Santa María, Madre de Dios

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”. Así reza una de las invocaciones marianas más antiguas de la Iglesia (s. IV), dando fe de la privilegiada veneración de que ha gozado Santa María en el cristianismo desde tan remotos tiempos. Y  más antiguo aún es el testimonio que los Padres de la Iglesia nos han dejado en diversos tratados y homilías, donde podemos rastrear que, al menos, desde el siglo II ya es tenida en consideración.  Pero es a partir del Concilio de Éfeso (año 431), a propósito de la definición dogmática de la doble naturaleza (humana y divina) de N. S. Jesucristo en la unidad de su Persona divina, cuando se da un especial florecimiento del culto mariano. Y esto sencillamente porque tal dogma cristológico lleva implícito el reconocimiento de que Santa María es “Theotókos”, madre de Dios. Así tenemos que, confesar la maternidad divina de María es reconocer a Cristo como hombre verdadero y al mismo tiempo como el Verbo eterno del Padre, consustancial a Él. Es pues el título de “Madre de Dios” la primera y principal razón para amar y venerar a María, de la que derivaran todos los demás reconocimientos con los que será honrada en lo sucesivo.

Será entonces en el siglo V, en la Iglesia de Jerusalén, donde encontramos una de las primeras memorias litúrgicas en honor de Santa María, Madre de Dios, la cual se celebraba el 15 de agosto; ésta festividad prontamente sería renombrada como la “Dormición de Santa María” o el “Tránsito”, como será conocida en Occidente, fiesta que corresponde, para los católicos de rito romano, a la actual “Asunción de la Sma. Virgen María a los cielos”. Por aquel mismo tiempo (siglo V) encontramos en Bizancio una “memoria de la Madre de Dios” celebrada el 26 de diciembre; es preciso saber que para aquella época ya la Iglesia bizantina había aceptado la propuesta proveniente de Roma de celebrar el 25 de diciembre la Natividad del Señor, y a su vez, los romanos incorporaban a su calendario litúrgico la festividad oriental de la Teofanía [1] del Señor (conocida actualmente como “Epifanía”) ubicada el 6 de enero. Así se entiende que los cristianos de Bizancio  hayan querido felicitar a María por el alumbramiento de su Hijo.

La Iglesia de Roma tardaría un poco más en establecer una fecha para conmemorar el misterio de la maternidad divina de María. Vale decir que en el siglo V el 1 de enero no era considerado día festivo por los cristianos romanos debido a que, en primer lugar, el tiempo desde la Navidad hasta la Epifanía se consideraba como una sola y única celebración de la manifestación del “Dios-con-nosotros”, y segundo, a causa de los escandalosos festejos protagonizados por los paganos con motivo del año nuevo. Ya en el siglo VI las circunstancias cambiarán un poco a favor de los cristianos, que establecerían para tal fecha una “Octava del Señor”, que no sería una octava [2] similar a la de Pascua , sino, más bien, una solemnidad mediante die festo similar a la que en Bizancio se celebraba en la mitad del tiempo pascual. De acuerdo con los leccionarios de esta época, la basílica donde tenía lugar la estación [3] era, inicialmente, la de Santa María ad Martyres en el Panteón de Agripa; después sería trasladada a Santa María de Trastévere, debido al pesebre que el papa Gregorio IV construyó allí a semejanza del de Santa María la Mayor. Sería por consideración a la basílica mariana donde la estación era celebrada que la fiesta pasó de ser una octava del Señor a una conmemoración especial en honor de Santa María; ya para el siglo VIII encontramos este día en los antifonales con el título de “Natale Sanctae Mariae” y varias oraciones y responsorios en los que se honra la maternidad divina de María.

Virgen con el Niño, catacumba de Priscila (s. II), Roma (Italia). Considerada la representación más antigua de la Virgen.

Poco después, debido a la influencia de la liturgia galicana, este día tendría por objeto conmemorar la Circuncisión del Señor, desplazando así a la memoria de la Madre de Dios, aunque, curiosamente, adoptaría toda la eucología [4] de acento mariano que ya se había elaborado, cambiando tan solo la lectura del evangelio que sería el de la circuncisión. Pasado el tiempo después de la desaparición de la fiesta en el calendario romano, el papa Pio XI, en 1931, la restableció fijándola para el 11 de octubre con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso, y concediéndole la categoría de “Doble de segunda clase”, equivalente a una solemnidad actual. Es de recordar que esta sería la fecha escogida por San Juan XXIII para inaugurar el concilio Vaticano II en 1962. Después, en la reforma litúrgica de 1969, se la ubicaría en su actual posición, con la denominación de “Octava de Navidad. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios”. Un año antes, el Beato Pablo VI había instituido para este día la jornada mundial de oración por la Paz, quedando estos dos acontecimientos asociados en la misma fecha.

Actualmente, la maternidad divina de María es conmemorada por los ortodoxos bizantinos el 26 de diciembre en día llamado “Sinaxis de la Virgen María”; por los ortodoxos sirios el mismo día, con el nombre de “Felicitaciones a la Madre de Dios”; finalmente, los coptos cuentan con dos fechas: por el un lado, el 29 de kiahk (25 de diciembre), Navidad del Señor y Maternidad de María, con un fuerte tinte mariano, tanto así que los 40 días de preparación que preceden a esta fiesta son llamados “Ayuno de Nuestra Señora” y en general el mes de kiahk es considerado mes mariano, y por otro, el 16 de enero celebran una “memoria de la Madre de Dios”.

Dairon

[1] Se entiende por teofanías las manifestaciones de la Divinidad en la naturaleza y en la historia. Sirva de ejemplo la zarza ardiente que habló a Moisés y la nube que guió al pueblo israelita en el desierto. Para los Padres de la Iglesia, Cristo será la teofanía del Padre por excelencia. Cristo mismo, siendo Dios, manifiesta su condición divina, por ejemplo, en su bautismo en río Jordán.
[2] Se conoce con el nombre de Octava a los siete días siguientes a una gran solemnidad, con los que se pretende extender la celebración. Inicialmente solo la Pascua poseía tal privilegio, a imitación de la Pascua judía, que por mandato bíblico debía extender sus fiestas a lo largo de la semana.
[3] La statio cristiana en Roma consistía en la reunión del pueblo en una basílica o cementerio previamente anunciado para celebrar allí solemnemente la Eucaristía.
[4] La eucología es el conjunto de plegarias y oraciones compuestas para la liturgia.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es