Beatos Mártires Hospitalarios Colombianos

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Mártires colombianos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Pregunta: Veo en el perfil del blog que te interesan especialmente los beatos colombianos. ¿Por qué no escribes un artículo sobre los Beatos mártires hospitalarios de Colombia? ¡Venga, hazlo! Un abrazo. España.

Respuesta: Claro que sí, aquí están algunos de los datos más relevantes de estos beatos colombianos:
Beatos Mártires Colombianos de la Guerra Civil Española:
Beato Fray Esteban Maya:

Hijo de Baudilio y Teresa, nació En Pácora, departamento de Caldas el 19 de Marzo del año 1907 siendo bautizado, el mismo día por el Padre Rafael González, en la Iglesia de San José (Pácora), con el nombre de Gabriel José. Fue confirmado dos años después por Monseñor Gregorio Nacianceno Hoyos en la misma Iglesia. Su vida transcurrió en una entrega generosa, humilde y sencilla oración frecuente, participación constante en los sacramentos, estudioso, trabajador diligente con sus padres y vida de fraternidad.
Cuando contaba con 25 años de edad, ingresa a la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios. El 15 de junio de 1932, se integra al Hospital psiquiátrico de Nuestra Señora de las Mercedes en Santafé de Bogotá. En 1932 en ceremonia especial recibe el hábito que lo identifica como miembro de la congregación, cambiando su nombre de Gabriel José por Esteban; En 1933 en ceremonia solemne ratifica sus votos de castidad, pobreza, obediencia y hospitalidad, y en 1934 es enviado a España. Llega a Ciempozuelos (Madrid, España) para estudiar y servir a los enfermos y pobres en el hospital Psiquiátrico de San José.

Fotografía retocada del Beato Eugenio.

Beato Fray Eugenio:
Nació en La Ceja, departamento de Antioquia, el 2 de septiembre de 1913, hijo de José María y Ana Rosa. Fue bautizado por el Padre Jesús María Piedrahita quien le dio el nombre de Alfonso Antonio. Se estableció en la vereda El Tablazo del municipio de Rionegro (Antioquia), donde vivió durante quince años. A los siete años hizo su primera comunión en la Catedral de Rionegro e ingresó a la escuela de El Tablazo, cerca de donde vivía. Era trabajador y colaborador con las tareas en su hogar, poseía una gran inteligencia y era adicto a la lectura y a la oración.
Su vocación religiosa fue animada por el Padre Ismael Muñoz, párroco de Rionegro; por tal motivo y después de reflexionarlo comunicó a su madre el deseo de ingresar a la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios en la cual ingresó el 6 de junio de 1932 a sus 19 años de edad. El 23 de septiembre de 1932 vistió el hábito y comenzó su noviciado; cambió su nombre por el de Fray Eugenio. El 24 de febrero de 1933 hizo su profesión religiosa y comenzó a trabajar como jefe de atención nocturna psiquiátrica en el Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora de Las Mercedes en Santafé de Bogotá. El 8 de septiembre de 1934, por voluntad de sus superiores, partió para España a trabajar en el hospital psiquiátrico de Ciempozuelos, cerca de Madrid. Allí tuvo la oportunidad de crecer en la práctica de virtudes cristianas; se caracterizó particularmente por una extraordinaria vida de piedad, por su inteligencia, bondad y obediencia, por su amabilidad y amor para el prójimo.

Beato Fray Melquíades:
Nació en Sonsón, departamento de Antioquia, el 13 de febrero de 1909 en la Vereda LLanadas; hijo de Ananías y Cleotilde. Fue bautizado dos días después por el Padre Ignacio Botero quien le dio el nombre de Ramón. Era el menor de 10 hermanos. Estando muy pequeño sus padres regresaron a El Santuario (Antioquia), de donde eran oriundos y se establecieron en la vereda de “Aldana”. El 20 de diciembre de 1913 fue confirmado por Mons. Manuel José Giraldo, Arzobispo de Medellín. Dos años después ingresó a la escuela de la Profesora Lucrecia Giraldo en Aldana.
Terminados sus estudios se dedicó al cultivo de la tierra. Era un hombre de buenos modales y de vida piadosa.

Fotografía retocada del Beato Melquíades.

Monseñor Ignacio Botero lo encaminó hacia la vida religiosa, y así ingresó a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios el 18 de junio de 1933 a la edad de 24 años. El 24 de diciembre del mismo año tomó hábito y cambió su nombre de pila por el de Fray Melquíades y dio comienzo a su noviciado. El 25 de diciembre de 1934 realizó sus votos temporales en Bogotá. El 30 de marzo de 1935 el padre Provincial lo llevó consigo a España para que prestara su servicio en el hospital de Ciempozuelos, en donde se distinguió por su ardiente deseo de perfección.

Beato Fray Luis Arturo:
Luis Arturo Ayala nace en Tuta el 17 de abril de 1909; sus padres fueron Carlos Ayala Nieto y Ezequiela Nieto, es bautizado en la Parroquia de San Miguel en Paipa, departamento de Boyacá, el 30 de Abril de 1909. Años después, al verse llamado a ser alguien en la vida, a progresar tuvo que luchar contra todas las dificultades especialmente económicas. Al terminar la primaria se traslada a Santafé de Bogotá en compañía de su única hermana.
Mientras se preparaba intelectualmente se desempeñó de recepcionista y mesero en el hotel Salto de Tequendama, se habilitó como ayudante de enfermería en el Hospital Psiquiátrico de Nuestra Señora de las Mercedes. Allá conocería a los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios para entrar a una etapa de discernimiento vocacional.

El 11 de mayo de 1928 ingresa a la Orden hospitalaria, viste el hábito de novicio el 23 de octubre del mismo año; el 8 diciembre de 1929 es trasladado a España y el 4 de julio de 1933 hace su profesión solemne. Presta sus servicios hospitalarios en los sanatorios de Ciempozuelos cerca de Madrid.

Beato Fray Gaspar:
Nació en el municipio de la Unión, departamento de Huila, el 15 de junio de 1913. Fue bautizado de urgencia ante el peligro de morir y recibió el nombre de Luis Modesto.
Muy joven aún, a los veinte años, descubrió su vocación a la vida religiosa e ingresó a la Orden Hospitalaria. Allí recibió el nombre de Fray Gaspar. Luego de emitir sus votos solemnes se trasladó a España para completar su formación religiosa y hospitalaria. Entre sus hermanos se distinguió por su candor, sencillez y caridad fraterna, mantuvo una gran devoción a la Santísima Virgen María y se entregó por completo a los enfermos.

Fotofragía retocada del Beato Esteban.

Beato Fray Rubén:
Nació en Concepción, departamento de Antioquia, el 12 de abril de 1908. Hijo de Joaquín López y Efigenia Aguilar, los cuales tuvieron 14 hijos, siendo el segundo de ellos nuestro hermano Rubén. Muerta la madre, el padre contrae nuevas nupcias de la que nacen otros siete hijos.
Sintió su vocación al sacerdocio desde la adolescencia, pero la falta de recursos frustró sus deseos juveniles. Estudió hasta segundo de primaria y preocupado por la pobreza de su familia busca trabajo en otras regiones: las minas de Yolombó y Alejandría, y el túnel de la Quiebra (Antioquia). Siempre se distinguió por ser magnífico compañero y amigo compartiendo lo que tenía. Desarrolló allí su magnífica corpulencia que ayudaría posteriormente en el trabajo con los enfermos.
Sus hermanos, algunos de los cuales aún viven, hablan de su nobleza y piedad desde niño. No quería pelearse con ellos, aunque le pegaran y su padre le empujara a defenderse. Cuentan de él, el amor a María, la Virgen Santísima y de su respeto y admiración por las mujeres. En todo veía la voluntad de Dios, “Bendito sea mi Dios” era su frase más común. Pero ese Dios le mostró el camino para seguirlo cuando los hermanos de San Juan de Dios vinieron en promoción vocacional a Concepción, y a través del Padre Villegas (Párroco) le contactaron.
Rubén entró al postulantado el 2 de diciembre de 1930 en Santafé de Bogotá. Allí se dedicó al estudio y a las labores de los distintos sanatorios y hospitales de la comunidad. El 7 de marzo de 1931 ingresa al noviciado. Según sus compañeros siempre supo ser fuerte frente a las dificultades. El 27 de marzo de 1935 profesa temporalmente y ese mismo año hace su profesión solemne.

Fue seleccionado para viajar a España y así preparase mejor en todas sus tareas. Pero antes habría de servir en la guerra de 1933 entre Perú y Colombia, donde demostró ampliamente su amor a los enfermos y su espíritu de oración y obediencia curando y acompañando los soldados en la ciudad de Pasto.

En España sufre con los combates de la guerra civil, pues llega el 30 de marzo de 1935 y se dedica de nuevo a los enfermos en los hospitales de la comunidad. Desde allí escribe a la familia contando su viaje en barco y la situación crítica de violencia indiscriminada imperante en España. El 5 de agosto de 1936, no sin antes defender su fe y su vocación con valentía, es cruelmente asesinado con sus compañeros. Sus restos reposan en una fosa común no plenamente identificada.

Óleo del Beato Juan Bautista.

Beato Juan Bautista:
Hijo de Álvaro de Jesús y María del Carmen, nació en El Jardín, departamento de Antioquia el 9 de Julio de 1909, Fue bautizado ese mismo día por el padre Próspero María Merino con el nombre de Juan José Velázquez y fue confirmado en 1911 por el Obispo de la Diócesis Madre de Antioquia. Desde pequeño recibió una esmerada educación cristiana. Estudió educación y ejerció su profesión hasta que descubrió su vocación a la vida religiosa e ingresó a la Orden hospitalaria el 29 de febrero de 1932, en ese momento cambio su nombre por Fray Juan Bautista. Juan se caracterizó por su carácter alegre, jovial y piadoso y por su especial vocación al servicio de los enfermos.
En abril de 1934 fue destinado a España y formó parte de las comunidades de Córdoba, Granada y Ciempozuelos donde se encontraba en 1936 al iniciarse la revuelta político-militar de España.

Estos siete Hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, fueron prisioneros en la ciudad de Madrid, cuando el embajador colombiano se dio cuenta de esto, pidió al gobierno que estos compatriotas suyos por ser extranjeros los dejaran salir en paz del país, y les envió unos pasaportes y unos brazaletes tricolores para que los dejaran salir libremente. El padre capellán de las Hermanas Clarisas de Madrid les consiguió el dinero para pagar el viaje hacia Colombia, y así los envió en un tren rumbo a Barcelona, avisándole al cónsul colombiano de esa ciudad para que fuera a recibirlos. Pero en el tiquete de cada uno, los guardias pusieron una señal especial para que fueran apresados. Los Mártires Colombianos de la guerra Civil Española, fueron beatificados por el papa San Juan Pablo II el 25 de octubre de 1992 en Roma.

Fotografía del cadáver del Beato Melquíades, con su número de identificación.

A continuación, les traigo el relato del cónsul colombiano, Dr. Ignacio Ortiz Lozano, sobre el martirio de los siete beatos colombianos, el cual fue publicado en el diario “El Tiempo” de Santafé de Bogotá y posteriormente en el diario “El Pueblo Vasco” de San Sebastián en su edición del 20 de julio de 1937.
“Este terrible suceso es el recuerdo más amargo de mi vida. Aquí no saben el acto de barbarie cruda y baja que se llevó a cabo en estos siete religiosos, ajenos a todo lo que no fuera su oficio de caridad. Como usted sabrá el Hermano Esteban natural de Pácora; el Hermano Juan Bautista del Jardín; el Hermano Eugenio de la Ceja; el Hermano Melquíades de Sonsón; el Hermano Arturo de Paipa; el Hermano Gaspar de la Unión y el Hermano Rubén de Concepción; pertenecían a la comunidad de San Juan de Dios, estaban en Cienpozuelos a 30 Kilómetros de Madrid cuidando a los locos.
El día 7 de Agosto me llamo por teléfono el Dr. Carlos Uribe Echeverri, ministro de Colombia en España, para avisarme la salida de los religiosos y pedirme encarecidamente que los atendiera con diligencia y les facilitara el viaje lo más pronto posible. Desde que recibí el aviso, me puse a esperarlos y fui a la estación en repetidas ocasiones pero nada supe de ellos. El 8 de Agosto debieron realizar los hermanos el viaje a Barcelona; pero yo no obtuve ningún aviso. Supuse que ellos se presentarían al consulado. Nadie apareció por la oficina lo que me preocupó. En las horas de la tarde daba yo una vuelta por la ciudad, cuando un miliciano me dijo al pasar:
“¿Usted no es el cónsul de Colombia? Pues aquí tiene siete compatriotas presos”. No me explicaba el suceso. Me dirigí prontamente a la casa de la calle Balmes, en donde estaban recluidos y solicite por ellos. –si están, me respondió. Quise verlos para conversar y tratar de resolverles las dificultades en que pudieran encontrarse y no se me permitió.
-Yo soy el cónsul de Colombia y ellos son colombianos -les dije a los oficiales. Toda solicitud era rechazada porque “sí”… ¿y sabe usted toda la trama de este crimen? Óigala, porque se tramó desde Madrid. Los religiosos no lo supieron, pero llevaban vigilantes. Al llegar a Barcelona fueron entregados a unos milicianos –todo estaba convenido, y de la estación de los ferrocarriles pasaron a la prisión. ¡Esto es inaudito! Bueno, regrese a la calle de Balmes y solicite el favor de ver por unos minutos a mis compatriotas encarcelados.
Ahora es imposible, se me contesto. Mañana si los puede ver. Estaba en la oficina del comisariato y unos de los jefes, con un papel abierto me dice con un tono altanero y soberbio:
– ¿Sabe usted leer? – A veces, le dije.
-Pues lea eso.
Y me extendió uno de los pasaportes de los Hermanos de San Juan de Dios. Esa insolencia me produjo ira ¡figúrese; si era él precisamente el que no sabía leer! Y me dijo que todos los pasaportes eran falsos y que ninguno de los presos podía ser puesto en libertad.
Me ofrecí a hacer las averiguaciones del caso, manifestando que era imposible suponer semejante astucia en siete hombres tan sencillos, tan buenos, tan ajenos a toda malicia y a toda picardía. Mi propósito era el de comunicarme con Cienpozuelos y luego con Madrid, con el propio oficial del gobierno que refrendó los pasaportes.

Fotografía del cadáver del Beato Rubén de Jesús, con su número de identificación.

Después de mucho conversar se me entregaron dos cartas, una de ellas abierta: Rasgué el sobre y leí en alta voz para que todos la escucharan. La firmaba el ministro Uribe Echeverri y en ella se me decía, poco más o menos lo que me dijo cuando hable con él por teléfono. –Ya ven ustedes –dije- aquí están los nombres de los siete hermanos colombianos, creo que ahora si no habrá inconveniente para verlos. Se me respondió, al final de cuentas, que era absolutamente necesario que la orden me lo autorizara la F.A.I.
Y ¿Qué es eso de la F.A.I? Una asociación parecida a la P.O.U.M. y a la C.N.T.
¡Caracoles! Ojalá hubiera estado usted en Barcelona, daban ganas de reír. Las esquinas estaban empapeladas de un lenguaje extraño, incomprensible y hasta curioso. Todo se hacía por medio de las abreviaturas; la F.A.I. quiere decir en castellano Federación Anarquista Ibérica. Ahí entiende cualquiera.
Fui pues a la F.A.I. y no tenían noticias de la llegada de los Hermanos. En estas circunstancias regresé al comisariato bastante contrariado con el engaño y manifesté mi voluntad de no aplazar por más tiempo la entrevista con mis compatriotas injustamente detenidos. Pero se me contestaba lo de siempre:
-Venga mañana y los verá…
Fui al día siguiente muy temprano por cierto. No estaban allá. Los habían llevado para el hospital clínico. Todo lo comprendí en este instante. Los habían asesinado. Aterrado, lleno de cólera y de dolor, exigí que se me condujera a la morgue o depósito de cadáveres para identificar a mis compatriotas desventurados.

Los siete cadáveres:
“En el sótano“, -dice Don Ignacio-, “encontré algo así como 120 cadáveres, uno sobre otros en el estado más impresionante que pueda suponerse. Rostros trágicos, manos crispadas, vestidos deshechos. Muchos se encontraban perfectamente desnudos. Era la macabra cosecha del día. Me acerque, a pesar de la fetidez inaguantable, y me dedique con ayuda de uno de los empleados de la dirección, a rescatar los siete cadáveres. Usted no se imagina lo que fue aquella búsqueda. Mi compañero, con un gancho agarraba los cadáveres.
“¿Es este?” Me decía. Y como no los conocía, buscaba en cada cadáver ver papeles para identificarlos. “no, este no es” contestaba yo. El feroz miliciano daba unas patadas al cadáver, y yo continuaba buscando. Al fin por los documentos que llevaban los identifiqué a todos; pero aún conociéndolos, no les hubiera podido identificar.
No puedo decir la impresión de dolor, de pavor y de indignación que experimenté en presencia de ese espectáculo. Los ojos estaban fuera, los rostros sangrantes, y todos oprobiosamente mutilados, desfigurados, irreconocibles, horribles. No tuve palabras para expresar la cólera y resolví contemplarlos en silencio. Al cabo de un rato me interrumpió mi compañero y me dijo en un lenguaje seco y duro: ¿Qué piensa hacer?, protestar, afirmé en voz alta.
“Haga lo que le dé la gana”, me contestó aquel miserable, olvidaba decirles que con los 7 Hermanos viajaba un señor, Luis Álvarez, natural de Cali. Yo no pude dar con él; pero la madre bañada en llanto, reconoció un anillo de oro que siempre llevo su hijo, era tanta mi indignación por el hecho consumado que sin medir las consecuencias, redacté una protesta indignada y la envié al comisario de Gobernación. Si el ministro da permiso, la publicaré.”

Lucho

Bibliografía:
– http://parroquiapacora.es.tl/BEATO-ESTEBAN-MAYA-GUTIERREZ.htm, página web de la Parroquia de San José en Pácora, Caldas. Consultado el 4 de septiembre de 2011.
– http://www.diosonrio.org.co/index.php?option=com_content&view=article&id=14&Itemid=14, página web de la diócesis de Sonsón-Rionegro, Antioquia. Consultado el 4 de septiembre de 2011.
– http://parroquifrayarturo.galeon.com/, página web de la Parroquia del Beato Fray Arturo Ayala Niño, Boyacá. Consultado el 4 de septiembre de 2011.
– http://www.diogirardota.org.co/htm/beato.htm, página web de la Diócesis de Girardota, Antioquia, Consultado el 4 de septiembre de 2011.
– http://www.aciprensa.com/santos/colombia/paez.htm, consultado el 4 de septiembre de 2011.
– CORREA URIBE, Luis Fredy. Jardín, La Celeste Villa Encantada. (Sin más datos)

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