¿Eran hijos de San Marcelo de Tánger?

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Esculturas dedicadas a los Santos Servando y Germán en Cádiz, España.

El pasado 30 de octubre, cuando escribimos sobre San Marcelo de Tánger, dijimos que la leyenda le atribuía doce hijos, mártires como él, pero que eso era completamente falso. Ya lo vimos cuando escribimos sobre los santos mártires de Calahorra, Emeterio y Celedonio y hoy vamos a intentar demostrarlo con el resto de sus supuestos hijos, pero para ello, empecemos recordando que en el artículo de San Marcelo dijimos que fue martirizado el 30 de octubre del año 298 y que sus “presuntos” hijos eran: Emeterio, Celedonio, Germán, Servando, Fausto, Jenaro, Marcial, Primitivo, Facundo, Claudio, Lupercio y Victorico.

Santos Germán y Servando, mártires de Cádiz
En el Martirologio Romano podemos leer el 23 de octubre: “En el Campo Ursoniano, junto a Gades en Hispania, los santos mártires Servando y Germán, los cuales en la persecución de Diocleciano, por orden del lugarteniente Viator, después de padecer azotes, una inmunda cárcel, hambre, sed y las penalidades de un largo camino en el que se les obligó andar cargados de cadenas, fueron finalmente degollados y así consumaron su martirio. Germán fue sepultado en Mérida y Servando en Sevilla”.

Estos dos santos son los patronos de la ciudad y diócesis de Cádiz y de San Fernando (Cádiz), donde se sitúa el llamado “Campo Ursoniano”, lugar del martirio. Este elogio que les dedica el Martirologio Romano, es recogido de lo que transmiten los calendarios mozárabes y los martirologios anteriores de Usuardo, Beda, Adón y otros.
Por este texto, podemos deducir que no se trataba de dos ciudadanos gaditanos, sino que su martirio tuvo lugar en los alrededores de Cádiz, después de haber hecho un largo viaje cargado de cadenas. Igualmente señala donde quedaron sus restos y aunque los de San Servando si continúan en la catedral hispalense, los de San Germán actualmente, no se encuentran en Mérida y pequeñas reliquias de ambos si que se guardan en la catedral gaditana.

Urnas de los santos Servando, Félix y Celestino (estos dos últimos son cuerpos santos . Tesoro de la Catedral de Sevilla, España

En las Actas de su martirio se les presenta como naturales de Emérita Augusta (Mérida) y eso parece que es aceptado por todos los hagiógrafos que llegan a llamarlos “mártires de Mérida”. Aunque son dos santos históricos, las Actas no son fiables como fuentes de hechos históricos, entre otras cosas porque los hacen hijos de San Marcelo, lo que supondría que debieran ser naturales de León. Esta filiación que aparece a finales del siglo XIII, carece de todo fundamento.

Sin embargo hay que decir que su culto es muy antiguo; los primeros indicios de culto están en la deposición de sus reliquias en la consagración de una basílica en Alcalá de los Gazules (Cádiz), en el año 662 – ya publicamos una foto cuando sacamos el artículo de las santas Justa y Rufina – y de otra en Vejer de la Frontera (Cádiz), en el 674. Fue probablemente en aquella época (siglo VII) cuando fue redactada una primera “passio”, hoy perdida, pero en la que se basaron los datos que anteriormente hemos relatado y los textos de la Misa y del Oficio conservados en el “Liber Ordinum” y en el “Liber sacramentorum”, ambos mozárabes.

El himno “Christus verus rex sanctorum”, de la primera mitad del siglo VIII está inspirado en uno de Prudencio dedicado a los santos Emeterio y Celedonio y en él se les presenta como soldados, aunque a mi entender por la interpretación de que “miles Christi” pudiera ser parejo de soldado; de esto ya hemos hablado en otros artículos. Todos estos textos que hemos citado tienen carácter panegírico y no histórico, pero eso no quiere decir, que lo que se relata, no lo sean. Nadie duda de la historicidad de estos santos ni de que este fuera su martirio.

Fresco barroco de los Santos Fausto, Jenaro (Januario) y Marcial, obra de Cesare Arbasia. Mezquita Catedral de Córdoba, España.

Santos Fausto, Jenaro y Marcial, mártires cordobeses
El 13 de octubre son mencionados en el Martirologio Romano: “En Córdoba, de al-Andalus, el suplicio de los santos mártires Fausto, Jenaro y Marcial, los cuales, atormentados primero en el ecúleo, raídas las cejas y arrancados los dientes, cortadas las orejas y la nariz, en el suplicio del fuego consumaron por fin el martirio”.

Estos datos que cita el Martirologio están tomados de las antiguas Actas que Riunhart da por aceptables y desde luego, si las comparamos con otras, los datos que aportan le dan una gran verosimilitud, además porque presentan la relación entre los mártires y el gobernador, no como un interrogatorio “dulzón”, sino de manera áspera y muy poco cortés. Según estas Actas, fueron los propios mártires los que se presentaron ante el presidente Eugenio y, estando en Córdoba, bien parece que pudiera ser cierto porque ya hemos hablado en alguna que otra ocasión de las actitudes de los mártires mozárabes del siglo IX. No se sabe el año exacto del martirio, pero si que fue en tiempos de Diocleciano y por supuesto, no existe ningún dato que nos haga sospechar que fueron soldados romanos hijos del centurión San Marcelo.

Prudencio, en su “Peristephanon” no menciona por sus nombres a estos mártires, pero parece ser cierto que las famosas “tres coronas” de las que habla, se refiere a ellos:
“Afra Cartago tua promet ossa,
Ore facundo, Cypriane doctor;
Corduba Acisclum dabit, et Zoellum, tresque coronas”

Prudencio en este himno está diciendo que “Cartago tiene los huesos de San Cipriano y que Córdoba, tiene los de Acisclo, Zoilo y los de las tres coronas”. Como podemos comprobar, su culto es antiquísimo (finales del siglo IV-principios del siglo V).

En muchos martirologios sus nombres e incluso el número de ellos se copiaron de manera incorrecta, pero existe una inscripción del siglo VI bajo el nombre de “dominorum trium” por lo que los hagiógrafos dan por cierto que fueron tres y que estos son sus verdaderos nombres. San Eulogio hace también mención de ellos en sus escritos diciendo que en Córdoba existía una basílica a ellos intitulada.

Sus reliquias se encuentran actualmente en la preciosa urna de plata que guarda los restos de los mártires de Córdoba y que se conserva en la parroquia cordobesa de San Pedro; de esta urna ya hemos publicado algunas fotos.

Imágenes de los Santos Facundo y Primitivo veneradas en Las Quintanillas, Burgos (España). Fuente: http://grupotierranoble.blogspot.com.es/

Santos Primitivo y Facundo, mártires gallegos
Martirologio Romano, día 27 de noviembre: “A orillas del río Cea, en Galicia, los santos Facundo y Primitivo, que padecieron bajo el poder del presidente Ático”.

Se cree que fueron gallegos de nacimiento porque su “passio” –que es del siglo X pero que ya fue puesta en duda en el siglo XII por Rodino, obispo de Braga– dice que en el año 143, estando los cónsules Ático y Pretextato en la ribera del río Cea, Ático se enteró de que dos jóvenes llamados Facundo y Primitivo, se negaban a adorar al dios Febo porque eran cristianos. Indignado, los mandó llamar y trató de convencerlos para que lo hicieran. Ante la negativa de los dos jóvenes, intentó hacerlos renegar de su fe mediante el uso de la tortura: les cortaron los dedos, les retorcieron las piernas e incluso los intentó envenenar.

Viendo que los dos jóvenes no claudicaban ante los tormentos y que los venenos no les hacían daño, ordenó que los desgarrasen con garfios y que les echasen aceite hirviendo en las llagas. Como los santos permanecían impávidos, Ático, furioso, ordenó que les arrancasen los ojos y los colgaran boca abajo y así los tuvo tres días.
El valor demostrado por los dos mártires hizo que muchos se convirtieran, pero a los tres días, mientras los desollaban estando vivos, los guardianes vieron bajar dos ángeles del cielo con dos coronas que pusieron sobre sus cabezas.
Temeroso el cónsul de que se convirtieran más paganos por aquella visión, dio orden de que los decapitaran y así lo hicieron los verdugos. Los cristianos enterraron allí mismo sus cuerpos y empezaron enseguida a darles culto. Actualmente sus reliquias se veneran en Sahagún (León) y en la catedral de Orense.

A ellos se les dedicó el himno de autor anónimo “Fons Deus aeternis pacis”, aunque parece una copia del “Fons Deus vitae perennis” dedicado a San Félix de Gerona.
Los primeros datos sobre su culto son del año 652, fecha en la que algunas reliquias suyas fueron depuestas en la basílica de Acci (la actual Guadix, en Granada). El primer calendario que los conmemora es el de Córdoba, que en el año 961 fija su memoria el 27 de noviembre; con posterioridad, figura en todos los calendarios mozárabes en esa misma fecha.

Vista de la urna que contiene las reliquias de los Santos Primitivo y Facundo, Sahagún (España).

Dudosos son sus orígenes, pues hay quienes los hacen originarios de Orense, mientras que otros dicen que eran de Sahagún (León). Escalona, en su “Historia del Real Monasterio de Sahagún”, editada en Madrid en el año 1782, apoyándose en que desde muy antiguo recibieron culto en León y en que en Sahagún están sus cuerpos, deduce que fueron naturales de allí y lo mismo hacen otros autores españoles modernos, como Gómez Moreno o Zacarías García Villada, pero es que en el calendario de Córdoba, hecho en el año 961, también se dice: “Festum Facundi et Primitivi, sepultorum in eo quod est circa Legionem”. (Fiesta de Facundo y Primitivo sepultados en aquel (monasterio) que está cerca de León). Además, existen muchos testimonios de que allí estaban sepultados y por poner solo un ejemplo, digamos que el rey Alfonso III con motivo de la restauración de monasterio de Sahagún, hizo una donación el 3 de noviembre del año 905 que queda recogida en un documento que dice: “En el nombre de la Santa e Indivisa Trinidad, a vosotros los señores Facundo y Primitivo que después de Dios sois nuestros patronos y cuyos cuerpos están sepultados y venerados en esta venerable iglesia…”. Este monasterio recibió asimismo muchos privilegios en tiempos del rey Alfonso VI de León. Resumiendo: hay quienes defienden que eran leoneses, ¡pero del siglo II!

A favor de la tesis de que los mártires eran orensanos está precisamente la cita del Martirologio Romano que pusimos al principio, el hecho de que en la catedral de Orense, desde tiempo inmemorial, también se veneran parte de sus restos y el que San Rosendo, en el documento fundacional del monasterio de Celanova, el 25 de septiembre del año 942, entre los pocos santos que invoca enumera a Martín Dumiense y a Facundo y Primitivo, instituyendo su fiesta en el monasterio porque eran santos gallegos. Como hay opiniones en un sentido y en otro, lo mejor es seguir dándoles culto en las dos localidades, ¿no? Ahora si, una cosa quiero resaltar, en ningún documento serio se les relaciona con San Marcelo y desde luego son santos mártires del siglo II.

Mural contemporáneo de los Santos Claudio (en el centro), Lupercio y Victorico. Parroquia de San Claudio, León (España).

Santos Claudio, Lupercio y Victorico, mártires leoneses
El Martirologio Romano, señala el día 30 de octubre: “En la ciudad de León, en Hispania, los santos Claudio, Lupercio y Victorico mártires, que durante la persecución de Diocleciano, sufrieron la muerte por Cristo”.

Estos tres santos mártires si que son oriundos de León. Sus Actas nos han llegado en dos redacciones tardías y de escasa autoridad. La más antigua es del siglo XI y pertenece a un santoral de la catedral de Toledo que los presenta como soldados que sufrieron martirio por decapitación en tiempos de Diogeniano “apud septimam geminam legionem”. La otra, más reciente, está manipulada y ya los relaciona con San Marcelo diciendo que eran hijos suyos. El redactor de las Actas de San Marcelo – el mártir africano convertido en mártir hispano – tuvo la iniciativa de darle una familia ilustre a un mártir ilustre, aumentando así los títulos que enorgullecieran a la ciudad leonesa y por influjo de estas Actas, convirtió a Diogeniano en el Aurelio Agricolano de Tánger, que es el personaje que interviene en el martirio de San Marcelo.

En el folio 12 del antifonario mozárabe de la catedral de León, una mano anónima del siglo XI añadió: “Haec sunt nomina sanctorum que in arcivo Toletano repperta sunt:… Claudium et Lupercum atque Victoricum Legionensis continet cives… Marcellum parentem Tingitana urbs fide religionis retinet”. ¡Y se quedó tan pancho dándole de un plumazo una familia numerosa de santos, entre los cuales, cómo no, estaban también estos tres! Desde ese momento, este parentesco comenzó a difundirse entre los breviarios y demás libros de culto.

Algunos elementos de la “passio” más antigua, que pueden darse por buenos, afirman que fueron mártires hispanos, oriundos de León y quizás, soldados, ya que es verdad que en aquella ciudad estaba asentada la “Legio VII gemina”. Su martirio acaeció a finales del siglo III o principios del IV, época en la que la persecución tuvo especial virulencia en la Hispania romana, aunque en el siglo III, la “Legio VII” debería estar dispersa como puede deducirse de la expresión “apud septimam gemimam legionem”.

Parece infundada la hipótesis de quienes afirman que el martirio les sobrevino por la proclamación de fe en la Santísima Trinidad por parte de los tres mártires, ya que este martirio ocurrió en los tiempos en los que predominaban los errores priscilianos. En el presunto lugar del martirio fue construida posteriormente la abadía benedictina de San Claudio. A mediados del siglo XI, el rey Fernando I puso parte de las reliquias en la Iglesia de San Isidoro. En el 1173, en presencia del legado pontificio fueron trasladadas a una iglesia construida en su honor y, finalmente, en el 1834 fueron llevadas a la actual iglesia de San Marcelo donde se guardan en tres urnas de plata que, junto con la urna de San Ramiro, abad mártir de San Claudio, están colocadas en el altar mayor.

Iglesia de San Marcelo en León. Sobre el altar están las urnas de San Claudio, San Lupercio y San Victorico. También está la de San Ramiro, abad mártir del monasterio de San Claudio. Bajo el altar, está la urna de San Marcelo.

Resumiendo: si comparásemos la división geográfica de la antigua Hispania romana con la actual España, de los “doce hijos de San Marcelo”, dos serían riojanos, dos gallegos, tres leoneses, tres andaluces y dos extremeños. Para qué decir más, ¿no? ¡Y el padre, africano!

Antonio Barrero

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San Marcelo, mártir en Tánger

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Icono ortodoxo griego de los Santos Marcelo, mártir africano; y Casiano, mártir romano.

Pregunta: Quisiera hacerles algunas preguntas. En mi ciudad (León) veneramos a nuestro paisano San Marcelo y a sus hijos, pero es verdad que he leído que este santo era africano y que sus supuestos hijos, no lo son. ¿Qué hay de verdad en todo esto? (España).

Respuesta: Este tema es muy complejo aunque está muy bien estudiado. Ya de él dijimos algo cuando publicamos el artículo sobre sus presuntos hijos, los Santos Emeterio y Celedonio y más diremos aun, cuando publiquemos sobre los mártires gaditanos Servando y Germán, sobre los cordobeses Fausto, Jenaro y Marcial y sobre los gallegos, Primitivo y Facundo.

Pero hablemos del santo por el que nos preguntas. De la “passio” de San Marcelo existen dos versiones que nos han llegado a través de diversos documentos que se custodian en algunas importantes bibliotecas europeas: Roma, Londres, Burdeos, León, etc. y que fueron publicadas por primera vez por parte de Ruinart, Allard, Delehaye, Garcia Villada, B. De Gaiffier y otros, o sea, que su difusión ha sido grande.

El núcleo de la misma es considerado como auténtico y contiene los interrogatorios a los que se vio sometido nuestro santo en el transcurso de tres meses, en dos tribunales situados en dos localidades distintas. Posteriormente, alrededor del siglo XI, a esta “passio” se le hicieron algunos añadidos diciendo que San Marcelo era esposo de Santa Nonna y padre de los santos Claudio, Lupercio, Victorico, Facundo, Primitivo, Emeterio, Celedonio, Servando, Germán, Fausto, Jenaro y Marcial, todos ellos santos hispanos, venerados en diferentes lugares de la península Ibérica y que en realidad no fueron contemporáneos entre si.

El orden y la evolución de esta leyenda está profundamente arraigada en la tradición cristiana de tu pueblo y ha sido estudiada a fondo por De Gaiffier en su obra “Saint Marcel de Tánger ou de Leon?: evolution d’une légende”, publicada en la Analecta Bolandista LXI, en el año 1943.

Vista de la iglesia dedicada a San Marcelo en León, España.

Según la “passio”, el 21 de julio del año 298, cuando se celebraba la fiesta de los augustos emperadores, Marcelo, que era un centurión romano tiró sus armas delante de su tropa que se encontraba reunida con motivo de dichas fiestas, renunciando a su vida militar para dedicarse a la propagación del cristianismo. Siete días más tarde, fue interrogado por el prefecto Fortunato el cual, considerando la gravedad del delito decidió enviárselo a su superior jerárquico, Aurelio Agricolano de Tánger. El 30 de octubre, San Marcelo fue nuevamente interrogado en Tánger y condenado a muerte.

Según los estudios de De Gaiffier a los que hemos hecho referencia, San Marcelo es un auténtico mártir africano al cual, mediante los posteriores añadidos realizados por autores hispanos, lo hacen ciudadano de León sobre el falso fundamento de que pertenecía a la Legión de Trajano que fue la presunta fundadora de tu ciudad. A partir de ahí, en el siglo XVI se pretendió identificar la casa natal del mártir junto a la Puerta Cauriense, hoy transformada en capilla dedicada al Cristo de la Victoria. Según esta misma tradición, al llegar la paz de Constantino, a San Marcelo se le construyó una primitiva iglesia en León.

El código XI del archivo de la catedral de León dice que en el siglo IX, el rey Ramiro I de Asturias restauró la antigua iglesia del siglo IV dedicada al mártir en el suburbio de la Puerta Cauriense, fuera de los muros de la ciudad. Junto a esta iglesia, que fue posteriormente destruida por Almanzor, existía un monasterio, en el que vivió San Martín de León, que era canónigo regular de la Orden Agustianiana y que está actualmente sepultado en la colegiata leonesa de San Isidoro y en el siglo XII, se levantó un hospital que también llevó su nombre.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Marcelo en León (España), donde se aprecia la enorme imagen del titular y la urna de sus reliquias bajo el altar.

La devoción que los leoneses mostraban por San Marcelo hizo que fuera declarado patrono principal de la ciudad, pero sus restos mortales estaban lejos, en Tánger al norte de Marruecos, por lo que al ser liberada dicha ciudad por parte del rey de Portugal en el siglo XI, León solicitó las reliquias de su conciudadano, aunque también Sevilla y Jerez de la Frontera querían tenerlas. La disputa se zanjó cuando el rey Fernando el Católico las llevó personalmente a León el día 29 de marzo del año 1493. Allí fueron colocadas en una nueva iglesia construida al santo, iglesia que fue reedificada en el año 1588 por los maestros Juan del Ribero y Baltasar Gutiérrez, aunque las obras finalizaron en el año 1628. Como sabes, las reliquias de San Marcelo se encuentran en una urna de plata que está colocada en el altar mayor. En el retablo barroco de Santiago Velasco están las esculturas de San Marcelo, de Santa Nona y de sus doce hijos. Según algunos documentos del siglo XV que se conservan en el archivo del Ayuntamiento, la acogida que tuvieron las reliquias fue la mayor manifestación de júbilo de la ciudad (!!!).

En esta iglesia, se conservan además en otras urnas, las reliquias de sus presuntos hijos Claudio, Lupercio y Victorico y las del abad San Ramiro mártir leonés, así como un pergamino en el que se narran los numerosos milagros atribuidos al santo en la época del traslado de las reliquias, otro que atestigua que una reliquia quedó en la iglesia de San Gil de Sevilla y algunas cartas del rey Enrique IV de Castilla y de Isabel la Católica al Papa Sixto IV comentándole el traslado del cuerpo del mártir.

Antiguamente, las reliquias de San Marcelo junto con las de San Froilán eran sacadas en procesión cada vez que la ciudad sufría algún tipo de calamidad pública. Todos los años, el 9 de octubre, el capítulo catedralicio y junta municipal leonesa acudían al templo de San Marcelo para asistir a la misa solemne.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Marcelo de León (España), donde se aprecia la escultura enorme del titular, las de sus hijos y la urna de reliquias bajo el altar.

Como la vida del santo es legendaria aunque este sea real, la iconografía es variada y está inspirada en la misma. La imagen del santo que se conserva en la iglesia es obra del escultor Gregorio Fernández y está en la parte central del altar, aunque rodeada por las de sus hijos y esposa, como ya dije antes y en el Museo provincial de tu ciudad se conserva una pequeña pintura gótica policromada del siglo XIV en la que aparecen él, su esposa e hijos.

De San Marcelo no te puedo contar nada más porque no me parece oportuno entrar en los supuestos diálogos de los interrogatorios a los que en realidad fue sometido y sobre la supuesta filiación de los otros doce santos, mejor ni te cuento, porque no es cierta y ya lo iremos demostrando cuando hablemos de ellos, aunque de dos ya lo hemos hecho.

Antonio Barrero

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