en contra de las malas costumbres que denigraban la dignidad de las personas, a los hombres a base de mucho consejo los alejó del alcohol, combatió la depravación de las fiestas paganas que tan mal ejemplo daban a las mujeres y niños, desaprobó la pelea de gallos y palenques pues terminaban en disputas y muerte. Todo lo hacía sin el rigor de las amenazas, nunca fue amigo de la violencia. Predicaba contra el pecado y el enorme daño que éste causaba en las personas, mantuvo buenas relaciones con su pueblo, le amaron hasta el último momento. Tomó en sus manos la terminación de la edificación de su parroquia, concluyéndole la torre que le faltaba hecha de cantera roja, reconstruyó el altar mayor y el pórtico de la iglesia.

Fotografía del Padre Castellanitos cuando fungía como Rector del Seminario de Zamora. Archivo particular ELGJ: sección Santos y Papas, serie Personajes, subserie Tabasco.

Al asomarse el término del siglo XIX, el Papa León XIII inserta a la iglesia católica en un movimiento especial llamado “Doctrina Social de la Iglesia Católica”, su inicio coincide con la encíclica Rerum Novarum del 15 de mayo de 1891. El padre Castellanitos (como todos le decían) hizo de esta carta magna una regla social en su parroquia, formando la Junta de San Francisco Javier, para obreros y trabajadores, quienes además de asistir a los servicios, daban  tres centavos cada ocho días para allegar recursos para los compañeros que más lo necesitaban. Visitaba los enfermos y asistía a todas las personas de su feligresía, a nadie dejó solo, todos fueron servidos por él.

A finales de 1904 recibió la orden de dejar su curato y trasladarse a Zamora para dirigir como rector el Seminario Diocesano y posteriormente elegido canónigo de la Santa Iglesia Catedral  el 1 de marzo de 1905. Tuvo buenos compañeros y otros no tan buenos, entre los primeros encontramos al P. Rafael Guízar y Valencia (futuro Obispo de Veracruz y santo) y el P. Francisco Navarro (quien promoverá su causa de beatificación), entre los últimos  el seminarista Francisco J. Mújica V. (futuro gobernador de Tabasco y anticlerical “jacobino”) a quien tendrá que expulsar del Seminario por ser un mal ejemplo a los demás.

En los consistorios privado y público del 22 de marzo y del 29 de abril de 1908, el Papa Pío X por medio de la Sagrada Congregación del Consistorio, lo elige como Obispo de Tabasco. Fue consagrado en la ciudad de México el 27 de septiembre de 1908, por manos de Mons. Giuseppe Ridolfi, Arzobispo Titular de Apamea Cibotus y Delegado Apostólico en México, como co-consagrantes participaron el Dr. José de Jesús Fernández Barragán, Abad de la Basílica de Guadalupe y Electo Obispo de Zamora y del Dr. Francisco Campos y Ángeles, Obispo de Chilapa, en la iglesia de Santa Brígida (hoy ya no existe)[4]. La historia nos conserva un recuerdo sobre el día de su consagración: “Una mañana… Fachendoso carruaje frenó a la puerta de la hospedería. Baja un clérigo…, topa con la huéspeda. ‘– Busco al Señor Obispo de Tabasco. Vengo en nombre del Señor Arzobispo. – No es aquí, Padre. – ¡Cómo! ¿No está aquí el Señor Obispo de Tabasco? – No, Padre. – Entendamos bien, señora. ¿No se hospeda en esta casa un sacerdote Leonardo Castellanos? – Si, Padre, pero no el obispo. – Señora vengo a buscar al señor Castellanos que será consagrado hoy Obispo de Tabasco.’ Asombro femenil alharaca de disculpas. Llega el canónigo. La patrona se arrodilla al paso; quiere besar la mano flaca en desagravio; pide que la absuelva… ‘- Señorita, levántese; no se mortifique; yo estoy muy a gusto. De rodillas, ante Dios.’” Esta escena demuestra su sencillez y humildad que siempre le caracterizó.

Fotografía tomada después de su consagración episcopal en 1908. Archivo particular ELGJ: sección Santos y Papas, serie Personajes, subserie Tabasco.

Llegó a su sede el 4 de octubre de 1908 y tomó posesión de la diócesis de Tabasco al día siguiente 5 de octubre, al entrar en la ciudad de San Juan Bautista (capital del estado y de la diócesis), se presenta una nueva escena de lo más curiosa: “En las callejuelas enfogadas, el sol tabasqueño golpea… Una niña desde un balcón: ‘- Mamá ¿y ese hombre es el obispo? – Ese ha de ser. – Yo creía que los obispos eran gordos.’ Culmina por una loma con iglesia en el remate. Lo encumbran en el púlpito ‘Amados hermanos en Jesucristo: Me habían dicho que esta Catedral era una ermita. Grande la veo porque la casa de Dios es grande como la tierra, continente de dolor, e infinita como el universo para el amor de Jesucristo…’ Desciende sin lograr el discurso.” Había comenzando con un hermoso plan pastoral de humildad y servicio. Visitó a don Eligio N. Granados González, pastor protestantes con quien trabó buena amistad, era amigo de intelectuales y ateos, de maestros y gobernantes, era un persona llena de candor humano. Reanudó las labores del Seminario puesto que había traído de Zamora a varios diáconos para que le ayudaran en su trabajo pastoral, se ocupó porque los templos se mejoraran, principalmente en su aspecto físico. Se humanizó con los más pobres, su pobreza era tal que sólo dos mudas de ropa llevaba (la que traía puesta y otra más. No quería ofender la pobreza que le rodeaba.

A ellos les dedicó su mayor tiempo, sus desvelos, sus oraciones, vivía entre ellos, ellos le amaban como a un padre. Pasaba las noches caminando por la calle, nada le distinguía de un simple sacerdote, visitando a los enfermos, moribundos, a los olvidados del mundo, del gobierno.  En 1909 hace una visita a su pueblo Ecuandureo para ordenar a los diáconos que él se había llevado a Tabasco para ayudarle, algunos le ofrecieron su apoyo en seguir trabajando en su sede. Fundó una escuela para obreros católicos y dio clases gratis en el Instituto Juárez. Al año siguiente a su llegada anunciaba su salida en visita pastoral, en noviembre de 1909 salió a recorrer los municipios. Para abril de 1910 llegó a San Juan Bautista el misionero apostólico, el padre Rafael Guízar y Valencia para predicar, según cuentan lo hagiógrafos y biógrafos del Obispo Castellanos, se realizaron vario hechos milagrosos. Obtuvo el permiso de la Secretaría de Hacienda del 22 de mayo y 1 de junio de 1910 para la reconstrucción de la iglesia de la Inmaculada Concepción que amenazaba ruinas. En 1911 tiene lugar su segundo viaje para su pueblo natal y Zamora, en busca de religiosas y recursos para las labores que estaba emprendiendo, no pudo conseguir todo, pues malos tiempos se avecinaban. Cundo llegó Francisco I. Madre y José María Pino Suárez a Tabasco en campaña presidencia en 1911, Mons. Leonardo se entrevistó con ellos, y las peticiones impresionaron tanto que el último no dudó decir: “…En mi vida había visto jamás la virtud, la inocencia y el candor en un hombre. Todo esto lo posee el Obispo de Tabasco…”. Y casi al final de ese mismo año realiza su segunda visita pastoral por todo el territorio de la diócesis tabasqueña.

Fotografía del obispo Castellanos en Ecuandureo, Michoacán para la ordenación de varios sacerdotes. Archivo particular ELGJ: fondo especial José Luis Torres Guerrero.

En la primavera de 1912 se desató una peste en Tabasco, principalmente en San Juan Bautista, el llamado vómito negro (una especie de fiebre amarilla), fue un azote  para la población miserable y carente de recursos, muchos murieron, los hospitales no se dieron abasto, los médicos tenían miedo de acercarse a los apestados, el contagio era directo, aunque había un “Mandato erguido: ‘- No dejen entrar al señor Castellanos al hospital. Hay fiebre amarilla.’”, el obispo estuvo al pie de los enfermos y moribundos, consolando a las viudas y dando a su cariño a los huérfanos que no alcanzaban a comprender lo que sucedía, por ellos vendió todos los enseres de la casa episcopal y su anillo de consagración, y todo lo repartió entre ellos. Solía saltar las bardas para llegar a la cama de los enfermos, sin miedo a las consecuencias que esto le iba a traer. Y del modo esperado, él enfermó a principios de mayo de ese año, lo sufrió con total paciencia, todos estaban pendientes del desenlace, que aconteció el 19 de mayo de 1912, asistido por las religiosas y sacerdotes cercanos a él. Nuevamente se dibuja la escena final del heroísmo: “– Doctor. ¿Es vómito negro lo que tiene el señor Obispo? – Sí. – Se morirá? – ¿…?’ El pueblo sintió la herida… multitud que invade la casa y aposento, perturban la agonía del vencido. ‘- Fulana, por el amor de Dios, tú que puedes llegar al señor obispo, dile que pida por mi muchachito; se me está muriendo… [Respondió el santo] – Diga usted a la señora que no se de a la pena. El niño se aliviará…’ Convulso, incorporado un instante, dijo la síntesis de sus angustias inconfesas [sus últimas palabras fueron]: ‘- Dios los libre a ustedes del calor que hace en Tabasco…’”  Fue velado durante un día y una noche por razones higiénicas, su velorio resultó una apoteosis.

Primera sepultura del Mons. Castellanos en el panteón central de Villahermosa. Archivo particular ELGJ: sección Santos y Papas, serie Personajes, subserie Tabasco.

El entonces gobernador el Dr. Manuel Mestre Ghigliazza (quien fuera su médico de cabecera) y Domingo Borrego, llevaron sobre sus hombros el ataúd  rumbo al cementerio, el hoy afamado Panteón Central. Maestros, ateos, pueblo en general, el gobierno, anticlericales, asistieron a su entierro, el adiós a un hombre admirable que vivió por todos, y dio su vida por los necesitados. Hasta el pastor presbiteriano Granados ofició culto en su templo por el descanso de su alma. Su lápida aún se encuentra en la fila 2 del lado izquierdo a 33 tumbas de la entrada principal, con el #70 a perpetuidad. En 1916 fueron sacados los restos por el señor Enrique Ruiz Pérez contando con la ayuda del Gral. Francisco J. Mújica, y enviados a Ecuandureo, donde hoy yacen en la parroquia de Nuestro Señor de la Paz.

Tumba donde actualmente yacen sus restos en la iglesia de Ecuandureo, Michoacán. Archivo particular ELGJ: sección Santos y Papas, serie Personajes, subserie Tabasco.

El padre Francisco Navarro, inició la recopilación de testimonios necesarios para iniciar la causa de beatificación. El obispo de Zamora introdujo el proceso en la Santa Sede por medio de la Sagrada Congregación de Ritos, que fue aprobado el 1 de junio de 1949, con lo cual se pasó a denominar a Leonardo Castellanos, Siervo de Dios, y se procedió a las investigaciones de su vida, obras y virtudes. El 21 de diciembre de 1989 en presencia del papa San Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto sobre la heroicidad de sus virtudes, obteniendo el título de Venerable. Se espera la aprobación del milagro para proceder a su beatificación.

Fray Marcelino

Estampa para devoción y uso personal. Archivo particular ELGJ: sección Santos y Papas, serie Personajes, subserie Tabasco.

Documentos consultados:

Carmen Saucedo Zarco: Historias de Santos Mexicanos, Editorial Planeta, México, 2002.

Diego López Lázaro (dir): Inquieto Amanecer, Revista del Seminario Diocesano de Tabasco, Núm. 38, Año XII, Edición Especial, 2003.

Compilación de Documentos para la historia de Michoacán, El Colegio de Michoacán, Zamora, 2007.

Daniel Gurría Urgell: El Santo Leonardo Castellanos, Consejo Editorial del Gobierno del Estado de Tabasco, Villahermosa, Tab., México, 1979.

Eddy Lorenzo González Jiménez y André E. Ordóñez Capetillo: El Heraldo del Evangelio. Venerable Mons. José Leonardo de Jesús Castellanos y Castellanos, IV Obispo de Tabasco, manuscrito, Villahermosa, Tabasco, 2008.

Geney Torruco Saravia: Villahermosa: Nuestra Ciudad, Tomo I (1987), Tomo II (1988), Tomo IV (1994), Tomo V (1995), Tomo VI (1997), Tomo VII (1997), Tomo VIII (1999), Tomo IX (2000), Tomo X (2001), Tomo XI (2002), Tomo XII (2003), Tomo XIII (2006), Edición del H. Ayuntamiento del Centro, Tabasco. Tomo III (1992), Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Tabasco.

Homilía del Santo Padre Juan Pablo II para los fieles de la Diócesis de Tabasco, del viernes 11 de mayo de 1990.

Humberto Muñoz Ortiz: Biografía de una Ciudad. Su tiempo y sus hombres 1519-1975, Villahermosa, Tabasco, 1975.

Ignacio Lehonor Arroyo, I Obispo de Tuxpan, Ver.: Recuerdos de Rafael Guízar Valencia, Arzobispado de Xalapa, Veracruz, 1995.

José Rogelio Álvarez (dir): Diccionario Enciclopédico de Tabasco, Gobierno del Estado de Tabasco- ICT, Tomos I y II, 1994.

Juan Manuel Robles Gil: “Venerable Leonardo Castellanos”, versión digital www.santoslatinoamericanos.org.mx; última revisión 15 de mayo del 2005.

Pbro. Conrado Fernández: Folleto Novena a Jesucristo en el Santísimo Sacramento escrita por el Ilmo. Sr. Obispo de Tabasco, Leonardo Castellanos, Zamora, Michoacán, 1990.

Santiago José García: Unas Flores a Leonardo Castellanos, en “Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios: México”, México, 1990, s/n pág.


[1] Presidente de México 1858 – 1872. Creador de las Leyes de Reforma, confiscación de los bienes y derechos del clero.

[2] Arzobispo de México, que apoyó al grupo político conservador y regente del Imperio Mexicano en 1864, mantuvo su posición con respecto a las relaciones gobierno e Iglesia.

[3] Obispo de Zamora, cuya causa de beatificación está en la fase diocesana, fundador de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, cuyas religiosas llegaron con Mons. Leonardo en 1911 y le atendieron en su último momento.

[4] Asistieron otros obispos como el de México, Puebla, Morelia, Zamora, Monterrey y varios religiosos, superiores y religiosas.

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