San Martín y el dragón

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Estampa devocional italiana del Santo, de la serie Egim Isonzo, 409.

Estampa devocional italiana del Santo, de la serie Egim Isonzo, 409.

San Martín. ¿Quién no conoce al santo caritativo de Tours, famoso por el gesto del manto?

Nació en Panonia (actual Hungría), en Sabaria, de padres paganos. Fue instruido en la doctrina cristiana, pero no fue bautizado. Hijo de un oficial del ejército romano, se enroló a su vez, jovencísimo, en la caballería imperial, prestando servicio posteriormente en la Galia. Es en esta época cuando se ubica el episodio famosísimo de Martín a caballo, que con su espada corta por la mitad su manto militar, para proteger a un mendigo del frío.

Habiendo dejado el ejército en 356, ya bautizado, quizá en Amiens, se reunió en Poitiers con el obispo Hilario, que lo ordenó de exorcista (orden menor en el camino al sacerdocio). Después de algunos viajes, Martín regresó a la Galia, donde fue ordenado sacerdote por Hilario. En 361 fundó en Ligugé una comunidad de ascetas, que es considerada el primer monasterio datable en Europa. En 371 fue elegido obispo de Tours. Durante algún tiempo, sin embargo, residió en otro monasterio por él fundado, distante quatro kilómetros de la ciudad, llamado Marmoutier. Se empeñó a fondo en la cristianización de las campiñas. Murió en Candes en 397.

He aquí la historia de San Martín. Pero el título de este artículo tiene que ver con una iconografía hallada en una librería de Monza el pasado febrero. Una estampa de la serie conocida como Egim (serie Isonzo 409) lleva la nomenclatura San Martín, sin especificar nada. Ciertamente despertó mi curiosidad, pudiera tratarse de un tebano, uno de tantos de la Legión.

Reverso de la misma estampa, con la oración al Santo en italiano.

Reverso de la misma estampa, con la oración al Santo en italiano.

Pero entonces, el reverso de la misma estampa me hizo entender que era el Santo de Tours. Si analizamos la imagen, nos damos cuenta de que es un error iconográfico. La palma y el dragón hacen de éste un soldado romano, un legionario, un mártir, probablemente San Jorge, pero ciertamente no es el Santo de Tours, como dice la oración en el reverso.

Digamos que han querido variar la iconografía del santo pastor de las Galias, utilizando un motivo que resultase llamativo, pero que en realidad sólo es un pegote iconográfico realizado por un… ignorante.

Damiano Grenci

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San Martín, obispo de Tours (II)

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Muerte del Santo. Altar en la basílica de Ottobeuren, Alemania.

Muerte del Santo. Altar en la basílica de Ottobeuren, Alemania.

Pastor del rebaño
Martín, como Ambrosio de Milán, trabajó por establecer la libertad de la Iglesia ante el poder civil. Tuvo buenas relaciones con quienes detentaban la autoridad y condescendía en cuanto podía por el progreso social, pero si era necesario, impedía que alguien con mucho poder y que indigno por la manera que le ejercía, se sentara en compañía de los monjes por ser inmerecido de su compañía.

La firmeza como trabajaba le atrajo el encono de los prelados aristócratas, amigos del lujo, tibios en la fe, que no podían padecer su buen ejemplo; por ello le llamaban hipócrita, lo acusaban de ser priscilianista y observó con dolor cómo los obispos emanados del monasterio que fundó, eran relegados mientras se hacían querellas administrativas con fines de poder y de dinero.

Martín fue asceta y apóstol, un hombre de oración profunda, la que no dejó de practicar en medio de sus agotadoras jornadas de trabajo. Aún cuando parecía hacer otras cosas, siempre oraba. Mortificado y penitente, pobre, humilde, sereno ante la adversidad, apartado de las vanidades del mundo, su ejemplo contribuyó a forjar la idea de cómo tenía que ser un obispo.

Construyó muchas iglesias y salió al encuentro de sus ovejas para que los fieles asistieran a estos lugares. Su estilo de monje obispo fue distinto al de oriente: por el desierto tendrá el contexto de la ciudad, el diálogo en silencio con Dios en el monasterio se convierte luego en palabra que evangeliza, si en el desierto los monjes combaten a los demonios, en la ciudad él se opone a los paganos.

Muerte
Según es la vida, así es la muerte y el paso de este mundo al cielo de San Martín fue ejemplar y digno de recordar. Su fallecimiento ocurrió mientras estaba de visita pastoral en la parroquia de Candes, a donde había acudido con la intención de restablecer la paz entre sus clérigos. Una vez que concluyó su visita, cuando se disponía a volver a su monasterio, se sintió sin fuerzas y se dio cuenta que la vida se le acababa; mandó llamar a sus colaboradores más cercanos y les hizo ver que se estaba muriendo.

Relicario con el presunto cráneo del Santo. Ribas de Campos, España

Relicario con el presunto cráneo del Santo. Ribas de Campos, España

Ellos, llenos de aflicción se entristecieron mucho y llorando le decían: “¿Por qué nos dejas padre? ¿A quién nos encomiendas en nuestra desolación? Invadirán lobos rapases a tu grey ¿Quién nos defenderá de sus mordeduras si nos falta el pastor? Sabemos que deseas estar con Cristo, pero una dilación no hará que se pierda o disminuya tu premio, compadécete mas bien de nosotros, a quienes dejas”. El anciano obispo se conmovió profundamente por el sufrimiento de sus hermanos y también lloró, vuelto en oración a Dios entonces, le imploró: “Señor, si aún soy necesario para tu pueblo, no rehúyo el trabajo; hágase tu voluntad”. En ese trance, unos sacerdotes le recomendaron que se pusiera cómodo y cambiara su cuerpo de posición y el Santo les dijo: “Dejen, hermanos, dejen que mire al cielo y no a la tierra y que mi espíritu, a punto ya de emprender su camino, se dirija al Señor.” Entonces, vio al demonio acechándolo y le reprochó: “¿Por qué estás aquí, bestia feroz? Nada hallarás en mí, malvado; el seno de Abraham está a punto de acogerme”. Entregó su alma a Cristo lleno de paz. Era el 8 de noviembre del año 397. Aunque sus reliquias están repartidas entre varias ciudades europeas, la mayor parte de ellas están en su sepulcro en Tours.

Culto
Como una compensación a los ataques que había sufrido en los últimos años, de todas partes se levantaron las voces para aclamarlo con veneración. El pueblo en masa lo reverenció como santo. Pronto se elevó una modesta capilla sobre su tumba a la que San Perpetuo, sucesor suyo en la sede de Tours, transformó en una importante basílica. Desde muy antiguo su sepulcro se convirtió en meta de peregrinaciones, alcanzando en la época merovingia un enorme prestigio su culto y devoción. Se dice que hay quienes ven en el apellido de los reyes de Francia: Capeto, una analogía con “cappatus” es decir, que estaban bajo la capa del santo y que por ello se honraron titulándose como abades de San Martín de Tours.

En Francia, un fervoroso devoto suyo, ha contado la cantidad de 3.667 parroquias dedicadas a su nombre; en Alemania, tal vez por sus actividades a Tréveris es sumamente conocido. Gracias a la escena de su capa compartida con un pobre en Amiens, los artistas lo tomaron como modelo para muchas obras de arte. Este tema se tomará incluso como insignia en los hierros para confeccionar hostias, en los juegos de damas, en muebles e incluso en las cubas para servir la sidra. En el Quijote de la Mancha, hay un episodio donde el caballero de la triste figura dice a su escudero Sancho Panza al ver una imagen suya: “Este caballero también fue de los aventureros cristianos y creo que fue más liberal que valiente, como lo puedes echar de ver Sancho, en que está partiendo la capa con el pobre y le da la mitad y sin duda debía ser entonces invierno, que si no, él se la hubiera dado toda, según era de caritativo”.

Sepulcro del Santo.

Sepulcro del Santo.

Su culto y devoción fue combatido en 1912 por E. Ch. Babut, que alegaba en un libro por él publicado, que San Martín y su biógrafo eran unos oscuros personajes sin historia, miembros de un sospechoso grupo filial a los priscilianistas y que el obispo santo era un hombre sin relieve, que tenía su fama porque la realidad estaba olvidada y la biografía escrita por Sulpicio Severo fue intencionadamente hecha para darle un lugar en la historia.

Junto a San Silvestre Papa, es el primer santo representado en un mosaico sin ser mártir. Su iconografía lo representa como el caballero por excelencia, dando ello difusión a este episodio de su vida y dejando por debajo su vida episcopal. Sin embargo, en sus representaciones como obispo, se le incluye una oca silvestre, aludiendo a la migración de estas aves por las fechas de sus fiestas.

Su celebración litúrgica tiene el grado de memoria obligatoria y se celebra el 11 de noviembre, aniversario de sus funerales. En muchos lugares este día es una fiesta, con un clima benigno porque no comienza aun el frío invernal, por eso esta fecha es conocida como “veranillo de San Martín”, una ocasión para beber vino nuevo, encender hogueras, danzar y hacer el balance de las cosechas.

Imagen del Santo venerado en su catedral de Zamora, Michoacán (México).

Imagen del Santo venerado en su catedral de Zamora, Michoacán (México).

San Martín de Tours en la Arquidiócesis de Guadalajara
San Martín de Tours es patrono secundario de Guadalajara, Jalisco; su nombre se une a los de San Miguel Arcángel, San Clemente I, Papa y mártir, San Sebastián mártir y Nuestra Señora de la Soledad. Dicho patronazgo le viene desde la época de la colonia. El libro 8 de los Acuerdos del Cabildo Eclesiástico de la Catedral refiere que como el libro cuatro de Actas está faltante, se hace la nota aclaratoria de la fiesta que la Real Audiencia notificó al Ayuntamiento y las órdenes religiosas. La dicha acta dice que el Cabildo y Regimiento de Guadalajara solicitó a Don Alonso de la Mota y Escobar, obispo de Guadalajara de 1598 a 1607, un Patrono contra la plaga de hormigas. Luego de celebrarse una misa para invocar la ayuda de Dios, se hizo la elección echando suerte con treinta cédulas con los nombres de otros tantos santos inscritas en ellas, así como otras tantas cédulas en blanco y una que tenía la inscripción de “sancte advocate ora pro nobis” la que salió al mismo tiempo con la que tenía el nombre de San Martín obispo, resultando de esta suerte ser el patrono contra esta plaga.

Se le prometió colocar y erigir un altar con retablo en la Catedral, cuyo costo se comprometió el Ayuntamiento a pagar, junto con las limosnas que se pedirían a sus devotos, de las que se tomaría una parte para distribuir entre los pobres, imitando así la caridad de San Martín.

Actualmente la imagen de San Martín se encuentra en el retablo de Nuestra Señora de Guadalupe en la nave norte de la Catedral, junto al presbiterio del Altar Mayor. Esta escultura es obra de Mariano Perusquía y es de tamaño natural, (mide 2.05 mts.) está esculpida en media talla, representando al Santo Obispo con ropa pontifical y destacando por su mitra alta. Lamentablemente, su culto y devoción han quedado en los registros de la historia.

Imagen del Santo venerada en Guadalajara, México.

Imagen del Santo venerada en Guadalajara, México.

San Martín obispo tiene otras parroquias dedicadas en la zona metropolitana. La principal se ubica en el Sector Libertad, por la calle de Belisario Domínguez. En esta Parroquia el Santo recibe culto en un cuadro que lo representa como San Martín Caballero. En Tlaquepaque, en el Barrio de San Martín de las Flores también tiene culto y devoción; más moderna es la Parroquia que se le dedicó en Zapopan, en la colonia llamada Ciudad Granja, titulada San Martín Obispo. En la Región Valles, el municipio de San Martín Hidalgo, recibe el nombre de este santo francés, cuya parroquia también le ha sido dedicada.

Oración
Renueva, Señor en nosotros las maravillas de tu gracia, para que, al celebrar hoy la memoria de San Martín, obispo, que te glorificó, tanto con su vida como con su muerte, nos sintamos fortalecidos de tal manera, que ni la vida ni la muerte pueda separarnos de tu amor. Por…

Humberto

Bibliografía:
Liturgia de las Horas según el rito romano, Tomo IV, Obra Nacional de la Buena Prensa A.C. México, San Adrián del Besós, Barcelona, 2000, pp.1510-1514.
– MARTINEZ, Héctor Antonio, La Catedral de Guadalajara, AMATE Editorial, Guadalajara, Jalisco, 1992, pp. 160.
– MARTÍNEZ PUCHE José A., Nuevo Año Cristiano, Noviembre, Editorial EDIBESA, Madrid, 2006pp.201-210.
– VVAA, Año Cristiano XI noviembre. Editorial BAC, Madrid, 2006, pp. 225-234.
– VVAA, Diccionario de los Santos, Volumen II. Ediciones San Pablo, Madrid, no refiere año, pp. 1658-1661.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Martín, obispo de Tours (I)

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Detalle del Santo en su retablo de la iglesia de Ebersheim, Francia.

Detalle del Santo en su retablo de la iglesia de Ebersheim, Francia.

Introducción
El culto a los santos comenzó durante las persecuciones del imperio romano hacia los cristianos. En efecto, fueron los mártires los primeros en ser venerados como ejemplos y a quienes también se invocaba para obtener su protección. Cada año, en el aniversario de su sacrificio, el día llamado “dies natalis”, se reunía la comunidad cristiana para celebrar el Santo Sacrificio sobre su sepultura. Casi simultáneamente, aunque con más posteridad, se veneró a los santos ermitaños y anacoretas, que huyendo de esa violencia persecutoria, se adentraban al desierto y la soledad para dedicarse a la oración, la penitencia y la meditación. Casi terminados los periodos de persecución, se elevó como signo de santidad entre los fieles la figura de los santos pastores, es decir, los obispos, quienes conforme a la etimología de esta palabra “episcopoi”, (el que vigila) fueron el vigía atento para que en la comunidad se viviera correctamente la ortodoxia y la ortopraxis. Desde hacía tiempo, el obispo y mártir ya era un binomio inseparable y figura referida; así lo vemos por ejemplo en los casos de San Ireneo de Lyon, San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Apolinar de Rávena, etc.

Cuando la Iglesia tuvo libertad de culto, el obispo concretó en su persona la autoridad civil y religiosa, de ahí que fuera como un gobernante, de estilo monárquico, que tenía que ver por una parte las actividades catequéticas, litúrgicas y clericales, y por otra, la atención al derecho civil, el cuidado del orden social y económico de los fieles bajo su autoridad. Muchos de estos obispos fueron más padres que gobernantes y se valieron de su autoridad para servir. Otros, por el contrario, se comportaron como autoridades civiles que aglutinando el poder, terminaron por corromperse.

Entre los primeros encontramos ahora a San Martín, obispo de Tours; su obra y mensaje caló hondamente en el pueblo creyente, quien desde su muerte lo veneró con piedad filial. Es muy probable que este santo obispo haya sido el primero en ser venerado, no ya como mártir pero si por una vida de santidad admirable. Baste trascribir aquí una parte del oficio divino compuesto en su honor, y que todavía en nuestro tiempo conserva partes propias: “¡Oh bienaventurado pontífice que amaste con todo tu corazón a Cristo Rey y no temiste los poderes de este mundo! ¡Oh alma santísima, que sin haber sido separada de tu cuerpo por la espada del perseguidor, has merecido, sin embargo, la palma del martirio!” (Antífona del cántico evangélico de Vísperas). Como se desprende de lo anterior, San Martín es comparado como un mártir, es decir, el testigo de Cristo que con sus obras manifiesta su fe. Desde este punto comienza la vida de un santo, ser como Cristo, actual, pensar, vivir, amar y entregarse como Él; este es el proceso para llegar a la veneración de los altares.

San Martín y el mendigo. Lienzo de Domenikos Theotokopoulos, "El Greco" (1597-1600). Galería Nacional de Arte de Washington, EEUU.

San Martín y el mendigo. Lienzo de Domenikos Theotokopoulos, “El Greco” (1597-1600). Galería Nacional de Arte de Washington, EEUU.

San Martín caballero
Pero antes de pasar a conocer la biografía de este santo es necesario evocar antes un apelativo que le ha dado la verdadera fama a nuestro Martín. Realmente son pocas las personas que conocen e identifican a Martín de Tours con Martín Caballero. Es este último papel el que lo hace identificar y por lo que le viene la fama y el cariño. La iconografía ha sido vasta para representar un episodio de su vida que ha inspirado verdaderas obras de arte.

La historia refiere que Martín era un joven de 18 años y catecúmeno cuando era militar al servicio del Imperio Romano. En una ocasión venía el gallardo soldado montado sobre su corcel cuando a la entrada de Amiens, a la vera del camino, un hombre pobre le pidió una caridad. Probablemente no llevaría monedas encima, pero su generosidad le hizo empuñar la espada y con ella dividir su amplia capa para compartirla con el miserable hombre. Esa noche Martín soñó que estaba ante la corte celestial y Dios presumía ante sus ángeles la capa dividida: “Miren lo que me ha dado Martín”. La pobreza y necesidad, a veces rayana en la miseria, hicieron que Martín fuera dadivoso y por ello, amado y conocido por este episodio. Sin embargo, al final de sus días, Martín continuaba siendo igual o más generoso. Otro episodio de igual talante se recuerda: el obispo Martín se dispone a celebrar la Santa Misa muy de madrugada, era pleno invierno y un hombre semidesnudo se le acercó llorando para pedirle ropa y no teniendo nada más que darle, le cedió su túnica. El archidiácono se acercó entonces para avisarle que ya era hora de celebrar la misa, pero él le replicó que no celebraría hasta que el hombre pobre tuviera que vestir. En efecto, Martín era ese hombre pobre. El archidiácono fue entonces a buscar la túnica donde la hallara y la compró de la más baja calidad y malhumorado y se la entregó al Santo Obispo que pudo finalmente vestir algo debajo de las vestiduras litúrgicas. El hombre le entregó la ropa diciéndole: “Aquí está el vestido, pero el pobre ya no está”. Martín lo hizo salir, se vistió y celebró la Eucaristía.

Son muchas las obras de arte que representan a Martín como el caballero generoso más que como obispo entregado, pero su desprendimiento es el mismo. Esta compasión es la que despertó tanta simpatía y que lo hace invocar por tantas almas necesitadas, aunque es conveniente referir aquí como esta devoción no se ha visto libre de contaminaciones supersticiosas, como el hecho de poner cerca de su imagen una herradura para su caballo y atraer la buena suerte, así como arrimarle macetas de albahaca para atraer su protección.

Busto relicario en plata del Santo. Iglesia de la Consolación de Nereto, Italia.

Busto relicario en plata del Santo. Iglesia de la Consolación de Nereto, Italia.

Martín de Tours, Martín de Panonia
Martín es uno de los Santos más populares y su biografía se debe a San Sulpicio Severo, discípulo suyo. La razón que lo lleva a escribir su vida es la profunda admiración que siente por su maestro: muchos hombres con glorias del mundo son recordados y honrados, ¿Por qué no Martín, que de manera santa ha logrado ganar lo que es valioso a los ojos de Dios? Además de esta fuente, existen otras cartas donde el mismo autor da referencias sobre su biografiado. Llama la atención que casi no refiere fechas y en algunos puntos se indica la edad del Santo, lográndose por ello, determinar ciertos tiempos determinados en su vida. San Gregorio de Tours, obispo de la misma ciudad dos siglos después, por testimonio suyo hará a conocer otras fechas.

Así pues, Martín nació en Panonia (Zombathely), hoy Hungría, posiblemente hacia el año 317, hijo de una familia de buena posición social cuyos padres eran paganos. La educación la recibió en Pavía. Como su padre, sirvió en el ejército desde los 15 hasta los 20 años, aunque posiblemente su permanencia como militar sea hasta el año 356. La razón de esta circunstancia se debe a que entonces las leyes canónicas no eran muy favorables al ingreso a la vida clerical de los antiguos militares, ya que la vida castrense parecía estar en contradicción con la costumbre cristiana. Además el pasado militar lo desprestigiaba y daba pie a críticas de sus adversarios, por ello, Sulpicio Severo trata de hacer pasar como breve este periodo. Lo que si es cierto es que el hombre se negó a participar en un combate que le habría dado un gran rango y fuertes ingresos.

El emperador Juliano el Apostata lo seleccionó para una batalla pero él se enfrentó: “Hasta hoy he estado a tu servicio, permíteme a partir de ahora estar al servicio de Dios; que acepte tu “donativum” quien tenga intención de combatir, yo soy soldado de Cristo y no tengo derecho a combatir”. El emperador lo tachó de cobarde y le espetó que por miedo y no por su fe era que declinaba luchar, pero Martín le dijo que en nombre de Cristo lo pusiera sin ninguna protección de arma o defensa sino con la Cruz para atravesar así las líneas enemigas. Cuando iba a realizar ese reto, el enemigo se rindió y negocio su paz. Martín dio con esto ejemplo de defender su conciencia a tantos que no quieren cumplir la ley en nombre de su religión.

El Santo es elegido obispo. Relieve decimonónico en un retablo de la iglesia de Pfaffenheim, Francia.

El Santo es elegido obispo. Relieve decimonónico en un retablo de la iglesia de Pfaffenheim, Francia.

Un cristiano que se hace monje y un monje elegido obispo
Desde su juventud primera, Martín tenía el deseo de ser monje y no fue hasta cuando abandonó el ejército que recibiera el Bautismo. En esos días oyó hablar sobre San Hilario de Poitiers y se marchó a Francia atraído por su noble figura. Entonces se unió al grupo de sus discípulos y por sus cualidades fue propuesto al diaconado, cosa que rechazó por humildad, aunque aceptó ser ordenado exorcista. En el año 356, el Santo Doctor (Hilario) fue exiliado a Oriente durante las luchas arrianas y su discípulo aprovechó esta coyuntura para visitar su tierra natal, logrando allí la conversión de su madre; un poco después visita Milán donde hace la experiencia de vivir en un cenobio. Cuando le llega la noticia de que su maestro ha vuelto a Poitiers, vuela inmediatamente a su lado. Entonces el santo obispo pudo ordenarlo primero como diácono y luego como sacerdote. Se ha dicho que Martín fue “soldado a la fuerza, obispo por obligación y monje por gusto”. En Ligugé, orientado por San Hilario, fundó un monasterio, con lo que realizó un acariciado deseo; sin embargo, este periodo iba a ser breve, porque la sede de Tours estaba vacante y gracias a su fama por la ejemplaridad de vida, se le hizo ir a la ciudad con el pretexto de que aliviara a un enfermo (ya tenía fama de taumaturgo) y el 4 de julio del año 370 fue consagrado obispo. Su elección fue realizada por aclamación popular y con la oposición de algunos obispos que fueron invitados a consagrarle. Una de las primeras actividades episcopales que realizó fue fundar el monasterio de Marmoutier que sería un auténtico semillero de obispos de Las Galias.

Episcopado
No por ser obispo dejó de vivir como monje, por ello trabajó tanto como se dedicó a orar. Se preocupó por la formación del clero y la evangelización de las zonas rurales. Combatió la idolatría y cuando los campesinos se opusieron hostilmente a que destruyera sus santuarios paganos, él les desviaba con palabras que iluminaban sus almas y les convertían a la fe, destruyendo luego ellos mismos sus templos. Fue tal vez su intensa vida de oración la que le hizo ser un gran misionero, pues fueron muchas las regiones a las que se dedicó a llevar el Evangelio.

El Santo, meditando, es avisado de que tiene que celebrar misa. Detalle de un fresco de Simone Martini. Basílica inferior de San Francisco, Asís (Italia).

El Santo, meditando, es avisado de que tiene que celebrar misa. Detalle de un fresco de Simone Martini. Basílica inferior de San Francisco, Asís (Italia).

Martín fue un pastor que se hizo todo para todos según lo que decía San Pablo, para poder acercarlos a Cristo. Siempre fue solidario con su pueblo, llorando con los que lloraban, pero ágil siempre en la piedad y misericordia para llevar su caridad a todos los que acudían a él. Curaba a los enfermos y expulsaba a los demonios y nunca fue servil al poder imperial; en efecto, mientras muchos obispos ensalzaban al emperador Máximo y se doblegaban ante él, Martín era el único que alzaba la voz intercediendo por los pobres, pidiendo que se diera una solución a sus necesidades. En una ocasión se sentó a la mesa con Máximo y se negó a pasarle la copa en señal de respeto y honor, pues consideraba que comprometía su libertad y por eso la pasó a un sacerdote, en señal de veneración de su dignidad.

Ante este mismo emperador sucederá un episodio que le amargó por mucho tiempo la existencia. Intercedió ante el mismo para que no se vertiera la sangre del obispo heterodoxo Prisciliano y de algunos de sus seguidores, como pretendían algunos obispos. Fue hasta Tréveris para interceder por estos que se señalaban como herejes, arriesgándose a sí mismo a ser considerado como hereje también. Él entendía que no es con la violencia como se puede combatir el mal. El emperador lo recibió amablemente y le concedió lo que pedía, pero tuvo que pagar muy caro este gesto: comulgar con los obispos que perseguían al heresiarca cuando se consagró al nuevo obispo de Tréveris. Este gesto le dolió mucho, pues el compromiso con los obispos indignos le recordó como a éstos los había despreciado San Ambrosio y que también la Sede de Roma los había amonestado. Solo su caridad pudo salvar momentáneamente a los acusados, pues Máximo, faltando a su compromiso, terminó por decidir la ejecución poco tiempo después.
Mañana seguiremos con la segunda parte.

Humberto

Bibliografía:
Liturgia de las Horas según el rito romano, Tomo IV, Obra Nacional de la Buena Prensa A.C. México, San Adrián del Besós, Barcelona, 2000, pp.1510-1514.
– MARTINEZ, Héctor Antonio, La Catedral de Guadalajara, AMATE Editorial, Guadalajara, Jalisco, 1992, pp. 160.
– MARTÍNEZ PUCHE José A., Nuevo Año Cristiano, Noviembre, Editorial EDIBESA, Madrid, 2006pp.201-210.
– VVAA, Año Cristiano XI noviembre. Editorial BAC, Madrid, 2006, pp. 225-234.
– VVAA, Diccionario de los Santos, Volumen II. Ediciones San Pablo, Madrid, no refiere año, pp. 1658-1661.

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Los Santos que navegaron sobre su manto (I)

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San Julio de Novara navegando sobre su manto en la isla de Orta. Ilustración contemporánea.

San Julio de Novara navegando sobre su manto en la isla de Orta. Ilustración contemporánea.

Introducción
“En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y las hará aun mayores, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”. (Juan, 14, 12-14). Es curiosa esta pieza del evangelio de San Juan; interesante en dos pasajes: “Hará obras mayores que estas” y luego, “para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. Creo que los gestos más grandes que el hombre puede lograr, van más allá de las capacidades del ser humano: Jesús va al Padre, el da el Espíritu a los hijos, la fuerza de este Espíritu para que podamos, por la gloria del Padre, hacer cosas humanamente imposibles.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tal cantidad de testimonios, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos, 12, 1): la vida cristiana es una carrera – nos dice la epístola a los Hebreos – cuyo propósito es glorificar al Padre. Los santos son testimonios, una multitud a lo largo de los siglos, que se han conformado al Hijo, a Jesús, a través del don del “Espíritu Santo, que es el primer don del Resucitado a los creyentes” (Benedicto XVI, 26-9-2012) y han manifestado con palabras, obras y señales, la gloria del Padre haciéndose hijos en el Hijo.

Entre las palabras, las obras y los signos que han caracterizado la vida de los Santos está el milagro del manto flotante. Sin embargo, antes de hablar de esta “señal”, debemos repetir qué es un Santo: “El Señor Jesús, maestro y modelo divino de toda perfección, a todos y a cada uno de sus discípulos, de cualquier condición, predicó la santidad de la vida, de la cual el es el autor y el perfeccionador: “Sed perfecto como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo, 5, 48). A todos envió el Espíritu Santo, para que los mueva internamente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (Marcos, 12, 30), y a amarnos unos a otros como Cristo nos ha amado (Juan, 13, 34; 15, 12). Los seguidores de Cristo son llamados por Dios, no a título de sus obras, sino por su designio y la gracia, justificados en el Señor Jesús, en el bautismo de la fe que nos hace verdaderamente hijos de Dios y copartícipes de la naturaleza divina, y así, realmente son santos. Por lo tanto, deben con la ayuda de Dios, mantener y perfeccionar en su vida la santidad que recibieron… Es evidente para todos, que todos aquellos que creen en Cristo, sea cual sea su estado o rango, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad y que tal santidad promueve en la misma sociedad terrenal, un nivel de vida aun más humano. Para llegar a esta perfección, los fieles deben utilizar las fuerzas recibidas según la medida en la que Cristo quiso dárselas, para que siguiendo su ejemplo y conformándose a su imagen, obediente en todo a la voluntad de Dios, con plena generosidad se consagren a la gloria de Dios y al servicio a los demás. Así, la santidad del pueblo de Dios, producirá abundantes frutos, como se muestra claramente en la historia de la Iglesia en las vidas de tantos santos”. (LG.40)

Vista del sepulcro de San Julio de Novara (San Julio de Orta). Isola di San Giulio, Novara (Italia).

Vista del sepulcro de San Julio de Novara (San Julio de Orta). Isola di San Giulio, Novara (Italia).

La santidad y el “manto milagroso”
¿Quienes son los santos que han realizado este signo?. He aquí un pequeño elenco, en orden cronológico:
San Julio de Orta (siglo IV)
San Martín de Tours (316-317 – 397)
San Juan Xenos (ca. 970-1027)
San Alberto de Génova o Sestri (siglo XI – 1180)
San Gerardo de Tintori (1135 – 1207
San Raimundo de Peñafort (1175 – 1275)
Beato Conrado Confalonieri de Noto (1290-1351)
San Miro de Canzo (1306 ca. –1381)
San Francisco de Paula (1416 – 1507)
Venerable padre Jesualdo Melacrinò de Reggio Calabria (1725 – 1803)

San Julio de Orta (siglo IV)
La isla de San Julio es la única isla del Lago Orta y forma parte del municipio de Orta San Giulio, en la provincia italiana de Novara. Durante un cierto tiempo era un lugar inhóspito. La leyenda nos dice que fueron los Santos hermanos Julián y Julio quienes la descubrieron, después de llegar desde Cusio y haber construído su iglesia número noventa y nueve en Gozzano. Después que terminaron su intenso trabajo, Julio se fue a la orilla del lago y vio una isla pequeña infestada de serpientes, en la que decidió fundar su iglesia número cien. Julián se estableció en Gozzano, mientras que Julio llegó a la isla navegando sobre su capa.

La leyenda dice que esta isla, distante no más de cuatrocientos metros de la orilla del lago Orta, durante un cierto tiempo había sido una roca habitada por serpientes y monstruos terribles hasta que en el año 390 llegó allí San Julio: atravesando las aguas del lago sobre su manto y guiado por su bastón en la tormenta, el Santo fundó una iglesia dedicada a los Doce Apóstoles, que luego eligió para ser enterrado, transformando la isla en un centro de evangelización de toda la región. Esta leyenda está representada en el arte, aunque en algunos casos, el Santo es representado no sobre su manto, sino sobre una roca flotante.

Detalle de un icono ortodoxo de San Juan Xenos, donde se le ve cruzando las aguas sobre su manto.

Detalle de un icono ortodoxo de San Juan Xenos, donde se le ve cruzando las aguas sobre su manto.

San Martín de Tours (316/317-397)
Martirologio Romano, 11 noviembre: Memoria de San Martín, obispo, en el día de su tránsito: nacido de padres paganos en Panonia, territorio en la actual Hungría y llamado al servicio militar en las Galias, cuando aun era catecúmeno cubrió con su manto al mismísimo Cristo, oculto bajo las apariencias de un pobre. Recibido el bautismo, dejó la armas y llevó vida monástica cerca de Ligugé, en un cenobio fundado por él mismo bajo la guía de San Hilario de Poitiers. Finalmente, ordenado sacerdote y elegido obispo de Tours, mostró en sí mismo el modelo del buen pastor, fundando otros monasterios y parroquias en los pueblos, instruyendo y reconciliando al clero y evangelizando a los campesinos, hasta Candes, desde donde retornó al Señor.
Se cuenta que Martín iba a Aosta pasando por Ivrea, solicitando a los ciudadanos que le diesen hospitalidad y éstos se la negaron. Entonces el Santo extendió su manto sobre el río Dora, el cual lo transportó hasta las cercanías de Anzasco, donde fundó un pueblo, llamado precisamente San Martino.

San Juan Xenos (ca. 970-1027)
Martirologio Romano, 6 de octubre: En Nazogírea en la isla de Creta, san Juan, llamado Xenos, que difundió en la isla la vida monástica.
Se cuenta que, habiendo naufragado su nave en la isla de Gaudos, llegó a Creta usando el manto como embarcación y vela y el bastón como palo de la misma.

San Alberto de Génova o Sestri (XI siglo – 1180)
Nacido en el siglo XI, estuvo en primer lugar haciendo vida monástica en la Orden Benedictina. En 1129 optó por la reforma cisterciense, pues aspiraba a llevar una vida solitaria, retirándose a una cueva del monte Contessa en Sestri Ponente, donde murió el 8 de julio, probablemente en el año 1180.

En la ermita de S. Alberto hay un fresco que representa el santo ermitaño con el bastón tradicional, de pie sobre el manto puesto en el agua, mientras navegaba sobre el fondo de la costa de Sestri, frente al lugar en que, como resultado, se construiría la ermita de San Alberto. Algunos biógrafos escriben que san Alberto estuvo en la playa y tiró la capa sobre las olas, colocándose allí y orando al Señor para que lo llevara donde quisiera. El manto, como si fuera un barco, se dirigió a las cercanías de la parroquia de Santa Maria Assunta de Sestri Ponente, donde recogió su capa, y apoyándose en un bastón, siguió su camino hasta que llegó a un lugar desierto que eligió como su morada.

San Alberto de Génova cruza las aguas sobre su manto.

San Alberto de Génova cruza las aguas sobre su manto.

Otros biógrafos del Santo cuentan que Alberto se encontraba un día sobre una barca con los monjes a fin de pescar. Como la pesca era infructuosa, Alberto pidió que le acompañaran a tierra para acudir a la mesa del monasterio. Dado que los monjes se negaron a dejar de pescar, el santo echó su manto sobre el mar, se subió y retornó a la orilla.

San Gerardo dei Tintori (1135–1207)
En tiempos de San Gerardo, los hospitales europeos eran, en gran medida, atendidos por los religiosos, siendo fundado el de Monza en 1174, por un laico caritativo: Gerardo dei Tintori. Puso su obra bajo el control de la ciudad y de los canónigos de la basílica de San Juan el Bautista, y se reservó para sí la tarea más fatigosa: traer a cuestas a los enfermos recogidos en la calle, lavarlos, alimentarlos y servirles.

Se reunieron con él unos voluntarios y Gerardo los organizó como un grupo de seglares, llevando una vida disciplinada en común, empeñados en ser célibes. Viendo esta total dedicación, los habitantes de Monza, aun en vida, decían que era un Santo. A su muerte, comenzaron las peregrinaciones a su tumba en la iglesia de San Ambrosio, posteriormente incorporada a la parroquia a él dedicada. Fue San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, quien agilizó el proceso canónico, obteniendo en el año 1583 del Papa Gregorio XIII, la confirmación de su culto. En los cuadros aparece vestido rústicamente, con un sayo y un manto y con imágenes y símbolos que recuerdan sus milagros.

Cuenta una biografía del Santo que “durante una hambruna, el Santo quiso llevar comida a algunas familias que vivían más allá del río Lambro y, no teniendo ni barcos ni balsas, extendió su manto sobre el agua para transportar a través del río los suministros que llevaba”. Otros biógrafos hablan del mismo milagro y lo hacen refiriéndose a una crecida del río Lambro. Se cuenta que mientras Gerardo se encontraba rezando en la catedral, el río creció de manera imprevista rompiendo el puente que conectaba el hospital con la ciudad El propio hospital se enfrentaba al río con el peligro de verse inundado. Gerardo corrió inmediatamente, puso su capa, se subió a ella y cruzó el río, llegando a donde estaban los enfermos y ordenando al agua que no penetrase en las habitaciones de los enfermos. Según nos informa Morigia, las aguas se detuvieron en las puertas durante unas horas a pesar de que su altura excedía la mitad de un codo (más de 20 cm) sobre los umbrales.

San Gerardo cruza el río sobre su manto.

San Gerardo cruza el río sobre su manto.

San Gerardo es uno de los patrones de Monza y sus habitantes le dedicaron en el siglo XVII un monumento, llamándolo “padre de la patria”.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Cantù Ignazio – Guida pei monti della Brianza e per le terre circonvicine (1837)
* Grenci Damiano Marco – Archivo iconográfico y hagiográfico privado: 1977 – 2013
* Grenci Damiano Marco – Quaderno 138, I Santi di Canzo – Ed. D. M. G., 2012
* Malvicini Fulvio A. in www.templarisanbernardo.org
* Pettinei Guido, I Santi canonizzati del giorno, vol. 1, ed. Segno, Udine, 1991
* “Santi, santità e santini di Calabria”, Cosenza, Progetto 2000, 2011
* sito web eremosantalberto.it
* sito web madonnadellaconsolazione.com
* sito web treccani.it
* sito web web.tiscali.it/gesualdodareggiocal/
* Tam Giovanni – Santi e Beati in Valtellina. Biografías populares. Memorias históricas. Tradiciones – Scuola Tip. Casa Divina Provvidenza, Como 1923
* Tradigo Alfredo – Iconos y santos de Oriente – Electa 2004

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos de nombre Martín

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Busto relicario de San Martín de Tours en plata.

Dice un refrán en Italia: “Por San Martino (San Martín), el mosto se convierte en vino”. Italia de este modo rinde homenaje al vino y utiliza esta excusa para festejarlo con canciones populares. Pero, ¿quién es San Martín?

Así lo recuerda el Martirologio Romano: Memoria de San Martín el día de su muerte. Nació de padres paganos, en Panonia (actual Hungría) y fue llamado a realizar el servicio militar en Francia cuando aun era catecúmeno; allí cubrió con su manto al mismísimo Cristo que se le presentó en forma de mendigo. Cuando fue bautizado, dejó la milicia y llevó vida monástica en un monasterio fundado por él mismo cerca de Ligugé, bajo la guía espiritual de San Hilario de Poitiers. Fue ordenado sacerdote y elegido obispo de Tours, cumpliendo su ministerio como el Buen Pastor, fundando monasterios y parroquias en los pueblos, instruyendo y reconciliando al clero y evangelizando a sus ciudadanos, hasta que en Candes, murió. Es un santo muy popular y es el primer confesor, no mártir, venerado litúrgicamente. Según el Martirologio Jeronimiano (siglo VI), su muerte se conmemora el día 11 de noviembre, fecha fijada también en el Martirologio Romano.

Pero también en la ciudad de Monselice hay un San Martín, que es un mártir de las catacumbas. En la Iglesia de San Jorge, cerca del santuario de las Siete Iglesias en Monselice (Padua), construida en 1593 como capilla privada de la familia Duodo, a partir del año 1650 se obtiene de la Santa Sede en tiempo de los Papas Inocencio X  y Clemente XI diversos “mártires de las catacumbas o cuerpos santos”, extraídos de las catacumbas romanas. Los cuerpos de estos “mártires” son visibles, cerca del altar de la iglesia, recompuestos anatómicamente y revestidos con ropas. Entre ellos, el más venerado es el “cuerpo santo” de San Valentín,  que festejan multitudinariamente el día 14 de febrero, invocándolo de manera similar a como se hace con San Valentín, obispo de Terni. Pero luego hay un San Martín entre los “cuerpos santos” custodiados en esta iglesia de San Jorge. Otras fotos y noticias sobre los “Mártires de Monselice” se pueden ver aquí

San Martín, mártir de las catacumbas. Iglesia de San Jorge de Monselice, Padua (Italia).

También son venerados otros mártires de las catacumbas con el nombre de Martín:
San Martín, venerado en Gotteszell (Alemania) desde 1729.
San Martín, venerado en la parroquia de San Juan Bautista, en la localidad de Monteloro, en Pontassieve (FIorencia) desde 1654.
San Martín, cuyos restos fueron extraídos de las catacumbas de Ciriaca o Sebastián y que son venerados en la parroquia de San Esteban, en Novellara (Reggio Emilia) desde 1602, con dos celebraciones anuales: el 26 de marzo y el 4 de mayo.

Pero la Iglesia Católica venera a otros santos que llevan el mismo nombre:
– Beato Florencio Martín Ibáñez Lázaro, religioso lasaliano mártir en España, recordado en día 23 de octubre.
– Beato Juan Martín Moye, sacerdote de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, que fundó el Instituto de las Hermanas de la Providencia y que es recordado el día 4 de mayo.
– Beato Martín Cid, cistercense, abad de Bellofonte y venerado el día 7 de octubre.
– Beato Martín de Pegli (o de Genova), benedictino, recordado el 8 de abril.
– Beato Martín de Ágreda. mercedario recordado el día 20 de junio.
– Beato Martín de Melgar, mercedario recordado el 11 de diciembre.
– Beato Martín de Pomar, mercedario recordado el 13 de diciembre.
– Beato Martín de Salvatierra, mercedario recordado el 30 de marzo.
– Beato Martín de San Félix Woodcock, sacerdote franciscano mártir en Lancaster (Inglaterra) y recordado el día 7 de agosto.
– Beato Martín Juan Oprzadek, sacerdote franciscano, mértir en el campo de concentración de Hartheim, cerca de Linz (Austria), festejado el día 18 de mayo.
– Beato Martín Lumbreras Peralta sacerdote agustino recoleto, mártir en Nagasaki (Japón) y festejado el día 11 de diciembre.
– Beato Martín Martínez Pascual sacerdote Operario Diocesano, mártir en España y recordado el 18 de agosto.
– Beato Martín Sanz, mercedario festejado el día 12 de diciembre.

San Martín abad y ermitaño, iglesia de Carinola (Italia).

San Martín de Porres, religioso dominico recordado el 3 de noviembre.
– San Martín de Hinojosa, llamado San Sacerdote (+1213), abad cisterciense y obispo de Sigüenza, festejado el día 16 de septiembre.
San Martín de Braga, obispo de Dumio y de Braga, recordado el día 20 de marzo.
– San Martín de León (llamado Martín de la Cruz) sacerdote experto en Sagrada Escritura, venerado el día 12 de enero.
– San Martín de Saujon, sacerdote y abad en Saujon, en Saintes y venerado el 8 de mayo.
– San Martín de Vertou, abad de Vertou en Francia; recordado el día 24 de octubre.
– San Martín de Vienne, obispo que recibe culto local el 1 de julio.
– San Martín eremita llamado Marcos el Solitario (+ 3 agosto 580) en el monte  Massico en Campania; recordado el 3 de agosto.
– San Martín Huin sacerdote mártir en Su-Ryong <(Corea del Sur) y recordado el día 30 de marzo. – San Martín I papa mártír, recordado el 13 de abril.
– San Martín Wu Xuesheng, catequista mártir en Kaiyang (China), venerado el día 18 de febrero.
– San Martín de Brive, mártir recordado localmente el 26 de septiembre.
– San Martín monje de Corbie, patrono de saint-Priest-sous-Aixe, recordado localmente el 26 de noviembre.
– Beato Martín de Pratovecchio, eremita camaldulense fundador del santuario del Sasso presso Bibbiena (Arezzo); que murió con 105 años. Recibe culto a nivel local.
– San Martín de Ormeaux, obispo de Saint-Paul-Trois-Chateaux, en el siglo VII.
– San Martín de Soure, sacerdote mártir en Córdoba, recordado el 31 de enero.
– San Martín de Tongres, obispo recordado en Maastricht el 21 de junio.
– Beato Martín I, abad de Camaldoli, recordado los días 6 y 13 de septiembre.
– Beato Martín III, abad de Camaldoli, el 13 de septiembre.

Damiano Grenci

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