San Leopoldo de Castelnuovo, fraile capuchino

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Santo algún tiempo antes de su muerte.

Pregunta: Por favor, decidme cuando se celebra la fiesta de San Bogdan. Nicaragua

Respuesta: En castellano, San Bogdan como tal no existe. Bogdan en el idioma eslavo meridional hablado en Montenegro, significa Adeodato, luego te estarías refiriendo a San Adeodato y existen varios santos con ese nombre. Pero Bogdan se llamaba quién al profesar como religioso capuchino, cambio su nombre por Leopoldo y me estoy refiriendo a San Leopoldo (Bogdan) Juan Mandic Zarevic, nacido en la actual Montenegro y sepultado en Padova (Padua), en Italia. Aprovecharemos la oportunidad y hablaremos de San Leopoldo.

Nació en Herceg Novi (en italiano: Castelnuovo), en Montenegro el día 12 de mayo del año 1866, siendo el duodécimo hijo de Pedro Mandic y Carla Zarevich; ambos eran croatas nobles y fervientes católicos. El padre trabajaba como armador, tenía barcos que faenaban en el Mar Adriático, pero por diversos motivos quedaron prácticamente en la ruina. Luego Leopoldo, como el resto de sus hermanos creció en un ambiente pobre que le imprimió carácter para el resto de su vida. Cuando fue bautizado se le impuso el nombre de Bogdan Juan (Adeodato Juan).

Aunque su infancia fue pacífica, sufrió una discapacidad que le afectaba al habla y una enfermedad que le impedía crecer, por lo que era muy bajo de estatura, pero sin embargo se dedicó con normalidad a los estudios y mostró desde muy joven una piedad excepcional, cosa normal al vivir en el seno de una familia como la suya: pobre pero piadosa.

Con dieciséis años de edad marchó a Udine (Italia) entrando posteriormente en el seminario de los capuchinos de Venecia y al realizar sus primeros votos, el día 5 de mayo de 1885, cambió su nombre por el de Leopoldo de Castelnuovo; profesó solemnemente tres años más tarde y fue ordenado sacerdote en Venecia, el día 20 de septiembre del año 1890.

Como, aun perteneciendo a una familia croata católica, había crecido en un ambiente predominantemente ortodoxo, sintió desde su juventud una voz interior que lo llamaba a trabajar como apóstol entre los hermanos ortodoxos de Montenegro, separados de Roma y así, en un principio, creyó que debía permanecer en medio de ellos, pero sus superiores no se lo permitieron debido a su frágil salud: veía mal, tenía problema para hablar, padecía de estómago y debido a su escaso crecimiento padecía una artritis traumatoide.

Fotografía del Santo de cuerpo presente.

Durante tres años, fue padre guardián del convento de los capuchinos de Zadar (Croacia); posteriormente estuvo destinado durante cinco años en Bassano del Grappa (Vicenza), vicario del convento de Capodistria (en la actual Eslovenia) y fraile confesor en Thiene (Vicenza). Pero cuando sus superiores fijaron su residencia definitiva en Padua, comprendiendo la naturaleza de su apostolado, exclamó: “De aquí en adelante, cada alma confiada a mi ministerio, será mi Oriente”. Y a fin de conseguir la Unidad de la Iglesia, ofreció a Dios toda su vida: su apostolado, sus oraciones, sus mortificaciones y sus sufrimientos físicos, llegando a consagrarse a Dios como víctima para conseguir la unidad de los cristianos.

Desde el 25 de abril de 1909 y hasta el día de su muerte, ejerció como confesor en el convento capuchino de Padua, a excepción de dos períodos de tiempo: uno como internado por razones políticas desde el 30 de julio de 1917 a mayo de 1918, cuando por no tener la nacionalidad italiana, vivió como desterrado voluntario en el sur de Italia y el otro período, a causa de un traslado provisional a Fiume, desde el día 16 de octubre al 11 de noviembre de 1923.
En Padua aceptó por obediencia dedicarse al apostolado de la confesión. Durante casi cuarenta años, desde primeras horas de la mañana hasta el atardecer, estaba en el confesionario recibiendo a todo tipo de personas. Aunque era de temperamento impulsivo, se dominaba muy bien por lo que algunos frailes decían que era muy permisivo con los penitentes, a lo que él les respondía:”Pongo poca penitencia a los que se confiesan, porque lo demás lo hago yo”.

Fotografía del sepelio del Santo.

Por su confesionario pasaban multitud de sacerdotes, de profesores y gente culta así como de gente del pueblo sencillo y llano. A todos consolaba, aconsejaba y trataba con gran sensibilidad. En vida fueron muy numerosas las curaciones milagrosas que se atribuyeron gracias a sus oraciones.
Como sentía una especial predilección por los niños huérfanos, consiguió que una maestra de Rovigo, que está también en el véneto italiano, construyese pequeñas casas donde atenderlos. Combatió con fuerza la eutanasia y el aborto, exhortando a los médicos a que se dedicasen exclusivamente a ayudar a vivir a los enfermos. Igualmente fue inflexible ante los maridos que maltrataban a sus esposas, diciendo muy a menudo que “la mayor de las traiciones del mundo es traicionar el afecto que se deben entre si los cónyuges”.

A la Santísima Virgen la llamaba “mi patrona bendita” por lo cual diariamente celebraba la santa misa ante su altar y todas las tardes rezaba el rosario. Después de muchas horas diarias de confesionario se dedicaba a visitar a los enfermos que estaban impedidos en los hospitales de la ciudad.
Antes de morir, profetizó que el convento de Padua sería destruido por un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial, pero que sin embargo quedaría intacta su celdilla-confesionario porque debía permanecer como testimonio permanente de la misericordia de Dios. Así ocurrió y este lugar de confesión se ha convertido en meta de numerosas peregrinaciones.

Murió en Padua como consecuencia de un cáncer de esófago el día 30 de julio del año 1942. Sus funerales fueron multitudinarios. La devoción y el cariño que le tenían todos los padovanos y habitantes del Véneto, hicieron que se congregaran decenas de miles de personas.
Su Causa de beatificación fue introducida por el Papa San Juan XXIII el día 25 de mayo del año 1962, siendo beatificado por el Papa Beato Pablo VI el 2 de mayo de 1976. Fue canonizado por el Papa San Juan Pablo II el día 16 de octubre de 1983.

Sepulcro actual del Santo. Convento capuchino de Padua, Italia.

Ezio Franceschini, profesor de la Universidad Católica de Milán, sintetizó en esta frase la vida de San Leopoldo: “Encerrado en una celdilla de escasos metros cuadrados, sin preocuparse de sus achaques, ni del frío, del calor, del cansancio, del interminable desfilar de las personas que acudían a sus pies con el peso de sus culpas, de sus penas, de sus necesidades… Confesando durante diez, doce horas al día, con paciencia, con bondad, con atención siempre viva, encontrando las palabras apropiadas para cada uno. Todo esto sin interrupción ni reposo, ni siquiera en los días anteriores a su muerte. Tener cada día nueva sed de almas; hacer llegar a las conciencias la luz de Dios; transformar la propia vida en una donación de sí y en una donación de Dios. Y todo con sencillez, con serenidad. Esta es la vida del padre Leopoldo”.

Antonio Barrero

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