Santa María de Egipto (II)

Óleo de la Santa por José de Ribera (1641), Musée Fabre, Montpellier (Francia)

Óleo de la Santa por José de Ribera (1641), Musée Fabre, Montpellier (Francia)

Escribir sobre esta Santa es cosa harto complicada, porque no existen fuentes históricas sobre la misma y todo se basa  en los escritos de San Sofronio de Jerusalén y otras leyendas palestinas. Aun así y sabiendo que el tema va a ser árido, hagamos un intento.

San Sofronio, obispo de Jerusalén en el siglo VII, es el primero que escribe la vida de María y, aunque su carácter histórico es casi inexistente, está basado sobre un hecho real: la existencia de una tumba de una Santa palestina solitaria llamada María. Según Sofronio, María nació en Egipto y a los doce años se marchó de la casa paterna y fue a Alejandría para hacer todo aquello que se le antojase, fuera o no pecaminoso; y así vivió hasta los dieciséis años de edad.

Un día, viendo a unos peregrinos que embarcaban hacia Jerusalén, llevada por la curiosidad y por sus deseos de nuevas aventuras, se unió al grupo. Pero sus ansias de placeres terrenales (de todo tipo) se le acabaron en Jerusalén el día de la festividad de la Santa Cruz. Ella, como todo el grupo, intentaba entrar en la basílica, pero una fuerza interior se lo impedía una y otra vez. Cansada de intentarlo y de no poder acceder al templo, se dirigió a una imagen de la Virgen, se puso de rodillas y le suplicó la gracia de la conversión. Inmediatamente, pudo entrar en la basílica y venerar la Santa Cruz, rogándole de nuevo a la Virgen que le indicara qué penitencias tenía que hacer para cambiar de vida.

Sintió la necesidad de marchar hacia el río Jordán y saliendo de la ciudad, un desconocido le dio tres monedas de plata para que comprase pan, ya que sólo pan sería su alimento por lo menos durante diecisiete años. Llegó al Jordán y encontró el santuario dedicado a San Juan Bautista, entró para rezar y se bañó en el río para purificarse. Recibió la Comunión, y con ésta como Viático, inició su largo camino hacia el desierto. Cuando llevaba en el desierto cuarenta y siete años es cuando se encuentra con el monje Zósimo, con el que aparece en numerosas pinturas. Según el relato de San Sofronio, María le cuenta a Zósimo toda su vida. María le ruega a Zósimo verse de nuevo con ella al año siguiente, la tarde del Jueves Santo, en un lugar que ella le indicó en el Jordán, a fin de que el monje le llevase la Eucaristía. Llegado el año, se vieron y María comulgó.

San Zósimo da la Comunión a la Santa. Icono ucraniano moderno.

San Zósimo da la Comunión a la Santa. Icono ucraniano moderno.

Al año siguiente, Zósimo fue nuevamente a la cita y se encontró muerta a María, envuelta en una manta que Zósimo le había dado la primera vez que se vieron. Junto a ella había una inscripción: “Padre Zósimo, entierra el cuerpo de la humilde María; devuelve a la tierra lo que es de la tierra, junta el polvo con el polvo y ruega a Dios por mí. He muerto en el mes de Pharm del calendario egipcio (este mes corresponde a abril en el calendario romano), la noche de la Pasión de Nuestro Señor, después de haber participado con Él en una comida mística”. Zósimo recogió el cuerpo de María, que llevaba muerta un año, o sea, desde la noche del año anterior en el que se vieron y el monje le había dado la Comunión, y se dispuso a darle sepultura, pero no encontrando ningún utensilio para cavar, se llevó la sorpresa de encontrar un león que le ayudó a cavar la sepultura. Cubrió con tierra el cuerpo de María y retornó a su monasterio, donde contó toda la historia a los monjes.

Todos los hagiógrafos modernos ven sólo una pía leyenda en esta historia. Hipólito Delehaye, prestigioso hagiógrafo jesuita  (1859-1941) dice: “Es una creación poética, sin duda una de las más bellas, de cuantas fueron escrita en la Antigüedad”. Pero esta historia no es toda pura invención de San Sofronio; es el desarrollo de una tradición palestina anterior que dice que fue vista una luz sobre la tumba de una ermitaña solitaria que vivió realmente, y cuyo nombre era María.

En efecto, Cirilo de Scitopoli, cuando escribe la vida de Kyriakos, relata un larguísimo paseo que dio por el desierto en compañía de un abad llamado Juan, que le cuenta una historia que sirve de núcleo, de germen, a lo que San Sofronio escribió más tarde: “Mientras estábamos de marcha por el desierto, Juan me indicó un lugar que era llamado la tumba de la beata María y yo, maravillado, le pregunté de qué se trataba; y su respuesta fue: “Hace tiempo que fui con mi condiscípulo el abad Panamón a visitar al abad Kyriakos y vimos a lo lejos a una figura humana junto a un tamarisco silvestre. Creímos que era uno de los anacoretas que vivían en el desierto y nos acercamos para saludarlo. Pero cuando nos acercamos, se disipó como el humo, por lo que nos pusimos a rezar, pensando que era un espíritu maligno. Cuando dijimos “amén” al acabar nuestra oración, vimos una gruta subterránea donde creíamos se habría escondido el eremita y lo llamamos para que nos diera su bendición. Entonces, una mujer nos respondió diciendo, “¿Qué queréis de mí?” Y le preguntamos cuál era su nombre, “cómo vives y cómo has llegado hasta aquí”. Nos dijo, “idos, que os lo diré cuando volváis”; nosotros nos negamos y ella nos dijo: “Yo soy María, de pequeña fui cantora de Santa Anastasia, pero por culpa del diablo, escandalicé con mis acciones a mucha gente. Después de darme cuenta y queriendo redimir mis pecados… fui al Santo Sepulcro, a la Ciudad Santa. Dios me ha conducido hasta aquí, donde llevo ya dieciocho años y nunca me ha faltado ni pan ni agua y no he visto a ningún ser humano hasta hoy”. Y sigue narrando que, vueltos al monasterio, contaron todo y quisieron volver a la gruta del desierto para recibir la bendición de la ermitaña, pero la encontraron muerta, le hicieron las honras fúnebres y la sepultaron dentro de la gruta tapando la entrada con piedras. (Vita Cyriaci, XVIII-XIX).

Relicario de la Santa venerado en Roma.

Relicario de la Santa venerado en Roma.

El hagiógrafo F. Delmas, en su obra “Remarques sur la vie de Sainte Marie l’Egyptienne”, dice que lo escrito por San Sofronio es casi lo escrito sobre San Pablo de Tebas, por lo que concluye su obra diciendo que “para mí, la vida de Santa María de Egipto, escrita por San Sofronio, no es otra cosa que un desarrollo retórico de lo escrito en la Vita Cyriaci”. F. Delmas retoma el problema cuando estudia los escritos de San Juan Mosco, que cuenta la misma historia, aunque con algunas diferencias, a un abad llamado Juan el anacoreta y concluye diciendo: “la mayor parte de las obras de Sofronio el sofista y Sofronio el patriarca, han sido redactadas en Egipto, especialmente ésta sobre Santa María Egipcíaca”.

Este texto de Sofronio influyó notablemente en el autor que escribió la legendaria vida de Santa Teoctista, pero esta vida de Santa María, a diferencia de la otra, se desarrolló extraordinariamente durante toda la Edad Media. Existen, escritas en griego, una obra de Juan Commerciarios, un poema de Nicéforos Prosudos, otro de Máximo Olobolos, un sermón de Manuel Paleólogo, un encomio de Eutimio el protosecretario y muchísimas otras obras sobre ella. Los escritos de Sofronio fueron traducidos al armenio, al sirio, al copto y al etiópico.

Lo mismo que la historia de Santa María Egipcíaca se difundió por todo el Oriente, otro tanto sucedió en Occidente. Pablo el Diácono tradujo al latín los escritos de Sofronio y lo mismo hizo Anastasio el Bibliotecario. Flodoardo le compuso un poema, Hildeberto de Le Mans hizo lo propio y así otros muchos, incluso Jacobo de la Vorágine que le dedicó un capítulo en su “Leyenda Aurea”. En muchos lugares se le dedicaron iglesias: Roma, Calabria, Nápoles (donde se dice que está el cráneo), Tournai, Amberes, etc.

Casi todos los Sinaxarios Bizantinos la conmemoran el día 1 de abril, aunque otros lo hacen el día 3 o el 4 del mismo mes. Se dice que fue el día de su muerte: un Jueves Santo del mes de Pharm. En el Typikon de la Laura de San Sabas, en el desierto de Judea, se la conmemora también el día 1 de abril y los calendarios palestinos y georgianos también la mencionan el día 1, el 4 e incluso el 6 de abril. El Sinaítixo 34 (del siglo X) la menciona el día 2 de diciembre y el calendario siríaco, el 1 de abril. Al igual que el Sinaxario Alejandrino. Aunque el calendario marmóreo de Nápoles la menciona el día 6 de abril, los primeros martirologios occidentales la ignoran. Usuardo fue el primero que la introdujo en su Martirologio y lo hizo el día 2 de abril. Tradicionalmente, en este día se la conmemora en todo el Occidente.

Presunta mandíbula inferior de la Santa. Iglesia de San Nicolás, Dignano (Croacia).

Aunque no existe ninguna fuente histórica que hable sobre el descubrimiento de las reliquias ni las vicisitudes que han corrido durante la antigüedad, las ciudades de Dignano (Croacia), Ekaterimburgo (Rusia), Nápoles (Italia), Moscú (Rusia), Palma de Mallorca y otras dicen poseer reliquias suyas. No hay ninguna garantía de que puedan ser auténticas.

Antonio Barrero

Santa María de Egipto (I)

Icono de la Santa con reliquia incrustada. Iglesia de Santa Catalina la Gran Mártir. Moscú, Rusia.

Icono de la Santa con reliquia incrustada. Iglesia de Santa Catalina la Gran Mártir. Moscú, Rusia.

En la tradición de la Gran Cuaresma, en los himnos litúrgicos es frecuentemente recordada la importancia en la conversión personal. Debido a que, en sus orígenes en la tradición monástica, la misma Cuaresma es importantísima para los cristianos de Oriente, se nos ponen algunos ejemplos de los que debemos aprender y seguir las enseñanzas de sus propias vidas. Hay que saber exactamente como cambiar nuestras vidas y por eso, al hecho de que si un gran pecador, se arrepiente realmente y cambia su vida, pueda convertirse en un santo, en la tradición griega, a este hecho, se le llama “metanoia”.

La vida de nuestra Venerable Madre Santa María de Egipto es un gran ejemplo para todos aquellos que viven en las ciudades, que no pueden estar continuamente rezando. Hay quienes afirman que no hay tiempo para orar, tiempo para ejercitar la caridad y la limosna porque, hoy en día, son muchas las cosas que hay que hacer. Es también un buen ejemplo para los que emprenden un viaje. Especialmente en la antigüedad, el viajar fue visto como algo realmente peligroso: el viajero no sabe lo que se va a encontrar en el camino. Asimismo, es bueno leer las vidas de los que consideramos son santos, porque han ido delante de nosotros en el camino hacia el Reino de Dios y los caminos de Dios, sabemos que son siempre misteriosos.

La vida de Santa María:
Introito
La vida de Santa María de Egipto fue escrita por San Sofronio, patriarca de Jerusalén desde el año 634 al 638. Es muy interesante la forma en la que representa su vida; yo diría que es como una pieza de la literatura romántica o un teatro de ópera y es por eso, por lo que lo cuento de esta manera. María es una de esas mujeres que siendo prostituta, se convirtió en santa, según las palabras del evangelio de San Mateo (21, 31): “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que vosotros al Reino de Dios”.

En la tradición de la Iglesia en Oriente, la vida de Santa María de Egipto, se lee en el Sinaxarion del servicio matutino del quinto domingo de Cuaresma y durante los maitines del Gran Canon de San Andrés de Creta en el jueves anterior. La razón de esto es que Santa María es un buen ejemplo de la transformación de una persona de ciudad (que, de acuerdo con la tradición ascética está llena de pecados) en un santo del desierto (lo que significa ser portador de la pureza).

Icono ortodoxo ruso de la Santa (s.XVIII) rodeado de escenas de su vida.

Icono ortodoxo ruso de la Santa (s.XVIII) rodeado de escenas de su vida.

Santa María de Egipto vivió durante el siglo VI en la ciudad de Alejandría y más tarde en el desierto de Judea, muriendo según la leyenda en el año 522.  Pero según los sinaxarios,  San Zósimo, que es quien narra su vida, vivió durante el reinado del emperador Teodosio II (408-450), por lo que Santa María de Egipto pudo vivir antes.

Kyrie
Esta novelesca historia religiosa comienza de una manera especial, con aquella frase de “érase una vez”, al igual que muchas otras historias. En primer lugar, el narrador, habla de un monasterio situado en el desierto de Palestina y de las tradiciones que allí se seguían. Al comienzo de la Gran Cuaresma, todos los monjes abandonaban su monasterio y se iban a vivir a las profundidades del desierto portando sólo un poco de pan y agua. Sólo en la última semana, se reunían de nuevo todos en el monasterio con el fin de celebrar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Entre los monjes, había un santo hieromonje (monje-sacerdote) de nombre Zósimo que llevaba en el monasterio cincuenta y tres largos años. Las Iglesias Ortodoxas y la Iglesia Católica bizantina lo conmemoran el día 4 de abril. Lo mismo que le ocurrió a San Antonio el Grande, Zósimo se preguntaba si en el mundo habría alguna otra persona tan santa como él o incluso más. En aquel momento, un ángel le ordenó ir al interior del desierto, cruzó el río Jordán y caminó durante doce días.

Una mañana, estando en oración como era su costumbre, vio algo parecido a una sombra humana y él pensó que sería un demonio. Sin embargo, “la sombra” se escapó y él fue tras ella. Después de algún tiempo, “la sombra” le dijo que era una mujer, pero que como vivía completamente desnuda no podía ser vista, por lo que el monje le dio su propio hábito. Entonces la mujer empezó a contarle su propia vida.

Sequentia
Ella le explicó que siendo una mujer joven se dejó llevar por las pasiones carnales; que huyó de la casa de sus padres y que con doce años se marchó a Alejandría donde vivió como una prostituta pero rechazando el dinero de los hombres que se acostaban con ella y viviendo de la mendicidad e hilando lino. Sin embargo, un día se encontró con un grupo de jóvenes que se embarcaban para ir a Palestina a venerar la Santa Cruz en la ciudad de Jerusalén. Es muy probable que ya María sintiese algo en su interior y aunque ella no lo sabía, el Señor la seducía con su infinita ternura. De todos modos, decidió ir inmediatamente a Jerusalén.

Icono ortodoxo ruso de la Santa (s.XVIII).

Icono ortodoxo ruso de la Santa (s.XVIII).

Cuando el grupo llegó a la Ciudad Santa y se dirigió a la iglesia, ella sintió una fuerza invisible que le impedía entrar. Después de intentarlo tres veces, ella se quedó fuera de la iglesia, pero miró por una puerta que estaba entreabierta y vio un icono de la Madre de Dios. Entonces, comenzó a llorar y a rezar con todas sus fuerzas a la Virgen para que le permitiese ver y venerar la Verdadera Cruz, prometiendo renunciar a todos sus deseos mundanos e ir adonde la Santísima Virgen le dijera.

Ofertorium:
Después de esta sincera conversión a las puertas de la iglesia, huyó al desierto para vivir de forma ascética. Sobrevivió durante muchos años con solo tres hogazas de pan y con las escasas hierbas que germinaban en el desierto. Durante diecisiete años, fue atormentada por “salvajes bestias; los malos deseos y las locas pasiones”, pero ella se sobrepuso a todas estas tentaciones y siempre solicitaba ayuda a la Madre de Dios. En todos esos años nunca comulgó ni nunca se confesó porque no conocía a nadie que pudiese administrarle estos sacramentos. Mientras tanto, todas sus ropas se fueron rompiendo y por eso tenía que vivir desnuda, la salud se resintió por los cambios de temperaturas entre el caluroso día y la fría noche, de forma que su piel se volvió negra y dura como una armadura.

Sanctus:
Tras cuarenta y siete años de vivir en soledad, finalmente se encontró en el desierto con un sacerdote, San Zósimo, al que ella le contó su vida, con toda humildad pero demostrando un gran don de clarividencia pues sabía quién era Zósimo y la historia de su vida, aunque nunca lo había conocido antes. Haciendo esto, en realidad, se estaba confesando y quedó con el sacerdote para que al atardecer del Jueves Santo del año siguiente se vieran en las orillas del río Jordán, donde esperaría recibir la Sagrada Comunión.

Lux aeterna:
Un año más tarde, el padre Zosimo encontró el cuerpo muerto de Maria con un mensaje escrito en la arena, solicitándole que la sepultase y manifestándole que había muerto hacia un año, inmediatamente después de haber comulgado. El monje, sorprendido, comenzó a cavar una fosa, pero como se cansaba, se acercó un león que comenzó a ayudarle. Así, Santa Maria de Egipto fue enterrada. Zosimo volvió a su monasterio y contó lo que había visto a fin de que sirviera de ejemplo a los monjes. El murió con casi cien años de edad en el mismo monasterio. Posteriormente, la historia de la vida de Santa Maria fue escrita por San Sofronio, patriarca de Jerusalén.

San Zósimo le administra la comunión a Santa María. Icono contemporáneo.

Himno (Troparion) de Santa María de Egipto:
“Verdaderamente, la imagen de Dios fue preservada en ti, oh madre, para que tomaras la cruz y siguieras a Cristo. Al hacerlo, nos enseñaste a hacer caso omiso a la carne, que es perecedera, y nos enseñaste a cuidar del alma, ya que esta es inmortal. Por lo tanto, oh madre Santa María, tu espíritu se alegra con los ángeles”.

Iconografía:
En la iconografía, Santa María de Egipto es representada como una mujer muy bronceada, demacrada por la edad y con el pelo gris despeinado, bien desnuda o cubierta con el manto que pidió prestado a Zósimo. Ella es representada a veces con las tres barras de pan que compró antes de emprender su viaje hacia el desierto.

La veneración de Santa María de Egipto:
La Iglesia de Oriente celebra su fiesta el día de su muerte, o sea, el día 1 de abril, además de conmemorarla el quinto domingo de la Gran Cuaresma, como ya dijimos antes. La Iglesia Católica Romana la conmemora el día 3 de abril (o el día 2 según el Martirologio Romano). Aunque los anglicanos también la veneran, sin embargo no aparece en los calendarios anglicanos.

En la obra “Fausto” de Goethe, Santa María de Egipto es uno de los tres santos que rezan a la Virgen María solicitando el perdón para Fausto. Sus palabras son mencionadas por Mahler, en su octava sinfonía, recurriendo a la santa muerte de la Gloriosa Mater. En “Volpone” de Ben Jonson (1606), uno de los personajes utiliza la expresión de “Marry Gip” que significa “María de Egipto”. María de Egipto es el tema de las óperas de Ottorino Respighi y de Sir John Tavener, esta última escrita en el año 1992 para el Festival de Aldeburgh. Nalo Hopkinson escribe una novela de ciencia ficción,“Las rutas del salado”, contando la historia de la Santa con un enfoque de ficción.

A ella está dedicada una capilla en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, en la que se conmemora el momento de su conversión. Asimismo, el Templo de Portunus en Roma fue preservado y dedicado a la Santa en el año 872. Existen muchas iglesias que llevan su nombre; un ejemplo podría ser la iglesia ortodoxa rusa de Tübingen, en Alemania. El primer domingo de la Gran Cuaresma del año 2011, llamado en la Iglesia Oriental, “el domingo de la Ortodoxia”, se ha inaugurado un nuevo monasterio bajo el patrocinio de la Santa. Es el primer monasterio ortodoxo construido en el sur del desierto del Sahara, en Uganda, y es el primer monasterio femenino africano exclusivamente autóctono.

Icono ortodoxo ruso de la Santa, naturalismo del s. XIX.

Icono ortodoxo ruso de la Santa, naturalismo del s. XIX.

Aclaración: María Magdalena y María de Egipto:
Actualmente, la mayoría de los cristianos creen que Santa María Magdalena era una ex prostituta, convertida por Nuestro Señor. Aunque hubiera sido cierto, no hay ninguna cita evangélica que lo diga. Las Sagradas Escrituras sólo nos dicen que Jesús la sanó antes de ser esclavizada por siete demonios (Marcos 16, 9 y Lucas 8, 2). En qué momento lo hizo, se desconoce, pero probablemente, según San Mateo (15, 39) esto ocurrió después de que Jesús multiplicara los panes y los peces ante más de cuatro mil personas.

La confusión entre María Magdalena y María de Egipto se produjo por primera vez con toda probabilidad, en un sermón del Papa San Gregorio Magno en el siglo VI. Desde entonces, sin que haya razón alguna, muchos cristianos han creído que María Magdalena era una prostituta.

Mitrut Popoiu