Vosotros sois la luz del mundo (IV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de una estampa devocional contemporánea de la Madre Lucia Perotti.

Madre Lucia Perotti
Esposa, madre y fundadora.

Lucia Perotti nació en Cremona el día 18 de noviembre de 1568, siendo hija de Giuliano Perotti y de Angela Tinti, ambos de noble familia. Estudio con las Hermanas Angélicas, donde recibió sus primeras enseñanzas y una profunda educación cristiana. La muerte de su madre en el año 1593 determinó un cambio en su vida y no solo por la pérdida del afecto más grande que una cristatura pueda tener, sino por las muchas dificultades que se le vinieron encima.
Lucia encontró confortamiento en la atención afectuosa de una señora, vecina de su casa y mujer devota, esposa de Giuseppe Somenzi, pero poco tiempo después también perdió este afecto. Los Somenzi casaron a Lucia, y el matrimonio fue considerado un buen partido por el patrimonio de ella.
De esta unión, que duró dos años y medio, nació una hija, Isabel, pero los designios de Dios a veces no coinciden con los proyectos humanos, pues en breve tiempo, Lucia perdió a su hija y su esposo se vió forzado a regresar a la casa de sus padres.

Lucia, que era generosa y espléndida estaba dotada de un ingenio penetrante e inventivo. Ella sabía que esos ideales eran auténticos, humanos, que sus ideales no eran un sueño: eran deberes, eran energía, eran esperanzas que se perfilaban en el horizonte de su historia personal y que con luz favorable, crecerían y le harían demandas exigentes y vivas. Lucía, después de escuchar las predicaciones sobre la verdades fundamentales de la fe por parte de Fray Bartolomeo Cambi de Salutio, animada por un celo ardiente, decidió renunciar a las vanidades del mundo. Después de haber sentido una fuerte inspiración de Dios que la animaba a poner en práctica su proyecto, se vió agobiada por unos disturbios interiores y por la melancolía y recurrió a la Santísima Virgen implorándo que la iluminara y así el 21 de noviembre del año 1609, confirmando su incertumbre, se le apareció la Señora que la animó a continuar por su camino. Desde ese momento Lucia se convierte en inamovible y prosiguió en su intento.

El 6 de mayo de 1610, festividad de San Juan “ante portam latinam”, Lucia Perotti se retiró a una casa cercana a la iglesia de San Omobono con sus primeras compañeras, las tres hermanas Reina: Constanza, Teodora y Octavia y en el 1618 con la ayuda y el apoyo del padre jesuita Giovanni Mellino, escribió su primera regla, después de que su Colegio hubiera sido aprobado por el obispo de Cremona, Monseñor Giovanni Battista Brivio, que lo había hecho el día 2 de febrero, fiesta de la Purificación de la Virgen del año 1612.

El objetivo de Lucia, lo que ella quería para sus hijas, era la propia perfección y la educación de las niñas nobles, dándoles instrucciones espirituales, instruyéndolas en las virtudes cristianas, enseñándoles los nobles adornos de la lectura, de la escritura y de los buenos modales. El Colegio de la Santísima Virgen fue una novedad en aquellos tiempos; las madres no habían tomado conciencia de ello, ya que habían adoptado la vida en común pero no cómo una orden monástica de clausura. Pero aquella experiencia era una novedad, porque la Madre Lucia Perotti quiso que, junto a las educandas internas, estuvieran también las educandas escolares, es decir, aquellas que pertenecían a familias normales y sin recursos para las cuales, la enseñanza, era gratuita. Se acusó a la Madre de ser demasiado “atrevida”, pero el Colegio supo vivir desde un principio una síntesis equilibrada, una intensa vida interior y el apostolado educativo.

Estampa moderna de Sor Lucia Dini y las Siete Fundadoras de las Siervas de María con la Virgen Dolorosa.

Sor Lucia Dini de Pisa
Sierva de Maria.

Estamos en la ciudad de Pisa, donde desde hace tiempo existía una obra verdaderamente meritoria al servicio de los enfermos junto al hospital de Santa Clara: las oblatas hospitaladias de Santa Clara. En esta obra, entraron como miembros consagrados siete muchachas: Auxilia Pardelli, Placida Brogi, Maria y Domínica Sassetti, Martina y Raquel Grisanti y Lucia Dini. Ciertamente, la Divina Providencia estaba viendo en estas siete jóvenes generosas, de ánimo bueno y sincero, que desde el principio de su vocación habían puesto como fundamento la fidelidad a Dios y su propia consagración a la Iglesia. Solo por esta generosidad y honestidad de corazón, Dios y la Santísima Virgen las guardaban con un amor admirable, entreviendo ya a través de su santa obra, que estaban comprometiéndose con la mística viña del Monte Senario, de los Siervos de María.

El Maligno, seductor y mentiroso, siempre está dispuesto a traer la división y el mal al rebaño de Dios, porque a través de las cosas malas del hombre, puede alejarle de Dios lo que hace más fácil para él el destruir las obras buenas. En el hospital de Santa Clara crecía una mentalidad masónica, que nacia de los propios administradores, los cuales provocaban a las buenas hermanas oblatas con vejaciones, sufrimientos y humillaciones gravísimas. Sus intenciones eran revivir la misma historia de la Florencia medieval, cuando las guerras, la falsedad y la enemistad se impuso entre los hermanos, causando un gran sufrimiento en el corazón de los Siete comerciantes (Los Siete Santos Fundadores de los Servitas). Ellos lo abandonaron todo y confiados en que la justicia y la verdad valían más que todos los bienes terrenales, marcharon al Monte Senario buscando al Dios del amor.

Era el mes de agosto del año 1895 y con el permiso del arzobispo de Pisa, Fernando Capponi, las siete jóvenes abandonaron el hospital para vivir con intensidad y fidelidad su vocación. No les faltaron pruebas ni persecuciones, que siempre están al asecho para luchar contra las obras de Dios, pero cuanto mayor era el sufrimiento, más nacía en los corazones de estas mujeres de Dios una tenaz voluntad con la intención de llevar a cabo el camino que se habían trazado. En su calvario inicial, Dios puso ante ellas a un verdadero Siervo de Dios, el canónigo Ludovico Rossi, terciario de los Siervos de Maria y que había sido inspirado por Dios en aquellos días de sufrimientos y de pruebas; él dijo a las siete hermanas: “No desmayeis: vosotros sereis hermanas de la Dolorosa.

Este bagaje de experiencia y de fe animó el camino de estas hermanas y se esforzó en hacer de conexión con la Orden para que ellas comenzaran su trabajo. Las siete, número privilegiado y bendito, iniciaron el camino ingresando en la Orden como terciarias, tomando el hábito el día 28 de diciembre del año 1895 con los nombres de: Sor Juana, Sor Juliana, Sor Teresa, Sor Agustina, Sor Electa, Sor Concepción y Sor María. El 11 de febrero de 1896 hicieron sus votos dedicándose por completo, como ángeles delicados y amables, al servicio de quienes sufrían. Se inició así la Congregación de las Hermanas de la Dolorosa Siervas de Maria de Pisa.

El amor en común, la verdadera fraternidad y la paciencia eran las reglas fundamentales de la vida de estas criaturas, imprimiendo en su comunidad un verdadero perfume de santidad. Sus deseos eran que en la casa común en la que vivían reinase solo el amor de Dios: “un clima de fraternal concordia, de unión profunda, de paz envidiable”.
Su ejemplo de amor fraterno llevó a otras muchas a seguirlas en ese común ideal, por lo que cada vez crecía más la comunidad bajo la guía de Sor Maria y de los hermanos de su Orden, que fueron para aquella nueva Congregación, hermanos, consejeros y guías.

El servicio a los enfermos se convertía siempre en su mayor baluarte, llevando en “medio de los dolores, la bendición, la consolación y la esperanza en el Señor”. Este espíritu era similar, estaba impregnado de aquel de los Siete Santos Fundadores y las llevaba siempre por el mismo camino; el día 1 de noviembre del año 1916, el padre Lepicier, prior general de la Orden, agregó oficialmente a las Hermanas de Pisa a la Orden de los Siervos de Maria.

Estas siete terciarias, las primeras hermanas, mujeres que por su simplicidad y pobreza de vida habían demostrado tener grandes aspiraciones y una profunda fe, son consideradas las fundadoras de esta obra sublime, que como los Siete Fundadores florentinos, han reconocido que la solo guía y maestra, la verdadera fundadora del Instituto, es la Bienaventurada Virgen Dolorosa, compañera triste y silenciosa, pero llena de fe y de coraje, del sufrimiento de Cristo, crucificado y abandonado.
Detrás de Maria, ellas también se han convertido en los compañeros del dolor de todos los crucificados de la historia, por lo que merecen ser recordadas y la gloria: porque la verdadera gloria no es la vanidad del mundo, no son las riquezas de la tierra que pasan y que mueren, no son los honores del poder y la admiración de los hombres que tantas veces se compran con el compromiso y con la corrupción; la verdera gloria es conocer, amar y servir a Dios, que está presente en todos los hermanos y después, poder gozar de Él eternamente en el Paraiso.

Estampa coloreada de la Sierva de Dios Lucia Ripamonti.

Sierva de Dios Lucia Ripamonti
Religiosa, Sierva de la Caridad de Brescia

Nació en Acquate y recibió el bautismo en su parroquia el día 30 de mayo de 1909; la Primera Comunión en el 1916 y la Confirmación, dos años más tarde, en el 1918. Vivió en su tierra natal hasta el año 1932 como una cristiana de convicciones. Era fuerte de espíritu, ayudaba al párroco don Luigi Piatti, se distinguía por su piedad y caridad entre los jóvenes de la Acción Católica y era la animadora de las fiestas y de los juegos de oratoria. Era trabajadora textil y posteriormente lo fue en una fábrica para poder ayudar a su numerosa familia que vivía honestamente. Con la oración diaria, en el silencio y en el sacrificio se preparaba para responder a la llamada del Señor.

A principios del año 1932 fue a Brescia y quiso formar parte del Instituto de las Siervas de la Caridad a las cuales conocía a través de una hermana de su pueblo natal, Acquate. Fascinada por el espléndido ideal de caridad que animaba la vida y la obra de Paola Di Rosa, quiso seguir a Cristo según este carisma de caridad que se cuidaba de las necesidades de la humanidad doliente con el fin de sanarla. Para nada se sentía turbada por los anteriores rechazos sufridos en otros Institutos; valiente, la humilde María dejó ese encantador “brazo del Lago de Como” descrito por Manzoni y fue recibida en el Instituto durante el régimen fascista con la problemática provocada por las dos guerras mundiales.

Maria, después de un período de formación, se consagró al Señor adoptando el nombre de Hermana Lucia y emitió los votos perpetuos en el año 1938. Vivió siempre en la Casa Madre, sirviendo con gozo y con alegría de corazón. Todos los días, buscaba apasionadamente al Señor en sus superiores, en sus hermanas, en el ejercicio de la caridad y en las virtudes. Se ofreció como victima reparadora por la salvación de los pecadores.

Cayó gravemente enferma pero fue curada en la enfermería del Ronco, en Brescia, donde murió con solo cuarenta y cinco años de edad, en olor de santidad, en el año 1954, pocos días después de la solemne canonización de Santa Maria Crocifissa. La fama de santidad de la Hermana Lucia se difundió y muy pronto llegaron a los oídos de las Hermanas las muchas gracias obtenidas por su intercesión.
Abierto el Proceso informativo para la causa de beatificación en Brescia, ha sido cerrado felizmente por el arzobispo, monseñor Bruno Foresti. Ahora está lista la Positio super virtutibus en la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos y se espera que pronto le sea reconocida la heroicidad de sus virtudes. La madre Eugenia Menni, novena superiora general que tanto ha solicitado la beatificación de la Sierva de Dios Lucia Ripamonti, ha obtenido de las autoridades competentes la autorización para trasladar sus restos mortales desde el cementerio de San Francisco de Paula a la capilla de la fundadora, en la Casa Madre de Brescia.

Damiano Grenci

Fuentes y Bibliografia

* AA. VV., Enciclopedia dei Santi “Bibliotheca Sanctorum”, 17 voll., Città Nuova, 1990
* C.E.I., Martirologio Romano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, pp. 1142
* Grenci Damiano Marco, archivio privato iconografico e agiografico, 1977 – 2012
* Sito web ancelledellacarita.it
* Sito web beatavergine.e-cremona.it
* Sito web newsaints.faithweb.com
* Sito web santibeati.it
* Sito web vatican.va

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