Sierva de Dios Luisa Piccarreta

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Fotografía de la Sierva de Dios

Pregunta: Hola a Todos: En principio felicitarlos a todos por sus excelentes respuestas; y ahora la pregunta: tengo una pequeña biografía de Luisa Piccarreta, la mencionan Sierva de Dios y esta postulada para su beatificación y canonización. ¿Podrían ampliarme esta información y algo de su vida? Gracias de antemano por su atención, Dios los bendiga.

Respuesta: Nació en Corato (Bari) en Italia el día 25 de abril de 1865 (Domingo “in albis”), siendo bautizada el mismo día de su nacimiento. Era la penúltima de las cinco hijas que tuvieron Vito Incola Piccarreta y Rosa Tarantino. El padre trabajaba en una granja situada en la localidad de Torre Desolata, en la que transcurrió la infancia y la adolescencia de Luisa. Con nueve años hizo la primera comunión y fue confirmada y desde aquel momento, muchos días, entraba en oración durante largas horas. Con once años se inscribió en la Asociación de las Hijas de María y a los dieciséis años hizo voto de ofrecerse como víctima de expiación. Con trece años tuvo una visión: vio a Cristo cargado con la cruz camino del Calvario que le decía “Ayúdame”. Desde entonces sintió un insaciable deseo de ayudar a Cristo en la salvación de las almas. Y así, se iniciaron en ella una serie de sufrimientos físicos del todo invisibles y que ella soportó con auténtica virtud cristiana. Ella, para librarse recurría constantemente a la oración, especialmente a la Virgen, pues sentía que María le ayudaba.

La familia, creyendo que estos fenómenos eran consecuencia de alguna enfermedad, recurrieron a los médicos, pero todos los que la examinaron dijeron que aunque Luisa experimentaba una rigidez cadavérica pero daba señales de vida, esto no se debía a ninguna enfermedad, por lo que debieran recurrir a un sacerdote que la examinase. La familia recurrió a un sacerdote agustino, el padre Cosme Loiodice y, ante la sorpresa de todos, hizo la señal de la cruz sobre Luisa y está reaccionó de inmediato. De todas maneras, Luisa aun estando consciente permanecía completamente inmóvil durante todo el día y cada noche entraba en una especie de estado de muerte, que desaparecía a la mañana siguiente cuando el sacerdote volvía a hacer la señal de la cruz.

Esto fue necesario hacerlo todos los días, lo que para ella, al principio, supuso una gran humillación ya que muchos sacerdotes de la zona, ante este hecho, empezaron a decir que era una muchacha exaltada, loca, que lo único que quería era llamar la atención. Por eso, una vez la dejaron en ese estado de muerte aparente durante veinte días seguidos. Ella todo lo asumía como que esa era la voluntad de Dios y así, todas las mañanas amanecía completamente rígida, inmóvil, encorvada en la cama y nadie era capaz de extenderla, moverle los brazos y las piernas e incluso la cabeza, si antes el sacerdote no hacía la señal de la cruz sobre ella. Sus convecinos comenzaron a sentir que aquella situación era milagrosa y empezaron a considerarla como una santa.

Otra fotografía de la Sierva de Dios

Esto fue un caso único y ninguno de sus confesores llegó a convertirse en su padre espiritual porque Cristo quiso reservarse para Sí esta tarea e, interiormente, le hacía escuchar una voz que la enseñaba, corregía e incluso reprendía a fin de llevarla poco a poco al estado de perfección cristiana.

El arzobispo de Trani, Monseñor José Bianche Dottula fue a visitarla a su casa en Corato, y asumió para sí el caso, designando al sacerdote Miguel de Benedictis como su confesor. Este era un sacerdote ejemplar, intachable que le impuso ciertos límites a Luisa, los cuales no podía sobrepasar sin el consentimiento del sacerdote. Como Luisa se llevaba días enteros sin comer tomando solo la Comunión, le ordenó comer al menos una vez al día aunque comulgase. El sacerdote, al finalizar el año 1889, le dio permiso para que permaneciese en ese estado (del que no podía escaparse con o sin permiso), ofreciéndose como víctima expiatoria y así estuvo durante cincuenta y nueve años.

En el año 1898, el nuevo arzobispo, Monseñor Tomás De Stefano, nombró al padre Jenaro De Gennaro como nuevo confesor de Luisa, siéndolo durante veinticuatro años. Este, intuyendo que todo aquello era obra de Dios, le ordenó categóricamente escribir todo lo que interiormente sentía y así, aunque su formación era escasa pues solo había asistido a la escuela primaria, empezó a escribir un diario el día 28 de febrero de 1899. Este diario llegó a tener treinta gruesos volúmenes. El último capítulo lo terminó el día 28 de diciembre de 1938, día en el que recibió la orden de no escribir más. A estos dos primeros confesores, les siguieron el canónigo Francisco de Benedictis desde 1922 a 1926 y el sacerdote Benito Calvi, que estuvo junto a ella hasta su muerte.

A principios del siglo XX, Luisa se encontró con San Aníbal Maria Di Francia y desde aquel momento, ambos, se sintieron íntimamente unidos. El fue su confesor extraordinario y el “censor” de sus escritos que examinaba regularmente y que sometía a la aprobación eclesiástica. En 1926 le ordenó escribir un cuaderno de “memorias de la infancia” y publicó varios de sus escritos entre los cuales, tuvo especial éxito el “Reloj de la Pasión”, del que se han hecho más de diez ediciones.

La Sierva de Dios "de cuerpo presente", velada por las Hermanas del Divino Celo.

El día 7 de octubre del año 1928, terminada la casa que, por encargo de San Aníbal, habían construido en Corato las Hermanas de la Congregación del Divino Celo, Luisa fue llevada a aquel convento. Pero en el año 1938 tuvo que sufrir una terrible prueba: Roma, públicamente, la había desautorizado y había puesto todos sus escritos en el entonces llamado “Indice” (libros expresamente prohibidos). Cuando el Santo Oficio la condenó, ella se sometió inmediatamente a la autoridad de la Iglesia, entregándole todos sus escritos a un clérigo enviado por Roma a tal efecto y teniendo que firmar un documento en el que ella manifestaba que también condenaba todo aquello que era condenado por Roma.

El 7 de octubre de 1938 la obligaron a abandonar el convento y recluirse en una habitación, donde permaneció los últimos nueve años de su vida. Su casa se parecía a un convento, pero nadie se acercaba. Sólo era asistida amablemente por la hermana Angélica y por algunas mujeres piadosas. No tenía absolutamente nada. Se ganaba la vida bordando un poco, lo que podía. Comía poquísimo, pero todos los días y así se sustentaba y su aspecto cambió del de una “persona muerta” al de una persona sana, que ya no estaba inerte; fue un permanente milagro.

Su vida empezaba casi de madrugada, cuando el sacerdote la bendecía y celebraba ante ella la misa, privilegio que entonces le concedió León XIII y que posteriormente, confirmó San Pío X. Después de la misa entraba en profunda oración al meno unas dos horas. A las ocho de la mañana empezaba a bordar, a mediodía comía frugalmente y volvía a entrar en oración profunda. Por la tarde, trabajaba en el bordado, rezaba el rosario, escribía algo y entraba en ese estado profundo de muerte hasta la mañana siguiente.

Después de quince días de enfermedad (los únicos quince días enferma según los médicos), murió en Corato el día 4 de marzo de 1947 a la edad de ochenta y un años. Era al alba, después de despertarse, sentada en la cama en la posición que había mantenido durante toda su vida, siendo imposible extenderla por lo que tuvo que  confeccionarse un ataúd acorde con aquella postura. Sus funerales fueron multitudinarios y su cadáver fue conducido desde su casa hasta el cementerio local de la parroquia de Santa María Greca.

Funerales de la Sierva de Dios

El 20 de noviembre del año 1994, Monseñor Carmelo Cassati, arzobispo de Trani-Barletta-Bisceglie, después de haber obtenido el “Nihil obstat” de la Santa Sede, abrió oficialmente el proceso diocesano de la Causa de beatificación. El día 29 de noviembre del año 2005 se clausuró la fase diocesana, enviándose toda la documentación a Roma.

En este caso han existido varias incongruencias porque su fama de santidad era pública, uno de sus soportes espirituales ha sido canonizado (San Aníbal María di Francia) y sin embargo prohíben sus escritos incluyéndolo en el “Indice” y aun en estas condiciones, Roma permite (León XIII y San Pío X) que diariamente se celebre misa junto a su lecho. Hay quienes afirman que la actuación de Roma fue debida a que se hicieron traducciones incorrectas de los escritos de Luisa, que originaron especial alboroto en Estados Unidos, que forzó a Roma a esta actuación (!!).

Antonio Barrero

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