María, Auxiliadora de los Cristianos

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Imagen de María Auxiliadora venerada en Sevilla (España).

Imagen de María Auxiliadora venerada en la Inspectoría de Trinidad, Sevilla (España).

Origen del nombre
Uno de los títulos de la Santísima Virgen María al que los fieles le tienen más cariño es precisamente el de María Auxiliadora. No es un nombre moderno, pues su origen se remonta a los primeros siglos del cristianismo, tampoco es una devoción particular, pues el significado de su mensaje es comunitario, es decir eclesiástico.

En las iglesias orientales, junto al nombre de Theotokos (Madre de Dios), se invoca a María como Boeteia, es decir: “la que trae los auxilios venidos del cielo”. San Juan Crisóstomo la invoca como: “Auxilio potentísimo” de los seguidores de Cristo. San Sabas de Cesarea la llama “Auxiliadora de los que sufren”. El orador Proclo refiere: “La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora, porque nos trae los auxilios de lo alto”. El poeta grecorromano Melone llama a María “auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles”. San Sofronio de Jerusalén dijo: “María es Auxiliadora de los que están en la tierra, la alegría de los que están en el cielo”. San Germán de Constantinopla dice en un sermón: “Oh María, tú eres poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos que defienden a la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar. Auxiliadora del pueblo humilde que necesita tu ayuda”. San Juan Damasceno dice: “La Virgen es Auxiliadora para conseguir la salvación, Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte”. Este santo es el primerio que refiere la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”.

En Ucrania, hacia el año 1030, el príncipe Metislao proclamó “Auxiliadora” a la Virgen María, porque salvó de la invasión de las tribus paganas a su nación. Desde entonces, el 1 de octubre se celebra a María “Pokrow” (Auxiliadora), siendo esta fecha en que las iglesias orientales celebran esta advocación mariana.

En Occidente, la fe católica tuvo origen de la devoción en Alemania. Allí se comienza a invocar a la Madre de Dios como María Auxiliadora. Había en Passau una capilla dedicada a María Auxiliadora, a donde acudían en grandes peregrinaciones. Tanto en Munich, capital de Baviera, como en Innsbruck, capital del Tirol, los católicos sintieron la protección especial de la Virgen durante las guerras y la peste en el siglo XVII; también experimentaron una verdadera renovación espiritual. Hacia 1627 el Papa Urbano VIII reconoce la Cofradía de María Auxiliadora, que se convirtió en la promotora de esta devoción Mariana.

Imagen de María Auxiliadora venerada en el barrio de Triana, Sevilla (España), conocida como "La Sentaíta".

Imagen de María Auxiliadora venerada en el barrio de Triana, Sevilla (España), conocida como “La Sentaíta”.

En el año de 1571 sucede en el Golfo de Lepanto, una de las batallas más decisivas para que el Islam no cubriera con su fe a Europa. Es conocido el auge que tuvo esta religión desde su nacimiento en Arabia y cómo fue conquistando regiones enteras donde antes había florecido el cristianismo: Palestina, el norte de África, España. La conquista se impuso por su fuerza militar bien organizada, por lo bien dotado del armamento, por su fuerza naval y por la gran cantidad que formaba el ejército turco, pueblo que profesaba esta religión y que trataba de conquistar al mundo. Con el peligro de que se invadiera a Roma y para evitar las consecuencias que de ello resultara, el Papa San Pío V convocó la defensa de la cristiandad occidental. Se formó un ejército integrado por las naciones cristianas, capitaneado por Don Juan de Austria, hermano del Rey Felipe II de España.

Con una desventaja tanto de hombres como de naves, el 7 de octubre de ese año se realizó la batalla más memorable que han visto los siglos, según palabras de Miguel de Cervantes. Las circunstancias adversas pronto se vieron modificadas por el viento y el ejército cristiano derrotó al contrincante turco. Mientras la batalla se realizaba, en Roma San Pío V rezaba el rosario con el pueblo, pidiendo la protección de Dios para la cusa cristiana. La tradición asegura que de manera sobrenatural, el Santo Pontífice tuvo conocimiento de la victoria en el mismo instante e invitó a los fieles a dar gracias por ello. Es en memoria de este suceso que instituyó la fiesta de Santa María de la Victoria y del Rosario el 7 de octubre.

La invocación de “María, Auxilio de los Cristianos”, sin embargo, no fue inscrita por él en las letanías lauretanas, pues ya estaba incluida entre ellas desde 1558; el pueblo cristiano, sencillo y piadoso, la hizo más popular por esta razón. Fue hasta 1601 cuando el Papa Clemente VIII las aprobó como oficiales para la Iglesia Universal, tomando como referencia las que se rezaban en el Santuario de Nuestra Señora de Loreto, siendo conocidas por ello, como letanías lauretanas.

El sueño de las dos columnas experimentado por San Juan Bosco en relación a María Auxiliadora.

El sueño de las dos columnas experimentado por San Juan Bosco en relación a María Auxiliadora.

En 1683 nuevamente hubo una batalla entre cristianos y turcos. La ciudad de Viena había sido sitiada y Europa, convulsionada y dividida por las guerras protestantes y las luchas sociales, se vio en peligro para subsistir como una entidad cristiana. Se formó una alianza convocada por el Papa Inocencio XI e integrada por Austria, Alemania y Polonia. Los creyentes acudieron a la protección de María con la invocación de “María hilf”, que quiere decir: “María auxílianos”. Esta invocación obtuvo nuevamente la victoria para las fuerzas cristianas, otra vez inferior a las fuerzas islámicas. El 12 de septiembre de 1683 las fuerzas lideradas por Juan III Sobieski, Rey de Polonia y entre las que se encontraba él mismo, derrotaron a los turcos. Viena quedó liberada y el ejército turco tuvo que desistir definitivamente de invadir ese continente. En memoria de esta victoria se instituyó la Fiesta del Santo Nombre de María. En el siglo XVII esta advocación pasó al norte de Italia, en el Ducado de Saboya, cuya capital es Turín. Aquí la conoció San Juan Bosco y él es quien la revitalizó y propagó de tal manera que se convirtió en su apóstol.

Institución de la fiesta
En el siglo XIX, Napoleón Bonaparte se convirtió en el árbitro de Europa. Su campaña militar le llevó a ultrajar gravemente a dos papas: Pío VI, que murió en el destierro y a Pío VII, que fue víctima de su despotismo. Alejado este Papa de Roma y hecho prisionero de Bonaparte durante cinco años, su panorama cambió en 1814, cuando Napoleón fue derrotado y desterrado luego de la Batalla de Waterloo. El Papa había prometido a la Virgen Santísima, que si obtenía de Dios su liberación por intercesión suya, la honraría con la creación de una nueva fiesta mariana. Entonces, el Papa quedó en libertad y pudo volver a Roma precisamente el día 24 de mayo de ese mismo año y conforme a un decreto fechado el 16 de diciembre, en Roma y los Estados Pontificios, la fecha del retorno del Pontífice era la escogida para celebrar a María Auxiliadora de los Cristianos. Como puede observarse, el título de Auxiliadora aparece en un contexto con clara significación religiosa y social.

San Juan Bosco y María Auxiliadora
San Juan Bosco fue un sacerdote nacido en el Piamonte el 16 de agosto de 1815. Él fue quien propagó e impulsó la devoción a María Auxiliadora tal como la conocemos actualmente. Este santo inculcó el cariño a esta advocación de tal manera entre los miembros de las congregaciones por él fundadas, entre los niños, adolescentes y jóvenes por ellos atendidos, las familias de éstos, sus colaboradores y benefactores, entre el clero de Turín y de la Santa Sede y todo el pueblo cristiano con quien tenía contacto, que la Virgen le respondió de una manera particular, entrañable y llena de prodigios.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Entre el santo y la Virgen se forjó una relación tan íntima y tan llena de colaboración, que María Auxiliadora recibió otro nombre no menos significativo: “La Virgen de Don Bosco”. Desde su primera infancia y hasta 1862, en sus enseñanzas y devociones, la figura de María es la de la Inmaculada; en sus sueños por ejemplo, aparece María sin un título determinado. La iconografía que recuerda estos sueños, en las manifestaciones de María, se le representa como la Inmaculada de Lourdes: vestida de blanco con el cinto azul ceñido a la cintura. Así se puede ver en la pintura del sueño de las Dos Columnas o en la representación del sueño del elefante y otros más. Don Bosco vive entonces un tiempo de cambios en Italia, por un lado la Revolución Industrial y por otro, el fin de los Estados Pontificios. Muchos eventos y sucesos contradictorios que afectaban la vida social y religiosa realmente hicieron que Don Bosco los considerara como tiempos difíciles. Y llevado por el instinto, la inspiración y otras causas comparte con sus allegados: “La Virgen quiere que la invoquemos como Auxiliadora de los Cristianos. Corren tiempos difíciles y es necesario invocarla de esta manera”. Para llegar a este punto es necesario recordar brevemente el sueño de los nueve años. Sólo así se comprenderá el lugar y la trascendencia de la Santísima Virgen María en la vida y obra de este santo y cómo llegó a ser tan querida esta advocación.

A los nueve años Juanito Bosco tuvo un sueño que sería el emblema de su obra apostólica: en medio de un prado ve a muchos muchachos que juegan. La intensidad del juego hace que empiecen a luchar entre sí de manera muy violenta. Algunos de ellos también blasfeman. Juanito quería detenerlos y los exhorta a dejar de pelear, pero no puede y tampoco le hacen caso y se desespera. Finalmente interviene de manera protagonista peleando a golpes contra ellos. De repente los jóvenes se transforman en muchos tipos de animales salvajes que se atacan entre sí. Juanito se apesadumbra y escucha luego una voz que le dice: “Así no, con cariño los puedes trasformar”. El niño voltea y se encuentra con un hombre de mucha dignidad, colmado de majestad y con un rostro lleno de amabilidad. Le pregunta: “¿Quién es usted?” y el personaje le responde: “Soy el Hijo de Aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día” y luego lo invitó a controlar la situación y a transformar a los jóvenes convertidos en fieras. “No sé cómo hacerlo”, le responde el niño al personaje, quien le dice: “Yo te daré una Maestra bajo cuya disciplina puedes llegar a ser sabio y sin la cual toda sabiduría es necedad” y con la mano le indica a una Señora de bellísimo aspecto que se encuentra a unos pasos, la cual le toma por la mano y le dice: “He aquí tu campo. Aquí tienes que trabajar. Hazte humilde, fuerte y robusto, lo que veas ahora que sucede con estos animales, tú deberás hacerlo en adelante con mis hijos”.

Vista de la fachada de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Vista de la fachada de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

El Hombre le pide que vuelva a mirar a la turba de animales salvajes que ahora se ha convertido en un dócil rebaño de corderos. Juan no entiende lo que sucede y turbado comienza a llorar, la Señora lo consuela y pone su mano sobre la cabeza del niño y le dice: “A su tiempo lo comprenderás”. Así pues, la Virgen María será la Madre, la Maestra, la Protectora de trabajo de Juan Bosco. Ella será la fuerza en sus empresas, su protección en las necesidades, será la guía de su obra apostólica y quien respaldará y dará garantía a su labor. En todas sus dificultades Don Bosco la invocará y también la hará invocar por quien tiene problemas en el alma o en el cuerpo, en su vida social, en su economía. Y podrá expresar con razón: “Tened fe en María Auxiliadora y veréis lo que son los milagros”.

En mayo de 1887, unos meses antes de morir, Don Bosco celebra la misa en el altar de María Auxiliadora, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús que el Papa León XIII le pidió que hiciera construir en Roma. Al concluir de celebrarla, Don Bosco se puso a llorar, pues toda su vida y su obra se le presentaron de pronto. “A su tiempo lo comprenderás”. Don Bosco cayó en cuenta de que María, la Auxiliadora, la Maestra, la Guía, por medio de su persona se había valido para mostrar su amor a sus hijos. No en vano, el Santo diría constantemente: “Ella lo ha hecho todo”.

San Juan Bosco encontró en Turín, en la iglesia de San Francisco de Paula, una imagen de María Auxiliadora y conocía también una asociación inspirada en la Virgen existente en Munich. Es en 1862, cuando tiene cuarenta y siete años, cuando hace su opción definitiva. Es en su plena madurez, cuando su obra en Valdocco se ha consolidado, que comienza a invocar a María como “Auxilium Christianorum”. A Don Juan Cagliero, que será el primer cardenal salesiano, le hace esta confidencia: “La Virgen quiere que la invoquemos como Auxiliadora. Los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos la necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana”. Desde ese año el título de Auxiliadora aparece en la vida de San Juan Bosco y en su obra como catalizador y sintetizador de su trabajo. Toda la oración salesiana termina desde entonces con la invocación: “María Auxiliadora de los Cristianos, rogad por nosotros”. Y es que en Ella se muestra el rostro materno de Dios.

Vista del interior de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Vista del interior de la Basílica de María Auxiliadora en Turín, Italia.

Una Basílica para la Virgen
Don Bosco desde joven soñó construir un templo para la Virgen. Al comienzo de su obra apostólica, edificó la Capilla Pinardi. Luego, el templo de San Francisco de Sales y finalmente la Basílica de María Auxiliadora. Cuando comenzó la construcción de esta iglesia, no estaba proyectada como una capilla que se va extendiendo y modificando con el paso del tiempo. Lo proyecta como un templo de grandes dimensiones, digno de la majestad de María Auxiliadora. Cuando presenta el proyecto al arquitecto y éste le pregunta que con cuánto dinero cuenta para esta obra de semejante envergadura, Don Bosco abre su monedero y lo vacía en sus manos: son cuarenta céntimos. Semejante cantidad no lo desanima. Dos sueños lo impulsan a hacerlo. En 1844 soñó que miraba una grande y muy hermosa Iglesia, cuya fachada tenía esta inscripción latina esculpida en el frontispicio: “Hic est domus mea. Inde gloria mea”. Esta es mi casa, de la que saldrá mi gloria. En 1845 refiere este otro sueño, del que tiene una precisión fotográfica. Se encuentre en un prado y de pronto se presenta la Señora de una manera llena de magnificencia. Con su pie señala un punto preciso diciendo: “En este lugar, santificado y bañado con la sangre de los Santos Mártires de Turín Adventor, Solutor y Octavio, aquí me construirás el templo”. Don Bosco, al despertar fue a buscar el punto exacto de su sueño y lo señaló. Allí se construyó la Basílica de María Auxiliadora. De hecho, actualmente, en el pavimento de la Basílica hay una seña que indica el lugar que pisó la Madre de Dios en el Sueño de San Juan Bosco.

En el sueño de 1844, la Virgen le había dicho al Santo: “Todo lo comprenderás cuando con tus propios ojos veas realizado lo que ahora contemplas con los ojos de la mente”. La construcción de la iglesia se inició en 1863 y tuvo que enfrentar las trabas que presentó el Ayuntamiento de Turín, pues el título presentaba dificultades ideológicas para los políticos de la época. Pero Don Bosco no se dio por vencido y sorteó los obstáculos. El templo se construyó y se consagró en cinco años. Un tiempo realmente rápido y sorprendente. Las fiestas de la dedicación duraron nueve días y era patente que María Auxiliadora se había construido su propia casa. San Juan Bosco aclararía: “No hay en el templo un ladrillo que no sea señal de alguna gracia de María Auxiliadora”. Esta Basílica es como el corazón de la obra salesiana. En ella están los restos de San Juan Bosco, de Santa María Domininica Mazzarello, Santo Domingo Savio y de los Beatos Miguel Rúa y Felipe Rinaldi. Este santuario es uno de los centros de espiritualidad más vivos en la Iglesia Católica y cada capilla o altar dedicado a María Auxiliadora en cada obra salesiana, es como una extensión de la misma. El 28 de junio de 1911 fue elevada al grado de Basílica Menor.

Lienzo de María Auxiliadora con los apóstoles que preside el altar mayor en su Basílica de Turín, Italia. Obra de Tommaso Lorenzone.

Lienzo de María Auxiliadora con los apóstoles que preside el altar mayor en su Basílica de Turín, Italia. Obra de Tommaso Lorenzone.

El cuadro de María Auxiliadora
La pintura de María Auxiliadora que preside el altar mayor de la Basílica mide siete metros de altura y es una monumental obra de arte. Está realizada en base a una idea de San Juan Bosco y fue hecha por el pintor Tomás Lorenzone. Tuvo que reducirse la idea, pues el Santo quería que estuvieran todos los coros de los santos: los mártires, las vírgenes, los confesores, etc. El artista tuvo que disuadirlo por lo imposible que sería realizarla, pues su tamaño sería realmente enorme. La pintura quedó como la conocemos: la Virgen está el centro y se mueve en un mar de luces y de majestad. Está rodeada de ángeles, los cuales la saludan como su Reina. Con la mano derecha sostiene el cetro, que es el símbolo de su gran poder, con la izquierda sostiene al niño Jesús, quien tiene los brazos abiertos, ofreciendo de esta manera su gracia y su misericordia a quien recurre a su augusta Madre. Viste una túnica color rosa ceñido por una faja y porta un gran manto azul con el cual puede envolverse. Su cabello está suelto y lleva sobre su cabeza una corona ducal con una cruz al frente. Rodea también a su cabeza una diadema con doce estrellas. Sobre ella se posa el Espíritu Santo en forma de paloma, sobre la cual está un triángulo equilátero, que identifica a Dios Padre. Flanquean a la Virgen los Apóstoles, que pueden identificarse al observar los instrumentos de su martirio. A los pies de la Virgen se pueden identificar a los Príncipes de los Apóstoles. Están incluidos también los evangelistas. A lo lejos se identifica la ciudad de Turín, con la Basílica a Ella dedicada.

Cuando el artista le mostró a San Juan Bosco la obra terminada, le dijo emocionado que al pintar el rostro de la Virgen sentía cómo una mano lo iba guiando. Por ello, la faz de María Auxiliadora tenía un aire lleno de belleza celestial. Mirar este cuadro es contemplar un gigantesco dinamismo eclesial. Allí está la Madre de la Iglesia, la Madre de los creyentes, la protectora de la juventud, la triunfadora de las herejías, la abogada de los seguidores de Cristo, la Auxiliadora del pueblo cristiano. [1]

La devoción a la Virgen de Don Bosco
No caben en los libros las grandes maravillas que ha obrado Dios por intercesión de María Auxiliadora. Don Bosco fundó el Boletín Salesiano precisamente para darlas a conocer y propagar así su devoción. También compuso una novena para implorar su protección. Las medallas y estampas de esta advocación las repartió a millones. De esta manera tan sencilla, el santo realizó verdaderos prodigios. Era su manera de evangelizar. De esta manera el santo de los jóvenes se convirtió en el apóstol de María Auxiliadora.

La Virgen indica a San Juan Bosco dónde quiere que se construya su Basílica. Lienzo contemporáneo.

La Virgen indica a San Juan Bosco dónde quiere que se construya su Basílica. Lienzo contemporáneo.

Escribió además seis libros que ilustran esta devoción. Fundó el Instituto de la Hijas de María Auxiliadora, cuya primera superiora fue Santa María Dominica Mazzarello. En 1872 fundó la Archicofradía de María Auxiliadora (hoy Asociación de Devotos de María Auxiliadora), aprobada por el Beato Pío IX el 5 de abril de ese año. Compuso la Bendición de María Auxiliadora y obtuvo de la Santa Sede su aprobación. Esta bendición, propagada por los salesianos, ha obtenido muchísimas gracias. A él se debe también que el día 24 de cada mes se conmemore de manera especial a la Virgen Auxiliadora. Además popularizó el mes de mayo de manera que en la familia salesiana se conoce como el mes de María Auxiliadora.

La devoción a María Auxiliadora se ha propagado por todo el mundo gracias a la familia salesiana. En América Latina sobre todo, en Sudamérica, se ha consolidado fuertemente, al grado de que su celebración litúrgica se ha oficializado en los calendarios. En Costa Rica y Venezuela tiene el grado de memoria obligatoria, mientras que en Argentina es opcional. En México, en el Distrito Federal es obligatorio referir su Santuario Nacional, ubicado en la colonia de Santa Julia, y que es un bello templo de estilo gótico. En Guadalajara tiene un templo dedicado cerca del barrio de Analco. Otra bella iglesia a ella dedicada se encuentra en Colima.

En España su devoción también es latente y fuerte. Los altares y templos para Ella son numerosos. Las Inspectorías Salesianas de este país han declarado santuario Inspectorial los templos dedicados a ella en cada Inspectoría: Barcelona-Sarriá, Gerona, Córdoba, Vigo, Madrid-Atocha, Bilbao-Deusto, Málaga. La Inspectoría de Sevilla-Trinidad es notable por poseer tal vez la imagen más bella de la Auxiliadora, con sede en el antiguo convento de los trinitarios. Otro caso particular en esta misma ciudad es el de la imagen sedente, conocida como “La Sentaíta” y que se ubica en el barrio de Triana. En Utrera se encuentra el último y más reciente santuario, la imagen de este lugar es policromada, está hecha en Marsella y es una donación hecha por el propio San Juan Bosco. Cuando los salesianos llegaron a España, pusieron en este lugar las bases de la devoción a María Auxiliadora en territorio español. Es oportuno señalar cómo en este país son numerosas las plazas y calles que llevan el nombre de María Auxiliadora. En China, el santuario mariano de Sheshan en Shangai, también es un lugar floreciente de devoción a este título mariano.

Pequeña imagen de María Auxiliadora colocada en un anda con flores para su procesión del 24 de mayo. Oratorio Salesiano de San Luis Gonzaga, México.

Imagen de María Auxiliadora colocada en una camioneta con flores para su procesión del 24 de mayo. Oratorio Salesiano de San Luis Gonzaga, México.

El 24 de mayo es un día grande. Los miembros de la familia salesiana y los devotos de María Auxiliadora se llenan de alegría por esta fiesta preparada con antelación con su correspondiente novena. En la Eucaristía de este día, se lee en el Evangelio el episodio de las bodas de Caná, relatado por San Juan. De allí se desprende la función comunitaria de María, pues da a los seguidores de su Hijo la pauta de: “Hagan lo que Él les diga”. Cristo da a sus seguidores un vino nuevo que los llena de alegría. El evento más popular de este día es la Procesión de María Auxiliadora. Su imagen es paseada por las calles del barrio y así, de esta manera simbólica, la Madre camina con sus hijos.

En las Inspectorías de México, el domingo más cercano a esta fecha se hace la fiesta exterior, que consiste en la realización de una kermesse, cuyo fin es el de promover el espíritu de comunidad. Para concluir este artículo, se transcribe la oración litúrgica que se usa en la misa y en la liturgia de las horas: “Oh Dios, que hiciste a la Virgen María Madre y Auxilio de los cristianos: fortalece a tu Iglesia con su intercesión, para que pueda superar con paciencia y vencer con amor las opresiones interiores y externas y así manifestar abiertamente a los hombres el misterio de Cristo”.

Humberto

Bibliografía:
– VVAA “Con María Auxiliadora en el camino de la fe” 1984, Madrid, Central Catequética salesiana, pp13-32.
– VVAA “María Auxiliadora en España” 1984 Madrid, Central Catequética Salesiana.
“San Juan Bosco y María Auxiliadora” Apostolado Mariano, Sevilla. pp 6.


[1] En su templo de Rocafort, Barcelona, la imagen de María Auxiliadora es una talla, se encuentra en un nicho al centro de un mural de estilo moderno, el cual tiene algo de la idea original de Don Bosco. A la Virgen la rodean muchos santos, seleccionados de entre cada coro.

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