Santas Marta y María de Betania, discípulas de Cristo

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“Cristo en casa de Marta y María”, óleo de Jan Vermeer van Delft. Galería Nacional de Escocia, Edimburgo (Reino Unido).

Pregunta: Hola, disculpen. Me intriga la vida de Santa Marta de Betania. ¿Qué significan el dragón, el libro y el incienso? Gracias.

Respuesta: Aprovechando tu pregunta, ayer escribimos sobre su hermano Lázaro y hoy vamos a hacerlo sobre las dos hermanas, Marta y María.
Lo que sabemos sobre ellas son los datos que aportan los Evangelios. Aparece en dos Evangelios: el de Lucas y el de Juan. En el Evangelio de San Lucas aparece Marta junto con su hermana María recibiendo a Jesús en su casa; y mientras María permanece sentada a sus pies escuchándole, Marta, para atenderlo bien, se ocupaba de todas las cuestiones de la casa y le “reprocha” a María que no la ayude: “Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Ella tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose pues, dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile que me ayude”. Jesús le respondió: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada” (Lucas, 10, 38-42).

La segunda vez aparecen en la muerte y resurrección de Lázaro. Cuando Jesús se acerca a Betania, Marta es la primera que le sale al encuentro: “Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá”. Le dice Jesús: “Tu Hermano resucitará”. Le respondió Marta: “Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día”. Jesús le respondió: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Ella le dice: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo”. Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: “El Maestro está ahí y te llama”. Ella en cuanto lo oyó se levantó rápidamente y se fue donde Él estaba. Jesús todavía no había llegado al pueblo, sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. Cuando María llegó donde estaba Jesús, cayó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. (Juan, 11, 20-31).

“Lazarus”, lienzo del pintor danés Carl Heinrich Bloch.

También en este Cuarto Evangelio son mencionadas en el banquete que le dan los tres hermanos seis días antes de la Pascua: “Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania donde estaba Lázaro a quien había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos y la casa se llenó del olor del perfume”. (Juan, 12, 1-3).

Los Padres de la Iglesia y todos los autores eclesiásticos nos han presentado a las dos hermanas como modelos de vida entregada: Marta, activa y María, contemplativa. Esta distinción es consecuencia de la psicología típica de la persona y tiene reflejo en la vida cristiana. Ya Aristóteles, siguiendo el funcionamiento de la psicología humana, dividió la vida en activa y contemplativa, diciendo que la primera se encargaba de los negocios y la segunda, del ocio. Santo Tomás de Aquino, hablando del servicio a la Iglesia, siguió esta misma división de vida activa y vida contemplativa, aunque siempre remarcando que ambas estaban al servicio de la Iglesia. El concilio Vaticano II (SC2), lo resume diciendo “entregada a la acción y dada a la contemplación”. Y aunque existen ejemplos de santos activos y de santos contemplativos, no perdamos de vista que tenemos multitud de ejemplos de santos que “ejercían los dos oficios” que quedan resumidos en el célebre “Ora et labora” de San Benito de Norcia.

Al igual que su hermano Lázaro, las dos hermanas Marta y María pronto recibieron culto. Aunque algunos pasajes evangélicos pueden dar lugar a confusión, en Oriente distinguieron desde el primer momento quién era María de Betania y quién era María de Magdala, que eran dos personas distintas, la primera de ellas, hermana de Lázaro y Marta.

María unge los pies de Cristo con perfume. Vidriera de Meyes Studios, Munich (1899).

En los Sinaxarios bizantinos las dos hermanas son conmemoradas el 4 y el 6 de junio y a las dos se les da el título de “mirróforas” (portadoras de aromas). Aunque sin fundamento histórico alguno, se dice que esos dos días corresponden a los días de sus muertes.

En Occidente, los días conmemorativos son distintos. El Martirologio Jeronimiano dice el día 19 de enero: “El catorce de las calendas de febrero, en Jerusalén, el nacimiento de Marta y María hermanas de Lázaro”. Este mismo elogio pasó de este martirologio a los otros de Usuardo, Beda, Adón y Floro, pero cambiando las fechas. Asimismo se las menciona en el “Sacramentario Gelasiano” del siglo VIII y en el “Sacramentario Gregoriano” del siglo IX. Estas fechas – que prefiero no mencionar porque son varias – no tienen ningún valor histórico, porque claramente confunden a estas dos hermanas con los mártires persas Mario y Marta; e incluso a María se la llegó a venerar el 29 de julio, confundiéndola con María Magdalena.

Como dijimos ayer, a los tres hermanos se les empezó muy pronto a venerar en Betania, donde existían dos basílicas: una sobre la tumba de Lázaro y la otra sobra la casa donde habitaban los tres. No voy a repetir todo lo escrito ayer.

En la Provenza francesa, desde los tiempos merovingios, siempre se les ha rendido culto a estas dos hermanas. Sobre todo el nombre de Marta (María siempre ha sido más común) ya era muy usado en el siglo VII. Se lee, por ejemplo en una inscripción datada el 25 de septiembre de un año impreciso del siglo VI, era también el nombre de una señora que vivía en Argencia en el año 824; el políptico de Vualdado que era usado en la abadía de San Víctor de Marsella en el año 813 cita a cinco mujeres con ese mismo nombre y muchos otros casos más en Lambesc, Seillans, Orgon, Salernes, etc.

Detalle del sepulcro de Santa Marta en Tarascon, Francia.

El hagiógrafo Mantener ha pretendido demostrar que los santos que aparecen en las leyendas provenzales, entre ellos Marta, proceden de Alverne y que sus cultos fue introducido en la región por el noble Bonnet, pero esta hipótesis no está suficientemente fundada y no es aceptada, sobre todo que una tal Marta de Provenza formara parte de un grupo de mártires persas del siglo IV.
En Tarascón hay una famosa iglesia dedicada a Santa Marta de Betania, existiendo ya allí un culto muy floreciente desde principios del siglo IX. Se pretendía y pretende que allí se encontraban sus reliquias, pues la invención de las mismas se hizo en el año 1187.

He dicho anteriormente que en Oriente desde un principio se distinguió a Santa María de Betania como una santa distinta a María Magdalena. La primera está muy bien identificada en el Cuarto evangelio, aunque hay algunos que intentan confundirla con la que aparece en Lucas, 7, 36-50; y la segunda aparece en varios capítulos de todos los evangelios y es desde luego la primera a la que se le aparece Cristo Resucitado (Juan, 20, 1-10). Los padres griegos desde luego siempre tuvieron claro que eran tres personas diferentes, pero San Gregorio Magno – del que ya hemos escrito – dice que sólo había una persona de nombre María, que las tres eran sólo una. Ésta es una controversia que aparece en algunos autores latinos, entre ellos San Bernardo; y la controversia duró hasta el siglo XVI, pero una nueva revisión exegética crítica del Nuevo Testamento realizada en nuestros días, define claramente que se trata de tres personas distintas: dos que se pueden identificar: María de Betania y María de Magdala, mientras que la tercera, llamada también María, no se sabe quién es.

Vista del relicario con el cráneo de Santa Marta en Tarascon, Francia. Fotografía: Dominique Pipet.

Sobre Marta el tema es muchísimo más claro. Existen dos relatos sobre su vida, una atribuida a Marcela y Sintica y la otra que se encuentra en el “Speculum historiale” de Vicente de Beauvais y que se copia en la “Leyenda Aurea” del Beato Jacobo de Varazze. Ambas dicen que estuvo en Provenza y que en su sepultura intervino el obispo San Frontón de Perigueux. Según el catálogo de los bolandistas, la primera de ellas está escrita en una veintena de documentos hagiográficos datados entre los siglos XII y XV, difundidos en Avignon, Trier, Utrecht, Arlés e incluso en España, pero esta difusión es mínima si la comparamos con la otra. Es verdad que en estas “vitas” se copian relatos de la “vita” de Santa María Magdalena, por lo que es necesario estudiarlas a fondo, aun sabiendo que son sólo leyendas, para establecer con precisión de donde se originaron.

Y llegados a este punto quiero tocar lo que preguntas sobre la relación de Santa Marta con el dragón, el incienso y el libro.

De Santa Marta se dice que estuvo sepultada en Tarascon y que allí se conservan sus principales reliquias, como su cabeza y la “tarasca” (o dragón) es una criatura mitológica que se dice habitaba en Tarascón, de donde le viene el nombre, y que aparece en la “vita” legendaria de Santa Marta. Se dice que era un dragón que tenía seis patas muy cortas y que era parecido a un oso con un caparazón de tortuga en la espalda y con una gran cola terminada en un aguijón. Nadie podía dominarla y Santa Marta la domesticó hablándole. Como verás esto es un “cuento chino”, que a mí como geólogo me sugiere que quizás en aquella época encontraron los huesos de un dinosaurio y lo asimilaron a esta bestia.

Vista del sepulcro de Santa Marta en Tarascon, Francia.

El incienso y Santa Marta están relacionados porque, sobre todo en Oriente, se dice que era una de las mujeres “mirróforas”, o portadoras de mirra (ya lo he dicho antes) y el libro representa su labor evangelizadora después de Pentecostés, pues en la primera etapa de su vida estaba siempre muy atareada con las labores cotidianas, como narra San Juan.

Antonio Barrero


O Adonái,
Et Dux domus Israel,
Qui Móysi in igne flamea rubi apparuisti,
Et ei in Sina légem dedisti:
Veni
Ad rediméndum nos in bráchio exténto.
Oh Adonai,
Pastor de la casa de Israel,
Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente,
Y en el Sinaí le diste tu Ley,
Ven
A librarnos con el poder de tu brazo

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