Beata Marguérite Rutan: el alto precio de la caridad

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Beata en el cadalso. Lienzo de la beatificación.

El pasado 19 de junio de 2011 la diócesis de Aire y Dax, en Francia, celebraba la beatificación de una religiosa Hija de la Caridad que fue guillotinada durante la Revolución Francesa (1789-1799) por su fidelidad a la fe y a la Iglesia Católicas, y su desafección por el movimiento revolucionario. Se trata de sor Marguérite Rutan, cuya vida y martirio reseñaré brevemente para honrar su memoria y para celebrar, junto con su Orden y sus devotos, su reciente ascenso a los altares.

Marguérite Rutan nació el 23 de abril de 1736 en la ciudad de Metz (Lorena) y el mismo día bautizada con este nombre que, como ya vimos, significa “perla”. Era la octava de los quince hijos que tuvieron el matrimonio formado por Charles-Gaspard Rutan, arquitecto, cantero y maestro albañil; y Marie Forat, mujer de profunda espiritualidad cristiana. Debido al oficio de su padre, aprendió pronto a dibujar, arte al que era muy aficionada, llegando a dominar muy bien el dibujo lineal y las matemáticas, disciplinas que en aquel entonces eran consideradas raras en una mujer. Con estos conocimientos, pudo ayudar en la contabilidad a la empresa de su padre, llevando las cuentas por él hasta que cumplió 21 años de edad. Además, cuidaba de sus hermanos pequeños y de los hijos de los vecinos, enseñándoles también el dibujo, lo que sin duda la iría preparando para la tarea de educadora que posteriormente desempeñó.

Antes de este momento ya habría manifestado su vocación religiosa, concretamente a los 18 años de edad, y además deseando unirse las Hijas de la Caridad, Orden religiosa de mucha relevancia en la época por sus servicios a la comunidad y que en Metz tenían contacto con ella. Sus padres, aunque respetaron su vocación, le pidieron que esperara a ser mayor de edad -21 años en la época- probablemente porque su ayuda les era valiosa. Es entonces el 27 de abril de 1757, mismo día de su veintiún cumpleaños, cuando se traslada a la casa madre de la Congregación en París para iniciar su noviciado. A los seis meses viste el hábito propio de estas religiosas y es destinada a Pau (zona de Toulouse) donde continúa formándose bajo la tutela de una hermana sirviente. Allí es donde se da cuenta de lo feliz que se siente cuidando de los niños expósitos (abandonados) tanto los de cuna, los enfermos del hospital, como dándoles clases. Tanto en el hospital como en las escuelas, se entregó de lleno al servicio de los más pobres y desfavorecidos, siguiendo el ejemplo de su santo fundador, Vicente de Paúl, que había sido canonizado en 1737.

La vocación de la Beata. Grabado de Berthe Pécastaing, publicado en Guide de l'Amicale. Centre Hospitalier de Dax, enero 1979.

Su segundo destino fue el hospital de Fontainebleau, donde permaneció desde 1772 a 1779, después de una corta estancia en el hospital de Troyes. Al poco tiempo de su llegada, se declaró una epidemia de viruela. La reina Marie-Antoinette, que había acudido a visitar a una amiga enferma, quedó muy impresionada por la limpieza y el buen orden que reinaban en el hospital bajo la dirección de Marguérite, lo cual no era habitual en los hospitales de la época.

Y es en 1779 cuando Marguérite es destinada al hospital de Dax. El obispo local, Monseñor Le Quien de Laneufville, había reunido todos los hospitales de la ciudad en uno: el del Santo Espíritu (barrio Bas Sablar) y el de Saint-Eutrope, que actualmente es un hospital termal. Acabadas las construcciones, Marguérite, mujer madura y experimentada ya con 43 años de edad y 22 como religiosa, asume la dirección y organización del hospital con ejemplariedad: manda construir graneros en el ala norte, prolonga el ala sur y levanta una capilla en el patio –que aún hoy día se conserva-, además de organizar dos clases, una para niños y otra para niñas, además de un centro para ocuparse de las jóvenes abandonadas. El rol de superiora, que había asumido por obediencia, le permitió desarrollar una labor importante al mando de aquella pequeña comunidad, compuesta únicamente por siete religiosas, que debían ocuparse no sólo de los enfermos del hospital, sino también de los niños de la escuela, como podemos ver.

Pronto corrió la voz del excelente trabajo que allí se realizaba. Marguérite había contribuido tanto en mejorar el servicio y la atención a los enfermos, que había cundido su fama por el sur de Francia y el Gobierno y los jefes militares, tomando nota de su buen hacer, le enviaban a ella sus enfermos y heridos. Con el tiempo, adquirió tal prestigio y notoriedad, que no es de extrañar que al estallar la Revolución Francesa, ella fuese un objetivo clave de los revolucionarios más radicales. Ya en 1789 las Hijas de la Caridad habían sido acusadas de latrocinio (robo) de propiedades pertenecientes a la comunidad, lo cual era falso. Durante el Terror, fueron encarceladas en el convento de Carmas –transformado en cárcel para mujeres- mientras que el convento de los Capuchinos servía de cárcel para hombres y el palacio episcopal pasaba a usarse como tribunal revolucionario, presidido por Pinet.

La Beata ante el tribunal revolucionario. Grabado de Berthe Pécastaing, publicado en Guide de l'Amicale. Centre Hospitalier de Dax, enero1979.

Marguérite, que era valiente además de consecuente con su fe, denunció sin miedo alguno los ataques y abusos que las autoridades revolucionarias cometían contra las personas y las propiedades de la Iglesia. Eso, unido a su fama precedente, la puso en el punto de mira del Comité de Vigilancia. La persecución personal que se desencadenó contra ella, iniciada mediante acusaciones falsas, la llevarían al arresto, a la condena a muerte y a la ejecución de ésta mediante la guillotina durante el tristemente célebre período del Terror, en el que las autoridades jacobinas, llevadas por su extremismo, cometieron gran cantidad de persecuciones y matanzas.

¿Cómo se sucedieron los hechos? En la Nochebuena de 1793, un soldado de Raoux, que había sido atendido y curado en el hospital de Dax, fingió hacer una visita a Marguérite para agradecerle los cuidados prestados, y para ello se hizo acompañar de una rondalla. Ella les recibió amablemente y les hizo servir una bebida, pero a continuación el dicho soldado se levantó y marchó ante el Comité Revolucionario, ante el cual la acusó de haber abandonado a los enfermos y heridos mientras escuchaba la rondalla y les daba de beber. Volvió con un documento oficial y quiso obligarla a que lo firmase, pero ella, como se trataba de jurar la Constitución Civil, se negó. Ese mismo día, mientras intentaba huir, fue capturada y encerrada en la cárcel de mujeres. Allí permanecería prisionera unos seis meses, tiempo en el cual, olvidándose de sí misma, se entregó a sostener moralmente a las mujeres y niños prisioneros.

El 9 de abril de 1794, los jueces del Comité convocaron a la prisionera en el Ayuntamiento. Allí fue juzgada como rebelde y resistente a jurar la Constitución, tildándola de fanática religiosa. En su casa habían encontrado papeles comprometedores: cartas, legados y oraciones de difuntos hospitalizados, que ella había guardado cuidadosamente para entregar posteriormente a las familias. No lo entendió así el tribunal, que la acusó de guardarlos en beneficio propio: “que fue encontrado en su despacho gran número de panfletos aristocráticos, fanáticos…”. En ese mismo momento es condenada a muerte y la ejecución tiene lugar el mismo día.

La Beata frente a la guillotina. Ilustración de la portada del libro "Una intrépida hija de San Vicente de Paúl: sor Marguérite Rutan, Hija de la Caridad", ed. Abbeville.

Tanto Marguérite como el señor Lanelongue, sacerdote del hospital y acusado de los mismos cargos, son condenados a muerte y sacados de la cárcel con las manos atadas a la espalda, subidos a un carro uno frente al otro, y transportados hasta el cadalso. El paseo por las calles tenía también como motivo la humillación pública, pero Marguérite, serena y firme, iba entonando el Magnificat en voz alta, ajena a los gritos de la multitud. Llegada al cadalso, presenció con serenidad cómo era guillotinado el sacerdote. A continuación uno de los soldados se dirigió a ella y pretendió quitarle la toca del hábito –que molestaba para el guillotinamiento-, pero ella, haciendo un gesto para detenerle, le dijo: “Déjame; ningún hombre me ha tocado jamás y tú tampoco lo harás”. Ella misma se quitó la toca y descubrió el cabello.

Retirado el cadáver del sacerdote, con paso tembloroso se acercó a la guillotina y, obedeciendo las órdenes de sus verdugos, colocó la cabeza en el horrible instrumento y esperó la muerte, mientras rogaba por ellos. Ésta sobrevino rápida, y el soldado al que no le había permitido tocarla, a modo de burla cogió su cabeza cortada por los cabellos y le arreó dos bofetadas, ante el entusiasmo de la multitud. Con este grosero gesto creía poder vengarse del pudor con que ella lo había ahuyentado anteriormente.

Así moría aquella mujer que se había entregado a los demás, a los 58 años de edad. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común excavada a tal efecto en el convento de los Capuchinos, que como decía, había sido convertido en la cárcel masculina.

Pero, ¿qué había de cierto en las acusaciones vertidas contra Marguérite? ¿Era una “fanática” como dice el texto de su acusación? ¿Había robado documentos personales y bienes pertenecientes a los pacientes difuntos? Nada de eso. En la Revolución Francesa y especialmente durante la etapa radical del Terror, todos los que se niegan a prestar el juramento revolucionario están maltratados y perseguidos, y ella, como tantos otros mártires de esta época, se había negado a jurar; pues para todos ellos la lealtad a la Iglesia Católica y a la fe que profesaban estaba por encima de los ideales de la Revolución y además consideraban incompatibles unos con otros, tanto por parte de los perseguidos, como por parte de los perseguidores.

La conciencia de que sor Rutan había sido ejecutada por su fe y su lealtad a la Iglesia estuvo desde el primer momento presente en su entorno, ya que tan sólo 14 meses después de su muerte, el Directorio del distrito de Dax declara de ella que fue “una mujer que por carácter relativo a una creencia religiosa ha sido sacrificada por motivos cuya prueba queda todavía sin averiguar”. Las calumniosas acusaciones vertidas contra ella, eran pues, falsas y orquestadas para lograr su caída. El Consejo de Administración del hospital de Dax hizo celebrar un acto de reparación en su honor el 9 de abril 1805. En este acto de celebración y sufragio, la Dirección del Hospital mandó imprimir la siguiente nota de convocatoria:

“La memoria de la respetable sor Rutan, Superiora de las Hijas de la Caridad de este Hospital, exige una veneración pública. Invitamos a asistir al servicio fúnebre que se celebrará el próximo jueves, día 12 del mes en curso, en la capilla del Hospital, por el alma de esta Madre compasiva con los pobres. La virtud y las dotes que adornaban su alma han suscitado vuestra admiración y su recuerdo permanecerá siempre entre nosotros”.

Y un testigo del juicio diocesano de 1907-1909 declaró: “todos los que están relacionados directa o indirectamente al juicio eran esencialmente anticatólicos porque eran jacobinos. Mi convicción es que Sor Marguérite Rutan murió mártir en el sentido estricto y jurídico de la palabra, la condenaron a muerte en odio de la religión y aceptó esta muerte por amor de Dios.”

Ilustración de la Beata con el hábito de las Hijas de la Caridad y el lirio, símbolo de su virginidad.

Quedaba claro, pues, que la madre Rutan había sido víctima del odio jacobino a la fe cristiana y llevada a un juicio rápido y expeditivo y de ahí, a la guillotina, basándose en falsas acusaciones y calumnias. Ella lo había dado todo por sus semejantes y ellos le habían recompensado con la cárcel, la humillación y la muerte. Sin embargo, pese a resultar claro y verídico el martirio de esta gran mujer, su proceso de reconocimiento a su santidad no ha estado exento de tropiezos desde el principio. En primer lugar, se necesitó un siglo para que la Iglesia de Francia empezara a reconocer la dignidad de los mártires de la Revolución Francesa, de los que hay gran cantidad.

La Compañía decidió iniciar su causa mediante el proceso informativo, que tuvo lugar entre los años 1919-1922, siendo papa Benedicto XV, pero no se llegó a formular la Positio correspondiente al proceso apostólico. ¿Cómo fue esto? Monseñor Touzet, obispo de Aire, había constituido un tribunal eclesiástico para instruir la causa de Sor Marguérite Rutan. Comienza el pleito informativo, llamado pleito del Ordinario. En 1909, Roma pide un secundo pleito diocesano, dicho de non cultu para asegurarse que ningún culto ha sido rendido a Sor Rutan, lo que hubiera comprometido irremediablemente su beatificación. La palabra pertenece a partir de ello a la Santa Sede, pero la causa no estaba todavía introducida en Roma en 1916, a pesar de la dispensa de la demora de 10 años que tenía que transcurrir entre el proceso informativo y la introducción oficial de la causa. Benedicto XV firma sin embargo el 24 de enero de 1917 “la introducción de la causa de la Sierva de Dios Marguérite Rutan” pero Roma pide un segundo pleito de non cultu y el 11 de diciembre de 1918 la Congregación de los Ritos ratifica que efectivamente “ningún culto ha sido rendido a Sor Rutan”.

Y allí quedó todo hasta la tardía fecha de 1994, momento en que la paralizada causa es retomada con ocasión de la celebración del bicentenario de su martirio; y finalmente en 2005 se elabora la Positio como causa histórica. Pero no es hasta el 12 de enero de 2010 cuando el Congreso de los Consultores da su voto favorable y unánime a dicha Positio. Y como sabemos, la beatificación ha tenido lugar el 19 de junio de 2011.

Éste ha sido el largo camino recorrido para el reconocimiento de la santidad y del martirio de una mujer que desde una temprana vocación religiosa se entregó al prójimo, al servicio del enfermo, el herido y el abandonado; que dirigió con eficacia y competencia hospitales y escuelas; que fue perseguida por su protesta y su resistencia a los excesos de la Revolución durante el período del Terror, y que tras padecer la cárcel y la humillación pública, fue guillotinada y arrojada a una fosa común. Quiera Dios que no olvidemos jamás el ejemplo de personas como ella, cuya vida es un regalo para todos y su martirio una lección para nosotros; y que podamos pronto verla canonizada como se merecen los que dan la vida por la fe y por los demás.

Meldelen

Para saber más:
Web de la beatificación: http://rutan.cef.fr/espagne/index.html
Presentación PPT: Sor Marguérite Rutan: una intrépida Hija de la Caridad (1736-1794). Sor Mª Ángeles Infante y Sor Consuelo Ajenjo, HC.
Vídeo de la beatificación

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es