Santa Marciana de Cesarea, virgen y mártir africana

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Escultura de la Santa, obra de Carlo Pessina (1865). Duomo di Santa Maria Nascente, Milano (Italia). Fotografía: Claudio Bertolesi.

Hoy se celebra la fiesta de una mártir muy poco conocida y en general, de escasa repercusión en el culto y el arte cristianos, pero, paradójicamente, no existen muchas dudas acerca de su existencia histórica, que se considera veraz, así como la naturaleza del martirio, que nos ha llegado bien documentado y sin apenas alteraciones.

Se llamaba Marciana (en latín, “de Marte”, dios de la guerra, y por extensión “luchadora, batalladora”, nombre casi profético por lo que veremos) y era originaria de Rusuccur (actual Dellys), región de Mauritania (hoy día, Argelia). Actualmente no es más que una pequeña localidad situada en la costa argelina, entre Tizi Ouzou y al oeste del río Sebaou. Tras hacer voto de castidad y consagrar su virginidad a Dios; marchó a Cesarea de Mauritania y se encerró en una celda, donde llevó una vida ascética: sometió su cuerpo a severos ayunos y castigos mediante una ejemplar penitencia; al tiempo que desarrollaba una tenaz lucha contra el paganismo en la ciudad.

Su carácter fuerte y aguerrido se manifestó una ocasión en que cruzaba el foro de Cesarea y vio la imagen de la diosa Diana presidiendo la plaza. Indignada ante la visión de la divinidad semidesnuda, se encaramó al pedestal, agarró el cuello de la estatua, le rompió la cabeza y la estrelló contra el suelo. Inmediatamente estalló el escándalo en la plaza pues se esperaba que la diosa, ofendida por la afrenta, descargara su ira sobre la ciudad. Marciana fue inmediatamente apresada [1] y se la quiso forzar a desagraviar a la diosa mediante un sacrificio expiatorio. Como ella se negó en rotundo a servir al ídolo, la azotaron con varas y la condenaron a morir en el anfiteatro.

Mientras esperaba a ser lanzada a las fieras, fue entregada a un grupo de gladiadores para que la violaran. [2] En la arena, fue expuesta a un león, pero éste no la atacó. A continuación, le soltaron un toro furioso que la corneó y la lanzó por los aires. Debido a que le había clavado los cuernos en el pecho, al tirarla al suelo ya estaba moribunda. Fue un leopardo, atraído por el olor a sangre, quien la mató destrozándole la garganta.
Esto tendría lugar el año 303, en tiempos de Diocleciano.

Martirio de la Santa. Iluminación gótica del Speculum Storiae de Vincent de Beauvais (1463). Biblioteca Nacional de París, Francia.

El Martirologio Jeronimiano, así como diversos calendarios y pasionarios hispano-mozárabes, nos dicen que la conmemoración más antigua de esta Santa estuvo ubicada el 11 de julio (V Idus Iulii). Sin embargo, quienes leyeron posteriormente esta fecha se confundieron debido a una errata y lo interpretaron como V Idus Ianuarii, es decir, el 9 de enero. Por eso, se interpretó que el martirio de la Santa había tenido lugar tal día como hoy y así fue incluido por Adón y Floro en el Martirologio Romano.

Para más inri, el 12 de julio, esto es, un día después de la conmemoración original de nuestra Santa, se conmemora en Toledo a una Santa Marciana, como afirman el Martirologio Romano y diversos breviarios hispanos antiguos. Algunos autores, basándose en estos textos, han pretendido demostrar la existencia de dos Santas Marcianas, llegando a decir que la presunta Santa toledana era hija del rey de Portugal y una de las nueve hermanas de Santa Quiteria (¡!!!!). Pero naturalmente esto no se sostiene por ningún lado: la Marciana mencionada en el Breviario de Toledo es la misma Marciana de Cesarea cuya vida y martirio acabo de reseñar. Baronio, en un intento de conciliar esto, mantuvo la conmemoración del 12 de julio con la excusa de un presunto traslado de reliquias de la Santa de Mauritania a Toledo: traslado que, en realidad, jamás ha tenido lugar. De hecho, las reliquias que se conservan de la Santa -el cráneo y un hueso del brazo- están en la catedral de Santa Cecilia, en Albi, Francia.

En resumen, nuestra mártir de hoy parece ser una Santa histórica y real, y los detalles de su martirio tienen todos los visos de ser auténticos: una cristiana condenada a morir devorada por las fieras tras haber profanado la imagen de una diosa muy venerada en la cultura grecorromana y por supuesto; por haberse negado a cumplir el edicto de Diocleciano. Lo único que cabe descartar en la existencia de otra Santa del mismo nombre en Toledo y, por supuesto, la actual conmemoración del 9 de enero, errónea como vimos: la auténtica es la del 11 de julio.

Relicario con el cráneo de la Santa. Catedral de Santa Cecilia de Albi, Francia.

En el arte aparece representada con un leopardo, la fiera que la mató; pero también siendo corneada por un toro o con un león lamiéndole los pies. En Argelia todavía se conserva una iglesia dedicada a ella, actualmente reconvertida en mezquita. Y me despido con un extracto del himno que le dedica el Breviario de Toledo, concretamente, el que habla del león que la respetó:

Emissa namque bestiis,
Leo percurrit percitus,
Adoraturus veniens,
Non comesturus Virginem. (p.570)

Meldelen


[1] Algún apunte sugiere que la detención de Marciana se produciría por instigación de los judíos (¡!!!!!) lo cual demuestra el antisemitismo del redactor de la passio y no merece ser tenido en cuenta.
[2] A tal efecto existían las llamadas celdas meretricias en los anfiteatros, donde, aparte de ejercer sus servicios las prostitutas; las condenadas al suplicium ad bestias eran violadas antes de ser lanzadas a la arena.

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