Sierva de Dios María de la Luz Camacho

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Fotografía de la Sierva de Dios.

Introducción histórica
México vivió, desde la mitad de la segunda década del siglo XX hasta bien entrada la cuarta década, una persecución religiosa que puede identificarse en tres periodos: 1910-1917, 1926-1929 y desde esta fecha hasta 1934 de manera esporádica y en determinados lugares del país. Las causas de esta persecución religiosa tiene su origen en la Guerra de Reforma que deja como consecuencia la proclamación de la Constitución de 1857, documento de carácter laico, liberal y antirreligioso.

Con el advenimiento a la Presidencia de la República del General Porfirio Díaz Mori, cuya gestión se convirtió en una dictadura que duró más de treinta años, de 1877 hasta 1910, se vivió la conocida “paz porfiriana”, actuando la Iglesia en un ambiente de limitaciones, pero con relativa paz y libertad. Al ser derrocado en 1910 por Francisco I. Madero, con la “Revolución Mexicana”, la sociedad vivió un tiempo de desorden civil alternando con periodos de tranquilidad. Resultado de este movimiento, en 1914, hubo un nuevo brote de guerra, identificada como la “Revolución Carrancista”, que concluye en 1917 con la promulgación de una nueva Constitución Política, que refrendaba el carácter laico, liberal, anticlerical y antirreligioso del Estado Mexicano. Este es el primer período mencionado anteriormente (1910-1917). [1]

El segundo período, de 1926 a 1929, se gesta en 1924, cuando asume la Presidencia de México el General Plutarco Elías Calles (1924-1928), quien guardaba sentimientos adversos a la Iglesia Católica, por lo que decidió aplicar puntualmente la Constitución Política de 1917 y para lo cual se valió de un decreto de la Ley que reglamentaba la vida religiosa del país, conocida como la “Ley Calles”. Esta Ley determinaba el número de ministros religiosos por número de pobladores, prohibía el ejercicio de su ministerio a los extranjeros, que debían ser expulsados, reglamentaba el culto público y lo recluía dentro de los templos, impidiendo su manifestación pública en las calles. Los sacerdotes fueron considerados como funcionarios públicos dependientes del Estado. Se prohibían los nexos religiosos con cualquier otro estado, tratando de esta manera impedir el contacto con la Santa Sede. Se impedía la vida monástica y la educación debía ser totalmente laica. Las infracciones cometidas a este reglamento, se multaban con cantidades exageradas y también se podía castigar con la cárcel.

Esta Ley, fechada el 14 de junio de 1926 y publicada el 2 de julio del mismo año, obligó al episcopado mexicano, con la aprobación de la Santa Sede, a suspender el culto litúrgico público a partir del 1 de agosto. Desde entonces y hasta el 21 de junio de 1929 en que se hicieron los arreglos entre el Gobierno de México y los obispos de este país, muchos sacerdotes y laicos murieron por su condición de creyentes, por ser pastores y agentes de pastoral que colaboraban en la Iglesia evangelizando, todos ellos con un profundo celo por las almas.

Parroquia de San Juan Bautista de Coyoacán, México. Lugar del martirio de la Sierva de Dios.

Entonces, los católicos mexicanos hicieron, por ello, levantamientos armados en contra de estas injusticias. Este alzamiento tuvo repercusión en distintos puntos geográficos, sobresaliendo la región de “Los Altos” en Jalisco; “El Bajío”, en Guanajuato; también en Michoacán, Aguascalientes, Colima, Zacatecas, Nayarit, Durango y otros lugares. A esta lucha se le conoció como la “Revolución Cristera”, pues su grito de guerra era “¡Viva Cristo Rey!”.

Debe precisarse que en este movimiento también se enrolaron sacerdotes, bien como capellanes castrenses o hasta enarbolando las armas, llegando a ser verdaderos dirigentes militares. Este grupo de personas, laicos y clérigos, son los propiamente denominados “Cristeros”, que con estrategias políticas, militares, económicas y comerciales, en colaboración con otros grupos y comités llegaron a doblegar y hacer temblar al gobierno represor.

Nuestros santos y beatos no fueron cristeros, pero erróneamente se les denomina así. Nunca formaron parte de este levantamiento, fueron sacrificados por su condición de sacerdotes y por ser católicos comprometidos con su fe. No es propio llamarlos “Santos Cristeros” o “Mártires de la Cristiada”. Ellos murieron a ejemplo de Cristo, de manera pacífica y perdonando a sus agresores. Si los “Cristeros” en un momento dado no tuvieron otra opción para defender su derecho a ejercer y practicar su fe mediante el uso de las armas, nuestros mártires nunca usaron la violencia, al contrario, fueron víctimas de ella.

De entre ellos se canonizaron en el año 2000 a un grupo de veinticinco mártires, encabezados por San Cristóbal Magallanes, de los cuales veintidós son sacerdotes y tres laicos miembros de la Acción Católica.

Cruz atrial en la explanada de la parroquia, escenario del martirio de la Sierva de Dios.

En 2005 se beatificó a otro grupo, encabezado por Anacleto González Flores y doce compañeros, nueve laicos, la mayoría perteneciente a la Acción Católica y tres sacerdotes, uno de ellos, de nacionalidad española.
En 1987 se beatificó a Miguel Agustín Pro Juárez, presbítero S.J. y en 1997 a Elías del Socorro Nieves O.S.A. martirizados en estos mismos años.

Luego de los arreglos entre el gobierno y los obispos, y hasta 1934, se desarrolla la tercera y última etapa. Tuvo lugar en el norte del País, en Chihuahua, Tamaulipas; así como en el centro oriente: en San Luis Potosí; al sur en Oaxaca y Chiapas; también en la zona del Golfo de México: Veracruz y Tabasco. Incluido el Distrito Federal, la capital del País. Entonces continuaban las provocaciones y la persecución sistemática, callada y solapada. Las hostilidades no cesaban del todo y de manera esporádica y en lugares precisos continuó la persecución religiosa. [2]

Es en esta época cuando va a surgir la figura de nuestra biografiada: María de la Luz Cirenia Camacho González.

Biografía
María de la Luz Cirenia Camacho González, nació el 17 de mayo de 1907 en la Ciudad de México, Distrito Federal. Fueron sus padres Manuel Camacho y María Teresa González, quien murió cuando ella apenas tenía seis meses de nacida. Entonces quedó bajo la tutela de la familia materna, al cuidado de la abuela y de una tía. Más adelante su padre contrae nuevas nupcias, naciendo de este nuevo matrimonio, dos hijas y dos hijos; posteriormente su padre la llevará a vivir con esta nueva familia. María de la Luz fue una niña delicada y de corazón noble y siendo pequeña todavía, fue internada en Puebla. En 1918 regresa a la capital y estudia con las madres dominicas y luego en el Instituto Católico para Niñas. En 1921, junto con su familia, pasa a radicar en Coyoacán. Ese mismo año concluye sus estudios básicos.

A los quince años comienza a desarrollar una fecunda labor catequética con los niños de su parroquia de San Juan Bautista, dirigida por franciscanos. Con la dirección de diestros catequistas, pronto adquiere gran experiencia y notable talento, de tal manera que pudo abrir un centro de catequesis en su casa. Su fogosidad y su esfuerzo, hacen que pronto sea secretaria y tesorera del comité central de catecismo de su parroquia, que por entonces llegó a atender a 2300 niños; también ingresa en la rama femenina de la Acción Católica, cuyo lema “Por Dios y por la Patria”, explica cómo este movimiento laico tuvo tanto protagonismo e importancia en este duro periodo.

Lienzo de Tomás Garrido Canabal, abogado y político mexicano, organizador de los Camisas Rojas, responsables del martirio de la Sierva de Dios.

Con veintitrés años de edad se capacita para redactar, preparar y pulir discursos que puedan sensibilizar a los receptores católicos de esa época, para animarlos a vivir mejor su fe y a comprometerse otro tanto con ella. Tanta y tal fue su preparación y tan buenos los resultados, que cosechó envidias y murmuraciones, con las acusaciones de que pretendía sobresalir y buscar llamar la atención. En silencio, con total libertad y amplio desprendimiento optó por pasar desapercibida.

A partir de 1932 se dejó sentir otra persecución religiosa, por lo que trató de hacer sus actividades religiosas con mayor discreción, para no llamar la atención. Es en ese año cuando profesa como miembro de la Tercera Orden de San Francisco. De su vida como terciaria, su director espiritual refiere la puntualidad y fervor en el cumplimiento de sus deberes. Por estas fechas meditaba la posibilidad de ingresar con las Clarisas Capuchinas, en tanto, llegó a ocupar el puesto de jefa de un grupo de la UFCM, tomando el empeño de estudiar apologética, Biblia y Liturgia.

El general Lázaro Cárdenas del Río, hacia 1934 ocupa la presidencia de la República de México, tenía pensamiento socialista y con tendencias comunistas. Éste invitó a formar parte de su Gabinete como Secretario de Agricultura, al General Tomás Garrido Canabal, anteriormente Gobernador del Estado de Tabasco, donde persiguió a la Iglesia Católica con saña, destruyó la Catedral y todas las iglesias, haciendo construir en sus solares canchas de tenis y de básquetbol; también barrió sistemáticamente todo signo cristiano, persiguió a obispos y sacerdotes, pervirtió a los niños mediante la formación en contra de la fe católica. A sus hijos los llamó Lucifer, Lenin y Zoila Libertad. De ideología socialista soviética, se le recuerda como el mayor perseguidor de la fe cristiana en México.

Cuando este personaje llegó a la capital para ser Secretario de Agricultura, fomentó a un grupo de jóvenes entre dieciséis y dieciocho años, llamados “los Camisas Rojas” con ideología anticlerical y equipada con fuerzas armadas para provocar enfrentamientos con la Iglesia. En cierta ocasión enarbolaron banderas rojinegras en las torres de la Catedral Metropolitana de la capital del país con el afán de crear conflictos. Garrido tenía un saludo muy particular para con este grupo, gritaba: “¿Hay Dios?” y le respondían: “¡Nunca lo hubo!”. En Coyoacán, un lugarteniente incondicional de Garrido Canabal, trató de agradar a su superior, repitiendo la experiencia de Tabasco con el fin de complacerlo.

En diciembre de 1934, el domingo posterior a la Navidad, en la plaza de Coyoacán se reunió un grupo de los “Camisas Rojas”, para escandalizar con sus palabras y actitudes, a los pacíficos moradores. Profirieron discursos contra la religión católica y pronto corrió la noticia de que iban a incendiar la hermosa parroquia de origen colonial de San Juan Bautista.

Vista del sepulcro de la Sierva de Dios, con placa conmemorativa. Parroquia de San Juan Bautista de Coyoacán, México.

En esta mañana dominguera que convidaba al reposo, llegó la trágica noticia a la casa de la familia Camacho y María de la Luz no dudó en ir a defender su templo, manifestando su deseo de demostrar que Cristo tiene seguidores. Al enterarse de esas provocaciones e intenciones de las mismas, se puso su mejor vestido de seda verde con cuello blanco, su hermana Lupe le preguntó que a dónde iba tan guapa y ella le respondió: “Cuando se trata de defender a Cristo Rey, conviene ponerse el más bello vestido”. Al pasar ambas hermanas por el parque, fueron interceptadas con terribles amenazas, a las que respondió: “No tenemos miedo, estamos dispuestas a morir por Cristo Rey y nos alegraríamos de ello”.

Al llegar a la parroquia estaba por comenzar la misa, pues el sacerdote no consideraba que fuera a ser tan inminente el ataque. Afuera los revoltosos se posesionaron de la plaza mientras colocaban una bandera en la cruz atrial. María de la Luz se apostó a la puerta de la entrada y uno de sus antiguos alumnos de catecismo le rogó que se retirara, pero ella no aceptó.

Durante la consagración, los jóvenes rebeldes comenzaron a vociferar y a blasfemar, provocando que un número notable de fieles abandonaran el recinto y que los niños fueran sacados por las puertas laterales al claustro del convento anexo, mientras el celebrante consumía las sagradas especies. A los gritos de “¡Mueran los curas!”, “¡Maldito sea Cristo Rey!” y ”¡Maldita sea la Virgen de Guadalupe!”, nuestra protagonista palideció pero luego respondió con firmeza: “¡Viva Cristo Rey!”, “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.

Ese grito provocó que otros se animaran a responder de igual manera, mientras los “Camisas Rojas”, indecisos de atacar, apuntaban con sus armas a los indefensos fieles. A la señal convenida por ellos de: “¡Viva la Revolución!” sonó la descarga y María de la Luz, sin terminar su grito de triunfo: “¡Viva Cristo…!” cayó herida en el pecho y en el suelo yacía su cuerpo ensangrentado. Fray Alejandro Torres alcanzó a administrarle los santos óleos antes de morir, era el 30 de diciembre de 1934. Con su muerte se convirtió en la primera mujer mártir de la Acción Católica.

Junto con María de la Luz, fallecieron el obrero Andrés Velasco, los jardineros José Inés Mendoza e Inocencio Ramírez y el comerciante Ángel Calderón. Luego, la multitud enardecida, linchó a un joven del grupo de los “Camisas Rojas”, llamado Ernesto Malda Maza, que recién llegaba a la plaza. Se hicieron investigaciones posteriores y se supo que quien disparó fue Carlos Madrazo Becerra, quien años después fue diputado federal y luego Gobernador del estado de Tabasco. Falleció el 4 de junio de 1969 en Monterrey, Nuevo León, en un accidente aéreo, aunque se presumió un asesinato político. El fue padre de Roberto Madrazo Pintado, excandidato a la presidencia de la República por parte del Partido Revolucionario Institucional en el año 2000. Esta información nunca se dio a conocer.

El sepelio de María de la Luz fue apoteótico y acudió una gran multitud. Fue sepultada en el panteón de Xoco. Su sepulcro siempre tenía flores puestas por sus niños del catecismo. Su epitafio decía: “María de la Luz Camacho, a la edad de 27 años, el 30 de diciembre de 1934 murió por Cristo Rey”.

Detalle de la placa conmemorativa en el sepulcro de la Sierva de Dios. Parroquia de San Juan Bautista de Coyoacán, México.

Hubo una marcha con numerosísima asistencia que partió desde Coyoacán al zócalo de la Capital, que pedía justicia y castigo para los culpables. El presidente Cárdenas no tuvo más remedio que destituir al Secretario de Agricultura Garrido Canabal y prometió que no habría más persecuciones, aunque endureció las leyes, sobre todo en las referentes a la educación. Ello provocó que por mucho tiempo no se hablara abiertamente del tema. Tomás Garrido Canabal, por la presión política tuvo que exiliarse a Centroamérica y luego en Estados Unidos, con misiones diplomáticas; volvió a México en 1940, y murió en Los Ángeles, California en 1943.

Los restos de María de la Luz Camacho posteriormente fueron inhumados en la parroquia de San Juan Bautista de Coyoacán, a la entrada, a mano izquierda. La Arquidiócesis Primada de México, a través de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio ha promovido la causa de Beatificación y Canonización ante la Santa Sede.

Humberto

Bibliografía:
– Mons. Guillermo María Havers, Testigos de Cristo en México, 1492-1992, V Centenario de Evangelización en América Latina.
– Marcos Arana Cervantes, Después de la Tormenta.
– José Garibi, su testimonio
– Los Autores del Informador, Diario Independiente
– Wikipedia, María de la Luz Cirenia Camacho González
– Arquidiócesis de Primada de México, Página Web
– Martín Borboa Gómez. Blog: Día de Muertos en Coyoacán


[1] El 30 de enero de 1915, muere fusilado en Guadalajara, Jalisco, San David Galván Bermúdez.
[2] El 11 de febrero de 1937, murió a resultas de una golpiza, en Chihuahua, Chihuahua, San Pedro de Jesús Maldonado Lucero.


O radix Jesse,
Qui stas in signum populórum,
Super quem continébunt reges os suum,
Quem gentes deprecabúntur:
Veni
Ad liberandum nos, iam noli tardáre.
Oh retoño del tronco de Jessé,
Que te alzas como un signo por los pueblos,
Ante quién los reyes enmudecen,
Y cuyo auxilio imploran las naciones,
Ven
A librarnos; no tardes.

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