Los Santos y el gato (II)

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Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Icono de Santa Clara con la gata. Obra del hermano Robert Lentz, OFM.

Otro caso de gato caritativo lo hallamos en la vida de Clara de Asís. Santa Clara, que el Martirologio Romano recuerda el 11 de agosto: “Memoria de Santa Clara, virgen, que fue el primer retoño de las Pobres Señoras de la Orden de los Menores, siguió a San Francisco, llevando en Asís de Umbría una vida áspera, pero rica en obras de caridad y de piedad; insigne amante de la pobreza, de la cual nunca, ni en la extrema indigencia ni en la enfermedad, quiso ser separada”.

Clara sólo tenía doce años, habiendo nacido en 1194 de noble y rica familia -los Offreducci-, cuando Francisco de Asís tuvo el gesto de despojarse de todos sus vestidos para devolvérselos a su padre Bernardone. Conquistada por el ejemplo de San Francisco, la joven Clara, siete años después, huyó de casa para unirse a él en la Porciúncula. El Santo le cortó los cabellos y le impuso el sayo franciscano, para después conducirla al monasterio benedictino de San Pablo en Bastia Umbra, donde su padre intentó, en vano, convencerla de que volviese a casa. Se refugió entonces en la iglesia de San Damián, en la cual fundó la Orden femenina de las “pobres reclusas” (hoy clarisas), de la cual fue nombrada abadesa y donde Francisco dictó una primera Regla. Clara escribió posteriormente una Regla definitiva, solicitando y obteniendo de Gregorio IX el “privilegio de la pobreza”. Por haber contemplado, en una Nochebuena, sobre las paredes de su celda el pesebre y los ritos de las funciones solemnes que tenían lugar en Santa María de los Ángeles, fue elegida por el papa Pío XII como patrona de la televisión. Heredera del espíritu franciscano, se preocupó de difundirlo, distinguiéndose por su culto hacia el Santísimo Sacramento, que salvó el convento de los sarracenos en 1243. Murió en Asís el 11 de agosto de 1253.

En la vida de Santa Clara aparece una gata. Su presencia está atestada en los procesos para su canonización. Se cuenta que Santa Clara, enferma en su lecho, necesitaba cierta toalla, pero no encontrando a quien se la pudiera traer, una gata empezó a arrastrar la toalla hacia ella, llevándosela como podía. Pero la Santa la riñó, porque se la traía arrastrándola por el suelo. Entonces la gata, como si la hubiera entendido perfectamente, recogió y plegó la toalla, cuidando que no tocase el suelo, y se la llevó.

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Tabla gótica de San Luis de Tolosa coronando a Roberto de Anjou, rey de Nápoles. Obra de Simone Martini (ca. 1317). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Después del gato caritativo, hallamos el gato “diabólico” en la vida de Luis de Tolosa. San Luis de Anjou o de Tolosa, obispo franciscano, nació en Brignoles (Provenza) en febrero de 1274 y murió aquí el 19 de agosto de 1297. Hijo de Carlos de Anjou, rey de Nápoles, desde muchacho fue llevado prisionero con sus hermanos junto al rey de Aragón, y tuvo ocasión de conocer a los franciscanos. Esos contactos franciscanos tuvieron una influencia decisiva en la vida de Luis, y en el mismo período catalán, despertó su vocación al sacerdocio, de modo que el resto de su vida vivió intensamente en la oración por sus hermanos, con episodios premonitorios como la lucha contra un grande gato negro que lo habría acosado mientras estaba en oración y al que ahuyentó con la señal de la cruz. Obtenida la libertad, renunció al trono y a cualquier otra perspectiva de grandezas terrenas. Luis fue ordenado sacerdote en febrero de 1296, con 22 años, y obispo el siguiente diciembre. Fue enviado a regir la diócesis de Tolosa.

En el rico episcopado Luis implantó la propia vida según rígidas reglas de la pobreza franciscana. Tuvo predilección por los pobres, los enfermos, los judíos víctimas de persecuciones y marginaciones, y los encarcelados, a los que se acercaba a visitar. Fue elevado a los honores de los altares en 1318 por Juan XXII, en la ciudad pontificia de Aviñón en Francia, estando presentes su madre y su hermano Roberto.

El Martirologio Romano lo recuerda el 19 de agosto: “En Brignoles en la Provenza de Francia, tránsito de San Luis, obispo, que siendo sobrino del rey San Luis, deseó la pobreza evangélica antes que las lisonjas y los honores del mundo y, aún joven de edad pero maduro en la virtud, fue elevado a la sede de Tolosa, pero, consumido por su maltrecha salud, se durmió pronto en la paz del Señor”.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Del gato “diabólico” pasamos al gato “penitencial” con Gema Galgani. Gema nació el 12 de marzo de 1878 en Bogonuovo de Camigliano (Lucca). Su madre, Aurelia, murió en septiembre de 1886. En 1895 Gema recibió la inspiración de seguir con empeño y decisión el camino de la cruz. Gema tuvo algunas visiones de su ángel custodio. El 11 de noviembre de 1987 murió también el padre de Gema, Enrique. Enferma, Gema leyó la biografía de San Gabriel de la Dolorosa -entonces era sólo Venerable- que se le apareció y la consoló. Gema, entretanto, maduró una decisión que formuló el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, haciendo voto de virginidad. A pesar de las terapias médicas, la enfermedad de Gema, osteitis de las vértebras lumbares con abcesos inguinales, se agravó hasta la parálisis de sus piernas, pero fue curada milagrosamente de ésta. Las visiones de Gema continuaron y le fue dada la gracia de compartir el sufrimiento de Cristo. En mayo de 1902 Gema enfermó de nuevo; mejoró, pero recayó de nuevo en octubre. Murió el 11 de abril de 1903.

En la vida de Santa Gema hay episodios en los que la virgen de Lucca, ya admirada en vida por sus dones místicos, se humilló ante las visitas de aquellos que venían a conocerla para admirarla. Es el caso de un sacerdote que vino a visitarla, y Gema, para parecer estúpida y para humillarse ante el prelado, tomó un gran gato que tenía en casa en brazos y, mientras le hacía todo tipo de halagos y caricias infantiles al gato, fue a ver al sacerdote, el cual, al verla comportarse así, se encogió de hombros, se burló de ella y se marchó. La Santa había conseguido su propósito.

El Martirologio Romano la recuerda el 11 de abril: “En Lucca, Santa Gema Galgani, virgen, la cual, insigne en la contemplación de la Pasión del Señor y en la paciente resistencia de los dolores, a los 25 años de edad, en Sábado Santo, finalizó su angélica existencia”.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Sierva de Dios María Tuci, virgen y mártir albanesa.

Un caso singular de vínculo entre santos y gatos está en la vida de María Tuci. María Tuci, virgen y mártir, pertenece al grupo de los Mártires Albaneses. Los Siervos de Dios Vicente Prennushi y 39 compañeros de las iglesias católicas de rito romano y greco-católico de Albania son sólo algunos de los numerosísimos católicos albaneses que han sufrido prisión, torturas y falsos procesos en el intento de erradicar el Evangelio y la cultura de un pueblo entero. El proceso diocesano para aceptar su efectivo martirio en odio a la fe se ha desarrollado en la diócesis de Scutari del 10 de noviembre de 2002 al 8 de diciembre de 2010.

María Tuci nació en Ndërfushaz-Mirdita el 12 de marzo de 1928 y murió in odium fidei en Scutari el 24 de octubre de 1950. Tuci frecuentó el colegio de las hermanas Estigmatinas en Scutari y pidió poder entrar en su Instituto religioso. Encargada de enseñar en las escuelas elementales en dos localidades, enseñó clandestinamente también el catecismo. Arrestada con algunos familiares el 10 de agosto de 1949, fue conducida a las cárceles de Scutari, donde, por no haber querido revelar el nombre del asesino de un político comunista y por no haber querido complacer a un miembro de la Sigurimi -la policía del régimen- sufrió atroces torturas. Por ejemplo, la metieron desnuda dentro de un saco junto a un gato furioso, y entretanto, molieron el saco a bastonazos, desgarrando así sus carnes. A causa de las privaciones sufridas la hospitalizaron en el hospital civil de Scutari, donde murió el 24 de octubre de 1950. Sus restos mortales, exhumados después de la caída del régimen comunista en Albania, reposan en la iglesia de las Estigmatinas en Scutari. Es la única mujer del grupo de los 40 mártires albaneses. A su memoria ha sido intitulado un colegio de muchachas situado en Rreshen y gestionado por las hermanas Siervas del Señor y de la Virgen de Matará, rama femenina del Instituto del Verbo Encarnado.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Estampa devocional popular de San Martín de Porres.

Entre los Santos amantes de los animales está Martín de Porres. Su memoria está inscrita en el calendario universal de la Iglesia Católica, a fecha de 3 de noviembre, así como lo recuerda el Martirologio Romano: “San Martín de Porres, religioso de la Orden de los Predicadores, hijo de un español y de una mujer negra, desde la infancia, en medio de las dificultades por su condición de hijo ilegítimo y mestizo, aprendió la profesión de médico, que seguidamente, una vez religioso, ejercitó con abnegación en Lima de Perú entre los pobres, y dedicado a los ayunos, a la penitencia y a la oración, llevó una existencia de sencillez y humildad, irradiada por el amor”.

Martín nació en Lima en 1579. Su padre fue el aristócrata español Juan de Porres, que al principio no quiso reconocerlo, porque su madre era una ex-esclava negra de origen africano. Nombrado gobernador de Panamá, su padre dejó a su hija a un pariente y a Martín a su madre, con medios para que estudiara. Martín se convirtió en aprendiz de un barbero cirujano. Pero él quería entrar en los dominicos, que habían fundado en Lima su primer convento peruano. Pero como era mulato sólo lo admitieron como terciario y le asignaron tan sólo tareas humildes. Cuando los dominicos vieron su energía interior lo retiraron de esa condición subalterna, admitiéndolo en la Orden como hermano cooperador. Martín de Porres, hijo de un “conquistador”, ofreció así en Perú un ejemplo de vida ejemplar. Iban a él en busca de consejo el virrey de Perú y el arzobispo de Lima, hallándolo siempre rodeado de pobres y de enfermos, ya fueran humanos o animales. Cuando llegó la peste a Lima, cuidó él sólo de 60 hermanos. Para todos fue el hombre de los milagros: fundó en Lima un colegio para instruir a los niños pobres, el primero del Nuevo Mundo. Curó al arzobispo de México, que quería llevárselo consigo. Pero Martín murió en Lima en 1639.

La vida de San Martín es rica en episodios con animales, como perros, gatos y roedores. Un día, atravesando el patio del convento, con un hermano, vio en un extremo a un gatito que maullava deseperadamente porque tenía la cabeza herida por una pedrada. Indicó al gato que le siguiera a la enfermería, y el animalito le siguió. Después de haber lavado, tratado y cosido la herida, el Santo le colocó una especie de gorrito, indicándole que debía regresar la mañana siguiente para seguir curándole. ¡Qué cosas!

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Icono francés de Santa Clotilde de California con el gato.

Finalmente, en esta pequeña investigación de Santos y gatos, el último caso hallado en la iconografía es Clotilde de California. Clotilde, en el siglo llamada Helena Quast, es una Santa que no pertenece a la Iglesia Católica, sino a la Iglesia Céltica. Es una Iglesia vinculada a la tradición ortodoxa e instituida en 1866, aunque sus miembros sostienen que su fundación se remonta a José de Arimatea, en el año 37 d.C, en Gran Bretaña, en un lugar hoy llamado Glastonbury. Fue sucesivamente enriquecida por el testimonio de San Aristóbulo, que evangelizó las islas británicas. Se dice heredera del gran monasticismo irlandés.

La Iglesia Céltica se inicia o restaura en 1866 por obra del obispo Jules Ferrette. En 1977 el obispo Mael, primado de la Iglesia Céltica hasta 2014, ha puesto en marcha profundas reformas, y desde entonces esta Iglesia ha seguido creciendo, recuperando la historia céltica, las tradiciones, su rito y su espiritualidad. Se han establecido nuevas comunidades y contactos ecuménicos con las demás Iglesias.

Helena Quast nació el 12 de septiembre de 1912 en Seattle, en el estado de Washington, EEUU. No sabemos nada de su infancia, pero siendo joven entró en un convento de una congregación de hermanas franciscanas. Helena dejó el convento para cuidar de su madre enferma, cosa que hizo hasta su muerte. Después de ello conoció la Iglesia Céltica en Davis, en California, cuyo obispo era Elías en aquella época y su auxiliar, Nathan. A ellos, Helena les expresó su deseo de entrar en la vida monástica y de ser una hermana en el espíritu de San Francisco de Asís.

Entró en el noviciado en 1979 con el nombre de sor Clotilde. Hizo la profesión monástica de manos del obispo Elías el 4 de octubre de 1981, que renovó en 1982 de manos el obispo Mael, el único abad en aquel entonces de la Iglesia Céltica. El abad Mael se convirtió en su padre espiritual. Maltrecha de salud, no pudiendo vivir sola, entró en una pequeña casa de reposo para ancianos en Sacramento, California, a condición de poder mantener su hábito monástico en todo momento. Se durmió en la paz del Señor el 25 de octubre de 1993, con 83 años. Fue canonizada el 10 de agosto de 2008 en la catedral de Nuestra Señora del Signo en Saint-Dolay.

La Iglesia Céltica celebra la memoria de Santa Clotilde el 25 de octubre. En su icono para la canonización, según el estilo oriental, aparece representada con un gato.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos y ratones

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Ilustración contemporánea de Santa Gertrudis de Nivelles.

Ilustración contemporánea de Santa Gertrudis de Nivelles.

El ratón
Los roedores, orden de los mamíferos de tamaño pequeño o medio, caracterizado por un solo par de grandes incisivos con extremo de cincel, utilizados para roer materiales vegetales. Los roedores son el grupo de mamíferos más numeroso, tanto en término de individuos como en variedades; de hecho, incluye cerca de 2000 especies en 400 géneros recogidos y divididos en tres grandes grupos. Los roedores se llaman así debido a su hábito frecuente de roer. De hecho, sus incisivos (un par en ambos arcos dentales) son ipsodontes (sin raíz y en crecimiento continuo). Los roedores las liman y acortan royendo materiales duros.

Los ratones se dividen comúnmente en tres categorías: topillos o ratones de tierra, ratones de hogar y ratas o ratones de alcantarillado. El ratón común (Mus musculus) es un pequeño roedor de la familia Muridae del género Mus (de los cuales hay unas cuarenta especies). Puede encontrarse el ratón común en casi todos los países del mundo. Si está domesticado, puede vivir en casa. Vive entre uno y tres años. Es pernicioso para la agricultura y generalizado en Italia, el ratón de campo, que es de tamaño más grande que el ratón de casa, y tiene un manto de color rojo oscuro. Esta raza en particular se alimenta cavando una complicada maraña de túneles subterráneos, erosionando las raíces de plantas de árboles pequeños y grandes.

Los Santos y el ratón
La Biblia hace mención de algunos pequeños roedores, especialmente el ratón, que califica de animal impuro: “Entre los animales que se arrastran por el suelo quedan impuros: el topo, el ratón, cualquier tipo de reptiles, musarañas, lagartijas, el geco, el lagarto, y el camaleón” (Lev 11,29-30).

Grabado de San Martín de Porres.

Grabado de San Martín de Porres.

Otra referencia al ratón en la Sagrada Escritura es la relación entre los ratones y las enfermedades; así como se puede intuir en el primer libro de Samuel: “El arca del Señor permaneció en la tierra de los filisteos siete meses. Y los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, dijeron: “¿Qué haremos con el arca del Señor? Cuéntanos cómo la hemos de enviar a casa”. Ellos dijeron: “Si tenéis la intención de enviar el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino pagadle un homenaje para reparar la falta. Entonces os ayudará a sanar y será bien conocido, ya que no ha retirado su mano de vosotros”. Le preguntaron: “¿Qué tenemos que reparar?”. Ellos dijeron: “De acuerdo con el número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, porque son el azote de todos vosotros y vuestros príncipes. Haced, pues, figuras de vuestros tumores y figuras de vuestros ratones que infestan la tierra, y dar gloria al Dios de Israel. Tal vez pueda hacer más ligera su mano sobre vosotros, sobre vuestro dios y vuestro territorio”. (1 Sam 6, 1-5).

En la hagiografía, el ratón se convierte en parte de la iconografía de los Santos, como un elemento que se refiere un episodio hagiográfico en la vida del Santo representado. Antes de entrar en ejemplos individuales, esbozar la interesante cuestión espiritual que une la forma del pensamiento y de los animales. En la tradición monástica, el pensamiento tiene forma animal. En particular, en la vida del abad Antonio los malos pensamientos se comparan con moscas que intentan penetrar la mente, o ratones que infestan la casa. Pero ahora entramos en el núcleo de la cuestión. Hay algunos Santos que se representan con el ratón, ¿por qué? La pequeña criatura alude a un episodio de la vida del Santo junto al que está.

Santa Gertrudis de Nivelles, 17 de marzo. Martirologio Romano: En Nivelles, en Brabante, en la actual Bélgica, Santa Gertrudis, abadesa, que nació de una familia noble, tomó el velo sagrado de las vírgenes del obispo Amando y gobernó con sabiduría el monasterio construido por su madre, era asidua en la lectura de las Escrituras y se consumía en la práctica austera de vigilias y ayunos. La Santa se representa con ratones que andan sobre su ropa, por el hecho de que la santa abadesa de Nivelles se invoca contra la invasión de los ratones.

Anuncio de la muerte a Santa Fina. Fresco de Domenico Ghirlandaio, Capilla de la Santa en la colegiata San Gimignano, Italia.

Anuncio de la muerte a Santa Fina. Fresco de Domenico Ghirlandaio, Capilla de la Santa la colegiata de San Gimignano, Italia.

San Martín de Porres, religioso dominico, 3 de noviembre. Martirologio: San Martín de Porres, religioso de la Orden de Predicadores: hijo de un español y una mujer negra, desde la infancia, incluso entre las dificultades derivadas de su condición de hijo ilegítimo y mestizo, aprendió la profesión de la medicina, que más tarde se convirtió en religiosa, que practicaba con dedicación en Lima, en Perú, y entre los pobres, dedicado al ayuno, la penitencia y la oración, llevó una vida de sencillez y humildad, irradiando amor. El Santo humilde y sencillo de Perú es representado con los ratones, ya que se dice que tenía la capacidad de eliminar la infestación llamándolos hacia sí mismo.

San Nicasio, obispo de Reims, 14 de diciembre. Martirologio Romano: En Reims, en la Galia belga, en la Francia de hoy, la pasión de San Nicasio, obispo, quien junto con su hermana Eutropia, virgen consagrada a Cristo, el diácono Florencio y Jucundo, fue muerto durante una incursión de algunos paganos en la puerta principal de la basílica que él fundó. Como la Santa de Nivelles, se representa con los ratones, ya que se invoca contra la invasión de los ratones.

San Ulrico (Ulderico) de Augusta o Augsburgo (Alemania), obispo, 4 de julio. Martirologio Romano: En Augsburgo, en Baviera, Alemania, San Ulderico, obispo, que se distingue por el admirable espíritu de penitencia, generosidad y supervisión, murió nonagenario después de cincuenta años de episcopado. Como la Santa de Nivelles, se representa con los ratones, ya que se invoca contra la invasión de los ratones.

Ilustración contemporánea de San Cadoc, abad de LLandcarfan.

Ilustración contemporánea de San Cadoc, abad de LLandcarfan.

Santa Fina, virgen de San Gimignano, 12 de marzo. Martirologio Romano: En la ciudad de San Gimignano, en la Toscana, la santísima virgen Fina, que desde una edad temprana, con invencible paciencia, soportó una larga y grave enfermedad, confiando sólo en Dios. La Santa de la Toscana es representada en el momento de su muerte con un ratón escondido debajo de la cama. Ghirlandaio representó, pues -en el pequeño ratón debajo de la mesa y no en su cuerpo- el martirio de la Santa: ser pasto de ratas y gusanos.

San Cadoc, abad de Llandcarfan, 21 de septiembre. Martirologio Romano: En el monasterio de Llandcarfan, en Gales del Sur, San Cadoc, abad, en cuyo nombre se fundaron muchos monasterios en Cornualles y Bretaña. El santo abad de Gales es retratado con un tierno ratoncito, porque se dice que, durante una hambruna, viendo a un roedor que llevaba en la boca una semilla de trigo, descubrió un granero subterráneo que alimentó a los pobres durante la propia carestía.

Santa Bárbara de Nicomedia, virgen y mártir, 4 de diciembre. Martirologio Romano: En Nicomedia, conmemoración de Santa Bárbara, que fue, según la tradición, virgen y mártir. La Santa nunca se representa con un ratón, salvo en una estatua de madera ubicada en la hermosa iglesia parroquial dedicada a ella en Davoli, en el lado jónico de Calabria. Este detalle iconográfico particular, localizado sobre la ventana de la torre, dio origen a la tradición local de que, durante su encarcelamiento en la torre, la Santa fue asistida por un ratón, que, unido a un lagarto – también representado en la torre – socorrió a la virgen Bárbara trayéndole pan y agua.

San Pedro del monasterio de Solovetsky, mártir en el siglo XX. Se le representa con una rata y una serpiente, tal vez con significado simbólico.

Damiano Grenci

Bibliografía y fuentes:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* Barcaro & Brunetti – Animali e Santi – Editrice Veneta, 2004
* Bormolini Gudalberto – I santi e gli animali. L’Eden ritrovato – Libreria Editrice Fiorentina, 2014
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Casagrande Domenico – Santi e animali – Ed. Figlie della Chiesa, 1947
* Ed. Il Seminatore – I Santi e gli animali – 2012
* Furia Paolo – Dizionario iconografico dei santi – Editrice Ares, 2002
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi – Porziuncola, 2011
* sito web di wikipedia.org
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme Editore, 1997.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Martín de Porres, fraile dominico

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"Verdadera efigie de San Martín de Porres", pintura anónima en cobre. Monasterio de Santa Rosa de las Monjas de Lima (Perú).

Pregunta: Soy peruano aunque vivo en España. He oído decir que San Martín de Porres tenía fama de curandero. ¿Es esto cierto? Por favor, dadme una respuesta.

Respuesta: Aunque tu pregunta nos llegó hace unos quince días, hemos querido esperar hasta hoy para contestarte, ya que hoy celebramos su fiesta. Aunque me imagino en qué sentido va tu pregunta, te diré que algo de eso hay y la mejor forma de saberlo es escribiendo sobre su vida y es lo que voy a hacer.

Era hijo de un noble caballero español, Juan de Porres; y de una mujer libre, de raza negra, panameña, pero de origen africano: Ana Vázquez. Era peruano; nació en Lima el día 9 de diciembre de 1579. Fue bautizado en la iglesia de San Sebastián, en la misma pila bautismal en la que siete años más tarde también sería bautizada Santa Rosa de Lima. Fue inscrito en el libro de bautismo como “hijo de padre desconocido” porque su padre, viendo que el niño era mulato, no quiso darle su apellido, cosa que haría luego varios años más tarde. El ser considerado hijo ilegítimo y además mulato, influyeron gravemente sobre el pequeño Martín, el cual vivió su infancia con su madre y con su hermanita Juana, dos años más pequeña que él, pasando algunas penurias.

Cuando tenía unos ocho años, él y su hermana fueron llevados por su padre a Guayaquil (Ecuador) y allí permaneció unos cinco años durante los cuales el padre se ocupó directamente de la educación e instrucción de los dos hermanos. Estos cinco años fueron unos años de vida mucho más tranquila para los niños, serenidad y tranquilidad que se vieron interrumpidas cuando su padre fue enviado a Panamá como gobernador. Entonces envió a la pequeña Juana bajo el cuidado de su tío Don Diego de Miranda y a Martín lo envió a Lima, donde estaba su madre, a la que le facilitó todo lo necesario para que Martín pudiera seguir estudiando y aprendiendo algún oficio.

Icono contemporáneo del Santo, representado al estilo ortodoxo.

Martín se sentía especialmente atraído por la medicina y comenzó a frecuentar una especie de farmacia-ambulatorio propiedad de unos vecinos suyos, Mateo Pastor y Francisca Vélez, los cuales llegaron a brindarle al joven Martín una gran amistad. En seguida, en la tienda de Marcelo de Rivera, fue iniciado en las artes de barbero-curandero (barbero, curandero, cirujano, médico y farmacéutico, una mezcla de todo en aquella época). Posiblemente por aquí viene la fama de lo que usted mismo dice en su pregunta. Aprendió muy pronto llegando incluso a superar a su maestro, lo que le dio gran fama en Lima.

A todo esto, los dominicos que habían llegado desde España y habían fundado en 1510 un primer convento en la isla de Haití y de allí pasaron a México, Venezuela y Colombia, en el año 1530 comenzaron la evangelización de Perú mientras Pizarro y Almagro manchaban sus nombres realizando innumerables actos de infamia y crueldad. El padre Vicente Valverde, que el rey de España mandó para que aconsejara a Pizarro y lo frenase y moderase, fue consagrado como primer obispo de Perú. Los conquistadores en 1536 habían devastado la ciudad de Cuzco, habían convertido en iglesia el templo al sol y en convento, el palacio real de los Incas. Fundada Lima como nueva capital, se construyó el primer templo dedicado a la Virgen del Rosario y en el 1539, por una Bula del Papa Paulo III, fue erigida la provincia dominica del Perú.

Pero volvamos a la vida de San Martín; Cuando tenía quince años quiso entrar en el convento dominico del Rosario de Lima, pero dado que estaba considerado como “hijo ilegítimo” y era mulato, solo fue admitido como “hermano donato”, o sea, como terciario, dedicándose a los oficios más humildes de la comunidad. Cuando lo supo su padre, contrariado y humillado por la decisión de su hijo, hizo todo lo posible por disuadirlo, pero no lo consiguió. Martín, con un enorme fervor inició esta nueva vida, haciendo de la escoba casi su emblema y haciéndose sentir útil a los frailes. No le faltaron ni ofensas ni faltas de delicadeza hacia él, pero él siempre se mantuvo paciente y con gran mansedumbre.

Estampa devocional popular del Santo.

Era profundamente humilde, servicial, que se llamaba a sí mismo “perro mulato” para humillarse (yo creo que en esto se pasaba) y que más de una vez, cuando en el convento había dificultades económicas, se ofrecía al padre prior para “que lo vendiera como esclavo” (también en esto, creo que se pasaba). Poco a poco los frailes fueron tomando conciencia del tesoro que tenían en el convento y así, lo admitieron al noviciado e hizo los votos simples. Sin embargo, aunque Martín prefería permanecer siempre en el anonimato, en el último lugar, el día 2 de junio de 1603, emitió la profesión solemne como fraile dominico.

Ya dominico plenamente, se empeñó especialmente en seguir la vida de Santo Domingo de Guzmán, llevándose largas horas de oración delante del sagrario, flagelándose tres veces todas las noches, siempre meditando en la Pasión de Cristo. En más de una ocasión los frailes lo vieron en éxtasis, levitando, abrazado a la imagen de un Crucifijo, con su boca besando la llaga del costado de Cristo. Así lo hace constar Fray Bernardo Medina, en el proceso apostólico el 18 de octubre de 1683  en Lima.

En aquel tiempo, convivían en Lima varios santos: Santo Toribio de Mogrovejo, que era el arzobispo de la ciudad, San Francisco Solano que era fraile franciscano, Santa Rosa de Lima que era terciaria dominica, San Juan Macías que era fraile dominico y él mismo, San Martín de Porres. ¡Cinco santos viviendo simultáneamente en la misma ciudad! Martín, buscaba la compañía de los otros para hablar con ellos de Dios y de sus propias experiencias.

A San Martín de Porres se le considera un taumaturgo: tenía carismas extraordinarios, como el don de profecía, hacía milagros en vida, eran frecuentes los éxtasis místicos, tenía el don de la bilocación (estar en dos sitios distintos simultáneamente) y todo esto lo ponía al servicio de los demás, especialmente, al servicio de los pobres y de los perseguidos. Tenía el don de la sabiduría y ciencia demostrando unos conocimientos que causaban estupor a los teólogos. Conocía perfectamente las Sagradas Escrituras y la “Summa Theologica” de Santo Tomás de Aquino a las que citaba exactamente en numerosas ocasiones. Los estudiantes acudían a él cuando tenían dificultad para entender algunas de las ciencias y toda clase de gente también lo hacía, incluso el mismísimo arzobispo, Santo Toribio de Mogrovejo. Se dio el caso de que en más de una ocasión el arzobispo fue a visitarlo y tuvo que esperarlo porque estaba en éxtasis en ese momento.

Grabado de San Martín de Porres.

Grabado de San Martín de Porres.

La pequeña enfermería del convento era el cuarto donde él ayudaba a los pobres, consolaba a los indios y aconsejaba a los poderosos. Su actividad, hasta cierto punto, se convirtió en algo tan extraordinario que llegó a sorprender a todos, que no comprendían como pudiera realizar santísimas cosas al mismo tiempo. Deseoso de ser mártir, sin llegar a salir de su convento de Lima, fue visto en el África septentrional consolando a los esclavos y en China y Japón socorriendo a los misioneros nativos: claros signos de bilocación. Enseñaba el catecismo por las calles, a los campesinos, a los criados negros y mulatos y a todos cuantos estuviesen dispuestos a escucharle. La caridad lo empujó a aliviar a todos, sin pararse en mirar ni a qué clase social pertenecía ni qué color tenía su piel. Realmente, fue un ángel amoroso con los enfermos, curando a todos, cosa que le dio tanta fama que venían a buscarlo al convento todos los abandonados, los enfermos, los que sufrían algún accidente e incluso los numerosos heridos en reyertas callejeras. Como dicen numerosos testimonios de la época, de modo particular se dedicó a cuidar a los frailes, aun en los menesteres más repugnantes, sirviéndolos arrodillado ante ellos. Durante una epidemia de peste que devastó Lima, él solo, se prestó a curar a sesenta frailes enfermos y todos, absolutamente todos, sanaron. Aún hoy permanece la huella de esta sorprendente caridad en el Colegio de la Santa Cruz, que él hizo que se construyera en Lima para atender a los niños más pobres. Fue el primer colegio de este estilo que se construyó en América Latina.

Pero la inmensa caridad de Martín no se limitó solamente a los hombres; también la practicó con los animales. Como San Francisco de Asís, hablaba con los pájaros y como San Antonio de Padua, predicaba a los peces. Martín se dirigía a los animales más pequeños y a los más repugnantes, como a las ratas, hablándoles, curándolos, tratándolos como él decía: “Son criaturas de Dios”. Les hablaba como si estuviese hablando a seres inteligentes y “era escuchado”. Los perros, los gatos, los bueyes, las ratas, todos, conocieron su caridad e instintivamente lo buscaban, no solo para que les diera de comer, sino también para que los curasen cuando estaban heridos o enfermos. Esto que escribo no es leyenda, es historia contrastada. Existen numerosos testimonios de la época que así lo confirman. Era realmente un santo ecologista.

Relicario con el cráneo del Santo. Convento de Santo Domingo, Lima (Perú).

Lo llamaban “el padre de la caridad” aunque él no era sacerdote, sino simple hermano lego. Las ratas lo tuvieron como su protector y lo obedecían no haciendo daño a nadie, ni mordiendo, ni atacando el huerto y el jardín del convento. Él les daba de comer siempre en el mismo lugar, para que ellas no vagaran por el convento buscando comida. Hoy en día, se invoca a San Martín cuando hay plagas de ratas y de roedores en general. Una antigua pintura de Bernardino Rizzi lo representa abriendo un armario de la sacristía del convento, metiendo a todos los roedores en un cesto y llevándolos luego al campo. ¡Y es que esto sucedió realmente!

Iba a cumplir los sesenta años cuando, de acuerdo con sus superiores, el nuevo arzobispo de México, Don Feliciano de Vega, curado por Martín de una grave pleuritis, pensaba llevárselo con él para, según él, sustraerlo a las tentaciones de soberbia a las que podría estar expuesto en Lima como consecuencia de su fama entre los limeños. Pero una violenta fiebre lo impidió y así, el día 3 de noviembre de 1639 moría pobremente como había vivido toda su vida. Tenía sesenta años de edad y su fiesta es precisamente hoy, tres de noviembre.

La veneración de los fieles, las gracias y milagros que se obtenían por su intercesión hizo que el proceso canónico se iniciase a nivel diocesano en el año 1660, ventiún años después de su muerte. El día 10 de diciembre de 1668, el Papa Clemente IX firmaba el decreto de introducción de la Causa de canonización, que, como la emancipación de los negros, avanzó muy lentamente (milagrosa coincidencia) y así el 29 de octubre de 1837 (casi ciento setenta años más tarde de iniciarse el proceso) fue solemnemente beatificado por el Papa Gregorio XVI.

Vista del altar de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, Lima (Perú) con las imágenes y reliquias de Santa Rosa (centro), San Martín de Porres (izqda.) y San Juan Macías (dcha.)

Vista del altar de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, Lima (Perú) con las imágenes y reliquias de Santa Rosa (centro), San Martín de Porres (izqda.) y San Juan Macías (dcha.)

En junio de 1926, el Papa Pío XI concedía reiniciar la causa de canonización, que había estado paralizada otra vez casi un siglo. El papa le dio un nuevo impulso a su culto como beato, tanto dentro de la Orden Dominicana como en todo el territorio del Perú y, aunque sólo era beato, aprobó que su fiesta se celebrase en algunas diócesis de América, África y Asia. Hay que recordar que culto universal sólo se les da a los santos, no a los beatos. El día 10 de enero de 1945, el Venerable Papa Pío XII lo declaraba patrono de todas las obras de justicia social en Perú y en julio de 1966, el Beato papa Pablo VI, lo declaraba patrono de los barberos y peluqueros italianos.

Cuatro años más tarde, el día 6 de mayo de 1962, el Papa San Juan XXIII lo canonizó solemnemente en Roma. Se le daba un nuevo impulso a la emancipación total de los negros, a la superación de las diferencias raciales y de clase, a la verdadera fraternidad entre todos los hombres independientemente de su origen, raza, creencias, etc. En los Estados Unidos, el presidente Kennedy, aunque con la oposición de determinados sectores de la sociedad americana, consiguió aprobar la ley sobre los derechos civiles de los negros y toda la gente de color americana vio en la canonización de San Martín, la sincera voluntad de la Iglesia de suprimir todas las barreras que habían dividido a los pueblos durante siglos.

Sus reliquias están en una urna en el altar mayor de la iglesia del convento de Santo Domingo, en Lima, junto a otras urnas con las reliquias de Santa Rosa de Lina y San Juan Macias.

Sobre San Martín de Porres se ha escrito mucho. La primera obra fue publicada en Lima en el año 1637 y se titulaba “Vida prodigiosa del Venerable Siervo de Dios Martín, natural de la Tercera Orden de Nuestro Padre Santo Domingo”. Este mismo libro fue publicado en Madrid dos años más tarde. Domenico Marchese escribió sobre él en Nápoles en el año 1681 y Meléndez, hizo lo propio en Roma en 1682. La obra se titula: “Tesoros verdaderos de las Indias en la historia de la gran Provincia de San Juan Bautista del Perú de la Orden de los Predicadores”.

Son innumerables los textos escritos sobre él: un anónimo de Palermo en 1696, Martino da Lima en Lisboa en 1712,  Domenico Ponsi en Roma en 1732,  Valdés en Lima en 1863,  Herbert en Nueva York en 1889, etc… La “Analecta Sacri Ordinis Praedicatorum” publicada en el año 1962, año de la canonización, entre las páginas 551 a 583 aporta interesantes documentos sobre la canonización con los discursos del Papa Juan XXIII, del cardenal Landázuri, arzobispo de Lima y del Vicario General de la Orden. La última publicación que yo conozco y seguro que existen otras muchas posteriores, es la de Gino Lublich, publicada en Roma en 1965 y que se titula: “El primer santo de color: Martín de Porres”.

Antonio Barrero

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