Santa Lucía Filippini, virgen fundadora

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura de la Santa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Escultura de la Santa. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Pregunta: Siendo contemporáneas, habiéndose conocido e incluso trabajado juntas, ¿por qué Santa Rosa Venerini y Santa Lucía Filippini, fundaron dos Institutos religiosos parecidos y no uno solo? Gracias desde Paraguay.

Respuesta: Buena pregunta que, desde luego, podría contestarte mejor que yo cualquier religiosa de alguno de los dos Institutos. Sobre Santa Rosa Venerini ya escribimos en el blog el día 14 de septiembre del año pasado y hoy escribiremos sobre Santa Lucía. Posiblemente leyendo y comparando sus vidas, se pueda aclarar el tema. Al menos, vamos a intentarlo.

Santa Lucía Filippini es la santa fundadora del Instituto “Maestre Pie Filippini” de Montefiascone. Nació en Corneto (Tarquinia) el día 13 de enero del 1672, siendo la última hija del matrimonio formado por Felipe Filippini y Magdalena Picchi-Falzacappa, quienes tuvieron cinco hijos, dos de los cuales murieron en la infancia. Lucía perdió a su madre cuando no tenía ni un año de edad, quedando huérfana también de padre apenas cumplidos los siete años, por lo que fue educada, junto con su hermana mayor Isabel y su hermano Juan Francisco, por un tío, hermano de su madre.

Muy pronto se distinguió tanto por su inteligencia como por su virtud, hasta el punto de que el párroco de la localidad le confió la enseñanza del catecismo al resto de las niñas de la parroquia. En Tarquinia vivía también el canónigo Miguel Filippini que era tío suyo y fue en este período de tiempo y junto con él, cuando Lucía comenzó a frecuentar el monasterio benedictino de Santa Lucía. El empeño que ponía en todas las tareas parroquiales y su vida ejemplar, indujeron al cardenal Marcantonio Barbarigo – que era el nuevo obispo de Montefiascone y Tarquinia -, a colocarla en el 1688 como alumna en el monasterio de Santa Clara de Montefiascone, con la intención de restaurar la disciplina un tanto relajada de las monjas Clarisas a través de ella, aunque sólo era una joven muchacha. Esto parece un tanto extraño, pero hay que tener en cuenta que dos tíos de Miguel Filippini habían sido obispos de la diócesis, por lo que la familia, además de influencia, tenía excelente reputación. Y Lucía se la había ganado a pulso.

Estampa devocional de la Santa.

Estampa devocional de la Santa.

Y así fue, porque las monjas Clarisas, al primer contacto que tuvieron con ella la consideraron como si fuera un ángel, ya que era humilde, prudente, justa e incluso, sufrida. Pero esto fue aun más efectivo cuando poco tiempo más tarde, sin ni siquiera ser religiosa, el cardenal Barbarigo la puso al frente del monasterio logrando restablecer completamente la disciplina y la observancia estricta de la Regla.

Después de varios intentos fallidos, el cardenal Barbarigo invitó a Santa Rosa Venerini – que desde el 1685 había abierto algunas escuelas femeninas gratuitas en Viterbo -, para que hiciera lo mismo en su diócesis, cosa que Santa Rosa aceptó en el año 1692 abriendo una escuela en el monasterio de Santa Clara y allí contactó con Lucía, dándose cuenta rápidamente de la valía de la joven.

Entre el 1692 y el 1694, Santa Rosa abrió diez escuelas en distintas localidades de la diócesis y cuando tuvo que retornar a Viterbo a fin de atender a su Instituto, puso al frente de todas ellas a Lucía, quién a partir del 1704 se convirtió en la superiora general de un nuevo Instituto que también empezó a llamarse “Maestre Pie”. Pero antes de morir el cardenal Barbarigo, a finales del año 1706, Santa Rosa Venerini visitó nuevamente la escuela de Montefiascone buscando la unificación. Sin embargo, la regla de la nueva rama del Instituto e incluso el estilo del hábito de sus religiosas habían sido ideas del cardenal, quién consideró siempre a este Instituto como cosa suya, no permitiéndole fundar escuelas fuera de su diócesis.

Cuando el obispo Pompilio Bonaventura, sucesor del cardenal Barbarigo, se hizo cargo de la diócesis, puso al Instituto de Santa Lucía bajo la dirección espiritual de los Píos Operarios, cambiando de alguna manera el espíritu primitivo del Instituto y separándolo definitivamente del de Viterbo, que estaba bajo la dirección de los jesuitas. De esa manera, se consolidó la división en dos Institutos llamados exactamente igual: “Maestre Pie”, pero “Venerini” el de Viterbo y “Maestre Pie de Montefiascone” el de Lucía, el cual, desde el año 1800 vino en denominarse “Filippini”. ¿Aclarada la pregunta?

Detalle de una escultura de la Santa en México.

Detalle de una escultura de la Santa en México.

Pero sigamos con la vida de Santa Lucía Filippini, ya que incansable, no se contentó con la formación intelectual de las muchachas, sino que también se preocupó de la formación religiosa. Después de las clases, especialmente los sábados y domingos, reunía en torno a sí a toda la juventud femenina, las llevaba a los hospitales a visitar a los enfermos, a sus casas a visitar a los pobres y seguía todas las etapas de sus vidas hasta que se convertían en madres de familia, religiosas o profesionales independientes.

Pero no todo iba a ser de color de rosa: Lucía fue perseguida de diversas maneras e incluso denunciada al Santo Oficio como perteneciente a la secta de Miguel Molinos (el llamado “quietismo”), persecuciones y calumnias que ella soportó con gran paciencia y siempre perdonando a quienes iban contra ella. En el año 1707 intentó personalmente abrir una escuela en Roma, pero la obligaron a retirarse, por lo que llamó a Santa Rosa para que ella lo intentara, aunque también esta santa tuvo que abandonar el intento. En Roma y en otros lugares se abrieron escuelas según el espíritu de Montefiascone, pero tuvo que hacerlo Alejandro Bonaventura, hermano del obispo Pompilio, que a su vez era limosnero pontificio. ¡Enchufes! Así se desarrolló el actual Instituto de las “Maestre Pie Filippine”, como instituto pontificio, mientras que en Montefiascone quedaba reducido a un simple Instituto diocesano.

Como Lucía residía en Montefiascone, dirigía todas las escuelas, las visitaba una a una y se encargaba personalmente de la formación de cada una de las futuras maestras. Su mérito, como el de Santa Rosa, fue el llevar las escuelas a todos los rincones a fin de que las muchachas pudieran ser instruidas gratuitamente, cuando por aquel entonces la educación solo se recibía en los monasterios y las recibían quienes tenían posibilidades económicas.

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Atacada por la enfermedad, tuvo la certeza de que la muerte estaba cerca, por lo que el 19 de marzo le dijo a una de las religiosas que el 25 vendría el arcángel Gabriel a llevársela con él. Recibió los últimos sacramentos e invitó a sus hijas a que la rodearan cantando a Cristo, la Virgen y los santos y, en efecto, murió el día 25 de marzo del año 1732. Fue sepultada en la catedral de Montefiascone, donde aun puede venerarse su cuerpo incorrupto. El mismo año de su muerte fue escrita y publicada su vida.

Detalle del cuerpo incorrupto de la Santa, recubierto con una máscara.

Detalle del cuerpo incorrupto de la Santa, recubierto con una máscara.

La Causa de beatificación fue introducida en el año 1912. Fue beatificada el 13 de junio de 1926 y canonizada el 22 de junio de 1930, o sea, que podríamos decir que los trámites de su Causa fueron relativamente rápidos. Su fiesta litúrgica se celebra el día de su muerte, o sea, el 25 de marzo. Hoy, las “Maestre Pie Filippini” de Roma, son más de mil religiosas, quedando como independiente el de Montefiascone, el cual por decreto episcopal del 20 de julio del año 1926, quedó definitivamente reconocido como Congregación diocesana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bergamaschi, P., “Vida de la Venerable Lucia Filippini”, Montefiascone, 1916
– Chierotti, L., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città Nuova editrice, Roma, 1988
– Di Simone, F., “Vida de la Sierva de Dios Lucía Filippini”, Roma, 1732
– Salotti, C., “Santa Lucia Filippini”, Roma, 1930.

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Vosotros sois la luz del mundo (I)

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Vidriera contemporánea de la Beata Lucia Bufalari.

“Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad construida sobre un monte no puede permanecer oculta y no se enciende una lámpara para esconderla, sino para ponerla en un candelabro y alumbre a todos los que están en la casa”. El Señor había llamado previamente a sus discípulos que eran la sal de la tierra, porque con su sabiduría celestial restauró el sabor en el corazón del hombre, el cual había estado insípido por obra del demonio. Ahora los llama luz del mundo, porque iluminados por Él, verdadera y eterna luz, habrán de convertirse en luz entre las tinieblas.

Y no sin motivo, Jesús que es el sol de justicia, llama a sus discípulos luz del mundo, porque mediante ellos, como rayos resplandecientes, infunde en todo el universo la luz de su conocimiento; ellos disipan las tinieblas del error de las mentes de los hombres mostrándoles la luz de la verdad.
También nosotros, iluminados por Él, hemos venido de las tinieblas a la luz según lo afirma el Apóstol: “En otro tiempo erais tinieblas pero ahora sois luz en el Señor y ya no sois hijos de la noche ni de las tinieblas, sino que sois hijos de la luz e hijos del día”. Incluso San Juan, en su carta, dió testimonio diciendo: “Dios es la luz y el que permanece en Dios y en la luz, como Él mismo, está en la luz. Entonces, debemos gozarnos de haber sido liberados de las tinieblas del error; debemos siempre, como hijos de la luz, caminar en la luz”. El Apóstol dice. “Vosotros debeis brillar como fuentes de luz en este mundo, impregnados de la Palabra de la vida”.

“Si no nos comportamos de esta manera, nuestra infidelidad esconderá y oscurecerá como un velo la utilidad de una luz tan necesaria, en detrimento de nosotros mismos y de los demás, llegando a ser como el siervo que prefirió esconder el talento recibido en lugar de cambiarlo por los bienes celestiales. Y por haberlo leido, sabemos la recompensa que había recibido. Por lo cual, la lámpara estaba encendida y brillante porque la usamos para nuestra salvación y por eso siempre debe brillar en nosotros. De hecho, tenemos la luz del mandamiento divino y la gracia espiritual, de la cual David había dicho “la lámpara que está a mis pies es tu palabra y es la luz de mi camino” y Salomón: “Porque el precepto de tu ley, es una luz”.

“Esta luz de la ley y de la fe no debe ser ocultada, siempre se mantiene en alto en la Iglesia, como puesta en un candelero para que sea la salvación de muchos, porque nosotros, primero hicimos uso de su luz y así, todos los creyentes serán iluminados”. Del “Tratado sobre el Evangelio de Mateo” de San Cromacio, obispo. (Trattato 5, 1.3-4; CCL 9, 405-407).

Grabado antiguo de la Beata Lucia da Settefonti

Introducción:
El nombre de Lucía deriva del “praenomen” latino Lucia, que es el femenino de Lucius. El cambio del acento italiano deriva de la traducción griega Lukìa. En el italiano moderno ya no representa el femenino de Lucio como consecuencia de tradiciones onomásticas separadas. Tradicionalmente esto ha derivado del termino latino “lux lucis”, la luz, significando “luminosa, brillante”, pero también “nacida en las primeras luces de la mañana”.

El Martirologio Romano recuerda el 13 de noviembre: Memoria de Santa Lucía, virgen y mártir, que mientras vivió, guardó encendida la lámpara para ir al encuentro del Esposo y en Siracusa de Sicilia, fue conducida a la muerte por Cristo, mereciendo el acceder a unirse con Él en el cielo y poseer la luz que no conoce ocaso alguno..
La mártir siracusana es una de las siete mártires incluidas en el Canón Romano o Plegaria eucarística:
“También a nosotros, tus siervos pecadores, que confiamos en tu infinita misericordia, concédenos ¡Oh Señor! participar en la comunidad de tus santos apóstoles y mártires: Juan, Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y todos los santos: admítenos a gozar de su feliz destino, no por nuestros méritos, sino por la riqueza de tu perdón”.

Una curiosidad. En la tradición del Rito Ambrosiano este elenco es diferente. Así, en la nueva edición del Misal Ambrosiano, encontramos también diariamente citadas a las mártires Eufemia, Justina, Tecla, Pelagia y Catalina: en total son doce mujeres mártires.
El nombre de Lucía está ampliamente difundido y las otras santas y beatas han recibido en su honor el mismo nombre.
He aquí una relación de ellas:

Ejemplos de santidad de nombre “Lucía”:

Escultura contemporánea de Santa Lucia Filippini, obra de T.B. Purcer. Iglesia de la Santa en Tarquinia, Italia.

Santa Lucia Filippini:
Virgen, fundadora del Instituto “Maestre Pie Filippine” (25 de marzo).

Nació en la Toscana italiana el día 13 de enero del año 1672 en Tarquinia. Cuando apenas tenía once meses y pocos días, murió su padre y pocos años después, también murió su padre.
Cuando tenía dieciseis años de edad tuvo un felicísimo encuentro con el cardenal Barbarigo decidiendo entrar en el monasterio de Santa Clara en Montefiascone.

Su ideal era poder iluminar las inteligencias y levantar los corazones: con la ayuda del cardenal Barbarigo, bajo las normas de Santa Rosa Venerini y con la cooperación de una señora muy piadosa, se da cuenta de su proyecto apostolico dando origen al ministerio educativo de las “Maestras Pías Filipinas”. Pronto falleció Rosa Venerini y Lucía continuó sola el trabajo.
Abrió escuelas parroquiales en Montefiascone, extendió su Instituto a Roma y a otras ciudades italianas e incluso fundó algunas casas en el extranjero, particularmente en América del Norte, donde en la actualidad las monjas siguen trabajando activamente.

Consumida por las fatigas pero muy rica en méritos, expiró dulcemente en Tarquinia el día 25 de marzo del año 1732.
El Papa Pío VI en el año 1779 confirmó su culto y fijo su conmemoración el día 7 de noviembre. Posteriormente, Pío XI en el año 1926 la incluyó entre los beatos y el 22 de junio del 1930, la inscribió en el catálogo de los santos.

El día 25 de marzo, el Martirologio Romano dice: Junto a Montefiascone en el Lazio, Santa Lucia Filippini, fundadora del Instituto de las Maestras Pías para la promoción de la instrucción cristiana entre las niñas y las mujeres, especialmente entre las más pobres.

Beata Lucia Bartolini Rucellai:
Monja, terciaria dominica (22 de octubre)

La Beata se llamaba Camila y había nacido en el seno de la noble familia de los Bartolini. Siendo aun adolescente se casó con Rodolfo Rucellai y estuvo viviendo en un expléndido palacio albertino, perteneciente a los afortunados tintoreros Rucellai. En Florencia, desde hacia generaciones, los Rucellai era una de las familias más ilustres y generosas de la ciudad.

Teniendo unos treinta años, las palabras de Savonarola encendió el fuego de su profunda y sufrida espiritualidad y por el mismo motivo, su marido Rodolfo, decidió separarse de su esposa de la que no había tenido ningún hijo y entró en el convento de San Marcos, vistiendo el hábito dominico.
Camila aceptó la decisión de su esposo aunque no la compartió del todo y ella se hizo terciaria dominica. Pasados varios meses, Rodolfo Rucellai se cansó del estado religioso y decidió tornar al mundo, salirse del convento, intentando convencer a su esposa, cosa que no consiguió.

Rodolfo murió poco después y Camila, religiosa con el nombre de Lucia, se mantuvo en el convento de las terciarias dominicas, promoviendo una nueva fundación dedicada a Santa Catalina de Siena. Era muy mortificada, pernitente y severísima consigo misma y oraba con tanto fervor que se decía que el convento de Santa Catalina estaba coronado por llamas mientras ella estaba en oración.
Su muerte, acaecida en el año 1520 sobrevino después de una enfermedad que aceptó serenamente y su halo de santidad vino a embellecer la gloria de la riquísima familia Rucellai.

Estampa popular devocional de la Beata Lucia Broccattelli.

Beata Lucia Broccatelli de Narni:
Virgen, terciaria dominica (15 de noviembre)

Nació en Narni, en Umbría, en el año 1476.
Con solo doce años de edad de consagró al Señor haciendo voto de virginidad. Obligada por sus familiares a casarse, después de tres años de “blanco” matrimonio, como se llamaba entonces al matrimonio que imitaba la vida matrimonial de María y José, consiguió que su marido accediese a su deseo de hacerse terciaria regular dominica.

Primero estuvo en el convento de Narni, posteriormente en el de Roma y finalmente en el de Viterbo, donde la noche del 25 de febrero del año 1496 recibió los dones de los estigmas de la Pasión, estigmas que fueron verificados, confirmados por el mismo Papa, por los médicos y por los teólogos.

El duque de Ercole I, conocedor de la santidad de Lucia, le solicitó ser su consejera y le construyó en Ferrara el convento de Santa Catalina de Siena dedicado a la educación de las jóvenes de la ciudad. En el año 1499 fue nombrada primera priora del convento, pero demostrándose que no era la superiora más adecuada, fue depuesta por una nueva priora. Vivió treinta y nueve años recogida en el convento, conociendo el desprecio y la humillación de las monjas, que aceptó con imperturbable serenidad. Murió el día 15 de noviembre del año 1544 en Narni y está sepultada en la catedral. Su esposo se hizo fraile franciscano.
El Papa Clemente XI, el día 1 de marzo del año 1710 confirmó su culto.

Beata Lucia Bufalari de Amelia:
Virgen agustina (27 de julio)

Nació en Castel Porziano y era hermana del beato Juan de Rieti. Tomó el velo en el convento agustino de Amelia siendo nombrada priora de dicho convento. Murió en el año 1350 y es invocada como protectora contra la posesión diabólica.

El día 27 de Julio, el Martirologio Romano dice: En Amelia de Umbria, la beata Lucia Bufalari, virgen, hermana del beato Juan de Rieti, perteneciente a las Oblatas de la Orden de San Agustín, insigne por su espíritu de penitencia y por su celo por las almas.

Estampa devocional de la Beata Lucia da Caltagirone.

Beata Lucia de Caltagirone:
Virgen franciscana (26 de septiembre)

Nació en Caltagirone, en Sicilia, y profesó como clarisa en Salerno. Murió en el año 1304 y fue beatificada en el año 1514.

El día 26 de septiembre, el Martirologio Romano dice: En Salerno, la beata Lucia de Caltagirone, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco.

Beata Lucia de Settefonti:
Virgen camaldulense (7 de noviembre)

Nació en Bologna y entró en el convento de Santa Cristina en Settefonti, cerca de la localidad de Ozzano Emilia, dode estaba el mencionado monasterio, en la diócesis de Bologna. Vivió y murió en el siglo XII con fama de santidad.

Entorno a su figura de monja y abadesa se divulgaron diversas narraciones populares que, testimoniando el valor de su intercesión y caridad fraterna, incrementaron su culto particularmente en la iglesia de Santa Cristina en Bologna.
Desde allí, el 7 de noviembre de 1573, el cardenal Paleotti trasladó las reliquias a la iglesia de San Andrés en Ozzano, donde se construyó otro monasterio de la misma Orden. El Papa Pio VI en el año 1779 confirmó su culto y fijo su festividad el día 7 de noviembre.
Los camaldulenses la veneran como la fundadora de la rama femenina de la Orden.

Damiano Grenci

Fonti e Bibliografia:

* AA. VV., Enciclopedia dei Santi “Bibliotheca Sanctorum”, 17 voll., Città Nuova, 1990
* C.E.I., Martirologio Romano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, pp. 1142
* Grenci Damiano Marco, archivio privato iconografico e agiografico, 1977 – 2012
* Sito web ancelledellacarita.it
* Sito web beatavergine.e-cremona.it
* Sito web newsaints.faithweb.com
* Sito web santibeati.it
* Sito web vatican.va

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