Contestando a algunas breves preguntas (XXVIII)

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Fotografía del Siervo de Dios Guido Vidal França Schäffer practicando surf.

Fotografía del Siervo de Dios Guido Vidal França Schäffer practicando surf.

Pregunta: Soy surfista y creo que estoy de enhorabuena, porque acabo de enterarme de que ya tenemos un santo patrono. Con el surf descargo mi adrenalina y paso mis mejores horas de diversión. Soy católico practicante y el tener un patrón que fue surfista como yo, me hace mucha ilusión, ya que así podré encomendarme a él cuando practique este deporte. Gracias.

Respuesta: Pues yo me alegro de que tengas esta diversión tan sana aunque arriesgada, pero creo que te precipitas, porque no hay ningún santo que haya sido surfista y que sea vuestro patrono. Como decimos por mi tierra, tú “has oído campanas, pero no sabes dónde” y me explico: la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos dio el visto bueno (Nihil Obstat) el pasado 16 de octubre para que la archidiócesis brasileña de Río de Janeiro iniciase la apertura del proceso de beatificación de Guido Vidal França Schäffer, que era un seminarista muy comprometido con los pobres de Río de Janeiro y que murió muy joven, el día 1 de mayo del año 2009, cuando practicaba el surf en la playa de Recreación, en Río, ya que ésta era una de sus aficiones favoritas. Había nacido el 22 de mayo de 1974 en Volta Redonda y estaba punto de ser ordenado como sacerdote.

Ahora se pone en marcha la Causa y, como comprenderás, a ésta le queda un largo camino por recorrer, porque hay que analizar con lupa su vida y sus compromisos con las causas sociales, y el por qué “estaba tan enganchado” al surf, deporte que no abandonó ni cuando estaba en el seminario. Él también era médico y trabajaba de manera altruista en la Santa Casa de la Misericordia de la ciudad carioca. Si la Causa sigue hacia delante, y hay muchos visos de que así sea, algún día será beatificado, y entonces sí que podría ser declarado vuestro patrono. Aun así, ya es considerado Siervo de Dios y tú te puedes encomendar a él para que te proteja cuando practiques ese arriesgado deporte.

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Pregunta: He leído el artículo que habéis publicado sobre el estudio de las reliquias de San Lucas evangelista y lo he leído con mucho interés porque me llamo Lucas, visité su sepulcro en Padua hace algunos años y siempre me ha interesado todo lo que he encontrado escrito sobre él. Por supuesto, he leído en numerosas ocasiones su Evangelio y el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero mi pregunta va por otro camino. He leído que cuando se analizaron sus huesos se descubrió que padecía de una enfermedad dental y como soy odontólogo, esto me ha llamado la atención y la verdad es que quisiera saber algo más, si es que vosotros lo sabéis. Muchísimas gracias y saludos desde Argentina.

Respuesta: Cuando el día 23 de septiembre del año 2013 publicamos el artículo sobre la autenticidad de las reliquias de San Lucas, sabíamos que dejábamos algunas cosas en el tintero, pero lo hicimos adrede a fin de no alargar excesivamente el artículo. No hace falta recordar lo dicho en ese texto, pero sí incidir en que estos restos fueron analizados por un equipo interdisciplinario y entre ellos estaba el odontoestomatólogo Antonio Beltrame, quien investigó los pocos dientes que le quedaban al cráneo, que como sabes, es el que se encuentra en Praga y no en Padua. Este especialista comprobó que los dientes estaban muy desgastados, especialmente en sus coronas, y determinó que San Lucas padecía de bruxismo, que como tú sabes mejor que yo, es hacer rechinar los dientes de manera rítmica y espasmódica principalmente durante la noche mientras se duerme. Esto antes, era considerado una manía, pero en realidad es una enfermedad que difícilmente se puede controlar, salvo que te pongas en tratamiento, y ya me dirás tú que tratamientos había en el siglo I, aun cuando él mismo fuera médico. El profesor Beltrame dedujo que debido a esto, San Lucas debió tener serios problemas al masticar. Es lo único que puedo decirte sobre este tema.

Fotografía de algunos de los mártires cistercienses que van a ser beatificados.

Fotografía de algunos de los mártires cistercienses que van a ser beatificados.

Pregunta: El pasado día 23 de enero el Papa Francisco promulgó varios decretos de la Congregación de los Santos, y entre ellos estaba el de dieciocho mártires trapenses. Supongo que publicaréis algún artículo sobre estos mártires, pero tengo entendido que el martirio fue una auténtica bestialidad. Aunque sea de manera breve, me podríais adelantar alguna información. Muchísimas gracias.

Respuesta: En efecto, muy probablemente escribiremos sobre ellos cuando sean beatificados, pero bueno, para atenderte te adelantaremos ese dato que nos preguntas. Estos mártires pertenecían a la Abadía cisterciense de Viaceli, de la que fueron expulsados de mala manera el 8 de septiembre de 1936, metidos en prisión, pero posteriormente liberados. Ellos se dispersaron en tres grupos, intentando llevar vida de comunidad de forma clandestina.

A los miembros de uno de estos grupos los volvieron a detener y, en las noches del 2 y del 3 de diciembre, los montaron en camiones para asesinarlos. A algunos los llevaron a la bahía de Santander donde los embarcaron en una barcaza y, como iban rezando, les cosieron las bocas con alambres. Cuando estaban a bastante distancia de la costa, les ataron piedras a los pies y los arrojaron al Mar Cantábrico, donde murieron ahogados. Hay quienes afirman que fueron arrojados al mar desde las rocas del faro de Santander. Al resto, después de torturarles, los fusilaron. Varios de ellos eran postulantes y novicios menores de 25 años de edad. Daremos más detalles en el artículo que publiquemos en su día.

Los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, católicos. La horca identifica a los que murieron ahorcados. Lienzo de Daphne Pollen.

Los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, católicos. La horca identifica a los que murieron ahorcados. Lienzo de Daphne Pollen.

Pregunta: Sabemos que durante el reinado de Enrique VIII de Inglaterra y algunos de sus sucesores fueron martirizados innumerables católicos que no quisieron renunciar a su fe en la Sede de San Pedro. Sé que de algunos de ellos ya habéis escrito en este blog. ¿Me podríais decir cuantas Causas fueron abiertas? Muchas gracias.

Respuesta: Si no me equivoco, de los mártires ingleses y galeses hay cinco Causas distintas, todas ellas iniciadas en Westminster:

– La primera es la de los Santos Juan Fisher y Tomás Moro, cuyo culto se confirmó el 29 de diciembre de 1886 (no hubo beatificación) y que fueron canonizados el 29 de diciembre de 1935.

– La segunda es la encabezada por San Cutberto Mayne y que está compuesta por un total de 40 mártires (del 1535 al 1679), cuyo culto también se confirmó el 29 de diciembre de 1886, pero que si fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 y canonizados el 25 de octubre de 1970.

– La tercera es la encabezada por la Beata Margarita Pole y 39 compañeros mártires (del 1535 al 1583) cuyo culto se confirmó también el 29 de diciembre de 1886, luego sólo son beatos, aunque no ha habido ceremonia de beatificación.

– La cuarta es la encabezada por el Beato Hugo Faringdon y 8 compañeros mártires (del 1539 al 1572), cuyo culto fue confirmado el 13 de mayo de 1895, luego sólo son beatos, sin ceremonia de beatificación.

– La quinta es la encabezada por el Beato Tomás Hemerford y 106 compañeros mártires (del 1541 al 1680), que sí fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 junto con Cutberto Mayne y compañeros, pero que no han sido aún canonizados.

– Y por último hay una sexta Causa, en la que se incluyeron algunos mártires escoceses, encabezada por el Beato Jorge Haydock y 84 compañeros mártires (del 1584 al 1679), que fueron beatificados el 22 de noviembre de 1987.

Grabado de mártires ingleses sufriendo el suplicio "hang, drawn and quartered".

Grabado de mártires ingleses sufriendo el suplicio “hang, drawn and quartered”.

Todas fueron abiertas en Westminster y ¿por qué han seguido distintos caminos? ¿Por qué algunos beatos lo son sólo por confirmación de culto, sin ceremonia de beatificación? ¿Por qué se beatifican en un mismo día a los componentes de dos Causas distintas y luego sólo los de una de ella han sido ya canonizados? Éste es un tema muy complejo, del que yo no sabría decirte por qué cada Causa ha seguido caminos distintos.

Además, hay otra cosa que me extraña: sé que en aquella época hubo muchos mártires más, pero ni siquiera se les ha abierto Causas, ¿por qué? No lo sé. ¿Habrá influido en todo esto los vaivenes de la política de relaciones entre las Iglesias Católica y Anglicana? ¡Vete tú a saber!

Antonio Barrero

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¿Son auténticas las reliquias de San Lucas veneradas en Padua?

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Sarcófago de mármol que se encuentra en la Basílica de Santa Justina de Padua, dentro de la cual está la caja de plomo con los restos del evangelista.

Sarcófago de mármol que se encuentra en la Basílica de Santa Justina de Padua, dentro de la cual está la caja de plomo con los restos del evangelista.

Sí que lo son y vamos a escribir hoy sobre este interesante tema, que durante muchos años trajo de cabeza a multitud de historiadores, pero cuyas dudas se resolvieron cuando el obispo de Padua, monseñor Mattiazzo, decidió abrir el sepulcro y realizar una exhaustiva investigación de los restos contenidos en el mismo. Esta decisión se tomó, en parte, a instancias del metropolita ortodoxo de Tebas, en Beocia (Grecia), monseñor Hieronimus, que deseaba tener una reliquia del evangelista en aquella ciudad, donde fue primitivamente sepultado y que se expresaba en estos términos: “Creemos que estas celebraciones acercarán a los fieles de las dos diócesis, hará más profunda la fraternidad entre los dos obispos y ayudarán en el camino del ecumenismo”. El propio obispo de Padua lo explicaba en estos términos: “El arzobispo de Tebas no tenía ninguna duda de que las reliquias veneradas en santa Justina pertenecían a San Lucas. Yo formé una comisión histórica para examinar la consistencia de esta antigua tradición e inmediatamente, nos dimos cuenta de que era necesario también un examen científico. Escribí al cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, pidiendo prestada la reliquia del cráneo para realizar ulteriores comprobaciones e informé a la Santa Sede sobre la petición del arzobispo de Tebas y sobre la conveniencia de realizar ese examen científico. La Congregación para las Causas de los santos, tras consultar a la Secretaría de Estado y al Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, dio su aprobación”.

Antes de seguir con la lectura de este artículo, aconsejo a quien no lo haya hecho, lea el artículo que en su día escribimos sobre la vida y martirio de este santo evangelista y apóstol. En aquel artículo, algo dijimos sobre su muerte, aunque en este vamos a aportar algún dato más.

Sarcófago de San Lucas en Tebas (Grecia).

Sarcófago de San Lucas en Tebas (Grecia).

Sabemos que San Lucas era de origen sirio, médico de profesión y discípulo del apóstol Pablo. Es el escritor del Tercer Evangelio y del Libro de los Hechos de los Apóstoles, pero muy probablemente no conoció físicamente a nuestro Señor. Acompañó a San Pablo a Roma y después del martirio del apóstol, poco más se sabe de él.

En el conocido “Prólogo antimarcionista”, escrito por un escriba anónimo a finales del siglo II en un códice del Nuevo Testamento, se dice que San Lucas padeció martirio a principios de ese siglo en Tebas de Beocia, cuando tenía ochenta y cuatro años de edad. Allí se conserva un sarcófago de mármol vacío que se considera su primera sepultura. San Jerónimo, en el siglo IV, manteniendo la edad del apóstol, dice que sufrió martirio en Bitinia y San Gaudencio de Brescia insinúa que fue en Patras, hecho que actualmente nadie admite.

En el “De viris illustribus” III, 7,6, se dice que en tiempos de Constantino, su cuerpo y el de San Andrés fueron llevados a Constantinopla; allí, junto con el cuerpo de San Timoteo, fue puesto en la Basílica de los Santos Apóstoles y cuando Justiniano reconstruyó esta basílica en el año 527, fueron encontrados los tres, según nos lo confirma Procopio de Cesarea (De aedificiis I, 4, 18-23). Existen diversos testimonios de la Edad Media que hablan del traslado del cuerpo del evangelista, desde Constantinopla hasta la península italiana a fin de sustraerlo de la profanación de Juliano el Apóstata o de que el traslado lo realizó San Urio (sacerdote que también está sepultado en la basílica de Santa Justina de Padua, donde se encuentra San Lucas) en el siglo VIII, a fin de salvarla de los iconoclastas. Junto con los restos de San Lucas, se trajo también los de San Matías apóstol.

Quiero aquí recordar que los restos de San Matías se encuentran repartidos entre la Basílica romana de Santa María la Mayor, la padovana de Santa Justina y la abadía benedictina de su nombre en la alemana ciudad de Trier. De todos modos, los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha exacta del traslado, pero ya veremos más adelante cómo las investigaciones realizadas a los restos también aportan luz en este sentido. Estos restos ya habían sido reconocidos canónicamente con anterioridad, siendo los reconocimientos más importantes los realizados en el año 1354 por orden del emperador Carlos IV; en el año 1463 para determinar si este era el auténtico cuerpo de San Lucas y no uno venerado en Venecia, que resultó ser falso y también en el año 1562 a fin de ponerlo a la veneración de los fieles.

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

La cabeza correspondiente al esqueleto localizado en Padua, se encuentra en Praga desde el día 9 de noviembre del 1354, como un regalo de Carlos IV. El Vaticano decía poseerla dentro de un bellísimo relicario dorado, desde el pontificado de San Gregorio Magno, pero las investigaciones han demostrado que esta “reliquia” no pertenece al esqueleto de Padua, luego no pertenece a San Lucas. A un pequeño fragmento del cráneo existente en el Vaticano, se le realizaron también las pruebas del radiocarbono 14, registrándose una datación del año 420 al 540, luego esta es una prueba científica fehaciente de que esa reliquia no es la auténtica.

Hechas estas consideraciones previas, digamos que el 17 de septiembre del año 1998, fue abierta el arca de mármol que contiene los restos del evangelista y que se encuentra a la izquierda del crucero de la Basílica padovana de Santa Justina. Estaban presentes representantes de ambas diócesis – Padua y Tebas – y algunos monjes del Monte Athos. Dentro del arca, se encontraba una caja de plomo, de 180 x 48 x 40 centímetros, con un esqueleto sin cabeza. Según documento acreditativo, esta caja de plomo había sido encontrada en el cementerio de la abadía de Santa Justina, el día 14 de abril del año 1177. Estos restos óseos, la caja de plomo y otros restos fósiles encontrados en la misma, fueron analizados por diversos equipos técnicos, pertenecientes a múltiples disciplinas científicas: genetistas, historiadores, biólogos, médicos forenses, antropólogos, etc., coordinados por el anatomopatólogo italiano Vito Terribile Wiel Marín, que entre otras cosas, determinaron lo siguiente:

1. El esqueleto corresponde a un individuo anciano de sexo masculino, de una estatura de 163 centímetros, que sufría de osteoartritis debido a la edad y que demostraba que había sufrido episodios cíclicos de desnutrición (Mariantonia Capitanio, Wiel Marin, Raffaele Scapinelli y Luigi Capasso). Al esqueleto no sólo le faltaba la cabeza, sino también, el cúbito derecho y el astrágalo izquierdo.

2. El estudio del ADN mitocondrial extraído de dos dientes descarta que el cuerpo perteneciese a una persona de origen griego y muestra muy probablemente su origen sirio (Guido Barbujani).

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

3. Realizadas las pruebas del radiocarbono 14, por parte de dos laboratorios de Tucson y Oxford, se puede determinar que el esqueleto pertenece a un individuo que vivió en la segunda mitad del siglo I o inicios del siglo II (Gianmario Molin).

4. El cráneo conservado en la catedral de San Vito de Praga y que a instancias de monseñor Mattiazzo fue llevado a Padua para comprobar su autenticidad, pertenece al esqueleto de la basílica de Santa Justina de Padua, ya que existe una articulación perfecta entre este cráneo y el atlas (primera vértebra cervical); “la articulación cráneo-atlas, se considera altamente específica, del tipo llave-cerradura”. Esto demuestra que el cráneo que San Gregorio Magno depositó en la basílica vaticana, era un cráneo de otro esqueleto diferente, lo que pudiese demostrar que a finales del siglo VI, el cuerpo del evangelista no estaba sepultado en la Basílica de los Apóstoles de Constantinopla, bien porque había sido trasladado previamente a otro lugar o bien porque nunca estuvo en Constantinopla. El cráneo de Praga y el esqueleto de Padua son del mismo individuo. Asimismo, al comprobarse que el sarcófago de Tebas se ajusta perfectamente a las medidas de la caja de plomo de Padua, es verosímil descartar que el cuerpo de San Lucas fuera llevado a Constantinopla.

5. El esqueleto es contemporáneo de la caja de plomo en la que se encontraba, como lo demuestran la presencia de dípticos carroñeros fosilizados en cerusita (carbonato de plomo producto de la alteración del metal) y los análisis isotópicos del plomo y de las monedas encontradas junto al hueso de la pelvis (Sergio Zangheri y Gianmario Molin). Asimismo, la existencia de elementos óseos más pequeños demuestra que el esqueleto se descompuso rápidamente, ya que fue depositado dentro de la caja plúmbea desde el momento de su muerte. O sea, en la caja de plomo se depositó el cadáver poco después de su muerte y no los huesos.

6. Como he dicho anteriormente, dentro de la caja de plomo se encontraron numerosas monedas de distintas épocas, la más antigua de las cuales es del tiempo del emperador Maximiano. Esto quiere decir que, además de los tres reconocimientos canónicos que mencioné con anterioridad, la caja de plomo había sido abierta en algunas otras ocasiones antes del siglo VI.

Dentro de esta caja fue transportada la caja de plomo con las reliquias desde Tebas hasta Padua.

Dentro de esta caja fue transportada la caja de plomo con las reliquias desde Tebas hasta Padua.

7. El descubrimiento dentro de la caja de numerosos esqueletos de serpientes típicas del Valle del Po, que datadas por el método del radiocarbono 14 las fechan entre los años 410-545, demuestra que en esa época, la caja estaba en el norte de Italia (Padua) pues los colúbridos habían penetrado en ella a través de tres agujeros existentes en la parte inferior de la misma caja y allí dentro murieron durante el período de letargo debido a unas inundaciones, ya que la caja de plomo estuvo depositada en los siglos V y VI, en una zona susceptible de ser inundada (Benedict Hall). Se determinaron tres niveles de inundación y unos agujeros causados probablemente por el proceso natural de la corrosión del plomo. Este hecho descarta la hipótesis de que las reliquias fueron llevadas a Padua por parte de San Urio (siglo VIII).

8. El análisis palinológico de los fósiles de polen existentes fuera de la caja, muestran una palinoflora representada por plantas autóctonas de Padua, mientras que el análisis realizado al polen encontrado dentro de la caja, indican la presencia de especies típicas del Mediterráneo (pino y abeto griegos), pero ausentes en Padua (Arturo Paganelli). Luego puede deducirse que la caja con los restos del evangelista fueron llevadas directamente desde Grecia hasta Italia.

9. La caja de plomo contenía en su exterior residuos de hierbas y larvas de insectos que se alimentan de granos (Sergio Zangheri y Paul Fontana). Esto da verosimilitud a la hipótesis de que la caja de plomo pudo estar en algún momento en un almacén o transporte de grano, como pudiese ser un buque de carga. De hecho, la caja fue transportada desde Oriente hasta el norte de Italia y, muy probablemente, por mar.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Esta caja de plomo que en el año 1313, por deseo del abad Mussato Gualpertino, se metió dentro del sarcófago de mármol, tenía marcados unos símbolos similares a tres cabezas de carnero, una especie de estrella de ocho brazos (una doble cruz grabada) y una inscripción con el nombre del santo en latín y en griego: “Huesos de Lucas el Evangelista”. Las características de la escritura y la terminología utilizada atentiguan que es un texto de la época imperial, desde luego, anterior al siglo IV. El análisis isotópico-geoquímico de las incrustaciones de cerusita en el esqueleto, en la cabecera de la caja y en la tapa son iguales entre sí. La composición isotópica del plomo nos permite identificarlo con el proveniente de algunas minas del Mediterráneo, minas que eran explotadas durante la época imperial. En cuanto a la doble cruz grabada es una combinación de dos cruces griegas, ajustadas exactamente en el mismo centro y recuerda la forma de una estrella judeo-cristiana de ocho terminaciones, símbolo que ya aparece en los osarios de la Palestina de los siglos I y II.

Una vez realizados todos los análisis, los restos se repusieron en la caja en el mes de mayo del 2001 y ésta se introdujo nuevamente en el arca de mármol. Todos estos estudios fueron recopilados por el Sagrado Colegio de Padua y presentados oficialmente el día 21 de enero del año 2004. El presidente del Comité Científico y los profesores Claudio Bellinati, Gianmario Molin y Mariantonia Capitanio concluyeron diciendo que no existía ningún elemento en contra de que aquel esqueleto fuera el del evangelista Lucas.

Pero, ¿cuál es la actitud de la Iglesia? Queda expresada por las palabras del padre Gianandrea Di Donna, secretario del Congreso realizado para exponer todos estos estudios: “Ciertamente, la ciencia no podrá decirnos con certeza absoluta si son las reliquias de San Lucas, pero podemos decir que los resultados obtenidos gracias a este estudio científico, no niegan, sino que confirman, la tradición secular respecto a los restos del santo evangelista”.

Reliquia enviada desde Padua a Tebas.

Reliquia enviada desde Padua a Tebas.

En esta web puede leerse en italiano una entrevista realizada al profesor Wiel Marín.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“San Luca evangelista, testimone della fede che unisce”, Actas del Congreso Internacional, Padova, 16-21 Ottobre 2000.

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Los Santos y la medicina (I)

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Icono ortodoxo ruso de San Pantaleón.

Prefacio
Sólo donde florezca un anuncio de redención que contenga la explícita promesa de la resurrección de la carne, puede ser vencido el temor a la muerte aquí en la tierra. Es el ofrecimiento de Cristo a la libertad humana; pero precisamente porque está consignado a la libertad, este don no evita el drama del último viaje, la pérdida total siempre desagradable, la muerte y todo lo que la rodea de sufrimiento y de enfermedad. Si Cristo nos ha liberado del miedo a la muerte, nos ha dejado la lucha diaria para que nos eduquemos en asumir en nuestra propia persona el poder de su victoria: “mors ero mors tua” (la muerte será tu muerte).
Los cristianos damos así testimonio desde el lecho de la enfermedad, no dejamos de atestiguar, también al hombre de hoy que está sofisticado pero también está perdido, la conveniente belleza del seguimiento de Cristo: “porque si vivimos o morimos, somos del Señor” (Romanos, 14, 8).

Las ejemplares figuras de los santos hospitalarios, se centran de manera persuasiva y convincente en su testimonio, vivo y lleno de caridad… prolongando en la historia la figura de Cristo médico: Camilo, Juan de Dios, Benito Cottolengo, José Moscati, Ricardo Pampuri y otros muchos, ¿qué nos enseñan? Normalmente, en el origen de sus testimonios existe la necesidad de responder de manera concisa identificándose totalmente con Cristo. Esta tesis tiene personal y comunitariamente, una atención integral. Además, ofrecen toda su vida por lo que son testigos de una brillante mezcla de amor y de inteligencia que inculca en uno mismo y en los demás una cierta esperanza.

Card. Angelo Scola
(La Buona Salute…, Ed. Cantagalli)

Introducción
“En Él hemos sido elegidos, antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en el amor” (Efesios 1,4). Existe un designio que nos precede. Esto es, una acción de Dios, absolutamente libre y gratuita: prescindir de todo nuestro derecho y de todo nuestro mérito porque “Él nos eligió antes de la creación del mundo”. Nos ha amado siempre y desde el principio, “para ser santos… en el amor”. Siempre será una exageración hablar de santidad en la actualidad, ya que se habla más de personalidad, de dignidad, de realización de sí mismo… La santidad es considerada intimismo, intolerancia, evadirse de la tierra para pensar en el cielo… Sin embargo, paradójicamente, la verdadera realización de uno mismo es, precisamente, la santidad, porque esta es la plenitud de la vida cristiana, es el cumplimiento del designio del amor de Dios, que quiere que seamos felices, como Él lo es: “Sed santos porque yo soy santo” (Levítico, 11, 44).

La imposibilidad de lograr la santidad es el mayor y verdadero fracaso de nuestras vidas. Todas las demás cosas son relativas, no son definitivas, pero si es verdad que nos pueden ayudar en el camino de la perfección. Si hay alguna cosa que nos debe doler es el no ser santo: decepcionar a Dios por no haber respondido a sus expectativas, por haber frustrado su proyecto, su gracia. Gracias al misterio de la Comunión de los santos, nuestra pobreza espiritual influye negativamente en el Cuerpo Místico de Cristo, nuestra mediocridad y nuestra fealdad hace más opaco y más lleno de arrugas el rostro de la Iglesia.

Detalle de San Lucas (s.XVII) en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

El no ser santos es también una responsabilidad social; se ha dicho que un alma que se eleva, eleva al mundo entero. Simon Weil escribió: “hoy en día tenemos la genialidad de la santidad, el momento actual exige una santidad nueva, sin precedentes. El mundo necesita santos geniales, como una ciudad en la cual la peste está haciendo estragos, necesita de buenos médicos especialistas”. (Pensamientos desordenados sobre el amor de Dios).
Y el papa San Juan Pablo II: “Los santos salvan a la Iglesia de la mediocridad, la reforman por contagio y la conducen por donde debe ir” (Discurso a los jóvenes, del 5 de octubre de 1986). Nos preocupamos mucho por agradar a los hombres y descuidamos nuestra relación con el Señor. Apreciamos el afecto y la estima de las criaturas e ignoramos fácilmente el juicio de Dios. Somos serviciales ante los poderosos de este mundo y perezosos con aquello que Dios quiere: “¿Para qué le vale al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo?” (Lucas, 9, 25).

¿Qué sentido tiene la vida, la vocación, el trabajo, la lealtad, la alegría, el conseguir nuestras metas, si no se tiende a la santidad? ¿Para qué sirve vivir si no es para crecer en el amor? ¿Para qué sirve morir si no es para realizar eternamente lo propio y realizarse por siempre en él? (G. Courtois). No les ha faltado ni el aliento ni la ayuda a aquellos que han llegado a la meta; ellos brillan como estrellas en el cielo. Por esto, los veneramos, los amamos y esforzamos por imitarlos. Ellos nos demuestran que ser santos es posible. Decimos como decía San Agustín: “Si este y el otro lo han hecho, ¿por qué para mi va a ser demasiado trabajoso?” Él nos exhorta a ser vigilantes y generosos, a no ceder ante las lisonjas ni ante las amenazas del mundo, a no atar el corazón a las cosas que pasan, a agarrarnos a la Roca de nuestra salvación.

Decía Bergson: “Los santos no necesitan exhortarnos. Basta solo con que existan. Sus vidas nos interpelan, desafían”. Nos interpela la vida luminosa de María, de Lucía, del apóstol Pablo… Nos interpelan y nos llaman a la responsabilidad, despiertan nuestros más altos ideales, estimulan nuestras mejores energías, nos lanzan con decisión hacia lo más alto. Porque como hemos dicho muchas veces, se nos hace volar hacia lo más alto. Como el águila, pero sin la soledad del águila. El Espíritu Santo, que vivifica y santifica, ya está haciendo su obra; seamos dóciles a su guía. Vamos a crear, vamos a llevar, no nos entristezcamos. Él es el principio de una vida nueva, es el Maestro interior, del cual debemos dejarnos conducir.

(Mons. Giuseppe Costanzo, arzobispo de Siracusa)

La santidad tiene muchos rostros: desde la mística hasta la elección del mundo como teatro de actuación de la acción salvadora de Dios y lugar de difusión de su Palabra.
Entre estos últimos, tenemos a los santos que se esforzaron en el arte de la medicina, en la curación de los enfermos. He aquí un modesto elenco de ellos:

Icono ortodoxo búlgaro de los Santos Cosme y Damián, siglo XIX.

Santos, Médicos, Medicina y Enfermos

San Lucas Evangelista, patrono de los médicos y farmacéuticos. Exactamente no se sabe si verdaderamente era médico, aunque todos le reconocen habilidades médicas.

San Alejandro de Lyon, oriundo de Frigia y mártir en Lyon alrededor del año 200.

San Zenobio Sidonense, mártir en tiempos del emperador Diocleciano, sacerdote en Sidón (Líbano).

San Dionisio de Roma. En algunos epígrafes se dice que era “un médico hábil” y que curaba gratuitamente.

San Teodoro de Laodicea, obispo de Laodicea aclamado por el pueblo como médico apreciado.

San Cesareo, natural de Nacianzo, en Capadocia, en el año 330, hijo de los santos Gregorio y Nona, sacado de las ruinas de su casa que fue destruida durante un terremoto que le reportó graves heridas, a consecuencia de las cuales falleció.

San Pantaleón, considerado con Lucas, Cosme y Damián, patrono de los médicos. En la iglesia de san Pantaleón, en Roma, sede de la Asociación Italiana de Médicos Católicos, se distribuye el agua bendecida con las reliquias del santo. Nació en el año 283 en Nicomedia. Después de soportar varias torturas y realizar muchos milagros, fue decapitado. La ampolla que contenía su sangre está distribuida entre varias iglesias: Ravallo (la porción mayor); Iglesia Nueva de Santa Maria in Vallicella en Roma; la Basílica de san Marcos en Venecia; en Nápoles, en San Gregorio Armeno; en Vallo; en Lanciano; en Montauro (CZ) y en Madrid, España. Como la sangre de San Jenaro, la sangre de San Pantaleón también se licúa.

Santos Cosme y Damián, patronos de los médicos. Después de varias e inútiles tentativas para matarles, fueron decapitados. Hicieron muchos milagros. Se dice que realizaron trasplantes de piernas. La Basílica a ellos dedicada en Roma está situada en la vía Sacra ai Fori Romani.

Vista del ábside de la Basílica de los Santos Cosme y Damián, Roma (Italia).

San Emiliano, murió en Cartago a manos de los vándalos de Hunerico en el año 484.

San Liberato, graduado en medicina en Boloña. Murió mártir el día 23 de marzo del año 484.

San Liberato de Scandiano, llamado Cesare Magati, médico en el año 1600 en Emilia Romaña. Se graduó en Bologna y perfeccionó sus estudios en Roma, enseñando medicina en la Universidad de Ferrara. Murió en el quirófano en una operación de cálculos.

San Guillermo Firmat, nacido al inicio del milenio en Tours. En Francia existen tres Fuentes que llevan su nombre, junto a las cuales, se dice que surge agua milagrosa. Una está adjunta a la iglesia que lleva su nombre en Tours, otra en la carretera que va desde Mortain a Teilleul y la otra junto a la iglesia de Mantilly, en la diócesis de Selz.

San Gil de Santarem, de Vagliadinos (Portugal), nacido en el año 1190. Estudió medicina en París. Sus contemporáneos lo consideraron un hechicero, hijo del demonio, alquimista al servicio del “Señor de las tinieblas”, un brujo. Se decía que había hecho un pacto con el diablo. En un sueño legendario encontró la conversión y en el año 1221, entró en el convento de Santarem (Santa Irene), donde vivió hasta los 75 años de edad.

Santa Hildegarda de Bingen, nació en el 1098 en Berbersheim, en Francia, en la diócesis de Mainz, siendo la décima de diez hijos y por esto fue destinada a la vida religiosa. Entró con ocho años en el monasterio benedictino de Disibodemberg, y recibió el velo a los quince años. Nunca realizó ningún curso de medicina, pero por sus numerosísimos escritos médico-científicos “inspirados por el Espíritu Santo”, siempre se le atribuyó la calificación de médico, función que practicaba dentro de la abadía. Fue también abadesa del convento y fundo además la abadía de Rupertsberg.

San Juan XXI (Pedro Hispano). Nació en Lisboa. Después de realizar estudios en Francia, fue docente en Siena y seguidamente en Roma y en Viterbo. Fue amigo y médico de los papas Urbano IV, Clemente IV y Gregorio X. Eran tiempos en los que los papas morían muy pronto. A estos tres les sucedieron Inocencio V y Adriano V. El día 13 de septiembre de 1276 los cardenales eligieron papa a Pedro, que tomó el nombre de Juan XXI, causando gran rabia entre los franciscanos y dominicos que lo tachaban de mago. Dante lo puso en el Cielo del Sol.
Después de ocho meses de pontificado, durmiendo en su cama, cayó al darse una vuelta y después de siete días de agonía, murió.

Grabado del papa San Juan XXI (Pedro Hispano).

San Felipe Benizi, nacido en Florencia en el año 1233 en el seno de una familia noble. Desde su infancia, su vida estuvo salpicada de hechos milagrosos y de santidad. Estudió medicina en París y después en Padua y graduándose, ejerció la profesión en Florencia. Allí conoció a los Siervos de María y por ello decidió ingresar en la Orden, abandonando definitivamente la profesión de médico y dedicándose a la difusión de la Orden de los Servitas en Francia. Rechazó por dos veces el papado (en su puesto estuvieron Clemente IV y Gregorio X). Murió el 22 de Agosto de 1285 en Todi.

Beato Marcos de Montegallo, nacido en Santa Maria in Gallo, fue un gran médico en Ascoli. Se casó y posteriormente, comprendiendo que su vocación no era la de esposo ni la de médico, se hizo Fraile Menor Observante. Fue un gran difusor por toda Italia de los bancos caritativos de empeño, llamados Montes de Piedad. Murió de una enfermedad en la garganta (contra estos males es invocado) en Piacenza en el año 1490.

Damiano Grenci

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Iglesia de los santos Lucas y Martina al Foro Romano

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Vista de la iglesia -al fondo- en las ruinas del Foro. Roma, Italia. Fotografía: Felice Stasio.

Iglesia de los santos Lucas y Martina al Foro Romano
Via della Curia, 2
Roma

La iglesia de los santos Lucas y Martina está situada en el lugar donde en un tiempo estuvo la antigua Curia Hostilia (llamada así por haber sido fundada, según la tradición, por el rey Tullio Ostilio) al borde del Comitium. Los orígenes de la iglesia se remontan al siglo VI cuando el Papa Honorio I quiso dedicar un edificio sagrado a Santa Martina, mártir en Roma en el año 228 durante el imperio de Alejandro Severo aprovechando los ambientes antiguos de la Curia Hostilia que en aquel tiempo habia sido adaptada a Secretarium Senatus, que era un edificio que tenía un destino bastante incierto: sede del tribunal para los procesos a los miembros del Senado, o quizás archivo senatorial o incluso lugar habilitado para las reuniones secretas de los senadores.

La envidiable situación de esta iglesia, situada entre el Foro Romano y los Foros de César y de Augusto, le han valido el sobrenombre de “Santa Martina in tribus foris”. En su fase más antigua, la iglesia tenía planta rectangular con un ábside hasta que en el año 1588, el Papa Sixto V decidió encomendarla a la Academia de San Lucas, que fue el origen de la antigua Universidad de las Artes Pictóricas de Roma: por este motivo, se decidió reconstruir la antigua iglesia de Santa Martina, dedicándola también a San Lucas. Los trabajos fueron confiados inicialmente a Ottaviano Mascherino, pero debido a la falta de fondos (presupuesto) se procedió solamente a la construcción de un nuevo pavimento colocado en un nivel superior con respecto al antiguo y con la intención de tener un lugar subterráneo destinado a las sepulturas de los miembros de la Academia.

Vista del interior de la iglesia superior. Fotografía: Felice Stasio.

En el año 1634, se hizo cargo de estos trabajos Pietro de Cortona que era asimismo príncipe de la Academia, con la ayuda del cardenal Francesco Barberini; el artista comenzó la su costa, la reconstrucción de la cripta en la cual colocó su propia capilla funeraria. La suerte quiso que durante las excavaciones fueran encontrados los restos de Santa Martina y de otros tres mártires: Concordio, Epifanio y Compañero. Este hecho suscitó tal conmoción y entusiasmo que el Papa Urbano VIII no pudo evitar el intervenir, incluso haciendo una aportación financiera, así como su sobrino el mencionado cardenal protector Francesco Barberini. El resultado fue que se construyó una iglesia maravillosa, una obra maestra de la arquitectura, uno de los testimonios de mayor relieve del Barroco romano. En el año 1932, para la apertura de la vía del Imperio (hoy Vía de los Foros Imperiales), la iglesia fue totalmente aislada del resto de los edificios, incluido el de la Academia que fue trasladada al Palacio Carpegna.

A la iglesia se accede a través de la fachada principal que, hasta finales del siglo XX, constituia la parte final de la Vía della Consolazione. La iglesia inferior está ricamente decorada con mármoles de diversos colores y está dedicada a la mártir Santa Martina, de la cual se conservan sus reliquias en el altar mayor. Por disposición de Pietro da Cortona, la administración de la iglesia inferior de Santa Martina fue confiada después de su muerte, al Conservatorio de Santa Eufemia del que era actual propietario. La iglesia superior está abierta al público y pertenece a la Academia de San Lucas. La fachada, ligeramente convexa, está considerada como la obra maestra de Pietro da Cortona y está dividida en dos niveles, enmarcados por parejas de pilastras y animados por pares de columnas y elegantes pilastras menores. La parte inferior es un bello portal muy bien rematado por un frontón curvo, mientras que en la parte superior existe un ventanal con tímpano triangular y símbolos heráldicos situados a los lados. Sobre un pequeño tímpano curvo están situados dos ángeles que sostienen el escudo de armas del Papa Barberini.

Vista del altar barroco de bronce en la iglesia inferior, que es a la vez la tumba de Santa Martina. Iglesia de los Santos Lucas y Martina al Foro Romano, Roma, Italia.

Sobre todo esto se erige una poderosa cúpula realizada en el año 1664, que descansa sobre un tambor circular dividido por pilastras en ocho secciones, con ventanas con tímpanos triangulares y bellas cornisas, sobre las cuales están puestas las abejas, que era el símbolo heráldico de los Barberini. El mismo ciclo se repite en la calota o casquete, caracterizada por una serie de tímpanos semicirculares, coronados por volutas. El conjunto está coronado por una linterna (llamada “il gingillo”), que consta de dos niveles: en el inferior se abren una serie de ventanas rectangulares enmarcadas por ricas volutas que sobresalen, mientras que en la parte superior y un poco atrasadas, se repite el mismo número de ventanas que están sin embargo sobre un arco y comprimidas entre las pequeñas pilastras.

Internamente, está dividida por “nervaturas” en ocho segmentos que irradian desde la base de la linterna. Cada sección está decorada con claraboyas. En los penachos se reproducen los símbolos de los Cuatro Evangelistas: el león de San Marcos, el ángel de San Mateo, el toro de San Lucas y el águila de San Juan, todos realizados en el año 1730. El interior tiene planta de cruz griega y descendiendo a la parte inferior, se encuentra el monumento funerario del arquitecto G.B. Soria, entrándose a continuación en una sala octogonal en la cual hay un altar con la imagen de Cristo yacente, tallado por Algardi y las esculturas de las santas mártires Dorotea, Sabina, Teodora y Eufemia. Luego se llega al monumento funerario de Pietro da Cortona, una obra maestra del barroco realizada por Luca Berrettini con un diseño de Ciro Ferri. La cripta, como antes hemos dicho, fue ideada por el mismo Pietro da Cortona reproduciendo el mismo esquema de la cruz griega de la iglesia superior, pero agregándole dos corredores que se cruzan y que están destinados a las sepulturas, en cuya intersección organizó la estructura octogonal.

Detalle del sarcófago de Santa Martina. Iglesia de los Santos Lucas y Martina al Foro Romano, Roma, Italia.

En el centro de la cripta y como corresponde al honor de las reliquias allí veneradas, existe un excepcional altar de bronce decorado con incrustaciones de piedras preciosas y que fue realizado por Giovanni Artusi, llamado el Pescina, bajo el diseño del mismo Pietro da Cortona. Cosimo Fancelli talló el bajorelieve de Santa Martina delante de la Virgen, también diseñado por el artista de Cortona en honor de la santa. Diseñada y construida con poca altura, tiene un techo casi plano, dividido en secciones con proyecciones octogonales de paneles huecos. El altar principal está completamente abierto, de forma que pueda verse las partes delatera y trasera y está sobre unas gradas de mármol negro veteado en blanco circundado por una bellísima balaustrada de color gris. Junto a esta, se encuentra otra capilla en la que existe un grupo en terracota de los santos Concordio, Epifanio y Compañero, obra de Algardi.

Saliendo hacia la iglesia superior nos encontramos la lápida sepulcral de Girolamo Rainaldi, el monumento fúnebre de Filippo Albacini y también el de Luigi Canina. La decoración fue realizada y terminada bajo la dirección de Ciro Ferri en el año 1679. El altar mayor, diseñado por Pietro da Cortona, fue realizado por Luca Berrettini y Domenico Tavolacci, mientras que el cuadro de “San Lucas pintando a la Virgen”, es de Antiveduto Grammatica y es una copia de la célebre obra pictórica de Rafael, que se conserva en la Galería de la Academia. En el año 1720, Sebastiano Conca donó un gran cuadro de la Asunción de Maria, que está puesto en un altar en el lateral izquierdo. En el suelo y en correspondencia con la cúpula, existe una apertura circular que nos deja ver la iglesia inferior de Santa Martina.

Felice Stasio

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San Lucas, evangelista y mártir

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San Lucas redactando el Evangelio. Miniatura de un códice griego, siglo XIV

San Lucas redactando el Evangelio. Miniatura de un códice griego, siglo XIV

Las fuentes en las que hay que basarse para hablar de San Lucas son él mismo (Hechos de los Apóstoles) y San Pablo (algunas de sus Epístolas). Probablemente se llamaba Lucano y era de origen sirio (San Eusebio lo afirma en el siglo IV). Provenía del paganismo y eso lo afirma San Ireneo, Tertuliano y San Eusebio. E incluso lo afirma indirectamente San Pablo, porque en Col. 4, 10-14, manda saludos de sus colaboradores indicando los circuncisos y a Lucas no lo nombra como tal. San Lucas no conoció personalmente a Jesús y no perteneció al grupo de los setenta y dos discípulos. Según los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas de San Pablo, era su compañero y discípulo y su profesión era médico.

En los Hechos, 11, 28 se dice que era cristiano y pertenecía a la comunidad de Antioquía y eso debió ser alrededor del año 40 y está con San Pablo por primera vez en su segundo viaje misionero, allá por el año 50, acompañándole de Triade a Filippo (Hechos, 16, 10-17). En la primavera del año 58, va de nuevo con San Pablo a Filippo y lo acompaña en el viaje de regreso a Jerusalén (Hechos, 20, 5-12 y 21, 1-18). Allí se encuentra con el apóstol Santiago Alfeo y es también allí donde probablemente conoció a algunas mujeres de las que solo él habla en los evangelios: Juana mujer de Cusa, Susana, María la de Santiago y algunas otras.

Acompañó a San Pablo en su viaje a Roma y esto lo relata detalladamente en Hechos, 27, 1-28 y el mismo Pablo lo dice siendo prisionero por primera vez (años 61-63) cuando escribe las Epístolas a Filemón y a los Colosenses (4, 14) y estando prisionero por segunda vez (años 66-67): “Sólo Lucas está conmigo” dice en la Segunda Epístola a Timoteo, 4, 9-11. Allí en Roma debió encontrarse con San Pedro y San Marcos, pero sobre todo, es San Pablo quién influye más en él. Y ya nada histórico sabemos de San Lucas después de la muerte de San Pablo. Lo que viene a continuación ya es solo tradición.

San Epifanio en el siglo IV, dice que Lucas evangelizó Dalmacia, las Galias, Italia y Macedonia. San Gregorio Nacianceno también en el siglo IV, dice que evangelizó Acaya y San Simeón Metafraste, siglos más tarde, dice que lo hizo en Egipto y la Tebaida. San Paulino de Nola, en el siglo IV, dice que con ochenta y cuatro años permanecía soltero y según la tradición griega fue obispo de Thebes, estando allí está su primitiva tumba. Según una antigua leyenda, él y San Marcos fueron ordenados por San Pedro y San Pablo; San Jerónimo dice que él escribió su Evangelio y el libro de los Hechos cuando estaba en Thebes Boeotia y Acaya. Pero no se sabe ni cómo ni cuando murió, aunque se dice que fue en Thebes Boeotia (Grecia).

Primitiva tumba de San Lucas en Thebes (Grecia).

¿Murió de muerte natural o fue martirizado? San Gaudencio de Brescia, San Gregorio Nacianceno y San Paulino de Nola, dicen que murió mártir y San Hipólito y Nicéforo Calixto dicen que “colgado de un olivo”. Pero sin embargo, Elías metropolita de Creta y San Gregorio Scolaro dicen que murió de muerte natural. Hay textos coptos, etíopes y siríacos que dicen que fue martirizado en tiempos de Nerón, venerándosele en todo Oriente como mártir, médico y pintor. Recordad que se le atribuyen numerosos cuadros de la Santísima Virgen. Esto es leyenda, pero lo que si es verdad, es que es el evangelista que más veces nombra a María en los evangelios.

El testimonio más antiguo de esta tradición (pintor de la Virgen) nos lo muestra Teodoro el Lector, que vivió en el siglo VI y que escribió: “la reina Eudoxia le envió a Pulqueria desde Jerusalén el cuadro de la Virgen pintado por Lucas”. Pero repito, esto es sólo tradición. No es seguro que San Lucas haya pintado a la Virgen porque no existe ningún testimonio histórico de aquella época, mediados del siglo I. Aun así, al menos se le atribuyen tres pinturas: “Hodegetria” (estaba en Constantinopla), “Salus populi romani” (en Santa Maria Maggiore, Roma) y “La Madonna della Guardia” (en Bologna).

Pero aunque no es seguro que fuera pintor, lo que sí se sabe es que era médico. Lo dice el propio San Pablo (Col. 4, 14): “Lucas el médico amado” y es por eso que es el patrón de los médicos en Burdeos y Amiens (Francia) y es el patrono de las Facultades de Medicina de las Universidades de Beirut, Montreal, Lovaina y otras.

Pero en un artículo sobre San Lucas hay forzosamente que hablar de él como evangelista y como autor del Libro de los Hechos. Esto está universalmente admitido desde la antigüedad en Siria, Roma, Grecia, Las Galias, Alejandría… Lo afirman San Ireneo, Tertuliano, San Clemente de Alejandría, Orígenes, San Eusebio, San Jerónimo y otros muchos Santos Padres. Todos le atribuyen la autoría del tercer Evangelio. Y el testimonio más antiguo es el “Canon Muratoriano” que es del siglo II. El Evangelio (al igual que el libro de los Hechos) va dirigido a un personaje desconocido llamado Teófilo,  siendo los Hechos la continuación del Evangelio. Es como si fuera una sola obra, pero con dos volúmenes. Y se dice que los escribió alrededor del año 70.

Cráneo de San Lucas expuesto a la veneración durante una visita a Moscú (Rusia).

Él mismo deja claro lo que intenta al escribirlo (1, 1-4): “Puesto que muchos han intentado componer ordenadamente las cosas realizadas entre nosotros, según nos lo han enseñado los mismos que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, me ha parecido también a mi, que he investigado cuidadosamente todo desde los orígenes, hacerte una narración ordenada, ¡oh noble Teófilo!, para que conozcas el fundamento de las enseñanzas que has recibido de palabra”.

Es San Lucas un escritor agradable, fácil de leer, un narrador minucioso que describe a las personas tal cual son y que demuestra una gran estima por la mujer. Se dice del suyo que es el Evangelio que mejor describe la amabilidad de Cristo. También se le llama “evangelio de la oración” ya que muestra a Jesús orando en los grandes momentos de su vida, insiste continuamente en la necesidad de la oración y en que el Amor de Dios no tiene límites. Trata especialmente la infancia de Jesús: la Concepción del Bautista, la Anunciación y Encarnación, la Visita a Santa Isabel, el Nacimiento del Bautista, el Nacimiento de Cristo, la Circuncisión, la Presentación en el Templo y la profecía de Simeón, la Perdida de Jesús cuando tiene doce años… Casi la mitad de su Evangelio dice cosas que no dicen ninguno de los otros tres. Ejemplos: un tercio de los milagros y las tres cuartas partes de las parábolas son exclusivas de su Evangelio.

Además se le nota una cierta influencia de San Pablo: la universalidad de la religión, la salvación no solo para Israel sino también para los gentiles y la misericordia de Dios es inmensa, inagotable. Esos principios eran defendidos ardorosamente por Pablo. Sin embargo, en su segundo libro, los Hechos de los Apóstoles, escribe lo que él ha visto y vivido personalmente.

¿Cuál sería la “teología de Lucas”? Pues la teología de su Evangelio y la de los Hechos. El Evangelio es el libro más encantador escrito sobre Jesús, que presenta a Cristo como el Salvador, revestido de dulzura y misericordia, que hace especial hincapié en la amabilidad de Jesús, que lo pone como modelo de oración, de pobreza y de alegría y que llega a decir de Él que es el profeta por excelencia: “resume en Sí a todos los profetas”. En los Hechos fundamenta cuál es la teología cristiana, profundiza en el mensaje primitivo de los apóstoles, anuncia la salvación y fundamenta la transmisión del mensaje evangélico a la Iglesia.

Actual sepulcro de San Lucas en Padua (Italia).

Pero hay que decir también algo sobre su culto y su fiesta. Su primitiva tumba está en Thebes, pero sus restos fueron trasladados a Constantinopla en tiempos del emperador Constancio y en tiempos de los iconoclastas (741-770), cuando se destruían las imágenes, para salvarlos los llevaron a Padua (Italia). Cuando los húngaros invadieron el norte de Italia, en el año 899, fueron escondidos y en el año 1177, en tiempos de Alejandro III, fueron de nuevo expuestos al culto. Actualmente están en un arca en la Basílica de Santa Justina, en Padua. Se hizo reconocimiento de estos restos en el año 1464 y recientemente, en octubre del año 2000, cuando se realizó el Congreso Internacional sobre San Lucas.

Hay pequeñas reliquias suyas en Roma, Milán, Ostia, Nola, Brescia, Nápoles, Antioquia, Monte Athos, Chipre, etc. El Martirologio Romano celebra su fiesta hoy, día 18 de octubre y las traslaciones se celebran el 2 de mayo (la primera) y el 9 de mayo (la segunda). La imagen más antigua de San Lucas se conserva en las catacumbas romanas de los santos Marcos y Marceliano, y es patrono de los pintores, doctores y cirujanos, solteros (estaba soltero con ochenta y cuatro años), notarios, encuadernadores, etc.

Para la realización de este artículo se ha utilizado en Nuevo Testamento, las conclusiones del Congreso Internacional sobre San Lucas del año 2000 y los trabajos del profesor Pietro Cannata.

Antonio Barrero

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