Venerable Margarita Occhiena

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Lienzo-retrato de la Venerable “Mamma Margherita”.

Pregunta: Don Bosco, ¿a quien eligió como patrono y por qué? ¿Y que frase le enseñó a Don Bosco?

Respuesta: San Juan Bosco eligió como patrono de su Congregación a San Francisco de Sales, obispo de Ginebra (Suiza). Los dos habían nacido en la Saboya, San Francisco en la parte francesa y San Juan Bosco en la italiana. La espiritualidad de San Francisco de Sales, en aquella época, influía bastante en el Piamonte italiano, porque él exponía en sus escritos un proyecto de santificación desde lo que sencillamente se hace cada día, desde la alegría, amabilidad y entrega a todos. Son esos pensamientos los que indujeron a Don Bosco a cogerlo como patrono y no una frase en concreto. Lo ilusionó su sencilla y cotidiana actividad y el valor que él le daba para conseguir la santificación personal.

Pregunta: ¿Que le dijo mamá Margarita a Juan Bosco el día de la ordenación sacerdotal?

Respuesta: Pues le dijo: “Ya eres sacerdote, estás más cerca de Jesús. Yo no he leído tus libros, pero recuerda que comenzar a decir Misa quiere decir comenzar a sufrir. No te darás cuenta enseguida, pero poco a poco verás que tu madre te ha dicho la verdad. De ahora en adelante piensa solamente en la salvación de las almas y no te preocupes por mí.”

Aprovechando esta última pregunta y siendo hoy la festividad de San Juan Bosco, digamos algo de su santa madre, Mamá Margarita, que tanto influyó en la educación y posterior vida de su hijo e incluso en la obra fundada por él.
Lo que sabemos sobre ella, lo es principalmente, gracias a su hijo que, por mandato del beato Papa Pío IX tuvo que escribir su autobiografía, que conocemos como “Memorias del Oratorio”. También escribieron sobre ella Giovanni Battista Leymone, Angelo Amadei y Eugenio Ceria, constando toda esta documentación en el proceso de beatificación de Margarita Occhiena.

Ese era su nombre y había nacido en Capriglio (Asti) – una aldea de unos cuatrocientos habitantes – el día 1 de abril del año 1788, siendo bautizada el mismo día de su nacimiento en la parroquia del pueblo. Sus padres eran unos pequeños propietarios que tuvieron nueve hijos, formando una familia profundamente piadosa. De su infancia no se conoce casi nada, salvo que su vida fue la sencilla vida de una mujer de pueblo, honesta, limpia y fervorosa. Estuvo viviendo en la casa paterna hasta que con veinticuatro años contrajo matrimonio con Francisco Luís Bosco, un aparcero que era viudo y tenía un hijo llamado Antonio. Estuvieron casados cinco años, se fueron a vivir a la granja Biglione en el territorio de Becchi di Castelnuovo y tuvieron tres hijos: José, Juan y Melchor.

Ilustración contemporánea de la Venerable “Mamma Margherita”.

El 12 de mayo de 1817 su esposo murió como consecuencia de una pulmonía y ella se quedó viuda y con cinco personas a su cargo: sus tres hijos, el hijo que aportó su esposo al matrimonio y su suegra, anciana y minusválida. Así, comenzó para ella y su familia un período muy difícil, viviendo humilde y muy pobremente, sacando a su familia adelante trabajando dentro y fuera de casa y teniendo siempre plena confianza en Dios.

Educó cristianamente a sus hijos, protegiendo especialmente a Juan que se venía cohibido por la prepotencia de su hermanastro, que no quería que Juan estudiara. Para conseguir la paz en el hogar, sin poder, tuvo que enviar a su hijo Juan fuera de casa a fin de que pudiese estudiar. Que mamá Margarita tuvo una importante influencia en la educación cristiana de Don Bosco lo demuestra el sueño que Juan tuvo cuando con nueve años de edad vio a un hombre que para identificarse le dijo: “Yo soy el hijo de aquella a quién tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”.

Pero no se puede escribir sobre Mamá Margarita sin recurrir constantemente a lo que dije al principio: fue su propio hijo quien, al escribir su autobiografía, nos dio mucha información sobre su madre. “Yo tenía solamente dos años cuando mi padre murió y al hacerse cargo de nosotros, mi madre tuvo que ocuparse de la casa y del trabajo que hacía mi padre en el campo. Ella era una mujer fuerte pero el trabajo del campo es muy duro y ella sola no podía con todo. Mis hermanos y yo la ayudábamos. En esta habitación, cuando tenía nueve años, tuve un sueño y este sueño me acompañó a lo largo de toda mi vida Me pareció estar en un lugar cerca de mi casa, era como un gran patio de juego de la escuela. Había muchos muchachos, algunos de ellos decían palabrotas y yo me lancé hacia ellos golpeándoles con mis puños. Fue entonces cunado apareció un hombre que me dijo: “Con los puños no lo hagas, sino con amabilidad vencerás a estos muchachos”. Juan le contó el sueño completo a su madre: “Cuando por la mañana le conté el sueño a mi madre ella me dijo que a lo mejor, cuando fuera mayor, yo sería pastor de almas”.

Mamá Margarita inculcó a sus hijos la idea de “vivir en la presencia de Dios”: “Recordad hijos míos que Dios os ve siempre” y que a él siempre había que darle gracias porque era el creador del universo, el que hacía que con el paso de las estaciones, el campo floreciera, llegaran las cosechas, floreciera la vida: “Una noche, estábamos tomando el fresco en la puerta de mi casa y veíamos las estrellas; entonces mi madre nos dijo que solo Dios había creado el mundo y había puesto a todas esas estrellas en el cielo”. Dios formaba parte de su familia: “Jesús era uno más de la familia y mi madre Margarita me enseñó de memoria algunos pasajes de la Biblia, porque como nosotros no podíamos ir al catecismo, ella misma nos lo enseñó”.

Detalle de la Venerable “Mamma Margherita” en una ilustración contemporánea.

Era además una mujer que, a pesar de que tenía que trabajar duramente para sacar a su familia adelante, que pasó graves dificultades y duros contratiempos, nunca perdió su plena confianza en Dios. “Habíamos trabajado mucho en el campo y cuando se acercaba la hora de la cosecha, una fuerte granizada se la llevó. Mi madre nos dijo que Dios sabría por qué. El Señor nos la dio y el Señor nos la quitó”. Al utilizar estas palabras, Mamá Margarita nos está demostrando que, aunque era analfabeta, conocía las Escrituras porque son las mismas palabras pronunciadas por el Justo Job cuando perdió todos sus bienes e hijos (Job, 1, 21).

Cuando San Juan Bosco iba a hacer su primera comunión en el día de Pascua del año 1826, ella le dijo: “Juanito mío, Jesús te prepara hoy un gran regalo. Para ti es un gran día porque Dios se ha adueñado de tu corazón y ahora me tienes que prometer que siempre harás cuanto puedas para ser bueno”.

Casi con veinte años de edad, San Juan Bosco quiso entrar en un convento franciscano y al enterarse el párroco de su pueblo, intentó quitarle la idea de la cabeza tanto a él como a su madre, diciéndole que un hijo tenía la obligación de ayudar a su madre cuando fuera anciana. La madre le dijo a su hijo: “El párroco ha venido a decirme que quieres entrar en un convento. Yo quiero que lo pienses con tranquilidad y cuando lo hayas decidido, sigue tu camino sin mirar a nadie a la cara. Lo más importante es la voluntad del Señor. Don Dámaso quiere que yo te haga cambiar de idea, porque en el futuro podría tener necesidad de ti, pero yo te digo que en estas cosas, tu madre no cuenta nada porque Dios está antes que todo. Yo nací pobre, he vivido pobre y quiero morir pobre. Y te digo más: si alguna vez eres sacerdote y por desgracia te hicieras rico, yo no pondré mis pies en tu casa”.

Entre 1835 y 1841, cuando su hijo Juan estuvo en el seminario, ella mantuvo un contacto continuo con él y durante las vacaciones de verano iban al cortijo Sussambrino donde trabajaba como aparcero su hijo José o bien se marchaban a Becchi. Ya te comenté al principio lo que le dijo a su hijo cuando el día 5 de junio del año 1841, día del Corpus Christi, Juan fue ordenado de sacerdote; aun así, lo repito: “Ya eres sacerdote, estás más cerca de Jesús. Yo no he leído tus libros, pero recuerda que comenzar a decir Misa quiere decir comenzar a sufrir. No te darás cuenta enseguida, pero poco a poco verás que tu madre te ha dicho la verdad. De ahora en adelante piensa solamente en la salvación de las almas y no te preocupes por mí”.

Don Bosco y “Mamma Margherita” llegan a la casita Pinardi. Ilustración contemporánea.

Ordenado su hijo de sacerdote, ella creyó que había cumplido su misión y se dispuso a vivir más tranquilamente en una casa que había construido su hijo José en Becchi, pero cuando Don Bosco comenzó su trabajo con los jóvenes en Valdocco, tuvo la necesidad de tener consigo a alguien de su completa confianza para que lo ayudase y aconsejase. Ya su madre era mayor, estaba físicamente agotada y vivía tranquila con sus hijos José y Antonio y con sus nietos. Cuando Don Bosco se atrevió a insinuárselo, esta fue su respuesta: “Si te parece que esto agrada al Señor, yo estoy preparada para ir enseguida”. Y se fue con su hijo a Valdocco y allí se quedó durante diez años, siendo su mayor apoyo hasta que le llegó la hora de su muerte. Fue la madre de todos los huérfanos allí recogidos, les preparaba la comida, lavaba sus ropas, atendía sus confidencias y sobre todo, les daba cariño a muchos jóvenes y niños que nunca lo habían recibido en su vida. Allí empezaron a llamarla “Mamá Margarita”; era la primera cooperadora de la obra de su hijo y de alguna forma, sin saberlo, fue la cofundadora de la gran familia salesiana.

Un día, anciana, cansada y agotada, viendo que los muchachos jugueteando lo destrozaban todo, le dijo a su hijo: “No puedo más”; su hijo se calló pero le señaló con el dedo un crucifijo que estaba colgado en la pared y ella lo comprendió inmediatamente: agachó la cabeza y siguió cosiendo unos pantalones que estaban agujereados. Nunca jamás se quejó y siendo un modelo de santidad para todos, el día 25 de noviembre de 1856, con sesenta y ocho años de edad, Mamá Margarita murió en Valdocco rodeada de sus muchachos.

Placa de mármol dedicada a la Venerable en Valdocco, Italia.

Obtenido el “nihil obstat” el 7 de marzo de 1995, el 9 de mayo del 1996 se abrió el proceso diocesano de su Causa de canonización, siendo reconocida su validez por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, el día 6 de junio de 1997.

En el verano del año 2005, el rector mayor de los salesianos solicitó al Papa Benedicto XVI que acelerara el proceso de beatificación, entregándole una carta firmada por todos los obispos salesianos del mundo y el 15 de noviembre del año siguiente, fue aprobado el decreto por el que se la declaraba Venerable. Está en proceso de investigación el milagro preceptivo para la beatificación.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es