Santas de nombre Genoveva (Ginebra)

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Estampa devocional británica de Santa Genoveva de París.

Estampa devocional británica de Santa Genoveva de París.

El nombre tiene orígenes literarios, habiéndose extendido durante la Edad Media con la aparición de las aventuras del rey Arturo. Deriva del nombre de una deidad céltica, que a su vez deriva del normando Gwenhwyar, que tiene el significado de “resplandeciente entre los elfos”. El nombre fue tomado por Chrétien de Troyes, que se lo dio al famoso personaje de la esposa del rey Arturo. él lo traduce al francés antiguo, transformándolo en Guenievre, del que deriva el italiano y el español Ginebra. En la versión anglosajona de esta leyenda, aparece la variante Guinivere. Otros significados atribuidos a este nombre son “tejedora” – también derivado del celta -, y “onda blanca”.

Santas de nombre Genoveva
No existe actualmente ninguna santa que se llame Ginebra y es porque el nombre de Genoveva deriva de la misma raíz; generalmente su onomástica se celebra el día 3 de enero, día dedicado a Santa Genoveva de París.

Santa Genoveva de París; Nanterre, 422 – París 3 de enero del año 512. Es venerada en la Iglesia católica como santa y patrona de la ciudad de París y de la policía. Su culto fue redescubierto también por las Iglesias Ortodoxas en Occidente.

El día 3 de enero, el Martirologio Romano (M.R.) dice: “En París de Francia, la deposición de Santa Genoveva, virgen de Nanterre, que a los quince años, invitada por San Germán obispo de Auxerre, tomó el velo de las vírgenes, confortó a los habitantes de la ciudad que estaban aterrorizados por las incursiones de los hunos y socorrió a sus conciudadanos en tiempos de carestía”.

Estampa devocional italiana de Genoveva de Brabante, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de Genoveva de Brabante, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Santa Genoveva de Brabante. Existen cuatro relatos escritos en latín que tratan sobre Genoveva y todos ellos están fundamentados en un modelo común: una mujer inocente (esposa de Sigfrido, conde palatino), seducida por el maestro de la corte, calumniada por su seductor y víctima de un castigo inicuo: abandonada con su niño. Existe también la cierva que le proporciona la leche y la batida de caza que lleva al descubrimiento de quien ha sido abandonada.

Los acontecimientos históricos de Genoveva se acercan a los de María de Brabante, consorte de Luís II, duque de Baviera, castigada por un presunto adulterio acaecido en Mangeistein en el año 1256. Desde el punto de vista arqueológico, se encuentran trazas de su culto en la capilla de Fraukirch, cerca de Thür y recientes excavaciones realizadas en el año 1951, han descubierto una sepultura, que se piensa que sea la de Genoveva. Se cuenta que el marido, durante una batida de caza, encontró la prueba de su inocencia. El culto a esta Santa Genoveva de Brabante no es oficial, aunque desde el siglo XVII es venerada como santa el día 18 de enero.

Santa Genoveva Torres Morales, Fundadora de la Congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón y de los Santos Ángeles. Nació en el año 1870 en Almenara y murió en Zaragoza el día 5 de enero de 1956. Su canonización fue en el año 2003. El Martirologio Romano la recuerda ese día: “En Zaragoza de España, Santa Genoveva Torres Morales, virgen, que puesta a prueba desde su juventud por las durezas de la vida y afectada de mala salud, fundó la Congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles para la asistencia de las mujeres”.

Fotografía de Santa Genoveva Torres Morales revestida con el hábito de su fundación.

Fotografía de Santa Genoveva Torres Morales revestida con el hábito de su fundación.

Beata María Genoveva Meunier (Constanza), carmelita descalza. Nacida en 28 de mayo de 1765 en Saint-Denis y muerta en París el 17 de julio de 1794. Forma parte del grupo de las Carmelitas de Compiègne, beatificadas en el año 1906. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de julio: “En París, Francia, la beata Teresa de San Agustín (Marta Magdalena Claudina), Lidoina y quince compañeras, vírgenes del Carmelo de Compiègne y mártires, que durante la Revolución Francesa fueron condenadas a muerte por haber observado fielmente la disciplina monástica y, junto al patíbulo, renovaron las promesas de fe del Bautismo y los votos religiosos”.

Beata María Genoveva Josefina Ducrez (Maria Luisa de San Francisco), religiosa ursulina de Santa Ángela de Merici. Nacida el 27 de septiembre de 1756 en Condé y muerta el 17 de octubre de 1794 en Valenciennes. Forma parte del grupo de las Ursulinas de Valenciennes, beatificadas en el año 1906. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de octubre: “En Valenciennes, en Francia, la beata Natalia de San Luís (Maria Luisa Josefa)Vanot y cuatro compañeras, vírgenes de la Orden de las Ursulinas y mártires que, condenadas a muerte durante la Revolución Francesa por odio a la fe católica, subieron al patíbulo cantando el salmo Miserere”.

Beata María Genoveva de la Foresterie, seglar de la diócesis de Angers. Nacida el 3 de enero del año 1741 en Lyon-d’Angers; muerta el 16 de abril de 1794 en Avrillé. Formó parte del grupo de los mártires de Angers, beatificados en el 1984. El Martirologio Romano la recuerda el día 1 de febrero: “En Francia, la pasión de la Beata Maria Ana Vaillot y cuarenta y seis compañeras mártires; adquirieron la corona del martirio durante la Revolución Francesa”.

Monumento a la Venerable Genoveva de Troia.

Monumento a la Venerable Genoveva de Troia.

Venerable Genoveva de Troia, seglar de la diócesis de Foggia. Terciaria franciscana. Nacida en Lucera (FG), el 21 de diciembre de 1887 y muerta en Foggia el día 11 de diciembre del 1949. fue declarada Venerable en el año 1992.

Sierva de Dios Genoveva de Trudaine, viuda Quarré de Chelers, seglar de la diócesis de Arras. Nacida en París en el año 1744 y muerta en Arras el día 15 de mayo de 1794. Forma parte del grupo de mártires en curso de canonización de las diócesis de Arras y Cambrai.

Sierva de Dios Genoveva Bárbara Goyon, monja dominica. Nacida en París en el año 1717 y muerta en París el 1 de mayo de 1794. Forma parte del grupo de mártires de las diócesis de París y Montpellier en curso de canonización.

Damiano Grenci

Bibliografía y fuentes:
– AA. VV. de newsaints.faithweb.com
– AA. VV., Enciclopedia dei Santi “Bibliotheca Sanctorum”, 12 voll., Città Nuova, 1990
– C.E.I., Martirologio Romano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, pp. 1142
– Damiano Marco Grenci, collezione privata di immaginette sacre, 1977 – 2008
– Sitio web de Wikipedia

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Beatas mártires carmelitas de Compiègne

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Las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne. Estampa devocional popular.

Hoy, día 17 de julio, se conmemora el martirio de las dieciséis carmelitas de Compiègne (Francia), vírgenes y mártires durante la Revolución Francesa.
En el marco del Terror se produjeron numerosas exclaustraciones de conventos y el de Compiègne, que gozaba de gran tradición en Francia –las carmelitas se habían establecido en esta ciudad en 1641, y a los siete años se había concluido la construcción del monasterio y la iglesia, dedicada a la Anunciación. Carmelo floreciente y fiel al espíritu de Santa Teresa, se habían ganado la estima de los lugareños por su laboriosidad y su fervor-, fue clausurado y las religiosas forzadas a vivir como seglares, prohibiéndoseles que continuaran con la vida religiosa que habían llevado. Esto es porque la ley revolucionaria de 1790 -mediante decreto de la Asamblea Nacional Constituyente- ordenaba que todos los religiosos debían considerarse funcionarios del Estado y los bienes de los conventos inventariados y sacados a subasta pública. Las religiosas tuvieron que abandonar el convento vestidas de seglar y, cinco días después, firmar el juramento revolucionario (Liberté, Égalité, Fratérnité) para no ser deportadas. La comunidad pasó a residir en grupos de cuatro en diversos domicilios. Esto ocurrió el 14 de septiembre de 1792.

Entonces la priora, Thérèse de Saint Augustin, propuso a sus hermanas ofrecer su vida por la paz de la Iglesia si falta hiciere, ofreciéndose en holocausto a Dios, y renunciando a despojarse de sus hábitos de religiosas. Pero las dos monjas más ancianas, pensando en la terrible guillotina, que funcionaba a pleno rendimiento en aquella época, rechazaron horrorizadas el martirio. Una de ellas era la decana, Charlotte de la Résurréction, en el siglo Anne-Marie Thouret, originaria de Moyse-sur-Ois, que tenía ya 79 años y estaba muy enferma, por lo que consideraba que aquella prueba no era para ella. Sin embargo, al poco tiempo ambas se arrepintieron de su primera impresión y decidieron unirse a la propuesta de la superiora.
¿Por qué propondría la priora semejante sacrificio? Aparte de las obvias motivaciones espirituales, se decía que, cien años antes, sor Isabelle Bautiste, religiosa de la misma comunidad de Compiègne, había tenido una especie de sueño o visión en la que había visto a todas las carmelitas del monasterio vestidas de blanco resplandeciente y portando la palma del martirio. ¿Intentaba dar cumplimiento la madre Thérèse a esta visión ancestral y tradicional del ideario carmelita? Es muy probable que sí.

Beata Thérèse de Saint Augustin, priora de la comunidad de Compiègne. Óleo contemporáneo.

Así pues, comenzaron a hacer estricta vida conventual de nuevo, como si nunca hubiesen sido exclaustradas. Como ya había adelantado, vivían divididas en cuatro grupos, diseminadas por diversos domicilios de la ciudad, pero dirigidas en todo momento por la priora. Esto llamó la atención de algunas personas, que las denunciaron al Comité de Salud Pública. Éste de inmediato hizo registrar los domicilios de las religiosas y se incautaron pruebas de la vida conventual, como eran diversos objetos devocionales (por ejemplo, una estampa del Sagrado Corazón), cartas y escritos. Se redactó entonces un informe donde explicaba que ,“considerando que las ciudadanas religiosas, burlando las leyes, vivían en comunidad”, su correspondencia era testimonio de que tramaban en secreto el restablecimiento de la monarquía y la desaparición de la República, y por ello las mandaba detener y encerrar en prisión. Se las detuvo, pues -tres de ellas lograron escapar, sin embargo- y se las encerró en el monasterio de la Visitación – que entonces era usado de cárcel- . Era el 22 de junio de 1794, dos años después de su exclaustración.

En su encierro, ellas acordaron retractarse del juramento revolucionario, “prefiriendo mil veces la muerte a ser culpables de un juramento así”, y tal resolución las llenó de serenidad, alivio y fuerzas. Por ello, cuando se les exigió que firmaran de nuevo el juramento revolucionario, esta vez dijeron que no. Aquello, a ojos de los revolucionarios, era abogar por el retorno de la monarquía y el dominio católico, y fueron halladas culpables de conspirar contra la Revolución.
El 12 de junio el Comité ordenó que fueran trasladadas a París. Pese a que estaban mojadas por haberse dedicado a lavar ropa, no les dieron tiempo a cambiarse. Les ataron las manos a la espalda y las montaron en dos carretas de paja. Escoltadas por un grupo de soldados se dirigieron a la prisión de la Conciergerie, antesala de la guillotina, llena de presos, sacerdotes, religiosos y seglares que estaban condenados a morir.

Fue un viaje duro y largo en carro, y ellas tenían las manos atadas a la espalda. No les ayudaron a bajar del carro al término del viaje, y la anciana Charlotte de la Résurréction, que no sabía cómo se las arreglaría para bajar, fue empujada por sus escoltas y estrellada contra el suelo. Cuando pudo levantarse, se dirigió a los que la habían agredido y les dijo:“Créanme, no les guardo ningún rencor. Al contrario, les agradezco que no me hayan matado, porque si hubiera muerto, habría perdido la oportunidad de pasar a la gloria y la dicha del martirio”. Hasta tal punto había cambiado su opinión primera respecto a la muerte voluntaria.

Proceso de las carmelitas ante el Tribunal jacobino. Óleo contemporáneo.

Allí, en la prisión parisina, fueron modelo de piedad y de firmeza en la fe. Siguieron haciendo vida de oración, como si en ningún momento hubiesen abandonado el convento. Los presos dieron testimonio de que a las dos de la mañana se las oía recitar los oficios. Llegaron incluso a festejar el día de la Virgen del Carmen, el 16 de julio, con toda alegría y solemnidad. Al día siguiente, en un juicio sumarísimo, serían condenadas a muerte y guillotinadas.

Al comparecer ante el Tribunal Revolucionario cantaron, por encima de la música de La Marsellesa, unos versos improvisados en los que manifestaban su fe, su temor y su confianza, que se conservan en el convento de Compiègne. Ante el tribunal, el fiscal Fauquier-Tinville expuso su acusación: “Aunque separadas en diferentes casas, formaban conciliábulos contrarrevolucionarios en los que intervenían ellas y otras personas. Vivían bajo la obediencia de una superiora, y en cuanto a sus principios y sus votos, sus cartas y escritos son suficiente testimonio”.
Fueron sometidas a un breve interrogatorio, y sin que se llamara a declarar a ninguna, el Tribunal condenó a muerte a las dieciséis carmelitas, culpables de organizar reuniones contrarrevolucionarias, de sostener correspondencia con fanáticos, y de guardar escritos que atentaban contra la libertad establecida con la Revolución.
Una de las religiosas, Henriette de la Providence, preguntó al presidente: “¿Qué entiende usted por la palabra fanático?” “Entiendo por esa palabra”, respondió él, “su apego a esas creencias pueriles, a sus tontas prácticas de religión”.

Una hora después, subían a un carromato que las conduciría a la plaza del Trono, donde las esperaba la guillotina. Durante el trayecto la gente se amontonaba ambos lados, unos injuriándolas, otros admirándolas, mientras ellas entonaban el Miserere y la Salve Regina.
Ya al pie de la guillotina, cantaron el Te Deum y renovaron sus promesas de bautismo y sus votos religiosos. La novicia, Constance de Jésus, al ser llamada al cadalso, se arrodilló ante la priora con la misma naturalidad con que lo hubiese hecho en el convento y le dijo: “Dadme vuestra bendición y concededme el permiso para morir”. Luego, cantando el salmo Laudate Dominum omnes gentes, subió decidida los escalones. Así fueron subiendo, una por una, empezando por la novicia y terminando por la misma priora, Thérèse de Saint Augustin. Una tras otra, las dieciséis carmelitas fueron siendo guillotinadas mientras cantaban el Veni Creator. Era el 17 de julio de 1794, por la tarde.

Martirio de las Beatas. Vidriera contemporánea, iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, Quidenham, Reino Unido.

Los cuerpos de las mártires, mezclados con los de otros 24 condenados, fueron arrojados a la fosa común de lo que más tarde se llamó cementerio de Picpus. Estos restos no han podido ser recuperados, pero una placa de mármol figura, a modo de conmemoración, sobre dicha fosa, con la sentencia Beati qui in Domino moriuntur (“Felices los que mueren en el Señor”.) El cardenal Richard, arzobispo de París, inició el proceso de su beatificación el 23 de febrero de 1896. El 16 de diciembre de 1902 el papa León XIII las declaraba Venerables. Fueron beatificadas por el papa San Pío X el 27 de mayo de 1906.

Si bien no se conservan reliquias corporales, sí se han conservado algunos crucifijos y rosarios que ellas cedieron a la dueña del monasterio antes de ser detenidas; algunas ropas, entregadas a las monjas benedictinas de Cambrai, quienes estaban encarceladas con ellas y que fueron puestas en libertad; y algunos relicarios y manuscritos recuperados del convento cuando fue levantado el precinto judicial en 1795. Todas estas reliquias fueron devueltas al nuevo monasterio cuando reabrió sus puertas.

Los nombres de estas dieciséis Beatas son:
Beata Thérèse de Saint Augustin (Marie-Madeleine Claudine Lidoine), priora, 41 años
Beata Sainte Louis (Marie-Anne Brideau), superiora, 49 años
Beata Anne-Marie de Jésus Crucifié (Marie-Anne Piedcourt), 78 años
Beata Charlotte de la Résurrèction (Anne-Marie Madeleine Thouret), 78 años
Beata Euphrasie de l’Inmaculée Conception (Marie Claudine Cyprienne Brard), 58 años
Beata Henriette de Jésus (Marie Françoise de Croissy), 49 años
Beata Thérèse du Coeur du Marie (Marie-Anne Hanisset), 52 años
Beata Thérèse de Saint Ignace (Marie Gabrielle Trézel), 51 años
Beata Julie Louise de Jésus (Rose Chrétienne de Neuville), 53 años
Beata Marie-Henriette de la Providence (Marie-Annette Pelras), 30 años
Beata Constance de Jésus (Marie-Geneviève Meunier), novicia, 29 años
Beata Marie du Saint Esprit (Angélique Roussel), hermana conversa, 52 años
Beata Sainte Marthe (Marie Dufour), 51 años
Beata Saint François-Xavier (Isabelle Juliette Vérolot), hermana conversa, 33 años
Beata Catherine Soiron, portera, no era religiosa sino “mujer comprometida”, 52 años
Beata Thérèse Soiron, portera, mismo estatus que su hermana Catherine, 49 años

Placa conmemorativa de las Beatas mártires en el cementerio de Picpus, París (Francia).

En el año 1931 Gertrudis von Le Fort escribió sus vidas y el relato del martirio en su novela “La última en el cadalso”. En esta novela se inspiró la película “Diálogo de carmelitas” (1960), que posteriormente fue llevada al teatro. Adjunto más abajo un breve tráiler de dicha película para animar a su visionado.

Existe un boletín informativo publicado con regularidad por una Asociación denominada “Les amis des Bienheureuses Carmélites de Compiègne”, cuyo objetivo es propagar el culto a estas mártires. Es significativo destacar que en la ciudad de Compiègne no se encuentra ningún monumento conmemorativo a estas mártires. Esto tiene fácil explicación si se considera que la Revolución Francesa es uno de los hitos más relevantes de la Historia francesa y universal, pues da paso a la era contemporánea, el nacimiento del Estado liberal y el trapaso de una sociedad de súbditos a otra de ciudadanos. El proceso revolucionario y sus repercusiones en nuestra historia presente son de un gran prestigio para la nación francesa, que hasta hoy lo tiene como referente y como base del nacionalismo francés moderno. De ahí, entonces, el poco entusiasmo que han generado, en comparativa, los mártires cristianos de dicho proceso, por considerarse reaccionarios al mismo -como ejemplo, la tardía beatificación de Marguérite Rutan, Hija de la Caridad guillotinada en este período-.

Referencia: Reg. Decr. S.D. 1906, f.114 c; br. 13 maii 1906, Acta Pii X, III, 1906, pp.109-119.

Meldelen

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