Los santos mártires de Batak

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Icono ortodoxo búlgaro de los Santos mártires de Batak.

Icono ortodoxo búlgaro de los Santos mártires de Batak.

La Iglesia Ortodoxa Búlgara ha canonizado a los fieles ortodoxos masacrados en el mes de abril de 1876 en las aldeas de Batak y Novo Selo; es la primera canonización realizada en los últimos cuarenta y siete años. La ceremonia tuvo lugar en el monasterio femenino de Apriltsi, el 3 de abril del 2012; y estuvo presidida por Su Santidad el Patriarca Máximos, en una ceremonia conjunta con todo el episcopado ortodoxo búlgaro. En la misma, el obispo de Naum, en nombre del Patriarca, pronunció una homilía en la que dijo: “Los mártires de Batak y Novo Selo, que sufrieron terribles torturas y murieron por la fe, realizaron un sacrificio comparable al de miles de cristianos martirizados durante el Imperio Romano”. Se determinó que su festividad anual sería el 17 de mayo.

Después de este preámbulo relatemos, aunque sea de manera somera, qué ocurrió en Batak en el año 1876. Un periódico ruso lo describió perfectamente: “Recientemente, en la vecina Bulgaria se ha puesto en marcha una persecución contra los cristianos, volviéndose a los tiempos de los antiguos mártires. Cientos de ciudades y de pueblos búlgaros se han ahogado en sangre. Miles de hombres han sido empalados y decapitados, decenas de miles de personas: mujeres, jóvenes, niños y ancianos, han sido sacrificados, quemados vivos o llevados al cautiverio como esclavos, algunos de los cuales fueron forzados a convertirse al Islam. En los monasterios y conventos, los monjes y monjas han sido cortados a pedazos, en las carreteras se han asesinado a niños y niñas inocentes por el mero hecho de ser ortodoxos. Las vírgenes han sido violadas y quemadas vivas en las hogueras y los bebés no nacidos, han sido asesinados en los vientres de sus madres. De entre todos ellos, brillan con luz propia los que han dado su vida por la fe en Batak, cuya masacre ha durado varios días”.

La noche del 1 de mayo de 1876, los otomanos al mando de Bazouk iniciaron la matanza en la parte baja de la ciudad, concretamente en la casa de Bogdan. Mediante el engaño, los turcos desarmaron a los habitantes de Batak, obligándoles posteriormente a abandonar la fe ortodoxa y a convertirse al Islam. Sólo unos niños pequeños salvaron sus vidas porque en su inocencia decidieron convertirse. Los torturadores fueron cogiendo uno por uno a los hombres, los fueron decapitando y quitando la ropa. Algunos padres y madres, empujaban a sus hijos hacia delante a fin de que fueran martirizados antes que ellos, para estar seguros de que no serían esclavizados y obligados a abrazar el Islam. Cuando trataron de violarlas antes de matarlas, las jóvenes de Batak resistieron como leonas para preservar su virginidad hasta el último momento. Después de decapitados, todos fueron cortados a pedazos. La masacre y los asesinatos continuaron por todas las calles de la localidad. Algunos ciudadanos se salvaron huyendo, aunque unos cuantos lo hicieron abrazando el Islam.

Foto antigua de la matanza de Batak.

Foto antigua de la matanza de Batak.

Sin embargo, algunos musulmanes se avergonzaban de lo que hacían sus correligionarios y baste un ejemplo para mostrar esto que digo. Cuando Ángel Chaushev, que había escapado del cementerio del pueblo, llegó a la colina de San Atanasio que estaba bajo la protección de un tal Pomak, se encontró con Ismail Hodja, de la aldea de Rakitovo. Éste era un musulmán de origen búlgaro, de buen corazón, que al enterarse de lo que los turcos estaban haciendo en Batak, se echó a tierra llorando y rezando a Alá para que perdonara aquellos pecados. Luego, abrazándose a Ángel Chaushev, le preguntó por sus familiares y al enterarse de que casi todos habían sido asesinados, le puso un turbante en la cabeza y su propia ropa, le dio un rifle y fue con él para intentar evitar que siguieran masacrando a mas ortodoxos. En el camino pudieron salvar a una mujer que iba a ser violada y en el pueblo encontraron a dos hermanos de Ángel. Cuando estos vieron a Ángel con un turbante puesto en la cabeza, temieron que hubiese renegado de su fe, pero ellos les aseguraron que no. Los hermanos no los creyeron y dijeron que preferían morir por su fe antes que seguirlos, huyeron y poco después fueron también decapitados.

Los sacerdotes de Batak no abandonaron a su pueblo. Con una crueldad extraordinaria, los musulmanes atormentaron al padre Neych. Ante sus ojos, decapitaron a sus siete hijas, una a una. Le daban a escoger: “El turbante o el hacha” y como el sacerdote permanecía en silencio, sus hijas fueron cayendo una a una. Una vez asesinada toda su familia, al sacerdote le arrancaron los dientes y la barba, le sacaron los ojos, cortaron sus orejas y, estando aun vivo, lo fueron troceando poco a poco hasta la muerte. Esto ocurrió en el edificio de la escuela del pueblo, a la que poco después, con unas doscientas personas dentro, prendieron fuego, quemándolos vivos.

Iglesia actual de Batak.

Iglesia actual de Batak.

Otro ejemplo de la crueldad a la que fueron sometidos los habitantes de Batak es lo que le hicieron al anciano Trendafil Kerelov, al que empalaron en una de las montañas que rodean al pueblo. Su hija Bosilka, que vio la escena, así la relata: “Le quitaron sus vestidos, le sacaron los ojos y los dientes y, poco a poco, lo empalaron por los muslos en un poste hasta que el palo le salió por la boca. Mi padre temblaba de dolor y luego, estando aun vivo, le prendieron fuego”.

Los musulmanes entraron posteriormente en el cementerio, que hasta ese momento había estado protegido y donde estaban refugiadas muchas personas; y allí continuaron la masacre. Los gritos y lamentos de las víctimas se mezclaban con las blasfemias y rugidos de los verdugos y con el estertor de los que no estaban aun completamente muertos.

Los que se habían refugiado en la iglesia esperaron allí su final, hacinados unos contra otros. Entre ellos estaban muchísimos niños y personas enfermas, algunas de las cuales perecieron allí debido a este hacinamiento. Los tuvieron tres días encerrados sin comida ni bebida, teniendo que humedecer sus labios agrietados con la sangre de los mártires y el aceite de las lámparas del iconostasio. En el atrio de la iglesia, algunas mujeres, con sus propias manos empezaron a cavar un pozo para encontrar agua para los niños; a dos metros de profundidad sólo encontraron tierra humedecida que tuvieron que poner en las bocas de sus hijos para suavizar su insoportable sed. En todo este tiempo, las balas de los que rodeaban la iglesia pasaban tan cerca de ellos que alguno cayó abatido. Llegaron a echar dentro de la iglesia colmenas de abejas a fin de que picaran a los allí encerrados y fuera más lenta su agonía; y finalmente, arrojaron trapos y paja ardiendo en su interior a fin de asfixiarlos y quemarlos.

Urnas con los restos de los mártires en el interior de la iglesia.

Urnas con los restos de los mártires en el interior de la iglesia.

Algunos de los cristianos allí encerrados, no pudiendo soportar aquello por más tiempo, quitaron los cerrojos de la puerta y salieron pidiendo clemencia. Estaban completamente exhaustos después de haber estado encerrados y hacinados durante tres días sin dormir, hambrientos y sedientos; y de nuevo comenzó la masacre. Mataron en primer lugar a las mujeres embarazadas atravesándoles el vientre con sus bayonetas.

El 4 de mayo, el líder Ahmed Aga de la aldea de Barutino emitió una orden para detener la masacre, pero teniendo dudas acerca de qué hacer con los escasos supervivientes, finalmente se decidió por matar a todos los hombres, pero respetando a las mujeres. Algunos hombres, vestidos con ropas femeninas, también se salvaron. Pero nuevamente los supervivientes fueron engañados porque, haciéndoles ver que podían volver para reconstruir sus casas incendiadas y para que cuidaran a los enfermos, los huérfanos y las viudas de Batak, unos trescientos volvieron, sin darse cuenta de que los turcos los estaban esperando. Todos fueron masacrados, incluidas las mujeres y niños que con anterioridad se habían salvado. Aniquilados todos los cristianos, los musulmanes apilaron los cuerpos de los mártires mientras gritaban que “no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”. Arrasaron la aldea y quemaron todas sus cosechas.

Varios meses después de la masacre, una benefactora inglesa, llamada Lady Strangford, fue a la aldea desvastada a fin de ayudar a los escasos supervivientes. Levantó un hospital para curar a los enfermos y fue tan generosa con ellos que se granjeó su cariño. Poco tiempo después, llegaron unos misioneros protestantes con la intención de aprovecharse de aquella circunstancia, pero fracasaron en sus intentos misionales. En la Navidad de aquel mismo año, los pacientes del hospital, aunque estaban muy debilitados, se negaron a tomar alimento, diciendo: “Los turcos no lograron quitarnos nuestras creencias, ¿cómo nos vamos a vender ahora por un pedazo de pan?”. La señora Strangford y los misioneros protestantes comprendieron el mensaje de los campesinos de Batak y se marcharon.

Hachas y tronco utilizados en el martirio.

Hachas y tronco utilizados en el martirio.

Con posterioridad y a iniciativa de las grandes potencias reunidas en Plovdiv, se comenzaron a investigar estos crímenes. Ahmed Aga fue condenado al exilio, pero tras la firma del Tratado de Berlín, volvió a Barutino como un rico comerciante, aunque en el año 1881, abandonado por todos por haber contraído la lepra, murió convertido en un montón de carne podrida.

Parte de las reliquias de los mártires fueron recuperadas y se conservan en la iglesia construida en su honor. Como dije al principio del artículo, estos mártires fueron canonizados por el Santo Sínodo de la Iglesia búlgara, el día 3 de abril del año 2012. Es la primera canonización en cuarenta y siete años, pues con anterioridad fueron canonizados San Paisio Hilendarski (en 1962) y San Sofronio Vrachanski (en 1964).

Antonio Barrero

Enlaces consultados (15/01/2014):
http://bulgarian-orthodox-church.org/liturg/bataknm-sluzhba.pdf
http://www.pravoslavie.bg/Документи/Канонизацията-на-баташките-и-новоселските-мъченици (Mensaje del Patriarca con motivo de la canonización)

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