Santa Águeda Yi So-sa, mártir coreana

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vidriera contemporánea de la Santa en una iglesia de Seúl, Corea del Sur.

Vidriera contemporánea de la Santa en una iglesia de Seúl, Corea del Sur.

El próximo 25 de noviembre se celebra la festividad de una mártir coreana, Águeda Yi So-sa -que no debe ser confundida con Águeda Yi Kannan, a la cual ya le dedicamos un artículo en el blog- que fue una de los 79 mártires de la persecución de 1839. De hecho, fue, junto a su hermano Pedro Yi Ho-yong, la primera en ser capturada y la que más tiempo pasó en prisión, luego de sufrir un terrible martirio por su fe.

Una laica coreana
Águeda Yi (o Yi Águeda, como era llamada en realidad) nació el año 1784 en Kuwul, cerca de Inchon, en la provincia coreana de Kyonggi, el mismo año en que era bautizado en Peking el primer católico coreano, Yi Sung-hun. Nuestra protagonista, que compartía el nombre asiático Yi con el griego de Águeda en honor a la mártir de Catania, como tantas otras cristianas y mártires de su época y patria, era una mujer de corazón amable y de buenas maneras, que siempre traía luz y alegría a los de su casa. Sin embargo, en su juventud no recibió una educación religiosa adecuada. Esto se debió al hecho de que su padre no era católico y de que su madre, aunque era catecúmena, realmente no entendía gran cosa del catecismo.

A la edad de diecisete años, Águeda se casó con un hombre que no era católico, por lo que su vida se distanció de la fe. Pero sucedió que no pudo tener hijos y, entristecida por esta situación, buscó algo con que llenar el enorme vacío de su vida. Este vacío fue a llenarlo su hermano, Ho-yong, que nació dos años después de que ella se casara. Él, que era diecinueve años menor que ella, fue siempre su gran fuente de alegría. Esto se hizo más patente cuando, un año apenas después de su nacimiento, el joven marido de Águeda murió, dejándola viuda tan sólo después de tres años de matrimonio y sin ningún hijo. Esta tragedia provocó en Águeda una gran inseguridad y le hizo desconfiar de su futuro. Necesitaba descubrir que su vida tenía valor, tenía algún sentido, y darle con ello estabilidad. Y esta sensación vino a intensificarse cuando su padre murió poco tiempo después de su marido.

Triste vida familiar
Vista la situación, Águeda decidió fortalecerse y decidió abandonar la casa de su marido para regresar a la de sus padres. Lo hizo tanto por retornar a los orígenes de su fe, como por el hecho de sentirse responsable de su hermano pequeño, Ho-yong. De hecho, se sentía agradecida de que su madre hubiera hecho bautizar a su padre antes de su muerte, facilitándole un tránsito pacífico. Sin embargo, la vida en el hogar era muy dura. Ella tenía que cuidar de su madre y de su hermano, pero además, la poca herencia que el padre les había dejado pronto se esfumó; por lo que se vio obligada a trabajar de costurera para poder mantener a la familia.

La Santa y su hermano son detenidos por su fe cristiana. Ilustración contemporánea coreana.

La Santa y su hermano son detenidos por su fe cristiana. Ilustración contemporánea coreana.

En medio de todas estas dificultades, Águeda nunca perdió su serenidad. Se dedicó a estudiar la doctrina católica y a enseñarla a su hermano pequeño. Juntos afrontaron la pobreza y vivieron una vida de amor a Dios y de obediencia a los mandamientos. El ejemplo de los mártires de la persecución de 1801 y su eterna victoria a través de la muerte se mantenía viva en sus corazones. Como modelaban su vida en función de la de los mártires, los demás católicos los veían como una familia católica modelo.

En el Diario Gihae escrito por Hyon Song-mun se dice de Águeda Yi: “Después de que su padre murió, Águeda perdió todas sus propiedades. Vivía con su anciana madre y su hermano pequeño en una extrema pobreza. Las dificultades que tuvo que soportar están fuera de toda descripción. A pesar de su pobreza, a ella se la veía siempre serena y con una sonrisa feliz. Es imposible relatar toda su bondad, sus bellas palabras, sus buenas obras. Ella era humilde y cortés, de modo que todos la alababan, la querían y la admiraban por la belleza de sus acciones”.

Martirio
Águeda Yi fue arrestada por la policía junto con su hermano en febrero de 1835, siendo ambos arrojados a la prisión. El interrogatorio al que fueron sometidos se desarrolló mediante tortura, pues la intención del comisario de policía era forzarlos a renegar de su fe y a denunciar a otros creyentes como ellos. Sin embargo, ellos replicaron: “Dios es nuestro Padre y no podemos traicionarlo. Si te damos los nombres de otros creyentes, les perjudicaremos, de modo que tampoco lo haremos”. El comisario dio orden de torturarlos, y la forma de tortura empleada era tan brutal que había sido prohibida por decreto real en 1732, pero de nuevo reintroducida especialmente para el interrogatorio de los católicos.

Águeda fue apaleada hasta que su carne colgó a tiras y sus piernas quedaron dolorosamente retorcidas y deformadas, pero permaneció firme. Como se negaba a renegar de Dios y de su fe, los verdugos la desnudaron, la colgaron del techo con los brazos atados a la espalda, y la golpearon por todo el cuerpo con un palo. Pocos días después la volvieron a sacar para golpearla hasta que su cuerpo no fue más que un desecho ensangrentado. Pero las únicas palabras que ella dijo al torturador fueron: “No puedo traicionar a la Iglesia”.

Martirio de la Santa. Ilustración contemporánea coreana.

Martirio de la Santa. Ilustración contemporánea coreana.

El comisario, dándose cuenta de que no iba a tener éxito, llevó a hermano y hermana de nuevo ante el tribunal, que juzgó el caso y emitió sentencia. Pero pasaron los cuatro años siguientes en la cárcel porque la sentencia no fue confirmada por el rey. En estos cuatro años, y a pesar de que Pedro y Águeda estaban en celdas separadas, de vez en cuando los guardias les permitían reunirse y los hermanos aprovechaban estas ocasiones para fortalecerse el uno al otro y hacer solemne promesa de que morirían juntos, como mártires, el mismo día. Pero Pedro no pudo cumplir la promesa: malherido, con los huesos rotos y fuera de lugar por las palizas, sucumbió a la debilidad y a la enfermedad: “Hubiese querido morir por la espada, admitió, pero ya no quiero nada que no sea la voluntad de Dios”, y falleció el 2 de noviembre de 1938, a los 36 años de edad, siendo el primero de los 103 santos mártires coreanos.

Seis meses después de la muerte de Pedro Yi Ho-yong, llegó la confirmación real de cumplir con la sentencia. Así que el 24 de mayo de 1839, Águeda fue sacada de prisión, junto con otros ocho católicos que habían sido arrestados después de ella. Los llevaron al lugar de ejecución, más allá de la Pequeña Puerta Oriental, y allí los decapitaron. Águeda tenía 56 años de edad. Se dice que se santiguó reverentemente justo antes de que le cortaran la cabeza.

Fue canonizada el 6 de mayo de 1984 en la plaza Yoido, en Seúl, por el papa San Juan Pablo II. Como ya hemos dicho al inicio del artículo, su festividad, la suya y la de su hermano, se celebra el próximo día 25 de noviembre, pero ante la imposibilidad, por razones de calendario, de publicarlo en ese día, los recordamos hoy.

Meldelen

Enlaces consultados (17/11/2014):
– http://english.cbck.or.kr/Saints103/211
– http://english.cbck.or.kr/Saints103/219

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Una familia de mártires

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Ilustración del Beato Agustín Yu Hang-geom.

Ilustración del Beato Agustín Yu Hang-geom.

No solo en la antigüedad fueron martirizadas algunas familias enteras por defender su fe en Cristo; a lo largo de la historia de la Iglesia se han dado numerosos casos y yo quiero hoy detenerme en uno de ellos: un grupo de cinco mártires coreanos, todos miembros de una misma familia y que pertenecen al grupo de mártires beatificados por el Papa Francisco en Corea el pasado día 16 de agosto. Son los beatos Agustín Yu Hang-geom, su hijo mayor Juan Yu Jung-cheol, su nuera Lutgarda Yi Sun-i, su hijo segundo Juan Yu Mun-seok y su sobrino Mateo Yu Jung-seong.

Beato Agustín Yu Hang-geom
Nació en el año 1756 en Chonan, Jeonju, en el seno de una noble familia. Poco después de que la fe católica fuera introducida en Corea en el año 1784, se convirtió al cristianismo siendo el primer católico de la región de Jeolla-do. Un pariente suyo que vivía en Yanggeun y que se llamaba Francisco Javier Kwon fue quién le enseñó el catecismo. En su casa recibió el sacramento del bautismo de manos de Pedro Yi Seung-hun. Posteriormente regresó a su ciudad natal y allí comenzó a anunciar el Evangelio, especialmente entre los miembros de su propia familia, demás parientes y sirvientes.

Él lo era todo para todos, sin hacer distinción alguna. Todas las personas, fueran ricos o pobres eran iguales para él. Dio buen ejemplo poniendo en práctica la doctrina del amor predicada por Jesús, mostrando compasión, dando limosnas a sus vecinos pobres y agasajando a sus criados. Fue nombrado catequista de la región de Jeolla-do, cuando en la primavera de 1786, se reunieron en la clandestinidad los principales líderes cristianos, entre los cuales estaba Pedro Yi Seung-hun, que era quién lo había bautizado.

Agustín volvió a su tierra natal y como no existía clero, sin ser sacerdote, empezó a celebrar la Santa Misa y a administrar los sacramentos a los fieles, pero pasado algún tiempo, los líderes católicos – todos ellos eran seglares – fueron alertados de que esto era un sacrilegio porque no estaban ordenados, e inmediatamente dejaron de realizar tales prácticas. A partir de ese momento, se preocuparon principalmente, aunque en secreto, para que desde Pekín les enviasen algún sacerdote ordenado. Agustín participó activamente en este proyecto y facilitó el dinero necesario para enviar a Pablo Yun Yu-il a Pekín a finales del 1789.

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Cuando en 1790, Monseñor Gouvea, obispo de Pekín emitió un decreto prohibiendo a los católicos coreanos la realización de los ritos ancestrales, Agustín Yu enterró sus tabletas y cuando su primo Pablo Yun Ji-chung fue arrestado bajo la acusación de abandono de los ritos ancestrales, pasó de manera temporal a la clandestinidad. Más tarde, se presentó ante el gobernador de Jeonju, siendo puesto en libertad después de aparentar haber apostatado.

Cuando el sacerdote chino Santiago Zhou Wen-mo llegó a Corea a finales de 1794, Agustín Yu envió a su hermano menor para que le saliera al encuentro, invitándolo a visitar la región de Jeolla-do. En ese momento, la corte real había enviado una orden de arresto contra el padre Zhou y para evitar el riesgo de que fuera apresado, él comenzó a hacer las visitas pastorales locales. El padre Zhou se quedó en la casa de Agustín en Jeonju, administrando allí los sacramentos.

Al estallar la persecución, Agustín fue reconocido como el jefe de la Iglesia en la región de Jeolla-do, siendo el primero en ser arrestado. Desde Jeonju fue llevado a Seúl donde fue sometido a interrogatorios y torturas en la sede de la Jefatura de Policia y en el Ministerio de Justicia. Lo acusaron de ser uno de los coreanos que habían participado en la petición de misioneros al obispo de Pekín e intentaron que delatara a quienes habían colaborado con él. Como estaba decidido a morir como un mártir, no delató a nadie ni dijo nada que pudiese perjudicar a la Iglesia. Por eso, fue acusado de delito de traición a la patria y se ordenó su ejecución.

Ilustración del Beato Juan Yu Jung-cheol.

Ilustración del Beato Juan Yu Jung-cheol.

Fue trasladado de nuevo a Jeonju y en la Puerta Sur de la ciudad, el día 24 de octubre de 1801 (17 de septiembre por el calendario lunar), fue cortado a pedazos cuando solo tenía cuarenta y cinco años de edad. San Antonio Daveluy, obispo mártir en Corea, escribiendo sobre la cuestión de la apostasía de Agustín Yu, escribió: “La cuestión de la apostasía de Agustín Yu, es negada por la mayoría de la gente; por lo tanto, yo creo que recibió la palma de los mártires delante de Dios”.

Beato Juan Yu Jung-cheol
Juan Yu Jung-cheol, llamado también “Jong-seok”, nació en 1779 en Chonam y era el hijo mayor de Agustín Yu Hang-geom, de quién hemos hablado anteriormente. Lutgarda Yi Sun-i era su esposa y Juan Yu Mun-seok era su hermano menor. Su familia fue la primera que abrazó la fe católica cuando su padre, al poco tiempo de introducirse el catolicismo en Corea, fue catequizado y bautizado y él convirtió al resto de los miembros de su casa. A partir de entonces, su padre, se dedicó a anunciar el Evangelio, convirtiéndose su casa en el centro de evangelización de la región de Jeolla-do.

Fue en un ambiente tan cristiano donde Juan creció y recibió el sacramento del Bautismo. Prosiguió sus estudios durante mucho tiempo bajo la dirección de Estanislao Han Jeong-heum. De él se dice que “fue sincero y directo en su devoción, tenía una fe firme y una caridad ardiente y que, siendo aun joven, fue tratado como un adulto prudente por su fidelidad a su deber, su vida recta y su desprecio por todas las vanidades terrenales”. Con dieciséis años de edad, recibió su Primera Comunión de manos del padre Santiago Zhou Wen-mo, que vino a la aldea de Chonam en visita pastoral. A este y en presencia de su padre, le dijo: “Quiero vivir virgen”.

Dos años más tarde, Lutgarda Yi Sun-i también solicitó al padre Zhou vivir en virginidad. Al oírlo, el padre Zhou recordó lo que le había dicho Juan acerca de vivir una vida en celibato y arregló un matrimonio entre ellos. Juan y Lutgarda se casaron en octubre de 1797 y en presencia de toda su familia hicieron voto de vivir célibes, como si fueran hermanos. Mediante la oración, Juan y Lutgarda vencieron todas las tentaciones de romper sus promesas y prometieron morir juntos también en defensa de su fe. Mientras tanto, en Shinyu estalló la persecución en el año 1801 y en la primavera de ese año, Juan fue arrestado y llevado a la prisión de Jeonju.

Ilustración de la Beata Lutgarda Yi Sun-i.

Ilustración de la Beata Lutgarda Yi Sun-i.

Estando en prisión, su hermano Yu Mun-seok le llevaba la comida y como estaba prohibido que le proporcionasen ropa, la misma ropa de invierno tuvo que utilizarla en verano. El sufrimiento en la cárcel fue un verdadero castigo, pero sin embargo, con un corazón inquebrantable, Juan Yu defendió su fe hasta el final. A mediados de septiembre, otros miembros de su familia, incluyendo a su esposa Lutgarda y su hermano menor Yu Mun-seok fueron arrestados. Unos veinte días después, los guardianes pusieron en la misma celda a los dos hermanos. Por orden del jefe de la prisión, fueron colgados, muriendo ahorcados como mártires el 14 de noviembre del 1801 (9 de octubre por el calendario lunar). Juan Yu Jung-cheol tenía veintidós años de edad. Después de que Juan murió martirizado, su esposa Lutgarda reveló que a su casa había llegado una carta escrita por él, en la que decía: “Os exhorto a estimular y consolar a mi hermana. Reunámonos en el cielo”.

Beata Lutgarda Yi Sun-i
Lutgarda Yi Sun-i, también llamada “Yu hui”, nació en el año 1782 en el seno de una familia coreana noble. Desde niña, vivió en un ambiente muy piadoso. Carlos Yi Gyeong-do que fue martirizado en el 1801 y Pablo Yi Gyeong-eon, que también fue martirizado en el 1827, eran sus hermanos. Su esposo Juan – del que hemos escrito anteriormente -, murió también como mártir.

Mateo Yi Yun-ha, que era su padre recibió una herencia de su abuelo materno, quién era un reconocido estudioso de la época y con ella, educó y mantuvo a su familia. Mateo Yi se convirtió al catolicismo en el año 1784, cuando se reunió con Ambrosio Kwon, Francisco Javier Kwon y Pedro Yi Seung-hun. Fue en este ambiente familiar donde la madre de Lutgarda aprendió el catecismo y se bautizó, haciendo posteriormente ella lo mismo con su hija, que aun era una niña.

Cuando su padre murió en el 1793, Lutgarda siguió viviendo con su madre dedicándose a enseñar el catecismo en un lugar escondido. Dos años más tarde, recibió la Primera Comunión de manos del padre Zhou. Comunicó a su madre su intención de ofrecer su virginidad a Cristo y ambas se lo hicieron saber al padre Zhou. Como en aquella sociedad era muy difícil y estaba mal visto el permanecer soltero, el padre Zhou arregló el matrimonio con Juan Yu Jung-cheol, de quién hemos hablado anteriormente.

Los Beatos Juan y Lutgarda durmiendo en futones separados por la Biblia y un crucifijo, y con la luz encendida, para evitar tentaciones carnales. Ilustración contemporánea.

Los Beatos Juan y Lutgarda durmiendo en futones separados por la Biblia y un crucifijo, y con la luz encendida, para evitar tentaciones carnales. Ilustración contemporánea.

En septiembre de 1798, Lutgarda vio por primera vez a su futuro esposo y junto con Juan, hicieron voto de virginidad delante de sus padres. Cuando su esposo se veía tentado a romper su voto de castidad, ella le ayudaba mediante la oración y jamás lo rompieron. Al estallar la persecución en el año 1801, la policía irrumpió en Chonam, deteniendo a su suegro Agustín, a quién enviaron a Seúl y a su esposo Juan, a quién enviaron a Jeonju. Ella misma fue arrestada con el resto de la familia a mediados del mes de septiembre. Todos ellos fueron trasladados a Jeonju.

Ella era quién principalmente animaba a la familia diciéndoles que “todos juntos vamos a ir al Cielo”. Desde la cárcel escribió una carta a sus hermanas mayores: “Nosotros somos cinco personas que de manera unánime estamos firmemente resueltos en entregarnos completamente a Dios hasta el punto de morir como mártires. Al abrir nuestros corazones el uno al otro nos encontramos con el deseo ardiente de morir por Dios y así, todos nuestros pesares y todas nuestras angustias desaparecen. Cada día somos alimentados por la gracia y el amor divino, creciendo la alegría en nuestros corazones”. El director de la cárcel pidió a la corte que se hicieran cargo de estos presos y en respuesta, la corte real envió inmediatamente a un funcionario del gobierno de Jeonju para que se hiciera cargo del caso. A Lutgarda la condenó al exilio en Hamgyeong-do y aunque ella pidió que no la separaran del resto de la familia, no se lo concedieron.

Ilustración del Beato Juan Yu Mun-seok.

Ilustración del Beato Juan Yu Mun-seok.

Poco tiempo después, se escapó del lugar donde estaba exiliada, siendo detenida por los guardias. Lutgarda, loca de alegría, exclamó: “Ahora puedo morir como mártir”. La llevaron ante el gobernador, quién la condenó a muerte. Tras ser golpeada cruelmente, fue encerrada en la prisión, pero sus heridas se curaron en menos de una semana. El gobernador solicitó a la corte real que pronunciara la condena y muy pronto llegó la confirmación. El 31 de enero de 1802 (28 de diciembre de 1801 por el calendario lunar), fue llevada al campo de ejecución de Jeonju, siendo decapitada con solo veinte años de edad.

Beato Juan Yu Mun-seok
Juan Yu Mun-seok, llamado “Mun-cheol”, nació en 1784 en la familia de Agustín Yu Hang-geom, que, como hemos dicho anteriormente, murió mártir en el año 1801. Era hermano de Juan Yu Jung-cheol y cuñado de Lutgarda Yi Sun-i. Aprendió el catecismo de manos de su padre y como hemos dicho también anteriormente, su casa era el centro evangelizador de Jeolla-do. En este ambiente creció desde que era un niño.

Cuando el padre Zhou visitó la aldea de Chonam en 1795, Juan tenía once años de edad. Dos años más tarde, su hermano mayor se casó con Lutgarda Yi. Cuando la persecución se desató en el 1801 y su padre fue enviado a Seúl, parte de su familia fue arrestada y encarcelada en Jeonju, aunque él se libró. Por eso visitaba asiduamente la prisión llevándole la comida a su hermano.

Sin embargo, esta situación no duró mucho y así, a mediados de septiembre Juan Yu Mun-seok fue detenido junto al resto de sus parientes. Entonces, él hizo a los suyos la promesa de morir por la fe y se preparó para ese momento. Su cuñada Lurgarda, en la carta que hemos reseñado anteriormente, deja bien claro la determinación de los cinco miembros de la familia de dar la vida por Cristo. Como he dicho anteriormente, junto con su hermano Juan Yu Jung-cheol, fue ahorcado el 14 de noviembre de 1801 (9 de octubre por el calendario lunar). Era soltero y tenía diecisiete años de edad.

Ilustración del Beato Mateo Yu Jung-seong.

Ilustración del Beato Mateo Yu Jung-seong.

Beato Mateo Yu Jung-seong
Mateo Yu Jung-seong, llamado “Wan-seok” también era de familia noble de Jeonju. Cuando aun era un niño, su padre murió con treinta y cinco años de edad, haciéndose en parte cargo de su familia, su tío Agustín Yu Hang-geom; consecuentemente, era primo de los dos mártires mencionados anteriormente.

Mateo estuvo muy influenciado por su tío Agustín, quién convirtió a toda su familia. Cuando la persecución se desató en 1801 y su tío fue llevado a Seúl, pocos meses más tarde, a mediados de septiembre, Mateo y el resto de su familia fue detenido y encarcelado. Como se deduce del texto de Lutgarda, Mateo era uno de los cinco que habían determinado morir como mártires. Cuando el funcionario del gobierno se hizo cargo del caso de estos cinco mártires, Mateo fue exiliado a Hoeryeong, aunque inútilmente solicitó que no le apartaran del resto de la familia.

Mientras iba hacia el exilio, gritó ante una gran multitud de curiosos: “El gobernador nos envía al exilio en vez de castigarnos según la ley”. Entonces, el gobernador ordenó traerlo de vuelta y meterlo nuevamente en la cárcel. Allí fue duramente castigado y se dictó su sentencia de muerte. El firmó en ella, rubricándola de esta forma: “La fe católica ha sido transmitida de una generación a la siguiente en el seno de nuestra familia y así como mi tío Agustín y otros familiares tuvieron el honor de morir por Dios, yo también deseo morir como ellos. ¿Qué más puedo pedir?”. Concedido el permiso para ejecutar la condena, Mateo fue decapitado el 31 de enero de 1802 (28 de diciembre de 1801 según el calendario lunar). Tenía dieciocho años de edad y era soltero.

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Tumba de los siete mártires (los cinco beatificados y los dos que aun no lo están).

Junto con estos mártires que han sido beatificados, murieron también Sin Huin, esposa de Agustín Yu Hang-geom y su hermana Yi Yuk-hui, aunque aun no han sido beatificadas. Los siete mártires están sepultados en el cementerio comunal de la montaña de los mártires, en Jeonju. A este cementerio se le conoce como el “Santuario de la montaña”.

Antonio Barrero

Enlace consultado (14/08/2014):
– www.koreanmartyrs.or.kr

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Benedictinos mártires de la Abadía norcoreana de Tokwon

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Siervos de Dios mártires de Tokwon.

Siervos de Dios mártires de Tokwon.

Como todos sabemos, el pasado 16 de agosto, el Papa Francisco beatificó a ciento veinticuatro mártires en Corea del Sur. Ese mismo día publicamos un artículo sobre ellos, pero desde entonces, han llegado algunas sugerencias al blog solicitándonos que escribiésemos también sobre los mártires del siglo XX en Corea del Norte. Esto es lo que nos proponemos hacer hoy aunque solo sea dando unas pocas pinceladas sobre ellos.

En el mes de febrero del año 1909 llegaron a Seúl unos monjes benedictinos alemanes pertenecientes a la Congregación de Misioneros Benedictinos de Santa Otilia, los cuales, siguiendo el modelo utilizado en sus monasterios africanos, los legos montaron talleres de carpintería y sastrería y una escuela de comercio y los sacerdotes se dedicaron a la educación y evangelización del pueblo. Estos primeros monjes fueron los sacerdotes Bonifacio Sauer, Domingo Enshoff, Casiano Niebauer, Andrés Eckhardt y los hermanos Pascual Auer, Ildefonso Floetsinger, Martín Huber y Columbano Bauer. Dos años más tarde llegaron los padres Canisio Kügelgen, Calixto Hiemer y Anselmo Romer y los hermanos Marcos Metzger, Hilario Hoiss, José Grahamer y Pedro Gernert. Se establecieron en un monasterio que fue convertido en abadía, siendo elegido como su primer abad, el padre Bonifacio Sauer, el día 15 de mayo del año 1913. Un año más tarde, ingresaron como aspirantes los primeros hermanos coreanos: Bonifacio Hoang y Plácido Kim.

Cuando en el año 1920 la Santa Sede dividió en dos el Vicariato Apostólico de Seúl, los monjes de esta Abadía se hicieron cargo del recién creado Vicariato Apostólico de Wonsan, siendo consagrado como obispo del mismo el padre Bonifacio Sauer, el día 1 de mayo del 1921. Siete años más tarde, cerraron el monasterio original de Seúl, reubicándose en Tokwon unos cuarenta monjes. Allí construyeron un seminario para formar a los futuros sacerdotes coreanos y una iglesia de estilo neorrománica. Así, entre 1927 y 1931 la comunidad comenzó a fomentar aun más las vocaciones monásticas entre los coreanos.

En la foto aparece el obispo abad Bonifacio Sauer.

En la foto aparece el obispo abad Bonifacio Sauer.

En el año 1940 se creó oficialmente la Abadía Territorial de Tokwon, que abarcaba los territorios de Wonsan, Munchon, Anbyon, Chonnae y Kowon, convirtiéndose el obispo Bonifacio Sauer en el primer abad ordinario de esta Abadía Territorial. Acabada la Segunda Guerra Mundial, la Abadía cayó bajo el control de las fuerzas de ocupación soviéticas y aunque el monasterio fue utilizado durante mucho tiempo como alojamiento y cuartel de soldados, finalmente los rusos permitieron que se restableciera la vida monástica. Cuando los soviéticos se retiraron en el año 1949, en la abadía había unos sesenta monjes, de los cuales, veinticinco eran coreanos. Al mismo tiempo, en un monasterio cercano a Wonsan construido entre 1926 y 1928, se habían establecido unas veinte religiosas de la Congregación de Tutzing.

El 5 de septiembre de 1949, gobernando Corea del Norte el dictador Kim Il-sung, la policía secreta ocupó el monasterio, arrestaron a los monjes y a las religiosas y los trasladaron a diversas prisiones y campos de concentración en Corea de Norte. En julio del año siguiente, los soldados del Ejército Popular de Corea destruyeron la Abadía y entre los años 1949 al 1952, fueron asesinados catorce monjes y dos religiosas, después de haber sido brutalmente martirizados. Otros diecisiete monjes y dos religiosas murieron de hambre y como consecuencia de los duros trabajos físicos y enfermedades contraídas en aquellos inhabitables campos de concentración.

El padre abad murió en la cárcel de Pyongyang el día 1 de febrero del año 1950, antes de que terminasen de ejecutar al resto de los monjes nativos. Sobrevivieron cuarenta y dos monjes y religiosas europeos, que en el año 1954 fueron repatriados a Alemania a través del ferrocarril Transiberiano. Desde el año 1950 no existen comunidades católicas organizadas en el territorio de Corea del Norte, estando prisioneros en el campo de concentración de Yodok, la mayor parte de los escasos cristianos existentes, donde son sometidos a torturas y a un trato inhumano. Los que viven en libertad, practican su fe en la clandestinidad.

Abadía de Tokwon destruida.

Abadía de Tokwon destruida.

Aunque sea de manera muy resumida, digamos qué suerte corrieron cada uno de los monjes benedictinos: el 1 de diciembre de 1948 fue arrestado el padre Dagoberto Enck en la cárcel de Wonsan; a finales de abril del año siguiente, ingresaron en la prisión de Pyongyang los hermanos Ludwig Fischer y José Grahamer. Cuando la policía secreta irrumpió en la Abadía en septiembre de 1949, el obispo Bonifacio Sauer y los padres Lucio Roth, Arnulfo Scheleicher y Ruperto Klingseis y quince Hermanas Benedictinas Misioneras de Tutsing, fueron llevados a territorio desconocido. El resto de los monjes fueron puestos bajo arresto domiciliario, aunque el sacerdote coreano Matias Choi fue asesinado.

Entre los días 5 al 11 de diciembre fueron llevados a Pyongyang, y desde allí distribuidos a varias prisiones norcoreanas, ocho sacerdotes y veintidós hermanos legos alemanes y cuatro sacerdotes coreanos, donde sufrieron un trato inhumano hasta el mes de mayo del año siguiente. Quedaron abandonados a su suerte en diferentes lugares del país, veintiséis hermanos coreanos. El 14 de mayo de 1949 fue asesinado en Hamheung el sacerdote coreano Gabriel Ku y el 3 de julio del mismo año, el hermano Pedro Gernert murió de hambre en la prisión de Oksadok.

Desde el 13 al 27 de julio de 1949, fueron sometidos a durísimos interrogatorios y palizas el obispo Bonifacio Sauer, los padres Lucio Roth, Rumperto Klingseis y Gregorio Steger, así como los hermanos José Grahamer y Gregorio Giegerich. El día 3 de agosto murió en Oksadok el hermano Marcos Metzger y en el mismo lugar, el 14 de septiembre, el hermano Eugenio Meier.

Mapa de ubicación de la abadia de Tokwon.

Mapa de ubicación de la abadia de Tokwon.

Como he dicho antes, en 1950 en la cárcel de Pyongyang, murió a consecuencia de una larga enfermedad, el obispo-abad Bonifacio Sauer. Ese mismo año y en diversos lugares y fechas murieron enfermos o de hambre los padres Ruperto Klingseis y Pedro Lee y los hermanos Basilio Hauser y Pascual Auer, así como la hermana Eva María Schütz. También fueron ejecutados en Pyongyang los padres Gregorio Steger, Dagoberto Enk, Benedicto Kim, Bernardo Kim, Martín Kim, Lorenzo Lee, así como los hermanos Gregorio Giegerich, José Grahamer y Ludwig Fisher. En Wonsan fue ejecutado el padre Mauro Kim y en Sunan, Sor Lucía Pak. El 14 de octubre, en Hamheung murió de hambre la hermana oblata Inés Chang y en el campamento de Mampo murieron los padres Canuto d’Avernas y Gregorio Sorges, así como los hermanos Hilario Hoiss y Solano Hermann.

El año 1951 fue un año terrible para todo el pueblo norcoreano, ya que debido a las condiciones climatológicas, las cosechas se echaron a perder, lo que aumentó el hambre y la penuria, los acosos y sufrimientos en todo el pueblo, pero de manera aun mucho más cruel, en la población reclusa. Como consecuencia de esto, en Oksadok murieron el padre Anselmo Romer y el hermano Eusebio Lohmeir. En el mismo campo de concentración, en el año 1952, murieron los padres Cuniberto Ott, Arnulfo Schleicher, los hermanos Ildefonso Floetzinger y Gottlieb Auer y Sor María Fructuosa Gerstmayer. Como he dicho anteriormente, los que sobrevivieron fueron repatriados a Alemania en el año 1954.

En el mes de mayo del año 2007 se inició el proceso de beatificación de estos treinta y seis mártires benedictinos norcoreanos de Tokwon, ejecutados todos ellos bajo el gobierno de Kim Il-sung. La Causa se denomina “Causa de beatificación del obispo abad Bonifacio Sauer, del padre Benedicto Kim y compañeros mártires”. Podríamos decir que el proceso de beatificación está actualmente en sus inicios.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (12/09/2014):
– http://monacato.blogspot.com.es/2014/06/martires-de-la-abadia-de-tokwon.html
– http://es.wikipedia.org/wiki/Abad%C3%ADa_territorial_de_Tokwon
– http://www.missionsbenediktiner.de/seligsprechung/index.php

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124 nuevos beatos mártires coreanos (1791-1888)

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Lienzo de algunos de los nuevos Beatos.

Lienzo de algunos de los nuevos Beatos.

En el día de hoy, el Santo Padre Francisco, que está de visita apostólica en Corea del Sur, beatifica a ciento veinticuatro mártires, todos ellos seglares, a excepción del sacerdote chino Santiago Chu Mum-mo.

Para entender mejor cómo fue la persecución de los cristianos en Corea, recomiendo que, antes de seguir leyendo este artículo, recordemos el escrito sobre los Santos Mártires de Corea, publicado en este blog el 30 de marzo del 2011. Así, nos ahorraremos repetir en este artículo los sucesos de aquella cruenta persecución. Sin embargo, quiero incidir que fueron los propios coreanos quienes introdujeron el cristianismo en su país, concretamente, algunos académicos nativos que en el siglo XVII conocieron el evangelio en China y que cuando regresaron a su país, extendieron su fe. El cristianismo fue visto como una religión peligrosa por parte de las autoridades coreanas que practicaban el confucionismo.

Los confucianos no aceptaban que los cristianos se autodenominaran “amigos del Señor de los Cielos”, ya que esto implicaba una relación con la Divinidad basada en la igualdad; por eso, trataron de impedir que la fe cristiana se propagara, llegando incluso a prohibir la publicación de libros católicos. La persecución tuvo varios episodios álgidos en el siglo XIX, siendo martirizados más de diez mil coreanos, de los cuales ciento tres están ya canonizados, entre ellos, varios misioneros franceses.

La primera persecución fue en el año 1791, cuando los nobles Pablo Yun Ji-chung y Santiago Kwong Sang-yeon, quemaron sus tablas ancestrales y aceptaron el libro de los evangelios. Ambos fueron decapitados. La segunda persecución fue en el año 1801, cuando cientos de cristianos fueron ejecutados y muchísimos otros tuvieron que huir a China. Como podemos ver en el listado de los mártires, el grupo más numeroso de los beatificados hoy sufrieron el martirio en ese año. Algo parecido ocurrió en los años 1839, 1846 – cuando fue martirizado San Andrés Kim Tae-gom, que es el primer santo coreano – y en el año 1866, año en el cual fueron asesinados más de ocho mil cristianos.

Vidriera contemporánea de los Beatos Pablo Yun y Santiago Gwon.

Vidriera contemporánea de los Beatos Pablo Yun y Santiago Gwon.

La Iglesia Católica coreana es hoy en día, una iglesia en expansión y sin ningún género de dudas, sus cimientos están puestos sobre la sangre de sus mártires: “Sanguis martyrum, semen christianorum” (la sangre de los mártires es la semilla de nuevos cristianos). Quiera Dios que esto mismo ocurra en los países en los cuales hoy en día son sacrificados miles de cristianos, como en Medio Oriente, Asia y África. La propia Iglesia Católica coreana tiene abierto otro proceso de beatificación para otros ciento treinta y tres mártires.

En este artículo es imposible dar algunos detalles concretos sobre cada uno de estos nuevos beatos y por eso, sólo me voy a limitar a dar alguna breve pincelada de dos de ellos, aunque eso no quiere significar absolutamente nada. Digamos algo del beato Pablo – que encabeza la lista – y del beato sacerdote Santiago.

Beato Pablo Yun Ji-chung
Había nacido en el año 1759 en el seno de una familia noble en Janggu-dong. Desde muy niño se dedicó a los estudios, realizando su primer examen de Estado en la primavera del año 1783. Fue en ese tiempo cuando, a través de un hijo de la hermana de su padre, conoció los principios del cristianismo. Empezó a leer libros cristianos y se bautizó en 1787, después de haber estado casi tres años como catecúmeno. El mismo enseñó posteriormente el catecismo a su madre, a un hermano y a otros miembros de su familia. Junto con su pariente Agustín Yu Hang-geom, se dedicó a evangelizar a su pueblo. Y como era un hombre muy inteligente y digno de toda confianza, consiguió buenos frutos.

Fue en el año 1790 cuando Pablo quemó sus tablas ancestrales cumpliendo una orden que había dado el obispo Gouvea de Pekin, quién prohibió a los cristianos compaginar los ritos paganos con los ritos cristianos. Cuando su madre murió en el verano del año siguiente, por expreso deseo de la misma, hizo sus funerales según el rito católico en lugar del rito confuciano. Pronto se corrió la voz sobre ambas cuestiones – quema de las tablas ancestrales y rito funerario católico -, por lo que en la corte real se pusieron furiosos.

Al enterarse Pablo de que habían ordenado su arresto, se refugió en Gwangchoen, pero el magistrado de Jinsan arrestó a un tío suyo. Al enterarse Pablo, salió de su escondite y en octubre de 1971 se entregó al magistrado. Este, en un principio, trató de persuadirlo para que abandonara su fe, pero él – al igual que su primo Santiago Gwon Sang-yeon, se negaron en rotundo, por lo que ambos fueron conducidos ante el gobernador de Jeongu.

Sepulcro de la Beata Águeda Yun Jeom-hye, seglar mártir, 1801.

Sepulcro de la Beata Águeda Yun Jeom-hye, seglar mártir, 1801.

Pablo y Santiago fueron interrogados y torturados para que delataran a otros cristianos, pero ellos permanecieron mudos, defendiendo su fe con determinación y con la intención de no hacer ningún daño a la Iglesia. Pablo se dedicó a rebatir la irracionalidad de los ritos confucianos y a explicar la doctrina de la Iglesia, cosa que enfureció aun más al gobernador, que redobló los castigos: “Servimos a Dios como nuestro gran Padre y no podríamos adorarlo si desobedeciéramos sus mandamientos”, decían.

El gobernador los envió a la corte real donde fueron condenados, tanto él como su primo Santiago, a morir decapitados. Ambos fueron llevados fuera de la Puerta Sur de Jeonju, siendo decapitados mientras rezaban, el 8 de diciembre de 1791 (13 de noviembre por el calendario lunar).

Beato Santiago Chu Mum-mo
El padre Santiago nació en el año 1752 en la localidad de Su-Tcheou, provincia de Jiang Nan, en China. Sus padres murieron cuando él era un niño, siendo criado por su abuela. Como era cristiano, entró en el seminario de Pekín donde fue ordenado de sacerdote.

Como el obispo Gouvea de Pekín tenía el deseo de enviar sacerdotes a Corea para atender a la naciente comunidad cristiana y el padre Santiago tenía muchas afinidades con los coreanos, fue enviado gustoso a evangelizar Corea. Así que se fue de Pekín en el año 1794, reuniéndose con dos enviados secretos que habían enviado desde Corea: Sabas Ji Hwang y Juan Pak. Esperó que el río Amrok se congelara a fin de poder cruzarlo, pero mientras tanto se dedicó a evangelizar el distrito de Liao-dong. En la fecha prevista, se reunió con los enviados secretos en un pueblo fronterizo, entrando disfrazado en Corea el día 24 de diciembre de 1794.

Marchó a Seoul y se hospedó en la casa de Matías Choe In-gil, donde estudió el idioma coreano. Celebró su primera misa con los católicos coreanos el día de Pascua de 1795. Poco tiempo después fue descubierto por lo que tuvo que esconderse en casa de Columba Kang Wan-suk, aunque sus enviados secretos fueron capturados y martirizados. Escribió el catecismo en coreano.

Tumba del Beato Agustín Jeong Yak-jong, mártir, en Majae (Corea).

Tumba del Beato Agustín Jeong Yak-jong, mártir, en Majae (Corea).

Estuvo seis años como misionero en Corea aumentando el ese tiempo el número de cristianos, de cuatro mil a diez mil. Pero cuando en el año 1801 se desató oficialmente la persecución y fueron apresados y torturados muchos católicos coreanos para que delataran el lugar donde se escondía el sacerdote, el padre Santiago, pensando que los cristianos estaban siendo perseguidos por su culpa, decidió volver a China, aunque cambió de opinión y se entregó: “Tengo que compartir el destino de mi rebaño y mitigar su persecución y el martirio”.

El 11 de marzo se presentó y fue inmediatamente interrogado. A pesar de que lo torturaron cruelmente, supo mantener su firmeza, respondiendo con sabiduría y prudencia: “La única razón por la que vine a Corea era porque me encanta el pueblo coreano. Las enseñanzas de Jesús no son el mal. Hacer daño a las personas o a la nación está prohibido por los Diez Mandamientos y por lo tanto, no puedo delatar a las personas que pertenecen a la Iglesia”. Fue condenado a muerte según la ley militar. La ejecución tuvo lugar en Saenamteo, cerca del río Han, el 31 de mayo de 1801 (19 de abril por el calendario lunar). Su cabeza fue colgada en lo alto de la Puerta del Campo.

Se dice que en el momento de la decapitación: “El cielo claro se oscureció de repente y una violenta tormenta sopló sobre las rocas, siendo la visibilidad de solo una pulgada, como si fuera una ducha de pesada agua. En el momento de la ejecución, las nubes se dispersaron y un arco iris brillante apareció en el cielo. Luego desapareció por el noreste”.

Tumba del Beato Antonio Jeong Chan-mun en Jinju, Gyeongsang del Sur.

Tumba del Beato Antonio Jeong Chan-mun en Jinju, Gyeongsang del Sur.

Listado de los nuevos beatos mártires coreanos

Año 1791.- Beatos Pablo Yun Ji-chung y Santiago Gwon Sang-yeon.

Año 1793.- Beato Pedro Won Si-jang.

Año 1795.- Beatos Pablo Yun Yu-il, Mateo Choe In-gil y Sabas Ji Hwang.

Año 1798.- Beato Pablo Yi Do-gi.

Año 1799.- Beatos Francisco Bang, Lorenzo Pak Chwi-deuk, Santiago Won Si-bo y Pedro Jeong San-pil.

Año 1800.- Beatos Francisco Bae Gwan-gyeom, Martín In Eon-min y Francisco Yi Bo-Hyeon.

Año 1801.- Beatos Pedro Jo Yong-sam, Bárbara Sim A-gi, Juan Choe Chang-hyeong, Agustín Jeong Yak-jong, Francisco Javier Hong –Gyo-man, Tomás Choe Pil-gong, Lucas Hong Nak-min, Marcelino Choe Chang-ju, Martín Yi Jung-bae, Juan Won Gyeong-do, Santiago Yun Yu-o, Bernabé Gim I-u, Pedro Choe Pil-je, Lucía Yun Un-hye, Cándida Geong Bok-hye, Tadeo Jeong In-hieok, Carlos Geong Cheol-sang, Santiago Chu Mun-mo, Pablo Yi Guk-seung, Columba Gang Wan-suk, Susana Gang Gyeong-bok, Mateo Gim Hyeon-u, Bibiana Mun Yeong-in, Juliana Gim Yeon-i, Antonio Yi Hyeon, Ignacio Choe In-cheol, Águeda Han Sin-ae, Bárbara Jeong Sun-mae, Águeda Yun Jeom-hye, Andrés Gim Gwang-ok, Pedro Gim Jeong-duk, Estanislao Han Jeong-heum, Matías Choe Yeo-gyeom, Andrés Gim Cheon-ae, Francisco Gim Jong-gyo, Felipe Hong Pil-ju, Agustín Yu Hang-geom, Francisco Yun Ji-heon, Juan Yu Jung-cheol, Juan Yu Mun-seok y Pablo Hyeon Gye-heum.

Tumba del Beato Tadeo  Ku Han-seon en Haman-gun, Corea.

Tumba del Beato Tadeo Ku Han-seon en Haman-gun, Corea.

Año 1802.-Beatos Francisco Gim Sa-jip, Gervasio Son Gyeong-yu, Carlos Yi Gyeong-do, Simón Gim Gye-man, Bernabé Jeong Gwang-su, Antonio Hong Ik-man, Tomás Han Deok-un, Simón Hwang Il-gwang, León Hong In, Sebastián Kwon Sang-mun, Lutgarda Yi Sun-i y Mateo Yu Jung-seong.

Año 1814.-Beato Pío Gim Jin-hu.

Año 1815.-Beatos Alejo Gim Si-u, Águeda Magdalena Gim Yun-deok, Francisco Choe Bong-han, Simón Gim Gang-i y Andrés Seo Seok-bong.

Año 1816.-Beatos Francisco Gim Hui-seong, Bárbara Ku Seong-yeol, Ana Yi Sim-i, Pedro Ko Seong-dae, José Ko Seong-un, Andrés Gim Jong-han y Santiago Gim Hwa-chun.

Año 1819.-Beatos Pedro Jo Suk y Teresa Kwon.

Año 1827.-Beatos Pablo Yi Gyeong-eon y Pablo Pak Gyeong-hwa.

Año 1828.-Beato Ambrosio Gim Se-bak.

Año 1835.- Beato Ricardo An Gun-sim.

Tumba del Beato Matias Pak Sang-geun, seglar mártir en 1867. Diócesis de Masan, Corea.

Tumba del Beato Matias Pak Sang-geun, seglar mártir en 1867. Diócesis de Masan, Corea.

Año 1839.- Beatos Andrés Yi Jae-haeng, Andrés Pak Sa-ui, Andrés Gim Sa-geon, Job Yi Il-eon, Pedro Sin Tae-bo, Pedro Yi Tae-gwon, Pablo Jeong Tae-bong, Pedro Gim Dae-gwon, Juan Cho Hae-song, Anastasia Gim Jo-i, Bárbara Sim Jo-i, Anastasia Yi Bong-geum y Brígida Coe.

Año 1840.- Beatos Protasio Hong Jae-yeong, Bárbara Choe Jo-i, Magdalena Yi Jo-i, Santiago Oh Jong-rye y Maria Yi Seong-rye.

Año 1866.- Beatos Tomás Jang, Tadeo Ku Han-seon, Pablo Oh Ban-ji, Marcos Sin Seok-bok y Esteban Gim Won-jung.

Año 1867.- Beatos Benito Song, Pedro Song, Ana Yi, Félix Pedro Gim Gi-ryang, Matias Pak Sang-geun y Antonio Jeong Chan-mun.

Tumba de los Beatos Pedro Yi, Lucas Gim y Jacobo Heo en Daegu, Corea.

Tumba de los Beatos Pedro Yi, Lucas Gim y Jacobo Heo en Daegu, Corea.

Año 1868.- Beatos Juan Yi Jeong-sik, Martín Yang Jae-hyeon, Pedro Yi Yang-deung, Lucas Gim Jong-ryun, Santiago Heo In-baek, Francisco Pak, Margarita Oh y Victorino Pak Dae-sik

Año 1888.-Beato José Pedro Yun Bong-mun.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (02/08/2014):
http://newsaints.faithweb.com/martyrs/Korea2.htm
http://www.koreanmartyrs.or.kr/index.php

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santas Bárbara Kim y Bárbara Yi, mártires coreanas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración de Santa Bárbara Kim tratando de convertir a su marido.

Ilustración de Santa Bárbara Kim tratando de convertir a su marido.

En este blog ya hemos hablado someramente de algunos mártires de Korea y el pasado mes de enero introdujimos a las Santas Águeda Yi Kannan y Teresa Kim. Hoy, día de su festividad, presentamos a dos mártires que comparten el nombre de Bárbara -en honor a la mártir de Nicomedia– y que murieron tal día como hoy en el año 1839.

Santa Bárbara Kim
Bárbara Kim nació en una familia muy pobre, en la provincia coreana de Kyonggi. Sus familiares eran católicos, aunque no precisamente devotos. Cuando tenía trece años de edad, fue enviada a trabajar como criada de una poderosa familia católica, la de María Hwang. Aquí fue donde realmente conoció a Dios -espiritualmente hablando- y creció su devoción por Cristo. Era una mujer franca y diligente, que inscribía en su corazón las enseñanzas del Señor. Consciente de la acción de la gracia del Señor en su vida, tomó la decisión de permanecer virgen.

Pero cierto día, su padre le anunció que la había prometido a un joven católico: “Es muy buen partido, le dijo, y nosotros ya hemos acordado esta unión, así que debes prepararte para el matrimonio”. Bárbara le dijo: “Yo deseo preservar mi castidad para el Señor”, a lo cual el padre insistió: “Si marido y mujer son creyentes, ambos, no hay obstáculos para una vida creyente y esta unión será ventajosa para ti, así que no seas obstinada”. A Bárbara no le quedó más remedio que someterse a la voluntad de sus padres y casarse. Sin embargo, pronto descubrió que había sido engañada, porque su marido no era cristiano, sino pagano, y todos sus esfuerzos para tratar de convertirlo a la fe cristiana fueron inútiles. Es más, de los numerosos hijos que tuvo con él, sólo logró bautizar a una hija. Las diferencias de fe que había entre ambos esposos les causaron numerosas dificultades, que nunca fueron resueltas. Sólo cuando su marido falleció, Bárbara pudo dedicarse libremente a la oración y a las buenas obras. De hecho, con la llegada de algunos sacerdotes extranjeros a Korea, de los cuales recibió los sacramentos, puedo dedicarse a una vida espiritual ferviente y feliz, llegando a ser una católica devota.

En el clima de persecución contra los cristianos en Korea, Bárbara fue arrestada en una fecha indeterminada de marzo o abril, en el año 1839, junto con los familiares propietarios de la casa donde ella vivía. El jefe de policía le exigía que negara a Dios y que denunciara a todos los católicos que conociera. Ella se negó a apostatar y a delatar a nadie, por lo que fue cruelmente torturada: fue retorcida en el potro y golpeada a porrazos hasta el punto de romperle los huesos.

Este martirio duró tres meses, a los que se sumaron las penurias de la prisión. En efecto, si el dolor de la tortura era terrible, estar en prisión se volvía cada día peor, cada día más insoportable. De hecho, muchos cristianos que soportaban valientemente todo tipo de torturas, acababan cediendo y apostatando por el hambre y la sed. Sólo les daban dos puñados de arroz al día, y eso les obligaba a comerse la paja sucia y asquerosa sobre la cual yacían en la celda. Eran celdas pequeñas, donde se hacinaban muchas personas, y era inevitable que las enfermedades se extendieran rápidamente entre los prisioneros. Sobre esto escribió el obispo Daveluy, que moriría también mártir: “Nuestros católicos están tan apretados aquí dentro que ni siquiera pueden estirar las piernas para poder dormir. Comparado con la prisión, el sufrimiento de las torturas no es nada.” Para colmo, el hedor de sus llagas podridas era insoportable y pronto las fiebres tifoideas empezaron a matar varias personas al día. Llegaron hasta el punto de que muchos se preguntaban si vivirían lo suficiente como para ganar la corona del martirio a través de la espada del verdugo.

Éste fue el destino de Bárbara Kim. Ella, como muchos otros, sufrió los extremos de la vida en prisión: la tortura, el hambre, la sed y la enfermedad. Finalmente, dos meses después, el 27 de mayo de 1839, Bárbara falleció de fiebre tifoidea, siendo hallada muerta en el sucio felpudo de su celda. Tenía 35 años. Fue beatificada el 5 de julio de 1925 y canonizada el 6 de mayo de 1984 en Yoido, Séul, por San Juan Pablo II.

La joven Santa Bárbara Yi con sus tías, mártires como ella.

La joven Santa Bárbara Yi con sus tías, mártires como ella.

Santa Bárbara Yi
De esta mártir, que murió con sólo 15 años de edad, tenemos bastantes menos datos. Sabemos que nació en Ch’ongp’a, en Seúl. Perdió a sus padres siendo muy niña y vivía con sus tías, las también mártires Magdalena Yi Yong-hui y Bárbara Yi Chong-hui. Se puede decir que Bárbara pasó por este mundo sólo para amar a Dios y morir por Él, porque francamente no tuvo tiempo para más. Según los datos de la Santa Sede, Bárbara fue arrestada, llevada a comisaría y cruelmente torturada. Luego la llevaron a un tribunal superior y el juez la instó a negar a Dios, siendo nuevamente torturada. Como no lograba someterla, el juez la mandó de vuelta con los policías, porque le pareció demasiado joven para ejecutarla.

En la celda, Bárbara compartía su espacio con otros tres chicos, y entre ellos se infundían fortaleza y se animaban a perseverar. Pero entretanto, y por las condiciones insalubres que ya sabemos que imperaban en las celdas, ella contrajo fiebres tifoideas y, después de una semana de sufrimiento, falleció en la prisión de Seúl el 27 de mayo de 1839.

Nuestras mártires de hoy, Bárbara Kim y Bárbara Yi, dos cristianas coreanas de diferentes edades, situaciones sociales y circunstancias personales, murieron el mismo día a causa del mismo motivo. Según establece Carlos Hyon Sok-mum en su “Diario de la persecución de 1839”, aproximadamente unos 60 cristianos compartieron este destino.

Meldelen

Bibliografía:
Lives of the 103 saints martyrs of Korea, Committee for Bicentennial Commemorative Projects of the Catholic Church in Korea, Seoul, 1984.

Enlaces consultados (20/05/2014):
http://english.cbck.or.kr/Saints103/235

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