Beatas Carme, Rosa y Magdalena Fradera, mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa de las Beatas con los emblemas del martirio (palma) y de su Congregación (Corazón de María).

Aunque ya hemos hablado de varias religiosas ejecutadas durante la Guerra Civil Española (1936-1939) – y muchas más de las que seguiré hablando-; las mártires a las quiero honrar y conmemorar hoy, día de su fiesta y aniversario de su martirio, constituyen uno de los episodios más terribles y estremecedores de la persecución religiosa. La crueldad, sadismo y ensañamiento con que fueron torturadas y asesinadas convierte su caso en uno de los más horribles y cruentos de este período. Normalmente, se ha corrido un tupido velo de silencio sobre los detalles de su espantosa muerte, omitiéndose hablar de ellos con claridad; pero yo, sin interés de resultar morbosa, pondré al alcance de mis lectores todos los datos que he podido recabar, advirtiendo de antemano que éste va a ser un relato muchísimo más desagradable que de costumbre.

Tres hermanas catalanas
Nuestras tres mártires eran, además de religiosas, compañeras de congregación – las Misioneras del Corazón de María- y hermanas carnales entre sí. Comenzaré, como de costumbre, a dar unas pinceladas generales sobre cada una, para luego centrarme en los terribles hechos que las unieron en el martirio.

Nacieron en una familia numerosa, en una casa de labranza – el mas Pellicer de Riudarenes, ubicado en la carretera de Santa Coloma, número 6- hijas de Pere Fradera Pons y Clara Ferragutcasas.

La mayor se llamaba Carme Fradera Ferragutcasas, había nacido en 1895 y con 25 años de edad había entrado en la Congregación, concretamente en la casa-noviciado de Mataró. En 1923 formuló el triple voto de castidad, pobreza y obediencia; y fue destinada a la casa-colegio de la misma ciudad, donde permaneció toda su vida religiosa, dedicada a la oración y al apostolado educativo. Tenía a su cargo las niñas más pequeñas, de ahí que se la conociera como “sor Carme, la de les petites”. Algunos testimonios de quienes la conocieron afirmaron que era una mujer de muy buen carácter, algo delicada de salud, pero con mucha paciencia y mucho cariño en el trato a las pequeñas, a las que inculcaba el amor a Jesús y les enseñaba a pedir al Corazón de María la salvación del mundo.

Fotografía de la Beata Carme Fradera con su hábito de Misionera del Corazón de María.

El rector de Santa Maria de Mataró, Josep Samsó, acudía a clase para dialogar con las niñas, y Carme tenía bastante relación con él, pues era su confesor. Cuando se puso de manifiesto la difícil situación de España, que acabaría conduciendo a la guerra, Carme le manifestaba su inquietud al respeto, ya que, según la situación política, era probable que la mataran. Cuando ella le dijo que si eso ocurría, sería mártir, don Josep sacudió la cabeza y dijo: “No tendremos esa suerte”. Pero se equivocaba. No sólo ella, sino él también, serían mártires. El sacerdote fue asesinado en septiembre de 1936.

La segunda hermana, Rosa Fradera Ferragutcasas, había nacido en 1900 y desde muy pronto se fue perfilando el que sería su carácter: sencillo, pero enérgico. Tenía un corazón caritativo y, a diferencia de su hermana mayor, una salud fuerte, por lo que en su juventud disfrutó de la vida con toda honestidad: se le daba bien cantar y bailar la sardana (que es la danza folclórica catalana). Era una joven alta y guapa, y tenía muy buen gusto a la hora de escoger sus vestidos, pero, al igual que sus hermanas, cuando correspondía sabía estarse en casa, ayudando a la familia en las tareas del campo y con el ganado.

Como además de atractiva, era de carácter jovial, expansivo y con una conversación muy festiva, se ganaba fácilmente a sus amigas, así como recibió varias propuestas de matrimonio por muchachos encandilados por su encanto. Pero ella, haciendo gala de graciosas evasivas, los rechazaba a todos, y es que a pesar de todo, la influencia de sus hermanas la inclinaba hacia la vida religiosa.

Ingresó en el noviciado de las Misioneras del Corazón de María de Olot (Girona) en 1922, tomando el sobrenombre de Rosa de Jesús y emitió los votos de pobreza, castidad y obediencia al mismo tiempo que su hermana menor, Magdalena, en 1924. Permaneció en Olot hasta 1927, cuando emitió los votos perpetuos y fue destinada al colegio de Santa Coloma de Farnés. Allí se puso al frente de las clases de preparatoria para primer grado, con niñas de siete a ocho años.

Fotografía de la Beata Rosa Fradera, con su hábito de Misionera del Corazón de María.

Como decíamos, tenía un espíritu jovial y cariñoso; pero también era piadosa, pura, respetuosa, caritativa y obediente, lo que hacía que se ganara el afecto de sus compañeras. A las niñas se las ganaba con su actitud tímida y sencilla, que las pequeñas amaban y respetaban.

La menor de las tres hermanas, Magdalena Fradera Ferragutcasas, había nacido en 1902. Siendo muy niña sufrió una larga bronquitis que la llevó a las puertas de la muerte, de suerte que, cuando se recuperó, quedó débil de salud para siempre. A pesar de ello se esforzó siempre por ayudar en las tareas familiares y asistir a las funciones de la vida parroquial. Se encargaba de cuidar especialmente a su hermana pequeña, Loreto, a la que llevaba al colegio.

Físicamente era alta, morena, de ojos negros y cabello castaño que llevaba recogido en largas trenzas, que cuidó y conservó hasta que entró en vida religiosa. Esto ocurrió cuando tenía 20 años, ingresando en la casa-noviciado de Olot -como su hermana Rosa-, vistiendo el hábito de las Misioneras, pronunciando los votos temporales en 1924 y los definitivos en 1926.

Su primer destino fue la comunidad y colegio de Camprodon, donde enfermó de gravedad. Para poder reponerse permaneció cuatro meses en Besalú, en 1928. Ya mejor, se trasladó a Cassà de la Selva, que tenía un clima más benigno y por tanto, más salubre para ella. Allí se dedicó a dar clases a niñas de segundo grado. Las alumnas la querían mucho, conservando gratos recuerdos de sus clases de Historia y Catecismo, siempre bondadosa y desvelándose por ellas.

Fotografía de la Beata Magdalena Fradera, con su hábito de Misionera del Corazón de María.

Detención
En el momento en que estalla la Guerra Civil, cada hermana estaba en una casa diferente, como hemos visto; pero las circunstancias van a forzarlas a abandonar sus conventos y a regresar a casa de sus padres.
El día 19 de julio de 1936, la comunidad de Misioneras del Corazón de María de Mataró, donde estaba Carme, se vio obligada a abandonar el convento y separarse. Carme fue acogida por la familia Camp, hasta que unos días después, logró reunirse con su familia en su casa de Riudarenes.
Rosa, por su parte, se vio obligada a dejar el convento de Santa Coloma el día 21 de julio de 1936, a las ocho de la tarde, y acudió a casa de su hermana Francesca, donde se quedó hasta que decidió, por prudencia, volver a casa de sus padres, a Riudarenes.
Las religiosas de la comunidad de Cassà, donde estaba Magdalena, tuvieron que abandonar el convento el 20 de julio de 1936. Magdalena fue acogida por una virtuosa señora, vecina del pueblo, hasta que pocos días después, su hermano Francesc fue a recogerla y llevarla a la casa paterna.

Aunque parezca paradójico, ellas, que volvieron a casa esperando salvar sus vidas, se encontraron allí con la detención y la muerte. En aquel momento, sus padres eran ya ancianos -Pere Fradera tenía ya 70 años- y era Francesc, de 41, el que se encargaba de las tareas del campo. Durante los meses que pasaron allí hasta el momento de su detención, las tres hermanas compaginaron una vida de oración conjunta y la ayuda a las tareas del hogar.

Conocemos los detalles de su detención gracias a dos declaraciones concretas ubicadas en la Causa General, una del padre, Pere Fradera; otra del hermano, Francesc Fradera. Según éste último, unos miembros del comité revolucionario de Riudarenes – Jerònim Ros Estruch, Francesc Hereu Verdaguer, Josep Figueras Aliu y Josep Masmiguel Viñolas- , al amanecer del día 25 de septiembre, empezaron a hacer registros en la casa y a interrogar a las tres hermanas con constantes amenazas. Carme y Rosa estaban en casa con su madre y Magdalena, junto a su cuñada Dolors, estaban en el campo y vieron el registro. Enseguida recogieron a su padre, que trabajaba en una parcela más alejada, y fueron a reunirse con los demás. Les robaron 4000 pesetas y aún las obligaron a pagar 500 al comité, como “contribución para la guerra”.

Acuarela contemporánea de las tres Beatas, con las palmas del martirio y los hábitos de Misioneras del Corazón de María.

Dos días después, la noche del 26 al 27 de septiembre de 1936, a las 4 de la madrugada, un coche Ford paró a la puerta de su casa y de él descendieron un individuo apodado el Hereu de la Soldada de Santa Coloma, un picapedrero llamado Carles Portell y un tal Miquel Villena, de Sils. Estos individuos llamaron a la puerta y exigieron entrar, diciendo: “Venimos por aquellas, que han de venir a declarar a Girona”. Sabiéndolo las tres hermanas, dijeron a sus padres y hermano: “Si vienen a por nosotras, abridles. Estamos dispuestas a morir por Jesucristo”. Pero Francesc se negaba a abrir, por lo que arreciaron los golpes en la puerta y las amenazas de muerte. Entonces, una de las tres -Magdalena, probablemente- dijo: “Sabemos que tenemos que presentarnos delante de Dios y tenemos que hacerlo limpias de alma y cuerpo”. Se prepararon para salir y, arrodillándose, rezaron el acto de contrición. Luego bajaron al vestíbulo y se entregaron a sus perseguidores. Al pasar frente al pozo de la casa solariega, distante unos cinco metros de la puerta, las tres se abrazaron y, volviéndose hacia el hogar, exclamaron: “Adiós, casa nuestra. Padre, hermano y cuñada, vamos a morir, pero vamos tranquilas”.

Sus captores no tuvieron la menor consideración hacia su docilidad, antes bien, se exasperaron ante su presencia de ánimo. Las trataron con auténtica brutalidad. Las llevaron entre golpes y empujones hacia el coche, insultándolas, y las tiraron dentro. Ni siquiera esperaron a que estuviesen bien acomodadas para cerrar la puerta, por lo que, al dar portazo, pillaron el pie de Magdalena, que aún asomaba fuera, y se lo fracturaron. Entonces, Rosa rasgó un trozo de su propio vestido y vendó el pie roto de su hermana.

El coche arrancó y las llevaron por la carretera de Vidreras hasta Lloret de Mar, a un bosque distante unos 20 kilómetros de un lugar llamado l’Hostalet -actualmente es la urbanización Lloret Blau, cerca de Cabanyes, a unos 4 kilómetros de Lloret-. Antes de que se hiciera de día, las tres hermanas entregaron su vida en un martirio espeluznante y aterrador.

Martirio
El salvajismo y la crueldad con la que aquellos individuos se ensañaron con las tres religiosas parece más propia de enfermos sádicos, sin moral ni empatía alguna, que de seres humanos cabales y en su juicio. No existen palabras para calificar a los miembros de estos comités de Riudarenes, Santa Coloma de Farnés y Sils, que días anteriores ya habían cometido un cruel y horrendo asesinato en las personas de sor Lourdes Bosch Massó y de sus hermanos Rosa y Carles -de quienes quizá hable en otra ocasión-, ni tampoco existe forma de explicar semejante sadismo, llevado al extremo por un odio ciego hacia la religión.

Dibujo contemporáneo de las Beatas, con el emblema de su Congregación: el Corazón de María.

Llevadas al pie de una encina junto a la carretera, intentaron violarlas una y otra vez; pero se encontraron con la fuerte resistencia de las hermanas, que defendieron su virginidad con todas sus fuerzas: prueba de la lucha que sostuvieron contra sus agresores fueron los diversos dientes rotos de Carme y que a Magdalena, a quien ya le habían roto el pie con la puerta del coche, le partieron un muslo también. Como no podían vencer su oposición, las torturaron bárbaramente: al no poder violarlas ellos mismos, cogieron troncos de un árbol cercano y los usaron para destrozarles la vagina. Se ensañaron especialmente con Magdalena, a quien le llenaron los genitales con astillas afiladas de madera. También usaron los cañones de sus pistolas para este repugnante acto, y no contentos con ello, dispararon intencionadamente hacia sus partes íntimas, todo ello como señal de burla y desprecio hacia su virginidad consagrada. Como si esto no fuese suficiente, a continuación usaron gasolina y fuego para quemarlas lentamente.

Por último, y cansándose ya de aquel juego macabro, las acribillaron a balazos, en la cabeza y en todo el cuerpo; y sin asegurarse de si seguían vivas o no, las arrastraron hasta la cuneta y las dejaron allí sentadas, con la cabeza en el margen y los pies en la carretera. Uno de quienes hallaron los cuerpos, J. Baltrons, dijo que “(…) nos adentramos en el bosque y a unos 25 o 30 metros de la carretera quedamos todos muy afectados al encontrarlas, apoyadas una sobre otra… a mí me parecieron tres estampas de la Virgen María”.

Todos los detalles de este espantoso martirio, que la mayoría de textos callan por pudor o piedad, son conocidos por boca de los propios asesinos, que los relataron a quienes quisieron oírles, tanto en los bares del pueblo, como en la checa-prisión del comité, como enorgulleciéndose de las fechorías cometidas.
Pero, al parecer, uno de esos sádicos -no sabemos quién de los tres- fue presa al poco del malestar y remordimiento por lo que había hecho, pues, según testimonio de C.Pujadas, “llegó a casa malhumorado y explicaba que no había derecho a los martirios y crueldades que les habían hecho, porque si había que matarlas, podrían haberlo hecho sin necesidad de martirizarlas tanto. Aquel hombre se veía impresionado, y después de comer, en el mismo sitio, volvió a repetir, como obsesionado, que no había derecho a haber hecho sufrir tanto a aquellas monjas”.

Solemne traslado de las reliquias de las mártires. Fotografía del año 1961.

Francesc, el hermano de las tres religiosas, salió al día siguiente de su detención para buscarlas, pero el comité de Riudarenes le negó toda información. Enseguida sospechó que las habían asesinado. Y apenas 48 horas después, se presentó gente del comité para detenerlo, seguramente molestos por las preguntas que él había hecho. Francesc no les abrió, y como vio que empezaban a forzar la puerta con herramientas, salió por la puerta de atrás de la casa y, aunque ésta estaba rodeada de gente armada y llovieron tiros sobre él, logró escabullirse y se internó en el bosque, ileso, donde se escondió. Sobreviviría al conflicto y como ya he dicho, sus declaraciones, junto a las de su padre, fueron inestimables para documentar los hechos ya descritos.

A la vista de estos hechos, el comité obligó a los ancianos padres a abandonar la casa, y se trasladaron a Santa Coloma de Farnés. Allí, el padre, Pere Fradera, denunció los hechos ante el juez de instrucción, lo que no sirvió de nada porque los asesinos huyeron y se refugiaron en Francia.
Cuando pudo ver los cadáveres de sus hijas, el padre los identificó y documentó las lesiones que ya hemos apuntado, producidas durante el martirio. Pero fue su cuñada, Dolors, la que observó que el pie roto de Magdalena había sido vendado con un trozo del vestido de Rosa.

Glorificación de las mártires
Los cuerpos de las tres religiosas fueron enterrados en el cementerio de Riudarenes, después de su recuperación, identificación y registro. Actualmente, los restos de las tres mártires reposan en la capilla de la casa madre del Insituto, en Olot (Girona), junto al fundador, Joaquim Masmitjà i Puig.

Vista del monolito conmemorativo de las Beatas en el lugar del martirio. Este monumento ha sido recientemente renovado con una placa nueva.

En el lugar del martirio se levantó una cruz de piedra en conmemoración, y hasta día de hoy es llamada la Creu de Lloret. Vino a sustituir la encina contra la cual fueron torturadas, que durante mucho tiempo conservó las marcas de los balazos que llovieron sobre las tres mártires. Acabó siendo arrancada al realizarse un ensanche de la carretera.
A la vista de tan horribles sucesos, era absurdo dudar de la autenticidad del martirio de estas tres religiosas, que se entregaron dulce y mansamente a manos de sus torturadores porque amaban a Cristo tanto como ellos lo odiaban. Sólo el odium fidei más extremo podía conducir a tanto sadismo y brutalidad, así que no faltó el deseo de que se las glorificara por su martirio.

La causa de la beatificación fue presentada en Roma en el año 1953, y tras una larga pausa, fue bajo el pontificado del papa San Juan Pablo II cuando se reactivó el proceso. El decreto de validez se emitió el 6 de diciembre de 1991 y la positio sobre su martirio entró en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma en mayo de 1996. Finalmente, la causa fue aprobada y las tres hermanas Fradera fueron beatificadas el día 28 de octubre de 2007 por Su Santidad Benedicto XVI.

A pesar del horror que nos producen los detalles del martirio y lo repugnante y sádico de sus sufrimientos, el caso de las hermanas Fradera debe admirarnos porque es una de tantas historias de heroicidad y entrega, patrimonio de todos los cristianos; y en cualquier caso, la reflexión de estos hechos nos debe conducir al deseo de que episodios así jamás vuelvan a repetirse, construyendo un mundo mejor. Como dice su lema: “Que la donación de sus vidas sea semilla de justicia y de paz para el mundo”.

Vista del humilde sepulcro de las Beatas. Capilla de la Casa Madre de las Misioneras del Corazón de María, Olot (Girona, España).

“Os damos gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habéis manifestado vuestra fuerza y valentía en las Beatas Carme, Rosa y Magdalena.
Vos quisisteis que ellas fueran testigos fieles en la fe y en la adhesión radical a Jesucristo, desde el camino que las llevó al martirio.
Asistidnos con la fuerza del Espíritu Santo para vivir la fidelidad a vuestro Evangelio, testimoniando con nuestra vida los valores del Reino, para construir un mundo más humano, donde se abracen la misericordia y la solidaridad, y se encuentren la justicia y la paz. Amén”
.

Meldelen

Bibliografía:
Beates Carme, Rosa i Magdalena Fradera. Missioneres del Cor de Maria. Boletín de las Misioneras del Corazón de María sobre la vida y fama de santidad de las Beatas. Noviembre 2010.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas durante la Guerra Civil Española, Edibesa, Madrid 2006.

Enlaces web (31/08/2012):
http://beatasfradera.blogspot.com.es
http://mcm22.blogspot.com.es/

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