San Luis Orione, sacerdote fundador

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Fotografía del Santo.

Don Orione, como popularmente se le conoce en todo el mundo, es un santo del siglo XX que a lo largo de su vida tuvo que afrontar todo tipo de problemas sociales y eclesiásticos, que acercó a la Iglesia a grandes personalidades del mundo de la política y de la cultura, iluminando a todos con su mirada profunda y sabia y con su generosa actividad. Es un campeón de la santidad cristiana y es el fundador de la llamada Pequeña Obra de la Divina Providencia.
De él dijo Juan Pablo I que era “un estratega de la caridad”, definiéndose él a sí mismo como “el mozo, el maletero de la Divina Providencia” y Pronzano, uno de sus mejores biógrafos decía de él que era “el loco de Dios”.

Nació en Pontecurone, en la diócesis de Tortona en la Liguria italiana, el día 23 de junio de 1872. Sus padres fueron Vittorio Orione, trabajador de ideas liberales y Carolina Feltri, una ejemplar ama de casa que fue para su hijo Luis una educadora sabia y un sostén muy válido en sus primeros años de apostolado entre los jóvenes.
Su niñez transcurrió entre los trabajos del campo, un poco de escuela y sobre todo, mucho fervor religioso. Silenciosamente iba madurando en él su vocación religiosa y con apenas trece años de edad fue recibido en el convento franciscano de Voghera (Pavía), convento que tuvo que abandonar al año por motivos de salud: una pulmonía lo postró en la cama y se tuvo que volver a su casa con su familia. Era junio de 1886.

Desde octubre de ese año hasta agosto del año siguiente fue alumno de San Juan Bosco en el oratorio de Valdocco en Turín. Don Bosco notó algo especial en él y le aseguró: “nosotros siempre seremos amigos”. Con Don Bosco estuvo tres años.
La impronta que recibió de Don Bosco nunca se apartó de él, formando así una de las directrices maestras de su vida y de sus obras a favor de la juventud; allí también en Turín conoció la obra de San José Benito Cottolengo. Casi estuvo a punto de ingresar en el noviciado salesiano, pero inesperadamente abandonó la idea por causa de una improvisada y no muy clara inspiración.

El 16 de octubre de 1889 entró en el seminario de Tortona donde estudió filosofía. Durante el verano, solicitó al rector del seminario no irse a casa de vacaciones, sino permanecer allí a fin de tener más comodidad para estudiar. Estando allí le encargaron que cuidase de la capilla, de la preparación de las misas y aun de otras actividades manuales en la catedral de Tortona.
Cuando inició el curso de teología se llegó a establecer en una habitación en la catedral, asistiendo a las clases en el seminario y recibiendo un pequeño salario por los servicios que hacia en la catedral en su tiempo libre.

Fotografía del Santo entregado a sus tareas.

Siendo un joven clérigo se dedicó a vivir la solidaridad con los demás en la Sociedad del Mutuo Socorro San Marciano y en la Conferencia de San Vicente de Paul.
El 3 de julio de 1892 abrió en Tortona el primer oratorio para cuidar la educación cristiana de los jóvenes y al año siguiente, el 15 de octubre, con solo veintiún años, siendo solo un joven clérigo no ordenado, abrió un colegio para muchachos pobres del barrio de San Bernardino.
Fue ordenado sacerdote el 13 de abril de 1895 con veintitrés años de edad, imponiendo el obispo ese mismo día la sotana a seis alumnos de su colegio. En muy poco tiempo abrió nuevas casas en Mornico Losana (Pavia), Noto (Sicilia), Sanremo y Roma.

Pero volvamos un poco atrás. Fue durante el primer año en el que estuvo al servicio de la catedral de Tortona cuando el Señor le inspiró esta vocación específica para dedicarse a la educación cristiana de los jóvenes. Como el obispo Higinio Bardi comprendió la importancia de esta iniciativa, accedió a que Luís utilizase los jardines del obispado para tener estos contactos con los jóvenes y allí, en el jardín del obispado, fue donde inauguró el 3 de julio de 1892 el primer oratorio que he mencionado antes y que puso bajo la intercesión de San Luis Gonzaga. Cuando fue ordenado sacerdote celebró su primera misa rodeado de sus muchachos.

Como esta actividad suya llamaba muchísimo la atención y era ejemplar, en torno a él se agruparon otros clérigos y sacerdotes los cuales formaron el núcleo de la Congregación religiosa que más tarde fundaría.
Se dedicaba no solo a la enseñanza y cuidado de los muchachos; también a la predicación en Tortona y en los pueblos cercanos, a visitar en sus casas a los pobres y enfermos, a entregarse a todos aquellos que lo necesitaban.
En 1899 fundó a los Ermitaños de la Divina Providencia tomando el lema de los benedictinos “ora et lavora”, sobre todo entre los colonos agrícolas que, en aquella época, exigían más calidad de vida en el mundo rural.

El obispo de Tortona, con Decreto del 21 de marzo del 1903 reconoció canónicamente a los Hijos de la Divina Providencia (sacerdotes, hermanos coadjutores y ermitaños), que fue la congregación masculina de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, dedicada a “colaborar para llevar a los pequeños, los pobres y el pueblo a la Iglesia y al Papa, mediante las obras de caridad”, profesando un cuarto voto especial de fidelidad al Papa además de los tres tradicionales de pobreza, castidad y obediencia. En las primeras Constituciones del año 1904, entre los fines de la nueva Congregación aparece el de “trabajar para alcanzar la unión de las iglesias separadas”.

Misa celebrada frente a los restos incorruptos del Santo. 23 de mayo de 2004.

Animado por una gran pasión por la Iglesia y por la salvación de todos, se interesó muy activamente en los problemas de su tiempo, como la libertad, la Unidad de la Iglesia, el modernismo, el socialismo y la cristianización de los trabajadores.
Socorrió heroicamente a las poblaciones damnificadas por los terremotos de Reggio Calabria y de Messina, donde murieron noventa mil personas en el año 1908. Prestó asistencia especialmente a los niños huérfanos y promovió la reconstrucción de viviendas e iglesias. Lo mismo hizo en Marsica en 1915 donde también la zona fue sacudida por movimientos sísmicos.
Por deseo del Papa San Pío X, fue vicario general de la diócesis de Messina, en la que ocurrió uno de estos terremotos y lo fue por espacio de tres años.

Abandonó posteriormente Sicilia y pudo dedicarse de nuevo a la formación y el desarrollo de su Congregación. A los veinte años de la fundación de los Hijos de la Divina Providencia, el 29 de junio de 1915 fundó la Congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, animadas por el mismo carisma y en 1927 fundó a las Hermanas Adoratrices Sacramentinas invidentes y posteriormente a las Contemplativas de Jesús Crucificado.
Organizó a los seglares en las asociaciones de las Damas de la Divina Providencia, los ex alumnos y los Amigos. Posteriormente, tomó cuerpo el Instituto Secular Orionino y el Movimiento laical orionino.

Después de la Primera Guerra Mundial se multiplicaron las escuelas, los colegios, las colonias agrícolas y las obras caritativas y asistenciales. Creó los llamados Pequeños Cottolengos en los que atendía a las personas abandonadas en las grandes ciudades.
En el año 1913 envió la primera expedición de misioneros al Brasil; posteriormente los envió a Argentina y Uruguay y él mismo realizó dos viajes misioneros a América Latina, visitando Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Esto ocurrió entre 1921-1922 y entre 1934-1937. Pero también envió misioneros a otros países del mundo: Palestina (1921), Polonia (1923), Grecia (1925), Estados Unidos (1934), Inglaterra (1935) y Albania (1936).

Detalle del cuerpo incorrupto del Santo.

Gozó de la estima personal de los Papas San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII y del resto de las autoridades de la Santa Sede, las cuales le confiaron numerosos y delicados encargos para resolver problemas y curar heridas tanto dentro de la Iglesia como en las relaciones de esta con la sociedad civil. Fue predicador, confesor y organizador infatigable de peregrinaciones, misiones, procesiones, belenes vivientes y otras manifestaciones religiosas populares. Era devotísimo de la Virgen y promovió su devoción por todos los medios, llegando a construir los santuarios de la Virgen de la Guardia en Tortona y de la Virgen de Caravaggio en Funo.

Los últimos tres años de su vida los pasó en Tortona donde estudió y había sido ordenado sacerdote, pero todas las semanas visitaba el Pequeño Cottolengo de Milán y alguna que otra vez, el de Génova. Obligado por sus religiosos y por los médicos aceptó pasar algunos días de reposo en San Remo, en villa Santa Clotilde. Era el invierno de 1940 y Don Orione padecía problemas cardíacos y pulmonares. Como he dicho, fue obligado porque decía “no es entre las palmeras donde deseo vivir y morir, sino entre los pobres, que son Jesucristo”. Después de tan solo tres días de estancia allí, rodeado del cariño de sus religiosos, falleció el 12 de marzo de 1940 suspirando: “Jesús, Jesús, voy”.

Su cadáver recibió solemnes honores en la ciudad de San Remo, en Génova y en Milán cuando fue transportado camino de Tortona. El cortejo fúnebre fue una gran manifestación de devoción popular por todas las ciudades por donde pasaba. Fue sepultado en el Santuario de Nuestra Señora de la Guardia, en Tortona.
A los pocos años de su muerte se abrió el proceso informativo en la diócesis de Tortona, Roma y Messina, enviándose toda la documentación a la Sagrada Congregación de Ritos en el año 1960. En 1965 se hizo el reconocimiento canónico del cadáver, que estaba intacto, incorrupto como puede verse en la foto. Fue puesto en un lugar de honor en el santuario ya que antes estaba en la cripta.

Detalle de la mano incorrupta del Santo. Fuente: National Geographic.

El Decreto de introducción de la Causa fue firmado el día 29 de marzo de 1963. Fue beatificado por el papa San Juan Pablo II el día 26 de octubre de 1980 y finalmente canonizado el día 16 de mayo del 2004.
Douglas Hyde, ha escrito su biografía bajo el título: “El bandido de Dios” y el Papa Pío XII, cuando murió, lo definió como “el padre de los pobres e insigne benefactor de la humanidad doliente y abandonada”.
Su fiesta se celebró ayer, día 12 de marzo.

Antonio Barrero

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