Las mártires de Ancira y las de Amiso: un caso de desdoblamiento

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de los Santos Tecusa, Alejandra y Teódoto de Ancira en un calendario ortodoxo para el Prólogo de Orchid.

Detalle de los Santos Tecusa, Alejandra y Teódoto de Ancira en un calendario ortodoxo para el Prólogo de Orchid.

A menudo, en este blog, hemos visto que algunos Santos que creemos que existen por cuenta propia, son en realidad desdoblamientos o duplicaciones de otros Santos, por lo que la tarea de los hagiógrafos estriba en averiguar cuál es el Santo más antiguo, el que tiene más probabilidades de ser histórico, y cuál es la duplicación, cosa que se sabe comparando lo que se sabe de él o ella y estableciendo similitudes, que, en caso de ser muy abundantes o totales, se concluye que se ha producido un desdoblamiento. Esto pasa especialmente en el caso de las nueve hermanas de la mártir Santa Quiteria, como vimos; también en las vírgenes mártires de Aquileya (Santas Eufemia, Dorotea y Tecla), en el caso de la mártir hispana Santa Eulalia y muchos otros.

Hoy vamos a ver y clarificar otro caso de desdoblamiento, esta vez de un grupo entero. A raíz de ciertos problemas que se tuvieron a la hora de identificar Santas de un nombre concreto (Alejandra, Claudia), se encargó hacer este artículo para aclarar un poco el tema respecto a algunas de estas Santas que suelen confundirse, y con razón, como veremos. Aviso de antemano que el tema es un poco complicado y que puede generar confusiones, por lo que hay que leerlo muy atentamente.

Las 7 vírgenes mártires de Ancira (18 de mayo)
La historia que viene a continuación al parecer fue escrita por un contemporáneo llamado Nilo -aunque las fuentes hagiográficas más fidedignas lo atribuyen a San Teodoro de Ancira-, cristiano que sobrevivió a la persecución y amigo de San Teódoto, sobrino de una de las mártires, lo que le confiere grandes visos de autenticidad. Tiene lugar en la ciudad de Ancira, en la región de Galacia (hoy en día Ankara, capital de Turquía). Su gobernador, Teotecno, cumplió fielmente el recién emitido edicto de Diocleciano, como era su deber. Provocó, en efecto, que muchos cristianos huyesen en desbandada de la ciudad, y las propiedades de los ajusticiados pasaban a sus manos.

Entre las víctimas de aquellos días destacaban siete ancianas mujeres, que se habían consagrado a Cristo desde su juventud, guardando con extremo celo su virginidad. Sus nombres son Tecusa, Faina, Matrona, Julita, Claudia, Alejandra y Eufrasia. La tradición nos dice que estas siete vírgenes cristianas habían dedicado su vida a los rezos y ayunos. La más anciana de todas, Tecusa, era tía del mismo Teódoto.

Las siete vírgenes de Ancira exhibidas desnudas en público. Ilustración contemporánea. Fuente: http://www.heiligen-3s.nl

Las siete vírgenes de Ancira exhibidas desnudas en público. Ilustración contemporánea. Fuente: http://www.heiligen-3s.nl

Detenidas, pues, durante la persecución de Diocleciano, comparecieron las siete ancianas ante Teotecno, que no logró alterarlas ni con halagos ni con amenazas. Ante la negativa a sacrificar, fueron desnudadas y exhibidas públicamente, para ser luego entregadas a los soldados. Cuando se encontraron a solas con sus agresores, ellas empezaron a llorar y a lamentarse, golpeándose el pecho y gimiendo: “¡Dios, no permitas esta infamia!” La única que no se lamentó fue Tecusa, quien avanzó hasta el primer soldado y, postrándose ante él, se retiró el velo de la cabeza, desparramando sus cabellos grises por la espalda. No pronunció palabra alguna. Al parecer confiaba con que el joven sintiera reparos al violar una mujer tan vieja. El soldado, avergonzado al ver a aquella venerable víctima, que le recordaba a su propia madre, retrocedió y salió apresuradamente de la estancia. Los demás le siguieron, dejando solas a las siete vírgenes. Así pues, como se puede ver, la piadosa leyenda quiere que no llegaran a ser violadas, porque los soldados sintieron vergüenza de afrentar a mujeres ancianas, que les recordaban a sus propias madres.

Tras varios interrogatorios en los que prácticamente ignoraron las razones del magistrado, vinieron las torturas. Teótecno se mostró sorprendido ante la resistencia de aquellas ancianas, que parecían tener fuerzas de adolescente para soportar aquellos tratos. El gobernador trató -en vano- de hacer que participaran en unas fiestas que por entonces se celebraban en honor a los dioses. Pero, ante la nueva negativa de las siete compañeras, las sentenció a todas a morir ahogadas. Ataron grandes piedras a los pies de cada una de ellas, y las tiraron a un lago. El peso se las llevó al fondo de inmediato.

El tabernero Teódoto, sobrino de Tecusa, lloró durante un día y una noche la muerte de su tía. Mientras dormía, dice la tradición que tuvo un sueño en el que vio a la venerable Tecusa diciéndole: “Hijo, ve, toma mi cuerpo y el de mis hermanas en Cristo, y dales cristiana sepultura.” Cuando despertó, se dirigió de inmediato al lago, acompañado de algunos hombres, entre ellos su amigo Polícronos. Eludiendo a la guardia, recuperaron los cadáveres del fondo, que sepultaron con todos los honores. Esta piadosa acción le acarreó la muerte, tanto para él como para sus compañeros, de modo que se unieron al coro de los mártires.

Icono ortodoxo ruso de Santa Faina, virgen y mártir de Ancira.

Icono ortodoxo ruso de Santa Faina, virgen y mártir de Ancira.

Las 7 vírgenes mártires de Amiso (20 de marzo)
El 20 de marzo, en el Martirologio Romano, se recuerda a siete mujeres cristianas, llamadas Claudia, Eufrasia, Alejandra, Matrona, Juliana, Eufemia y Teodosia. Dichas mujeres fueron arrestadas en Amiso, Paflagonia, actual Turquía, en plena persecución del siglo IV bajo el emperador Maximiano (309-313). Sin embargo, en el Sinaxario Constantinopolitano se hace memoria de ellas el día 18 del mismo mes y lo hace con un breve elogio extraído de una passio, perdida y que no debe ser de mucha fiabilidad.

Ésta nos dice que estas siete vírgenes se presentaron voluntariamente ante el prefecto de Amiso y que, combinando fe y coraje, reprendieron a éste por su crueldad y su injusticia al condenar a los cristianos. Profesándose como cristianas, se negaron a abjurar de su fe y a sacrificar a los dioses, por lo que el pretor mandó flagelarlas para ver si cedían. Como afrontaron la tortura largamente con igual determinación, se dictó que fueran desolladas y quemadas vivas; por lo que, tras despellejarlas, se las arrojó a un horno ardiente, donde perecieron.

Conclusiones: un solo grupo, dos versiones
A simple vista cualquiera habrá observado que son varios nombres los que coinciden y algunos que se parecen, lo cual es algo sospechoso. Cuatro de ellas, precisamente Alejandra, Claudia, Eufrasia y Matrona, aparecen también en el otro grupo, también de siete vírgenes, ahogadas por el prefecto Teotecno y recordadas en una passio que es mucho más segura, atribuida a Teodoro de Ancira. Las otras tres, Juliana, Eufemia y Teodosia, se pueden fácilmente vislumbrar como las respectivas Julita, Faina y Tecusa del grupo de las mártires de Ancira; conmemoradas por los sinaxarios griegos y en el Martirologio Romano el día 18 de mayo.

La conclusión es que muy probablemente el Martirologio ha realizado un desdoblamiento de un único grupo de mártires originario, las vírgenes de Ancira. Parece que se trata de dos versiones de un mismo hecho, porque si el Martirologio Romano distingue un grupo de mártires en Amiso el 20 de marzo y otro el 18 de marzo, el Sinaxario Constantinopolitano tan sólo recoge uno: el del 18 de mayo, es decir, las vírgenes de Ancira. Es evidente, como decíamos antes, que el Sinaxario se basó en una passio originaria hoy perdida – insistimos, por lo que no es posible esclarecer su autenticidad – pero parece ser en este caso fuente más fiable que el Martirologio.

Icono ortodoxo ruso de Santa Alejandra de Ancira, obra de la iconógrafa Ekaterina Piskareva. Fuente: http://www.piskarevarestorations.com/

Icono ortodoxo ruso de Santa Alejandra de Ancira, obra de la iconógrafa Ekaterina Piskareva. Fuente: http://www.piskarevarestorations.com/

Este tipo de errores son, por desgracia, frecuentes en las antiguas fuentes cristianas y nos recuerdan que no debemos tomarlas al pie de la letra y que existe un gran margen de error, al ser la mayoría muy posteriores a los hechos que relatan. Con toda probabilidad, en este caso se puede llegar a la conclusión de que este grupo de mártires de Amiso no es más que un desdoblamiento del otro grupo, el original, de Ancira; por lo que tan sólo el primer relato, el de las siete ancianas ahogadas en el lago, puede considerarse como histórico y auténtico.

Meldelen

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