Santa Áurea y compañeros, mártires de Ostia Tiberina

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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

La mártir a la que conmemoramos hoy, Áurea (en latín, “dorada”), plantea una interesante controversia hagiográfica -como ya viene siendo costumbre-. En general y aunque su culto prosigue hasta el día de hoy, se considera que de la Santa no existen noticias seguras, y aquellas que se pueden extraer de su passio y de la passio de San Censorino, que son fuentes para conocer su vida y martirio, están consideradas como absolutamente falsas. Sin embargo, no pretendiendo negar esta realidad, considero que existen otras pruebas que pueden, como mínimo, autentificar la existencia de la mártir, que es lo que intentaremos hacer en este artículo.

El martirio de la Santa se ubica en Ostia Tiberina, de donde también es patrona y protectora. Ostia fue, durante la Antigüedad, el principal puerto de Roma y una ciudad romana de gran relevancia, cuyos restos arqueológicos siguen siendo de un gran valor y riqueza patrimonial en la Antigüedad. Aquí, junto con Áurea, se ubica el martirio de diversos cristianos que necesariamente me veo obligada a reseñar, aunque no voy a poder extenderme en cada detalle, por lo que recomiendo la consulta de los enlaces a pie de artículo.

Pasión de los mártires de Ostia Tiberina
Las fuentes a trabajar para esto son dos: una; la traducción latina de un antiguo manuscrito griego conservado en el Vaticano y publicado por Simone De Magistris en 1795; otra, una versión original latina, anterior a la primera, que contiene ligeras variaciones respecto a la traducción del griego y que se puede encontrar en Acta Sanctorum, Augustus IV, p.757 ff.

Esta Acta martyrum ad Ostia Tiberina narra, como su mismo título afirma, el martirio de algunos cristianos en esta ciudad portuaria. El redactor, anónimo, ha reunido en un solo texto los nombres de algunos mártires, entre ellos, exponentes destacados del clero de Ostia y de Porto; que en realidad sufrieron martirio en épocas diferentes, es decir, cuya muerte está a decenios de distancia (de ahí los más que razonables reparos en considerar esta Acta como una fuente verídica). Por ejemplo, Censorino, uno de los protagonistas, sufrió el martirio decenios antes que Áurea; mientras que Taurino, Herculano e Hipólito no fueron martirizados hasta años después de que ella muriese. Es decir, que aunque son mártires que aparecen juntos en un mismo proceso, martirizados juntos, en realidad, esto no fue así, por lo que la agrupación es meramente artificial, basada únicamente en el lugar de martirio -Ostia- y sin ninguna prueba de que realmente llegaran a conocerse entre sí. Pero vamos a ver el contenido del Acta en sí.

Detalle de la Santa en un tríptico de Duccio di Buoninsegna, (ca. 1315). National Gallery, Londres (Inglaterra).

Detalle de la Santa en un tríptico de Duccio di Buoninsegna, (ca. 1315). National Gallery, Londres (Inglaterra).

Los hechos tienen lugar, como decía, en la ciudad de Ostia, en una comunidad cristiana que giraba en torno a la presencia de una joven noble romana a la que se llama Chryse (Crisa) en griego, y Áurea en latín (“dorada”, en ambos casos). Eran tiempos del emperador Claudio II el Gótico (268-270), probablemente el año 269, pues se dice “siendo cónsul Ulpio Rómulo”, lo que coincide con este año. El relato se inicia hablando de Censorino [1], quien era “comandante militar con autoridad de juez” (prefecto), pero que en secreto era cristiano. Compadecido de los cristianos que eran encarcelados, los visitaba en la cárcel y les llevaba comida. Descubierto, fue llevado ante Claudio (que aparece mencionado como “rey”, pero que parece referirse claramente al emperador) quien trató de obligarle a sacrificar a los dioses. Como él se negó, mandó encerrarlo en la prisión militar de Ostia, donde fue cargado de cadenas.

En esta ciudad, como se ha dicho ya, vivía una joven rica, de ascendencia imperial romana, llamada Áurea, que ya había sufrido algo la persecución. Descubriéndose que era cristiana, se le habían confiscado todos sus bienes y propiedades, la habían exiliado de Roma y vivía en Ostia, en la única pequeña propiedad que le dejaron, en comunidad con otras vírgenes y varones cristianos como ella. Todos los días visitaba a Censorino en la cárcel: le daba de comer, le cuidaba y lavaba las heridas, le refrescaba los ojos y la frente. Acudieron también con ella el sacerdote Máximo y el diácono Arquelao. Máximo realizó un milagro ante todos los guardias, soltando prodigiosamente las cadenas de Censorino, por lo que convirtió a la fe a estos guardias que lo vieron, un total de diecisiete: Félix, Máximo, Taurino, Herculano, Nevino, Historacino, Menas, Comodio, Hermes, Mauro, Eusebio, Rústico, Monaxio, Armandino, Olimpio, Eupro y Teodoro el Tribuno, quienes fueron bautizados por el obispo Ciríaco.

A continuación se relata que había en la ciudad un zapatero que acababa de perder a su hijo. Pasaron junto a él Máximo, Ciríaco y Áurea, y lo vieron llorando y lamentándose a grandes gritos. Acercándose a él, Máximo lo consoló y, sabiendo que era cristiano, lo bautizó y él mismo los llevó a donde yacía su hijo muerto, un niño de diez años llamado Faustino. Entonces, Ciríaco resucitó al niño, lo instruyó en la fe y lo bautizó, y la misma Áurea tomó al niño en brazos al sacarlo de las aguas bautismales, como si fuera su madre. Pero el emperador Claudio, al oír sobre este milagro, pensó que se estaba haciendo magia negra, por lo que avisó al vicarius urbis -el prefecto de la ciudad- Ulpio Rómulo, para que tomara inmediatas medidas contra la comunidad cristiana, haciendo especial mención a “la sacrílega Áurea, que ha ofuscado su linaje real y su potestad dedicándose a prácticas mágicas”, y dando orden de que respetara la vida a quienes aceptaren sacrificar a los dioses, y a quienes no, que se les torturara juntos para dar ejemplo.

La Santa, torturada y desgarrada en el potro, y después crucificada (??). Grabado de Antonio Tempesta. Istituto Nazionale dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

La Santa, torturada y desgarrada en el potro, y después crucificada (??). Grabado de Antonio Tempesta. Istituto Nazionale dell’Arte Grafica, Roma (Italia).

Así pues, Ulpio Rómulo mandó detener a toda la comunidad cristiana y la puso en la cárcel. Llamó primero a Áurea a su tribunal y le afeó su conducta, diciendo que no era propio de una matrona romana rebajarse a las prácticas de aquella secta. Como Áurea confesó a Jesucristo y se lamentó de la impiedad de los emperadores, Ulpio mandó torturarla en el potro [2]. Pero mientras era estirada y descoyuntada en el ecúleo, estaba alegre y orando en voz alta, y al momento el horrible instrumento se rompió y ella quedó libre (!!). Molesto, Ulpio mandó que la golpearan brutalmente con palos, y después, que quemaran sus costados con antorchas. Entonces Áurea lo increpó gritando que si no le daba vergüenza quemar un cuerpo que era en todo como el de su propia madre [3]. Con el cuerpo medio quemado, fue arrojada de nuevo en la cárcel.

A continuación Ulpio mandó llamar a Máximo y Arquelao, pero perdió mucho menos tiempo con ellos. Viendo que no iban a sacrificar, mandó que ambos, todos los soldados convertidos (salvo Eusebio, que no había sido capturado) y el obispo Ciríaco fueran decapitados en el arco de Caracalla, cerca del teatro, y sus cuerpos arrojados al mar. Eusebio recogió los cadáveres, los escondió en la playa y en el campo, y posteriormente les dio sepultura cerca de Roma, en una cripta de la Via Ostiense, y a Taurino y Herculano en Porto Romano. Puso una tumba aparte para Teodoro el tribuno y a los demás los enterró con Ciríaco y Máximo.

Martirio de la Santa. Detalle del tríptico gótico de Lippo Vanni. Convento de los Santos Domingo y Sixto, Roma (Italia).

Martirio de la Santa. Detalle del tríptico gótico de Lippo Vanni. Convento de los Santos Domingo y Sixto, Roma (Italia).

Cinco días después de la primera tortura, Ulpio mandó de nuevo llamar a Áurea, y como ella le increpara su conducta y su impiedad, ordenó que le dieran de golpes con una piedra en la mandíbula y en los dientes. Mientras le destrozaban la boca, trató de convencerle de que tomase un marido de acuerdo a su linaje, pero ella dijo que ya tenía un esposo, Jesucristo. Furioso, Ulpio mandó que la azotaran con látigos emplomados hasta que muriese. Pero como cuanto más la golpeaban, más fuerte parecía mostrarse en su determinación, Ulpio suspendió la tortura antes de que muriese y mandó que le ataran una roca al cuello y la tiraran al mar. Áurea murió, pues, ahogada, pero las olas devolvieron su cadáver a la playa, que fue recogido por un piadoso cristiano llamado Nono (o Nonoso, según el Acta Sanctorum), que él mismo enterró en su propiedad, más allá de los muros de Ostia, el “noveno día de las calendas de septiembre” (24 de agosto).

Tras el martirio de Áurea, Ulpio detuvo a un agricultor llamado Sabiniano, y basándose en que era cristiano, le confiscó sus propiedades y le puso el ejemplo de Áurea para asustarlo con lo que podía hacerle. Sabiniano reconoció la santidad de Áurea ante el tribunal, no sólo por su martirio sino porque ella había sido quien lo había convertido e instruido en la fe, por lo que Ulpio mandó que lo azotaran en la cabeza con látigos emplomados. También se presentó ante el tribunal, pero voluntariamente, un anciano llamado Hipólito, que sabiendo del tormento de Sabiniano increpó duramente al magistrado, quien mandó atarlo de pies y manos y tirarlo a un pozo, donde se ahogó. Pero durante más de una hora se oyeron como voces celestiales en el lugar, lo que Ulpio atribuyó a brujería. Luego mandó torturar de nuevo a Sabiniano: fue apaleado, descoyuntado en el potro y le quemaron los costados con antorchas, tormento en el cual murió. Su cadáver fue tirado a otro pozo, pero recogido por un sacerdote llamado Concordio, quien lo enterró junto a Áurea, “el quinto día de las calendas de enero” (28 de diciembre).

Hasta aquí, el relato de la passio. Como hemos visto, dicho relato no puede darse por auténtico, por algunas exageraciones e inconsistencias históricas que en él se ven, pero también porque, como ya hemos dicho, los mártires que se mencionan en ella no fueron martirizados juntos ni probablemente se conocieron entre sí, pues hay decenios entre las muertes de unos y otros. Aún así, no hay razón para dudar de que el relato está basado en hechos reales, en que los mártires son reales y su martirio también, pero la historia relata aquí, que los hilvana a todos en un mismo momento, sin duda es una construcción ficticia a posteriori que no merece más comentarios. Vamos a ver, mejor, pruebas más fehacientes sobre la existencia histórica de estos mártires.

La Santa, con la soga al cuello, es arrastrada del tribunal de Ulpio al mar. Lienzo de Andrea Sacchi, Catedral de Santa Áurea, Ostia (Italia).

La Santa, con la soga al cuello, es arrastrada del tribunal de Ulpio al mar. Lienzo de Andrea Sacchi, Catedral de Santa Áurea, Ostia (Italia).

Fuentes históricas
El Martirologio Jeronimiano conmemora a Santa Áurea el día 20 de mayo, con la indicación topográfica de “Ostia”, y el 22 de agosto con la indicación de “Portu Romano”. En realidad, esto es lo mismo, ya que Ostia Tiberina era el puerto de Roma en la época. En el Martirologio Romano es recordada el 24 de agosto; día de su martirio, con un breve elogio extraído de la passio. A Censorino y compañeros, sin embargo, se les recuerda el día 5 de septiembre. La Iglesia Ortodoxa, sin embargo, conmemora a todos los mártires de Ostia el 30 de enero.

Las reliquias de la Santa parecen tener un recorrido claro y bien ubicado, lo que autentifica la existencia histórica de la misma. Su cuerpo estuvo enterrado a las afueras de la ciudad de Ostia, en la granja donde ella había vivido con su familia después que la exiliaran de Roma. Sus restos fueron posteriormente trasladados a Roma, a la catacumbas de San Saturnino en la Via Salaria, y finalmente, en 1735, llevados definitivamente a Albano, a la iglesia de las Hermanas Oblatas de Jesús y María, donde se expone a veneración pública en una urna con la inscripción: “Huesos de Santa Áurea virgen y mártir, patrona de Ostia”. Sigue ahí hasta hoy, pero, por desgracia, no he podido encontrar fotografías de estas reliquias. [4]

Sin embargo, en Ostia existía realmente una iglesia dedicada a esta Santa, que los papas San Sergio I (m. 701), San León III (m. 816) y San León IV (m. 855) restauraron sucesivamente. En ella encontró muerte y sepultura Santa Mónica (+387), madre de San Agustín de Hipona, por lo que se encuentra más memoria en este lugar a estos dos Santos, que a la mártir titular en sí. Esta antigua iglesia fue agrandada a finales de 1400, cuando Baccio Pontelli construyó el castillo de Ostia y la incluyó dentro del cinturón de defensa, siendo hoy la catedral de la diócesis suburbicaria de Ostia.

En 1981, se halló cerca de la iglesia de Santa Áurea un fragmento de mármol que contiene una importante inscripción funeraria. Una copia de la misma permanece en la capilla de la iglesia, mientras que la original se halla bajo custodia en el castillo de Ostia Tiberina. Dicha inscripción reza así:

CHRYSE HIC DORMIT

Cuya traducción del latín es: “Aquí yace Crisa”. Recordemos que Crisa es la versión griega del nombre de la Santa, por lo que la inscripción confirmaba que la tardía passio de la mártir es acertada cuando dice que había sido enterrada en este lugar. La inscripción, medio en griego (nombre) medio en latín (el resto), se ha datado en torno al siglo III, lo que coincide con la cronología que aporta la passio. Otra inscripción, ésta del siglo V, reza brevemente: “S.AVR.” Santa Áurea. Al parecer, del sepulcro original de la mártir surgiría un cementerio cristiano y de él, la actual catedral.

Réplica de la inscripción encontrada en el cementerio de la iglesia de Santa Áurea: CHRYS(E) HIC DORM(IT). "Aquí yace Crisa". Catedral de Santa Áurea, Ostia (Italia).

Réplica de la inscripción encontrada en el cementerio de la iglesia de Santa Áurea: CHRYS(E) HIC DORM(IT). “Aquí yace Crisa”. Catedral de Santa Áurea, Ostia (Italia).

Una bella conmemoración a la mártir, sin embargo, se puede encontrar en esta iglesia, dedicada en 1693 por el cardenal Alderano Cybo. Decía en latín:
“En el año de Jesucristo 229, bajo Urbano I y el emperador Alejandro Severo [5]; Áurea, virgen romana de noble familia, por la fe de Cristo, fue torturada bárbaramente: encarcelada por siete días sin comida ni bebida, impávida se presentó ante el juez despreciando las amenazas. Flagelada, torturada, golpeada con plomos, con las costillas fracturadas, fue lanzada al mar con una roca al cuello, mereciendo la corona del martirio glorioso que el Señor le preparó eternamente.
El cardenal Alderano Cybo, obispo de Ostia, el 24 de agosto de 1693 renovó el recuerdo perdido que narra donde padeció muerte para que no muera la fama de su santidad”
.

Patronazgo e iconografía
Santa Áurea es patrona de Ostia, pero al igual que otras mártires relacionadas con el mar -como Santa Fermina de Amelia o Santa Matrona de Tesalónica– también es patrona de marineros y navegantes. Se dice que en la Edad Media, en medio de las tormentas, los marineros italianos invocaban lo mismo a Santa Áurea que a Santa Lucía, mártir de Siracusa, para que los librara del paso. Así, como se le rogaba a las antiguas diosas paganas, pedían a Áurea que impulsara las naves con viento favorable y a Lucía que despejara el cielo de tormentas, como atestigua Ambrogio Novidio Flaco en Sacrorum Fastorum Libri VII: “Santa Áurea conduce sobre las olas las naves con su viento, Santa Lucía hace que en el cielo resplandezca su luz”.

Detalle de la Santa en un tríptico de Lippo Vanni. The Walters Art Museum, Baltimore (EEUU).

Detalle de la Santa en un tríptico de Lippo Vanni. The Walters Art Museum, Baltimore (EEUU).

La iconografía de la Santa está muy poco desarrollada, pues no es una Santa popular ni demasiado conocida fuera de su ámbito de culto. Aparece casi siempre con una cuerda al cuello, cuyo extremo está atado a una roca, y siendo arrojada al mar con ella. También sufriendo algunas de las diversas torturas a las que fue sometida. Curiosamente, en las tablas góticas de Lippo Vanni aparece portando una especie de botellita (alusión de sus tareas de cuidado de los prisioneros cristianos); Duccio di Buoninsegna y los iconos ortodoxos simplemente le atribuyen la cruz martirial.

Es muy importante no confundir a nuestra Santa de hoy con Santa Áurea (más conocida como Oria), virgen reclusa de San Millán de la Cogolla (España); ni con Santa Áurea, mártir mozárabe de Córdoba; ni con Santa Crisa (Zlata), neomártir búlgara de Maglene. Aunque todas ellas comparten el mismo nombre, de quien hablamos aquí es de la mártir romana.

Conclusiones
En resumen, puede decirse que no cabe dudar de la existencia de Santa Áurea, virgen y mártir de Ostia Tiberina, y de sus conciudadanos, que no compañeros. El relato del Acta no tiene validez histórica por ser simplemente un recopilatorio artificial de los mártires de Ostia que, en realidad, fueron martirizados en épocas diferentes. Las pruebas documentales y arqueológicas parecen probar la existencia real de la Santa, pero no está todo dicho sobre las reliquias. Al final, lo importante es saber que existió y que padeció martirio por Cristo, al igual que muchos otros cristianos de la misma ciudad.

Meldelen

Enlaces consultados (17/04/2013):
http://www.tradizione.oodegr.com/tradizione_index/vitesanti/ostiamartiri.htm
http://www.ostia-Tiberina.org


[1] El nombre, “Censorino”, parece dejar entrever que ejercía la función de censor, es decir, hacía recuentos y listas de población habitante del Imperio. Como este cargo correspondía a una magistratura romana, sin duda el nombre es un seudónimo parlante, que revela su naturaleza de funcionario público, pero no su auténtico nombre. Con todo, esto es sólo una especulación: el Acta le atribuye el cargo de prefecto.
[2] Realmente, si Áurea hubiese sido de linaje imperial como se pretende en el Acta, jamás habría padecido las torturas que se relatan a continuación, por lo que estamos de nuevo ante las incongruencias propias de una passio construida a posteriori. Para más información, ver este enlace.
[3] Recordemos que es el mismo improperio que Santa Águeda dirige al procónsul Quinciano cuando éste manda que le arranquen un pecho: “¿No te da vergüenza torturar a una mujer en un órgano en el que tú, reclinado de niño, mamaste de tu propia madre?”
[4] Me queda la duda, sin embargo, de si estamos hablando de las auténticas reliquias de la Santa mártir de Ostia, o si estamos hablando simplemente de una mártir de las catacumbas o corposanto. No parece lógico que se extrajera el cuerpo de la Santa del lugar de martirio para llevarlo a las catacumbas romanas, pero aún menos, que sacado de allí, fuese llevada a otro lugar y no devuelto a la ciudad donde murió y de donde es patrona. Para mí, el asunto de las reliquias no está resuelto.
[5] Sic. Al parecer, hay confusión de fechas y algunas fuentes ubican el martirio en época de Alejandro Severo o incluso, de Galo. Puede que el baile de fechas venga suscitado por la incerteza real del año de martirio de la Santa y la brevísima duración del reinado de estos emperadores, que haría “saltar” a la Santa de las manos de un “perseguidor” a otro. Pongo “perseguidor” entre comillas porque Alejandro Severo no persiguió a los cristianos, lo que le descarta como candidato. Por lo tanto, la descripción está equivocada.

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