Beata Maria Climent Mateu y su madre, Júlia Mateu: las mártires de Xàtiva

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Fotografía de la Beata poco tiempo antes de su muerte.

La mujer de la que hablaremos hoy se cuenta entre el número, desgraciadamente alto, de laicas de Acción Católica que fueron asesinadas durante la Guerra Civil Española (1936-1939) por el mero hecho de ser creyentes y de dedicarse al apostolado y a la piedad. En este caso, Maria Climent y su madre son las únicas mujeres que se cuentan entre los mártires de Xàtiva (Valencia, España); la mayoría de ellos en tiempos de guerra y con la única excepción de San Jacinto Castañeda, martirizado en Tunkín en el siglo XVIII.

Pero hablemos de ella. Maria Climent Mateu nace en Xàtiva el 13 de marzo de 1887, hija de Josep Climent y de Júlia Mateu. La familia es feligresa de la parroquia de Santa Tecla, por lo que será allí donde es bautizada, donde toma la primera comunión y recibe el sacramento de la confirmación. Su tío, don Joaquim Climent, que la bautizó, era el vicario de dicha parroquia. Es por tanto, un ambiente muy religioso en el cual Maria se cría, siendo de misa y comunión diarias, y dedicando siempre una hora del día a la oración. La enseñanza elemental la aprendió en la Escuela Nacional de la ciudad, y desde pronto tuvo claro el deseo de consagrarse a Dios, pero como seglar, trabajando siempre desde su parroquia.

Maria, fervorosa y comprometida, formó parte de las Hijas de María, se comprometió con las Marías de los Sagrarios y el Rosario perpetuo, pertenecía a la Asociación de San Vicente de Paúl, trabajaba con los pobres de la parroquia, repartiéndoles ropa, comida y consuelo; era miembro activo del Apostolado Social de la Mujer, de las Cofradías del Santísimo Ecce Homo y de San Jacinto Castañeda, de Nuestra Señora de las Nieves y de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Como si esto no fuese suficiente, formó un coro parroquial para promover el canto litúrgico y se ocupaba de los ornamentos litúrgicos de la parroquia. Y aún más: organizó el Sindicato Católico Femenino perteneciente a la Pía Unión y a las Activas del Apostolado Social, hoy llamado Instituto Secular (lo que es conocido como Sindicato de la Aguja).

Cuento todo esto para que se vea que Maria era bien conocida en la ciudad por su actividad de apostolado a tiempo completo, lo que luego le costará la vida. Todo esto, aunque pueda parecer mucho, está perfectamente demostrado y refrendado por la declaración de numerosos testigos durante el proceso de beatificación, de los cuales he querido destacar el de Ana María Penadés Garrido:

Estampa italiana de la Beata, perteneciente a la serie de laicas de Acción Católica editada con ocasión de las beatificaciones de 2001.

“Aunque no tenía una posición desahogada, pertenecía a las Conferencias de San Vicente de Paúl en su parroquia de Santa Tecla, en la que era directiva, y tanto en las Conferencias como al margen de ella, hacía un gran bien a todos los pobres de Xàtiva de todas las parroquias. Estaba relacionada con todas las familias pudientes de Xàtiva y por ella ejercían aquéllos la caridad. A Maria acudían los necesitados con la seguridad de que ella atendía sus dificultades, no sólo económicas, sino en las gestiones con el Municipio y problemas de todo orden. Con una abnegación ejemplar, la Sierva de Dios les atendía y acudía a sus amistades para alcanzar el remedio oportuno.

Su amor al culto y al esplendor de la liturgia le movió a actuar en los coros parroquiales, no sólo de Santa Tecla sino de la Seu y de San Pedro también. Era la base de ellos y en los ensayos aprovechaba toda oportunidad para explicar el sentido de los cantos y aconsejar a cuantas intervenían en los cantos.

Era miembro activísimo de las juntas de Hijas de María, del beato Jacinto Castañeda, Ecce Homo, etc. Su actuación en estas juntas era de gran eficacia, pues alentaba constantemene a la actuación. Cuando yo tenía 19 años, fundó ella la Organización de obreras, vinculada a la Obra Social Femenina de la Virgen de los Desamparados, fundada poco antes en Valencia. Recuerdo que muy pronto vino a visitarnos el M.I.Sr.D.Félix Bilbao, luego obispo de Tortosa, y la señorita María Lázaro. Muy poco después comenzaron las clases para obreras, encargándose la Sierva de Dios de la parte de Cultura General y de Labores. Luego llegó a ser Asesora general durante dos o tres años. Fundó también la Caja Dotal y la Mutualidad de Enfermeras.”

Parece mentira que una sola mujer pudiese hacer tanto, pero así era. Maria se había consagrado a su parroquia y a su ciudad para ejercer el apostolado; para lo que le daba fuerzas la misa matutina y la comunión diaria. No es de extrañar, entonces, que al estallar la guerra y con ella, la persecución religiosa en 1936, ella iba a ser un objetivo irremediable para los que la odiaban por lo que hacía. En su caso, sus familiares le rogaron que huyese a Valencia, para estar allí más segura; a lo que ella se negó rotundamente, diciendo: “Si es voluntad de Dios que me maten, por mucho que me esconda, me encontrarán, así que nos quedamos aquí.”

Sepulcro de la Beata. Iglesia de Santa Tecla, Xàtiva (Valencia, España).

Y así fue. El 20 de agosto de 1936, a las tres de la madrugada, fueron los milicianos a arrestarla. Entonces, Júlia Mateu, su madre, hizo gala de gran valentía, pues se negó a abandonarla: “Juntas hemos estado siempre, yo te he enseñado a amar a Dios y por eso te quieren matar. No te dejaré sola en estos momentos.” Así que a las dos las sacaron de su casa y las llevaron hacia el cementerio, con la intención de fusilarlas de inmediato.

Sin embargo, el camino fue un auténtico suplicio, porque se dedicaron a torturarlas a su gusto, golpeándolas con extrema crueldad. A Maria, con toda saña, le rompieron un brazo, le daban bofetadas constantemente intentando que gritara: “¡Viva el comunismo!”; pero ella, sin venirse abajo, les respondía: “Moriré gritando, ¡viva Cristo Rey!”. Profundamente indignados por la entereza de las dos mujeres, no llegaron al cementerio, las abatieron a tiros poco antes de llegar a él. Maria tenía 55 años de edad, y su madre, naturalmente, era ya anciana.

Daremos ahora voz a don Francesc Climent Mata, pintor y feligrés de la Seu, quien nos dejó el escalofriante testimonio del hallazgo de los cadáveres, luego incluido en el proceso de beatificación:
“Yo mismo fui al lugar de la ejecución a eso de las 7’30 de la mañana, en cuanto me dijeron que la Sierva de Dios y su madre habían sido muertas. Fui en taxi con mi propio hermano, el abogado don Joaquim, el cual no tuvo valor para bajar del coche. Los cadáveres estaban separados: el de la Sierva de Dios al borde del camino. El cadáver de la Sierva de Dios aparecía con sus vestidos, pero descubierta; sus carnes aparecían amoratadas por los golpes; la cabeza la tenía totalmente desfigurada por los golpes que le habían dado. Yo entonces la cubrí, poniendo en su boca un trozo de algodón hidrófilo. Volví a Xàtiva, pidiendo permiso al Comité, que estaba en el salón de armas del cuartel de Infantería, para enterrar a la Sierva de Dios y a su madre. Obtenido el permiso adquirí dos ataúdes en los que llevamos los cadáveres al depósito del cementerio. De cuatro a cinco de la tarde, los enterramos en el lugar en que ahora reposan. La impresión que esta muerte produjo en Xàtiva fue de horror y de indignación. Todos atribuyeron su muerte a ser una cristiana tan destacada y tan propagandista de su Religión”.

Ése fue el fin de quien se había dado a sus semejantes: el tormento y la muerte. Maria Climent Mateu, mártir de la fe cristiana, fue beatificada el 11 de marzo de 2001 por el papa San Juan Pablo II, en la ceremonia conjunta de beatificación de los 233 mártires valencianos de la Guerra Civil Española (1936-1939). Actualmente sus restos se veneran en su querida parroquia de Santa Tecla en Xàtiva, donde acuden a visitarla miles de devotos; aunque un hueso del dedo del pie se venera en la iglesia de San Jerónimo de Valencia desde el año 2004.

Féretro con los restos de la Beata (el primero a la derecha) y urnas de los demás mártires de Xàtiva. Iglesia de la Seu, Xàtiva (Valencia, España).

Terminaré diciendo que, lo que más sorprende de todo el caso, es que la madre no sólo no haya sido beatificada junto a su hija, sino que ni siquiera se le ha abierto el menor proceso. Desde Roma se ha pedido que se inicie la causa de Júlia Mateu, quien compartió con su hija el sufrimiento y la muerte, y que lo hizo además de forma voluntaria, por no abandonarla a ella, cuando fácilmente podría haber salvado la vida; ya que ella no era el objetivo. Esperemos que pronto esta valiente mujer, digna madre de una digna hija, comparta con ella el reconocimiento al mérito del martirio.

Meldelen

Bibliografía:
–          CLIMENT BONAFÉ, Arturo: Bienvenidos al Cielo. Vidas ejemplares de la Iglesia de Xàtiva. Colección Testigos, nº30. Ed. Edicep, Valencia 2003.

Enlaces:
–          www.parroquiasanjeronimo.net (consultado a 25/07/2011)

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