Beato Manuel González García, obispo de Málaga y Palencia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía coloreada del Beato con su atuendo de obispo.

Pregunta: Cuando leí el artículo sobre los santos de Huelva me quede con las ganas de saber algo más sobre el que ha sido obispo de mi ciudad. Por eso me perdonareis si os pido que digáis algo más sobre nuestro beato Manuel González García. Una palentina.

Respuesta: Aunque como tu bien dices, ya escribí brevemente sobre él en el artículo “Santos y beatos de la provincia de Huelva”, hoy quiero hacerlo nuevamente, extendiéndome un poco más en su vida y en su espiritualidad ya que así nos lo has solicitado. Tampoco me ha costado trabajo hacerlo porque yo siento una gran veneración hacia él, cuya escultura veo muy a menudo delante de la que fue su y mi parroquia de San Pedro.

Nuestro Don Manuel González, a quién también se le conoce como “el obispo del sagrario abandonado” nació en Sevilla el 25 de febrero de 1877 siendo sus padres Don Martín González Lara y Doña Antonia García Pérez y era el tercero de cuatro hermanos.
Siendo muy pequeño ingresó en el colegio de San Miguel donde se formaban a los niños de coro de la catedral, por lo que fue uno de los “seises” de la catedral hispalense sin haber cumplido aun los diez años de edad. Todos sabemos lo que son los “seises”: un grupo de niños que ataviados con trajes y sombreros medievales, cantan y bailan ante el Santísimo Sacramento en las fiestas del Corpus y de la Inmaculada Concepción. Vemos, que ya desde muy pequeño empieza a tener un trato especial con la Eucaristía, con el Santísimo Sacramento.

Con doce años de edad ingresó en el seminario de Sevilla, siendo ordenado sacerdote el día 21 de septiembre del año 1901 cuando tenía veinticuatro años de edad. El quería ser un cura de pueblo que cuidase de sus feligreses y que fuese querido por ellos.

Baile de los seises frente al Santísimo Sacramento. Catedral de Sevilla, España.

En febrero del año siguiente fue enviado al pueblo sevillano de Palomares del Río para dar una misión popular. El lo cuenta: ”Pasado el primer cuarto de aquella espiritualmente sabrosa luna de miel, me mandaron los superiores a dar una misión a un pueblecito. Me fui derecho al sagrario de la iglesia del pueblo y ¡qué sagrario! Allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades, mi fe veía a través de aquella puerta apolillada a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba. Posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más. Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia, infinita también, por no encontrar quién quisiera ser querido. Una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio. De mi, se deciros que aquella tarde, en aquel rato de sagrario, yo entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había soñado. Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo, emplear mi sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que su vida de sagrario le ha creado, alimentarlo con mi amor, calentarlo con mí presencia, entretenerlo con mí conversación, defenderlo contra el abandono y la ingratitud.¡Ay! Abandonado sagrario, cómo te quedaste pegado a mi alma. ¡Ay! Qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse. Abandonado, porque no se le conoce, no se le ama, no se le come, no se le imita. Aunque todos te abandonen, yo nunca te abandonaré”. FIJAOS EN LA PROFUNDIDAD DE ESTE TEXTO.

Desde 1902 hasta 1905 fue capellán del Asilo de las Pequeñas Hermanas de los Pobres. El día 1 de marzo de 1905 fue nombrado cura ecónomo de la parroquia mayor de San Pedro de Huelva y posteriormente, arcipreste de Huelva. En Huelva, mi ciudad, desarrolló una labor pastoral y social incansable, sin medios humanos, con la hostilidad e incluso la persecución de algunos onubenses de la época, pero con un amor y confianza heroicos en la Providencia de Dios y en el amor del Corazón de Jesús, que él veía vivo en el sagrario.

Vista de la parroquia de San Pedro de Huelva (España); y de la escultura del Beato en la plaza.

Se hizo apóstol de los pobres; su celo y maestría como catequista encontró un amplio campo de acción en la cruda realidad de los barrios pobres de Huelva. Fundó unas escuelas populares totalmente gratuitas, escuelas que fueron modelo por la formación integral humana y cristiana que en ellas se brindaba a los niños onubenses. En el año 1907 fundó una revista catequista eucarística que se llamaba “el granito de arena” e intervino en las llamadas semanas sociales de Sevilla. Con sus obras, en diez años, cambió la vida de la parroquia de San Pedro e incluso de la ciudad.

Sin duda, lo que más caracterizó su vida y sus obras fue su carisma eucarístico. El Señor le concedió una fe profunda en la Eucaristía y un enorme celo ardiente. También tuvo una forma de escribir que supo transmitir estos sentimientos.
El 4 de marzo de 1910 fundó en Huelva la “Obra de las Tres Marías y de los discípulos de San Juan”, obra que se extendió por toda España y que también se ha extendido por América. Decía:”Yo hoy pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; yo os pido por amor de María Inmaculada, madre de este Hijo tan despreciado, y por el amor de ese Corazón tan mal comprendido, que os hagáis las Marías de esos sagrarios abandonados”.

Ya en 1915 eran más de setenta mil las Marías que se dedicaban a hacer compañía a Jesús en los sagrarios de las iglesias y que extendían la devoción a la Eucaristía. Hoy son más de trescientas mil y están en una veintena de países.
La Obra en sus ramas: Marías y Discípulos de San Juan (para los adultos) y la Juventud Eucarística Reparadora se dedican a procurar que siempre haya adoradores de la Eucaristía en todas las iglesias.
El Beato Manuel González explicó todo esto en un libro titulado:”Lo que puede un cura hoy”. Este libro es un manual de espiritualidad para muchos sacerdotes, seminaristas y seglares en general.

Montaje popular del Beato rodeado de jóvenes y con la iglesia de San Pedro al fondo.

El 6 de diciembre de 1915 fue nombrado obispo titular de Olimpo y auxiliar de Málaga y el 20 de enero de 1917, administrador apostólico de la diócesis. Finalmente, fue nombrado obispo ordinario de Málaga el día 22 de abril de 1920. En 3 de mayo de 1921 fundó en Málaga “La Congregación de las Hermanas Eucarísticas de Nazareth”, congregación que fue aprobada el 30 de agosto de 1960.
El 11 de mayo de 1931 quemaron casi todas las iglesias de Málaga y prendieron fuego también al palacio episcopal. El lo afrontó con coraje pero fue expulsado de la ciudad. Se refugió en Ronda en casa de una familia amiga, pero lo encontraron y tuvo que huir a Gibraltar. Volvió a Ronda, pero la Santa Sede temiendo por su vida, le obligó a retirarse a Madrid donde estuvo hasta finales de 1935, dedicándose a dirigir y alentar a las Obras y Congregación que había fundado. El 5 de agosto de 1935 fue nombrado obispo de Palencia.

Murió en Madrid el 4 de enero de 1940 en olor de santidad y fue sepultado en la catedral de Palencia (de tu ciudad) a los pies del sagrario tal y como él lo había solicitado. Como dije al principio es conocido como “el obispo de los sagrarios abandonados” y también como “el obispo mártir”.
Ha sido una de las figuras más representativas de la Iglesia española en la primera mitad del siglo XX. Fue un escritor fecundo, de un estilo vibrante y directo, que publicó más de treinta obras. Nombraré solo algunas: “El abandono de los sagrarios acompañados”, “El Corazón de Jesús al corazón del sacerdote”, “Lo que puede un cura hoy”, “Mi comunión de Maria”, “Partiendo el pan a los pequeñuelos”, etc.

El día 2 de mayo de 1952 se inició en Palencia el proceso de beatificación, proceso que continuó en Málaga. El 3 de julio de 1984 fue declarado válido el proceso, siendo finalmente beatificado el domingo 29 de abril del año 2001 por el papa San Juan Pablo II. Su fiesta se celebra hoy, día 4 de enero.
Como he mencionado antes, en Huelva existe una estatua suya en la plaza de San Pedro, pero su culto debiera ser más difundido, porque en sus diez años de estancia en mi ciudad, ayudó a cambiarla cultural y espiritualmente.

Antonio Barrero

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Santos y beatos de la provincia de Huelva

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Imagen procesional de San Walabonso en su ciudad natal de Niebla, Huelva (España).

Pregunta: Al igual que uno de los colaboradores de ese maravilloso blog yo también nací en la provincia de Huelva aunque por diversas circunstancias tuve que emigrar a Austria y aquí me he quedado. Pero siempre he tenido curiosidad por saber si en mi provincia ha vivido algún santo alguna vez y por eso os pido que me lo aclaréis. Alosno

Respuesta: Estimada tocaya, me ha encantado esta pregunta porque yo también en su día tuve este especial interés, tanto, que incluso le dediqué un programa en televisión. La verdad es que no han sido muchos los santos y beatos nacidos en nuestra provincia, pero los hay y además, algunos aunque no hayan nacido aquí, sí que han vivido en tierras onubenses. Procuraré no enrollarme porque este es un tema que me tienta a hacerlo. Los enumero y sólo digo algo de ellos.

San Víctor eremita
Santo cuya historicidad no está demostrada, pero que según una antiquísima tradición vivió como ermitaño en el siglo V en una cueva que se encuentra debajo de la ermita de la Virgen de los Ángeles en la Peña de Arias Montano en el municipio de Alájar. No se le rinde culto alguno, pero sí se conserva dicha cueva con una cruz que lo recuerda.

San Dúnala, mártir
Saltés, como tu bien sabes, es una isla que está en las marismas de la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel y en la que existe una ciudad islámica construida a su vez sobre unas ruinas romanas.
Pues Dúnala era un noble mozárabe, señor de la Isla Saltés que en la primera mitad del siglo X fue enviado por An Nasir como embajador a Roma y ante el emperador bizantino de Constantinopla a fin de resolver algunos asuntos religioso-políticos, pues existían malas relaciones entre los Abbasidas (sultán de Egipto) y el Califa cordobés. Una vez en Constantinopla, decidió ir en peregrinación a Tierra Santa y camino de Jerusalén, fue encarcelado en Abul Qasir junto al lago Tiberíades. En la prisión murió decapitado por profesar su fe en Cristo. Es el único santo del término municipal de la capital de la provincia y, por supuesto, es un santo histórico.

Santos Walabonso y María, hermanos mártires de Niebla.
Naturales de Elepla (la actual ciudad de Niebla), su padre era cristiano y su madre, una musulmana convertida al cristianismo. María era mayor que Walabonso. Por razones económicas marcharon a Froniano, pueblo que distaba unas diez millas al oeste de la ciudad de Córdoba.
Walabonso entró en el monasterio de Cuteclara, que era un monasterio mozárabe mixto al oeste de Córdoba y allí estudió las Sagradas Escrituras de manos del abad Frugalo. Junto con San Pedro de Écija, se ordenó de diácono y se dedicó al servicio espiritual de las monjas del monasterio. Su hermana María también entró en el monasterio de Cuteclara y allí estuvo bajo las órdenes de la abadesa Santa Artemia, que era la madre de los santos Juan y Adolfo martirizados en tiempos de Abderramán II. Existía una complicidad y veneración mutua entre Walabonso y su hermana María.

Un día, Walabonso, junto con los santos Pedro, Wistremundo, Sabiniano, Abencio y Jeremías se presentaron ante el cadí cordobés para afearle el martirio de los santos Isaías y Sancho. Preguntados quienes eran, profesaron su fe en Cristo y fueron todos degollados el domingo 7 de junio del año 851. Sus cuerpos fueron quemados y sus cenizas se echaron al río Guadalquivir. Recibieron culto desde el mismo día de su martirio.
Muerto su hermano, Maria quedó traumatizada, lloraba amargamente y se encomendó a su hermano. Salió del monasterio y se fue a la basílica de San Acisclo donde se encontró con otra virgen de nombre Flora. Ambas, se presentaron ante el cadí, hicieron profesión de su fe y fueron encarceladas. En la cárcel, fueron confortadas por San Eulogio en persona que las animó al martirio. Fueron degolladas el 24 de noviembre del año 851. Sus cuerpos fueron abandonados para que sirvieran de comida a las aves de rapiña y posteriormente, sus despojos fueron arrojados al Guadalquivir.
María se apareció a los monjes de Cuteclara que los recogieron. Hoy se encuentran en una preciosa urna de plata venerada en la parroquia de San Pedro de Córdoba capital. El mismo San Eulogio obispo mártir de Toledo escribió sus vidas. Son los santos patrones de su pueblo natal: Niebla.

Monumento al Beato Vicente de San José en su ciudad natal de Ayamonte, Huelva (España).

Beato Vicente Ramírez de San José, franciscano mártir
Es el primer onubense beatificado por decreto de la Santa Sede. Nació en Ayamonte (Huelva) en el último tercio del siglo XVI. Su familia era humilde y vivían del oficio de tejedor. Para mejorar económicamente embarcó rumbo a México, a la ciudad de Puebla de los Ángeles y allí, en el año 1615 entró en contacto con los frailes del convento de San Francisco. Profesó como hermano lego el día 18 de octubre de 1616 y se ocupó de la enfermería del monasterio. Habiendo enfermado y muerto un fraile que iba a marchar como misionero al Japón, él se ofreció para suplirle, embarcando en 1618 rumbo a Filipinas con la intención de aprender el japonés.

Dos años más tarde, llega al Japón y se dedica a cuidad de los enfermos en el hospital de Nagasaki, pero el 25 de octubre del año 1621 es descubierto como misionero y fue detenido. Estuvo encarcelado en la cárcel de Omura, dentro de una jaula, junto con otros treinta prisioneros, todos hacinados. En la jaula, ejercía como enfermero y rezaba las horas canónicas. Murió en el llamado “gran martirio de Nagasaki”, el día 10 de septiembre del año 1622. Atado a un poste y rodeado de haces de leña y paja húmedas, murió asfixiado por el humo y quemado su cuerpo a fuego lento. Los restos calcinados fueron arrojados al mar. Fue beatificado por el Beato Papa Pío IX el día 7 de julio de 1867. Su fiesta se celebra el día 10 de septiembre.

Beata Eusebia Palomino Yenes, virgen salesiana
Su biografía la publicamos en este blog el día 16 de febrero de este año.

Fotografía coloreada del Beato Manuel González.

Beato Manuel González García, obispo de Málaga y Palencia
Nació en Sevilla el día 25 de febrero del año 1877, siendo hijo de Martín y Antonia. De pequeño perteneció al Coro de los Seises de la Catedral hispalense y entró en el seminario metropolitano en octubre del año 1889. El Beato Marcelo Espínola lo ordenó de sacerdote el 21 de septiembre del 1901, ejerciendo como párroco en distintos pueblos sevillanos. En el año 1905 fue nombrado arcipreste de la parroquia mayor de San Pedro de Huelva capital (Huelva no era diócesis y pertenecía a la archidiócesis de Sevilla) y aquí, en Huelva, fundó la “Obra de las Tres Marías y de los Discípulos de San Juan” el día 4 de marzo del 1910.

Escribió el libro: “Lo que puede un cura de hoy” y fue muy apreciado por todos los onubenses por su pastoral misionera, carácter dialogante y simpatía. Se distinguía por las catequesis con los niños creando el “Patronato de Aprendices Don Bosco”. El día 6 de diciembre del 1915 fue nombrado obispo auxiliar de Málaga y ordinario de la misma diócesis, el día 22 de abril del 1920.
En Málaga, el día 3 de mayo de 1921 fundó la “Congregación de las Hermanas Eucarísticas de Nazareth”, obra que fue aprobada por la Santa Sede el 30 de agosto de 1960. El 31 de mayo de 1931, como quemaron el palacio episcopal de Málaga, marchó a Ronda y, temiendo por su vida, la Santa Sede le impuso retirarse a Madrid en noviembre de 1932; allí permaneció durante tres años dedicándose a sus fundaciones.
El 5 de agosto de 1935 fue nombrado obispo de Palencia, aunque murió en Madrid el día 4 de enero de 1940. Está sepultado en la catedral palentina. Por su gran amor a la Eucaristía fue conocido como “el obispo de los sagrarios abandonados”. Publicó más de treinta libros. Fue beatificado por el papa San Juan Pablo II el día 29 de abril del año 2001.

Retrato del Beato Marcelo Espínola.

Beato Marcelo Espínola Maestre, cardenal arzobispo de Sevilla.
Nació en San Fernando (Cádiz) el día 14 de enero de 1835 siendo sus padres los Marqueses de Espínola. Estudió abogacía y fue entonces cuando entró en contacto con Huelva, donde venía muy asiduamente a fin de asesorar gratuitamente a los pobres. Se hizo gran devoto dela Hermandad del Nazareno dela Semana Santa Onubense.
En 1858 entró en el seminario de Sevilla ordenándose de sacerdote seis años más tarde; fue nombrado capellán de Sanlúcar de Barrameda y párroco de San Lorenzo, en Sevilla. Aunque lo designaron canónigo en 1879 siempre ejerció su labor pastoral en la parroquia de San Lorenzo. El 6 de febrero de 1881 la Santa Sede lo nombra obispo auxiliar de Sevilla y tres años más tarde, obispo de Coria-Cáceres. Allí fundó la “Congregación de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón de Jesús” el día 26 de julio de 1885.

En mayo de 1886 fue nombrado obispo de Málaga y nueve años más tarde, arzobispo de Sevilla.  Siempre, donde estuvo, destacaba por su modestia, sencillez, vida austera, humildad, piedad, caballerosidad y cuidado de los pobres, por lo que era conocido como el “arzobispo mendigo<”. Fundó el periódico “El Correo de Andalucía” y fue senador del Reino. San Pío X lo nombró cardenal de Sevilla el día 11 de diciembre de 1905, pero no pudo ir a Roma para recibir el capelo cardenalicio pues un mes más tarde, cuando estaba bendiciendo el Santuario de Nuestra Señora de Regla, en Chipiona (Cádiz), cayó enfermo muriendo en Sevilla seis días más tarde: el 19 de enero de 1906. Está sepultado en la Catedral hispalense en un precioso mausoleo blanco construido en el año 1913. Fue beatificado por el papa San Juan Pablo II el día 29 de marzo del año 1987.

También estuvieron relacionados con nuestra provincia Santa Ángela de la Cruz, virgen fundadora, que fundó una Casa de su Congregación en Ayamonte (Huelva), la Beata Carmen Moreno Benítez, virgen mártir salesiana, que fue directora del colegio salesiano de Valverde del Camino, el Beato Manuel Gómez Contioso, salesiano mártir nacido en Moguer (Huelva) en 1877 y el Beato José Agustín Fariña Castro, agustino mártir, que desarrolló parte de su actividad docente en nuestra provincia.

Sepulcro del Beato Marcelo Espínola en la Catedral de Sevilla.

Y estos son los santos y beatos nacidos en nuestra provincia o que pasaron en ella parte de sus vidas. Espero haber complacido tu pregunta.

Antonio Barrero

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